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PADRE DOROTEO GIANNECCHINI
(Pascoso, 1837-Tarija, 1900)

Ayer y hoy

Las fiestas, las recordaciones civiles, hasta una placa “a la memoria” tienen por objetivo reforzar el saber colectivo de las sociedades. El olvido de los próceres no es tan sólo no reconocerse en el pasado sino negarse a un porvenir. Más propiamente se trata de una dimensión cultural (la cultura reelabora fatigas y esperanzas que fueron para darles sentido en la actualidad), que se esparce en la arquitectura del territorio (nombres de calles, avenidas, cerros y pueblos) y en la sucesión de los días para conectar Fe, vicisitudes y estaciones de trabajos.

El Dr. Carlos Avila ha escrito sobre el P. Doroteo Giannecchini, en las páginas de “Cántaro” en ocasión de la presentación de la obra de más alcance del franciscano, preparada por el Centro Eclesial de Documentación, en el año de 1996 (“Cántaro”, suplemento cultural del País, n.87); asimismo, la gran enciclopedia italiana “Treccani” ha incluido la biografía del P. Doroteo en la reedición, que está en preparación. Por haber sido sacerdote y hombre de acción fue seguramente una de las personas más renombradas en Tarija en los años 1882-1900. Los escritores de los mismos años han documentado su vida en el Chaco y en Tarija. Se deberá recordar sobre todo a Luis Paz, Tomás O´ Connor d´Arlach, Arthur Thouar, Daniel Campos. Los últimos dos fueron personajes, con los cuales el P. Giannecchini se vio involucrado por la diferente comprensión de las realidades del Chaco (Campos) y por la conducción de las exploraciones en los territorios orientales (Thuoar). En 1936, Humberto Vázquez Machicado publicó una amplia relación: “La etnografía del Chaco y los estudios del P. Giannecchini” (En Vásquez-Machicado H.y J. Vásquez-Machicado, Obras completas, Edición de Guillermo Ovando Sanz y Alberto M. Vásquez, Tomo V, Editorial Don Bosco, La Paz, 1988).

Después fue el silencio. La apretada sucesión de los acontecimientos históricos, los cambios de la problemática socio-cultural y económica del país y del departamento oscurecieron aquellos debates que, bajo una ideología de “progreso”, ocultaban horizontes de secularismo-laical y de dimensión eclesial católica. Tales posturas están todavía no resueltas y su no-resolución ha ido y va por los caminos de la indiferencia y debilitamiento de ambas corrientes. La trasformación de un problema cultural y de Fe en discusiones de aglomeraciones partidistas, ha anulado raíces de formación de sociedad, ha destrozado el pensamiento político y, finalmente, ha derogado cualquiera actitud crítica sobre nuestro pasado y proyecciones de porvenir. La re-edición del libro de Tomás O´ Connor d´Arlach: Tarija, bosquejo histórico, (primera edición La Paz, 1932; segunda edición 1974) en los últimos números de “Cántaro”, manifiesta la intencionalidad de esclarecer los horizontes antiguos, a fin de que sean indicadores de los nuevos. Determinante será el salirse de la perspectiva de intereses precarios y adquirir visiones de una planificación más estable del “bien común”, a fin de que se unan ideales y ética de vida personal y colectiva.

El P. Doroteo Giannecchini: su trayectoria de vida

El P. Doroteo nació en Pascoso (Lucca) el 9 de Diciembre de 1837. Aprendió letras bajo la guía de su padre y de los sacerdotes del pueblo natal; en 1851 estudió en el Seminario arzobispal de Lucca y en 1853 fue novicio franciscano en el Convento de San Cerbone, haciendo la profesión de los votos religiosos el 31 deAgosto de 1854. Siguió su formación intelectual y franciscana en diferentes casas de la orden, llegando a San Francisco de la ciudad de Lucca el primero de Abril de 1857. Este convento era Estudio General de la Orden, donde se preparaban alumnos selectos con destino a la cátedra o para ser enviados a otros países. Al 1852, incluía 28 profesores con cátedra, 25 estudiantes, 30 hermanos legos con un total de 83 personas. De los sacerdotes estudiantes, anotados entre 1840 y el mismo año, 28 fueron para Latino América y 3 para China. La superiodidad numérica hacia nuestro continente se debía seguramente a la presencia en el mismo convento de San Francisco del P. José Matraya, matemático y escritor, que vivió en Tarija y Perú y, vuelto a Italia, se ocupó de restablecer las relaciones entre la Santa Sede y los Estados surgidos de la Independencia. Además desde Lucca, ya habían surcado los mares para Tarija otros franciscanos, entre los cuales se encontraban el P. Corsetti (1835) y P. José Giannelli (1847).

