Centro Eclesial de Documentación
Convento Franciscano de Tarija

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PRESENTACIÓN DEL P. LORENZO CALZAVARINI COMO MIEMBRO DE
LA ACADEMIA BOLIVIANA DE LA HISTORIA (CÁNTARO N° 366, EDICIÓN ESPECIAL)


Indice

1.- INTRODUCCIÓN
2.- PRESENTACIÓN DEL DR. GUNNAR MENDOZA LOZA A LA OBRA DE LORENZO CALZAVARINI NACIÓN CHIRIGUANA: GRANDEZA Y OCASO . 1980.
3.- PRÓLOGO AL LIBRO LOS FRANCISCANOS EN LA HORA DE BOLIVIA. 1990
4.- PRESENTACIÓN DE LA OBRA: TEOLOGÍA NARRATIVA: RELATOS ANTROPOLÓGICOS DE LA FE POPULAR EN BOLIVIA
5.- GIANNECCHINI DESCUBRIDOR Y EXPOSITOR DE BOLIVIA
6.- RESPUESTA AL DISCURSO DE INGRESO EN LA ACADEMIA BOLIVIANA DE LA HISTORIA DEL DR. LORENZO CALZAVARINI OFM (La Paz, 8 de agosto de 2007)

INTRODUCCIÓN

Esta edición está dedicada al P. Lorenzo Calzavarini que incansablemente viene trabajando en el Centro Eclesial de Documentación produciendo importantes obras que nos proporcionan una nueva visión de la historia, etnología, lingüística, antropología y religiosidad. Su trabajo lo ha ubicado entre los más ilustres escritores en Bolivia y los gestores culturales más destacados por la organización del Centro Cultural – CED, en próximas semanas pondrá a disposición de la población el Cetro Cultural que custodia una gran cantidad de obras de artes que han sido preservada en el convento San Francisco durante cuatro siglos. El 8 de agosto pasado ha sido incorporado como miembro de la Academia Boliviana de la Historia.


2.- PRESENTACIÓN DEL DR. GUNNAR MENDOZA LOZA A LA OBRA DE LORENZO CALZAVARINI NACIÓN CHIRIGUANA: GRANDEZA Y OCASO . 1980.

Consumada, a sangre y fuego, la conquista de Charcas (hoy Bolivia) por los españoles, consumación de conquista que simbólicamente queda fijada con la fundación (1539) de la Villa de Plata (hoy Sucre), los conquistadores, insatisfechos, siguen su avance febril en pos de nuevas tierras encantadas.

La "noticia" del tesoro fabuloso del Cuzco había avivado aún más la codicia de los conquistadores, y el señuelo de otros posibles tesoros continuaba impulsando su búsqueda incesante.

 

 

 

 

 

El P. Lorenzo Calzavarini en sus horas de estudio en la Biblioteca Universitaria

Subyugados por el mismo estímulo estaban todos los conquistadores, los que acababan de conquistar a Charcas, venidos desde Panamá con Francisco Pizarro y Diego de Almagro, y los que, entrando con don Pedro de Mendoza por el Río de la Plata años atrás, habían ido avanzando hacia el norte, siempre hacia el norte, hacia Charcas, que, en su imaginación afiebrada por el encanto del tesoro incógnito, denominaron con el nombre sugestivo de Sierra de la Plata.

Ñuflo de Chávez es quien lleva más lejos esta búsqueda, en sucesivas incursiones, desde 1548, que tienen por remate último las tierras de los jarayes (hoy Departamento boliviano de Santa Cruz), hasta que, según su propia expresión, seguro ya de la inexistencia de la soñada "tierra rica", dejándola "en adelante desencantada", se resigna a sustituir el ensueño con la realidad de un esquema, mucho menos deslumbrante, de colonización que el garrotazo del cacique Porrilla se encarga, a su vez, de frustrar.

Pero antes aún, en el curso de su propio avance, los conquistadores de Charcas habían llegado por el sudeste de la Villa de Plata, inevitablemente, hasta los últimos contrafuertes montañosos que van a morir en los llanos selváticos de la hoya platense y que poco después se van a denominar la Cordillera de los Chiriguanaes, porque era la abrupta madriguera de la nación chiriguana. Aquella denominación de Cordillera de los Chiriguanaes ha quedado perennizada en el otro topónimo de Provincia Cordillera, en el Departamento de Santa Cruz, vigente aún hoy día.

Bien sabido es que, sea para esquemas fabulosos de "tierras encantadas" o para esquemas modestos de agricultura y ganadería colonial, los españoles necesitaban tierras y necesitaban mano de obra, muy barata si no gratuita, siendo los indios quienes debían trabajar, para no ser ociosos, borrachos, ladrones, etc. No es otra la doctrina oficial hispánica, de derecho público y de derecho privado, en el coloniaje.

La lucha por la tierra y por la mano de obra define el fondo y la forma de la conquista de Charcas y de los territorios anexos.

Con los chiriguanos esta lucha se convierte en un drama dilatado y arduo, porque ellos tienen una condición indómita y el esquema colonialista de los españoles no les seduce. De ahí que la relación inmediata con los conquistadores es una relación violenta, de agresión por parte de los españoles y de anti-agresión por parte de los chiriguanos.

Queda establecida así, casi como una costumbre, la guerra nacional chiriguana de resistencia contra los españoles, guerra que intermitentemente dura cuanto dura todo el coloniaje, con altibajos, con pausas cortas y largas, pero que, apagándose un momento, de pronto, días, meses, o años después, se enciende otra vez, acaso más enconada.

Los chiriguanos emplean en esta guerra la táctica guerrillera de sorpresas, de asaltos y retiradas, de encerradas a los agresores en los desfiladeros angostos donde poco les sirven a los agresores los caballos, las cotas metálicas, las armas de fuego, porque los chiriguanos están arriba escondidos entre la vegetación subtropical, mientras las murallas pétreas repiten cien veces el ruido ensordecedor de la gritería bélica y del fragor de las galgas precipitándose desde las alturas.

La lucha por la tierra y por la mano de obra plantea en el área chiriguana una situación básicamente similar a la que más de 300 años después se suscita en la floresta amazónica boliviana cuando la demanda de goma elástica en el mercado internacional impulsa las incursiones de los barraqueros en el Territorio Nacional de Colonias de Bolivia selva adentro, a caza de hombres, mujeres y niños aptos para el trabajo y aun para el regalo, en cualquiera de sus formas.

Las concepciones doctrinales que presiden ambas situaciones no son diferentes en esencia. Solórzano y Pereira resume la doctrina española de una supuesta proclividad connatural del indio a la ociosidad, a la lujuria, a la borrachera, al ladronismo... En la terminología que el conquistador emplea para identificar a los chiriguanos está implícita toda una concepción derogatoria: salvajes, bárbaros, gentiles, herejes, apóstatas, caribes. Todo eso quiere decir: gente destinada por la ley natural y divina a la servidumbre.

