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"Once años en el Chapare: 1969 - 1980" del Padre Anselmo Andreotti (Ediciones Verbo Divino, Cochabamba, 2003)

Desde la “memoria…”
En la "Introducción", el autor de estas páginas afirma que debemos leerlas como espacio de la "memoria...". El Padre Anselmo Andreotti sostiene que no ha escrito un "libro de historia" o de "crónica". Los hechos relatados han nacido de su propia experiencia, y que la redacción no ha sufrido sobrepuestos a lo que fue el correr de aquellos días, matizados ahora en sucesión de quehaceres específicos.

Así es que la relación entre el "sentir" y el "decir" ha mantenido la preeminencia del primero respeto al otro. Por tanto, el Padre Anselmo nos ha dado relatos de vida que invitan al lector a entrar en la correlación de los hechos en su secuencia y menos en la conexión de los mismos. Lo dicho, dicho está; pero siempre quedan las razones de las interlíneas, en las que se invoca un extra- texto más amplio, al cual hay que hacer referencia. Así el escrito se vuelve "documento" de lo que pasó entre 1969 y 1980 en el Chapare (y Bolivia). Por eso, la escritura resulta espontánea y estrechamente ligada a los actores que lo rodearon: personas, organizaciones, flora, fauna, aguas, cielo y tierra. Imposible pensar en el Chapare de aquellos años sin la perspectiva de una naturaleza majestuosa, el espejismo de superar los sufrimientos del pasado y presente y sin la imaginación de una existencia diferente. Tal espectro acumuló las esperanzas, que se fueron aumentando año tras año. Pero las desilusiones estaban al acecho. La imposibilidad del retorno, que marcaba un futuro todavía más triste, incitaba a asumir agresividades que fueron engrandeciéndose bajo las denominaciones de planes de desarrollo, coca, cocaína, cocaleros, militares y partidos políticos. Resulta claramente que existió una "historia natural del mal" que fue la filigrana de la transformación, a nivel internacional, de un rostro diabólico, donde la oposición entre militar y cocaína han puesto en plan de guerra dos opuestos temores: el perder (la supervivencia de parte de una porción del pueblo chapareño) y el vencer (un problema suyo, de Estados Unidos, trasladado a nuestras tierras).

Para reponer el cuadro de la situación histórica, el Padre Anselmo adjunta en el "Apéndice", información sobre el surgimiento de la colonización "espontánea" y "dirigida", nombres de fundadores de las diferentes colonias y organizaciones originarias. Se ordena el tal texto con fiel y larga fatiga organizando los datos de archivo en forma estadística; son datos de bautismos, matrimonios, extendidos en forma anual y en etapas de diez años para facilitar al lector un análisis inmediato. La suma de los casos subdivide a las comunidades en zonas de “antigua colonización” pertenecientes a la diócesis de Cochabamba, que correspondían a las poblaciones de Todos Santos, Villa Tunar y Chipiriri y las nuevas de la Prelatura de Aiquile que fueron La Victoria, Ibuelo,  Chimoré, Mariposas e Ivirigarzama. La intención del Padre Anselmo es volver a los orígenes (lo que da un valor único al libro) para certificar que los hechos del después sólo en parte deben al aquel inicio.


En 1980, con el golpe de García Meza se desproporciona la distancia entre los dos caminos: el trabajo agrícola y la fácil ganancia de la cocaína. Estados Unidos no estaba indirectamente lejos de la segunda alternativa, que ahora es tragedia del pueblo de Bolivia y mundial. En esta línea de conexiones internas y externas sobrevino la expulsión "indirecta" del Padre Anselmo Andreotti. “A los pocos días [del golpe de García, Meza] un helicóptero militar bajó ante la misión del Chimoré y en el camino frente al hospital de Ibuelo; pero la hermana Magdalena ni el cura estaban su casa. Se habían fugado".

