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SAN LAZARO Y SAN ROQUE EN TARIJA     
(La  fiesta de la caridad para vencer la enfermedad)

1. La memoria de lo antiguo.

Capilla de LazaretoLa memoria personal y colectiva nunca relata hechos separados. Construye verosimilitud de acontecimientos donde la verdad está inserta en las relaciones que ligan las diferentes acciones, mirando sobre todo a la globalidad. Las partes de ésta matizan las tonalidades del discurso que puede hacerse dramático o feliz. Asimismo la función del sentido se mueve por oposiciones, donde los contrarios dan la perspectiva de unidad y tramitan la dimensión de “haber sido siempre así”. El poder lingüístico es el que vuelca lo particular en universal y lo histórico en eterno, transformando la memoria en mito. Por eso los mitos nacen y nunca mueren para andar por los caminos de los hombres. Su objetivo principal es conectar la existencia individual con la vida de la sociedad.

Estamos en Lazareto. Don Tomás Tablada nos alumbra con las historias que cuenta. Nacido en 1919 ha vivido las grandes etapas que provocaron la modernización de Bolivia. Sus recuerdos van ante todo a las fatigas de los antiguos labradores de la tierra. Todo bajo el control del patrón que, a cambio del usufructo de un pañuelo de tierra, exigía todo de los campesinos: productos, impuestos para pastorear animales, obediencia en el trabajo a cualquier hora y golpizas de militares reclamados en defensa del orden de las haciendas.

Plano de LazaretoLlegada la reforma de 1952, don Tomás fue nombrado subsecretario de la Central Campesina. Por 34 años mantuvo este deber. Todavía hoy las comunidades del cantón de Guerrahuayco le piden que vuelva al oficio de antes. Los hechos de lucha son innumerables. Lo que se destaca y se mantiene claro en su memoria es, sin embargo, el momento de la distribución de la tierra a los arrendatarios, la fidelidad a don Víctor Paz Estenssoro y al MNR. Nos dice que en razón de ello, en el golpe de García Meza los partidarios de éste le propinaron un fuerte palazo en la cabeza que le dañó el ojo izquierdo, el oído y le disminuyó la audición. Para su defensa logró alcanzar el cuchillo. Así fue que asaltante y víctima fueron a la justicia. Entre los abogados resultó como acusado también San Antonio, con el cual don Tomás mantenía y mantiene aspectos devocionales (le hace rezar una misa cada año), y para acusarlo se acusó también a San Antonio definiéndolo el santo de los ladrones.

La memoria de don Tomás tiene siempre sabor a surco, desde Tolomosita Oeste pasó a vivir en el Lazareto. Sus campos son colindantes con las ruinas del antiguo hospital para leprosos. El nombre de su padre entra en el relato en razón de haber visto aquellos rostros manchados por la enfermedad. Don Tomás cuidó aquellas ruinas y en 1942 construyó la actual capilla de San Roque. Nos deja a la imaginación la oposición que se estableció entre el Lazareto y la actual capilla: Lo antiguo se transformó en cementerio de las comunidades aledañas y la última como lugar de impetración. La distancia que las separa no es muy grande, pero dividida por una quebrada que aisla al Lazareto en su historia y en su ser “lugar sin esperanza”. Parece que la mucha concurrencia de los promesantes de San Roque, que iban a bañarse a las fuentes, obligó al respeto de las tumbas. La relación entre capilla y el antiguo Lazareto se mantiene por la estatua antigua de San Roque y por el agua para los promesantes. Un hecho horrible destaca la oposición entre el lugar de las ruinas y el de la capilla. El cierre del hospital sería dado por manos asesinas que habrían puesto fuego a muros y a enfermos. Lo que quiere decir que el hospital cesó en sus funciones y quedó cementerio para siempre. El Lazareto en la memoria de don Tomás recibe connotaciones de mito como tragedia de enfermedad incurable y como de pasado  que no debe tener futuro. En las ruinas no hay rastros de fuego.

Antigua vertiente de agua del Lazareto2. Para una historiografía del Lazareto.

Lazareto es denominación surgida del Santo Evangelio que pone en contraposición al pobre Lázaro y al rico Epulón, contraposición que se retranscribió al revés como destino. Lázaro fue llevado al seno de Abraham y el rico Epulón al Hades entre tormentos. Con el nombre de Lazareto en la edad medioeval se fundaron casas para enfermos infectados; y en la trayectoria de la expansión del cristianismo surgió en Tarija el Lazareto como lugar para leprosos. La ausencia de construcciones adecuadas se dio por la bondad de la naturaleza. Desde el Lazareto se divisa la planicie que llega a Tarija y a la actual represa de San Jacinto. Apoyada en la cuesta de Sama, la meseta, delimitada por dos quebradas, aislaba a los enfermos de la población, al mismo tiempo que les ofrecía aire y agua que eran los elementos tradicionalmente pensados como terapéuticos de la lepra.

