sello
logo CED
Centro Eclesial de Documentación
Convento Franciscano de Tarija
sello
Inicio | Centro Eclesial de Documentación | Artículos | Ebooks | Artículos Cántaro
Documento sin título
 

“MANUAL DE MISIONEROS” DEL P. ANTONIO COMAJUNCOSA –1804, -
(acción apostólica y religiosidad popular del Colegio de Propaganda Fide de Tarija en el siglo XVIII)

P. Lorenzo Calzavarini Desde 1996 con el prof. Fernando Arduz estamos recolectando música y poesía religiosas de las zonas de Tarija. Hemos visto que el todo reposa sobre una tradición muy antigua y que la parte religiosa ha nacido de un modelo narrativo unitario si bien rico en variantes. Además Tarija ha tenido la suerte de contar con un historial misionero de excelencia, que en la actualidad forma parte del Archivo del Convento de San Francisco. Hemos pensado que entre sus papeles encontraríamos alguna justificación de tal conjunto de Fe y de arte. Así nos fijamos en el manuscrito Manual de Misioneros del P. Antonio Comajuncosa.

Nos permitimos ofrecer una breve relación de su persona, actividades y, en lo específico, algunas líneas sobre lo que definimos “teología popular”. Se trata de un universo poético que sigue “escondido” y que seguramente merece una historiación más extensa.

1. Mares y tierras

En su manuscrito: Entradas y salidas, títulos y méritos de los religiosos de este Colegio de Propaganda Fide de Nuestra Señora de los Angeles de la Villa de Tarija , el P. Antonio Comajuncosa redactó con pulcra letra y elegante escritura breves biografías de los franciscanos que, desde 1775 hasta 1813, estuvieron inscritos en este Colegio. Habiendo seleccionado a los religiosos, que estaban todavía presentes en el año 1803, no están redactadas la vida de algunos grandes misioneros de la Chiriguanía como León de Santiago y Francisco del Pilar (cuyos datos se deberán consultar en el manuscrito De los muertos, AFT). Para todos, las circunstancias de defunción serán atestiguadas por la escritura de otro hermano. Informamos que parte de los religiosos murieron en los vaivenes de las Guerras de Independencia y otros dispersos en Santiago de Chile, Buenos Aires y Lima. El Padre Comajuncosa prolongó su biografía hasta el 2 de Octubre de 1813 con la noticia de su elección a “discreto” (consejero) del convento. En la misma fecha del año siguiente, el 2 de Octubre de 1814, una mano hermana cerrará las páginas que él había iniciado con la escueta frase: “murió en ese Colegio dando fin a sus Apostólicas tareas”.

Había nacido el 13 de Junio de 1749 en Altafulla del arzobispado de Tarragona, entonces territorio del principado de Cataluña. Su padre fue Josef Comajuncosa y su madre Rosalía Hortet. El ambiente familiar debió ser muy culto debido a que su progenitor era médico. Así, en breve tiempo cumplió con las etapas de “formación” en la orden franciscana y de ordenación sacerdotal: en 1766 fue novicio en el convento de San Francisco de Barcelona y sacerdote el 21 de Septiembre de 1773. Los estudios filosóficos y teológicos tuvieron éxitos brillantes, concluyendo con el examen de oposición para la cátedra de filosofía en la casa de estudios de la orden, que era el convento de Jesús en Reus. Sin embargo, “prefiriendo –es su afirmación- el oficio de misionero apostólico a la carrera de las cátedras”, pasó, el 5 de Octubre de 1775, al Colegio o Seminario de San Miguel Arcángel de Ascornalbou. Allí quedó como predicador.

Según el escrito del 11 de Noviembre de 1777 del P. Mingo de la Concepción, recibió el destino hacia el Colegio de Propaganda Fide de Tarija. Salió del Colegio el 25 de enero, llegando al puerto de la Coruña el 18 de Marzo. El 18 de Junio se embarcó hacia América del Sur arribando a Montevideo el 28 de Agosto del mismo año. Según el espíritu y metodología apostólica de las “misiones populares”, iniciados en la orden franciscana por San Leonardo de Porto Maurizio y practicados en Escornalbou, misionó en la misma travesía por mar; lo que repitió en la ciudad atlántica. Respecto a la nueva metodología misional, se debe decir que la europea fue posterior a la latinoamericana, la cual, a su vez, integró lo que correspondía a “misiones entre fieles”.

Después pasó a Buenos Aires en destino mancomunado con “los negros, presidiarios y soldados ignorantes y los marineros” del barco. Se hicieron nuevamente a la mar para la expedición hacia la “costa Magallánica, o de los Patagones”, ordenada por el Virrey Dn. Juan de Vertis, llegando al “puerto de San José, o Baya sin fondo el 7 de Enero de 1779”. Allí murieron de escorbuto 28 personas. Retornaron a Montevideo el 14 de Agosto y en Buenos Aires terminaron las fatigas: los misioneros “enseñaban todas las noches la Doctrina cristiana y administraban los Santos Sacramentos con puntualidad y eran el consuelo y alivio de los muchos enfermos que llenaban aquel Hospital del cual jamás se apartaban para asistirles hasta la muerte; y les hacían a todos sin diferencia el entierro cantado con la posible solemnidad, apaciguaban a los inquietos, cortaban sus desavenencias, poniéndolos en buena paz y los conservaban en tranquilidad. Ellos se condolían con los afligidos, padecían hambre y sed con los necesitados y llegaron a enfermar con los enfermos”( Manifiesto..., pág. 69).