El general José Manuel Pando, explorador y conquistador en el área de la goma elástica a fines del siglo XIX, afirma: "Los indios desprecian y reniegan de nuestra civilización, para ellos antipática, y vuelven con placer al estado primitivo si momentáneamente se vieron privados de la libertad ... En las luchas de la vida no combaten sólo las bestias con los hombres; también luchan los hombres entre sí, y la naturaleza y la civilización condenan fatalmente a la extinción a los seres que están próximos a las bestias, cuando con la ferocidad de bestias pretenden oponerse al progreso humano".




La obra Nación Chiriguana: Grandeza y Ocaso, 1980. uno de los estudios mas significativos sobre el mundo guaraní

 

La otra forma de relación de la sociedad conquistadora con la sociedad por conquistar, la relación por reducción religiosa, cuenta con tentativas frustradas con los chiriguanos ya temprano, en la segunda mitad del siglo XVI. Los esfuerzos intermitentes por evangelizar a los chiriguanos a lo largo de los siglos XVI y XVII fracasan ante la renuencia del chiriguano a aceptar también esta otra forma de sumisión, y sólo entrado el siglo XVIII la obra misionera comienza a cobrar forma, siempre entre embates violentos de resistencia.

Ambas formas de relación de los españoles con los chiriguanos —subyugación y reducción— se suceden dentro de la jurisdicción territorial y funcional de la Audiencia de Charcas, y, como subproducto y a la vez como requisito de continuidad, se va acumulando en el archivo del famoso tribunal una documentación original que abarca todos los tipos de documentos coloniales —la cédula real, la carta y la relación, el expediente administrativo, el expediente contencioso—.

Sobreponiéndose a los embates seculares del tiempo y de todos los agentes de deterioración y destrucción, quedan finalmente en el Archivo Nacional de Bolivia, donde se conserva el archivo de la Audiencia de Charcas, un medio millar de piezas documentales entre los años 1562 y 1825, que constituyen una fuente indefectible —como cantidad y calidad— para el estudio geográfico, sociológico, antropológico, económico, político, psicológico, de la relación, en cualquiera de sus formas, entre el chiriguano y el español a lo largo de todo el coloniaje.

La actividad de los chiriguanos y en torno a los chiriguanos durante la Guerra de los Quince Años por la independencia y a lo largo de la vida republicana de Bolivia ha suscitado otra masa documental tanto o más cuantiosa e informativa que la del coloniaje, la cual se conserva y está accesible asimismo en el Archivo Nacional de Bolivia.

Además de los materiales inéditos (coloniales y republicanos) que están accesibles para el estudioso en el Archivo Nacional de Bolivia, un extenso material publicado se encuentra accesible en la Biblioteca Nacional de Bolivia en sus series de libros, opúsculos, periódicos, revistas y aun hojas sueltas. En su mayor parte ese material no es de segunda mano, queremos decir, no está compuesto por obras de elaboración posterior, sino por deposiciones presenciales de misioneros y funcionarios públicos en Bolivia directamente relacionados por su actividad con los chiriguanos.

En sus cinco temporadas de investigación en el Archivo Nacional de Bolivia (1976-1980) sobre los chiriguanos, fray Giuseppe Lorenzo Calzavarini, OFM, sociólogo formado en la Universidad de Lovaina {Bélgica) y de Urbino (Italia), se ha empapado, literalmente, en la información que sobre los chiriguanos atesoran los materiales publicados de la Biblioteca Nacional de Bolivia.

En el Registro de Investigadores del Archivo Nacional de Bolivia y de la Biblioteca Nacional de Bolivia se encuentra sólo un caso comparable, que es el del historiador francés de la Ecole Pratique des Hautes Etudes de París, Dr. Thierry Saignes.

Cada uno, además, ha tenido la oportunidad de ampliar por su parte sus investigaciones sobre los chiriguanos en repositorios de otros países. Puede decirse que son las dos personas que más información poseen sobre los chiriguanos en todo el mundo en este momento.

El P. Calzavariní y el Dr. Saignes, a esta ventaja cuantitativa de la información acumulada más cuantiosa, añaden la ventaja cualitativa de su formación científica dentro de los cánones más depurados de la metodología europea en la investigación en ciencias sociales, sea la historiografía o la sociología.

Estamos, así, ante dos proyectos de aproximación al tema chiriguano, uno predominantemente historio gráfico y otro predominantemente sociológico, realizados por dos investigadores equipados con las armas de un repertorio metodológico que incluye la última palabra de la ciencia europea.

No obstante, como explica el propio P. Calzavarini ("Prólogo"), él considera este libro como preliminar, y, en efecto, la información procedente de las fuentes inéditas del Archivo Nacional de Bolivia no ha sido utilizada en estas páginas directamente, por de pronto, sino indirectamente, como base para tratar de comprender mejor los materiales procedentes de las fuentes usadas efectivamente para este libro.

La evaluación de su primera obra como "preliminar" por parte del P. Calzavarini implica de suyo la promesa de una elaboración posterior que incluya también las fuentes manuscritas ya acumuladas; y, en efecto, el P. Calzavarini, de acuerdo con sus planes actuales, va a continuar trabajando sobre los chiriguanos en esa dirección.

Thierry Saignes, por su parte, si bien ha utilizado extensamente las fuentes inéditas consultadas, y, en particular, las del Archivo Nacional de Bolivia, no ha publicado aún por la imprenta su libro. Por otra parte, su interés en los chiriguanos está en pausa, por lo menos momentáneamente. De todas maneras, según propia información, entra en sus planes futuros la edición revisada y aumentada de su tesis.

Según esto, la comunidad científica y el curioso tienen que esperar todavía que la promesa implícita en el trabajo de estos dos investigadores en torno a los chiriguanos dé en el porvenir todo el fruto deseable.

El P. Calzavaríni, con su consagración al tema chiriguano, mantiene viva la llama de la consagración de la orden franciscana, catequizadora de los chiriguanos en Bolivia, por comprender a los chiriguanos: ansia de comprensión que ha producido una progenie ilustre de trabajos a los cuales están asociados nombres ya próceres como los de esos denodados conversores y cronistas llamados Bernardino de Nino, Doroteo Giannecchini, Alejandro M. Corrado, Angélico Martarelli, Salvador Sargenti, Agustín Manfredi, Domenico del Campana, Santiago Romano ...

No se vaya a pensar, no obstante, que el P. Calzavarini sea un franciscano más que aborda el tema chiriguano. El P. Calzavarini se acerca a los chiriguanos con amor de comprensión sin duda profundamente cristiano, pero, quizá más aún que eso, con amor de comprensión científica, y, para ser más precisos, sociológica.

