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Otro libro de Josep Barnadas: Carlos Felipe Beltrán (1816-1898)

portada del libro: Carlos Felipe Beltrán (1816-1898)Para los historiadores, las fechas cincuentenarias o centenarias son siempre ocasión para renovar "piezas" de la memoria colectiva. Es parte del compromiso de ellos para con la sociedad, una dimensión de fatigas silentes que hacen salir a la luz, las antiguas situaciones en las que trabajaron los que han dejado huella. De la oscuridad de los tiempos emergen así personajes y conflictos que las historias escolares y oficializadas dejan, la mayoría de las veces, olvidadas. Finalmente cualquier estudioso (y más los tantos académicos universitarios) debe entender su ser tal, en el campo de los conocimientos científicos, de la formación del pensamiento boliviano y de los avatares en los cuales ha caminado la historia del país.

En tal perspectiva es lamentable la falta de Facultades de Filosofía y Letras Bolivianas que, juntamente con la de Historia (una sola en La Paz) son las más atentas para la integración del pasado en nuestro presente. Un resultado que rescata una figura de sacerdote, educador e indigenista es el libro de Josep Barnadas: "Carlos Felipe Beltrán -1816 a 1898- : Un párroco boliviano, amigo de los indios" (Ed. Cedipas, Oruro, 1998).

1. Una trayectoria sacerdotal del siglo pasado

Carlos Felipe Beltrán nació en Uqurí, provincia Chayanta el 23 de agosto de 1816. La conclusión del Dr. Barnadas es que él no era hispano sino mestizo. Si algún elemento de resonancia social estaba ligado a su apellido lo debemos a la participación de su padre, Pablo, en las guerras de la independencia. De pronto los datos biográficos de su familia y personales se oscurecen. El francés Paul Rivet presentó una semblanza de su persona en el “Congrés International des américanistes” en París, 1947. Por estudiosos bolivianos, nos quedamos con unas cuantas páginas de Ernesto Oto Rück. Otros autores nos dan referencia del presbítero Beltrán cuando tratan de su obra escrita; entre éstos Carlos Medinaceli, que dice: "...la obra de este sacerdote, verdadero apóstol de la educación del indio, es extraordinariamente interesante. Debe considerársele como el más conspicuo precursor del movimiento indianista de hoy." ( Barnadas, pág. 7).

Finalmente hay que reconocer que los inmensos territorios, la amplitud de la organización estatal y eclesiástica no permitían la fácil reconstrucción del actuar de Beltrán. Como punto firme, Josep Barnadas ha seguido la trayectoria religiosa. Siendo el obispado de Chuquisaca el que incluía los actuales de Potosí y Oruro (además Tarija), el Archivo-Biblioteca Arquidiocesano "Monseñor Taborga" es el repositorio más cuantioso de documentación suya. Su biografía de sacerdote queda bien diagramada por las indicaciones de las responsabilidades eclesiales y por la sucesión de las publicaciones.

De las laderas de los Andes de Chayanta, el joven Beltrán pasa en 1829 al Colegio "Bolívar" de Artes y Ciencias de Oruro. Se trataba de un nivel bastante elevado de escolaridad. Por sus actuaciones académicas, se lo registra en Oruro hasta el año 1839. El curriculum hacia el sacerdocio empieza en el seminario de San Cristóbal (Sucre), donde, juntamente a los estudios teológicos asume los de derecho. ¿Abogado o Teólogo? Barnadas se inclina por el doctorado en teología. Su ordenación sacerdotal se dio el 20 de marzo de 1845 en Chuquisaca.

Vuelve, ahora, a sus laderas de la infancia como presbítero y es otro el cantar de sus días. En los recuadros de vida altiplánica y nacional, el autor de la monografía pinta dramáticamente lo que significaba la incomunicación, el silencio de los indios que lo rodeaban, la agresividad pueblerina y los debates cotidianos, que no conducían a nada por venir de personas que no podían nada. El joven Beltrán, por diez años, andará como "ayudante-párroco" por todo el sector meridional de Potosí (Barnadas, pág. 18), donde las coordenadas de la miseria, de la expropiación y de la insignificancia social eran más profundas y anchas. Tales situaciones reagrupaban en definitiva el rostro social y cultural que definimos "indio". En aquellos años, además, serpenteaba en todas aquellas tierras el malestar causado por las leyes de exvinculación, dictadas por Melgarejo, que conducirían a lo que fue una guerra de sublevación, aprovechada por Pando en 1899. Zárate, el temible Willka, su conductor fue victimado con participación de la policía del Estado en 1904 (Condarco Morales R., "Zárate el "temible" Willka", Ed. Renovación, La Paz, 1982).