Consonancias con otra historia

El primer núcleo de padres franciscanos de Trento se cobijó en el convento de Tarata el 15 de Febrero de 1950 Tarata, luego, fue sólo la casa central. En sucesivos y continuos refuerzos, el número de frailes aumentó, esparciéndose en pocos años en las parroquias rulares de la diócesis de Cochabamba y otras: Independencia, Morochata, Totora, Pojo, Aiquile, Copacabana, Sorata, Tipuani, Vicariato de Chiquitos, etc. Los que llegaban eran hermanos jóvenes y de cortos tiempos de sacerdocio y en todos había una voluntad extraordinaria de trabajo. Su espíritu era el de los Alpes, donde el hombre siempre se mide con cumbres y nieves en el invierno, que en el verano, se revierte en contemplación de cultivos diferenciados según la sucesión de los valles. El universo de Bolivia mantenía algo de similar, si bien despojado de verdor.

La aglutinación de fuerzas interdisciplinarias hizo surgir centros parroquiales en diferentes puntos del país, que se canalizaron después en la unidad de la Prelatura Aiquile. El Padre Jacinto Eccher, nombrado obispo de la nueva circunscripción eclesiástica, el 19 de Agosto de 1962, asumió las responsabilidades de gobierno. Fue hombre bueno, respetuoso, amigos de los campesinos y servidor de todos. Por las interconexiones, que se crearon entre las diferentes partes del agro cochabambino, se autodefinió "director de tránsito". No existe todavía un historia de esa noble empresa de 50 años y más, pero disponemos de "fuentes" que la permiten relatar: una descripción del conjunto de la Prelatura, un diario de 30 años intensamente vividos, una elaboración de hechos socio-culturales, y ahora ésta "memoria..." del Padre Anselmo. De los libros anotados, el primero corresponde, según fecha de edición, al Padre Flavio Trettel. La veste tipográfica es pésima, edición italiana en Bolivia, pero sus contenidos son de quien, con experiencia de vida en Europa y Estados Unidos, sabe medir diferencias. Se adentra en nuestros problemas con discurso fácil, corrido e intensa humanidad. La suya fue una aventura de escritor experimentado que no logró galardones literarios por hablar italiano entre los nuestros. De hecho sus lectores eran sus paisanos de Trento, provocados para recolectar fondos, que fueron realidad a los pocos años: La creación del centro social y una radioemisora en Mizque. (Nella perla delle Ande, Editorial Canelas, Cochabamba, 1970). De género más propiamente cultural es el libro del Padre Gildo Franzoi (Peñaranda aveva ragione, Trento, 1984). Es un documento de cómo una persona, educada en otras culturas, descubre la interioridad del campesino mizqueño. "Los diferentes capítulos son relatos de vida, en los que el escritor sabe discernir caminos de redención al simple relucir de una llama de vela (anotamos su precariedad). Además, el Padre Gildo es un gran pintor que sintetiza expresiones de rostros y de modalidades de vida en su conjunto existencial. Así que cada sección del libro está ilustrada con algunos de sus cuadros, que matizan lo que las palabras no pueden decir. Sus pinturas son un brillar de aurora sobre gestos, movimientos de rostros y tierras (pura auténtica idiosincrasia campesina). Otro libro, escrito siempre en italiano, es el diario de 30 años en Bolivia entre Pojo e Ibuelo. Su autor es el Padre Berardo Osti (Tatahuasi: la casa del padre, Trento, 2001). Adjuntamos, por el aprecio que tenemos a este género de escritos misioneros, que ese "diario" no es sólo el acontecer biográfico de un individuo sino el moverse de todos en el tiempo de un día. Corrían, en Pojo, los años de la revolución de 1952 y como tales arrastraban los desafíos anteriores y las desilusiones del presente. Mas el espíritu apostólico siempre es viajero en la interioridad de las personas, en los acontecimientos negativos y positivos y finalmente en las huellas de la esperanza. Por los contactos radiales se anotan también las pisadas del hombre en la luna, la presencia guerrillera del Che Guevara, las venganzas y las muertes de los hermanos de cualquier rostro y condición social que fueran. La reflexión permanente del Padre Berardo es el valorar el costo de la vida del pobre y de sus sufrimientos, que se interconectan siempre con la maldad de algún otro, oculto y sin rostro. El autor llevó sus borradores a Italia y en la paz de un claustro de Trento entretejió en sus relatos tiernos recuerdos. de melancolía. Volvió a los Alpes por una operación a los ojos, con malos resultados, que sin embargo, le permitieron escribir con lupa 700 páginas. El libro del Padre Anselmo: Once años en el Chapare, es el último.