El enfoque del P. Calzavarini sobre los chiriguanos es el primero que se hace dentro del ámbito sociológico. Pero más bien que analítico es interpretativo, y da por averiguadas muchas cosas que el P. Calzavaríni ha averiguado, en efecto, pero que, por los antecedentes y propósitos de este trabajo, tiene que dar por averiguados sin presentar la averiguación misma.

Es decir, dentro de la bibliografía chiriguana seguirá haciendo falta todavía una sociología chiriguana que presente esa averiguación básica y ordenada según los requisitos científicos propios de este orden de los conocimientos humanos, una sociología chiriguana que vaya más lejos y más adentro del tema que la clásica Etnografía chiriguana del P. Bernardino de Nino,


Biblioteca personal del P. Lorenzo Calzavarini, ahora biblioteca universitaria del Centro Eclesial de Documentación

Es obvio que para avanzar esta sucinta interpretación sociológica el P. Calzavarini ha debido consultar un monumental repertorio bibliográfico directo de sustentación y referencia diremos infraestructural; y es igualmente obvio el tener que lamentar el que, por razones editoriales, ajenas a su propio deseo, la Bibliografía del libro no comprenda sino una parte del material utilizado. De todas maneras, el hecho de haber acumulado y registrado este material de referencia constituye, de por sí, un señalado servicio a los estudios chiriguanos en el área de las ciencias sociales.

Y no es de menos valor el material gráfico y cartográfico que acompaña al texto de la obra, ilustrativo tanto del ámbito territorial chiriguano como de los usos y costumbres de los chiriguanos.

Honrados por el pedido del P. Calzavarini para encabezar su libro mediante estas líneas iniciales, lo hacemos con la complacencia propia de quien ha presenciado y sentido, prácticamente minuto a minuto, su acuciosidad, su devoción, su comprensión —no sólo de sacerdote sino ante todo de hombre realmente civilizado— por el drama de los chiriguanos; y, junto a esto, la complacencia de quien ha sabido como él encontrar tiempo, en medio del tráfago de la faena diaria, para la discusión y el comentario sobre los chiriguanos entre el sociólogo y el archivista, discusión y comentario en los cuales el archivista ha aprendido tanto como el sociólogo, o quizá más. Pues no hay duda de que el P. Calzavarini a los 40 años sabe mucho de los chiriguanos, confirmando, otra vez, que el diablo sabe más por viejo que por diablo —y perdón por dejar que el diablo tenga que colarse aquí por una rendija que no estaba resguardada—,

Y para cerrar estas líneas expresamos cordialmente un deseo y una esperanza: Que Fray Lorenzo Giuseppe Calzavarini tenga tiempo, oportunidad y apoyo suficiente para llevar adelante la obra comenzada, y que, gracias a su sapiencia y su devoción de investigador, los chiriguanos cuenten en día no lejano con el estudio sociológico a que por su invencible conciencia de sí, en cuanto personas humanas, tienen derecho más que suficiente.

GUNNAR MENDOZA L.
Director del Archivo Nacional de Bolivia
y de la Biblioteca Nacional de Bolivia

Sucre, junio, 1980.

*Calzavarini, Lorenzo, Nación Chiriguana: grandeza y ocaso , Ed. Los Amigos del Libro, La Paz, 1980.


3.- PRÓLOGO AL LIBRO LOS FRANCISCANOS EN LA HORA DE BOLIVIA. 1990

 

 

 

 

 

 




El libro Los Franciscanos en la hora de Bolivia, es una autobiografía del P. Lorenzo Calzavarini, seguida de una investigación minuciosa del franciscanismo en Bolivia y el dolor del que está crucificado también por la palabra.

Sólo después de leer a Lorenzo Calzavarini en su "historia personal" de la Orden franciscana, uno puede aproximarse más humanamente al hombre. Yo había conocido a Lorenzo como Director del Instituto de Investigaciones (Facultad de Humanidades - Universidad Mayor de San Simón) y por primera vez, al escucharle, percibí que me encontraba frente a una persona que poseía la densidad del tiempo, el estudio, la reflexión, juntos. Era el modelo de intelectual, del pensador que había anhelado tener siempre por "maestro".

Bien, ese Lorenzo, a veces inalcanzable -por la profundidad y poesía de sus frases-, se nos hizo transparencia, humildad franciscana en la lectura de su libro. Junto al pensador, al investigador analista, estaba el hombre en otra dimensión: de confesión, de alma desnuda.

y este libro es la medida de la persona, es el carácter de Lorenzo: persistente, tenaz en subir a los sueños. Así, para él, Bolivia, desde los primeros años de formación religiosa, es su meta: su destino. La autenticidad con que vive, año tras año, lo boliviano; la permanencia en el país, la elección de temas de investigación, la decisión de penetrar en lo que nadie dijo de su propia orden religiosa, aquí, en Bolivia, son rasgos que definen al investigador, al libro, al hombre.

El libro de Lorenzo es un libro raro, distinto a todos. Está integrado de tres contenidos: la historia personal del sacerdote-hombre, llamada y escrita poéticamente CRONICAS INTERIORES, una investigación minuciosa del franciscanismo en Bolivia, sobre estructuras, modelos, historias de la Orden, que es el cuerpo del libro, la dimensión objetiva y una parte final, con poemas de Lorenzo e ilustraciones de Fray Gildo Franzoi, donde está el solitario poeta, traspasado por el sufrimiento boliviano o por la tristeza del hermano y donde está también el sufrimiento de las palabras para hacerlas poesía.

Las tres caras del libro son tres "experiencias profundas de espiritualidad", parafraseando sus "Crónicas Interiores", aunque temática y estructuralmente distintas. A la primera, le caracteriza la intimidad de un diario, de una autobiografía; a la segunda, la seriedad y responsabilidad de quien dice la verdad Franciscana y a la tercera, el dolor y la alegría del hombre que está crucificado también por la palabra.

Pero el ser humano es indivisible y el libro es uno. y es que detrás del cientista, detrás del religioso, respira su persona. Y; más allá de la historia franciscana, está la decisión de mirar la propia vida y la propia palabra.


El P. Lorenzo Calzavarini, el Dr. Carlos Ávila Claure y el Lic. Manuel Gómez estudiando la documentación del archivo para la elaboración de la obra Presencia Franciscana..