Desde 1854 hasta su muerte, Beltrán fue párroco titular en diferentes parroquias, falleciendo en Oruro el 30 de enero 1898. Las notas especiales de su infatigable, azarosa y comprometida vida se dan en la sucesión que sigue. En los años de 1854 deseaba ir a Chile por estudios y "...regresar al seno de mi patria menos inútil, menos oscuro e ignorante." (Barnadas, pág. 22). En 1877 - 1878 participó en la Constituyente, convocada por el presidente Hilarión Daza, como representante de la Prov. de Paria. Acercándos e a la parroquia de Toledo, próxima a la ciudad de Oruro, en 1872 compra una tipografía directamente de los Estados Unidos. Una vez más en 1889, fue diputado suplente por el departamento de Oruro; cargo en el que duró pocos meses. El libro de Barnadas termina anotando la veneración que por él tuvieron sus cuatro hijos. Según el autor, Beltrán no entra en la historia de Bolivia por lo que fueron vicisitudes personales sino y sobre todo, por haber sido “amigo de los indios”

2. La obra de Carlos Beltrán

Padre Carlos BeltránAgradezco al Dr. Barnadas el haberme solicitado la presentación de su libro. El conoce, desde hace tiempo, mi trayectoria de estudio. Sin embargo, creo que la decisión hacia mi persona, fue por estar la obra escrita del presbítero Beltrán entre los libros del C.E.D.. Es un honor que me atribuye por ser uno de los pocos que he tenido aprecio y la posibilidad de conservar una joya tan importante en la literatura antropológica de Bolivia. En estos últimos meses se me ha añadido un mérito más con la publicación del librito: "Poética y Melodías Religiosas de Navidad y Viernes Santo en las Comunidades de Tomayapo, Yunchará y Pujsara" (Ed. C.E.D., Tarija, 1998). Evidentemente, el mérito que me asigno, es el de haber encontrado que parte de la fatiga de Beltrán está viva todavía en las comunidades andinas de Tarija. Una trayectoria de Oruro a Tarija, que ha sembrado de devoción religiosa la Cordillera Real.

Me permito aclarar, sin embargo, que los cantos, anotados por Beltrán en su "Antología Sagrada en español, Quechua y Aymara" (Ed. El Progreso, Oruro, 1889), es una versión entre las tantas del gran mar de la teología popular en Bolivia. Pero nuestra clasificación de los textos no niega que la obra publicada por Beltrán no haya servido de sustento para las demás reelaboraciones. Eso debe reconocerse cabalmente, porque los títulos del Himnario de Tomayapo, Yunchará y Pujsara tienen la misma titulación y al menos los primeros versos según la edición de Carlos Beltrán.

El subtítulo del libro quiere especificar la interpretación, que de la vida del presbítero Beltrán, ofrece Barnadas: "Un Párroco boliviano, amigo de los indios". Tal significación está redactada en la relación de vida y obra que es el guión de la sucesión de los capítulos del libro. En las páginas emergen tres rostros del único retrato: El sacerdote, el testigo y el maestro.

Al primero lo percibimos en la decisión de compartir vivencias directas con los indios. Los éxitos en los estudios ubicaban fácilmente a Beltrán para destinos de intelectualidad urbana. Al contrario, en sus años de joven sacerdote, lo encontramos en los perdidos puestos de frontera. De allí, la voluntad de especializarse en la práctica de las lenguas quechua y aymara. Evidentemente tal primer paso obedecía a un proyecto de vida; y sólo el deseo de hacer conocer a la nación la situación del indio, lo acercará a la ciudad por sus trabajos de imprenta. Como sacerdote, dará peso sobre todo a la formación religiosa. Emprende así la magna fatiga de explicar en quechua y aymara los misterios de la fe. Empieza con el catecismo, pasa sucesivamente a la práctica de los sacramentos y a la dimensión poética de la liturgia. Lo importante es que anota en las creencias de la fe un lugar estético; y de allí la posibilidad de una reevangelización.

Como "testigo" él queda firme entre los indios redactando un decálogo de reivindicaciones que canta la invocación a Dios del pueblo de Israel, esclavizado en Babilonia:

  • El indio tributa.
  • El indio explota las minas.
  • El indio cultiva los campos.
  • El indio sirve de caballo en las postas.
  • El indio sirve de pongo a los corregido­ res y comandantes.
  • El indio mantiene a los curas.
  • El indio costea los gastos del culto.
  • El indio es ignorante, para que los leídos especulen con él.
  • El indio se trata mal, para que los no-in­ dios se traten bien.
  • El indio en fin, trabaja, para que otros disfruten

(Beltrán Carlos Felipe, "La civilización del indio", Ed. El Progreso, Oruro, 1889, pág. 10).

El “maestro” está suficientemente explicado por su afán de implantar escuelas a fin de que el "indio" sea ciudadano en su patria, quedándose en las tierras donde se forjó su civilización: "Más para que los indios se instruyan, es indispensable, no que ellos asciendan á buscar nuestra civilización en las ciudades, sino que nosotros descendamos a sus cabañas a elevarlos a nuestra altura, fundando escuelas en los ranchos de alguna población" (Id., pág. 13).

Conclusiones: Removió el mar.

A justo título, Barnadas define a Beltrán como el "Pionero" que "trataba de impulsar una doble reconciliación: la del indio con su propia identidad y la de los blancos con la realidad mayoritaria del país" (Barnadas, págs. 89-90). En tal línea fue la renovación de la educación en el campo que incluye los nombres del P. José Zampa, del Cacique ay mara Avelino Siñani, del prof. Elizardo Pérez y del P. Gabriel Landini. Terminamos con un necesario agradecimiento al Dr. Josep Bar nadas por habernos vuelto a las raíces.

Tarija, 10 de marzo de 1998

P. Lorenzo Calzavarini
Director del C.E.D.

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