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Convento Franciscano de Tarija
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EL "SABER" DE LOS FRANCISCANOS
EN LAS MISIONES DEL SUDESTE DE BOLIVIA
(BIBLIOTECAS Y ARCHIVO DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO DE TARIJA)

Presentamos un tema que surge desde los espacios recónditos de las Bibliotecas y “cajuelas” del Archivo del convento de San Francisco de Tarija. Preferimos mantener una separación entre ambas realidades por ser distintas si bien complementarias. Distintas por ser el archivo “documentación de una acción (historia demonstrata)” y complementarias por ser las bibliotecas un conjunto de saberes, que favorecieron  una dimensión religiosa, cultural e intelectual. Evidentemente dos variables son importantes: la del tiempo y la del espacio: los libros tienen su fecha de edición y su ubicación en la ciudad de Tarija. El interés que nos debe guiar  es la correlación entra la una y la otra para considerar el actor institucional “franciscano”, que lo hizo posible.

La tipificación del espacio, no remite a Tarija y al sudeste de Bolivia, donde los misioneros actuaron. El periodo histórico era de profundos cambios, nacido del “encuentro/desencuentro” de la civilización occidental con las realidades autóctonas del continente latinoamericano. Por tanto, si consideramos las bibliotecas como lugar de animación para la inserción franciscana, podemos concluir que ella fue noble y pensativa. Allí se conecta la contraparte del archivo, donde se visualizan los resultados del actuar de los diferentes actores, que conllevan a imágenes de contenidos  latinoamericano. Normalmente para definir esa característica se recurre a la construcción de dos polos de mensajes (vencidos y vencedores), dejando de lado los “sujetos” elaboradores de la nueva concepción psicológica, espiritual, cultural, social. Pensamos que los esquemas interpretativos de esa realidad no deben ser de comienzo (por abrupta hay sido la irrupción occidental) sino de considerarla como un “otro”: caminar de diferentes actores en un territorio de mutua convivencia. Latinoamérica es lo “antiguo” y lo “nuevo”. Evidentemente, la comprensión más dramática nos viene de la reflexión de la ciencias humanas, que insiste en análisis sincrónicos, construyendo un “laboratorio”, temporal pero che podría resultar a-histórico, como un presente sin “antes” y “después”.        

La correlación de las variables del tiempo y del espacio otorga una peculiar característica a Tarija. Villa y después ciudad, relativamente pequeña, con su centralidad en la biblioteca conventual seguramente tuvo oportunidades de más reflexión (respecto a otras situaciones) para un porvenir de convivencia entre las diferencias.   

1. El inicio franciscano en Tarija  
    
La realidad inicial de los franciscanos en Tarija, en 1606, recibió la denominación  de “Convento de Santa María de los Ángeles”. Por tanto, una situación de “ermita”  como lo fue la morada de San Francisco en Asís; sin embargo, ésta correspondía a aquella, más por connotaciones de pobreza que por la soledad silvestre, que cobijó al Santo y a sus primeros compañeros. El pueblo de la Villa de San Bernardo de la Frontera llamó a los frailes obligándose a la construcción del Convento y al mantenimiento de los mismos. Seguramente en tal voluntad actuaron los rasgos tradicionales de la presencia franciscana. De éstos, damos valor revolucionario, sobre todo, a la dimensión de su estilo de vida y a su ubicación en la sociedad. La Edad Media funcionó por dos instituciones, que le eran esenciales: la catedral: organización de las corporaciones del trabajo, y el monasterio: institución dedicada a la conservación de la cultura; por tanto “poder de la ciencia práctica” y  “aristocracia del saber”. El convento franciscano, al contrario, actuaba desde la situación popular, canalizando las instancias de un saber más cercano a la vida del cada día. Su logro principal fue armonizar una nueva dimensión de literatura, arquitectura, artes pictóricas y dar prioridad a una actitud de interioridad en los acontecimientos de la existencia humana. La extensa y profunda presencia de la Orden en América Latina seguramente se debió a las mismas razones, si bien fuera del contexto europeo. Y lo más preciso fue asumir el espacio no occidental, que marcaba la vida de los indios. Todo iniciaba en México con Pedro de Gent, Motolinía y Bernardino de Sahagún. Son autores de estudios antropológicos pero su intencionalidad primigenia era reconocer derechos, inscritos en la legitimidad del vivir de cualquier persona. 

