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Catolicismo en Tarija

1. Momento fundacional

La relación entre la espada y la Cruz matiza, en la historiografía oficial, el nacimiento del cristianismo en Latinoamérica. Sin embargo desde la situación de Tarija es posible oscurecer el peso de la espada, respecto a la claridad de la Cruz. Los nuevos historiadores tarijeños insisten en momentos bastante largos de una Tarija anterior a Luis de Fuentes. La fundación de Tarija el 4 de julio de 1574 ha sido adelantada por encuentros de amistad entre occidentales y pueblos originarios, lo que explica que ya al finalizar el siglo XVI se diera la presencia de religiosos dominicos y agustinos. Son momentos fundacionales que relatan una situación evangelizadora en vertiente espiritual. La presencia de dominicos se relaciona con la creación del pueblo de Copacabana (Taxara) y el nombre de la Villa dedicado a San Bernardo. El nexo se da entre un santuario que fue adoratorio de poblaciones originarias y canalizado ahora, hacia aspectos de Fe; y San Bernardo como místico de vida cristiana.

Desde esta dinámica inicial se implantan otras corrientes de catolicismo: los franciscanos (1606) desde un ideal de pobreza y misionero, los hijos de San Juan de Dios (1632) que fomentan la caridad hacia los enfermos, luego los jesuitas (1690) que se dedican, sobre todo, a la educación y dimensión apostólica. Desde estos personajes y la urbanística religiosa de Tarija, el catolicismo se divide en dimensiones de aristocracia (como ligada al español) y el universo rural en el que se fundamenta el sincretismo popular, creando el universo chapaco. Inmediatamente la tierra chapaca asume características de universalidad, sea boliviana o latinoamericana, ésta sobre la base de su misma organización religiosa. Su estructura jerárquica la pone en relación con la Arquidiócesis de Charcas, los dominicos con Perú y el Santuario de la Virgen de Copacabana (Titicaca), los agustinos con Perú, Ecuador y Chile, lo mismo que los franciscanos, los hijos de San Juan de Dios con la parte meridional del continente, y los jesuitas que desde Argentina, pasan a Tarija para las misiones de Chiquitos. La estructura de la ciudad complementa la dimensión aristocrática con la popular chapaca, teniendo la plaza Uriondo el templo de San Juan Bautista (Loma de San Juan) y la Iglesia matriz en la plaza Luis de Fuentes. Alrededor de esta última se estructura la ciudad con la Iglesia de los agustinos (actual mercado), los jesuitas la actual Catedral, los franciscanos la Basílica Menor de San Francisco y San Roque es capilla en la que surge el actual templo.

2. El momento misionero

El catolicismo en Tarija llega sin características de conquista. Más bien es la raíz del sincretismo cultural y religioso. Hasta la relación de avance con los guaraníes no es de violencia. La inician los Padres franciscanos de Potosí que se acercan a la actual Salinas, acompañados por el cacique que ha recibido el bautismo en Potosí (1606). Allí en 1616 surge un Santuario donde se encuentra una Cruz, que los mismos guaraníes identifican como que hubiera estado siempre ahí y traída por un apóstol. La significación religiosa quiere de los rezos, educación de los niños y resolver los problemas que se presentaban).

A partir de estos hechos se desarrolla la espiritualidad del tiempo y del espacio que se agrupa alrededor de las fiestas. Todo el año se teje la vida con festejos de santos, alrededor de las fiestas universales que son Navidad, Santa Pascua y Pentecostes. Desde estos momentos de reunión colectiva brota la poesía la música y la geografía del territorio que, sobre la nomenclatura originaria indígena, retranscribe el calendario católico. Se concluye que: arte, poesía, música transforman los hechos de fe en vivencias individuales y colectivas. Todo esto se configura en el conjunto arquitectónico del templo.

Estas realidades que conforman la vida católica en el territorio, ya establecido como “boliviano y latinoamericano”, pasan a la acción misionera en los pueblos originarios que no habían tenido experiencia eclesial. Después de 1767, con el alejamiento de los padres jesuitas la estructuración colonial asume actitudes que reflejan los movimientos iluministas de la experiencia europea. La ruptura de las creencias religiosas pone a la Iglesia en perspectiva de fomentar la Fe popular y está es la que traslada la experiencia misionera a todo el departamento. El centro propulsor es el Colegio de Propaganda Fide de Nuestra Señora de Los Ángeles. Desde 1766 nacen las reducciones que desde Tarija se extienden hasta Santa Cruz, atravesando los territorios de Chuquisaca. El Archivo y la Biblioteca del convento San Francisco de Tarija atestiguan el gigantesco esfuerzo de la implantación de la Iglesia en todo el sur de Bolivia. Tal dinámica incluye “dar lo que hemos recibido”: ciencia, intelectualidad, teología, arte y solidaridad económica.