2. Predicador y escritor

Lago TiticacaNo cabe duda alguna que la “memoria” de las actividades de predicación, asistencia a enfermos, ser hombres de paz, privaciones, padecimientos de hambre y circunstancias inesperadas de vida cerraron una juventud misionera, vivida como primera etapa en el sur del continente; inmediatamente después él dará noticia de la llegada a Tarija, el 9 de Febrero de 1780. Sin embargo, no debemos olvidar que estas noticias fueron anotadas en 1811, año en el cual el P. Comajuncosa terminaba la redacción del Manifiesto histórico, corográfico, geográfico, topográfico, apostólico y político de lo que han trabajado entre fieles e infieles los misioneros franciscanos de Tarija, 1754-1811. Insinuamos, por lo tanto, que las acciones, anteriormente citadas, deberíamos entenderlas más como reflexión última del atardecer de la vida, que había caracterizado el obrar colectivo de los 60 años del Colegio de Propaganda Fide de Santa María de los Angeles.

En la multiplicidad de los quehaceres del Colegio, el P. Comajuncosa asumirá sobre todo las actividades de predicador, de escritor y de hombre de gobierno misional. El tocó, por tanto, dos campos de acción que, según su personal nomenclatura, se definían de “fieles” y de “infieles”; es decir los que residían en la composición colonial central y los otros en su prosecución, que se formaba por las “naciones” del Oriente. Su permanencia más larga entre los primeros miraba seguramente a reparar las consecuencias de las reformas borbónicas, que iban a repercutir dramáticamente en la parte de “infieles”. En tal sentido, su fama de predicador le permitió “enfrentarse” con Viedma en los territorios de la Chiriguanía y, a su vez, elaborar una documentación en “contra del gobernador de Cochabamba”, que fue enviada al Virrey a Buenos Aires.

Por el mismo ministerio de predicador, él se movió por todos los centros coloniales de lo que hoy es Bolivia, Perú, Chile, y Argentina. El anotó anualmente sus andanzas apostólicas predicando sobre todo en los tiempos de Cuaresma, que son tiempos largos y que permiten enfrentar temáticas amplias. Señalamos tan sólo los años y lugares que demuestran la amplitud territorial y persistencia de acción: Potosí, La Plata (1780), Cochabamba, Quillacollo, Tarata, Arani, Punata, Mizque (1782), Tarija (1783), Cinti, Camataqui, La Plata (1783, 1784, 1785), Salinas (1786,1787), La Paz (1789), Cochabamba, Quillacollo, Tarata, Arque (1790), Moquegua, Arequipa (1791), Camaná, Ocona, Caravelí, Arequipa (1792), Iquique (1793), Tarapacá, Arica, Tacna (1794), Santa Cruz y Cochabamba (1796), Tarija, Tupiza, Salta, Jujuy (1798), Tucumán (1805), Potosí (1805), La Plata (1807) y Tarija (1809) ( Entradas y salidas... , págs 30-35).

La documentación manuscrita, que sintetiza el pensamiento y el obrar del P. Comajuncosa, empieza con Método práctico para vivir una vida perfectamente cristiana, 1781. Se trata de un curso de ejercicios espirituales, dado a monjas de vida claustral en La Plata. El P. Antonio insiste en el concepto de asumir sentimientos y gestos, que repiten los hechos de la vida de Jesús y de los santos, integrando intensidad espiritual y maneras de comportamiento adecuado. Siguen las Cartas Encíclicas o Cartas circulares , 1795-1801, que eran comunicaciones enviadas a los misioneros de la Chiriguanía con reflexiones políticas, religiosas y económicas. Del 1796 al 1803 organiza, con testimonios de varias personas, el legajo Contra el plan Viedma (de 200 páginas). El plan del gobernador era departamentalizar alrededor de Santa Cruz de la Sierra las misiones del Norte de la Chiriguanía. Finalmente los términos de la pelea incluían una problemática más amplia y nunca percibida en su real dimensión por los mismos contrincantes: fortalecimiento de las razones del Estado, alejamiento de las legitimaciones religiosas por parte de los poderes centrales, instancias de organización territorial sobre requisitos económicos y de repartición de población.

En 1804, terminó el Manual de misioneros , que expresa la metodología y contenidos del misionar, personal y colectivo, del Colegio de Tarija. Su obra científica e intelectualmente más completa es El Comisario Prefecto de misiones instruido , iniciada el 12 de Diciembre de 1797 y concluida el 9 de junio de 1811. A ésta precedía, en el mismo año, el manuscrito: Manifiesto histórico, corográfico, geográfico, topográfico, apostólico y político de lo que han trabajado, entre fieles e infieles los misioneros franciscanos de Tarija. Fue su esfuerzo “apologético” más amplio: escribir la historia del Colegio de Propaganda Fide y de la Chiriguanía, enlazando “oración, asistencia a los enfermos, ser hombre de paz, padecer hambre y sed con los necesitados”. En 1812 firma la última redacción del Tratado de los juegos. En él desarrolla un concepto de “juego” como recreación de la alegría de vivir en las relaciones inter-personales o de fiesta.

