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Convento Franciscano de Tarija
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BOSQUEJO ARQUITECTÓNICO DE SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES,
(AHORA CONVENTO SAN FRANCISCO)
PARA LA CREACIÓN DEL CENTRO CULTURAL FRANCISCANO-TARIJA

Su inicio: 18 de mayo de 1606.

Claustro Central del Convento San FranciscoPor pedido de la ciudad de Tarija, que se comprometía a la construcción del convento y sustento de los franciscanos, y la aprobación de la Audiencia de La Plata, la semana después de Pentecostés, el 18 de Mayo de 1606, se pusieron los cimientos de una pequeña realidad conventual dentro el espacio de dos cuadras. Sin embargo, su continuación fue interrumpida por problemas de terrenos. La Intervención de la Audiencia permitió seguir con los trabajos, el año siguiente. Se construyeron las oficinas, que daban a la actual calle La Madrid (donde está el salón parroquial se decidió un ambiente, definido “capilla interinaria”) y las celdas de los hermanos, cercanas al límite establecido por la futura construcción del templo. Ésta se empezó en el año de 1625 y terminó en 1647. Su forma arquitectónica correspondía al presbiterio actual, a cruz latina, que se prolongaba hasta la mitad de la nave central. El convento debía subsistir como “recolecta” (convento de estricta observancia), y tal proyecto no fue posible por la falta de religiosos.

La pobre demora y la austeridad de vida le trajeron inmediatamente mucha simpatía de los poblados, establecidos en los alrededores de Tarija. El concepto de pobreza franciscana, que prohibía “ser poseedores de cosas”, ligaron el convento a la situación agrícola del entorno. Se dieron, además, situaciones, donde la religiosidad popular indicaba estar presente el digitus Dei (el dedo de Dios). El primer Guardián era fraile de renombre por sus intervenciones milagrosas a favor de los enfermos y de las situaciones meteorológicas. En 1616, en Torres (Salinas) se descubría una Cruz, custodiada por un Apóstol, que también resultó generosa hacia las peticiones de una sociedad, sumisa a las incertidumbres de haber asumido nuevos rumbos de convivencia humana en el contexto de la acción colonial.

El nacimiento del complejo conventual de Colegio de Propaganda Fide (1755-1919)      

Los Colegios de Propaganda Fide nacieron como “reforma” misional de los franciscanos. Su objetivo era salirse de los territorios del régimen colonial establecido para lanzarse hacia los pueblos definidos “infieles”. Santa María de los Ángeles de Tarija fue creada Colegio de Propaganda Fide en el año de 1755. Su compromiso de trabajo fue hacia los pueblos originarios, que ocupaban la frontera de Chuquisaca y la actual provincia de la Cordillera. Para aglutinar un número crecido de hermanos, unir las diferentes ocupaciones de los frailes y mantener una comunicación continua con los puestos de la misiones, se necesitaban amplios espacios conventuales, oficinas y medios de transporte. Así es que desde 1756 se empezó la obra de construcción, que perdurará hasta los años de 1793.

En 1769 se concluyó la ampliación del templo con los dos claustros, (reducidos ahora al único claustro, limitado por la parroquia, el Museo Fray Francisco Miguel Marí y la línea ocupada por la imprenta y enfermería). El comedor y los cuartos contiguos al templo formaban el claustro abierto hacia la huerta (el Palacio de Justicia). El adelanto de los trabajos estuvo siempre bajo el cuidado del P. Antonio Oliver y Don Hurtado de Saracho. Ambos están indicados con el nombre de “fabriquero”. Además se afirma que el segundo fue comprometido con la construcción de la Matriz. Por la similitud con otras construcciones de actividad pública, (se deduce del análisis de fotos antiguas) parece que se tratara de un proyecto arquitectónico, ya consolidado en Tarija: materiales de adobes, sobrios y espaciosos ambientes y sin rasgos de ostentación.