El convento de Santa María de los Ángeles de Tarija nació como simple “testimonio” de “consolación religiosa” para hombres, acorralados por mil dificultades. Lejos de los centros coloniales, también el “soldado se hizo agricultor” (dicho del escritor Carlos Ávila Claure) y las dificultades estaban enfrentadas bajo el sello de múltiples mediaciones. Para el primer guardián, el P. Diego de Mendoza, cronista de la Provincia de San Antonio de los Charcas en 1665, subrayaba un hecho de conversión desde una vida señorial hacia una vida pobre y austera, desglosando, después, acontecimientos milagrosos de salud agrícola, moral y espiritual en la regionalización de  Tarija.

El convento era ocupado por 6 ó 7 frailes, que vivían prácticamente en chozas. El P. Escobar en 1743 escribía:

  1. Doscientos y siete son los que por todo hay, los cuales están repartidos en las celdas de los padres, más un libro de la regla que se lee en el Refectorio.

  2. Costome trabajo este inventario, el que no tuvo ni tenía en más del año 80.

  3. En sesenta años ha, que no viene Provincial a este dichoso convento.

  4. En ochenta años ha, que no se ha podido refaccionar la cerca, desgracia de este pobre convento.

  5. Refectorio lo hallé inservible, comiendo los Padres en sus celdas; ahora no, gracias a Dios; platos ni uno me entregó mi antecesor, ni nada.

Subrayamos, sin embargo, que a pesar de la desolación material, existía un cierto aparato cultural. Siempre con la ayuda de los tarijeños, el templo si bien reducido en su arquitectura, incluía, según inventario de 1684, un órgano nuevo y los “doscientos y siete libros” no eran pequeña cosa en tales circunstancias. Existían asimismo pinturas de buena escuela.
Posiblemente el referente “libros” obedecía a la reglamentación de las bibliotecas, dictada por el P. Comisario Basilio Pons en 1690, que insistía:

  1. Obligación de fomentar las bibliotecas;

  2. Establecer una suma de dinero, depositado en las procudurías de Europa con el fin de adquirir libros;

  3. Especificación del oficio del bibliotecario y del uso del libro;

  4. Control de la biblioteca de parte de la autoridad de la Orden.

Ateniéndonos a la relación entre libro, cultura y acción, no es extraño señalar que, en su situación de “ermita”, el Convento de Tarija, sea por los pocos frailes residentes sea por su declarada pobreza, no se lanzara en zonas misioneras. Las que se realizaron en la región (las de 1609 de Tambavera y en 1630 del P. Bolívar) eran llevadas por los franciscanos de Potosí, Chuquisaca y Cochabamba.

2. Compleja acción del Colegio de Propaganda Fide        

Respecto a una simple situación conventual, el Colegio de Propaganda Fide representaba una innovación en la institucionalidad de la orden franciscana y de su acción misionera. Se trataba esencialmente de ampliar el concepto de “testimonio” y asumir responsabilidades bien específicas, que eran: un territorio (fuera del régimen colonial establecido), un conjunto poblacional, una acción de gobierno (si bien indirecta en las reducciones) y una presencia eclesial. Por tanto, resultaban esenciales las características civil y misionera. Así el Rey y el Papa otorgaron un conjunto de “privilegios”, que permitían una acción autónoma del Colegio. La orden franciscana, por su parte, le otorgó una organización específica, separando a los Colegios de la autoridad de la Provincia y poniéndolos bajo la autoridad del Ministro General. Los Comisarios de Indias en Madrid y Lima lo representaban dando legitimidad e indicaciones de buen camino. Internamente el Colegio vivía de un régimen mixto. El Guardián era responsable de la vida comunitaria en Tarija y de las vivencias franciscanas para todos los religiosos. El gobierno de las reducciones era asumido por el Comisario Prefecto de Misiones, y, por tanto, encargado de los aspectos civiles y eclesiales del régimen “entre infieles”. El P. Antonio Comajuncosa, en 1804, terminó su manuscrito (una secuencia con bella letra de 1400 páginas) del “Prefecto instruido...” que es una recopilación de  normativas, inherentes a tal oficio y que podemos interpretar como un texto de derecho eclesial, franciscano e indiano.

Por ser Colegio de Propaganda Fide, el Convento de San Francisco asumía una posición especial en el conjunto civil:

  1. Él era el centro de proyectos políticos, económicos, culturales y jurídicos;

  2. Fomentaba la circulación de bienes entre zonas chaqueñas y tarijeñas;

  3. Asumió rasgos de interculturalidad entre lo urbano y los pueblos originarios: recursos lingüísticos, ejercicio de la medicina y prácticas agrícolas;

  4. Estableció un régimen de “encuentros” entre diferentes condiciones de vida. Seguramente, por la presencia de la enfermería, en las sepulturas del templo se señalaron indistintamente nombres guaraníes, españoles y mestizos.

