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FRAY PEDRO DE ANASAGASTI: EL PERIODISTA Y EL ARTISTA

Fray Pedro de Anasagasti con el ex-presidente el Dr. Víctor Paz Estenzoro1. Hacedores de vida

Ningún sanitario es médico tan sólo para curar enfermedades. Su horizonte es la salud y, por ende, le es propio el contexto vital desde el cual se interpretan sus negaciones. La distinción podemos ampliarla a todo tipo de ocupaciones, donde el concepto de profesión conlleva la parte técnica y donde la moralidad, la ética, la filosofía, el estudio y, en términos generales, la sabiduría van a los espacios del “bien común”.

La misma relación se da en el periodismo. Aplicando estas comparaciones a la actividad de fray Pedro de Anasagasti, a lo largo de su vida se entrecruzan dos líneas de escritor que definimos: una línea corta, la de periodista de informaciones y, la línea larga, la del artista. Insistiremos en la última, que encontramos en sus muchísimos artículos y sobre todo en la secuencia de sus libros (otro tanto numerosos).

El logro en la primera fue estilo fácil, noticias completas, síntesis de acontecimientos y formas de cautivar al lector; en la segunda, puede que no haya alcanzado lo excelso del arte pero seguramente consiguió que las verdades del cada día tuvieran dimensiones más amplias en el misterio de los hombres, de su historia y del universo que construyeron. Así es cómo los grandes periodistas alcanzan siempre un puesto en la literatura.

Finalmente el artista (más que el profesional: sea periodista, médico o carpintero) no se queda en el espacio de la “especialidad”. Todos los elementos de una pieza exigen su extra-texto. Por tanto existen muebles para living, otros para cocina y algunos más para oficina. El artista es precisamente quien, alrededor de un “texto”, suele transmitir sugerencias sobre las relaciones de las diferentes convivencias humanas. En tal sentido, los artículos de fray Pedro debían necesariamente terminar en mayores elaboraciones, que son sus libros.

2. Lo cotidiano y su destino

El “ser periodista” de fray Pedro se ha connotado principalmente por la escritura religiosa y misionera. He aquí su pluma siempre oportuna, persuasiva y premonitoria. Por los dos últimos atributos, él ha llevado sus páginas de periódico al discurso antropológico, geográfico, histórico, bíblico, poético y al relato.

Refiriéndonos sólo a su producción literaria boliviana, nos quedan libros magistrales de diferentes géneros: Los Franciscanos en Bolivia (Ed. Don Bosco, La Paz, 1992), Fray Francisco del Pilar (Ed. Don Bosco, La Paz, 1995), Tesoros de Bolivia (Ed. Poligraf, Cochabamba, 1993), La vida por la herida (Ed. Offset Franciscana, Tarija, 1994), María según la Biblia (Ed. Poligraf, Cochabamba, 1997 ) y San Francisco siempre joven (Ed. Poligraf, Cochabamba, 1988).

Son éstos, los libros que reverberan el sabor de la síntesis de lo multifacético de la estética literaria. Para nuestros lectores empezaremos describiendo brevemente las “noticias” de las páginas históricas. Franciscanos en Bolivia es la apología de dos virtudes que han atravesado las venas de nuestra patria: la vida solitaria y marginal. ¿Cuál de los pobres de nuestro pueblo no ha sido víctima redentora de estas dos coordenadas de sobrevivencia?. Ir para buscar huellas de humanidad y permanecer en tierras alejadas, tan sólo para cerrar el círculo de un territorio de Fe a fin de que pudiera prefigurarse también en patria boliviana.

Fray Francisco del Pilar es el menesteroso, que se hizo “indio” para compartir un destino chiriguano. Francisco siempre joven (libro que ha merecido la traducción italiana) es la similitud de fray Pedro que quiso dar sentido a su llegada a Bolivia, a los 66 años de edad, otorgándose derecho de ciudadanía reelaborando las características de vida del santo de Asís, del cual se profesaba seguidor (el libro recoge veinte maravillosos dibujos de José Luis Iriondo).