Capilla de San Juan de la LomaDesde 1780 llegó de Barcelona, el hermano Fray Miguel Marí, quien con toda sabiduría arregló pequeñas condradicciones y completó el cuadro definitivo. Se sabe que a él se le encargó la construcción de los dos pisos del actual museo (que lleva su nombre), la biblioteca y que embelleció la iglesia con los seis “altares a la romana”. Por la prohibición del Rey Carlos III de usar oro en la decoración de los altares, supo enaltecerlos con equilibrio de materiales diferentes y sobre todo con el tallado de la madera, proponiendo un estilo renacentista. Se debe recordar que él fue el arquitecto del claustro y templo de San Felipe Neri en Sucre y de la cúpula de San Francisco de Salta. Hasta 1793 se terminó el conjunto con la construcción (en el espacio anexo al ex Colegio Antoniano) del noviciado y casa de estudios filosóficos y teológicos para los jóvenes que querían ser frailes franciscanos. Asimismo, desde el año de 1773, el gobernador de Potosí concedió la media cuadra entre la Colón y la Suipacha para las oficinas conventuales.

El Colegio de Propaganda Fide no sufrió la “secularización”, dictada por el Mariscal Sucre. De los conventos de Tarija, quedaron presentes: el de Santa María de los Ángeles (San Francisco), y la catedral, que fue templo de los Padres jesuitas y luego trasformado (1767) en Iglesia Matriz, por el deterioro de la original, que ocupaba el espacio de la actual Prefectura. Desaparecieron los conventos de los Padre Dominicos (acera de la Alcaldía), de los Agustinos (la cuadra del Mercado Central) y los Juandedianos (¿Espacio del antiguo Hospital San Juan de Dios?).
El templo de San Francisco se amplió entre los años de 1866 a 1876. El arquitecto fue el Señor Magdaleno. Se construyeron las dos naves laterales, trasformando los antiguos muros coloniales en columnas. Se hizo el coro atrás del Altar Mayor, lo que humilló y redujo a las actuales el retablo respectivo.

Proyecto de destrucción (1911- 1932).

Capilla de San Juan de la Loma. Foto C. MethfesselLa Honorable Alcaldía de Tarija en 1911, impuso al Convento la abertura de las calles Ingavi y Colón. La justificación fue que los padres, aprovechando el énfasis religioso del pueblo, ocuparon indebidamente los mencionados espacios. Los franciscanos iniciaron así un engorroso pleito que duró hasta 1932. No hubieron mediaciones. La Alcaldía, por su parte, no se comprometía a indemnizar terrenos y destrozos. La abertura provocaba: el claustro abierto quedaba indefenso, la casa de noviciado y de estudios sin continuidad arquitectónica, las oficinas separadas del conjunto conventual, el cementerio, anexado al presbiterio del templo, totalmente destruido.

Finalmente, el Alcalde Attié sin hablar de indemnización, ofreció comprar la huerta para la construcción del Palacio de Justicia, dando 40.000 bolivianos, que fueron empleados en el cierre del espacio abierto, con la construcción, que da a la calle Ingavi. Sin embargo, quedaban abiertas las heridas internas: ubicación de una portería central en La Madrid, destruida por la apertura de la calle Colón, el sacrificio del Colegio Antoniano (por la prosecución de la misma Colón), el peligro de indebidas intervenciones de autoridad a la oficinas, ahora separada del contexto conventual; y finalmente la necesidad de establecer una nueva centralidad de comunicación en el conjunto de las varias actividades del convento San Francisco. Se debe subrayar, también, los años de la guerra del Chaco, cuando los claustros y respectivas celdas fueron ocupados por las tropas con la secuela inevitable de deterioro.

Más emergencias en la postguerra del Chaco.

Los franciscanos de Tarija, organizados en una única entidad de gobierno con Potosí y Chaco, se encontraron inmersos en serios contratiempos.