Para las zonas chaqueñas, vale recordar que el sistema reduccional franciscano no exigía un hecho de “conversión”; así es que neófitos e infieles vivían bajo el mismo régimen socio-económico. Para la fundación de la reducción se pedía: aceptación de la escuela, la economía colectiva y la autoridad del franciscano, que integraba la de los caciques. El desafío para el Conversor estaba en sí mismo, cargado de incógnitas, por lo cual la Orden impuso un principio de selección de los candidatos según preparación humana y científica. A su vez, el Colegio ofrecía una formación permanente del universo mental religioso; y específica, en cuanto a lo cultural guaraní. Se imponía dos horas de escuela entre mañana y tarde:

  1. Escuela de casos (derecho, moral, teología):

  2. Escuela de lengua guaraní;

  3. Escuela de asuntos prácticos.

Por las acciones práctica, en el texto del P. Antonio Comajuncosa, que hemos definido de derecho civil (indiano), eclesial y franciscano, se describe como se debía realizar la operación cesárea, indicando que en la sacristía debían estar listos los instrumentos para tal propósito. Además, en el convento se disponía de talleres de carpintería, herrería, huerta y enfermería.  

3. Totius conventi maxima oficina  (La más importante oficina de todo el convento)

El P. Mingo de la Concepción fue el primer bibliotecario y archivero. Él estaba entre los fundadores del Colegio de Propaganda Fide en 1755. Por tanto, es quién organizó los papeles que se acumularon desde 1755 a 1807. Con éstos, escribió la primera crónica, que los censores del Colegio no aprobaron “por descuidos lingüísticos y por las fábulas”. Por “fábulas”, se entendían los aspectos antropológicos de la Nación guaraní y las reacciones a los primeros contactos misionales, que no llevaron a ningún éxito. Se le prefirió la redacción de las vicisitudes franciscanas, relatadas según el espíritu del P. Antonio Comajuncosa en contra de la ideología secularizante de la reforma borbónica. El título del texto era: “Manifiesto...”. Se trataba de una versión sobre todo histórica y económica, si bien fundamentada en la del P Manuel Mingo de la Concepción (Mingo M., Historia de las misiones franciscanas de Tarija entre Chiriguanos, Ed. Bernardino del Pace, Tarija, 1996; Comajuncosa A., Manifiesto histórico, geográfico, topográfico, Apostólico y político..., Ed. Gerardo Maldini, Tarija 1993).

La necesidad primera fue, sin embargo, la construcción del Colegio, que duró desde 1756 a 1793 con capacidad de cobijar 25 religiosos estables y los hermanos de las reducciones (que volvían para los capítulos o por enfermedad); más o menos 50 frailes, en una extensión de casi cuatro cuadras, que incluían la ampliación del templo, 3 claustros, una huerta, talleres, enfermería y una escuela. Los nuevos ambientes de la biblioteca,  procura y enfermería se terminaron en el año de 1783.

El P. Mingo conservaba al archivo en “cajuelas” así subdivididas: I cajuela: quehaceres conventuales; II cajuela: manera de solicitar y traer religiosos de España: III Cajuela: papeles de las reducciones y IV cajuela: libros manuscritos en cuarto: De los muertos, de recepciones de los candidatos a la Orden, las profesiones y la Crónica del P. Mingo al 1795 (la copia del A.F.T es borrador, remetida a los Padres censores en el año de 1791). Otra petaca, sin numeración, es la de las Pías Memorias y relaciones económicas dejada al cuidado del P. Procurador.

Un primer Catálogo del Archivo fue elaborado por el P. Pedro Corvera en 1916, el mismo que fue editado, con anotaciones de documentos posteriores a la fecha, por el P. Gerardo Maldini (Corvera P., Archivo del Colegio Franciscano de Tarija, Ed. Fundación histórica Tavera, Madrid, 1998).

