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HISTORIA DEL LIQUEN
(14 de noviembre: presentación de un libro sobre Tarija)

Cántaro, del 4 de noviembre de 2001, publicó la “Introducción”, que escribimos en el libro Historia, Ambiente y Sociedad en Tarija, Bolivia (Ed. Instituto de Ecología, La Paz, 2001), cuyos autores responsables (otros más concurrieron) son Stephan Beck, Narel Paniagua y David Preston. No hay duda que el libro merecía una presentación especial en Tarija. Así es que el Centro Eclesial de Documentación, la Universidad Juan Misael Saracho y la Casa de la Cultura se responsabilizaron del evento a fin de que Tarija conociera una “fotografía en escritura” de sí misma. Las tres entidades no escatimaron esfuerzos para que la conexión entre cientistas y amantes de nuestro departamento se diera en la forma más adecuada y con voces pluricultares, como el libro lo exigía. Por tanto, además de los autores, en el Salón Franciscano, estuvieron los representantes de las comunidades (el maestro Felipe Castrillo y doña Asunta Orozco) donde se desarrolló parte de la investigación, la Universidad, la Casa de la Cultura, el Centro Eclesial y el señor Cónsul de Alemania, Ing. Carlos Methfessel, a nombre del Dr. Amir Naqui, Embajador de la Unión Europea (ausente por encontrarse en Afganistán), ya que la Unión Europea costeó por diez años el estudio.

14 de noviembre de 2001

Se inició el programa con las palabras de Adela Lea Plaza, en representación de la Universidad (por ausencia del Señor Vicerrector) y de la Casa de la Cultura. Como gran artista que es, sus sugerencias transcribieron inusitadas melodías del terruño tarijeño. El “Historial del libro”, fue un recuento del Dr. David Preston. El éxito de los largos trabajos le hizo saltar etapas. Sin embargo sobresalieron estos momentos: formación del equipo, contactos con las poblaciones, primeros pasos de averiguaciones, resultados iniciales, el vislumbrarse de otros problemas y la composición de una temática en términos particulares y generales. Resultaba una visión global (si bien por temas) sobre Tarija: la profundidad histórica, medida por la arqueología; otras pruebas de acontecimientos, que connotan el mutarse de los “paisajes”, y finalmente nombres de antiguas poblaciones, que superan abundantemente los persistentes y simples nombres de Tomatas y Churumatas. Vienen después las páginas sobre situaciones actuales de familias y de razones para migrar a la Argentina. De allí se pasan a lo más propio del libro: el ambiente, donde suelo, vegetación, lluvias, vientos y otros agentes atmosféricos reciben explicaciones positivas o de regresión, correlativas al aumento de la población humana y animal.

El testimonio de Felipe Castrillo fue la rememoración de momentos de fatiga y de comunión con el equipo de los especialistas. Con él se estableció la sintonía de intereses y de averiguaciones, que facilitaron los contactos entre comunidad campesina e investigadores, asimismo la participación en los trabajos. Por eso parte de los resultados ha sido la consolidación del saber popular con la escritura científica. El testimonio de Asunta Orozco fue de sabiduría femenina. Las mujeres, que acorralan para dictaminar sobre el costo de la olla, la economía de la familia y el destino de los hijos. De los varios expositores se delineó la filigrana de Historia, Ambiente y Sociedad en Tarija desde diferentes perspectivas de colores, contrastantes y sin embargo complementarios. Los lectores seguramente reconocerán con facilidad situaciones de suelo, de aguas, de cultivos altiplánicos o de valles y de contextos de vida. El Cónsul de Alemania (después de la intervención del P. Lorenzo Calzavarini) cerró las varias reflexiones, con palabras de circunstancias, pues los presentes ya conocen sus valiosos aportes en lo que respecta a la pintura rupestre del departamento de Tarija. Lo “no dicho” indicaba que tal espacio no había sido incluido en el libro y que otras instancias (la arqueología) de alguna forma lo hacían presuponer. De sus pocas palabras resultaron la profundidad y la memoria, esparcidas en lo recóndito del inconsciente colectivo (donde el recuerdo está relacionado con sucesos personales, pero siempre de amplitud comunitaria).El liquen en la historiaLos autores que conformaron con nosotros el programa de presentación del libro Historia, Ambiente y Sociedad en Tarija, no se sorprendieron del título que ofrecí para mi intervención. Las razones son obvias. El liquen es una planta criptógama, compuesta de la simbiosis entre un hongo y una alga. Sus colores, generalmente cenizos y amarillos, dependen de la conformación orgánica de la piedra, que es su espacio de vida, y de los agentes atmosféricos. Así se puede observar que los líquenes amarillos van generalmente por los costados y los cenizos en la parte alta. Fue lo que observamos en Pampa Redonda, cuando con un grupo de campesinos nos dedicamos a la búsqueda de líquenes. Pudimos comprobar tal teoría con una muestra, esparcida sobre una cuesta que subía entre hierbas y rocas. La pesquisa misma era fruto de la lectura del libro y quisimos participar resultados a los feligreses, presentes en la Santa Misa celebrada en agradecimiento por la instalación del agua potable. En la espera de las autoridades, hierbas, árboles, cultivos y cumbres de Sama eran la introducción al misterio espiritual, que nunca tuvo raíces tan terrenales (pensaba en “Cristo plenitud del universo” de Teilhard de Chardin).