1) La guerra del Chaco dejó destrucción. Así, a los daños de la “secularización de las misiones”, impuesta por el Gobierno Central en 1905 (que quitaba todo poder a las comunidades indígenas, organizadas alrededor de la figura del sacerdote), se consolidaron las incongruencias territoriales con las divisiones departamentales establecidas, que empobrecieron la poca salud, la poca educación y los pocos servicios básicos. Equivalía a crear la impotencia más absoluta. Los compromisos de los franciscanos centralizaron sus preocupaciones sobre todo a ese territorio. Por buena decisión, tomada en 1919, la Iglesia creaba el Vicariato del Gran Chaco (Cuevo - Camiri), que, a nivel religioso, impulsaba la unidad chaqueña. Aún, problemas más hondos impulsaban al olvido. Los gobiernos militares empujaron hacia “el socialismo de estado”, que debía subsanar antiguas contradicciones de Bolivia. Después llegaron los procesos de modernización con la explotación de los recursos naturales y, luego, del olvido vino la postergación. Los franciscanos chaqueños, se dedicaron a las reconstrucciones de los ambientes parroquiales y a las obras de atención social.          

2) La situación de Tarija ciudad, con la responsabilidad del Colegio Antoniano, hizo que todo se canalizara hacia su sustento académico. Así es que las obras conventuales tuvieron que concretarse en la consolidación de su funcionamiento, si bien en régimen mixto. Por tanto, poco se pudo remediar en lo relacionado a las incongruencias arquitectónicas. En 1954, cayó una de las torres debido a las aguas subterráneas; y más se desplomó, a los pocos años y por el mismo problema, la secuencia de los cuartos, apoyados a los muros de la Iglesia. La solución fue a razón de las economías: la torre actual sustituyó a las dos anteriores y los cuartos caídos quedaron sin renacer. Por la apertura de la calle Colón, la parte arquitectónica más importante quedó vacía de la presencia de los hermanos y presencia de las obras: imprenta e librería que, como sabemos, generan lucro cuando por lucro se gobiernan. Lo importante para ellas era salvaguardar la manutención del Colegio Antoniano y distribuir buena literatura. Un gran esfuerzo también fue la construcción del Colegio de la Tercera Orden, (con objetivos escolares en zonas periféricas), que se terminó por intervención del Presidente, Don Víctor Paz Estenssoro, en el año de 1953. 

3) Las escuelas de Cristo, creadas en1907 por el Padre José Zampa y extendidas en todo el Departamento de Potosí, enumerando unos 120 conjuntos escolares, seguían un régimen de voluntarios por lo cual los franciscanos pudieron extender una solidaridad social en todo el conjunto del Altiplano. La revolución del 52, allí, no fue sangrienta por la mediación de las escuelas en las situaciones comunitarias. A partir de 1957, usufructuaron del régimen mixto y las soluciones llegaron a través de la mutua ayuda entre franciscanos y campesinos.   

Actividades urgentes en espacio restringido.

Fiesta de San Roque. 1915.El crecimiento urbano de la ciudad de Tarija, a partir de los años de 1970, ha sido vertiginoso. Y una institución, históricamente ligada al conjunto chapaco, debía dar respuestas a exigencias básicas. Así es que después de los desastres naturales (remediar a la caída de las torres, 1954) llegaron otras preguntas desde el punto de vista eclesial. Suplir la falta de seminarios (el antiguo fue destruido por la abertura de la Calle Colón) era necesidad imperiosa. Así desde 1967 se construyó el seminario franciscano; 1968, se abrió el Comedor de los pobres y, 1975, se creó la Parroquia de San Francisco. El primero impuso el derrumbe de la antigua ala conventual central, que dividía los dos claustros (del templo y de la enfermería antigua) con el claustro abierto, el segundo la refacción del claustro de los servicios (también roto por la falta de continuidad con la antigua y ausente casa de noviciado y de estudios, recuperada en parte por el Colegio Antoniano) con la ampliación de la acera, que determinó la ruptura de la línea perimetral continua, por imposición de la Honorable Alcaldía municipal y finalmente la construcción de los ambientes parroquiales en 1988 en la Calle La Madrid.
La conclusión de tan largo proceso fue la pérdida de la arquitectura interna del convento San Francisco, el afeamiento de sus fachadas y, más sonado todavía, el establecimiento de la plazuela frente al templo, que ha destruido la continuidad entre las partes arquitectónicas.