3. Escritos diferentes para una misma historiación

Dos autores, si bien escritores en escaso tiempo uno del otro y que tratan de las mismas vicisitudes, ejemplifican de forma diversa a la historia. La diferencia (si pudiéramos determinarla con lineamientos claros) se mueve esencialmente en los siguientes polos de divergencias: las motivaciones del escribir y los lectores a los cuales son destinadas las páginas. Nos referimos al manuscrito de P. Mingo de la Concepción , Historia de las misiones franciscanas , (edición preparada por el P. Bernardino del Pace por los talleres de la Universidad Juan Misael Saracho, 1981, Tarija) y al P. Antonio Comajuncosa , Manifiesto... (edición preparada por el P. Gerardo Maldini por la Offset franciscana, Tarija, 1993). Ambos libros resultan fidedignos de las etapas de creación, desarrollo del Colegio de Propaganda Fide de Tarija y de la implantación de las reducciones entre los Chiriguanos. Sin embargo, a pesar de mantener un similar recuento de los hechos, la estructura narrativa de ambos resulta muy diferente. Tales cambios los debemos al P. Antonio Comajuncosa, que atestiguó después del P. Mingo, asimismo al P. Alejandro Corrado ( El Colegio franciscano de Tarija y sus misiones, Quaracchi, 1884).

Las vicisitudes del primer autor fueron penosas. Encargado por los superiores de escribir la historia de las misiones de Tarija y terminado su primer “borrador” en 1791, recibió de parte de los censores del Colegio un juicio de inculto y de desordenado en la sintaxis histórica. El retomó sus páginas dando otra formulación en 1795, que obtuvo, en 1797, otra negativa. No conocemos este segundo escrito, que cayó en manos deshonestas en la Prefectura de Tarija al volver de La Paz (1936), donde había servido para solucionar las cuestiones de límites en el conflicto de la Guerra del Chaco. El texto rechazado, quedó, sin embargo, como base de los documentos posteriores, allí donde los Chiriguanos cambiaron de “bárbaros” (P. Mingo) a “infieles” (P. Comajuncosa) y a “salvajes” (P. Corrado.)

Deteniéndonos en los dos primeros escritores, diremos que las motivaciones y los lectores previstos guiaron la distinta versión del texto histórico. El P. Mingo pinta el contexto de los Chiriguanos “bárbaros”, que reciben el mensaje evangélico en contradicción con sus formas socioculturales de vida. A ellos había sido predicado el “Dios verdadero”, que implicaba acondicionar su existencia personal, colectiva y de la sociedad entera. La redacción recrea el lenguaje de los Hechos de los Apóstoles. Redundan, por tanto, las circunstancias de “encuentro” y de “desencuentro” entre “bárbaros” y “cristianos”, hechos difíciles e incomprensibles los unos de los otros por la densidad de las vivencias prácticas e intelectuales. El “testimonio” quedaba como necesaria primera orilla para pasar a la otra después de haber vencido tan caudaloso río. Como residuo diferenciador (entre el “antes” y el “después”) quedaba el avanzar del ser “creyentes” en Jesús de Nazaret.

El texto del P. Comajuncosa lleva ya un título polémico : Manifiesto... El se guía y saca de la historiación del P. Mingo allí donde pone otro encadenamiento de relato. Los Chiriguanos están fuera del ordenamiento colonial que les es a su vez creado por los misioneros bajo matices pedagógicos y de organización. En este presupuesto se inserta la polémica con Viedma por su “plan de gobierno”. El intendente de Cochabamba, con pretextos e inútiles acusaciones contra el Colegio de Tarija, era fiel ejecutor de las reformas de los Borbones. Tal proyecto conjugaba dos elementos: una territorialidad y una organización que expresara eficazmente la denominación socio-política. El principio coordinador preveía, en potencia, la anulación de los enclaves de la presencia “indirecta” del Estado. El régimen reduccional significaba tal dificultad. Que éste pudiera subsistir por un siglo más se justificaba y se justificó por la incapacidad del Estado borbónico (y después republicano) de introducir a las naciones “bárbaras”, intuyendo que la excesiva dispersión de frentes de guerra no habría podido dominar a las sublevaciones indias.

El gobierno abogaba para que las reducciones del norte de la Chiriguanía fueran declaradas parroquias y confiadas al recién creado Colegio de Propaganda Fide de Tarata para permitir un hinterland a Santa Cruz, causando al mismo tiempo la división política y territorial de la Nación Oriental del Sur. El ataque a los religiosos de Tarija era también por el control de sus actividades religiosas además del ganado de las reducciones. Y ellos habrían faltado el respeto a Viedma e incentivado la “rebeldía” de Maruama en Zaypurú (1787).

La respuesta de los religiosos, bajo la conducción del P. Comajuncosa, no se hizo esperar con recurso al Virrey de Buenos Aires. Afirmaba:

•  Ya en el viaje a la Patagonia (también él estaba presente), Viedma mostró no agradecer la labor de los misioneros;

•  En la Chiriguanía fue irrespetuoso hacia quienes lo atendieron a la altura de su cargo y, al parecer, exigió más de la cuenta;

•  Su relación tendía a mostrar exagerado bienestar económico y de paz en las reducciones del Norte;

•  Maruama no estaba sublevado sino que el desconocimiento del actuar de los indígenas hizo huir al gobernador antes de lo establecido;

•  A las reducciones, que pasaban del régimen “indirecto” al régimen “directo” del control del Estado, les ocurriría lo sucedido en Moxos y Chiquitos por el alejamiento de los Padres Jesuitas;

•  Los militares de los diversos fortines y comerciantes de Santa Cruz de la Sierra no hacían otra cosa que provocar la reacción de los Chiriguanos.

