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LOS GESTOS DE LOS ORIGENES
(Invitación a la exposición pictórica de Gonzalo Ribero, La Paz, noviembre de 2001)

Perfección de formas y escritura pictórica esencial son las características de la exposición de Gonzalo Ribero en la galería “Nota: Espacio de Arte” de La Paz. Además interesará a los asistentes la nueva visión estética del artista, que describe la relación entre espacio y tiempo. “Los orígenes” son el encuentro entre las dos coordenadas: allí empezamos a existir. La insistencia en este punto inicial puede parecer como negación de la historia. Se trata de una falsa percepción, porque el movimiento de las formas manifiesta los “gestos” icónicos que diagraman la vida de siempre. Así es que el espacio es plenitud y el transcurrir del tiempo es finitud. La inversión de fuerzas en el primero, consolida lo que se ha connotado como pintura telúrica de Gonzalo Ribero. En la actualidad, sin embargo, ésta se complementa con el otro movimiento que desde más allá viene hacia nosotros (la tierra).

El proceso creativo de sus cuadros indica este encuentro de momentos siderales. Inicia estableciendo el espacio psicológico, que es la preparación de la tela (ya seleccionada en sus dimensiones). Esta viene coloreada con los matices básicos y adquiere vida en el diálogo cromático. Luego organiza las relaciones de intensidad de luz y determina los puntos de interés, que la pincelada ha elaborado como “manchas de composición de color”. Interviene la intencionalidad del artista, que guía la realidad de los colores según la inspiración de su interioridad. Desde las dos, nacen las formas redefinidas con más colores y con el movimiento que se da entre los diferentes elementos del cuadro.

¿Podrá el gesto pictórico llevar un signo de eternidad? La esencialidad, que hemos anotado, representa lo elemental (según la concepción estructural de Lévi Strauss) respecto a las variantes, que el sujeto adquiere en el trascurso de la historia, en la que la vida del cosmos penetra la vida del cuerpo. El impresionismo de inicios del siglo pasado consideró al cuerpo como víctima y victoria de los agentes solares; y nada más acertada la definición de “impresión” como reflejo de claridad sobre el cuerpo. Después llegó el desencanto de las guerras que sacudieron al mundo. La tragedia del hombre fue retranscrita con imágenes de descomposición de su cuerpo.

La reacción artística fue general desde todos los puntos del planeta; y también desde Bolivia una nueva propuesta de creación artística. Se trataba precisamente de recomponer los sentidos del cuerpo y de su universo vital. En este retorno a identidades profundas, pueden citarse muchos nombres de artistas bolivianos. Gonzalo Ribero se encuentra entre los grandes de tal propuesta; y le atribuimos el mérito de haber radicalizado tal postura.
Tres movimientos resaltan: el juego de las contraposiciones: Fecundación, Penetración, Engendro, Alumbramiento; los retos de vida: Fertilidad, Presencia, Ruptura, Acercamiento, Desprendimiento; y las dinámicas permanentes: Elevación, Batán, Adoración, Plenilunio, Meciéndote eternamente, Estructura y Fiesta.

Entre las obras expuestas tenemos:

Fiesta. El artista crea dos monolitos “en orgasmo”. Las diferentes banderas identifican a los dos en su juego corporal; la oscuridad de abajo, que se contrapone a la luz de lo alto, esclarece las intenciones ocultas que determinan voluntad de abrazo. La plasticidad de las figuras y sus movimientos  deja a los dos en un fondo de acciones sin  porvenir.

Meciéndote eternamente es otro juego de oscuridad y de luz. Varios elementos se mueven de abajo hacia arriba y viceversa, pero siempre unidos en destino común. En el  centro se vislumbra un altar, donde el sacrificio de víctima/ofrenda podría representar el equilibrio expiatorio del mundo entero.
Connubio es finalmente el ensimismamiento del tiempo con el espacio. Los colores indican profundidad y extensión de un momento generativo que se expande en el conjunto cromático. En los movimientos de la vida siempre está presente el Batán. Vuelve el persistente motivo pictórico de Gonzalo Ribero como elemento de vida, ligado al entorno familiar: más que reclamo de destrucción/redención es invitación a dar lo que se recibe, es la cadena de la vida.

En todas las imágenes plenitud y finitud tienen razones de estar en los “orígenes” a fin de que la vida sea.

Padre Lorenzo Calzavarini
Director del Centro Eclesial de documentación
Convento San Francisco de Tarija

 

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