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Exposición nacional de Arte Sacro

EMAUS del P. Gildo Franzoi (cuadro seleccionado para la VII Bienal de Arte Sacro de Buenos Aires-noviembre de 1998)No sé a qué talento paceño debo el llamado de mi persona para conformar el jurado de la "Exposición Nacional de Arte Sacro", que se inició el 19 del presente mes. Fueron días de intenso trabajo y de responsabili dad. Sin embargo siempre he pen sado que la obra pictórica, vista con programación de juicio, inhibe lo que es el "sentir" hacia el "otro". Por esto decidí dividir mis horas en dos momentos: el primero de fruición estética y el segundo de selección.

1. Frente al espectro de la interioridad del "otro".-

El día 21 de Mayo 1998, se abrió formalmente la "Exposición Nacional de Arte Sacro" en el Colegio Don Bosco, definida por los organizadores como de preselección. Quedará allí una semana y pasará, luego, a la galería "esArt". Tal etapa será de selección de diez cuadros, que irán a Buenos Aires en el mes de Noviembre para la "VII Bienal Internacional de Arte Sacro". Entre estos cuadros, estarán incluidas tres obras premiadas: la primera galardonada con 2.500 dólares (premio Entel); la segunda con 1.500 dólares (premio Toyosa Ltda) y la tercera con 1.000 dólares (premio Banco Nacional).

En todo este proceso de fechas y acontecimientos, se nota preocupación para que lo más representativo del arte plástico boliviano tenga voz internacional. Al mismo tiempo, se manifiesta, bajo los diferentes pasos de la selección, la pesadilla de lo que significa organizar una exposición de tal género por primera vez en nuestro país. La confianza ha surgido del conocimiento que su Excelencia el Nuncio Apostólico en Bolivia, Mons. Rino Passigato, y la señora Patricia Tordoir, responsable de la galería "esArt", tienen del universo artístico boliviano. Lo que seguía incierto era el volumen de las respuestas a la invitación de participación o, dicho más claramente, el número de los concursantes.

La exposición ha sido un éxito por la calidad de las obras, por la consistente presencia de los artistas, que fueron 74, y por la representatividad de las varias regiones y estamentos socioculturales del país, que van desde lo popular tradicional a lo más avanzado de la modernidad. Tal diversificación ha sido aceptada como riqueza del ámbito católico, subyacente en el pensamiento boliviano.

Sin embargo había también una dificultad para decidir sobre las obras a premiarse. Para tal fin, los organizadores tuvieron el cuidado de conformar un jurado, relativamente poco homogéneo en sus quehaceres: Pedro Querejazu, historiador de arte; Guillermo Pedro Whitelow, experto argentino en arte moderno; y el P. Lorenzo Calzavarini, que está en contacto permanente con las más variadas manifestaciones de la cultura boliviana. Lo interesante fue lograr unanimidad de entendimiento en cuanto a lo específico del "arte sacro" y sus "manifestaciones plásticas". Con referencia a la selección, el principio que se adoptó, fue "ir de lo bueno a lo mejor", plasmando ambos niveles según el progreso de las etapas expositivas de los cuadros.

Se inició con la exclusión de las obras que no tenían directa pertinencia con el "arte sacro", según la trayectoria de la cultura católica, boliviana e internacional. De los 74 cuadros, quedaron 65; por tanto la exposición en Don Bosco (primera fase) se compondrá de una fiesta de colores de rostros de Cristo y del titilar, trágico o bello, de una dimensión de Gracia. Otro paso será la exposición en la galería "esArt" (segunda fase) con lo más selecto del arte sacro en Bolivia. Serán 27 cuadros que relatan las corrientes espirituales de nuestro pueblo según temas bíblicos , devocionales, místicos e intelectuales del mismo universo artístico. De éstos, diez son seleccionados para la “VII Bienal Internacional de Arte Sacro” en Buenos Aires (tercera fase).

¿Lograremos tal nivel diálogo, manteniendo nuestro “decir” y “sentir”? La respuesta llego sin premeditaciones y dudas en tal sentido. Las venas cálidas del catolicismo boliviano y el alto nivel artístico diagraman unidades pictóricas que reproponen la concepción sacral desde varias vertientes de inspiración. Y, entre los diez últimos seleccionados, resultan premiados (cuarta fase) las tres obras, que son: la Última Cena de Ricardo Pérez Alcalá, el Vía Crucis de Pablo Viracocha, y el Sudarium Sanctae Veronicae de Angélika Heckl.