María según la Biblia es una biografía teológica de la Virgen y elaboración histórica por ser figura nacida en los albores de lo imaginario de la humanidad. Por eso la persistente referencia a la Sagradas Escrituras. Es el último libro de fray Pedro, que en sólo seis meses está en segunda edición. Ya es lenguaje de pura invocación de Fe, donde el destino apocalíptico (nuestra manifestación última) vuelve a sus raíces. Es de ahí que lo trascendental se hace cotidiano, asumido en el misterio de las palabras poéticas: “Virgen Madre, hija de tu hijo” (Francisco Petrarca).Seguramente el libro entrará en la literatura religiosa de Bolivia y será guía para reflexiones y, a la vez, de oración.

3. Dos libros emblemáticos

Las tertulias conventuales (estamos en el Convento de San Francisco de Tarija) repasan siempre las preocupaciones diarias. Y es mérito del sistema de vida en fraternidad el ver surgir formas teatralizadas de gestos y de palabras, donde los hechos cotidianos se vuelven narraciones imaginarias que dan consejos para la vida y castigan vicios. Fray Pedro, por su capacidad de lenguaje, era el guía de las conversaciones en torno al cafecito. El repetía páginas ya escritas o páginas destinadas a su clásica “máquina Olympia”. Lo comunicativo de sus libros nacía precisamente de estas vivencias antes de la escritura.

Tesoros de Bolivia es el “libro-viajero” que como Ulises encuentra puertos que son de llegada, por ser también de partida. Sus relatos son encuentros con situaciones de vida, en sucesión de cincuenta y ocho cuadros pictóricos que expresan el “sentir” y el “decir” de Bolivia. Los personajes son populares, aquellos que esperanzados se acercan a los templos o a los sacerdotes, que van por selvas y cerros tan sólo para encontrar a quien bendiga su pasos. Por eso todo el texto es coloquio de teología popular, que coordina lo sacral, lo profano y el destino de nosotros. Se trata de una larga diagramación de vida interior balanceada entre los sentimientos y las normas religiosas, civiles y políticas del universo subjetivo personal.

La vida por la herida es lo “oculto” de su poesía en versión individual y personal de lo que después había de ser fray Pedro en los rostros de Tesoros de Bolivia . El compromiso humanístico de los afectos, de la rebelión, de la contemplación y de las orillas de Fe, necesariamente desbordan en la “palabra” poética. Por eso en sus últimos años de vida él quiso redactar su biografía espiritual, dándole colores estéticos. Son poemas que repiten los momentos de su vida: juventud, decisión de vida franciscana, madurez, fatigas y última etapa (que es Tarija). Sin embargo, es siempre la vida con la cual debemos pactar; y así la antología vuelca los días en estancias del alma: “hallazgo”, “inmersión”, “herencia”, “fascinación” y, por último, “sosiego”.

Si Dante cantó la “divina comedia”, fray Pedro cantó su propia humanización. Lo “oculto” de nuestra psique, adquiere capacidad de “decir” a través del transfert psicoanalítico, donde las palabras no tienen valor en sí sino en las reverberaciones recónditas, que relucen por lo que no podemos manifestar directamente. El tranfert, en la escritura de nuestro autor, es la invocación de la Gracia allá donde pudo estar el pecado (negación, defección, amargura, desesperanza). En la relación dialéctica entre los dos espacios emerge el consentimiento a la victoria, que es finalmente nuestra, porque está marcada por la Fe. La “herida” de fray Pedro es la apuesta que induce a toda humildad y al sano juicio sobre las vicisitudes.

En el trigésimo día de la partida de fray Pedro de Anasagasti, lo recordamos por las palabras “redentoras” que nos ha donado; y que nos llegan profundamente, por ser ellas dimensiones de arte que llevamos dentro y que a nosotros no nos es posible cantar.

Tarija 13 de Agosto de 1997
Centro Eclesial de Documentación

P. Lorenzo Calzavarini

 

 

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