Secciones del Archivo del Convento Franciscano de Tarija, según edición Tavera

Sección primera:
Sección segunda:              
Sección tercera: 
Sección cuarta:
Sección quinta:
Sección sexta:
Sección séptima:
Sección octava: 
Sección novena:
Sección décima:
Sección undécima:
Sección duodécima:
Sección decimotercera:
Sección decimocuarta:
Sección decimoquinta
Escrituras
Administración económica
Régimen interno del Colegio
Misiones entre infieles
Misiones entre fieles
Manuscritos e impresos misioneros
Datos particulares
Libros de inventarios
Libros de Misas
Libros de cuentas del convento
Libros de Memorias Pías y Capellanías
Historia
Censos
Libros de Cofradías y Asociaciones Pías
Adiciones del P. Gerardo Maldini

41
42
126
356
96
52
16
148
31
31
13
30
29
29
18

Total 1091

En febrero de 2005, el universitario Diego Oliva Oller, comprometido en el proyecto de digitalización del A.F.T., ha revisado todos los documentos cotejándolos en sucesión de páginas. El recuento da un total de 118.172 folios. Más abundante resulta el apartado de “cuentas…”. En esto, se debe considerar que cada reducción (o parroquia) chaqueña debía llevar la contabilidad de sus quehaceres. Definimos “papeles particulares” los escritos que enfrentaron situaciones específicas; y los “sermones” son verdaderos vademécumes en libro.

Cantidad de papeles en el Archivo Franciscano de Tarija, 2005

- Papeles de casos particulares 28.578
- Cuentas, Libros de Misas, Pías Memorias 54.484
- Historia, Inventarios, Cofradías 10.921
- Sermones y Tratados de diversas disciplinas 24.189
  Total 118.172

3.1. La biblioteca, 1879

De la biblioteca, disponemos de varios inventarios. El del P. Alejandro Corrado de 1879 marca el punto culminante de la Biblioteca de Tarija en sus aspectos que podemos definir tradicional-conventual. Él nos informa no sólo una secuencia de libros, sino la distribución temática de los mismos. Anota 4.788 libros, 2.277 duplicados y 254 al servicio de la comunidad. Se puede aclarar que los duplicados estaban en la circularidad de los padres misioneros. El total es de 7.319. Los presentes en la biblioteca de Tarija daban las siguientes cantidades:

Distribución temática de los libros, al 1879
- Sagrada Biblia y Exposiciones sagradas 255
- Padres y escritores eclesiásticos 286
- Autores santos, teólogos dogmáticos y apologéticos 681
- Teología moral 288
- Teología mística, ciencia ascética y vidas de santos 579
- Derecho canónico, litúrgico y regularista         361
- Derecho civil, derecho natural y público 143
- Historia, geografía y cosmología 562
- Matemáticas, medicina, historia natural y mecánica 91
- Filosofía, lenguas y literatura 564
- Sermonarios en desuso de los siglos XVII y XIX en España 70
- Retórica, sermonarios, catecismos y pastorales 783
-  Miscelánea 125
    Total 4.788


3.2. Bibliotecas, 1984 y 1987
        
En 1984, el P. Tito Collalunga vino desde Salta para elaborar un nuevo catálogo de la biblioteca antigua. La definimos así porque con los años, los ambientes de la misma se mostraron insuficientes y los libros se distribuyeron en varias salas. En 1980, el P. Gerardo Maldini los reunión en la Biblioteca nueva, organizada en el salón del ex seminario. Así, los datos del P. Tito Collalunga se refieren tan sólo a la biblioteca, que definimos antigua; a éstos, en 1987, se agregó la catalogación de la Biblioteca nueva del P. Benito Zini. Éste último anotó la totalidad según la distribución siguiente:

Total de libros, presentes en el Convento, 1987

- Biblioteca antigua 10.445

- Biblioteca nueva

5.455

- En Archivo

400

- En comunidad

255

- En depósito

1.150

  Total

17.665

3.3. Biblioteca del Centro Eclesial de Documentación 

La biblioteca del CED ha sido formada desde los años de 1973 por el P. Lorenzo Calzavarini. Por su actividad de catedrático en la universidad de Cochabamba (Universidad Mayor de San Simón) e intereses antropológicos sobre situaciones bolivianas reunió una amplia base de documentación. A ésta se le unieron las donaciones de la biblioteca del Dr. Rafael Ugarte (sobre todo folletería y libros de Derecho, desde1850 a 1930), del Dr. Eduardo Salinas (Diccionario enciclopédico Hispano-Latinoamericano, tomos 28, Barcelona, 1918). Otra donación, de parte de Misión Central (Padres franciscanos de Alemania) fue la Enciclopedia Universal Ilustrada, Editores Espasa Calpe, Madrid, 1979, las Obras completas de Humberto Vázquez Machicado y José Vásquez Machicado y Catálogos completos de Gabriel René Moreno, de parte de la Fundación Humberto Vázquez Machicado.

