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La Etnomúsica: Raíces “sacrales” del futuro
(La "Misa Chapaca": música de Fernando Arduz Ruiz y versos de P. Lorenzo Calzavarini)

                                                                                                     

Prof. Fernando Arduz junto a sus hijas Adriana y Andrea1.- En las ciencias humanas se ha impuesto, después de la profunda trayectoria teórica de Lévi-Strauss, la concepción de nuevas ciencias como: etnohistoria, etnopsicología, etnoantropología y otras. Con esto se entiende una recuperación del "sujeto" histórico en la secuencia de sus atributos individuales y colectivos, que él mantiene y cambia en el pasar de los tiempos. Finalmente la intencionalidad es la de definir que "todos somos iguales porque diferentes". Ejemplificando una connotación de etnohistoria debemos observar la estrechez de las historias oficiales, donde el esfuerzo de asimilar heroicidades y personajes ha encubierto el ser más profundo de una nación. Aplicando lo dicho a la etnomúsica, escuchamos técnicas académicas de escrituras melódicas tan generalizadas que no dan más el sentido específico de un pueblo. Si aceptamos la universalización de Bach, Beethoven, Mozart, no es para asimilar identidades. "Escuchar a Beethoven es sentir a Beethoven" donde es imprescindible revivir un trágico momento de la historia alemana y peor aún la de Europa de su tiempo. Por fin Beethoven es el más grande transcriptor de los sentimientos filosóficos de su pueblo. Los motivos musicales son imprescindibles en lo que fue el folklore alemán. Su capacidad fue la de traducir en modelos de movimiento, de color de sonido y en de discurso musical precisamente el trasfondo espiritual de las nacionalidades alemanas. La perfección que él logra es una imagen icónica de todos los elementos que se refieren al canto y al andar del canto. Para entender lo de él hay que hacer una marcha atrás, o sea a las raíces desde las cuales brotaron sus notas.

2.- El lenguaje de la música deriva, no de los conceptos que definen cosas, sino del mito que da vida a las cosas; y la música es esencialmente creación de espacios subjetivos y de espiritualidad. Si analizamos el mito de la génesis bíblica, encontramos esta dimensión de creación a través de la palabra. Al principio Dios creó diciendo: "Haya luz, haya división de aguas, haya noche y día, haya árboles y hierbas"; y al último de esta sinfonía terrestre Dios creó "al hombre a su imagen: hombre y mujer asimilándolos a la fertilidad de los frutos, de los peces, de las aves". Interpretar estos pasos del "logos" tan sólo como palabra es operacionalizar muy poco. Se trata de la palabra creadora que funda al "ser" y por tanto su referencia es la plenitud. La creación bíblica puede ser comparada a la explosión simbólica mental y afectiva que adquirieron las cosas en la interioridad de los hombres. Tal explosión se refiere al momento cuando todo adquirió "sentido" y se pudo "resignificar" la totalidad del mundo en el destino del hombre. Todas las cosas fueron nombradas a partir de aquel sentido y nada quedó vacío. El discurso del mito tiene esa capacidad de dar vida hasta a lo desconocido, por introducirlo en la experiencia humana hasta en su ausencia.

Así como el sentido del mito es plenitud, su declamación involucra todas las facultades del hombre: palabra (fuerza fónica), movimiento, tonalidades, asonacia, superposición melódica. Entonces el canto es la forma más apropiada de revivirlo. El canto es más sentir un contenido que trasfiguración melódica. Esta queda siempre como gramática y menos como lenguaje.

3.- Entonces es exigencia del mito ser cantado y cantado en el espacio sacro. El haber nosotros dominado el cielo nos ha alejado de lo cósmico y así hemos perdido lo mágico del poder de las cosas. Hasta muestro cuerpo está "desnudo" sin la significación que lo hace "de eternidad". Y esta falta ha secado nuestras raíces. El desafío de nuestro tiempo es redimir al "no hombre, en hombre".

Las raíces del etnos son fundamentales. Nada más dramático que la expresión que "Dios ha muerto". Su conclusión es que el hombre mismo estaría en la muerte de El. Aceptamos este desafío de "revestir" al hombre proponiendo la escucha de la música que definimos "Misa Chapaca". Su valor, más que en la intencionalidad del título está en la dimensión cultural de Tarija que se reconoce en sus raíces del "sentir". La música cmo los mitos dicen o no dicen, por tanto los mitos resisten hasta que haya profetas (hablar en lugar de) y adoradores (quienes sienten porque han escuchado). La dinámica incluida en el mito remite a lo incluso de la experiencia de quienes escuchan: los mitos nacen y se regeneran según la experiencia del hombre. Así las tantas "variantes" del mito y sus transformaciones las encontramos en las narraciones, en las novelas, en el teatro y en la poesía. En todas estas expresiones artísticas, el cantor es el poeta quien "imagina" y reconstruye a través de metáforas la vida. En tal perspectiva, la vida se transmuta en belleza y como tal necesita, en un mismo tiempo, inicio y fin. Entonces lo sacral es una concepción de perpetuidad. Definir la "misa chapaca" como sacral no depende del lugar donde ella se canta; ella es el canto que el músico construye asumiendo las voces de lo eterno desde un tiempo, desde una identidad y desde un lugar. A partir de allí nace un futuro.

Permitiéndonos una valoración más precisa, diremos que la Misa Chapaca perdurará hasta que subsistan "chapacos" capaces de sintonizarse con lo sacral. Más que el andar de la guitarra quedarán sus notas. Sobresale la agilidad, la solidez y la cabalidad de la partitura musical que se centraliza en el dar fuerza a las palabras. Después viene la dimensión estética, donde las tantas frases se unen en la percepción del gozo interior. La sensación musical va por las melodías ancestrales, anotadas a veces, por preciosidades de escritura musical: el salto de sexta, el pasaje armónico a través de la séptima, y las oposiciones melódicas. Estas transformaciones nos reponen en nuestras raíces: lo simple monódico, que es proclamación de palabras, se ha tornado en melodía: una voz que se hace coro asumiendo las diversidades de una región en su historia, su cultura, su geografia, su gente, sus aguas y sus montañas.

Lorenzo Calzavarini
Centro Eclesial de Documentación
Tarija, diciembre de 1996

 

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