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PADRE DOROTEO GIANNECCHINI EXPLORADOR: LOS CAMINOS DEL AGUA EN EL PASADO Y EN EL PRESENTE

1. Aguas y tierras.

El “agua cae” y el “agua corre”: son dos expresiones verbales  que dan una imagen de su entorno. El agua que cae describe una posición de verticalidad y el agua que corre visualiza el andar en su horizontalidad. Por tanto la primera expresión ubica al agua en su nacer y bajar de cerros y valles, la segunda el moverse en las planicies. En los dos casos la sentimos como fertilidad, pero diferentes son los aspectos psicológicos que le atribuimos.

Con otra expresión también decimos que el agua de los cerros “se tiene” porque podemos dominar ambas orillas, mientras que la de la llanura marca división entre una y otra orilla y por eso señala demarcaciones territoriales de Estados y de identidad de pueblos.

La complementariedad entre ríos y cerros se establece en el espacio de la cuenca, donde pueden agruparse más cursos de aguas en una connotación regional. Entre ríos grandes y sus afluentes se concreta las escrituras geográfica y geopolítica, que constituye una unidad en la diversidad.

Sin embargo, los grandes volúmenes de agua favorecen la vegetación, que es normalmente asociada a un concepto de selva. Por tal motivo,  si los grandes ríos facilitan el andar, sus riberas al contrario están salpicadas de miedos, por la presencia de lo desconocido. Por tanto las poblaciones de altura fueron percibidas como “civilizadas” y las de selva como “bárbaras”. Las distribuciones que anotamos son de la antigüedad griega. Los hombres de los cerros, de hecho, por superar límites deben vencer a la naturaleza y en tal esfuerzo han nacido organizaciones políticas y administrativas de Ciudades-Estado, Estados e Imperios.

Al contrario las naciones de la selva dominaron rápidamente los grandes espacios por su capacidad de imponerse al medio hostil.

Por la abundancia de cultivo y de comida, que no requerían mucha intervención del hombre, podríamos dar cierta credibilidad a la hipótesis sobre las culturas latinoamericanas que tuvieron sus inicios entre las denominaciones “bárbaras”, que sucesivamente subieron a las montañas adaptándose a aquel medio. Y subiendo establecieron líneas de intercambio de bienes, marcando polos de vida entre lo alto y lo bajo; es decir un recorrido a la inversa entre el andar y el nacer del agua. El continente latinoamericano está unido en tal abrazo, en el que es imposible establecer un punto central a causa de la inmensidad de algunos ríos, que van en sucesión continua y de sus numerosos afluentes que los acorralan desde las distancias.

2. Trayectoria latinoamericana de agua.

Lo desconocido se enfrenta siempre por caminos secos y de visión en perspectiva. Así adoptaron sus estrategias de avance los hispanos, pero su áncora de salvación eran los barcos que arribaban a los puertos; y en su cercanía nacieron las capitales de los actuales Estados. La política del continente era encontrar ramificaciones de comunicación. La entrada por agua fue sólo para Argentina y Paraguay. El acercamiento a Charcas se dio por Ayolas, Domingo Martínez de Irala y Ñuflo de Chávez (1537; 1543; 1548) y con ellos el continente se descubrió cercado por el mar Atlántico y el mar Pacífico.
El agua del mar unió a los continentes americano y europeo. Sin embargo, de las dificultades de las tierras de Panamá y la centralidad de Potosí,  nació la necesidad de caminos de adentro hacia afuera y por tal motivo un camino de aguas hacia Europa, razón por la cual en Potosí se decide en 1580 la refundación de la actual Buenos Aires.

Por horizontes tan amplios se necesitó la identificación de subsistemas de asentamientos de pueblos que mantuvieron la centralidad de los Andes con el correr de los ríos hacia Buenos Aires, y en tal afán surgió la denominación de América de Sur. En la concepción global del continente nació la geo-política hispana de Centro y Sur; y fue precisamente Tarija el punto de varias vertientes de caminos. Juan de Matienzo en su estructuración jurídica el Gobierno del Perú (1567) proponía tres caminos de aguas entre Charcas y Buenos Aires: Santa Cruz, Alto Paraguay y Asunción; Chuquisaca, Parapetí y Asunción; Chuquisaca, Tarija, Pilcomayo y Asunción, además un camino de tierras: Chuquisaca, Santiago del Estero y Buenos Aires. Esta imagen relativiza la comprensión de Tarija en su concepto de “frontera” en el sentido de ser tierra de “límites”. Fue más un “puesto de avanzada” y menos de contraposición a los guaraníes. Los caminos indicados fueron anteriormente surcados por los pueblos originarios: los guaraníes a través  del Pilcomayo y los guarayos desde el Paraguay, colindando siempre con los límites entre Bolivia y Brasil hasta Chiquitos. Ayolas, Domingo Martínez de Irala y Ñuflo de Chávez dieron primeramente con el Pilcomayo y después Chávez por el camino de los guarayos, lo que lo llevó a la fundación de Santa Cruz.

El camino hacia  Santiago del Estero fue siempre por cadenas de cerros, el Parapetí termina en los bañados del Isoso, el camino de Asunción a Santa Cruz muere por el alejamiento de los Padres Jesuitas del continente que unía el Paraguay con Chiquitos. Quedaron el del Pilcomayo y el de tierra que incluía pasar el río Bermejo. Este último fue territorio de continua conjunción por la presencia del Marquesado de Tojo. El camino del Pilcomayo fue recorrido en el 1764 por el franciscano Fray Manuel Peña.