Distribución de libros según ambientes, 1999

-  Biblioteca antigua 10.445

-  Biblioteca nueva

5.455

-  Archivo  

400

-  Comunidad

215

-  En depósito

1.150

-  C.E.D

15.010

Total

32.675

3.4. Estadísticas de libros según temas, años de edición y cantidades

Biblioteca antigua y nueva: distribución de obras según disciplinas sobre una
muestra de 8513 (Valdivieso R. y  L.Calzavarini, 1989)

grupos de disciplinas nº de obras porcentaje

Teología

1187 13,95

Historia

1496 17,57

Narrativa

1082 12,71

Devocionarios

899 10,56

 

4664 54,79

Filosofía

788 9,26

Apostolado

811 9,53

Derecho

518 6,08

Enciclopedias y Diccionarios

422 4,96

 

2539 29,83

Política

292 3,43

Psicología

258 3,03

Geografía

204 2,40

Tecnología

273 3,21

 

1027 12,07

Historia misionera

62 0,73

Sociología

34 0,40

Economía

52 0,61

Antropología

135 1,57

 

283 3,31

Total

8513 100,00

Bibliotecas antigua y nueva según años y lugares de edición (estudio de Valdivieso R. y L. Calzavarini, 1989)

periodo de edición del libro Europa
Latino américa nº Bolivia
total
1500 – 1550 14 - - 14
1551 – 1600 80 1 - 81
1601 – 1650 177 3 - 180
1651 – 1700 162 4 - 166
1701 – 1750 371 1 - 372
1751 – 1800 583 18 4 605
1801 – 1850 485 18 2 505
1851 – 1900 1709 134 75 1918
1901 – 1950 1318 632 206 2156
1951 – 1990 1128 664 724 2516
Total 6027 1475 1011 8513

Biblioteca del C.E.D: número de obras según disciplina, 1999

disciplinas nº de obras disciplinas nº de obras
Administración 431 Geografía 313
Agricultura 108 Historia 1910
Antropología 557 Idiomas 14
Arqueología 53 Industria 406
Arte 135 Legislación 2174
Astronomía 12 Lingüística 131
Auditoría 140 Literatura 716
Biografía 730 Medicina 118
Ciencia 37 Minería 365
Ciencias Sociales 404 Música 64
Comunicación 146 Patrología 40
Contabilidad 31 Pedagogía 563
Cultura 407 Psicología 621
Derecho 155 Psiquiatría 32
Economía 874 Religión 1041
Educación 421 Sociología 871
Enciclopedia 361 Tecnología 71
Etnología 12 Teología 250
Filosofía 296    
Total     15010

Biblioteca del C.E.D: número de obras según años y lugares de edición
1999

año de edición Europa Latino amética Estados unidos Bolivia total
1751 – 1800 1 - - 2 3
1801 – 1850 17 80 - 185 282
1851 – 1900 189 601 18 3852 4660
1901 – 1950 519 724 25 3297 4565
1951 – 2000 1462 818 26 1698 4004
Sin año 496 223 13 764 1496
Total 2684 2446 82 9798 15010

Número de obras artísticas y de arqueología, 1999

Obras artísticas antiguas  
- Pinturas 95
- Esculturas, platería.. 100
- Tejidos, muebles.. 54
Arqueología  
- En exposición 202
- A restaurarse 249
Pinacoteca de arte religioso moderno  
- Pinturas y esculturas 61

4. Parámetros del “saber” según autores y contenidos del convento de San Francisco de Tarija

En las anteriores páginas hemos ofrecido cuadros de los temas principales de las bibliotecas conventuales; y también cuadros de lugares y años de edición de los libros. Nuestro propósito ha sido el de visualizar variables, que aclaran el “saber” y la evolución de sus contenidos: La primera, nombra las áreas de conocimientos;  la segunda, la comunicación entre los universos culturales que gravitan en Tarija; y la última, el tiempo del libro. Más aspectos, sin embargo, debemos considerar. Ante todo, la existencia de la biblioteca entre los muros conventuales y, por último, la misma legislación franciscana, que definía tiempos de estudio y de lectura, consigne que los libros tenían no sólo un valor de uso, ligado a las actividades de los religiosos, sino también una exigencia de vida interior e intelectual. En este sentido, nunca las bibliotecas estuvieron solitarias respecto a las dimensiones psicológica, estética (arquitectónica, pictórica y literaria) del conjunto comunitario. Así integrada, la documentación de libros y papeles es un todo de análisis histórico, antropológico y religioso de la acción franciscana en Tarija, y en el Sudeste de Bolivia.

