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Materialidad e interioridad en la filigrana urbana de Tarija (Presentación del libro Lea Plaza D. S., Vargas G. X. y A. Paz R., Tarija en los imaginarios urbanos, Ed. PIEB, La Paz, 2003)

Quedan insuperables las introspecciones estéticas de Carlos Medinaceli. Sobre todo su libro Estudios críticos y Páginas de vida relatan las vivencias del país: territorio, calles, pueblos, personas y actividades. En su biografía personal, el escritor se detuvo principalmente en la descripción de los paisajes potosinos, de los valles de Tupiza, Cotagaita y caminos intermedios. Sus pasos de escritura iban siempre por senderos diferentes, por ser él, esencialmente viajero entre existencias humanas y cósmicas, seleccionadas por su sensibilidad: salirse de sí mismo para encontrarse con el "otro" y verse en las diferencias. Ningún espejismo entre él y los demás sino un ponerse frente a frente.

Siguiendo en las líneas del escrito, parece que Carlos Medinaceli reprochara a Tarija una exagerada fruición de sí misma en contraste con la actividad de Potosí; en tal sentido, para él las dos ciudades vivían la oposición de hembra/macho, por ser la primera agrícola y la segunda minera. Tales páginas correspondían a los momentos de la guerra del Chaco; y por tanto la invitación del gran literato a los tarijeños era la de seguir la lucha contra sí mismos, después de la guerra con el Paraguay.

Los autores de Tarija en los imaginarios urbanos, desde otra perspectiva de escritura, fundamentan esta batalla en función de un porvenir diferente de la ciudad de Tarija. Esta asumió las primeras emigraciones, que comenzaron en aquellos tiempos y en el inmediato a la post-guerra. La revolución de 1952, rompió el universo agrícola tradicional, que había estructurado su pasado. La conformación de una reducida burguesía se dio con el movimiento liberal y se formaron en la ciudad algunas redes de comercio con los países vecinos. Si bien en escaso número, llegaron emigrantes italianos, españoles, sirios, judíos y alemanes por las vicisitudes socio-políticas de Europa y Oriente medio.

Los flujos migratorios más relevantes, que cambiaron la materialidad de la ciudad, se dieron a partir de los años de 1970 y sobre todo con el Decreto Supremo 21060 (1985); que incluía la relocalización de los mineros. Estos movimientos, por tanto, tuvieron origen en el campo y la configuración de la ciudad mantuvo sus características populares si bien con aportes de potosinos, orureños, chuquisaqueños, camargueños y chaqueños.

El espacio de la ciudad se amplió con zonas de barrios nuevos que rompieron la cálida simetría de sus calles, que conectaba los centros simbólicos y religiosos del centro de la ciudad. Lo que antes era considerado corno barrios periféricos se trasformó en zonas de interconexión con la más lejana periferia, la cual sobrepasó desmesuradamente la línea ideal del río Guadalquivir y de los otros puntos cardinales. Fue un ensanchamiento que se dio por procesos espontáneos y que la ciudad está ahora articulando con líneas de comunicación.

No será posible mantener el concepto de centro en relación con la multiplicidad. Más coherente resultará una descentralización de cuerpos de servicios y centros simbólicos como repetición de modelos urbanos.

Los resultados interesantes de los investigadores Sergio Lea Plaza Dorado, Ximena Vargas Guardia y Adriana Paz Ramírez atestiguan la relación entre continuidad y diversidad, que se han dado con las emigraciones, Si bien éstas mantienen lazos con los lugares de origen, aportando con riquezas psicológicas, sociales y culturales, por lo cual el universo chapaco se ha fortalecido  respecto a su herencia tradicional.

Debemos reconocer que mucho de tales aspectos se deben atribuir al rol de las fiestas, que cubren el andar de todo el año, tres de éstas son particularmente importantes como acontecimientos aglutinantes: Las fiestas navideñas con adoraciones al Niño Dios, son bailecitos que llenan de ritmos las calles y unen sentimientos de hogar con representaciones sociales. Un especial rol de coordinación de interioridades religiosas y simbólicas lo atribuimos a las fiestas de de la Virgen de Chaguaya y de San Roque. Son movimientos de masas (romerías) que, impulsados por motivaciones espirituales llevan al mundo juvenil a una caminata silenciosa de 12 horas hacia el santuario de dicha Virgen. La intensidad religiosa se reproduce a lo largo de tres semanas, sobre todo los viernes y sábados. Otras dimensión espiritual brota de las festividades de San Roque, que son concentraciones de "promesantes", que conectan a la ciudad entera. El hecho devocional, centrado en un concepto de enfermedad-salud, hace que cualquier "malestar" pueda ser redimido.

La imagen cálida y femenina de Carlos Medinaceli transcurre en las páginas del libro: Tarija en los imaginarios urbanos dado que es lectura psicológica, sociológica y cultural de la nueva realidad de Tarija. Su modelo de urbanización no encuentra una perfecta correspondencia con otras experiencias bolivianas y latinoamericanas. Al final del libro se presenta un listado de autores, que han sido usados como comprobación de ítems de investigación.

Los textos más apropiados para una lectura del pasado y futuro de Tarija son los relatos de los "informantes" de la encuesta que ofrecen un relato mágico de lo que ella fue y es. Además son personajes que, desde una perspectiva histórica, entienden las posibilidades futuras. Estos se mueven entre añoranza e imaginación, pero con la solidez de quienes saben que los "actores" del presente son diferentes. La relación entre modernización y modernidad ha obligado a los investigadores a mantener siempre abiertas dos líneas de perspectiva: la sincrónica y la diacrónica, lo que podemos traducir en secuencia de trasformaciones y puntualización de cambios de la ciudad de Tarija. Lo que los autores explican como modernización es la acumulación de innovaciones que no han logrado todavía la armonía de conjunto, lo cual se define precisamente la modernidad. El paso se hace difícil por la contextura no sólo de Tarija sino de otras ciudades, en las que la urbanización no ha nacido de factores económicos sino de aspectos negativos, inducidos en otras situaciones como por ejemplo la insuficiente economía rural.

La falta de una economía firme provoca una sobredimensión del comercio precario y la afanosa propensión a insertarse en los sectores estatales de la educación y de la salud. Según los autores de Tarija en los imaginarios urbanos, el proceso de cambios está en marcha: las diferencias de las representaciones mentales de “evocaciones (correspondientes al pasado), representaciones actuales (presente) y las idealizaciones (futuro)” no sufren rupturas sino manifiestan un núcleo central de diversidades, que no marcan separaciones.

Tarija, 20 de marzo de 2003.

Dr. Lorenzo Calzavarini
Director del Centro Eclesial de Documentación

 

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