Por su naturaleza, pegadiza a las piedras, y por su dimensiones muy reducidas, el liquen no es de fácil destrucción; y sus orígenes están inscritos en las rocas de los tiempos primordiales. Por la combinación entre atmósfera e historia, el liquen permite medir la profundidad de otras edades (“...se establece el ritmo de crecimiento de una especie de liquen, midiendo su tamaño en piedras de edad conocida”, Ibidem, pág. 3). El método de la liquenometría ha sido empleado por los autores para conocer la antigüedad del curso de los ríos y de las inundaciones que se dieron. Nos parece que tal trascripción, que simultáneamente traduce espacio y tiempo, puede ser la imagen de lo que la totalidad del mundo encierra más allá de la “presencia del hombre”. Por eso, el tipo de acercamiento a los objetos y campos de estudio ha obligado a los científicos a humanizar su escritura. Sin perder las características científicas, ha adoptado un lenguaje de proximidad a todos los intelectos, no deteniéndose en clasificaciones de especies y de propiedades botánicas, sino en asumir un punto de partida experimental: resaltar la sintonía que se da entre Historia, Ambiente y Sociedad; es decir entre lo humano, tierra-flora-fauna y vida civil.

En la perspectiva indicada, también la botánica, insertada en la parte de “Ambiente”, ha adquirido una explicación de vivencias. El querer decir “qué es”, “cómo se desarrolla” y “para qué sirve” ha trasformado el discurso específico en discurso más amplio, que es el de la reflexión ecológica. Allí forzosamente entró también la atención pedagógica hacia el lector, que obligó a la universalización del lenguaje. La metodología de investigación se ha acercado a la de las ciencias humanas, subdividiendo el territorio central del departamento en áreas que explicitan mundos diferentes, pero encadenados en el mismo universo global. Así, llanuras, valles y cuestas se interconectan en un concepto de “pisos ecológicos”, que van de lo “alto” hacia lo “bajo”, siguiendo la trayectoria del agua, que es inversa a la lógica del continente europeo, que empieza de lo “bajo” hacia lo “alto”.

Entramos de tal forma en una actitud y formación científica mucho más amplia de la especialización. Las connotaciones van a la teoría de Lévi-Strauss que, reflexionando según lógica de sistemas, diferentes e interconectados, encuentra una dimensión de estructura, que rige a las realidades pequeñas como a las más grandes. Sus interrelaciones se centran en la obligación del “don” (ampliación de la teoría de Marcel Mauss). El “dar/recibir” une a botánica, economía y símbolos, respectivamente, como intercambios de fuerzas energéticas, de bienes y de mensajes.Lo interesante de esa teoría es la relación que se establece entre mito y ciencia. La postura de los últimos dos siglos ha proclamado la oposición entre las dos realidades. La perspectiva actual, al contrario, puede explicarse así: el objetivo de la ciencia es la determinación de las causas, inscritas en las situaciones, pero será el universo simbólico el que mantendrá siempre ocultas y vigorosas raíces de vida. Y a la omnipresencia del símbolo corresponderá siempre la paciencia de la ciencia. Así la botánica, nacida en los profundos sentires de la alquimia, encubierta siempre por lo mitos de la salud, es ciencia de la medicina, cirugía y psicoanálisis. El mito seguirá confeccionando estados de salud y la ciencia elaboraciones de hierbas, plantas y aguas. El problema está en la pregunta: ¿Por qué las representaciones mentales buscan más significados para nuestra existencia? El orbe, considerado como hábitat humano, implica múltiples atenciones. Para tenerlas presentes hay que ampliar muchos de nuestros conceptos.

P. Lorenzo Calzavarini
Director del Centro Eclesial de Documentación - Tarija

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