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LA VIRGEN DE CHAGUAYA:
DISONANCIAS EXISTENCIALES Y CUMPLIMIENTO DE VIDA

1. 21 de Agosto: en camino hacía Chaguaya

El 21 del presente mes fui en coche de Tarija a Tolomosa Grande. Puedo afirmar que no menos de 5.000 personas, entre ellas muchísimos jóvenes, se habían posesionado del camino que es inicio de la peregrinación a Chaguaya. Alumbrados por linternas marchaban en grupos de 10, de 20 y de más individuos. En Tolomosa, en razón del vado del río, se hicieron centenares; y sólo el moverse de las luces que guiaban sus pasos, daba el sentido de movimiento. En Tolomosa misma, alrededor de improvisadas carpas donde se vendían platos de comida y refrescos, eran millares. El jeep ahora se movía lentamente o se paraba para no interferir en el descanso, que era también programación por la  caminata que aún faltaba.

Contar a los peregrinos resultaba imposible y además no era mi propósito romper la magia que unía a tantas personas unidas por una la sola voluntad: llevar un saludo a la Virgen. De Chaguaya los separaba todavía doce o catorce horas de pasos, que serán siempre marcados por el ritmo del silencio, de los deseos, de las amistades y de las intenciones inexplicitadas.  Más adentro del pueblo de Tolomosa, encontré descompuestas actitudes de no atención debidas al no compartir “la misma religión”. Lo grave que se vislumbraba no era tanto el haber roto la trayectoria de un destino común sino el  haber confundido las raíces de la convivencia humana.

Los peregrinos eran “promesantes” de la Virgen y no ponían atención a las imágenes, que les desafiaba en su sentir religioso. El juego de ellos no contemplaba elementos de contraposición sino se concentraban sobre todo en la elaboración de la meta última, que será el estar en el Santuario de Chaguaya. Andando, desarrollarán varios capítulos de su biografía personal, donde el recuento de los días se hará al revés; primeramente aparecerán los más próximos y luego los más lejanos, donde la memoria, individual y colectiva dejó las huellas más profundas. Se dará, sin embargo, que dónde mayor será el cansancio mayor será la conquista de la victoria interior. La lógica de esa victoria se moverá en el encuentro entre razones de vida y prefiguración de futuro, unidas ambas razones en un concepto de “perdón”. Un horizonte protector materno y paterno los recibirá; y allí donde más se formaron los días más florecerá la valentía de enfrentar lo desconocido.

La explicación de lo que hemos visto parecería ser la que se atiene a la teoría psicoanalítica como regreso a una situación de infancia. Al contrario, lo que se observaba era la voluntad de afirmación de sí esparcida en términos colectivos. La explicación (en el caso que ésta recurra a la ciencia) pienso que debe encontrarse en la antropología religiosa. El hecho que desencadenaba la voluntad de “ir” era la “promesa”. Ella nacía de un sentimiento secreto y a la vez inexplicable. Entonces las motivaciones estaban encerradas en lo propio de la existencia, que debía encontrarse con la vida que llevamos. Bajo la “promesa” (gratuidad del andar) se puede pedir nada, poco o mucho, las tres proporciones se ligan en el intercambio de voluntades que se dará entre el devoto y la Virgen.

2. Fiesta y ritualidad

La dimensión espiritual de la “promesa”, sin embargo, no queda en el espacio privado. Ella se hace pública a través del caminar, que asume aspectos de ritualidad. Y es esta última la que permite la seguridad del encuentro entre deseos individuales y otorgación de gracias. Desde aquel momento, el devoto no es parte de una coordinación separada sino actor de una triple teatralización: el andar, el ser recibido en el Santuario y el saludo que se da a la Virgen. Los tres se denominan: la “promesa”, el someterse a la sacralidad del espacio y el recibir respuesta (la pisada).

Sólo el ambiente de fiesta permite el desenlace de los tres momentos. La fiesta se celebrará en Chaguaya, lugar de reunión y de proclamación del mito originario, que quiere enlazar precisamente las fuerzas existenciales con las situaciones de vida. En tal realidad, cada uno de nosotros sufre una descompensación, que la melancolía siempre nos hace presente. Transformarla en añoranza es fuerza no tanto del mito “proclamado” sino del mito, que se ha enraizado en nosotros y que vivimos de manera imperfecta. La relación entre instintos y deseos marca aquí la distinción entre lo normal y la locura. El “deber ser” es deseo de horizontes nuevos, mientras que la fruición de oportunidades precarias conlleva a rasgos de “fijación mental”.

El andar de los “promesantes” indicaba todavía incertidumbre. Será la llegada al lugar sagrado la que explicitará las intenciones del malestar oculto. Para lograrlo se pedirá purificación en el momento de la confesión; seguidamente la Santa Misa que, en su dimensión eucarística, será sobre todo agradecimiento. El factor teatral central será determinado por la “Palabra proclamada” en la liturgia, que repondrá la sintonía entre existencia y vida. La “nada”, lo “poco” y lo “mucho” de la petición se hará realidad en ese momento. La palabra mítica, sustentada por el mensaje evangélico, es el prisma que dará luces a todo deseo. La “pisada” otorgará la bendición que renovará la victoria de la Virgen sobre cualquier principio del mal.