La reforma de los Borbones de 1763 que se centralizaba en el concepto de Estado colonial (excluyendo realidades alternativas y de ahí el sacrificio de los Jesuitas) organizó los caminos de agua respecto a los de tierra. Por tal motivo se rompieron las unidades territoriales tradicionales para introducir nuevas coordenadas regionales y de los virreinatos. Así Tarija pasa del virreinato del Perú al del Río de La Plata y forma parte del Obispado de Salta y no de Chuquisaca. En tal nueva geografía, los franciscanos de Tarija fundaron en 1779 la Misión de Centa (región de Nueva Orán).

3. Nacen rumbos regionales.

En tesis nuestra la reforma de los Borbones fundamentó una conciencia de pertenencia entre territorio, economía e identidades culturales. Bajo tal empuje en 1790 se originó la expedición del capitán Don Adrían Fernández Cornejo al río Bermejo, era un proyecto de navegación para relacionar el Bermejo con el Paraguay. La guerra de la independencia, a raíz de la posible conformación de los Estado nacionales construyó la “ideología de límites”, introduciendo una percepción de enemistad entre pueblos (en ese momento Tarija, sobre valorada como frontera, fue relatada como baluarte opositor de los guaraníes, señalando así los aspectos negativos de las relaciones con los españoles). Los libertadores recorrieron todavía los caminos de las tierras, pero la configuración del continente en Estados empujó la alternativa de los recorridos de las aguas, evidentemente para facilitar el comercio.

Refiriéndonos a Bolivia nacen las “Sociedades Geográficas”, y presidentes de la república y prefectos de departamento empujaron sobre todo a los religiosos para la descripción de los ríos: al sur los franciscanos de Tarija y al norte los de La Paz. Desde Tarija tenemos los Padres José Giannelli y Doroteo Giannecchini. No secundario fue también el interés por los estudios antropológicos que operaban en la búsqueda del “buen salvaje” y que se esparcieron en las selvas desconocidas. Las “fábulas”, que cubrían lo misterioso, dejaron ver rostros humanos y civilizaciones mal interpretadas.
Tarija se movió siempre en las coordenadas de los ríos Bermejo y Guadalquivir; sin embargo sus caminos de agua son muy caudalosos, no permiten su navegación; por tanto el triángulo Tarija, Bermejo, Salinas formó una regionalización agrícola, forestal y ganadera encerrada en sí misma. El Pilcomayo, si bien permitía avances hacia nosotros de pueblos originarios, no facilitaba una línea de comercio por ser camino muy inestable en sus aguas.

4. El Pilcomayo y el Padre Doroteo Giannecchini.

En 1862 el Padre Giannelli enfrentó la navegabilidad del Pilcomayo. La expedición no llegó a Asunción por el desánimo de los soldados que lo acompañaban. En 1882 se realizaba el intento de Crevaux. El Padre Doroteo Giannecchini aconsejó que no se realizara la exploración del francés por la insurrección de los tobas. A pesar de su disconformidad, había preparado las canoas y el avío. Crevaux, según las previsiones del Padre Doroteo, fue victimado en Teyu, hoy la región lleva su nombre. En el mismo año el Padre fue nombrado capellán castrense de la expedición de Rivas, ésta tampoco llegó a su destino. En 1886 se concretizaba la expedición de Arthur Tohuar que fue a la vez terrestre y fluvial. Fueron 11 meses de desbandes y de sufrimientos. Tohuar llegó a Asunción por haber encontrado cazadores paraguayos que lo llevaron a destino, mientras  que la tropa con Padre Doroteo volvió a Caiza. Giannecchini publicó sus diarios expedicionarios, frente a las acusaciones que le hicieron por las desavenencias ocurridas.

Llegó a su destino en forma fortuita la expedición Campos de 1888. Desde 1844 el Pilcomayo fue centro de investigaciones desde Bolivia, Argentina hasta el Paraguay. Los nombres más famosos fueron los del General Magariños, el belga Enrique Van Nivel y Olaf J. Storm. La imposibilidad de la navegación del Pilcomayo como empresa industrial, según Giannecchini, no era posible por la conformación geográfica de este río que intercala grandes volúmenes de aguas con zonas de bañados. La razón de la peligrosidad del Pilcomayo radica en su cercanía a las últimas estribaciones de los Andes que aumenta imprevistos caudales con aguas que se esparcen, se extienden y no permiten la navegación de embarcaciones. Las acusaciones hacia el obrar de Giannecchini remarcaban su amistad con los indígenas. Evidentemente, habiendo vivido por 30 años en la Misión de San Francisco Solano (hoy Villamontes), conocía a los tobas, noctenes, tapietes y chorotis. Su actitud fue a la vez de respeto y protección. La claridad de su postura,  oscureció sus relaciones sobre todo con Arthur Tohuar quien lo acusó abiertamente del resultado negativo de la expedición.

Desde 1896 Giannecchini residió en el Convento de Tarija, dedicándose a la escritura del Diccionario Chiriguano-Español y Español-Chiriguano, al mismo tiempo se dedicó a la redacción de su manuscrito sobre  la  Historia Natural, Etnografía, Geografía, Lingüística del Chaco Boliviano 1898.
En 1900, el día 9 de abril, moría en Tolomosa. Los campesinos trasladaron su cuerpo hasta el convento de Tarija y, desde el cementerio del convento, fue puesto en la fosa común por las leyes que prohibían la existencia de cementerios privados. Lo que nos interesa en el centenario de su muerte es recordar su obra. Fue misionero, lingüista y explorador de las tierras chaqueñas.

Con justo título los chiriguanos lo llamaron “hijo de mujer chiriguana”.

Sobre los esfuerzos de los antepasados ¿no será posible encontrar una gran geografía socio-económica de aguas (más los Andes de Chile) en los intentos de creación del MERCOSUR?

Dr. Lorenzo Calzavarini
Director del C.E.D.

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