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SE NOS MUERE EL UNIVERSO CHAPACO: MATARON EL MOLINO
DE SAN ANDRES

Puede haber modernización sin modernidad. El primer término es tan sólo refacción de “cosas”, el segundo encierra cambios insertados en el mundo de valores respecto a la naturaleza, a los cultivos; y mantiene el necesario universo vital de las personas. El lenguaje destructor está lleno, precisamente, de contravalores. Una innovación, que obedece simplemente a un discurso urbano, quiere insertar a San Jacinto en el lenguaje de la ciudad, acorralando el todo con una psicología de turismo de estrés. Se habla de una ciclovía ¿será verdad?. Según la opinión campesina es ya realidad. La ciclovía sería prolongación de la carretera a San Jacinto, pasaría sobre la represa y seguiría su camino, cortando los cerros hasta Tolomosa y proseguiría por San Andrés. Los elementos de destrucción son ahora los más presentes: caso molino y casa campesina.

Fotografías                Antaño

Foto 1. El paisaje es elemento fundamental de la arquitectura campestre. Tiempo y espacio son los que hacen resaltar la perspectiva desde la cual la construcción es elemento de dimensiones estéticas.

Fotos 2. El molino es conjunto de arquitectura de agua y de ambientes de trabajo. Las praderas son soporte, no sólo coreográfico, por lo que los animales son parte de la vida del hombre. La presencia de la persona trabajadora da significación a la fatiga de los cultivos y la alegría de las cosechas. El molino transforma las cosechas en alimentos y mercado.

Foto 3. La acequia, entre bordes de piedra trabajada, indicaba las relaciones entre agua, tierra, hombre y animales. El círculo de la economía rural va del árbol al animal y de éste a la tierra.

Foto 4. El molino de San Andrés era arquitectura de agua, en la que la fatiga del trabajo era fiesta de reuniones y conversaciones. La melodía del agua forjaba un destino común.

Foto 5 y 6. Los animales, parte del círculo económico, son transformadores de elementos naturales en energía para la tierra.

                                   Ahora

Foto 7 y 8. El molino de San Andrés ha perdido su ser arquitectura de agua y punto de referencia paisajística. Su figura resulta acentuada por haber destruido su entorno de praderas, humillado además por la proximidad de la carretera y una cancha deportiva, que se interpone entre el molino y el río. La cancha es centro de lenguaje destructor, agravado con los servicios higiénicos construidos sobre la antigua acequia que, con las lluvias, llevará los deshechos al río.

Foto 9. La acequia vacía (con sus, ahora, inútiles defensivos de piedra) es ironía de muerte en todo el entorno del paisaje. El molino ya no es centralidad de lo que fue ingeniería de agua que unía Sama con San Andrés y los ríos que van hacia el interior.

Foto 10 y 11. También las piedras labradas y las turbinas de madera (sacadas de su ambiente vital de aguas) están calcinadas por un triste sol de sequía.

Foto 12. La ciclovía, pasando por la estrechez del puente de la represa y, peor aún, por donde se vende pescado frito, entra a una ancha ruta que, por su amplitud, vulnera la intimidad y humildad de la casa campesina. ¿No es violencia contra los que no tienen voz?.

P: Lorenzo Calzavarini
DIRECTOR DEL CED

 

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