3. La independencia

Las ambigüedades anteriores se sustancializan más en el concepto del Estado boliviano inspirado en la Revolución Francesa. Con las leyes del presidente Sucre se reducen las libertades religiosas, se despoja a la iglesia de la capacidad económica de mantener sus obras caritativas y de infraestructura educativa. Los movimientos intelectuales radicales se ligan más a las formas de ateísmo europeo y la política asume una actitud condicionante que sacrifica a las “instituciones privadas”, por populares que fueran. La Iglesia, desde los puntos centrales, debe volver a fundar las zonas periféricas, definidas siempre en términos misionales. Desde Tarija nuevamente se integran las poblaciones que conforman el actual departamento y zonas chaqueñas. Tales iniciativas se mesclan con el afán de unir el territorio con acciones económicas de parte de los partidos civiles. Así es que Tarija se expande a través de las haciendas y concesiones madereras a todo el territorio antes misional; lo que origina conflictos entre los pueblos originarios chaqueños y la administración departamental. La secularización de las misiones (1905) es la conclusión de ese proceso que quita todo derecho a los indígenas sobre la tierra y reduce a la acción eclesial a la circunscripción del templo.

La Iglesia Católica de Tarija se esfuerza en asumir rasgos de modernidad y enfrenta las corrientes que no se adecuan a la fe tradicional del pueblo. Se incentivan obras de caridad, escuelas y una organización más intensa de centros de espiritualidad. Un modelo de tal acción es el Convento de San Francisco. Se funda el periódico "El Antoniano", el Colegio Antoniano, la Librería e Imprenta Antoniana, el orfelinato "Navajas", la institución de caridad llamada "Pan de San Antonio" (en el Hospital San Juan de Dios), la "Federación Católica de Obreros Antonianos" y sobre todo se incentiva la participación femenina en las obras educativas y de beneficencias. Llegan las hermanas de Santa Ana que se ocupan del Colegio y del Hospital y se introducen maestras de la Tercera Orden Franciscana en la actividad misionera. Este conjunto de acciones propone la sede episcopal en el año 1924. La guerra del Chaco rompe la coordinación de las nuevas realidades y crea una profunda crisis en la Iglesia; y sobre todo ocasiona la periferización del departamento de Tarja en tiempos de las convulsiones del militarismo social.

4. Diócesis de Tarja

La organización diocesana después de la guerra del Chaco, se encuentra con el proceso revolucionario implantado por el M.N.R. Fue prudente no exteriorizar los conflictos, que, de otra manera, hubieran dividido a la población. La falta de infraestructura parroquial, inadecuada sobre todo en el campo, no habría permitido asumir las novedades: parroquias inmensas, comunidades sin relaciones directas con "agentes" pastorales y movimientos católicos urbanos sin conexiones rurales. La llegada de sacerdotes religiosos perifollo mantener los rumbos tradicionales hasta que el desarrollo de la ciudad impuso un nivel de urbanización en todo el departamento. En las parroquias de la ciudad nacieron grupos de "Acción Católica" y de "Juventud Obrera Católica". Sacerdotes cordimarianos, carmelitas, redentoristas y franciscanos cubrieron las vacancias parroquiales. Los nuevos horizontes de Pastoral Social lograron su expresión con el sacerdote carmelita, Padre Bartolome Attard, y la renovación religiosa con los cursillos, movimiento familiar cristiano y catequistas en las comunidades rurales.

Sin embargo, desde 1960 a nuestros días, Tarja pasa de 30.000 a 140.000 habitantes aproximadamente. Los problemas socio-culturales y religiosos crecen. Los listados de deficiencias connotan a Tarja como ciudad de aglomeración demográfica sin con- tenido económico. Colateralmente se da un ensanchamiento de las periferias, migraciones internas, migraciones hacia la Argentina, anonimato social e incertidumbre de puestos de trabajo. En estas circunstancias sobreviene una dispersión ideológica, psicológica, familiar, cultural y religiosa; y la falta de una clase empresarial y de estamentos intermedios, que orienten la relación entre territorio y productividad del mismo, ocasiona el empobrecimiento de amplios sectores de la población, con aumento del costo de vida e insuficiencia de alimentos básicos. La salud y la educación especializada tienen costos altos.

¿Qué acciones se debe seguir?: Salvar lo que ha surgido, aumentar la capacidad interna de las parroquias, identificar nuevas realidades parroquiales, crear centros de formación teológica e intelectual, subdividir la Diócesis en Decanatos según zonas con presencia de catequistas en cada comunidad, incentivar el voluntariado católico, insertar los movimientos laicales en las responsabilidades ministeriales de la Iglesia.

Conclusiones: El ario jubilar es "convertir" "ser discípulo de Cristo" en espacios colectivos. En el momento actual la vocación cristiana debe ser "apasionamiento" por la causa de la Iglesia, retomando sus raíces más fecundas. Además existen ya centros parroquiales de larga tradición que pueden ser propulsores de nuevas experiencias en otras zonas. Los laicos han adquirido formación teológica y nuevas vocaciones sacerdotales han aumentado las filas del cleros diocesano. Lo que se observa también es el empuje de la religiosidad popular que mantiene rasgos de espiritualidad antigua y moderna en las fiestas principales: San Roque y peregrinación a Chaguaya. Nos parece que "caridad" y "devoción" son y serán siempre espacios de renovación de Fe. ¿Por qué la dimensión de la "promesa" no está incentivada hacia espacios de voluntariado católico?.
Tarija, 16 de noviembre 2000.

Padre Lorenzo Calzavarini
Director del Centro Eclesial de Documentación

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