Para esclarecer dicho objetivo hemos propuesto la correlación entre bibliotecas y el archivo, según la acepción que las primeras serían formas de saber, personal y colectivo, y el segundo, resultado elaborado a partir de circunstancia de vida misional. Establecemos, por tanto, una comparación entre tiempos de libro y las actividades conventuales, retenidas en los alrededores de Tarija y en los del Colegio de Propaganda Fide, que se ampliaron a compromisos directos con los pueblos originarios chaqueños. Ambas situaciones correspondieron al momento colonial y al momento republicano. Nos atendremos a esas dos divisiones que marcaron épocas históricas en la vida de Bolivia.

4.1. “Fondos” antiguos: 1606 – 1825

La palabra “fondos”, referida a bibliotecas, expresa una agrupación de libros que por diferentes peculiaridades les otorgan rasgos de unidad: tiempo de adquisición, característica de autores y particularidades de temas enfocados. En la descripción de los “fondos” operaremos una distinción que hemos definido colonial y republicana, que no siempre corresponde a las denominaciones de biblioteca antigua, moderna y del CED. Nos atendremos así a los años de edición del libro, que presumiblemente indica también la sucesión de colocación en las bibliotecas. De la biblioteca antigua, el Padre José Tito Collalunga seleccionó una secuencia de 60 libros que denominó libros “raros” y trasladó al archivo. Nadie piensa que esta definición corresponde al requisito de la sola antigüedad. Debemos ponderar que, al inicio de la actividad de la imprenta, los libros adolecían de la estricta razón de mercado, y su adquisición correspondía, sobre todo, al prestigio. Se trataba, por tanto, de textos impresos que destacaban las fuentes de la cultura occidental. De este modo, al concepto de libro “raro” debemos conjugar la antigüedad de edición, la validez de su autor y además, la importancia de los contenidos para formalizar un universo de saber. En consecuencia, los libros llegaron a su impresión por un proceso de selección, y sobre ésta, se operó otra selección para ser comprados para la biblioteca de Tarija. La observación obvia es que los frailes llegaron a la villa de San Bernardo de la Frontera cargando libros, los que según las disposiciones del Padre Basilio Pons, crearon corredores de “saber” entre Europa y Latinoamérica. A las pocas décadas, del Nuevo Mundo forjará su propio pensamiento que surcará, a su vez, el mar.

Aproximándonos directamente a los contenidos de los libros, encontramos que los más antiguos corresponden al Siglo XVI, incluyendo a  los grandes poetas e intelectuales latinos. Siguen los prominentes Santos Padres que fueron puente entre el imperio pagano y su transición la cristianismo; vienen después los maestros teólogos de la Edad Media que, más allá de la explicación del dogma católico, llegaron a establecer la síntesis de todo el saber de su época. Precisamente por su sistema integral de pensamiento, son todavía autores insuperables.

Las ediciones del Siglo XVII se refieren a los escritores, poetas y predicadores populares que se expresaban en la lengua del pueblo. Alrededor de todo este núcleo forjarán los grandes tratados teológicos que enfrentan las corrientes de una cultura europea sumergida en procesos de cambios socioculturales. En Latinoamérica se planteará una reflexión a partir de sí misma, la que impondrá una diferenciación de los “saberes” entre el humanismo clásico y la filosofía del iluminismo. Así se consolidará la distinción entre cultura de élites y cultura popular. El pensamiento religioso se mantendrá ligado, sobre todo a la segunda. De ella nacerá la gran estructura apologética del Siglo XVIII, presente en Europa y Latinoamérica

La última será la que tomará raíces en Tarija. Ya el Colegio de Propaganda Fide había ensanchado su espacio de acción entre los pueblos originarios; y los grupos de poder latinoamericanos sufrían la contradicción de considerarse homólogos de las situaciones occidentales. El Colegio franciscano percibirá la diferencia de gobernabilidad de “naciones” y la cobertura de una acción prefijada de Estado.  Los manuscritos del archivo indican el avance de la postura franciscana respecto a las diferencias étnicas, dimensiones culturales, inclusión de territorio que formarán la síntesis de la polémica contra del Gobernador Viedma y la Reforma Borbónica en general. La Guerra de la Independencia llegará manteniendo esos dos rieles paralelas con contenidos divergentes.