En las tres partes del libro se maneja por igual un lenguaje directo, inteligente y denso, donde las mejores frases son las que expresan lo pobre e injusto del transitar de muchos sobre la tierra. No puedo dejar de reproducir algunas que certifican lo dicho:

"La problemática social se adhirió a mis huesos"
"Me impresionaron los cargadores por su capacidad de sufrimiento"
"Comprender los espacios de la pobreza"
"Elegir una teología con sabor de la cancha y menos al estilo de la plaza principal"
"Necesidad de una relación directa entre la vida religiosa y las vicisitudes del pueblo"

Al final de este prólogo, señalamos algo más. Lorenzo Calzavarini no es sólo un narrador de crónicas personales y franciscanas. Es un sacerdote audaz, visionario. Escribe para el futuro, para los jóvenes sacerdotes franciscanos que, en la Bolivia que viene, leerán su libro. Les propone, como quien devela la verdadera misión de la Iglesia, la "mediación entre la fe y la realidad", les incita a mirar hacia "una nueva Iglesia que ya está a las puertas" y se incluye como corresponsable:" ... dependerá también de nosotros que se haga presente."

Gracias, Lorenzo, por esta oportunidad de expresar lo que eres: un sacerdote, un cientista, un poeta del silencio, pero sobre todo, un hombre de primera línea, mirando tierras, auscultando Vivencias, aunando libros.

Gaby Vallejo de Bolívar. Escritora.
Cochabamba, 2 de marzo de 1990.

* Calzavarini Lorenzo, Los Franciscanos en la hora de Bolivia , Ed. Arol, Cochabamba, Pág. 1-5, 1990.


4.- PRESENTACIÓN DE LA OBRA: TEOLOGÍA NARRATIVA: RELATOS ANTROPOLÓGICOS DE LA FE POPULAR EN BOLIVIA

 

 

 

 

 

 

 


Teología narrativa, relatos antropológicos de la fe popular en Bolivia, 1995.

Puede resultar extraño, incluso paradójico, que un antropólogo italiano, afincado en Tarija, le pida a un teólogo español, residente en Santa Cruz, que haga la presentación de un libro de relatos antropológicos sobre diferentes lugares de Bolivia: el Chapare, Oruro y Tarija, es decir, llanos, altiplano y valles.

Pero tal vez la extrañeza y la paradoja disminuyan si se tiene en cuenta que el antropólogo es un franciscano, que no actúa simplemente como un observador de experiencias de campo sino como un actor litúrgico, que se hace presente, activamente, en las fiestas religiosas del pueblo. Sus observaciones están ligadas a diversas visitas y misiones pastorales a zonas rurales, sobre todo con ocasión de algunas fiestas. Su experiencia se convierte de antropológica en eclesial. Sus escenarios no sólo geográficos, son teológicos, situados con ocasión del calendario: Navidad, Pascua, Difuntos.

Lorenzo Calzavarini no es, por tanto, un mero prolongador de las notas de viaje que hace más de un siglo escribió y dibujó Alcides d'Orbigny acerca del territorio boliviano. Tampoco es un simple seguidor de las opiniones del antropólogo Lévi Strauss sobre la dimensión "folk" o un difusor de las reflexiones de René Zavaleta Mercado sobre la abigarrada realidad de Bolivia. Lorenzo Calzavarini además -y antes- de ser un profesor univepsitario erudito y competente es un sacerdote y misionero franciscano, que ha heredado de la tradición franciscana su sensibilidad por lo narrativo y lo popular. ¿No fue acaso Francisco de Asís el primero que "narró" el misterio de la navidad al pueblo de Greccio escenificando un pesebre viviente? ¿No han promovido los franciscanos el Vía Crucis, como un medio popular para seguir al Señor, recorriendo las diversas estaciones de su camino de pasión y de cruz hasta llegar al calvario? ¿No han sido los franciscanos, primeros evangelizadores de este continente, quienes intentaron narrar por vez primera a sus pobladores originarios los grandes misterios de la fe católica?

No es casual que estos relatos antropológicos tengan como título general Teología narrativa. Se trata de una teología diversa de la académica y científica, una teología ligada al sentir y a la fe popular.

Y este tema también interesa al teólogo, jesuita por más señas, que ha heredado de la tradición ignaciana una cierta sensibilidad por la historia y las culturas de los pueblos. Los nombres de los jesuitas De Nobili y Ricci, italianos por cierto, están ligados a la historia de la inculturación del evangelio en la India y China. El nombre de Pedro Arrupe está muy unido a la problemática de la inculturación en la Iglesia de hoy. Y en América Latina, los jesuitas, siguiendo pistas ya abiertas por los franciscanos, realizaron en las llamadas "reducciones", un intento de síntesis entre fe y culturas, que todavía es modélico en muchos aspectos. Concretamente en Bolivia, las Iglesias de Beni y Santa Cruz son todavía testigos vivos del fruto de las reducciones jesuíticas de Moxos y Chiquitos. Algunos de estos frutos también aparecen en las descripciones de Calzavarini.

En un estilo directo narrativo, descriptivo, casi pictórico en forma de miniaturas, Calzavarini nos presenta sucesivamente la fiesta de Pascua entre los Trinitarios del Beni, la fiesta del Carnaval de Oruro, la Navidad chapaca, la "rosa Pascua" y la fiesta de Todos Santos en Tarija. Son notas de viajero, rápidas, concisas, ceñidas, como si tuviese miedo de que se le fueran a escapar los datos. Son observaciones del paisaje y de sus personajes, completadas con datos antropológicos, sociológicos, geográficos o históricos de otras fuentes.

Pero su preocupación fundamental es religiosa, teológica: ¿Cómo han articulado los Trinitarios del Isiboro el mito primitivo con la ortodoxia cristiana? ¿Cómo es posible que los Orureños hayan realizado tan original sincretismo entre divinidades ancestrales, espacio cósmico y tradición cristiana? ¿Cómo en Tarija la Navidad integra las dimensiones humanas e infantiles del pueblo? ¿Cómo se desarrolla la Pascua en Padcaya, sumando geografía y misterio pascual. Cómo la fiesta de Todos Santos sintetiza la tradición originaria con la fe católica?

El autor muestra dotes tanto de fino observador como de conocedor de la historia y de la teología. Nunca había leído hasta ahora una explicación tan lúcida de los diversos niveles alegóricos y simbólicos del Carnaval orureño, como en este breve relato de Calzavarini, donde lo andino (Inti, Pachamama, Wari-Supay) aparece asumido por lo cristiano (Dios, Virgen María, Diablo) y la dialéctica del agua, cerros y llanura tiene su correlato, con la víbora, el sapo y las hormigas. Hay que leer este texto y dejarse penetrar por la fuerza de su colorido, por el ritmo de la música y por la danza de diablos, morenos, caporales, incas, tinkus, tabas que salen de las profundidades de la tierra y de la historia.

Lo mismo puede decirse de sus apuntes sobre la Semana Santa trinitaria, de las fiestas tarijeñas de Navidad, "rosa Pascua", San Roque, Virgen de Chaguaya y de Guadalupe y de la festividad de Todos Santos.