Los objetivos de cada libro son diferentes, sin embargo un punto los une, que es la formación de un prisma que hiciera relucir caminos de inserción en las "venas abiertas" de un pueblo. Seguramente se formó otro género de literatura, que corresponde al epistolario. Imposible imaginar tan frecuentes llegadas a Bolivia sin una línea cálida de comunicación que la interconectara seguidamente con Trento.

Los tiempos del Chapare del Padre Anselmo Andreotti

El Padre Anselmo Andreotti nació en Rabbi (Trento) el 17.06.1925. Fue ordenado sacerdote en 1950 y llegó a Bolivia en 1953. Después de una breve estadía en Tarata, pasó un decenio en Sorata. Las distancias no desligaban a los hermanos franciscanos de Trento, ni ellos sufrían soledad. El carácter sacerdotal los sumergía en la vida de sus feligreses; y además las mismas coordenadas institucionales mancomunaban alegrías y sufrimientos; y, por tanto, un sistema de solidaridad era consuelo y empuje para nuevos destinos. La creación de la Prelatura de Aiquile, en 1962, hizo palpable el vacío eclesial en el Chapare. En 1966 se inició la búsqueda de puntos de apoyo para implantar una organización, si bien mínima. El Padre Atilio Cozzio se lanzó en la empresa y el choque con una realidad desconocida le provocó la muerte por fiebre amarilla el 31 enero de 1969, a sus 42 años. Las realizaciones miraban siempre a lo religioso y a la salud por lo cual, en 1968, el padre Heriberto Baldi concluía el hospital de Ibuelo. Así dos polos resultaban coordinadores del futuro: Ibuelo y el centro religioso de La Victoria, este último iniciado por el Padre Atilio.

La acción pastoral sufre en terreno móvil por la imposibilidad de precisar ubicaciones estables. Por sus características, sigue el formarse de las agrupaciones humanas. Más, en la misma dimensión de la fe, se ponen dos exigencias, que son el mantener la actitud religiosa (dimensión teológica) y la perspectiva social (caridad). Todo lo que el Padre Anselmo describe como proceso de migraciones, actuar de sindicatos y nacer de colonias esconde otra necesidad imperiosa, que es la invocación de tener "sociedad". Tal objetivo es difícil lograrlo en concentraciones "espontáneas" por el simple hecho que nadie vive desnudo de valores (y contravalores), cuya dispersión provoca ansiedad y malentendidos. Así que la propuesta religiosa, por amplia que sea, es siempre insuficiente e incierta en sus primeros pasos. Lo que impone una dimensión misionera a la acción sacerdotal, es el programar desde las circunstancias el rescate de valores y la búsqueda de una visión positiva, en cuanto a costumbres y tradiciones anteriores respecto a la nueva realidad.