Recuperación de lo antiguo.

1) En los escritos. El P. Bernardino Del Pace, desde 1978, trabajó en la edición de la crónica del P. Mingo de la Concepción. El P. Gerardo Maldini, sucesivamente, se dio a la sola labor de hacer revivir la historia eclesial y franciscana a través de la publicación de la documentación presente en el archivo, y la reestructuración de los ambientes con características originales. Así se sucedieron los libros del P. Antonio Comajuncosa (El manifiesto, 1811), la nueva edición del P. Corrado (El Colegio Franciscano de Tarija y sus Misiones, 1884) y la abertura del Museo Francisco Miguel Marí en lo que fueron antes espacios de las Procura para Misiones (primer piso) y enfermería conventual (segundo piso). Más de consulta inmediata y de fácil comprensión de la historia franciscana y conventual han sido sus dos libros Franciscanos en Tarija y más allá, 1988, y Caminar con San Francisco de Asís, 1999.
De hecho, los libros del Gerardo Maldini eran formados por artículos publicados en el suplemento cultural “Presencia Literaria”, dirigido por el P. Juan Quirós, lo que ocasionó un retorno de imagen hacia Tarija, consolidada en las páginas de sus fatigas. El más prestigioso resultado fue la transformación cultural del conjunto conventual en “sagrario espiritual y cultural” de Tarija. Esta ciudad, a través de la documentación franciscana, rompe vacíos históricos. En términos generales, Tarija fue propulsora de amplios procesos, internos a Charcas, y, asimismo, abierta a la comunicación latinoamericana. El P. Gerardo Maldini, caminó también tras aquellas huellas, potosinas y chaqueñas, y relataba siempre el encuentro entre “memoria” y “documentación”. Lo más diversificado adquiere continuidad, si bien no exhaustivamente, en el archivo franciscano de Tarija.

2) El museo. Es la historia de la espiritualidad, no tanto intelectual sino de devoción popular dentro el templo y los claustros conventuales. Son cuadros de autores anónimos, pero siempre de óptima realización. Las escuelas artísticas corresponden a las del Lago sagrado, Potosí, limeñas y más. La secuencia de colores en las paredes, que atestiguan sufrimiento y espera de partida de este mundo, se torna para nosotros nueva respecto a los que pasaron por allí. Lo importante será entender que la visión estética une el antes y el después, mostrando un presente perenne. La contradicción con el momento histórico virreinal, aparece en la cruz, que es minuto de muerte y de traspaso. Lo importante, sin embargo, es la conexión con el entorno, que va desde Tarija hasta Santa Cruz, el Chaco y con los nuestros más cercanos. Posiblemente percibimos a lo nuestro porque existe el de los otros. Leer pinturas es siempre ir de lo poco a lo grande.