Los cambios económicos y políticos, llevados adelante por el proceso de la independencia, seguramente determinaron el decaimiento del Lazareto. Así es que los franciscanos de Tarija en los años 1853 emprendieron la labor de la construcción del hospital, del cual vemos ahora las ruinas. La obra correspondió al P. Leonardo Delfante y a los neófitos chaqueños de la misión de Chimeo (Memoria de los Religiosos de este Apostólico Colegio de Santa María de los Angeles), Archivo Franciscano Tarija.

El  P. Corrado en El Colegio Franciscano de Tarija y sus Misiones, (Quaracchi, 1884, pág.322) nos da la siguiente descripción del Lazareto: “El cuerpo principal de la fábrica es un cuadrilongo, cortado en la mitad por una pared, que separa el departamento de los hombres del otro de las mujeres. Cada uno de éstos consta de una sala capaz, cómoda y ventilada con sus correspondientes covachas, de un patio cruzado por un canal de agua excelente y de una huerta adornada con árboles frutales para el recreo de los dolientes. Al frente y a pocos pasos del hospital se construyó una bonita capilla, dispuesta de modo, que desde las verjas de su reclusorio puedan los leprosos asistir al santo sacrificio y recibir la sagrada Eucaristía. Se fabricaron además, por separado y a corta distancia, dos cómodas casas, la una para habitación del hospitalero, y la otra para albergar al sacerdote, en tiempos determinados que fuese a administrar los auxilios religiosos a los enfermos”.

3. La fiesta de San Roque como terapia de enfermedades.

La huerta del LazaretoEn realidad la tradición de San Lázaro indicó siempre un lugar y la condena a la enfermedad. Se necesitaba una dimensión que fuera de esperanza. Nada más apropiado que retranscribirla en una biografía más cercana a nosotros. Precisamente la presencia franciscana mantenía en su pasado la historia de San Roque. Nacido en la ciudad de Montpellier en el año 1295 y siendo de familia rica, se hizo pobre y seguidor de San Francisco. Para conocer los vestigios de la iglesia primitiva se fue a Roma, recorriendo después por otras ciudades italianas. En Piacenza se enfermó de peste y su sanación se debió a la ayuda de un joven que le curó. De retorno a Montpellier, cayó en manos de dos bandos de guerra contrapuestos y, tomado por espía, murió en la cárcel 5 años después (se desconoce el año). Su memoria se conserva en la historiografía eclesial y en la iconografía pictórica. La versión tarijeña le otorga la ayuda de un perro que, en su soledad, lo habría auxiliado llevándole comida diaria. La fama de sus milagros hizo que los Papas le otorgaran atributos de santidad. Más clamoroso fue el hecho que, durante el Concilio de Constanza en 1814 salvó a la ciudad de la peste. Importante para nuestra reflexión es el permiso del Papa Pablo IV para que sus devotos se reunieran en Cofradías permitiéndoles así recurrir a la caridad colectiva.

Seguramente, bajo la invocación de San Roque, el Lazareto adquirió derechos en la ciudad de Tarija desde la época colonial, lo que se reactualizó en los años 1853-58 cuando se terminaba la construcción del hospital. La trayectoria franciscana ha sido la coordinadora intelectual y operativa de la fiesta de San Roque: P. Manuel Mingo de la Concepción (1795); P. Leonardo Delfante (1853); P. Alejandro Corrado (1884) y que el P. Columbano Puccetti en 1929 completó el actual templo de San Roque.

La fiesta de San Roque está impregnada de teología popular sobre la base de los conceptos de enfermedad y salud, relacionados entre sí por la ritualidad de los chunchos. Los chunchos son los leprosos que en los meses de agosto y septiembre sufren por falta de comida. Sus pasos en la ciudad crean obligaciones: Se debe dar a quienes necesitan. La vestimenta misma de los chunchos describe la enfermedad: rostros cubiertos, indumentaria que cubre la totalidad del cuerpo. La “flecha” es anunció de su proximidad. El nombre de chunchos es originario de los valles paceños donde la humedad favorecía a la lepra. Llegan a Tarija por ser periferie del eje central de Charcas y nacional y porque son mejores los elementos de sanación: agua, aire y clima. Los chunchos se han vuelto ahora promesantes de San Roque para pedir nuevamente salud. Su andar desarrolla el conjunto terapéutico formado por la música, los cantos, el ritmo de los pasos y el bañarse en las aguas del Lazareto. A la invocación de los chunchos, la ciudad responde con generosidad dándoles comida y bebida en abundancia. La caridad cristiana, con sabor a relación humana, es ella misma terapia personal y colectiva.

Tarija, Agosto 10 de 1998.

P. Lorenzo Calzavarini

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