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Nueva condición de la poesía (Bertero: Solicitudes al destino)

portada del libro: Nueva condición de la poesía (Bertero: Solicitudes al destino)Demasiado fácil o muy difícil ponerse en la poética de Mauro Bertero Gutiérrez. Su último libro: Solicitudes al destino llegó de improviso a mi mesa de trabajo, sin embargo ya anunciado por diferentes amigos como "libro bello", entendiendo con esto la reverberación de su mensaje en la vida de los demás. Existe por tanto una situación de escucha que define su status poético, Es Lévi-Strauss quien afirma que el mito (así la poesía) es tal sólo y cuando el texto tiene capacidad comunicativa.

Solicitudes al destino, por su contenido, no es un libro de lectura sencilla. En realidad todo aparece como fabulación repetitiva de instantes fugitivos de vida, sin trama y donde el lector apresurado y desintonizado capta sólo gritos o sonoridades discordantes. 

El collage o la poesía en su condición artesanal.

Ya no se escriben poemas. Estos se han mantenido siempre en un concepto de libro, con una secuencia de cantos que rememoraban heroicidades ejemplares, o páginas en sucesión continua de fragmentos que manifestaban la trayectoria de vida de un autor. En ambos casos el guión poético se sostenía en la escritura lineal. La poesía era la palabra. Su desenvolvimiento se encontraba en el efecto del lenguaje que unía el "decir y el sentir". La pedagogía de la escritura era el proceder según una dimensión estética que llevaba intrínsecamente al lector a la sintonía con los mensajes ofrecidos.

Luego, con el avance de la modernización, se han roto las trayectorias de vida que podían definirse similares. Los estamentos sociales y culturales de experiencias diversas hicieron inalcanzables las biografías uniformes. El poeta no era más el cantor de cantos de otros (historias, amores, experiencias) sino el testigo de una humanidad diferente. Su poesía en tal contexto se volvió página suelta, encerrada en los bordes de un espacio blanco y movida en un sinuoso andar de grabados. Las unidades semánticas, más que por los versos, eran disciplinadas por puntuaciones, reales o ideales, en movimiento polifónico de voces: las flores, como otros signos naturales, relataban elevación o desgarramiento existencial; el nacer y el morir describían tan sólo datos biográficos; y la historia personal se movía en los revoltijos entre muerte y resurrección del espacio vital. En los dos casos el resultado era la anulación del "Yo" que se extasiaba en visiones oníricas. Allí el alma desde el subsuelo dialogaba con horizontes de cielo, negándose a pisar tierra firme.

El retorno de los dioses, con sus imperativos de vida, nos ha devuelto en la actualidad las huellas de un camino hacia una morada fija. Encontrarla significa ante todo reconstrucción de signos que indiquen contenidos estables. Pensamos que sólo los poetas pueden ofrecernos caminos de reconocimiento de lo cotidiano más apetecibles, para darle vigencia en nuestra existencia. Solicitudes al destino de Mauro Bertero es un inicio de este recorrido poético: dar sentido de recomposición que marca un hiato entre lo moderno y lo postmoderno. ¿Qué es para él, esto último? Es la negación de las sobrestructuras mentales para abandonarse en el gozo de los instintos primarios y de las sensaciones originarias. ¿Cómo expresarlo? El collage por ser conjunto, le permite reconocer palabras, flores y objetos que identifican un hecho de la memoria.

En el laberinto de la memoria

La noción de laberinto se remonta a la antigüedad griega. En las sociedades amazónicas, su sinónimo es la selva. En uno y otra se reflejaban no tanto la sensación de extravío o de muerte sino el valor de la victoria. El sobrevivir de la memoria es prueba de ello. Sin embargo, por efecto de la censura psicoanalítica, la memoria nunca aceptará al laberinto como tal. Ella se moverá inconscientemente en él, retranscribiéndolo en el "ir y venir" de las circunstancias de vida. En efecto el collage, que es la escritura poética de Mauro Bartero, permite la conexión de los movimientos que determinan la arquitectura general y la arquitectura de las estaciones de posada. La narración poética reconoce sólo a las últimas tapizadas de timbres, sellos, cartas, colores, fotografías y palabras. Son las etapas de los avances y de los retornos que indican un recorrido, no siempre consecuente y deseado.