El conjunto de tales razones no parece indicar las raíces de los cambios que se acercaban. Sin embargo, quedaba la percepción de que el régimen colonial y eclesial establecido no tenía más las habituales bases. Fray Francisco del Pilar define al “Plan Viedma” como una gran “mutación”, dañina para la nación Chiriguana y contraria a lo obrado por los franciscanos. Además la expulsión de los Padres Jesuitas del Continente (y su supresión como orden religiosa) seguramente había dejado huellas de reflexión (siempre los franciscanos hacen referencia a tal acontecimiento) sobre la ideología del régimen colonial entonces vigente y de sus relaciones con la utopía del “cristianizar civilizando”. Son éstas las motivaciones que tejen el Manifiesto... del P. Comajuncosa. Y por ende sus lectores no serán las personas que buscan edificación espiritual en el actuar de los religiosos sino más propiamente sus enemigos. Sin embargo, las páginas mejores del escrito quedan dedicadas a la labor de los misioneros: su fervor apostólico, su pobreza y su persistencia en los afanes. A pesar de eso, o por su insistencia, el marco general del libro se revela apologético y de defensa.

P. Lorenzo Calzavarini cruzando el lago Titicaca4. Otros caminos eclesiales

El P. Comajuncosa pasó sus últimos años de vida escribiendo. Es innegable que el destino de sus manuscritos era lograr una edición, que el Colegio no podía sustentar. No por eso, él se alejó de su escritorio. Sus páginas se dirigían a reforzar algunos lineamientos de la actividad de los franciscanos de Tarija y, sobre todo, su acción eclesial. Y tales prioridades lo llevaban a afirmar los presupuestos jurídicos y la estructura de la acción tradicional, consuetudinaria en las relaciones coloniales y sostenida con legislación especial por Roma. Así él negaba la unívoca ligazón con la tutoría de la Corona de España, insistiendo más en las exigencias de la labor apostólica. A su obra de “defensa”, por tanto, nació paralela la idea de reorganizar lo heredado e impulsar nuevos caminos.

Sin duda, el P. Comajuncosa debió parecer a sus contemporáneos como hombre de porte eclesial, docto, persona de gobierno y de consejo. En sus manuscritos, él lleva adelante una disciplina metodológica con clara exposición de temas y precisas indicaciones de fuentes (anotadas siempre al lado de la página). Su cultura era teológica, jurídica y humanística de clásicos latinos y otros más recientes. En Tratado de los juegos (pág. 29), cita al poeta italiano Francisco Petrarca. Andando por sus predicaciones y por haber acompañado al arzobispo Antonio de San Alberto en visita pastoral a la arquidiócesis de La Plata, en 1788, él tenía los más verídicos conocimientos sobre la situación de la Iglesia en Charcas. En este campo, él puso sus afanes de modernización. En el Método práctico para vivir una vida perfectamente cristiana, él se muestra seguidor de San Francisco de Sales . En una secuencia de nombres, que guían su reflexión, cita a Belarmino, San Carlos Borromeo, Francisco de Sales y San Antonino de Florencia. En tales figuras pensamos encontrar el modelo de Iglesia y de vida cristiana que él perseguía: una lectura espiritual de la vida, una dimensión existencial de la Fe y una modernización de la Iglesia sobre las bases de la piedad (¿será tan sólo popular?).

Por tal perspectiva de acción, él había pasado de la “cátedra al ser misionero”. Si bien no menciona explícitamente a San Leonardo de Puerto Mauricio, pensamos que el Colegio o Seminario de Escornalbou era para predicadores de misiones populares, que era actividad apostólica ligada a la innovación interna en la orden franciscana e iniciada precisamente por el santo indicado. Se trataba de conventos con personal destinado exclusivamente a tal oficio, donde el concepto de popular no se oponía al de especialización sino que intensificaba la relación entre “misionero” y “predicación”. La vida interna de tales Colegios era de austeridad y de estudio. En la línea más propiamente popular, fue San Leonardo quien divulgó la práctica del Vía Crucis; y evidentemente habiéndose dado su máximo éxito en Roma, de allí fue rápida su divulgación a todo el mundo católico. Al lado de esa práctica devocional, se multiplicaron las de experiencias místicas: San Pablo de la Cruz y San Alfonso María de Ligorio. Este último logrará dibujar el edificio de la dimensión espiritual que coloreaba teología, actuar diario y ser Iglesia en el contexto barroco en el arte y de ilustración en los caminos de la ciencia.

En Charcas, nacen los matices de la teología narrativa en las magníficas obras de arquitectura religiosa, en el resplandor de los retablos y en las grandes pinturas catequéticas. Las profundas iniciativas de Antonio de San Alberto están en la línea de los grandes arzobispos de La Plata, tocan a la vez educación, caridad y vida cristiana. El resultado fue la gran expansión de las cofradías que favorecieron no solamente un sentido de agrupación sino de pensamiento eclesial, identificado con una devoción particular y enderezado hacia una específica labor de asistencia. Asimismo en las grandes ciudades de La Plata, Oruro, La Paz, Capacabana, Potosí surgieron los territorios espirituales supraparroquiales, que son los santuarios que, al mismo tiempo de universalizar un cuerpo de creencias y de actitudes devotas, permitieron una religiosidad alejada del control sacerdotal. Allí nacieron oraciones y gestos, que unían lo autóctono con lo occidental y ofrecían una más amplia gama de expresiones: música, cantos, bailes, ritualidades y propósitos de porvenir.