La secuencia de los autores latinos empieza en el Siglo XVI con ediciones de libros de Cicerón, Cornelio Nepote, Tito Livio, Tácito, Ovidio, Virgilio, Séneca y Quintiliano. Sin embargo, el libro más antiguo es la traducción latina de Juan Pontano (1501) de la Ilíada Homérica. Los Santos Padres corresponden a los nombres de Tertuliano, San Agustín, León I y San Ambrosio. Los teólogos son cubiertos por las obras completas de Santo Tomás, Duns Scoto y San Buenaventura. Los poetas son los del Siglo de Oro de España, como Santa Teresa, San Juan de la Cruz y Fray Luis de Granada. Una particularidad es la edición de las obras completas de San Bernardino de Sena, de 1591. Entre los escritores latinoamericanos existen las obras del Padre Antonio Ruiz, Padre Lozano, Juan Matienzo (edición de 1596), Victoria y Lope de Vega.
En el Siglo XVII aparecen las reediciones. La parte teológica se prolonga en los apologetas con temas de moral, filosofía del cristianismo y conformación de la iglesia. Su base reside en los estudios de la Sagrada Escritura y de los textos del Concilio de Trento. Los autores de la renovación de la espiritualidad católica San Ignacio de Loyola, Alfonso de Ligorio, San Francisco de Sales y San Alberto, Arzobispo de la Plata. Un apartado igualmente consistente identifica siete textos del arte médica que empieza con el Dioscórides de Pedro laguna en edición de 1574.

4.2. “Fondos”: 1825 - 2005

En la sucesión de la Guerra de la Independencia, las regiones orientales del país quedaron sin acción eclesial. Alejados los padres conversores por las leyes del Mariscal Sucre, también la Iglesia central se debilitó a tal punto que le era imposible establecer contactos con los pueblos originarios, que quedaron truncos en sus procesos de cambios socioculturales y religiosos. En esas distancias y tierras lejanas intervino la obra del padre Andrés Herrero. Su propósito era dar vida a los Colegios de Propaganda Fide; y, por ende, hacer que los franciscanos volvieran a sus territorios de trabajo. Con el repoblamiento de la antigua residencia conventual, los frailes de Tarija retomaron los caminos hacia el Chaco, según la división administrativa del Departamento. La inserción de franciscanos italianos no creó dificultades con las poblaciones. Las dificultades fueron de otro género; y éstas indicadas ya en las cartas de invitación para la recolección a los Misioneros, de parte del Padre Herrero. Amargamente, él reflexionaba sobre la realidad de España y de Europa. Allí se habían consolidado élites sociales con espíritu en contra de la religión católica.

Los franciscanos que llegaron mantenían la misma postura mental psicológica. La oposición Iglesia y Estado, nacida en la Revolución Francesa colocaba en situaciones divergentes a toda la institución eclesial. Y además, el planteamiento liberal rompió drásticamente con la sociedad tradicional imponiendo una abierta lucha en contra de los movimientos populares. A pesar de las similitudes generales de vida, la preponderancia italiana de los frailes que llegaban a Tarija, imponía a los mismos, la exigencia de otra intelectualidad respecto a las de los Padres de la Colonia. Ante todo, una asunción de la cultura española, criolla y de fortalecimiento de la acción apologética, incluyendo una nueva dimensión teológica. La conflictividad social, que se iba intensificando en etapas cortas y sucesivas, exigió cuadros nuevos de intelectualidad según el cambiar del frente opositor.  El proyecto de volver al Chaco, por precario que fuera a causa de la nueva realidad estatal, era el único camino para retomar la labor interrumpida. El estudio de las lenguas indígenas fue otra necesidad; y, por ende, la profundización de estudios humanísticos y filológicos. Por tanto, el Colegio de Propaganda Fide necesitó de un grupo de Hermanos expertos en diferentes saberes, que fueron, a su vez, exigencias de escolaridad para los jóvenes en trayectoria hacia el sacerdocio. El cuadro del tiempo colonial se diversificó en personajes y colores. El convento de San Francisco fue siempre el “cuartel general”, manteniendo firme la labor de los talleres, la enfermería y las andanzas en las comunidades desde Camargo-Entre Ríos y Tupiza-Bermejo por limosnas y por predicaciones populares. El reflejo de todo lo anunciado está documentado en el crecimiento de la biblioteca y documentos de archivo.