En Solicitudes al destino el guía es el criptograma que completa su significado a medida que el viajero camina y extrae de sí mismo sus vivencias. La gestualidad del cuerpo dialoga con el descubrimiento del mensaje mural y la capacidad de describirlo. Al terminar el libro, criptograma y el cuerpo adquieren contenido y dimensión reales: la significación se condensa en las intenciones de una rosa ofrecida cada lunes y en las semblanzas fotográficas del autor. El muro ya no es provocación, ni límite, ni rumbo: es elemento de apoyo que une cumplimiento de deseo e identidad de persona.

¿Podrá ser imagen conclusiva? En realidad, las palabras que quieren ser indicativas de los estados de alma del poeta, no substancializan un "yo" y un "tú". Ellos tienen vigencia tan sólo en el juego de las oposiciones. "Las ausencias" (primera parte) se llenan de juventud, de ilusiones, de sexo y de sensibilidad corporales, que más que vivencias son invitaciones a serlo. "El tiempo nuevo" (segunda parte) es resultado de una historia que vive siempre de imaginación; y "solicitudes al destino" (tercera parte) vislumbra el morir del destino personal del poeta para encontrarlo en el otro.

Al cerrarse el libro, todo desaparece. También el laberinto y sus estaciones no existen más. Queda el valor de una victoria que es presencia de persona (enamorado, esposo y padre) consumida a pesar suyo en el "no-sentido" de las acciones y cosas que parecían llevar vida. Se agiganta en la mente del lector la soledad en la lucha entre sentimientos de vida y de pérdida, logrando mantener vivo el instinto del querer ser. Allí lo sensitivo se multiplica en los placeres de la las miradas cara a cara, de cielos azules, de soliloquios con respuestas imaginarias y de sabores de gestos táctiles. Las contradicciones hacen aparecer amores de mujer que no adquiere nombre ni biografía, quedándose siempre fantasma inalcanzable. Las evidencias de su "estar" son marcas en el alma del poeta. Ellas son la historia que genera "lo nuevo" entre lo femenino y lo masculino; y donde lo cotidiano es vivido siempre como "no-todavía" porque es asumido en instantes pasajeros (sin destino propio) y abandonado a la lógica laberíntica.

Cantos de tierra y surcos

La dimensión poética de la escritura verbal está siempre compenetrada en los versos de Mauro Bertero por los elementos del Collage. Este es quien divide y da unidad a la totalidad del libro, las palabras se mantienen simples y en el mismo nivel de la capacidad expresiva de los elementos cotidianos que trasmiten las preocupaciones y las alegrías de la relación afectiva. La visión del conjunto es un cuadro de pop art que afianza lo que los signos verbales anuncian. Precisamente tal pop art es a la vez intra-texto y extra-texto de las intenciones escritas por efecto del collage mismo.

Río Guadalquivir de TarijaLa función del pop art es universalizar los contenidos vividos en primera persona por el autor. Tal voluntad tiene resultado en razón del camino poético escogido. Lo irrepetible de la relación hombre-mujer llega al espacio de todos por sus sorpresas, ansias, repeticiones, renacer y morir de amores manteniendo firme lo que corresponde a nombres y apellidos propios. Siempre por efecto del collage, las palabras llegan a ser figuras de una actuación fílmica. Todo lo que entra en la imagen principal es elaboración de actuaciones de otras figuras. Así el poeta se entrega desnudándose y revistiéndose según la dinámica de los acontecimientos suyos y de los otros. Las particularidades de sus movimientos en el cuadro global son imaginación, fluidez y contemplación, esta última lanzada hacia una interlocutora que está presente en razón de su ausencia.

La invocación es por fin la trama histórica que nace de la memoria. El poeta encerrado en su morada se apoya en una sola orilla desde donde divisa un agua no alcanzada. ¿Rio o mar? Más precisamente es un río que no quiere ser mar, para no asumir una aventura de infinito. La tierra queda sin horizontes y con surcos de fantasía. Allí emerge la realidad de soles y lunas frías esqueletizan hierbas, árboles y flores. El recurso de la memoria es la única solución de vida y las verdades se hacen tales, tan sólo por ser repetitivas. El diseño del laberinto es composición poética nacida de la realidad psicológica de Mauro Bertero.

A él se debe el reconocimiento de haber revelado sus sentimientos que son los que cada uno de nosotros vive o ha vivido. Su poesía tiene el valor de haber traducido circunstancias personales en hechos existenciales de la vida de todos. 

Lorenzo Calzavarini
Centro Eclesial de Documentación
Tarija, diciembre de 1996

 

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