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Raíces y Horizontes de Antropología chapaca
(Presentación del libro de Ananías Barreto.Primera parte)

                                                                                

Verde nido...bañado de luz, ebrio de colores

Ha sido siempre hipótesis que ha guiado nuestros estudios, la convicción que los hechos sociales, culturales y económicos tienen su mej or archivo en el lenguaje (no solo verbal) de un pueblo. Por tanto, no hemos dudado que, para presentar el libro de Ananías Barreto: "Costumbres y creencias del Campo tarijeño” (Ed. Universidad Juan Misael Saracho, Tarija, 1993), debíamos sondear otros "documentos" sobre el folklore chapaco. Y nos ha s ucedido que, con un simple giro telefónico a personas amigas, se ha llenado el "Centro Eclesial Documental" (Convento de San Francisco) de ilustres personajes, cada uno llevando su testimonio de afecto a este valle. Así, más allá de la alegría de conocerl os, lo que nos ha comprometido a escribir han sido precisa mente sus cantares a la tierra, a los mayores y a la dignidad de la región de Tarija.

Ellos han sido escritores de variados géneros literarios: los cuentos (Oscar Alfaro); la poesía (Octavio Campero Echazú); el romance ( Manuel León Jaramillo), las coplas (Juan de Dios Sigler y Mauro Molina Balza), la música (Nilo Soruco) y las visiones globales del fenómeno folklórico de Víctor Varas Reyes. Hemos leído ta mbién textos todavía manuscritos, donde la humildad de la labor en la enseñanza no logró cobertura editorial. Así sucedió al Prof. Humberto Arce A., que desarrolla una historiación de la ciudad en sus edificios, calles y momentos de fiesta. Señalamos los diferentes nombres porque sus libros no son meras relaciones de accione s populares, transcritas como actividad de emanuenses, sino reda cciones de poetas, escritores, artistas y cientistas.

Tan solo la escritura "magíca" podía acercarlos al "sujeto" colectivo, que llevamos en nuestra carne y por el cual existimos; igualmente necesaria era la multiplicidad de voces porque el tiempo y el espacio folklórico no son identificables con un solo elemento o atributo de su "ser y quehacer". Los acontecimiento que relata , son siempre totales, incluyendo en una sola vez manifes taciones de deseos, lenguajes, actitudes, melodías y liturgias comunitarias. Podemos explicitar tanta globalidad recurriendo a Lévi-Strauss. Según él la "invención" del lenguaje fue una explosión mental, que dio capacidad al hombre de nombrar a sí mismo y al universo. Sin embargo, no todo fue conocido desde el principio en su función y fundamentación propia y, por lo tanto, muchos significados, en cuanto relación de signos y de contenidos, quedaron "flotantes"; y lo que las sociedades no pudieron conocer por caminos científicos, amarraro n a sí mismas a través del pensamiento simbólico. Tal “gran saber” ("Le grand parler", de Pierre Clastres para los indios Guayakíes del Paraguay), que separamos del conocimiento , nos viene precisamente de los grandes escenarios del mito. Diciendo que "muchas lunas pálidas subsisten en el firmame nto de la razón", Lévi-Strauss afirma la necesidad de encontr ar motivaciones y significados de vida de lo que somos y hemos sido en lo abigarrado de nuestra psicología, individual y colectiva .

Raíces y Horizontes.

El libro de Ananías es descripción de las costumbres chapac as. Por su condición de sacerdote y por los tantos años pasado s en el campo, el nos ofrece un documento de vivencias, que de un modo u otro guardan relación con el universo religioso, el cual significa gestos fijados en el cuerpo, normatividad ritual y logia de invocación a los dioses. Vemos un carrusel de imáge nes, donde las estrellas, los bosques, los animales, el agua, los frutos de la tierra, el hombre, la mujer y la comunidad humana rescatan la servidumbre a lo cotidiano para declarar su solidaridad en la prefiguración de un destino común. En tal unidad se organizan los ritos y sus interpretaciones, donde “cos tumbres y creencias" son parte de una misma acción.