Volviendo al P. Comajuncosa, diremos que su concepto de nueva Iglesia nacía esencialmente de la experiencia misionera de la misma. En el tratado El Comisario Prefecto de misiones, traza toda la historia de la legislación misional, distinguiendo evangelización en los países europeos, la acción hacia el extremo Oriente, el momento latinoamericano y las decisiones del Concilio de Trento. Además, él considera que, desde la Edad Media, la orden de los Frailes Menores sustentaba de forma prioritaria tal línea de acción. La institución de los Colegios de Propaganda Fide era su mejor expresión, programada en misiones entre “fieles”, guiadas por el Comisario, y misiones entre “infieles”, bajo la conducción del Prefecto. En ciertas reflexiones sobre su organización por territorios geográficos y socioculturales y, por ende, su multiplicación en modelos de acción separados, él juzga tales realizaciones como algo perfecto: la unidad en la diversidad. La distinción de campos separados era vencida por la preparación específica que fomentaba centros de estudio, educación adecuada en lenguas, costumbres y comunicación de experiencias. En el caso que, como en realidad se dio, las dos jerarquías de Comisario y de Prefecto se unían, los presupuestos de trabajo eran similares. La repartición de “infieles” se distinguía esencialmente por la Implantatio Eclesiae todavía no estructurada. Sin embargo, entre “fieles” e “infieles” la conformidad en la única Fe era elaborada sobre una base de “creencias” esenciales. Lo necesario en la parte de infieles era construir procesos que defendieran a los indígenas; y allí la importancia de las reducciones, que eran lugar de “civilización”, incluyendo a neófitos y paganos, y asimismo lugar espiritual por su destino a parroquia.

5. Entre “infieles”: “testimonio” y “palabra”

El tratado El Comisario Prefecto de misiones es una admirable obra de sistematización y metodología jurídica. Se divide en tres “Títulos”, los cuales responden a “cuestiones”, subdivididas en “capítulos” y “párrafos”. El primer “Título” contempla la figura del Comisario-Prefecto de misiones. Su creación dependió de la nueva nomenclatura eclesial, establecida desde Roma a través de la Congregación de Propaganda Fide (1622). La idea de la creación de los Colegios de Propaganda Fide, como experiencia misionera franciscana, fue impulsada primeramente por el P. Gregorio Bolívar (quien desapareció en la Chiriguanía en 1631) en su viaje a Roma en 1628. Su efectivización se inició con el P. Antonio Llinaz en Querétaro (México), aprobada por los superiores de la orden el 12 de Marzo de 1682 y, el 28 de junio de 1686, el Papa Inocencio XI normalizará su actividad con los Breves Apostólicos Eclesiae Catolicae . El Colegio de Propaganda Fide de Tarija se fundará en 1755.

En la trayectoria de las actividades misioneras, el P. Antonio Comajuncosa retranscribe las innovaciones que se dieron en la Iglesia universal. Por lo que respeta al Colegio de Tarija, en su libro Manifiesto..., él destaca su desarrollo señalando tres momentos de motivaciones y realizaciones: El primero, su fundación que corresponde al apostólico, es identificado con la figura del hermano fray Francisco del Pilar; el segundo es el del testimonio espiritual, llevado adelante por los 25 religiosos recolectados en España, que “llegaron a la ciudad de Buenos Aires donde se mantuvieron más de dos meses de pura limosna, mendigando el sustento diario y los necesarios utensilios para el viaje” (pág. 113). Finalmente llegó otro grupo de 15 religiosos del cual era parte el P. Antonio Comajuncosa. Ellos tienen ya todo programado y con su arribo a Tarija el Colegio entra en plena actividad. Del empuje planificador resultó el escrito de El Comisario Prefecto de misiones... y el avance del otro, que son las Cartas encíclicas (1795-1801).

A pesar de sus pros y contras, entre los “infieles” se daba ya una dimensión de “creencias”. Era necesario, por tanto, la Implantación de la Iglesia en sus términos de organización territorial, de agrupación de personas, de estructuras educativas y modelos de vida cristiana. A la lejanía de la dimensión diocesana, suplía la figura del Comisario Prefecto de misiones, definida en su jerarquía como de “casi obispo”. Así para el campo misionero se conjugaban dos formas de autoridades “indirectas”: la del Estado y la de la Iglesia: La primera subsistía bajo el concepto de “reducción” y la segunda como “misión”, a la espera de ser declarada parroquia. La invocación al Rey y al Papa se da por las circunstancias de la“violencia” de los poderes coloniales circundantes y por el abandono de la Iglesia local. Inculcar fuentes de derechos a favor de la acción de los franciscanos ha sido el afán intelectual del P. Comajuncosa.

5.1. El “testimonio” en la reducción

El segundo “Título” de El Comisario Prefecto de misiones... se refiere precisamente a “De lo concerniente a las nuevas conquistas, al manejo de los Padres Conversores y a la educación de los indios”. El objetivo general era: “ponerlos en un estado de religión, de sujeción y cultura como pueblos” (pág. 30), por lo que eran declarados súbditos del Prefecto y de sus representantes, que eran los misioneros. El misionero debía ser persona proba, de segura virtud y capacidades intelectuales para vivir en un contexto de vida ajena a su educación. Anteriormente en el mismo Colegio, él debía aprender la lengua chiriguana y costumbres; luego sería enviado entre los indios. Sin embargo, si en las situaciones reales él mostrará lo contrario, deberá ser retirado. Si no fuera hombre bondadoso, buen administrador, capaz de mantener la concordia entre neófitos y no cristianos, caerá bajo la misma sanción.