Este universo compartido no se dará sin una referencia a símbolos que unan la dimensión interior con las normas civiles y religiosas a implantarse. El -esfuerzo del Padre Atilio Cozzio pasó al Padre Anselmo, que llegaba en 1969, desde Pasorapa, parroquia de largo pasado. Él, en cierta forma, usufructuaba de una situación de casa. El espíritu de ambos parece similar en el asumir necesidades para una sociedad digna, después de haber asegurado el rincón (hospital) de la salud. Posiblemente tal propuesta sacerdotal era el "puente" de comunión entre las diferentes culturas y sociedades de origen. Estaban presentes aymaras, quechuas, cruceños, vallegrandinos, chuquisaqueños y otros. El Padre Anselmo fue  quien tuvo inmediatamente la percepción de la nueva sociedad que iba formándose (por ejemplo: abandono de la lengua materna y generalización del castellano), que definiremos "del Chapare". Pedagogía, planificación urbana y actividades debían ser mantenidas en una única perspectiva, que era la reconstrucción del núcleo social.  Un camino se hacía necesario para prevenir desbandes: hacer visible la infraestructura de la sociedad. La iglesia católica canalizó todos sus esfuerzos hacia este objetivo con acción escolar, salud, clubes de madres, catequistas, red de lugares simbólicos, denominaciones territoriales, lugares para los ritos de nacimiento y de muerte, cursillos para árbitros y sindicatos. Las dificultades de poner bases para otro futuro residían en la misma división política y administrativa del territorio del Chapare. Las márgenes "izquierda y derecha del río" eran una división artificial, resuelta de mutuo acuerdo entre la diócesis de Cochabamba (parte izquierda) y la Prelatura de Aiquile (parte derecha). Sin embargo, esa artificialidad se apoyaba en otra artificialidad, herencia de la Colonia hispana y republicana, que fijaba la desmembración del Chapare según centros de control fuera de aquel territorio.

Así el Chapare se anotaba en los mapas como zonas ad barbaras, en cuanto los yuracarés, sus antiguos habitantes, eran agrupaciones humanas sin derechos en el Estado, mientras se ocupaban sus espacios de vida con demarcaciones imaginarias. Así la margen izquierda era en realidad lo que correspondía a la provincia Chapare con centro administrativo y político en Sacaba, y la margen derecha a las provincias Carrasco en Totora y Arani en el homónimo pueblo. Las superposiciones rompían una visión y acción común, que finalmente fueron vencidas con la única denominación de Prelatura de Aiquile. Sobre esta base se pudo generar encuentros más allá de las segmentaciones. Subrayamos el rol del deporte, salud y catequesis.

No podemos ignorar que aquellas fragmentaciones históricas fueron dramáticas para los yuracarés, en cuanto diferentes enemigos se daban atribuciones para instalarse o simplemente entrar en su territorio, tan sólo por el cultivo de la coca que no requiere asistencia continuada. El viaje hacia ellos, que el Padre Anselmo nos relata, tenía también esta angustia oculta. Los yuracarés son bien conocidos en la documentación franciscana. La fundación del convento de Tarata tenía el objetivo de reunirlos en reducciones.

Actualmente se ha perdido el sentido sociológico y religioso de tales iniciativas. La "reducción" no debe confundirse con la "misión"; ésta era parte de aquélla. Así la reducción era espacio común entre "fieles" (misión) e "infieles" (insertados en la reducción). Los unos y los otros compartían la dimensión socio-cultural, económica y educativa. Otro incentivo era la red de las reducciones, que se intercomunic-aban entre sí a través de los franciscanos, no sólo en el Chapare sino también con otra red, que eran las reducciones guarayas. La secularización de las misiones, decretada el año de 1905, negando la reducción, dejaba solitaria a la entidad "misión", ahora sin el poder de aglutinar grupos en la dispersión de la geografía indígena.

El término "misión" se atribuye en nuestros días a las circunstancias de agrupación evangélica que, adoptando métodos de exclusión hacia los otros, sacrifica la inclusión en un concepto de ciudadanía boliviana.

La coca no es cocaína y la cocaína es siempre coca

Cuando lo antiguo no respeta a lo nuevo, llega siempre distorsionado. Los tantos accidentes y sobresaltos en la vida del Padre Anselmo se debieron a la presencia de esta primera continuidad. Él era el vigía; y como tal no dejaba que se desarrollaran situaciones que fueran dañinas para los honrados. Y siempre tuvo éxito porque supo medir las fuerzas suyas y las de sus compañeros de lucha. Y siempre interpuso su ardor de sacerdote en todas las batallas, recurriendo también a tribunales civiles. El mal tenía que ser denunciado en su principio.