El Dr. Mario Cossío Cortez, Prefecto del Departamento, el P. Martín Sappl, Ministro Provincial de Bolivia, Mons. Javier del Río, Obispo de la Diócesis de Tarija, el P. Fiorenzo Locatelli, Mons. Leo Swars y el P. Lorenzo Calzavarini en la presentación de los 7 tomos de Presencia franciscana. Febrero de 2007.

Y todo ello en unas secuencias narrativas, mayoritariamente autobiográficas, por los ríos del Chapare Eteresama e Isiboro, viendo cómo se cazan patos en las lagunas altiplánicas, atravesando las arenas movedizas del río Lauca, camino de los chipayas, conversando con un vendedor ambulante en la plaza de la Ranchería de Oruro que le dice que allí no hay pobres ni ricos sino sólo chipayas, aymaras y quechuas, gozando del amanecer en la plaza del Socavón de Oruro o narrando el desclavamiento de la cruz en Padcaya, escuchando los viejos violines o el silencio del Viernes Santo de los macheteros, narrando los ritos de difuntos del Todos Santos tarijeño, siempre preocupado por "preguntar a la tierra, a las cosas y a los hombres, los caminos de realización de la humanidad".

Porque en último término, de lo que se trata es de que el pueblo realice su humanidad, viva en plenitud su existencia. El pueblo está convencido que esta plenitud sólo se alcanza en Dios y en su "Loma Santa", una vez se hayan vencido todos los lagartos, las hormigas, los sapos y la víbora, y cuando la tierra dé frutos de quinua, papas, yuca y uvas, las llanuras se cubran de abundantes llamas y vacas, cuando las minas abran sus entrañas para ofrecer ricas vetas de estaño, plata y oro. Y en todo este caminar María, Tierra y Virgen, Madre y Ñusta, tiene una función importante.

Calzavarini está convencido de que la fe popular boliviana es la que mejor ha integrado todos los elementos culturales, mucho mejor que la fe oficial, siempre más rígida, fría y normativa, formalizada lejos del pueblo. Por ello mismo la teología que mejor puede dar razón de la realidad del pueblo es la narrativa, la que parte de la misma fe del pueblo, aquella en la que el pueblo creyente no es mero consumidor sino actor. Los relatos antropológicos que Calzavarini nos describe no son la liturgia oficial de la Iglesia sino algo así como paraliturgias, experiencias populares de la fe, que se dramatizan muchas veces no en el templo sino fuera de él, en el atrio. Son experiencias liminares, ritos de entrada, al margen de lo oficial.

Y aquí de nuevo, el libro de Calzavarini entronca con viejas preocupaciones teológicas mías. Todos los esfuerzos por intentar formular, enseñar, escribir, comunicar una teología académica, occidental y moderna al uso, a la larga fracasan, pues no responden a las inquietudes del pueblo, ni a sus preocupaciones más hondas.

 

 

 

 

 

 




El P. Quirino Sampoli y su Mons. julio Terrazas, Cardenal de Bolivia, en el claustro conventual, en la clausura del IV Centenario.

En cambio, la teología narrativa, hecha de pequeños relatos, de experiencias vividas, de historia y de historias, de sueños y de utopías, tiene un profundo eco en el pueblo y es rápidamente asimilada. Lo narrativo es una categoría al mismo tiempo bíblica y popular. Por eso el pueblo no necesita que la Iglesia oficial le diga que prepare el carnaval, que haga el pesebre o que ensaye el desclavamiento de la cruz. El mismo lo hace porque le interesa y porque toca a sus raíces más profundas: todo lo dispone y lo organiza a su debido tiempo, hasta el último detalle, pues se trata de algo suyo.

Frente al credo oficial que es cristológico, el credo popular es mariano, como aparece claramente en el Carnaval de Oruro y en las festividades y cultos marianos, de Copacabana a Chaguaya, pasando por el Socavón, Urkupiña, Loreto y Cotoca.

Esto, que puede escandalizar a los que están tocados por el espíritu cartesiano de las ideas claras y distintas y por la teología del Dezinger, es fácilmente comprensible para una visión más simbólica, donde María representa el símbolo de la Iglesia, el icono de la Trinidad, ya que el nombre de María resume y encierra todo el misterio de la salvación, como ya decía Juan Damasceno.

Tal vez detrás de todo esto también existe una cuestión de género. La Iglesia oficial ha sido demasiadas veces la "religión del padre" preocupada por el orden, la ortodoxia, la estructura, la eficacia y la ley. Y el pueblo vive otros valores más "femeninos" ligados a la tierra, a la madre, a la vida, a la belleza y al amor.

¿Es puramente casual que la misma palabra "Iglesia" en todas las lenguas sea femenina y que las metáforas y símbolos eclesiales (barca, seno, casa, familia, esposa, madre, comunidad, Nueva Jerusalén, nueva Eva, Mujer Nueva, María ... ) tengan connotaciones femeninas? ¿No será la fe popular una fe femenina frente a una fe demasiado machista y clerical de la oficialidad eclesial? ¿No está todo esto muy unido a la pérdida de la dimensión del Espíritu, que tiene gestos maternos de engendrar y encubar vida, protegerla y animarla con el soplo de su aliento vivificador? Necesitamos vivir la reciprocidad del género en la Iglesia y en la teología.



El P. Lorenzo Calzavarini, la Sra. Zoila Espinosa de Valenzuela, El Dr. Mario Cossío Cortez, Prefecto del Dpto. de Tarija, la Lic. Nancy Aparicio de Hamdan, Directora de Cultura y el Dr. Carlos Ávila Claure recorriendo el Centro Cultural en el IV Centenario.

También la teología latinoamericana de la liberación se ha quedado un tanto alicorta al partir demasiado exclusivamente de un análisis social y económico de la realidad. Este análisis por necesario que sea, no es suficiente. Al margen y fuera de este análisis queda lo más profundo del pueblo: sus mitos, sus símbolos, sus creencias, su religión, su fe, sus esperanzas. No sólo de pan vive el pueblo.

Los pobres tienen rostro concreto, son chipayas, aymaras, quechuas trinitarios o chapacos ... Los trinitarios se identifican más por ser católicos que por pertenecer a una etnia. y el minero realiza su promesa de bailar a la Virgen, no por ser minero, sino por ser católico.

En los países pobres del Sur, lo más original y profundo no es la lógica de la razón ilustrada y moderna, sino la lógica simbólica que es integral e integradora, intuitiva y sintética, cordial y práctica, narrativa y popular, muy sincrética, con un sincretismo sano que está abierto y cada día crece desde dentro con nuevos datos. Es la razón utópica que sabe dar razón de la esperanza.