En lo práctico, deberá también llevar libros de administración (págs 572-79) a fin de que el Prefecto pueda examinar el bienestar y desarrollo de la reducción. Por lo mismo él deberá tener conocimientos de agricultura y de salud, además siempre a disposición el instrumental para la operación cesárea. Será el Prefecto quien vigilará para que los superávit económicos sean revertidos en la reducción o en el conjunto de las mismas, controlará las oficinas de trabajo, casa, ambientes para el culto y escuchará de los alcaldes, fiscales, sacristanes y de toda otra persona las quejas en contra del religioso, tomando en cuenta que lo más apreciable es siempre un estamento de libertad individual y de grupo.

El religioso franciscano deberá vivir según el espíritu del instituto: ser apóstol, persona espiritual y pobre, los bienes de los indios le son confiados y él no es propietario de ellos; así es que para ciertas decisiones deberá tener consejos con las autoridades de la reducción. Siempre en tal sentido, limosnas, beneficios y sínodos, otorgados por el Rey, retenida la parte que corresponde a un “honesto sustentamiento”, el resto “debe convertirse a beneficio de los pueblos o misiones en que reside, y en auxilio a los pobres que hubiese en ellas; o debe entregarse a sus Prelados para que inviertan en beneficios de sus conventos o colegios” (pág. 415).

De derecho represivo se considera la embriaguez y la delincuencia. Al final, el deber del Prefecto es “armarse de la fortaleza para defender sus derechos, la inocencia de sus religiosos y la indemnidad de los indios “ (págs 444-455).

orillas del lago Titicaca5.2. La “Palabra” en la reducción

Corresponde al tercer “Título”: “Del gobierno espiritual de los misioneros con sus indios”. En esta parte trata tan sólo de la materia inherente a los neófitos. Por tanto desglosa el corpus doctrinal católico, las condiciones y formas de recepción de los Sacramentos, de las fiestas y termina esclareciendo los “privilegios” de los indios, que subdivide en privilegios temporales y espirituales. La razón de tales exenciones se debe a su condición de “personas miserables”, (a traducirse en “desfavorecidas”), en cuanto a desarrollo diferenciado, situación psicológica y dimensiones socioculturales.

Lo inherente a la educación es parte del gobierno “político” de la reducción en general que incluye a neófitos e infieles. Las normas pedagógicas tendrán por base solidez de objetivos, prudencia y contextualizaciones prácticas. Debe anunciarse, sin embargo, la doctrina cristiana, la cual es parte de lo que “indirectamente” se quiere favorecer para la adhesión a la Fe. La metodología general incluye también un sistema dialogado sobre un guión de preguntas y respuestas. Los temas a enfrentarse y su organización secuencial son los establecidos por el Concilio de Trento Limense III. Tres acápites sostienen el conjunto: El Dios verdadero, la figura de Jesús salvador y la vida sacramental del creyente.

Para formalizar dichos contenidos y métodos, en la Carta encíclica sexta del 17 de Enero de 1797, anuncia que se ha remitido a los conversores el texto de la Doctrina cristiana y el Catecismo castellano-chiriguano del P. Santiago de León. Se disolvía así la preocupación, manifestada en la Carta encíclica III, donde se insistía sobre la unidad de la enseñanza para los catecúmenos y neófitos. Parece que el Catecismo estaba destinado tan sólo para niños y que la enseñanza de la Doctrina cristiana debía ser separada de la educación “política”, atinente a la organización, producción, sistema de autoridad y dirección de la reducción.

6. Entre “fieles”: renovación, imagen y poesía

Hasta ahora en la actividad y decisiones del padre Antonio Comajuncosa, en cuanto Comisario Prefecto de Misiones, encontramos los siguientes aspectos fundamentales: la exigencia de canalizar una doctrina común como formación cristiana y el afán para la predicación en forma de “misiones”. Esta última metodología se enlazaba a la tradición de San Leonardo de Puerto Mauricio. El método se definía “popular” en cuanto se entretenía en proponer las bases de la vida religiosa, uniendo a éstas lo fundamental de la práctica católica, que era la vida sacramental.

Más que una “revolución” teológica se miraba a poner lo que no existía en términos visibles y en dirigirse a personas ya cristianas. Seguramente la falta de comunicación, la estructura demasiado centralizada respecto a las particularidades territoriales y culturales necesitaba de una mayor cohesión eclesial sea en la parte colonial “establecida” sea en la parte reduccional. Interesante la anotación de la participación activa del Colegio de Tarija en contra de la sublevación de Túpac Amaru y de Túpac Katari. La interpretamos como acción para el restablecimiento de la unidad eclesial que evidentemente podía ser “rota” por los procesos políticos y por subdivisiones territoriales. Tal postura no anula la posición “hispanista” del padre Antonio Comajuncosa, justificada en términos de “paz” para las tierras latinoamericanas.

6.1. Para una renovación.

Es indudable que un mayor alcance de la práctica religiosa se da cuando se realiza una conexión entre cultura y Fe. No nos atenemos a una mera concordancia entre los dos aspectos, pero sí a un “sentir” que se esconde en ambos universos. Superando las apreciaciones, que la crítica ha atribuido en el pasado al arte barroco, nosotros nos atenemos más a la corriente actual que incentiva una valoración positiva de la misma en la amalgama de los colores, en los lineamientos realistas de las figuras y en la retranscripción artística de la vida cotidiana. Asimismo le reconocemos un valor catequético y de culto subrayando una estrecha relación entre espiritualidad y estructuras narrativas de la composición pictórica.

