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Raíces diferentes de una sociedad latinoamericana
(Presentación del VI tomo del Corpus Documental de la historia de Tarija: siglo XVI)

La fatiga de Catherine J. Julien

Rio Guadalquivir en la ciudad de TarijaCon sumo placer hemos aceptado la invitación de presentar a tan selecto y comprometido auditorio el VI tomo del Corpus Documental de la historia de Tarija, cuya autoría debemos a Catherine J. Julien. En la secuencia de agradecimientos, con la cual termina su introducción, la autora explícita el largo camino del trabajo y de las personas que han contribuido para la realización de él. Se da, ante todo, dos situaciones preexistentes a la decisión de ponerse al trabajo del VI tomo: el proyecto del Corpus Documental de la historia de Tarija, cuya organización corresponde a doña Zulema Bass Werner de Ruiz, tenía ya cinco tomos publicados; y los proyectos de investigaciones de la universidad de Bonn en el Oriente de nuestro país. El encuentro de doña Zulema con Catherine Julien, hace que los deseos se hagan realidad operativa.

Catherine Julien, es catedrática de la universidad de Bonn y especialista en la historia del siglo XVI. Con tal preparación enfrenta el trabajo. Los objetivos son en sí muy difíciles: la historia del siglo XVI en Latinoamérica sigue parada en los siniestros colores de los hechos militares de la conquista, diagramada siempre en la biografía de los personajes que los llevaron adelante. Faltan, por lo tanto, las dimensiones de las historias territoriales y de las configuraciones humanas regionales, que escapan a la interpretación globalizadora.

Esto exige una vuelta a los archivos donde, además de buscar papeles "entrepapelados", se necesita una lectura con conocimientos de paleografía (resuelto con la participación de otra estudiosa alemana, que es Kristina Angelis). Los "documentos" no significan en sí mensaje de "historia", a lo más son aporte de piezas a justo título definidas "historiográficas", que no dan cabal sentido del tiempo, del espacio y de las vicisitudes humanas.

Finalmente se suceden las búsquedas en los archivos de Sevilla, Buenos Aires, Potosí, Sucre y Tarija. Resaltan allí las huellas que esbozan la nueva realidad de las tierras de cumbres, de valles y de ríos, enclavados en las cadenas subandinas.

Se termina con la selección de los documentos; selección que debe vislumbrar la trayectoria histórica: es decir: no una mera secuencia de hechos sino una lógica de acontecimientos que expliquen pasiones humanas, agresividades, sorpresas de encuentros y elaboración de un "otro modo de ser y de vivir" que es ya latinoamericano. Tales relatos están incluidos en un tiempo que va desde 1540 a 1623, formando un libro de 443 páginas.

Antes de que Tarija fuera Tarija

La arremetida hispana hacia Charcas pudo darse en forma tan rápida debido a las informaciones incaicas del Cuzco, La organización del Tawantinsuyo, si bien en fase de formación, era llevada adelante con precisión. Los derroteros militares y de la vertebración imperial explican que, después de los acontecimientos iníciales, el hispano mantuvo una actitud contemporizadora en dos líneas de acción: ocupación del suelo apoyándose en los "indios amigos" y atacando a los "indios de guerra". Para los últimos, el fuego pudo donde la valentía era defecto y moviéndose en una estrategia de "tiempos largo".

Las dos actitudes tenían su equivalente en lo que fue la realización política de los Incas; de esta forma Almagro pudo ir en tiempos, los más cortos, desde Cuzco a Chile en 1535, tocando el actual pueblo de Tupiza. Así, también Gonzalo Pizarro llegó en 1538 a la ciudad de La Plata; y desde La Plata a Potosí en 1545. Los "largos tiempos" se destinaron para el Sud y el proyecto -contra lo previsto- cambió la lógica de la confrontación armada.

No llegarán militares. Sino desde 1540, la presencia hispana va entre ganados, maíz y viñedos. Por tanto, existe tan sólo documentación administrativa de herencias y de resultados de "visitas". Se puede decir que el contexto eminentemente agrícola no favorece la acumulación de noticias. Así no tenemos, conocimientos escritos sobre la antigüedad de las tierras y de sus habitantes. La falta de minerales pone las relaciones humanas, pasadas y presentes en la lentitud del sucederse de las siembras y de las cosechas, que dan tiempo para fabulaciones de contratación.

El territorio no sufre de grandes cambios, más bien armoniza la organización "punteada" autóctona con la geometría arquitectónica "estelar", donde un centro comunica con más comunidades y desde el mismo se pasa a otros centros, que repiten sub-modelos de asentamientos similares. Tarija la vieja es seguramente la actual San Lorenzo, acorralada por Sella, Erquis y Canasmoro. La extensión hacia Santa Ana, Concepción y Tolomosa, configura el sub modelo, que va a juntarse con el de Chaguaya. Desde las cumbres se define Iscayachi que, a su vez, es conjunción de Cinti. Se configura, por tanto, desde 1540 hasta 1574, una región que respeta los "pisos ecológico" andinos: interconexión de productos, complementariedad de cultivos y viabilidad comunicacional entre ellos. Tarija es realidad que nace por tales interrelaciones y por la necesidad de tener un punto central en el sistema "estelar".