El Padre Giannecchini se embarcó en Génova el 21 de Junio de 1859; llegó a Montevideo el 28 de Agosto y a Tarija el 4 de Enero de 1860. En Tarija terminó los estudios teológicos y el 11 de Septiembre de 1860 fue ordenado sacerdote en Cochabamba. Su paisano, P. José Giannelli, entonces Prefecto de Misiones, lo envió como segundo conversor, en 1861, a la reducción, recién fundada, de San Francisco Solano (Villamontes). Según su afirmación, se dedicó inmediatamente al estudio de la lengua de los Guaraníes llegando a tal perfección de conocimiento que fue llamado “hijo de mujer chiriguana”. Siempre como segundo conversor pasó a Tarairí y Caiza. Desde 1864 a 1876 estuvo de primer conversor en San Francisco Solano. La misión, por ser de reciente creación y por estar formada por Guaraníes, Tobas y Noctenes, era de conducción muy difícil. Las inconstancias de los Noctenes y las huidas de los Tobas (con sus vueltas en pie de guerra) no desanimaron al P. Doroteo. Más bien, apoyándose siempre en los Guaraníes, sus cartas relatan los hechos de la lucha con escritura épica.

Reorganizó completamente la misión. Construyó la casa parroquial y los edificios para las escuelas (niños y niñas), la hospedería, las oficinas y corrales. Llamó de Tarija a dos terciarios franciscanos como maestros y, por su capacidad lingüística, los superiores le encargaron en 1869 la revisión del Catecismo Chiriguano del P. Alejandro Corrado, que se editó en Sucre al año de 1872. En 1877 lo enviaron a Salta con el propósito de que redactara la historia de las misiones; y en el mismo año, por la muerte del P. Prefecto de Misiones, fue nombrado su sucesor, por lo cual debió desplazarse a Tarija. En 1879 fue confirmado en el mismo ministerio, que mantuvo hasta 1885. Volvió a San Francisco Solano. En 1882, fue invitado por el Prefecto Don Samuel Campero a participar de los programas de exploración desde el Chaco al Paraguay. En la Prefectura conoció a Jules Crevaux, a quien acompañó hasta San Francisco Solano, preparó para él tres canoas y le proveyó de avío. El explorador francés no escuchó los consejos del P. Doroteo de no lanzarse en la empresa y su vida concluyó en Teyu (hoy Crevaux), muerto por los Tobas. En el mismo año, participó como intérprete y capellán en la expedición del coronol Andrés Rivas de la cual se retiró el 13 de noviembre (Relación de lo obrado por los Padres Misioneros del Colegio de Tarija en las dos expediciones fluvial y terrestre al Pilcomayo, Imprenta El Trabajo, Tarija, 1883). Siempre por invitación gubernamental se integró a la expedición de A. Thouar del 1886-1887, que también terminó sin éxito, después de once meses de andanzas por el Chaco Boreal.