2. Diez cuadros, que recomponen lo "sacro" en el arte plástico.-

Viracocha. (Segundo Premio)Los últimos cuarenta años del correr artístico de Bolivia han sido marcados por la problemática social. La literatura, el cine, la música y la pintura han transmitido gritos de reivindicación desde la identidad nacional y para ella. Razones adversas al continente entero, han radicalizado posturas con afanes de supervivencia, que finalmente han manifestado más, una actitud de defensa que de propuesta. En tal contexto, los pintores por la necesaria búsqueda estética, poco a poco han vislumbrado otros significados que recomponían el territorio, las raíces de la patria y los recorridos históricos de la misma. La belleza retornaba en nuestros caminos y, si bien meditativa, nos ha gratificado de lo nuestro.

En su andar, el "arte sacro" había quedado como discurso indirecto respecto al pasado. Finalmente era "puente", que mantenía latidos de invocación y de deseos. Solamente así podemos entender la explosión que hemos visto. Los diez cuadros, destinados a la "VII Bienal Internacional de Arte Sacro", llevan todos los matices de las "venas cálidas" del cristianismo en su tradición católica. Los diez han sido escogidos como representantes de la diversidad del "decir" y como luces diferentes del espectro de la intersubjetividad del "sentir" común boliviano.

Sin desmerecer a los otros participantes, los diez amalgaman en sí mismos y en su conjunto líneas de expresión y fuentes originarias de inspiración. La novedad ha sido el manifestarse de jóvenes artistas y de otros no muy conocidos. Los últimos han emergido ocupando espacios que están más en sintonía con la dimensión de lo sacro. Los conocidos, si bien siempre encerrados en lo tradicional de su lenguaje, han logrado matices nuevos de inspiración. Imaná, La Placa, Pérez Alcalá de manera diferente han pasado a un lirismo que simplificaba las melodías de sus cantares. Evidentemente en los tres permanecen personalidades muy distintas entre sí, pero reverberando conceptos que se integran: la intelectualidad precomprehensiva de La Placa, la presencia perenne del misterio del mal en la vida de los hombres de Pérez Alcalá y la amorosa síntesis de todas las maternidades bolivianas de Gil Imaná.

Una línea, más descriptiva del "sentir", sobresalía en las novedades de otras experiencias del espíritu, que reposaban en los momentos de la vida de Cristo y de los misterios de la Salvación. Dos grandes cuadros son comienzo de dos diferentes periodos históricos: El ángel caído de Ejti Stih y la Anunciación de Zilveti. Son pedazos de mural sobre el origen del sufrimiento y el comienzo de la redención, redactados ambos en gramática pictórica diversa pero similares en la comprensión de una guía para nuestra historia interior.

Siguen los otros que se mueven, más que en representaciones de una historia antigua y de "lo alto", en la presencia de los acontecimientos de Jesús en la existencia humana: Getsemaní (Inés Cordova), Emaús (Gildo Franzoi) y Exaltación (Erasmo Zarzuela) son los milagros escondidos donde surgen la esperanza desde la soledad, la resurrección desde el misterio y la gloria desde el desprecio. Descriptivos del quehacer de Jesús, como dimensión nuestra, son los restantes de Angélika Heckl y de Pablo Viracocha. El sol ha grabado el Sudarium Sanctae Veronicae y el Vía Crucis ha grabado nuestro pasado como grabará nuestro porvenir.

3. La paradoja cristiana como biografía de artistas y de pueblo: los tres cua­ dros premiados.-

El ángel caído de Ejti StihSe ha observado que la historia de las artes plásticas camina paralelamente con la poesía. En Bolivia, podemos encontrar similitudes comparativas entre pintura y poesía. La novelística parece, al contrario, quedarse alejada de ambas. Demasiado atenta a los lectores, no ha hallado todavía el coraje de sobrepasar la denuncia o la reproducción de sí. La sacralidad, al contrario, se mueve en el espesor de la vida, que desde el sentimiento del vacío llega a la plenitud, por lo cual le son más coherentes el testimonio, la confesión, la invocación y la caridad. Finalmente el "Dios escondido" no es tal en nuestra interioridad sino en sus disignios. Ascética y mística son lineamientos de un camino espiritual, donde la obscuridad existe sin opacar la divinidad que llevamos.

Los tres ganadores asumen, de forma diferente, tal nivel de paradoja cristiana. Ellos son: la Última Cena de Pérez Alcalá (primer premio), el Vía Crucis de Pablo Viracocha (segundo premio) y el Sudarium de Angélika Heckl. Seguramente los diversos niveles de premios dicen también valores estéticos graduales. Los tres, sin embargo, han logrado un alto nivel de lirismo temático llevando un concepto variado de lo "sacro". Entendemos, sin embargo, que son tres síntesis de posturas que van desde lo tradicional a lo moderno de la vida de los Andes.