La nota más reveladora es la indicación de presencia de "fuertes" y de toponimia quechua, aymara y guaraní. No hay señales de lo que fue arawak. Sus rasgos se mantienen sólo en la nomenclatura de los Guaraníes por haber sido asumidos en la sociedad militar de ellos y que los ha considerado "esclavos" (los Tapii son realidad sociocultural de hoy en día en las tierras del Isosó); los Arawak desaparecen en la colonización de Tiawanalu (de habla aymara) y posteriormente en el Tawantisuyo (de habla quechua). Sobre todo este último favorece la frontera multiétnica con hombres altiplánicos y del sur: Tomatas, anotados como de Carangas, Juries, población de Tucumán, Churumatas, presentes en toda zona fronteriza donde se enfrentan "indios amigos" e "indios de guerra" ya en la situación incaica, Chichas y Copiapoes.

Los fuertes, sin embargo, están ubicados, sobre todo en los valles "bajos'', coordinando Concepción, San Luis, Canasmoro y Tolomosa. La percepción que se tiene es que ellos son "defensores" del corredor de los dos, donde los cultivos son de maíz, hortalizas y frutales. En ambas márgenes de las aguas se extienden, de una parte, la sociedad típicamente andina desde Chaguaya hacia el oeste, y, al sud-este, la amazónica, que corre contracorriente al curso del Pilcomayo. Son los Chiriguanos los que han provocado este choque de culturas continentales y serán ellos los que provocarán la decidida urbanización de la región con la fundación de la ciudad de Tarija, el 4 de Julio de 1574.

La fundación de Tarija

Cuadro de la fundación de la Villa de San Bernardo de la Frontera (Tarija)Los hispanos, que llegan a Tarija, traen apellidos todavía vigentes; y ellos son a su vez hombres valientes y menos valientes. La sorpresa es que entre aquellos primeros valientes existía una cuestión de género: las mujeres aparecen tan sólo en asuntos de herencia y siempre relacionadas a los hombres de cierto linaje: Retamoso, Centeno, Candia, Ávila.

Empezó rápidamente lo que la antropología define la lógica del "don" por excelencia, que se realiza en las alianzas matrimoniales. Por tanto, el criollismo en Tarija se desarrolló en la forma más suave y sin búsqueda de línea principesca autóctona, sino así como la vida nos lleva. Tal criollismo biológico asumió lo que a su vez, definimos criollismo cultural, que era la asunción de los patrones culturales andinos. Las tierras fueron distribuidas en encomiendas; y los propietarios eran dueños de parcelas ubicadas en las tierras "altas", "medianas" y "bajas". Así entremezclaban productos de maíz con papas, maíz con ganado y hortalizas con viñedos. Los maíces, ganados

y vinos (cultivos no deteriorables) permitían, a su vez, el comercio con Potosí; y mantenían firme lo que anteriormente era comunicación de la coca (desde Totora - Cochabamba- hasta Tucumán).

Los lazos regionales e intercontinentales aconsejaban no cambiar las características agrícolas del suelo. Así la ciudad "apacible" (Mingo de la Concepción), que es Tarija, en su rostro latinoamericano, no anotaba agresividades. Posiblemente una amortiguación de los enfrentamientos se dio por los mismos "indios de guerra", que eran los Chiriguanos: un hacer frente al enemigo común. Y fueron ellos los que forzaron el concepto de "frontera" e indirectamente la oposición entre bárbaros-salvajes por la percepción que expandían de ser "agresores". Por sus embestidas, el hispano no resultaba enemigo y, de hecho, se unió con los que iban a ser "perdedores". Bajo tales compulsiones, la ciudad de los valles, cerros y ríos que es Tarija, fue siempre solidaria entre sí y asumió moldes de unidad de destino subjetiva y formalmente.

En su más profundo nivel, actuaron la mística y las creencias católicas, el tiempo y el espacio asumieron connotaciones de raíces y apocalipsis bíblicas, mientras que el santoral de la Iglesia romana imprimía pedagogía de vida a los sentimientos y deberes cotidianos. La Virgen María y la Cruz enlazaron con el simbolismo andino, al mismo tiempo que aquellas imágenes femenina y de varón, se conectaban con los amores de las plazas, que se visualizaban en las palabras de las coplas "chapacas". Allí también la musicalidad fue encuentro de instrumentos y de melodías. El universo anterior se hizo rápidamente y en su generalidad "chapaco", entendiendo con ello una cálida sociedad que cantaba Fe y sus transgresiones sin radicalismos de penitencia ni de arrepentimiento. El resultado fue la ironía, que rechaza el fatalismo con el cual otras culturas interpretan el destino humano en su último puerto, que es la muerte.