Así en la Victoria, ninguna relación con victoria de batallas, sino el “nombre de la cocinera y compañera del ingeniero encargado de la obra (el camino desde Loborancho a Ibuelo). Una gorda, blancona, chola de seso fino, entretenida y locuaz. Los colonos en sus tertulias nocturnas, mascando coca, fumando cigarros y tomando licor, soltaban chistes soeces dirigidos al ingeniero y a su Victoria, hasta que, sin querer, en sus charlas diarias, resultó ser la 'Victoria', nombre que de la mujer pasó, al lugar”. Por ser la colonia más numerosa, La Victoria era la condensación de varias realizaciones que, en su precariedad, tenían razones de ser en la desesperanza.

Se inició con una cooperativa, que en la dinámica de los entusiasmos logró una cierta consistencia. Sin embargo era una realización incompleta. La cooperativa había sustituido a los sindicatos tradicionales (surgidos en la revolución del 1952), que seguían la lógica de los centros tradicionales de poder y no permitían el concepto que el Chapare fuera algo nuevo. Sobre la colonización espontánea se interpuso la dirigida por el Instituto Nacional de Colonización (I.N.C.). La historia de la primera podríamos definirla más gloriosa que la segunda, si bien perdida en el desafío de la inmensidad. El Padre Anselmo trabajaba con las dos, pero la honradez y la dimensión humana la encontraba siempre en los últimos, que llegaban con la fuerza de sus brazos. Buenos dirigentes permitieron un desenlace promisorio. El problema era que desde los sindicatos de la colonización "espontánea" y "dirigida" se descendía en la misma estructura a las sendas, por tanto divididas en sindicatos libres y sindicatos controlados. La diferencia de modalidades dé llegada estaba controlada y favorecida según la misma lógica. Y las instituciones oficialmente estatales se colocaron precisamente en la lógica más perversa, que era hacia la cocaína. La prueba es que  YPFB estaba en la sospecha comprobada de estar ligado a tal comercio.

La continuidad de esta línea justifica lo que son los enlaces entre cocaína y gobiernos militares, que ocultan sus intereses e inventan el eslogan del “tercermundismo” de los sacerdotes. La larga historia está documentada por el Padre Anselmo, lo que demuestra la introducción del Chaparé en, la combinación con las redes internacionales. El pacto militar-campesino creado por los militares formaba las confederaciones de las personas del agro; así se pasaba de la división de los sindicatos a dos federaciones en proyección nacional. El presidente Bánzer y sucesivamente García Meza iban en amplitud de continuidad. Lo que fue "amedrentar, oprimir, apresar, eliminar" había empezado. En tales momentos, el Padre Valerio Módena sufrió la cárcel y otros hermanos fueron por los corredores policiales para visitar a sus feligreses.

Evidentemente tan sólo por la protección estatal pudo desarrollarse la empresa cocaína. Su estructura empieza con la estabilidad familiar con asentamiento completo en el Chapare, lo que según indica el Padre Anselmo, tales señores habían podido consolidar la propiedad de sus lotes (favor de origen estatal).

Alrededor de éstos se mueven “los peones, los proveedores de precursores, los pisacoca, los sepes, los comerciantes provenientes de la ciudad, los vendedores de comidas, los químicos, los compradores de coca, los colombianos que llevan a Colombia el sulfato de cocaína o pasta base, para transformarlos en clorhidrato, listo para el consumo". La definición que el Padre Anselmo da al proceso general, es de "una hormiga grande". Asimismo, dramática es la descripción de los sepes: "Eran llamados sepes los cargadores de coca o sulfato de cocaína, quienes abrían una senda en el monte para llevar su mercadería hasta Santa Cruz o a otro lugar destinado a la producción de droga, sin ser detectados por los helicópteros. Muchas vidas se perdieron eh este trabajo, realizado por personas pobres, sin tierra, chiriguanos, tal vez personas incapaces de conseguir un lote. En este trabajo de sepe, falleció mi ahijado, Roberto Miranda, ya plagado de cavernas pulmonares, dejando mujer y tres hijos pequeños".

