sello
logo CED
Centro Eclesial de Documentación
Convento Franciscano de Tarija
sello
Inicio | Centro Eclesial de Documentación | Artículos | Ebooks | Artículos Cántaro
Documento sin título
 

CATALOGACION DE LA COLECCION ARQUEOLOGICA
“PADRE ANSELMO ANDREOTTI O.F.M”
(Centro Eclesial de Documentación, Convento San Francisco)

Numerosos son los territorios de la Patria Boliviana que tienen en los franciscanos las primeras transcripciones de pueblos originarios, de habitat, de relaciones interétnicas, de flora y fauna. Tales momentos son definidos “de descubrimiento”; pero ¿quién descubre a quién?. El hecho es que entre la Bolivia profunda y los franciscanos ha existido siempre una “pasión de encuentro”, allá donde estaban los territorios desprovistos de nomenclatura eclesial y sin presencia de Estado. También en días más cercanos a nosotros, cuando cambios socio-económicos dejaban heridas y vacíos de dinámica eclesial, allí se hicieron presentes los franciscanos con el espíritu de siempre, si bien en circunstancias totalmente diferentes.

“Nueva Crónica Misionera”: los Franciscanos de Trento en Bolivia

En 1948, por trámites realizados por la Provincia Franciscana de San Antonio de los Charcas, llegaron los frailes italianos de la región de Trento. Trento es zona de nevados y valles, éstos, además coloreados por lagos en los que la brisa terrestre se une a la brisa de mar, acorralada por altas riberas. Desde Bolivia, ninguna añoranza de aquellas tierras bendecidas por Dios, a pesar de los sufrimientos encontrados en lo que eran tiempos de importantes innovaciones políticas, económicas y culturales. Nos referimos a los periodos de la revolución de 1952. El misionero, sin embargo, es siempre testigo de otras raíces y destino. Los frailes vivieron dispersos en un primer momento, y después, se reunieron en las actuales zonas que conforman la circunscripción eclesiástica de la Prelatura de Aiquile. El proyecto no era ocupar espacios geográficos sino construir “modelos de Iglesia” que unieran a las reparticiones campesinas y permitieran identificaciones simbólicas, religiosas y civiles en las nuevas circunstancias del país. Recoger aspectos del pasado fue inicio de solución de la crisis. Su estrategia fundamental fue la participación de todos; así nacieron centros de madres, cooperativas y unidades parroquiales.

Lo que definimos “Nueva Crónica Misionera” es un magnífico libro: Tatahuasi, La Casa del Padre del Padre Berardo Osti. La composición del título, con nomenclatura quechua e italiana, indica que el autor lo escribió en Italia. Llegado a Bolivia en 1.949, por razones de salud volvió a Trento en 1977, donde inició, en un silencioso claustro de los Alpes, la transcripción de las vicisitudes bolivianas en un sucinto diario. El P. Osti, estando en Bolivia, no publicó ningún libro ni escribió en periódicos. El documentaba en secreto su vida misionera que ha plasmado ahora en un libro, a fin de que los frailes que no llegaron a nuestra Patria, compartieran las novedades existenciales de los hermanos bolivianos. Así, después de 20 años de lejanía, estando el Padre Berardo en la enfermería de los frailes ancianos, nos ha confirmado que no pasa un día sin tener un pensamiento intelectual sobre de las comunidades de los valles cochabambinos y del Chapare y sin dedicarles sus oraciones.

Su Crónica de 582 páginas ha sido editada, gracias a amigos italianos que visitaron Bolivia (Imprenta Cromopress, Trento, 1.999). A nosotros nos concedieron el honor de la presentación del libro. Las razones, más que por la amistad con el P. Berardo, fueron las vivencias compartidas con los franciscanos de Trento en la Procura Misional de San Carlos. También al P. Anselmo Andreotti lo conocimos en tales tiempos, con residencia en el Chapare antes, y después en Omereque. El se destacaba por sus análisis de la situación y por su metodología de trabajo que siempre se movían desde una percepción estructural de las situaciones. Al pueblo de Omereque lo encontró desolado. Empezó con la lucha por el agua, pasó a la creación de organizaciones de base, reconstrucción del templo y, desde los primeros días hasta el fin con la atención de formar la “memoria” histórica y cultural de su parroquia. Pasado y presente fueron dos matices que inspiraron su acción. El último trabajo es una extensa documentación acerca de la Controversia sobre la vacunación antitetánica: de Bolivia a Filipinas–1.992 (Edición propia, Cochabamba, 1.992). Su preparación científica y de intelectualidad lo han impulsado a enfrentar lo que profesionales de la materia, habrían debido denunciar: la descarada reducción demográfica (control de la natalidad) que se llevó a cabo con el slogan de “Planificación Familiar” e inducida por medios inmorales.

