sello
logo CED
Centro Eclesial de Documentación
Convento Franciscano de Tarija
sello
Inicio | Centro Eclesial de Documentación | Artículos | Ebooks | Artículos Cántaro
Documento sin título
 

SE NOS MUERE EL UNIVERSO CHAPACO: HAN MATADO EL MOLINO
DE TOLOMOSA GRANDE

La cuenca del río Tolomosa, con el asentamiento respectivo, ha gozado siempre de gran importancia. La producción de cereales y fruta la ha colocado en relaciones étnicas múltiples: hacia el altiplano, hacia los caminos al Bermejo y hacia los valles que van al Chaco. Ya en las fuentes documentales, anteriores a 1577 (ver Corpus documental, tomo VI) se anota la presencia de un “fuerte”, que seguramente funcionó como tambo; esto significa que era construcción de apoyo de un camino real y, por tanto, punto de enlace entre la civilización tiahuanacota y las laderas tucumanas (actualmente Argentina).

La simple investigación arqueológica de superficies ha mostrado restos de vasijas diaguitas (Argentina), tiahuanacotas del periodo formativo (200 años A. C.) y testimonios de piedras para uso agrícola y de guerra que llegan hasta el periodo incaico, además se conservan fósiles en las zonas geológicas erosionadas.

La sucesión de sociedades prehispánicas, coloniales, y republicana mantuvo siempre un contexto agrícola, que fue sustento para la ciudad de Tarija, juntamente con la red de fincas que unía el universo rural entre Padcaya, Concepción, Entre Ríos y Sama; éstos formaron el núcleo  central del departamento de Tarija que incluyó, también, a las reducciones franciscanas chaqueñas.

La revolución del 52 introdujo el universo ideológico campesino que puso nuevas divisiones en el territorio, en sentido de comunidades específicas, agrupadas alrededor de un centro agrícola. Esta historia campesina, típicamente agrícola, se mantuvo en un  primer momento; después sobrevino el empuje urbano que centralizaba todos los esfuerzos del desarrollo entre sus muros, provocando, por ende, emigraciones hacia la búsqueda de fuentes de trabajo. La falta de crecimiento de los centros intermedios, que dialogaran con la ciudad, hizo que la ampliación urbana fuera incontrolable y que invadiera las tierras más próximas. San Andrés y Tolomosa, así como San Lorenzo y otras zonas, han perdido su capacidad agrícola por la importación de productos argentinos y ellos mismos son, ahora, víctimas de la especulación urbana.

La respuesta desde el campo, por el empobrecimiento sufrido, tiende a mercantilizar el territorio, en un deseo de salir de la marginalidad y entrar en el círculo en las acciones económicas, que por ser éstas en su mayoría de servicios, empujan al prevendalismo político del puesto de trabajo. La intromisión urbana es demanda y respuesta entre ambas realidades, por lo cual la especulación está en las manos de la “politiquería urbana” y la “politiquería rural”.

El camino de destrucción de Tolomosa Grande, cuyo río homónimo es reservorio de aguas para la represa de San Jacinto, recibe ahora el lenguaje urbano desde la misma sucesión de agua. La supuesta “ciclovía”, prevista como camino asfaltado, entraría en Tolomosa por el espacio de más o menos cuatro metros, tocando directamente los muros del molino y el defensivo de la casa campesina adyacente.

La destrucción no es acción individual, obedece siempre a programas. El despojo del molino empezó con la muerte del ceibo que estaba delante de él, el que, además de dar sombra a personas y animales, controlaba el correr del agua desde el camino hacia las paredes del molino. El sacrificio de la urbanización del agua se ha desarrollado también en las nuevas construcciones de la posta sanitaria y de la casa comunal, destruyendo el conjunto formado por la acequia, la antigua casa de hacienda (de la familia Estenssoro), la casa del capataz y el molino mismo.

El entorpecimiento paisajístico ha llevado a una arquitectura urbana extraña a la configuración del pueblo de Tolomosa Grande. Ya no es más rostro antiguo de pueblo originario tomata e hispano, encerrado en las cuatro reparticiones zonales, cuya centralidad era la plaza mayor.

El todo se conjuga ahora en un punto central que es un  “sin-sentido”, precisamente, por la destrucción de las redes de agua que se canalizaban hacia el molino. La muerte del molino conlleva a ocultar (entubar) la corriente del agua por lo que sus anexos perderán animales, plantas y vida comunitaria.  Insistiendo en un concepto de destrucción ha nacido la doble plaza (que arquitectónicamente no puede ser tal) por la consolidación de relaciones incoherentes entre las nuevas construcciones y un monumento inconcluso (recién erigido), justificado como rotonda (que es triangular) de tránsito vehicular, que impide la visión de un fácil acceso al pueblo.

Tarija, 27 de abril del 2000

P. Lorenzo Calzavarini

logo centro eclesial de documentación
Centro Eclesial de Documentación
e-mail: ced@franciscanosdetarija.com
teléfono/fax: 00591-4-6644909
Tarija-Bolivia