Colabora su escrito también con cifras del CEDIB (Rivera A., ¿Qué sabemos del Chapare?, Cochabamba, 1991) que dan cuerpo a la escritura personal: "...300.000 (eran) las personas vinculadas a la producción y tráfico de coca y cocaína, 175.000 constituían la población flotante, 70.000 eran productores de coca, 30.000 eran los elaboradores de pasta base, 25.000 eran los comercializadores de pasta y precursores, 500 miembros de las redes del tráfico de cocaína". Pero un gran trabajo ya se había realizado en sentido de organización civil del Chapare. Ya existían porciones de "sendas" agrupadas en las denominaciones de La Victoria, Ibuelo, Chimoré, El Carmen, Mariposas e Ivirigarsama (con apertura hacia Bulo Bulo), nacidas en la lejanía jurídica de los antiguos centros urbanos. Fue el Padre Anselmo quien con sus idas y vueltas a la capital del departamento Cocha-bamba y a La Paz logró la creación de la alcaldía del Chimoré el 5 de febrero de 1973.

El todo correspondía a una estrategia de implantar una realidad civil. De allí nació la programación del pueblo según los planes clásicos de la urbanística de Bolivia: templo, plaza central, escuela, casa canónica, salón para reuniones, agencia municipal, campo de fútbol y casas en disposición de cuadra. Desde el Chimoré y Puerto Villarroel se organizaron las posteriores alcaldías y el Chapare adquirió una nueva imagen administrativa, si bien permanecía la ligazón en términos de provincia con los antiguos centros. El problema, con los reajustes indicados, queda todavía incompleto en cuanto a estructura socio-política (aludimos a su creación en departamento, lo que anhelamos también para otras situaciones de Bolivia).

Para sintetizar visualmente el caminar de la realidad del Chapare, sugerimos la ayuda de los mapas, formados por el propio Padre Anselmo.

"Éxodo" hacia el Chapare

Israel era esclavo en Egipto y Dios lo liberó del poder de los Faraones. Lo hizo peregrinar 40 años en el desierto, indicándole el camino hacia la tierra prometida. Así podemos interpretar la totalidad de las páginas de este libro. Sin embargo, expresado de esa forma, el lector podría entender que el horizonte del Padre Anselmo es exclusivamente religioso. No es así. La teología del autor se mueve en un universo secularizado, lo que significa que no todo es referencia directa a Dios. Su lenguaje, si queremos explicitarlo en términos de sociología religiosa, revela ante todo las "mediaciones" que podrían llevar al universo de las creencias católicas. Entre aquéllas: origen familiar y cultural, psicología, las dificultades presentes, necesidades familiares, tradiciones culturales y proyecciones de futuro. La pobreza es un discurso, que centra la obligación de la caridad y no el espacio de la fe. Su mismo sacerdocio lo considera como hecho ministerial (de servicio) y no a partir de la organización comunitaria en cuanto tal.

Los puntos que sobrepasaban toda renitencia (si fuera posible en su vida) eran los matices de la religiosidad popular. Por eso se fijaba en los rostros de las personas honestas, aclarando al mismo tiempo sus actividades (y  lo mismo con los malos). Tal modalidad era generalizada entre los padres franciscanos. La construcción de capillas, la llegada de nuevos sacerdotes (los Padres Silvio Iori, Juan Smith -sacerdote de la Arquidiócesis de Dubuque de Estados Unidos-, Silvestre Sartori, Ceferino Guzzo, Pompeo Rigón, Amadeo Donini, Fernando Stancher, Silvano Zanella, Alberto Rizzoli), que se ubicaban en un más cerca y en un más allá para iniciar otras labores especializadas en el conjunto de la Prelatura y, hasta la muerte de algunos otros han sido relatados según la sicología boliviana, sin dramatismos por su conexión a la fe.