Omereque: vida entre ríos y valles

Omereque puede ser denominación aymara (información del mismo P. Andreotti) que significaría  “correr de aguas”. Si la misma raíz la extendemos a la palabra Aiquile (con significación aymara de “tierra de más adentro”) le otorgaríamos una situación de zona Tihuanacota antes de la quechueización incaica de las regiones cochabambinas. La coordinación de aguas desde el río Mizque hasta el río Grande le permitió ser enlace con las llanuras del oriente. Ahora existe también caminos construidos sobre derroteros antiguos, hasta Santa Cruz y Chuquisaca. Ríos y tierras favorecieron a Omereque con múltiples conexiones. La Cartografía Arqueológica de la Universidad de San Simón (Céspedes Ricardo, Ed. Banco Central, Cochabamba, 1982) lo anota como sitio que da razón de un corredor desde Oruro, Totora, Omereque y Mizque a Aiquile. El predominio adquirido por Mizque y Totora, en el momento incaico y colonial, se lo podría explicar por haber sido asentamiento de límites regionales. Omereque y Mizque eran antiguamente dos polos de una distribución de población, polos antagónicos y a la vez complementarios: camino Totora-Omereque y camino Arani-Mizque: Totora y Arani, tierras altas de cultivos de papas y Omereque y Mizque, tierras de cultivos de hortalizas.

Por ser reservorio de varios riachuelos y más cercana a Totora, Omereque no necesitaba de la altiplanicie de Rakaypampa (que se conectaba con Mizque), si bien mantuvieron relaciones de comercio entre sí. La similitud de la cerámica lo confirma. Otra relación para Omereque era su prosecución hacia Pasorapa. Aquí también se encuentran pinturas rupestres con motivos en secuencia: lagartijas en el primero y escenas de caza en el segundo.

Las relaciones étnicas debieron, por tanto, iniciarse con demarcaciones de asentamiento humano en régimen de subsistencia con productos agrícolas y piscícolas. Sobre esto se implantaron políticas y economías más amplias en la trayectoria del desarrollo del imperio de Tihuanacu. Con su desaparición se dio el surgimiento de los Reinos Collas que fueron reunidos bajo el control incaico, que reforzó las estructuras militares de Incallajta y Samaipata. De hecho, con el correr de los siglos XV y XVI se dieron frentes de lucha entre poblaciones orientales con las de los valles. Así alrededor de Omereque existen denominaciones comunitarias guaraníes que, por estar en efervescencia migratoria guerrera, legitimaron la presencia incaica. La colonia resolvió tal problema creando grandes centros urbanos que controlaron a las zonas periféricas. Prácticamente usufructuó de la capitalización económica y social de las anteriores realidades; superpuso la división ideológica de “civilizados contra bárbaros”, reforzando relaciones directas del Estado con los primeros e indirectas con los segundos. En estas últimas fueron programados planes de múltiples acercamientos y de conquista en tiempos largos. Omereque, perdida su importancia en las situaciones incaicas e hispanas, no dispersó lo que había vivido en su historia más profunda (Tihuanacu y Reinos Collas). Los vestigios arqueológicos son preeminentes de estos tiempos, configurándolo como puesto de avanzada desde el altiplano y lugar de encuentro entre regiones.

Toda esta documentación ha sido recogida en los 14 años de permanencia del P. Anselmo Andreotti en Omereque, rescatando piezas que, sin su intervención, hubieran salido hacia la Argentina y el Perú. La excelencia de la colección es que en Omereque se ha obtenido una muestra arqueológica que da razón de la formación integral de la patria boliviana. La colección llegó a la comunidad de San Francisco de Tarija por ser Convento con repositorio de arte y documentación escrita, y por haber estado, en cierta forma, amparado por las autoridades de Bolivia. (Sobre todo por el ex presidente Dr. Víctor Paz Estenssoro). El museo de la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba tiene, por su parte, la más hermosa y completa colección de todo el departamento. Por eso el traslado de imágenes antiguas no vulneraba a los lugares de origen y su llegada a Tarija ampliaba la reflexión tan necesaria sobre la historia del país.

El Inventario de la Colección Arqueológica “P. Anselmo Andreotti”: orígenes para añorar un futuro.

El 5 de abril de 1.998 llegaron a Tarija desde Cochabamba el Padre Anselmo Andreotti y el arqueólogo Don Ramón Sanzetenea. Don Ramón ha tenido por maestros a Dick Edgar Ibarra Grasso y a Geraldine de Caballero, quienes fueron los grandes propulsores de la arqueología en Bolivia. Doña Geraldine, de nacionalidad inglesa, radicó en Bolivia dedicando sus capacidades y energía a la creación del Museo de la Universidad de Cochabamba que lleva su nombre. Dick Edgar Ibarra ha documentado en muchos libros sus investigaciones. Argentino de nacimiento y boliviano de adopción, ha muerto en este último mes. El motivo de la visita al Convento se debió a lazos de amistad y en razón del inventario que ambos habían elaborado. Don Ramón, ya colaborador del P. Anselmo, consultó las fichas de los hallazgos de las piezas anotadas por el Padre Anselmo y los dos catalogaron tiempos y culturas. Resultaron dos reparticiones: una de exposición de 202 piezas y otra de restauración (a organizarse) de 246 piezas. Las primeras colocadas en el conjunto de la Biblioteca del Centro Eclesial de Documentación (C.E.D) y la otra en una sala especial y abierta en el mismo C.E.D. (No están incluidas 55 flechas y armas originarias de Taxara, en perfecto estado, donaciones de las familias de Carlos Methfessel y Roberto Ruiz).