La Biblia identifica tal principio con la serpiente, que hizo caer en la tentación a Adán y Eva. El movimiento de contraposición se dará entre esta última y la “mujer”, prefigurada en el Génesis 3.15, la cual realizará su aniquilamiento: “Haré (dijo Dios) que haya enemistad entre tí (la serpiente) y la mujer, entre tu descendencia y la suya, ésta te pisará la cabeza mientras tú te abalanzarás sobre su talón).

3. Referencias de teología andina

La victoria de la Virgen sobre la serpiente es retranscrita en el Apocalipsis con imágenes de parto de dragón que quiere devorar a su hijo; de niño arrebatado y llevado ante Dios mientras que la mujer huye al desierto en el refugio que Dios mismo le ha preparado (Apocalipsis 12.1-7). La historia de la Virgen de Chaguaya parece obedecer sobre todo a la dimensión apocalíptica indicada.

Su inició no corresponde al de la Virgen de Copacabana del altiplano tarijeño, paceño y orureño, que mantiene la supremacía sobre los mallkus. Ellos son quienes no permiten paz en la tierra por ser sobre todo hormigas y lagartos, que reducen los cultivos a arenales. La Virgen de Chaguaya describe, sin bien con característica de fertilidad, más una victoria de cumplimiento final que actual.

Su trayectoria de hecho no es victoriosa en la tierra. Su imagen huyó de la arremetida de los chiriguanos contra la misión de Salinas donde fue martirizado el jesuita P. Lizardi en el año 1735. De allí pasó a Camacho, pueblo colindante con los Andes y territorio de configuración cristiana con estructuras eclesiales firmes. Así la Virgen desde la cultura guaraní pasó a la cultura altiplánica.

Podría anotarse que la Virgen (definida también Madre de la Iglesia) con dolores de parto y que huye expresa, según algunos estudios del Apocalipsis, la situación eclesial en su dificultad de proclamar a Cristo, que el contexto chiriguano no aceptaba (la imagen del dragón). Si bien con figuras paralelas, surge la distinción entre lo femenino y lo masculino y las actitudes diferentes que ambos tienen hacía la vida. La espera de la Virgen será la victoria para el Cristo, que permitirá la regeneración del género humano y del universo trayendo “cielos y tierras nuevos”.

La configuración territorial de Chaguaya permite reconocer en su suelo los elementos positivos que facilitan pasar de una situación de aridez (esterilidad) a la de productividad. Cerros y aguas en la cultura andina son antropoformizados como factores de fertilidad recibiendo hasta connotaciones sexuales. La significación de Chaguaya está referida a la maternidad y su etimología quechua quiere decir “dame leche”. La capilla  se asienta en el cerro de denominación femenina (es: tetilla) mientras que el cerro cercano es de indicación masculina y definido Calvario. El Santuario mismo, antiguamente ubicaba sus paredes laterales cercanas al andar del agua y no en posición de frente como dicta su reconstrucción actual. Esto permitía una situación de riego y de cultivo fértiles.

4. Para un retrato conclusivo

El mito de los orígenes y el mito de cumplimiento se retratan en la Virgen de Chaguaya. Entre ambos se pone nuestra historia personal y colectiva, que es ya trayectoria de salvación. Permanece, sin embargo, la lucha entre el bien y el mal; y por eso la invocación relata su satisfacción en la “pisada” de la Virgen misma que aniquiló todo espíritu maligno (“la mujer... te –la serpiente-  pisará la cabeza”). La esperanza espiritual se hace a su vez programación de fertilidad de la vida real. Así deseos, vida y bienestar son siempre el “no-todavía” realizado que atiende su cumplimiento: añorarlo es fortalecerlo.

Tal fortalecimiento espiritual se dará también por los mecanismos de la fiesta en sí. El “promesante”, en cuanto deseoso de otra forma de ser (los jóvenes son los más lanzados hacía el porvenir) vive un malestar existencial. La caminata explicita su voluntad de “sanación”, que se realiza en sintonía con la “Palabra proclamada”, que es el despliegue del mito antiguo del Génesis bíblico y su prefiguración de conclusión futura en el Apocalipsis.

Actitudes, palabras y gestos se complementan en la coreografía del Santuario donde las intenciones encuentran su cuadro de satisfacción. La función de las fiestas católicas tiene de manera sobreabundante la capacidad de unir, a través de la fuerza simbólica, el universo subjetivo de las personas. ¿No será esto una terapia necesaria, más allá de lo individual, para la colectividad?

Tarija, 24 de Agosto de 1998

P. Lorenzo Calzavarini
Director del Centro Eclesial de Documentación

 

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