sello
logo CED
Centro Eclesial de Documentación
Convento Franciscano de Tarija
sello
Inicio | Centro Eclesial de Documentación | Artículos | Ebooks | Artículos Cántaro
Documento sin título
 

PROEMIO del libro “TEOLOGÍA NARRATIVA”

Más allá de los días

Portada teologia narrativaEn 1991 publiqué una autobiografía de mis 25 años de sacerdocio que ahora son 30. Incluí allí las etapas de vida que sintetizaban: años de formación en las casas franciscanas de estudios en Toscana (Italia), la decisión de venir a Bolivia, la preparación universitaria en Roma, Lovaina, Urbino, las sorpresas y los caminos en el país que puedo llamar mi patria adoptiva; y finalmente el vislumbrarse de la Cruz como realidad visible en mi andar por el mundo. Sin embargo aquellas etapas obedecían a una dinámica interior. Y fueron tiempos de gran purificación espiritual que disciplinó mi psicología y mi manera de ser en la sociedad.

Como cumplimiento biográfico escribí lo que el Padre Pedro de Anasagasti comentó como "gritos del alma". Así eran, si bien a algunos amigos les gustó denominarlos poesías. Lo sorpresivo fue que se adhirió rápidamente a mi vida la hora de las separaciones. La más "violenta" ha sido la muerte del querido Padre Pompeo Rigon. Los años vividos en la casa franciscana de San Carlos en Cochabamba fueron tiempos cálidos de iniciativas y de ternura comunitaria. En tal contexto, el Padre Pompeo era la imagen de la paternidad. Su metodología de gobierno era el escuchar y el dialogar. Los términos de sus decisiones salvaguardaban siempre la actitud personal y la instancia colectiva. En las tantas limitaciones, su lema era que "siempre algún problema queda al descubierto". Finalmente su dicho: "hagan lo que puedan" era la invitación a que todos llenaran lo que resplandecía vacío.
En la mañana del 19 de septiembre de 1991, cuando los colores de las rocas y los nevados en la cadena montañosa del Tunari invitaban a subir a sus cumbres y lagunas, él moría contemplando el amplio panorama de la ciudad y del valle de Cochabamba. Pusimos allí una cruz, a la que nunca faltaron flores. Las he visto ora soleadas, ora movidas por el viento que corre por aquellas faldas de cerros. Bella Vista es su cornisa. Volviendo a contemplarla, otro "grito" salió de mi alma:

La Cruz, pedazos de hierro y rocas
es palabra inmóvil
en el mover del viento.
Las hierbas y las flores ondean
en el claroscuro de los cerros vecinos
y en el rojo, que viene desde lejos .

...yo escucho tu silencio.

Bella Vista es vista hermosa,
encuentro de fuentes de aguas diferentes
y mismo camino, prefigurado desde la eternidad.
De cielo, de colores y de viento
siempre he vivido intensamente,
entristeciendo, a veces, los sabores que llevan .

...de la paz de tu tarde, el amanecer de otra mañana.

La percepción que tuve correspondía precisamente a "otra mañana". Con la partida del P. Pompeo se iniciaba inevitablemente una diferente situación en la comunidad franciscana. No que la noche venciera a todos pero sí que se apagaba la luz, que sabía encontrar caminos en la obscuridad y que mantenía firmes los puntos del destino más allá de los días.

El reconocimiento más bello para el Padre Pompeo fue el que la universidad de San Simón de Cochabamba le dedicara un número de la revista Runayay (hacerse hombre), que incluía varios estudios sobre el rol de las universidades en Bolivia. Se presentaban situaciones juveniles, que debían encaminarse hacia un concepto de "servicio" "en y para" la patria. Tal acontecimiento se dio, a pesar que el Padre Pompeo nunca había pisado el territorio de la universidad. Sin embargo, a nadie sorprendió esa su presencia en páginas que hablaban de juventud: pedagogía, afanes de preparación para la vida e interconexiones entre científicos y mundo campesino. Bajo la última denominación se encierra la gran labor sacerdotal del P. Pompeo. Se preocupó de aprender la lengua quechua, que perfeccionó hasta sus últimos días de vida. Su preparación lingüística, en lo que respecta la filología, estaba muy bien fundamentada en griego y en latín. En Cochabamba, el libro de cabecera para él era el diccionario quechua-español y español-quechua del P. Joaquín Herrero s.j.

Después fue el tiempo de otras separaciones. Los padres franciscanos de Trento llegaron a Bolivia en 1948. En sucesión de grupos, totalizaban en la última década un número de 25 hermanos. Los primeros, sin embargo, mantenían viva la "memoria" de una Iglesia boliviana, que se reconstruía a sí misma bajo el empuje sacerdotal. Volvieron a resplandecer núcleos de pertenencia religiosa. Desde las fatigas florecieron centros parroquiales, obras de caridad y de animación comunitaria. El Padre Silvano, el Padre Wenceslao eran aquella "memoria" de las varias iniciativas. El P. Berardo, por su parte, dejó un valioso diario del cambiar de los tiempos, que se iniciaba con la cronología de los hechos de la revolución de 1952 en Pojo y Totora y que sigue hasta nuestros días manteniendo siempre el sabor de siembra y de cosecha y del renovarse de las estaciones.