El libro está formado de 34 relatos de fiestas y de otras circ unstancias con una aclaración inicia1 sobre la etimología del términ o "chapaco" y una reflexión final sobre el fenómeno de las migra ciones desde Bolivia a la Argentina: el término "chapaco" de origen aymara (Victor Varas Reyes ofrece un esquema más variado de interpretaciones desde el mismo terruño tarijeño) y las migraciones, que empujan a rápidos cambios socio­ culturales. Y con estas dos disgresiones entramos a lo hondo del tiempo pasado. Seguramente, antes de los aymaras, hubieron en el espacio chapaco poblaciones más antiguas. Vino Tiwanaku; despues el Reino Colla y, más cerca de nosotros, las configuraciones quechuas-incaicas. Sucesivamente fueron los españoles y finalmente se organizó la etapa propiamente "chapaca". Sin embargo hay que reconocer que estas llegadas se escalonaron en las atalayas andinas y que más substanciales fueron las presencias autóctonas de las llanuras y de las colinas del Chaco. Podríamos pensar, por lo tanto, en la consolidación de culturas tradicionales de Churumatas, Tomatas, Copiapóes, Diaguitas, aposentadas a lo largo de los ríos, y que estas forjaron el rostro más global de la región, manteniéndose en continua comunicación de intercambios económicos y culturales con las poblaciones de los Andes y del Chaco. Tarija, zona liminar entre configuraciones territoriales diferentes, asumió características diversas, a1 paso que se integraba en los moldes de otras sociedades: de cazadores y pescadores a hábitat de agricultura intensiva, y después a la sociedad de mercado. Evidentemente la ligazón andina fue preponderante por la diversidad de los productores de la tierra.

La organización del texto de Ananías Barreto sigue la cronología de las grandes fiestas. Para su interpretación, nos permitimos subdividirlas en fiestas, que tienen relación con el "tiempo cósmico y el tiempo de la Pachamama" (Candelaria, Pascua...; Carnaval, Primero de Agosto....); con "los ritos de la vida" (Compadres, Matrimonio...); con "los estados psicológicos de las personas" (Augurios de animales, Alucinaciones...) y con "los seres mediadores" (Brujos, adivinos...). Evidentemente las fiestas no son tan marcadas en su significación socio-cultural, como la exigencia del análisis pretende. Los atributos de un "sujeto", colectivo o individual, no están tajantemente separados. Sin embargo, podemos afirmar que tal "sujeto", en tanto que "sujeto", retine manifestaciones, que van desde la interioridad y a su manera de presentarse hasta a su modelo de acción. Tocando tan solo los "momentos distintivos" de su "obrar cálido", que es el tiempo de la fiesta, podemos encontrar las características de su semblante real.

El tiempo cósmico mide sobre todo la influencia de los astros en la vida agrícola y en la vida femenina. Los equinoccios marcan las estaciones de la siembra, de los retoños y de la cosecha. La connotación de fertilidad nace entre lo solar y lo telúrico, donde el sol representa lo masculino y la luna la mujer. El esquema de la relación de hombre/mujer se reproduce en la totalidad del universo con actuaciones repetitivas en las personas. La comunidad, los animales y la tierra. Las fiestas de San Juan, de Santiago, de Santa Ana, si bien fiestas menores, representan un actuar en la horizontalidad de la sociedad, en cuanto son hechos de reciprocidad económica, mientras que Candelaria, Pascua y Todos los Santos dibujan el eje vertical, que subraya la oposición entre el mundo de lo alto con lo subterráneo; de los vivos con los difuntos. Los "ritos de la vida" van desde la introducción a la sociedad a la asunción de roles en ella (sobre todo familiares). La necesidad de contar con "compadres" obedece a medidas de ampliar las relaciones de parentesco que, por sus características de voluntariado, son más apremiantes en las obligaciones morales. La ritualidad del viaje adquiere la figura de la globalidad de la vida: el caminar hacia una etapa exige el mantenerse fiel al punto de partida: salimos con los dioses y vamos por senderos controlados por ellos. Los "estados mentales" son pequeños tratados de \ psicología chapaca. La alteración de las personas es causada por la desobediencia a las personas queridas y a la sociedad. Su vivencia es el sentimiento de "perdida", que reconduce la imagen de sí a estatus inferiores como en animales (el zorrino, el zorro), en elementos físicos (lugares fuera del control social: vida de cuevas) y en la categoría del no-hombre (los condenados). Los seres mediadores (los brujos, los adivinos) son tales sea para bien o para mal. Su fuerza reside en la aprobación oculta de la sociedad; y marcan pasos de equivocado ascetismo o son reemplazos en su defecto.

Tarija, convento San Francisco, mayo de 1994

Lorenzo Calzavarini

 

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