Evidentemente en este clima simbólico las fiestas alcanzan una gran importancia, pues las fiestas son una narración popular, una dramatización simbólica, alegórica y ritual del "mito", es decir, de lo más profundo de la identidad de cada pueblo. Las fiestas religiosas y cristianas no son una excepción. El hecho de que Calzavarini nos narre sólo fiestas religiosas es una confirmación de ello. Ya afirmaba Tomás de Aquino que estas fiestas tienen que ver con la fe del pueblo al decir que la fe del pueblo (Los "rudos" en la terminología de la época) se alimenta mayormente de las fiestas que la Iglesia celebra (De Ver q 14 a 11).

"El futuro está en las raíces", afirma con razón Calzavarini. Y estas raíces míticas, originarias, coloniales y mestizas, son profundamente integradoras de ámbitos diversos, desde la ecología hasta la sexualidad, desde la geografía a la historia de salvación, desde la cultura hasta la fiesta. Por esto creemos que estas raíces podrán afrontar el futuro, si se enfrentan a él, no de forma defensiva ni acomplejada, sino de forma abierta para elaborar un nuevo sincretismo más amplio y radical.

También a nivel ec1esial el futuro presenta un grave desafío: ¿cómo la fe popular podrá asumir los nuevos retos de la modernidad y los nuevos signos de los tiempos de hoy sin perder identidad, sino ganando en fuerza y universalidad? ¿tendrán que pasar a las sectas modernas que nos llegan de Brasil, Chile o USA los que deseen abrirse al futuro moderno?


El P. Lorenzo Calzavarini en Tentayapi cuando realizaba investigaciones sobre el mundo guaraní.

He aquí graves cuestiones abiertas para seguir pensando, pero que no se resuelven negando la teología narrativa ni la fe popular, ni relegándola al terreno del folklore turístico, ni volviendo a imponer la religiosidad oficial de forma autoritaria.

Calzavarini nos ha descrito la fe popular de segmentos del mundo rural. Pero ¿cómo ha de poder vivirse la fe en Bolivia en las ciudades, donde lo urbano y moderno occidental y secular invade y destruye las culturas más originarias rurales y populares? He aquí una cuestión que pediríamos que Calzavarini siga investigando en el futuro.

Por último, la paradoja de esta presentación y de todo el libro es que extranjeros hablamos del pueblo y de sus tradiciones culturales y religiosas, sin que el mismo pueblo tenga todavía acceso a la palabra. ¿Cuándo llegará el día en que el mismo pueblo no sólo celebre sus fiestas tradicionales sino que sepa dar razón de su fe y esperanza y nos manifieste su secreto misterio?

Pero mientras no llegue este anhelado momento, preparemos sus caminos y conozcamos mejor su fe popular.

Junto a la selva verde, en la otra orilla del río Eteresama nos espera una canoa con dos hombres y un muchacho. Subamos allá y empecemos el recorrido que nos llevará a San Miguel del Isiboro, a Gruro y a Tarija. Llueve, pero no nos arrepintamos de iniciar este recorrido.

Iniciemos este Éxodo con el pueblo viajero, llevados de la mano -y del corazón- de Lorenzo Calzavarini. "Ser cristiano y ser viajero son dos formas de un único camino".

Víctor Codina s.j.

*P. Lorenzo Calzavarini, Teología Narrativa: Relatos antropológicos de la fe popular en Bolivia . Editorial Don Bosco, La Paz, 1996, págs. 153.


5.- GIANNECCHINI DESCUBRIDOR Y EXPOSITOR DE BOLIVIA


El Ing. Roberto Ávila Castellanos, Presidente del Consejo Municipal entrega al P. Lorenzo Calzavarini la distinción de “tarijeño destacado”. Abril 2007.

Giannecchini es un descubridor y expositor insuperable del Chaco, una de las regiones más tenebrosas de nuestra historia escrita. Conoció el escenario palmo a palmo, convivió con sus nativos durante más de 30 años, estudió con mimo sus tradiciones y costumbres que las vio realizadas, penetró en el difícil firmamento interno de la mente indígena; con un bagaje semejante -que no tuvo ningún explorador ni historiador boliviano- nos dejó obras que abren el telón de un mundo casi totalmente desconocido.

Sin pretenderlo, nos dejó en un sólo libro la magia de varias valiosísimas piezas del complicado mosaico boliviano:

El contacto nativo-evangelizador. Sin eufemismos ni disimulos, en un ambiente de diálogo, de mutua comprensión, de afecto sincero, de anhelada promoción. Una aventura increíble entre hombres de extracción noble y de formación cultural extraordinaria con indígenas analfabetos, sesgados en su tradicional cultura. Es una ósmosis prodigiosa, en la que las dos partes se enriquecen.

El delicado respeto a las etnias y a sus oscuros orígenes. Cuanto se ha conservado de ellas (lengua, tradiciones, sueños, proyectos, costumbres, utensilios de vida y arte) habría perecido sin la investigación de los misioneros. Ellos salvaron lenguas y hábitos, sentires y conductas, que hubieran desaparecido; en otras partes ya no existen.

La fundación de los pueblos. Desde el individualismo feroz de los grupos familiares hasta la creación de aldeas, con una organización legislativa y judicial interna, es una conducción pasmosa, con un cambio radical en la idiosincrasia de quienes apenas cambiaron durante siglos un detalle de lo que adquirieron por herencia cultural. En enseñarles a vivir juntos, a trabajar para el conjunto, a repartirse las ventajas y las responsabilidades, se adivina una graciosa página de Giannecchini. Es un triunfo de la tenacidad que merece atenciones delicadas.

La inyección de patriotismo sano. Las etnias chaqueñas desconocían la patria a la que pertenecían, ni que existiera un Padre-Estado, ni que ellos poseyeran algún deber fundamental respecto al gobierno. Sus peculiarismos aborrecían espontáneamente toda sujeción, toda legislación, toda solidaridad. Hacerles comprender que formaban una amplísima familia, que eran solidarios en una asociación que poseía sus fronteras, y que deberían ponerse al servicio de sus autoridades centrales, era una quimera; la tenacidad de los misioneros la logró como realidad gozosa, como lo demostraron en la tremenda guerra en su propio territorio en la que. erupcionó el volcán de su naciente patriotismo.

La complejidad de la evangelización. Las páginas de Giannecchini nada inventan cuando describen la existencia de capillas, escuelas, dispensarios, ensoñados por los nativos, pero erigidos con su colaboración bajo la dirección de los misioneros. Pueblos auténticos, surgidos por encantamiento en poco tiempo, y que ofrecían al nativo la convicción de su calidad y de su nativa dignidad. Acá no hubo espadas sino cruz, contra lo que muchos de nuestros historiadores sugieren; fue una evangelización pura, en la que en nombre del solo Evangelio, se buscó y procuró una promoción integral de las etnias más difíciles de la topografía boliviana.