El misterio del mal, que está a la mesa con Jesús (Pérez Alcalá), provocará su consumación pero no su destrucción. Lo planetario, lo bélico, lo orgánico malgastado no cerrarán la luz que sigue al Cristo y que es la única apertura de una situación enjaulada y cerrada. Además, las estrechas dimensiones del cuadro (73 por 73), con preeminencia de tinta negra obscurece y empequeñece la condición humana en la cual Jesús mismo parece no cobrar vuelo sino fuera por designios superiores. La paradoja resalta en lo "poderoso", que está encerrado, y en la libertad provocada por la reducida luz que finalmente es la única puerta abierta para la posible redención.

El Vía Crucis de Pablo Viracocha superpone varias significaciones de lo sacro. Centrales son los signos sacramentales que dibujan la parte superior del cuadro. Preeminentes son el sol y la luna que se hacen triángulo con la paloma, que es refiguración del Espíritu Santo. Según la simbología andina, ellos explicitan la relación entre lo masculino y lo femenino como factor de vida. Así es que el Espíritu Santo es quien estará en sucesión divina respecto a la encarnación de Jesús, que fue la manifestación suprema de Dios en la historia de los hombres. El crucificado divide la obra en cuatro partes, en cada una de las cuales se mueve el Vía Crucis. Es la redención cósmica, que tiñe los rostros y las franjas de las vestimentas de las personas.

Esas son connotaciones de la vida de los Andes, que en las posturas psicológicas y corporales de los personajes alcanzan en belleza las estilizaciones de la iconografía universal. El misterio del mal allá está pintado en los individuos que provocan la secuencia de la pasión de Jesús, sobreponiéndose ellos a lo poco de humano que pudo encontrar el Señor en las circunstancias de la muerte. La redención para nosotros es la espera que viene de la devoción popular. Ella es fuerza y vigor humanos (retraídos en Jesús), pero don ofrecido por el Padre Dios. Lejos del pensar moderno, la estética de Pablo Viracocha queda más cerca del sufrimiento popular, que nos ha transmitido tales actitudes y verdades (las imágenes del Justo Juez, las Glorias, la Virgen Dolorosa).

El cuadro de Angélika Heckl es emblemático para cualquier observador. Simple en su composición y en los recursos mixtos ent re pintura al óleo y tela para collage. Sudarium en la cultura latina indica un elemento de uso que recibe algo de nuestro cuerpo. Y Santa Verónica, aliviando la fatiga del rostro de Jesús, recibió impreso en tal sudarium su i magen real. Jugando en planos de relaciones diferentes, tal realidad se esparce desde Jesús al sol. Dos ojos y lineamientos incompletos de cara humana sugieren el misterio más allá de la realidad: Cristo estará siempre con nosotros y él será nuestro calor. La lectura inversa sugiere que lo divino marca lo humano o que lo humano es residencia de lo Divino.

Conclusiones: la estética como fundamento teológico de la Fe.-

P. Lorenzo Calzavarini en la exposición de arte Sacro de 1998.El excelentísimo Nuncio Apostólico en la apertura de la exposición, el día 21, ha presentado su pensamiento sobre las significaciones más profundas del arte sacro. Después de haber clarificado la relación entre Fe y arte, ocurrida en el transcurso de los siglos, ha definido tal relación como de "acción sacerdotal". Las bellas palabras de Mons. Rino Passigato (él mismo es artista reconocido en la ciudad de La Paz) explicaban un doble movimiento religioso para el artista: percibir la trascendencia de Dios y hacerla inmanente en la vida de los hombres.

Las diversidades estéticas, incluidas en la exposición y que se expresaban desde lo abstracto hasta el naif, andaban por el mismo camino. Actitudes hacia lo sacro, elementos devocionales, posturas intelectuales y obediencia a la escritura bíblica indicaban la variedad de las raíces biográficas de los artistas que, sin embargo, más allá de su propia grafía personal, relataban un mismo significado global: el Apocalipsis no será destrucción del mundo sino el cumplimiento del mismo. El creyente quedará siempre itinerante pero "viviente" de lo que es, para lo que será: ¿Lo precario no será nuestro eterno?

Tarija, 30 de mayo de 1998

P. Lorenzo Calzavarini
Director del C.E.D.

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