Seguramente por los compromisos escolares y la exigencias de lectura de los conversores en el  Chaco en 1879, el Padre Corrado anotó los libros “dobles” y los libros “de la comunidad” (de consulta sin pasar por el  bibliotecario), en un total de 7.319 volúmenes. Por tales rezones, entraron a la biblioteca nuevas ediciones de textos antiguos, sobre todo de autores latinos y poetas hispanos, agregándose algunos autores italianos. Nuevamente los franciscanos llegaban a Tarija cargando libros, complementándolos con los de literatura, historia y Derecho, bolivianos.

En las circunstancias de la república los “fondos” principales aumentaron a favor de obras filosóficas (Marx y Voltaire) y reflexiones sobre el cristianismo con reelaboración de los grandes autores de la Edad Media. Los libros de medicina siguieron el paso de los tiempos, insistiendo en la acción preventiva y curativa de salud, descrita en manuales y diccionarios. Un aumento considerable recibió la documentación histórica universal, latinoamericana y boliviana. El fondo teológico insiste en los libros de apologética y defensa del cristianismo. Caso rarísimo y sin duda único, es la colección desde 1859 de la revista “Civiltá cattólica” de los jesuitas de Roma, que publicaron en consonancia con las directivas de la Santa Sede. (Faltan sólo cuatro números de la época de la Segunda Guerra Mundial). Además, la base apologética era la de los grandes pensadores franceses Bousset, Monsabré, Fenelón, Masillón y La Cordaire; entre los italianos Bonomelli, Perrone y Ventura. Una preciosidad de cultura popular boliviana es la obra del sacerdote orureño Carlos Beltrán con su “Colección de opúsculos para la civilización de indios quichuas, aimaras, con traducción al castellano”. 

Los tratadistas teológicos incluyen las obras de Francisco Suárez y Bellarmino. A estos se conectan los estudios de la Sagrada Escritura: Adolfo Martini con su traducción en italiano de la Biblia,  Lleguy con su interpretación de la vida de Cristo, en cuatro tomos, y Gratry con sus comentarios a la Sagrada Escritura. La patrística latina entrará completa por la soberbia edición del Migne, con 220 volúmenes que se integrarán con los autores de la patrología griega. Yendo de lo antiguo a lo moderno, los diccionarios sobrepasarán las lenguas antiguas, caldeo, hebreo, latín y griego, hacia el francés, inglés, español e italiano.

5. A manera de conclusión

Desde 1919 a nuestros días las bibliotecas recibieron nuevos rumbos. La difusión del libro permitió las bibliotecas personales que obedecían a intereses y a aptitudes individuales de los frailes. Así es que los apartados que hemos denominado “fondos” ahora pueden destacarse con un nombre y un apellido. Por tanto, en las bibliotecas confluyeron dos caminos: el institucional por compra de colecciones; y el individual, por las modalidades indicadas. Estos últimos “fondos” entraban a la muerte del fraile.

La articulación de los “saberes” no se centra en la sola teología, si bien resulta la más numerosa. Y ésta, con informaciones actualizadas según los cambios culturales y procesos sociales. La importancia de tratados sistemáticos ha favorecido siempre la comprensión de las partes; queremos decir con esto que el proceso de información era necesariamente permanente e integral. La línea persistente es el aumento de los textos humanísticos y de las ciencias prácticas como de medicina y agricultura, y los textos legislativos gubernamentales y civiles.

Los documentos jurídicos, históricos y lingüísticos de nuestro archivo llevan el nombre de muchos religiosos: principalmente del Padre Ayala, Padre León de Santiago, Padre Mingo, Padre Comajuncosa, Padre Matraya, Padre Giannelli, Padre Muzzani, Padre Corrado, Padre Giannecchini, y Padre Louroua. Analizando los textos manuscritos de los Hermanos, que van desdén 1780 a 1810 encontramos resonancia de autores de la más moderna teología: San Francisco de Sales, Ligorio y San Carlos Borromeo, que fueron pilares de la reforma católica. Los escritos antropológicos y lingüísticos tenían sus fuentes en las presentaciones de enciclopedia, tratados de geografía y exploraciones, donde más abundaban las descripciones de vida de los pueblos.

Podemos afirmar que el conjunto de los “saberes”, aptos para la conducción de las reducciones chaqueñas (teología, Derecho, antropología, medicina, historia y moral) y para la predicación entre fieles (teología, apologética, filosofía e historia) son muy representativos en las bibliotecas. Reiteramos que los “saberes” mantienen una firme conexión con la espiritualidad conventual y acciones misionales; se trata de una estética interdisciplinaria, donde los signos exteriores evocan el prisma de los deseos personales e institucionales para caminar juntos.

Lorenzo Calzavarini
Director del Centro Eclesial de Documentación

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