Sesión del Concejo Municipal en ocasión de la distinción de “tarijeño destacado” al P. Lorenzo Calzavarini.

La transformación del ambiente. Parece increíble que sea real la imagen que Giannecchini nos ofrece del Chaco de hace sólo un siglo. Testimonio de quien lo vio, lo amó, lo diseñó, lo transformó. Nadie podría imaginarse el salto vertiginoso del Chaco en sólo cien años. Es una recordación de la posibilidad amplísima, antes no reconocida, de la facilidad de adaptación de los feroces chaqueños a formas de vidas compartidas con otras sociedades.

La fecundidad de los Colegios misioneros franciscanos de Propaganda Fide. En este caso, el de Tarija (hubo otros cuatro: Tarata, La Paz, Potosí y Sucre), que planificaron el encuentro con los nativos, prepararon a sus misioneros en el conocimiento de la idiosincrasia y del ambiente chiriguanos, formaron sus filas de soldados de la paz, mantuvieron la única permanente relación con los aborígenes del Chaco. Independientes (sólo recibían órdenes de la Santa Sede), realizaron una labor indiscutible de cultura, humanismo, edificación, indigenización y elevación religiosa. Giannecchini fue uno de tantos, uno de los mejores, pero en los casi doscientos años de actuación del Colegio de Propaganda Fide, Tarija ofreció mártires, misioneros, etnógrafos, filólogos, que llenaron de luminosidad las selvas.

Todas estas perspectivas resaltan en la obra de Giannecchini, con un relieve estremecedor. Es una pintura realista, sincera, sin humillaciones ni hinchazones. Es el ojo clínico del sabio humanista que recibe todos los ocultos valores y los subraya. Dudo que pueda presentarse un testimonio de tan ricos aspectos, como vivencia humana del siglo XIX: no hay vertiente no examinada, intuición no explotada, valor no subrayado. Con su tipo de explorador de lo divino, Giannecchini descubre también lo humano de nuestros ancestros. Su obra, inédita hasta el presente, se agigantará a medida que se conozcan la autenticidad y la variedad de sus descubrimientos.

A tal autor, tal honor. Diagramación elegante y artística, fotos, diseños y mapas ilustran adecuadamente el ambiente humano, social y religioso del Chaco en el año 1898. Asimismo la introducción al texto, las notas de apoyo y los índices guían y permiten al lector rememorar aspectos del pueblo chiriguano y de la patria boliviana. Tales resultados los debemos a la labor científica e incansable del padre Lorenzo Calzavarini. Cinco años de dedicación para devolvemos un documento, que enriquece todas las visiones (geográfica, etnográfica, racial, de flora y fauna, filológica e histórica), le confieren los más altos elogios y agradecimientos por parte de quienes comparten un destino latinoamericano y boliviano en particular.

Fray Pedro de Anasagasti
Guardián del Convento de San Francisco de Tarija
Convento de San Francisco de Tarija, Pascua 1995.

*Prólogo de la obra Giannecchini Doroteo, historia natural, etnografía, geografía, linguística del Chaco Boliviano, 1898 , Editor Lorenzo, Calzavarini Tarija, 1996.


6.- RESPUESTA AL DISCURSO DE INGRESO EN LA ACADEMIA BOLIVIANA DE LA HISTORIA DEL DR. LORENZO CALZAVARINI OFM (La Paz, 8 de agosto de 2007)

El P. Lorenzo Calzavarini con la Medalla de los académicos.

Hace más de treinta años que conozco a P. Lorenzo; debió ser poco después de 1974, cuando ambos fuimos a vivir a Cochabamba. No recuerdo qué sucedió para que nos encontráramos, pero sí sé que me vino con un texto que acababa de escribir y del que quería conocer mi opinión. Tampoco sé de qué trataba el texto, pero sí que se me quedó grabado el problema que tienen los italianos en escribir bien el español, a causa cabalmente de su estrecho parentesco.

Desde entonces hemos tenido innumerables conversaciones; hemos coincidido en un apreciable número de eventos culturales y científicos; no estoy seguro de que le haya sido de utilidad cuantas veces ha pedido mi ayuda; de él, en cambio, yo conozco su servicialidad. Tampoco podría decir que siempre me he sentido identificado con sus maneras de analizar o de expresar su visión de la realidad; pero entre ambos ha ido creciendo la plantita del mutuo aprecio, más que dicho: presupuesto.

* * *

Cuando nos encontramos por primera vez hacia 1974 el P. Calzavarini no hacía mucho que había llegado al país; alguna vez he leído su propia descripción del frío cósmico que padeció en los ófricos claustros del convento franciscano de Potosí, adonde fue a dar para aprender español. Llegaba, como quien dice, fletado desde la Universidad Católica de Lovaina, donde se había doctorado en sociología; pero antes también había estudiado Lingüística y Semiótica en la Universidad de Urbino (a la que volverá más tarde, como investigador). Y este dato importa, no sólo para entender su peculiar forma de plantearse las cosas, sino para comprender su talante universitario secular, que hace que se le sigan atragantando ciertos estilos clericales, de dentro y de fuera de su Orden franciscana.

En Cochabamba no tardó en ingresar en la docencia, tanto en el Instituto Superior de Estudios Teológicos (que todavía no formaba parte de la Universidad Católica y donde coincidimos por breve tiempo) como en la Universidad de San Simón (aquí, desde 1975): enseñó en las carreras de Auditoría y Sociología; y durante bastante años formó parte de su Instituto de Estudios Sociales y Económicos (IESE), como plataforma de investigación. Seguramente por los avatares insondables de la vida y por sus propias querencias intelectuales y laborales, no fue la Católica sino San Simón su verdadero campo de actividad, como que en él ha permanecido durante dos décadas y media, aunque también aquí tuvo que tragar sus sapos y culebras; hasta jubilarse con 25 años de servicios, en unas circunstancias que no conozco bien, pero de las que he oído que no dicen bien del alma mater a la que había servido con honestidad. No podría hablar de la huella que haya dejado en los estudios sociológicos de aquella universidad, porque nunca hemos sido colegas en ella.

* * *

Los 7 tomos de Presencia Franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia 1606-1936 .