En 1887 regresó a Tarija para renunciar a la empresa. Volvió a San Francisco Solano. Nuevamente en Tarija en 1891, se dedicó a la traducción y publicación de los Quince Sábados de la Virgen de Pompeya (Ed. La Estrella de Tarija, Tarija, 1899) y al apostolado de la predicación en las comunidades de Cercado y Cinti. En 1895 fue enviado a Italia para recolectar personal para el Colegio de Propaganda Fide. Allí se ocupó también de ediciones (El inédito del P. Alejandro Corrado, Reglas elementales de la lengua chiriguana con su traducción literal al castellano: para uso de los indios de las misiones que dirigen los PP. franciscanos, Ed. San Paolino, Lucca, 1896 y Diario de la expedición al Alto Paraguay de 1886-1887, Ed. La Porciúncula, Asís, 1896)” y volvió en Noviembre de 1896. En 1897-1898 se encargó de preparar el material para la “Exposición de Arte Sacro, antiguo y moderno, de las Misiones y Obras Católicas” de Turín. Fué la fatiga más importante de su vida, que resumía toda su experiencia chaqueña.
A su retorno de Italia, Giannecchini se quedó en el convento de Tarija, dedicado a la escritura del diccionario Chiriguano-Español y Español-Chiriguano. Murió en Tolomosa Grande el 9 de Abril de 1900. Su cuerpo fue trasladado al convento San Francisco y sepultado en el cementerio conventual. Por la prohibición estatal de los cementerios privados, sus restos fueron trasladados al Panteón franciscano del Cementerio general de la ciudad y sepultados en la fosa común.

Padre Doroteo Giannecchini, misionero, lingüista, explorador y escritor

Las vicisitudes de las guerras de Independencia y más las normativas del Presidente Sucre vaciaron las casas religiosas. El convento de Tarija, si bien con reducido número de religiosos, quedó abierto. Nada se perdió de su archivo y biblioteca y no fue trasformado en cuartel, gracias a las atenciones del pueblo de Tarija. Fue el presidente Santa Cruz, quien permitió al P. Andrés Herrero preocuparse para restablecer los Colegios de Propaganda Fide. Desde 1835 se consolidó nuevamente la presencia franciscana, que se lanzó en la restauración de las reducciones chaqueñas, comenzando en Chimeo en 1846. Seguramente pensando en una acción combinada con La Recoleta de Sucre, Tarija empezó desde el Sur chaqueño. La problemática era totalmente nueva respeto al régimen colonial. Ahora eran los mismos caciques que se acercaban para tener la reducción y ofrecían los terrenos para su creación.

“Cristianizar civilizando” era el lema misional, lanzado para hacer frente a la ideología iluminista sobre la cual se fundamentaba el Estado. El acercamiento de las haciendas de los criollos y la distribución de tierras otorgadas a los mismos, también como dádivas de guerra, en los territorios del Chaco, ponían a los pueblos originarios en situación de alerta. Las reacciones se trasformaron en sublevaciones generales; y Curuyuqui, del 28 febrero de 1892 fue la derrota guaraní que estabilizó el avance estanciero. La Ley de 1905 de secularización de las misiones, consolidó la repartición de los territorios entre los departamentos de Chuquisaca, Tarija y Santa Cruz. Los indígenas tuvieron que abandonar las reducciones, que se transformaron (en contra de la misma ley que repartía los terrenos misionales a los indígenas) en pueblos criollos, y vivir en comunidades esparcidas alrededor de los mismos.

El triste final, sin embargo, ya estaba presente en las Leyes sobre las tierras de las comunidades del Presidente Melgarejo (1866) y en las apologéticas de “progreso” del partido liberal. De hecho, la debilidad del régimen reduccional estaba incluida en la misma “delegación gubernamental”, que era una forma “indirecta” de presencia del Estado allá donde las circunstancias no le permitían llegar. Sin embargo, el no respetarlas y la decisión unilateral de su clausura, fue traición de los presupuestos de la acción misionera y de los mismos indígenas que buscaron su salvación en ella. Para transformar las motivaciones implícitas en razones de presencia en la sociedad, los franciscanos fundamentaron una visión “indigenista”, que insistía en la proclamación del “guaraní” como ciudadano boliviano (persona con derechos y deberes).