Tres libros del P. Antonio Comajuncosa son los más apropiados para destacar la misma perspectiva: Tratado de los juegos , Método práctico para una vida perfectamente cristiana y Manual de misioneros. En ellos evidentemente no vamos a encontrar paradigmas de dimensión estética, pero sí los elementos del “sentir” del 1700 hacia un “decir” barroco. El primer libro desarrolla la teoría de las relaciones humanas. En ellas, el juego es momento de recreación, entendido como espacio para establecer “imaginativa y realmente” un estar frente al “otro”. Así son aprobados los juegos teatrales, bailes y otras manifestaciones de tipo religioso hasta para el interior del ambiente litúrgico.

En el Método práctico... es en el que más se vislumbra la relación entre “imagen” y “cuadro” (por cerebral que sea). El autor insiste en el concepto de perfección humano-religiosa, que es objetivo ascético. Según su teoría, los gestos deben conectarse directamente con la vida interior. Aplicando esto a la vida claustral, con actos prescritos a lo largo del día, el todo es colaborado por imágenes supletivas para la oración litúrgica, oración mental, momentos de recreo y atenciones obligatorias diarias. Momento central y constitutivo de tal desplazamiento mental es la relación entre historia sagrada, centrada en la persona de Cristo, interioridad y subjetividad. Mientras que la espiritualidad toca el campo interior, según la teoría agustiniana del “Deus esconditus” y de “inquietun es cor meum”, la subjetividad es resultado de gestos y sentimientos personales, conectados con los “sentimientos y gestos”, que se retranscriben en la figura de Jesús en los Santos Evangelios. No se puede esconder que tal operación más que valor escriturístico es esfuerzo psicológico que, sin embargo, queda válido cuando el primero es fuente de inspiración para el segundo.

La ritualidad templo “adentro” y templo “afuera” es precisamente una medida para el control de la subjetividad a fin de que los significados no procedan por una concatenación “fantástica” (si bien lo es) sino a fin de que el conjunto tenga significaciones interrelacionadas. Otro control de la posible proliferación de significaciones se da en la dimensión simbólica. Así la Santa Misa, momento central de la vida claustral juntamente con el Oficio Divino, está sustentada por la secuencia de los sentimientos que deben avanzar con el andar litúrgico. El trayecto espiritual se centra en la meditación de las Siete Palabras presentado bajo el título de “Instrucciones para meditar la agonía de Jesús y en las Siete Palabras que dijo en la Cruz”.

Entendemos cómo una biografía psicológica puede canalizarse a través de la ascética en biografía espiritual y el todo redactarse en términos de contemplación. En el espacio de la Iglesia universal tal conjunto de acciones se tradujo en las grandes devociones a los Sagrados Corazones, Vía Crucis y en la práctica de la dirección espiritual. Para la validez de esta etapa eclesial, recodaremos que su prosecución inmediata fue la de la catequesis y de los fundadores de congregaciones dedicadas a la caridad.

6.2. Imagen y poesía

El Manual de misioneros es algo más de lo que su título expresa. En él se dan indicaciones sobre como las “misiones entre fieles” deben llevarse adelante en metodología, contenidos, expresiones artísticas y contexto global. Lo que sorprende es que la parte doctrinal debe ser proclamada en poesía. Su objetivo no es tanto artístico cuanto el de permitir una rápida memorización y, a su vez, una permanencia duradera en la tradición de los pueblos.

Esto lo afirmamos después de haber constatado tal permanencia en los actos paralitúrgicos del Viernes Santo en las comunidades de Tomayapo, Yunchará y Padcaya (antiguas parroquias, actualmente de la Diócesis de Tarija, asistidas desde 1760 por los Franciscanos en cuanto a predicaciones y eventualmente como responsables parroquiales). La parte de la “imagen” se refiere a los sermones, que en su secuencia fija deben contemplar: “Función de la calavera”, “Función en el sermón de juicio”, “Función de Ecce homo”, “Función del Hachón”, “Función para el perdón del enemigo”, “Función en el sermón de la comunión sacrílega”, “Función para el pecador obstinado”, y “Función para la despedida”.

A tales momentos de predicación corresponden cantares en coplas y otras composiciones musicales (“Salve que se canta a tres voces todos los días para dar principio a la misión”, asimismo estribillo que se repite para el Vía Crucis, “Modo de cantar el acto de contricción que empieza: de un pecador obstinado”, estribillo de “los pasos de la pasión de Cristo”, “copla para el pecador obstinado” y “copla para la comunión general”). A diferencia del Método práctico... , el Manual de misioneros no es para auditores enclaustrados, donde la atención está impuesta por los límites cerrados. Las misiones, al contrario, son para personas esparcidas en grandes territorios, de experiencias variadas y de prácticas religiosas discontinuas, justificadas por las amplias circunscripciones parroquiales. En estos casos, la atención está enfocada en el conjunto teatral, que se logra implantar: centralidad del templo, como coordinador simbólico entre pasado y presente, denominaciones precisas de los actores, tiempo sacral y dimensiones fuertes en todo.

Corresponde a la Introducción la nominación de los predicadores. Ellos comunicarán a las varias autoridades el tiempo de la misión. Se establece así un régimen de complicidad a fin de que todo sea canalizado hacia el objetivo deseado. Desde tal momento, los misioneros son actores sometidos a un andar litúrgico. En el convento recibirán la bendición de despedida del Superior; llevarán crucifijo bien visible y caminarán por senderos conocidos proclamando la misión. La entrada al pueblo inmediatamente los pone en conexión con la sacralidad, que emerge del templo, y la casa de los predicadores será separada respecto al conjunto de las otras. El anuncio público da inicio a tres guiones de acción: los sermones, los misioneros y el pueblo. El único texto surgirá en las interconexiones de las acciones recíprocas marcadas por la Santa Misa, confesiones, procesiones y oficialización de prácticas devotas (Santo Rosario, Vía Crucis y Comunión general).