3) Las bibliotecas y archivo. Los Padres llegaron a Tarija con libros, a fin de que fueran instrumentos de conocimiento y de discusión. El libro, sin embargo, es autónomo respecto a sus lectores; y, por tanto, mantiene intactas sus verdades. Los latinos decían : timeo lectorem unius libri, (tengo miedo del lector de un solo libro), precisamente por las tantas verdades que están encerradas en dimensión de tiempo y de espacio. Así es que un libro llama necesariamente otros, hasta la creación de una biblioteca, que invocará siempre más. Debemos definir al conjunto librero de San Francisco como Biblioteca conventual, cuando sus lectores eran actores de un similar destino de vida y de trabajo. Los dos aspectos imponían el principio de selección, que obedecía a las necesidades de un necesario saber de todos, y de los individuos que se sucedían. Por lo tanto, la continuidad de entradas de libros es otra especificidad de la biblioteca de San Francisco. Los primeros frailes llegaron con libros, y cada época ha aportado pedazos del todo. La correspondencia con el archivo queda clara por las exigencias de estudio y de actividad de los franciscanos. Así es que resulta plausible definir a las bibliotecas, presentes en San Francisco, de Biblioteca Antigua y Moderna, lo que quiere decir: una división por decenios de años, que nos dice los intereses de los lectores antiguos y modernos y la necesaria ampliación de ambientes; necesaria, por la creciente presencia de libros. Posteriormente otra biblioteca de 15000 ejemplares ha sido incorporada al convento en 1994, siempre a razón de idas y vueltas de franciscanos con contenidos bibliográficos específicos de las ciencias humanas.

El proyecto de integración a la ciudad: Centro Cultural Franciscano de Tarija.  

La Catedral de Tarija, antes de la restauraciónLa diferencia entre Biblioteca Conventual y Centro Cultural reside, precisamente, en la previsión de los lectores: sólo para los frailes o para los estudiosos. Además, según la tradición del convento de San Francisco de Tarija, la biblioteca nunca está sola. La dimensión intelectual abarca siempre los campos de lo bello, que es la dimensión estética de la vida; y de allí, la nobleza de los intereses personales y de sociedad. El retorno a la historia de nuestra identidad (de la ciencia, de los acontecimientos que se sucedieron, de derechos de convivencia, de organización territorial, de reparticiones de poblados) exige el cultivo de una “memoria”, que puede ser anulada por los amplios procesos de globalización en curso. Tal fuerza de defensa no nos obliga al encierro, sino a entender la historia que llevamos dentro y que nos abre a los demás (reconocimiento de la mundialización de las situaciones de cada pueblo). Los psicólogos lo llamarían “inconsciente colectivo”; los antropólogos, “herencia cultural”; y otros más, “acervo de nuestro pasado”.
El esforzarnos para estos propósitos necesita contemplar toda huella y sospecha de encuentro; y nada mejor, en tal objetivo, que la lectura, las visiones de universos de arte, y la reflexión. Todo el conjunto de tales elementos podríamos definirlo “Centro Cultural Franciscano de la ciudad de Tarija”. Este, juntamente con el Templo de San Francisco. La Catedral, Capilla de San Juan y San Roque, es el primer paso para entender las otras realidades culturales del departamento.

El Centro Cultural Franciscano de Tarija necesita, ahora, de una adecuación y consolidación arquitectónica, que armonice los nuevos ambientes con los antiguos. Ello, debe coordinar espacios de consulta, estudio y facilitar un circuito fluido para visitantes de la cuidad y otras regiones (turismo cultural). Su estructura arquitectónica contemplaría la organización de los siguientes ambientes:

1 Exposición de arqueología boliviana (250 piezas)
  Piezas: en exposición  
  En exposición 202
  A restaurarse 249
     
2 Pinacoteca colonial “Museo Fray Francisco Miguel Marí”  
  Pinturas 95
  Estatuaria 110
  Muebles antiguos 54
     
3 Pinacoteca de arte religioso moderno Nº de obras artísticas 61
     
4 Archivo  
  Con documentos desde 1606 hasta nuestros días  
     
5 Ambientes para exposición de documentos
(a renovarse constantemente)
 
     
6 Bibliotecas: (Total libros 35.000)
  Antigua  
  Moderna  
  Centro Eclesial de Documentación  
     
7 Sala de estudio  
     
8 Salón para talleres y seminarios  
     
9 Archivero general central  
     
10 Dirección  

 

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