La denominación arqueológica tiene como columna vertebral la historia de Tihuanaco respecto al altiplano y valles andinos. En cantidad numérica resultan menores las presencias de las regiones amazónicas. Conociendo que el territorio latinoamericano tuvo su poblamiento completo hace 12.000 años, las formaciones étnicas se realizaron con dos procedencias. Llegando del estrecho de Bering, en su avance hacia el sur mantuvieron firmes, una los caminos de los Andes y la otra de la Amazonía. Los Andes tempranamente, realizaron asentamientos de agricultura intensiva y por tanto de poblaciones sedentarias; lo amazónico fue conformado por grupos con posibilidades de grandes horizontes de habitat y normalmente definidos nómadas. Los descubrimientos en Moxos de grandes terraplenes para el control del agua, hace incierta la prioridad entre las dos rutas.

Seguro es que la línea del Caribe fomentó siempre el corredor de tránsito Amazónico, y los Andes de configuraciones políticas amplias y estables. En la vertiente de los Andes hacia el océano Pacifico tuvieron sus grandes aglomeraciones en Chavín, Chimú y Nazca. En los Andes, alrededor del Titicaca, nació Tihuanaco. Tihuanaco, seguramente, por la invención de la técnica alimenticia de la conservación de la papa (chuño) entró en trueque con varias regiones que le permitieron pasar sin violencia de Ciudad-Estado a Ciudad-Imperio. Lo interesante, en lo que se refiere a nuestra colección, es que en Omereque se han encontrado piezas del Tihuanaco formativo, clásico y extensivo: el primero con su elegancia de formas de platos no pintados, el segundo con símbolos de la ciudad (el Ticti, denominación aymara del tigre), las figuras bronceadas de mujeres-peces y el símbolo de los cóndores; la tercera con sus preciosos kerus. Allí la representación especial es la serpiente escalonada que reproduce los pisos ecológicos de los cultivos, del comercio y finalmente su forma simbólica de la fertilidad sexual y social. Con la caída de la centralidad del Tihuanaco, debido a agentes atmosféricos, surgieron los Reinos Collas. Siempre en Omereque, se han encontrado abundantes testimonios de arte Mojocoya, de Omereque mismo, Yampara, Mizque y de regiones amazónicas con su cerámica negra de vasos y trípodes, no pintados, con geometría punteada en bajo relieve.

Las culturas anteriores a Tihuanaco, organizadas juntamente con la colección “Padre Anselmo Andreotti” son las de Wancarani, reproducción de cabezas humanas y llamas; de lascas y flechas (donación de la familia del Dr. Eduardo Salinas, meritorio médico orureño que terminó sus días en Cochabamba). Una rarísima pieza arawak (encontrada en Entre Ríos) fue donada por una joven que no volvió nunca más al C.E.D. La arqueología arawak connota el mismo tiempo de Wankarani en la geografía oriental. Las piezas raras que más admiramos, por su composición y sus dibujos geométricos, de la colección “Padre Aselmo Andreotti” son dos vasos de la cultura Uruquilla que se desarrolló entre Chichas y Chuquisaca. Sobre la estética de las formas ¿cómo evaluar las prioridades? Todas lucen la luz propia que el tiempo y la cultura les otorga. Cada pieza reúne una secuencia de pensamiento, de síntesis que sólo el símbolo puede hacer brillar en su globalidad y sus partes. Platos, vasos, copas, jarras, kerus, contenedores en forma de animales, redes de pesca, collares, armas, estatuillas de bronce, marcan un pasado que ha sido futuro de Bolivia. La presencia de la cultura tarijeña es reducida. Existen obras definidas Tomatas, que podrían tener conexión con el Tihuanaco formativo. ¿No es una contradicción Tomatas-Tihuanaco formativo?. El problema no se resolverá sin la historiación arqueológica de Tarija.

Conclusiones

No hemos dicho todo lo necesario sobre la colección “Padre Anselmo Andreotti”; pero el haber donado el Padre Anselmo a Tarija sus esfuerzos de investigador, lo hacen meritorio de un “reconocimiento cultural e histórico” de parte de las autoridades y el pueblo tarijeños. El Convento de San Francisco y Cántaro se hacen mentores de tal deber. Por el momento: gracias Padre Anselmo Andreotti por haber subsanado un vacío de naciones antiguas entre nosotros.Tarija, 5 de septiembre 2.000

Padre Lorenzo Calzavarini
Director del Centro Eclesial de Documentación

 

logo centro eclesial de documentación
Centro Eclesial de Documentación
e-mail: ced@franciscanosdetarija.com
teléfono/fax: 00591-4-6644909
Tarija-Bolivia