Los éxitos del teatro, además, están afianzados por la ocupación de las partes que indican totalidad territorial: la plaza, las calles, la cárcel y la campiña. En su dimensión temporal se dará, en la noche, también “asalto a los pecadores” que desprecian los “llamamientos de Dios”. Así día/noche cósmico se unirán a la horizontalidad/verticalidad territorial como palabra/imagen conjugan realidad e invocación.

7. Antes del ayer

De todo lo descrito, ha quedado para nosotros una versión de teología popular que persiste en ciertos actos litúrgicos y en los contenidos doctrinales. Estos últimos seguramente han permanecido por su dinámica de “memoria”. Es siempre sorpresivo encontrar “similitudes” pero más gratificante es constatar imágenes “icónicas” que se transforman en las temporalidades de los siglos. Josep Barnadas anota que, entre 1825 y 1900, se han dado en Bolivia 400 ediciones de novenas, triduos, trisagios y otros. Apreciamos tal dato como riqueza de una teología popular, que tiene su inicio en el espacio colonial y que definimos las venas cálidas del Catolicismo boliviano.

El conjunto poético del P. Comajuncosa se extiende de la página 57 a la 104 de su manuscrito. La rima de los versos es libre en cuanto son adaptados para su versión musical. En este sentido la estructura global es la de la “copla chapaca”. Sus ventajas son la posibilidad de intervenciones espontáneas y la forma dialogada del proceder de varios movimientos melódicos fijos.

Más que página de explicaciones teóricas, la poesía es el lenguaje de la experiencia, que da evocación paradigmática al texto: quien proclama permite, por recepción de asonancias, la intervención de quienes escuchan. El resultado es un diálogo en una “sola voz”. Personalmente atribuimos a los versos del P. Comajuncosa no sólo un valor descriptivo y explicativo de la doctrina cristiana sino también un valor poético. El lenguaje es aquel que se nutre de la vida cotidiana y de la prefiguración de un destino, desglosados ambos en las líneas de un saber bíblico.

No es difícil encontrar en el reducido espacio de los versos teología, ascética y devoción contemplativa. Ese último rasgo emerge de la textura “imperativa” de los versos la que, sin embargo, se desenvuelve en afán pedagógico y de atención a quien escucha. Tal camino ha sido posible por la misma distribución temática. Se inicia con el tema de la confesión, sus requisitos y resultados, que tienen sabor conclusivo en la saeta, que es composición sintética: examen, dolor, propósitos y momento de confesión. Siguen los diez mandamientos de Dios y “cinco mandamientos” (parte de los preceptos) de la Iglesia y la distribución de poesías para los sermones de la misión, que tocan los temas de la vocación cristiana, vida terrenal (lucha entre “pecado” y “gracia”) y dimensión de destino entre cielo e infierno.

Conclusiones: matices de teología popular tradicional.

Con el término de “popular” indicamos una doctrina no intelectualista y abierta a las múltiples variaciones verbales y de imágenes; no a descartarse una asunción directa de la fraseología bíblica y su exteriorización en conceptos y figuras icónicas.

Lo “popular” incluye también mediaciones directas con la vida cotidiana, que son gestos y sentimientos, fáciles para representaciones mentales y teatrales. La “misión” resulta ser un momento fuerte de renovación de las creencias, prácticas y deberes cristianos. Su sucesión periódica (cada 10 ó 15 años) hace que aquel tiempo “fuerte” sea recreación de vida.

Tarija, octubre de 1997

P. Lorenzo Calzavarini

BIBLIOGRAFIA

Autores Varios Legajo contra Viedma, manuscritos, 1796-1803, (AFT).

Barnadas Josep M. “La trabajosa conquista de una conciencia eclesial: la iglesia boliviana frente al patronato nacional (Siglo XIX)” en Anuario de la Academia Boliviana de Historia Eclesiástica , n.2, Ed. Tupac Katari, Sucre, 1996, pp. 51-67.

Comajuncosa Antonio El Comisario-Prefecto de misiones instruido en sus facultades, cargos i obligaciones, i en varios puntos concernientes al régimen temporal, i espiritual, político y económico de los padres conversores, e indios de su cargo , tomos I y II, copia legalizada, manuscrito, 1811, (AFT).

Encíclicas, o cartas circulares, que en el tiempo de su oficio expidió a los RR. PP. Conversores de las conversiones, o reducciones de su cargo, manuscrito, Tarija, 1795-1801, (AFT).

Manifiesto histórico, geográfico, topográfico, apostólico y político de lo que han trabajado, entre fieles e infieles los misioneros franciscanos de Tarija 1754–1810, Ed. Offset Franciscana, Tarija, 1993.

Método práctico para vivir una vida perfectamente cristiana, manuscrito, 1781, (AFT).

Memoria de los religiosos de este colegio de Na. Sa. de los Angeles de la Villa de Tarija: sus títulos, empleos, y méritos adquiridos desde su agregación hasta su fallecimiento, o desfiliación, manuscrito, 1803, (AFT).

Tratado de los juegos, 1812 , manuscrito, (AFT).

Corrado Alejandro M. y Antonio Comajuncosa. El Colegio Franciscano de Tarija y sus misiones, tomos I y II, Ed. Offset Franciscana, Tarija, 1990.

 

Lorenzo Calzavarini

 

logo centro eclesial de documentación
Centro Eclesial de Documentación
e-mail: ced@franciscanosdetarija.com
teléfono/fax: 00591-4-6644909
Tarija-Bolivia