Aunque con unos medios tipográficamente modestos, asentado en la Universidad cochabambina no tardó en dar a conocer los frutos de su trabajo de investigador: entre ellos puedo mencionar Mundo emergente y religión. El catolicismo en Cochabamba (1977); (con la colaboración de su amigo R. Valdivieso) Creencias religiosas y escolaridad urbana (Relación estadística y análisis sociológico) (1979); pero su capacidad sólo empezó a conocerse con amplitud con su primera investigación documental (1976-1980) y que se transformará en el libro Nación chiriguana. Grandeza y ocaso (Cochabamba, Los Amigos del Libro, 1980), que lleva una presentación incisiva de Gunnar Mendoza y que se transformará en su verdadera ‘presentación' ante la sociedad intelectual boliviana; aunque muchos podrían extraviarse, quien lea con atención las páginas de Mendoza sabrá que ese volumen tuvo –en los planes de Calzavarini- una función ‘preliminar', como que en él no existe una sola cita directa de fuente archivística (contra lo que afirma Saignes) de los materiales inéditos que fue acumulando en Sucre, Potosí, Tarija, Buenos Aires y Santiago de Chile; al cabo de más de un cuarto de siglo todavía no nos ha dado su verdadera obra de tema chiriguano (aunque el tema ha salido a relucir en varias de sus obras posteriores). El de 1980, libro novedoso por varios conceptos: Thierry Saignes no alcanzó a percibirlos y valorarlos todos en una extensa y nada complaciente recensión que le publiqué en Historia Boliviana y por la que me consta que Calzavarini se sintió maltratado (aunque se negó a darle réplica). Y seguramente tenía razón, no porque muchos de los reproches de Saignes fueran infundados (basta leerlos), sino porque por sus páginas circula un evidente malhumor: quién sabe si no tenía algo de despecho contra quien le había ‘saltado' su tema. Algún día valdría la pena volver a este episodio como un ejemplo de incomunicación y malentendido en la Historiografía del país.

A partir de aquella fecha la actividad productiva del Dr. Calzavarini se ha mantenido a un ritmo incesante`. He aquí su cronología:

1990 Los franciscanos en la hora de Bolivia. Ensayos de lectura sociológica (Cochabamba, Arol)

1994 (ed.) Guía de fuentes franciscanas en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (Sucre, ABNB)

El Dr. Josep Barnadas en el discurso de ingreso a la Academia Boliviana de la Historia del P. Lorenzo Calzavarini.

1995 Teología narrativa. Relatos antropológicos de la fe popular en Bolivia (Tarija, Centro Eclesial de Documentación)

1995 (ed.), Doroteo Giannecchini – V. Mascio, Álbum fotográfico de las Misiones Franciscanas en la República de Bolivia, 1898 (La Paz-Sucre, BCB-ABNB)

1996 (ed.) Doroteo Giannecchini, Historia natural, etnografía, geografía, lingüística del Chaco boliviano, 1898 (Tarija, Centro Eclesial de Documentación)

1998 (ed.), Pedro León de Santiago, Diccionario guaraní-castellano y castellano-guaraní, 1791 (Tarija, Centro Eclesial de Documentación)

2004-2006 (ed.), Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia según documentos del Archivo Franciscano de Tarija, 1606-1936 . I-VII (Tarija, Centro Eclesial de Documentación)

Las dimensiones de la obra acumulada y en una forma aceleradamente ascendente, con una especie de ‘do de pecho' en la encyclopaedia franciscana tarixensis con sus 2.500 páginas, son realmente dignas de respeto y admiración. Y aunque suene a convencional, en ella ha dado pruebas más que suficientes para tener un sitio en esta Academia.

La Dra. Laura Escobari en la entrega de la credencial y la medalla de la Academia Boliviana de la Historia al P. Lorenzo Calzavarini.

Pero yo quisiera fijarme en otro aspecto: visto en su conjunto hasta el presente ¿no estamos ante el proceso de transformación del sociólogo en historiador? Y esto ¿no debería intrigarnos a todos y, de manera especial, a los propios historiadores? Sin declaraciones de principios ni abjuraciones espectaculares. Lorenzo Calzavarini llegó a este país como un flamante sociólogo, pero será recordado en el futuro como uno más (sin duda el mejor preparado y más dedicado) de los franciscanos que han merecido bien de la Historiografía boliviana. Y no quiero privarme de mencionar a Mingo; a mis dos coterráneos Sans y Comajuncosa (de quien acaba de enseñarnos muchas cosas); a Corrado; a Priewasser; a Martarelli (con su continuador Nino); a Maldini; y a Anasagasti. No es poco para una orden de la que se ha convertido casi en obligación destacar su apego al trabajo misionero y con los sectores populares; en suma, otra forma de decir que no destaca especialmente por el estudio y la producción intelectual…

Llegó como sociólogo y sin decírnoslo (¿sin darse cuenta?) ha cambiado de piel. Fuera de los mil recónditos motivos que el interesado se sabrá, ¿no podemos adivinar en esa literal metamorfosis el resultado de una atenta auscultación de las primarias necesidades del país? Me lleva a decirlo así, el que no sólo haya acabado en manos de Clío, sino que ha demostrado una clara opción por la edición de fuentes total o parcialmente desconocidas. Como si se hubiese dejado amaestrar por el maestro Gunnar Mendoza…

Desde 1995 reside en Tarija, donde ha llegado a tiempo para recoger la tea que le alargaba fray Gerardo Maldini. La tea de la amorosa conservación y el visionario desarrollo del complejo cultural franciscano local, hecho de archivo, biblioteca y museo. A los que Calzavarini todavía se ha sentido con fuerzas para añadirle el Centro Eclesial de Documentación.

* * *


El Dr. Adolfo Siles Salinas, la Dra. Laura Escobari, el Dr. Josep Barnadas y el P. Lorenzo Calzavarini, en la testera de la Academia Boliviana de la Historia.

Mirando la silueta humana e intelectual de Calzavarini, uno no puede menos de ver en ella su Toscana nativa: tierra y paisaje humanizados hasta la saturación, si los hay. Estilo de finura humanista. Apertura a toda verdad y a toda belleza. Este trozo toscano vivo transportado a los Andes se traiciona a sí mismo, con la autenticidad de lo inconciente, cada vez que apuntala y estimula la producción artística plástica religiosa; o que recoge el patrimonio folclórico religioso tarijeño; o que reúne en torno a una agradable mesa con vino de la tierra a algunos amigos para dar vía libre a la Tertulia comunicativa.

* * *

Al darle esta noche la bienvenida en esta Academia, no puedo dejar de desearle la más cordial bienvenida. Y desearle que su compañía no sea sólo un estímulo para que siga trabajando y produciendo (que para ello no hacía falta la elección académica, como lo ha podido demostrar hasta este momento); sino para que nos impulse a todos a cobrar conciencia de su verdadera razón de ser: la de acometer empresas que, solos, no alcanzaríamos a llevar a cabo.

Dr. Calzavarini, teniendo ya tan bien demostrado de lo que es capaz de hacer y organizar, que la elección académica, en lugar de serle un narcótitico de ‘panteón de los elegidos', más bien le espolee y nos espolee a todos a emprender las tareas que a todos nos aguardan.

 

Dr. Josep Barnadas

 


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