En esa perspectiva se explica la labor del Colegio de Propaganda Fide y del P. Doroteo Giannecchini: ser sacerdote misionero, que abría las reducciones a “gentiles” y “neófitos” como espacio de libertad individual y colectiva, y para compartir un destino de Fe y de hermandad eclesial; el lingüista con el propósito de hacer conocer el elemento principal de la cultura de un pueblo; el explorador, para alejar de un territorio espacios oscuros, que dificultaban la organización del mismo; y el escritor a fin de que la realidad de “ser pueblo” fuera razón de ciudadanía en el contexto del país multiétnico y pluricultural. La lucha, práctica e ideológica, se establecía en los espacios que el Estado pretendía ocupar sin estar presente, imponiendo requisitos que los Padres no podían aceptar por sus vivencias con los indígenas e imposiciones de trabajos, que los agentes del gobierno exigían. La polémica con Daniel Campos fue porque, como “supervisor”, exigía la lengua castellana en la escuela de niños y niñas y así la construcción de caminos. Las exploraciones eran también motivo de polémicas. El Estado Central ponía siempre su confianza en los padres, conocedores del territorio y amigos de los indígenas, que no siempre eran atributos de los encargados de las exploraciones. Por falta de dirección apropiada, fallaron las exploraciones de Crevaux, del Coronel Rivas de 1882 y de Arthur Thouar. El P. Doroteo en cada una de ellas debió escribir la defensa de su persona y lo obrado por los franciscanos de Tarija.

Su manuscrito del 1898, Historia Natural, Enografía, Geografía, Lingüística del Chaco Boliviano - 1898, (Edición P. Lorenzo Calzavarini, Sucre,1996) escrito para acompañar la exposición guaraní de Turín, y el manuscrito del Diccionario Chiriguano-Español y Español-Chiriguano (Archivo Franciscano-Tarija) son el legado último del P. Doroteo Giannecchini. El primero está dividido en siete largos capítulos: Territorio, Geografía, Historia, Etnografía, Costumbres, Religión, Lingüística. Todas las realidades y características de la vida de un pueblo están relatadas con suma simpatía hacia los Guaraníes. El objetivo, esparcido en todas las páginas, es mostrar que el pueblo guaraní y el Chaco boliviano forman un único destino de “nación”, destino que el régimen reduccional mantuvo vigente. ¿No será una argumentación implícita para la creación del Departamento del Chaco? Más tarde fue “proyecto” claramente presentado por P. Bernardino de Nino (Nino B. de, Etnografía chiriguana, Tipografía Comercial de Ismael Argote, La Paz, 1912, págs 95-96).

Obras del P. Doroteo Giannecchini

Obras inéditas (Archivo Franciscano de Tarija): Pláticas en chiriguano: Credo, Mandamientos de la Ley de Dios (págs 1473, en 17.50 por 12.50) ; Pláticas en chiriguano: Señal de la Cruz, Pater, Ave, Catecismo (págs 1335 en 17.50 por 12.50); Pláticas en castellano; Parte segunda: Collezioni etnografiche e Geografiche (págs 119 en 33.50 por 23); Diccionario Chiriguano-Español y Españor-Chiriguano (págs 606 en 19.50 por 18.50); Apuntes históricos para el Cronólogo del Colegio de Propaganda Fide de Tarija (págs 115 en 27 por 21).

Obras publicadas: Relación de lo obrado por los Padres Misioneros del Colegio de Propaganda Fide de Tarija en las dos expediciones fluvial y terrestre al Pilcomayo, Tarija, Imprenta El Trabajo, Tarija, 1883; Diario de la expedición al Alto Paraguay, Tipografía La Porciúncula, Assisi, 1896; Romano S. et H. Cattunar, Diccionario Chiriguano-Español y Español-Chiriguano, compilado teniendo a la vista diversos manuscritos de antiguos misioneros del Colegio Apostólico de Santa María de los Angeles de Tarija y particularmente el Diccionario etimológico del P. Doroteo Giannecchini (Ed. Antoniana, Tarija, 1916); Etnografía, Geografía, Lingüística del Chaco Boliviano –1898-, Editor P. Lorenzo Calzavarini, Ed. Tupac Katari, Sucre, 1996.

P.. Lorenzo Calzavarini

Tarija, 16 de Febrero, 2001.

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