Los desafíos lo empujaban a la acción, pero siempre con la visión del "bien común". Podríamos hasta afirmar que tal búsqueda de globalidad marcaba una cierta distinción con los demás hermanos; y la redacción de las vicisitudes chapareñas lo muestran. Chimoré no fue parroquia aislada sino parte de un inicio que iba hacia un fin sin separaciones. La secuencia de los capítulos repite ese recorrido. El título de "sindicalismo de catacumbas" explica los demás sucesos que causaron su "indirecta expulsión".

Por tanto, lo principal para él era la formación de un "pueblo", que tuvo varios caminos de éxodo y llegaba al Chapare. Seguramente no era la tierra de promisión bíblica, pero algo podía rescatarse. El Chimoré iba hacia esa concepción, y todas las actividades se centralizaban allí desde las diferentes sendas. Evidentemente la labor de los catequistas no era fomentar "adeptos" sino construir una ambiente de "comunidad de comunidades" a fin de que se asentaran la justicia y la paz. Será precisamente esa actitud, ni teocrática ni impositiva, lo que ciertamente consideraron los militares de turno. La falta de tal plataforma puso a la Iglesia en situación que incomodaba en todo sentido. Y las fuerzas contrarias fueron las que se impusieron con resultados que ahora son de difícil control.

A falta de su archivo personal, que él había conservado y que se perdió, el Padre Anselmo en su "Introducción" traza los capítulos de una biografía más amplia y precisa, que se involucró en los quehaceres del Chapare y no puede documentar: "...los pasos para la declaración de la alcaldía (Chimoré); la burla de los límites trazados en las mesas de dibujo sin conocer el terreno; misiones en varias comunidades y primeras comuniones; viajes llevando enfermos a Cochabamba; entrega (sin aceptación por parte del alcalde de Villa Tunari) y estafa del camino asfaltado; protestas violentas de los universitarios contra la empresa caminera Johnson, protestas promovidas por la misma empresa para deshacer el contrato dejándolo a la Bartos; polémicas, altercados, denigraciones provocadas por agentes de salud interinos; la flora y la fauna; enfermedades personales; la visita forzada del presidente Bánzer al Chimoré, visitas de personas eminentes como Mons. Laiguella, Nuncio Apostólico en Bolivia), Mons. Bortolameotti, el Dr. Bruno Fronza, el Padre Efrem Trettel, médicos, abogados y muchos más".

Los nombres y las características de las personas e instituciones indicadas son de diferentes opciones sociales y religiosas. Entre ellas algunos aún brillan con luz siniestra. Que todos se concentraran alrededor del Chimoré o Chapare en general, indica el peso que aquel territorio significaba en el futuro de Bolivia. La reflexión va a los nombres, reportados en 'el "Apéndice". En aquellos inicios existía un equilibrio de fuerzas que se desbandaron por las interferencias externas de Cochabamba, La Paz y países extranjeros. Los pasos de la "hormiga grande eran líneas de corrupción".

Al final de la lectura cada uno interpretará ciertos acontecimientos de forma diferente respecto a otros. No es eso lo que nos interesa subrayar. Cualquier "testimonio" es objeto de diversas lecturas. Un punto, sin embargo, queda fundamental: el documento del Padre Anselmo Andreotti, nos ha hablado del Chapare, redactando los inicios y el auge de una colonización que, más allá de "espontánea" o "dirigida", podernos definirla en los dos casos forzada por las circunstancias que vivió el país. Por eso el problema de adentro habría tenido resultados diferentes si no hubieran intervenido las confusiones de afuera. Y han sido precisamente éstas las que alejaron a la "nueva sociedad". ¿Vive el Chapare experiencias de "exilio" en sus propias tierras? No volverá a sus tierras bajo amenazas de armas sino por añoranza de paisajes de libertad.

 

Lorenzo Calzavarini
Director del Centro Eclesial de Documentación

 

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