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BARRAGÁN ROSSANA Y OTROS, “FORMULACION DE PROYECTOS DE INVESTIGACIÓN”, (Ed. PIEB, La Paz, en prensa)

Escribir un libro en equipo no tiene similitud con una actuación orquestal. La segunda marca la diferencia con la primera en su proceder que, si bien es ejecutado por partes, su unidad está en la partitura escrita. Esta es siempre creación de un autor, que nada tiene que ver con los artistas que la ejecutan: uno compone y los otros interpretan. Imposible, por tanto, que se dé una ejecución de pieza musical por un conjunto orquestal con tema libre.

La participación de varios cientistas en la escritura de un libro es posible. Existe también para ellos un “tema” de cierta forma ya escrito, que se fundamenta en la obra de los profesionales y académicos. Podemos decir, que parte de las “notas” pre existen; y la habilidad de los “ejecutores” es coordinarlas en un discurso de sentido. Por técnico que quiera presentarse, el libro para lograr “cientificidad”, deberá incluir también elementos estéticos, que se refieren a la simplicidad, coherencia de temas, conceptualización y lenguaje. Su propuesta de ciencia será lograr los objetivos que se ha propuesto.

Frente a nosotros tenemos el libro Formulación de Proyectos de Investigación, que anota como responsable a Rossana Barragán. Se señalan otros autores que son Tom Salman, Rafael Rojas, Julio Córdoba, Erick Langer, Virginia Ayllón y Javier Sanjinés. Todos ellos son cientistas conocidos en nuestro medio por los méritos de sus estudios publicados o por direcciones que asumieron en investigaciones específicas. Así cada parte del libro tiene la cualidad de ser exhaustiva en su discurso y lenguaje.

Como connota el título de la obra no se trata de un libro de “métodos y técnicas de investigación”, que introduce inmediatamente en el procedimiento para enfrentar la realidad a estudiarse. El concepto de “proyecto” es más amplio porque compromete también lo que debe ser la preparación del investigador, incluyendo motivaciones, actitudes y los presupuestos teóricos a través de los cuales debe prepararse para mirar el espacio de investigación.

Por tanto, la lógica científica incluye, de manera implícita y explícita, la dimensión pedagógica; y ambas para animar a comprometerse con procesos de investigación. Sobreviene en algunas páginas también la intencionalidad de desmistificar una aplicación técnica muy sofisticada para facilitar un acercamiento, lo más posible directo que empuje a esta práctica científica. Las palabras, algunas veces, dicen lo contrario, recordando la complejidad de la investigación misma. De hecho, tal complejidad está en el necesario proceso de aproximación a un campo de estudio, que no debe confundirse con la construcción mental del investigador. Y allí está el objetivo fundamental de libro.

Los temas de los diferentes capítulos son guías que conectan al investigador con el campo a estudiarse. Así se empieza con “Como armar una investigación”; se pasa a “La estrategia metodológica”, que incluye las formas y manera para abordar a la realidad (más propiamente “metodología”) y técnicas a aplicarse a fin que el campo de estudio manifieste y dé sus informaciones (más propiamente “técnicas”). El tercer capítulo es de ayuda a “La presentación del proyecto y los trabajos de investigación”; se ofrece una síntesis mental operativa y de escritura para facilitar la acogida del “proyecto” y la redacción de sus resultados (capítulo tercero y cuarto). Llegamos al último capítulo que insiste sobre “Fuentes de información “, donde se define el concepto de fuentes y se explica el necesario tratamiento para el uso de ellas.

La escritura del libro interpone en cada capítulo situaciones explicativas con un total de 69 ejemplos. Se insertan también 8 cuadros, que indican referencias específicamente bolivianas como guía y base para investigaciones en diferentes campos.

Escribir un libro de tal urgencia y envergadura no debe haber sido fácil. Su mérito principal es el rescate de un lenguaje y metodología que se está peligrosamente generalizando. En instituciones escolares y primeros años universitarios, se denomina “investigación” a simples ejercicios de recolección de “datos” dispersos. Se puede comprobar que sacar dos o tres fotografías o hacer pasar “un papelito” que da vueltas para pedir referencias de oficina, están declarados “trabajos de investigación” y no una simple verificación de noticias. Repitiéndonos, diremos que el libro, además de su tesitura científica es merecedor de ser guía pedagógica, rara en libros académicos.

 

Dr. Lorenzo Calzavarini
Director Centro Eclesial de Documentación

Tarija, 16 de mayo 2001

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