Perfil de un gran legislador:

Luis de Fuentes

Para hablar bien de Luis de Fuentes no se necesita imaginar mucho como para olvidar otro tanto. Algunas facetas de su persona nos lo muestran como hombre de Renacimiento. Nacido en Sevilla el 21 de Junio de 1530, llegó a Lima en 1554. Tal fecha relata el término de la época de los Pizarros y el iniciarse la contemplada por La Gasea, que subsanó las diatribas y divisiones entre los militares de la conquista. Las voces de Las Casas y de Victoria habían sugerido una normalización de relaciones jurídicas con los pueblos nativos, que no debían ser tan sólo de "encomendados". Finalmente en 1568, se hacía presente en Perú el Virrey Francisco de Toledo que fue el "gran organizador" del imperio hispano; y a él hace referencia directa Luis de Fuentes, que es el fundador de Tarija. Los títulos, que éste dio para sí, fueron siempre los de "capitán, corregidor y justicia mayor", además de los de haber sido "fundador y primer poblador". Los nuevos tiempos de Lima se coordinaron ahora en Tarija.

Francisco de Toledo fue antes de su llegada a Latinoamérica, el hombre de confianza del emperador Carlos V. Los problemas europeos estaban marcados, en aquel tiempo, por los acontecimientos religiosos, que miraban a la formación de los estados nacionales. Contemporáneamente surgían las grandes configuraciones comerciales internacionales, formadas no solamente entre príncipes cristianos, sino también con los que no eran tales (los musulmanes). Tal clima político internacional era necesario para el sustento del comienzo del concepto de elaboración de productos, implantado por la nueva organización del trabajo que se centraba en la "fabrica" la cual, a su vez, creaba los estamentos burgueses. Es precisamente en tal horizonte que el continente del Tawantinsuyo se vuelve rápidamente latinoamericano bajo la conducción hispana.

Se fijan límites, se organizan largos y cercanos caminos de viabilidad y de sustento económico. Las tierras del sud (actualmente departamento de Tarija) eran conocidas y empadronadas desde 1540 por colonizadores españoles. Faltaba a ellas un elemento político: el ser actores regionales en el conjunto imperial. De allí la decisión de fundar la ciudad de Tarija: realidad con interlocución urbana, realidad más autóctona respecto a las culturas encontradas y realidad más cercana a los puntos de acción ya desarrollados. Tres ventajas las separan de La Plata. Tarija es centro de comunicación intercontinental: hacia Buenos Aires por los caminos de Tucumán; hacia Paraguay por el Pilcomayo; y el de ser tierra agrícola para el sustento de Potosí.

Es Luis de Fuentes quien toma la iniciativa para la futura Tarija, estando él afincado en las minas de Potosí. Percibe la lógica territorial de combinar minas y agricultura, la viabilidad de unir Potosí al Atlántico y que no pueden existir puntos muertos en tales comunicaciones. Es el real fundador de Tarija, el 4 de Julio de 1574. Aquí él encuentra una situación de "ocupación". Al hombre de "armas", se impone el "corregidor", que intensifica las relaciones con los "indios de paz", dando a ellos títulos de ciudadanía latinoamericana; y el de "justicia mayor", que testifica herencias y asume arreglos para canalizar un futuro más lineal.

vista del templo de San Roque desde la calle General TrigoLas características renacentistas se encuentran en la construcción de la ciudad: arquitectura, economía y régimen político de la difama. La religión católica es más que todo expresión ética; y la legislación ciudadana se mantiene imparcial, con estamentos culturales diferentes. La Situación, de guerra es mantenida hacia los Chiriguanos, pero restringida a la lógica de la "defensa", que salvaguarda las conexiones regionales desde Entre Ríos a los Andes y desde el Bermejo a Potosí. Luis de Fuentes muere en La Plata, el 14 de Agosto de 1598. Su testamento es reflejo de su vida (su cuerpo reposa ahora en la Catedral de Tarija).

A manera de conclusión

El VI tomo del Corpus Documental de la Historia de Tarija, está en nuestras manos. A los agradecimientos a Doña Zulema Bass Werner por ser directora de la colección, debernos a Catherine J. Alijen (juntamente a Kristina Angelis) también el reconocimiento de los resultados de la investigación y de la preparación del texto manuscrito. A los historiadores, antropólogos y economistas, el deber desde ahora de esclarecer las partes específicas de la documentación. Grandes acontecimientos están centrados en las páginas publicadas por la Editora Guadalquivir (Tarija, 1997). Ellos son mensajes, que llegan desde las raíces de nuestra sociedad a nosotros, y, al recibirlos, la fatiga de canalizarlos hacia un destino mejor para nuestras tierras.

Tarija julio de 1997
Centro Eclesial de Documentación
Lorenzo Calzavarini ofm

 

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