La despedida de mons Jacinto Eccher, que dejaba Bolivia después de 25 años de episcopado, culminaba la labor de 40 años. Persona bondadosa y amable, apostólica en su dedicación a los campesinos de la Prelatura de Aiquile, se alejaba llevando la tristeza del correr del tiempo. La inseguridad de la vida se plasmó en la silla de ruedas del Padre Wenceslao. Persona robusta, sabedora de todo quehacer de casa y de viajes, era amigo de las necesidades de los pobres. Y, durante su enfermedad, (que fue paralela a la muerte de P. Pompeo) los campesinos de Totora ya llevaron el problema del destino de su cuerpo. Los padres franciscanos decidieron por el lugar próximo a la tumba del P. Pompeo. La sonrisa tipificó ese destino anticipado con comentarios de benevolencia y con el dicho que allí habrían brotado rezos para su alma.

La ternura de la amistad se cerraba con el P. Silvano ( más tarde volverá a Trento, amigo de las cimas de los Alpes). Lo particular de tal simpatía iba a los intereses comunes por la literatura y condiciones del pueblo. Por ésto el P. Silvano había modelado las dimensiones litúrgicas de tonalidades sacrales andinas, que tocaban directamente la psicología de sus feligreses. De las actuaciones de las Santas Misas me queda todavía una añoranza entrañable.

En el mar amplio y profundo.

Pintura mural y altar del templo de Tolomosa GrandeLa vida entre tales amistades, permitió que ella no fuera solamente de atención a mi biblioteca y a la cátedra universitaria. El desborde de tanta agua terminaba en un diario, donde yo marcaba las visitas a los hermanos, que vivían en parroquias. Así, por invitación de ellos, asistía a las fiestas religiosas y a las del calendario agrícola de los campesinos. Mis guías eran los hermanos más antiguos, que me comunicaron los sentimientos ocultos de la religiosidad popular. Con explicaciones suplementarias reconstruí los grandes escenarios, que denominé "teología narrativa". Por pedidos de revistas italianas y bolivianas reelaboré algunas de aquellas páginas que retranscribí sin sacrificar la "empatía" con los gestos, imágenes, palabras y las acciones, que formaban la trayectoria personal y colectiva de creyentes. Para respetar las vivencias populares escogí la redacción de "relatos antropológicos", más cercana a la descripción del sujeto de mis atenciones.

Los diferentes escenarios no fueron ocasionales. Obedecían a lo que yo pensaba como acontecimientos explícitamente "teológicos", inherentes a la solemnidades de las Pascua, Navidad y Difuntos. Los inspiradores de los varios guiones son los textos evangélicos, integrados por la tradición de origen español. Se puede pensar que éstos, por la falta de sacerdotes, han mantenido siempre viva la reflexión popular católica acerca de los misterios de la Fe, que celebraban. Allí la formalidad litúrgica se integra con lo paralitúrgico. En tal sentido también se deben considerar sus fuentes: el Santoral católico y el Ceremonial romano, que indican contenidos y modalidades de las acciones religiosas.

La elección de los lugares de estudio ha favorecido las diversidades de Bolivia: la cultura beniana, el altiplano y el sur, que corresponde al territorio chapaco. La hipótesis que me ha guiado la construí partiendo de la afirmación de René Zavaleta Mercado. Según este autor nuestro país es tierra y cultura incognoscible. El concepto que da razón de tal definición es el de Bolivia como realidad "abigarrada", así como las características de los ejes que la sustentan (Estado, diferentes nacionalidades y estamentos sociales). Finalmente su incognoscibilidad se refiere sobre todo a su ser "sujeto" que incluye más "sujetos" colectivos. Mi preocupación ha sido precisamente la de encontrarlos en su contextualización teológica.

Me permito decir también que lo que más he sufrido en Bolivia ha sido el hecho de no haber convivido con teólogos. La contradicción es que mientras la literatura (poesía y cuentos) insiste en el lenguaje "testimonial", la teología se ha formalizado en conceptualizaciones que sustentan un conjunto de creencias poco ligadas al sentir del pueblo. Así el "decir" y el "sentir" no componen la visión del destino; y Dios no ha sido encontrado y la nada aceptada. Posiblemente entre las dos coordenadas de "sentido" se ubica la dimensión del Exodo bíblico. A falta de una visión de "término" surge el sentimiento de destierro que ha invadido al catolicismo urbano. Allí es donde ha nacido la literatura de "fabulación" que es cuento tridimensional: el escritor, el sujeto de la acción y el mensaje se tipifican en líneas superpuestas y son partes distintas de un texto único. Finalmente son los poetas y literatos los que han marcado los pasos y los mares de nuevos Ulises. La ventaja que deriva de esta escritura, es un nuevo revestimiento de símbolos para la condición humana.

Tal "fabulación" ha penetrado a la gran tradición artístico-popular latinoamericana, donde ha codificado una manera específica de explicitar intencionalidades profundas. En contra de otras opiniones, subrayo que la cristianización del continente fue bien diversificada y que una parte de ella se debió a la Iglesia espiritual, hija del Concilio de Trento, y que en Europa tuvo su versión "pietista" en la acción de San Carlos Borromeo. Las prácticas devocionales, fueron su resultado mientras que su explicitación conceptual recayó en la pintura y escultura. Los retablos de los templos plasmaron conjuntos de pensamiento teológico así como los oratorios, esparcidos en las campiñas, trasmitían imágenes de relaciones sacrales. Paralelamente los grandes santuarios canalizaron las síntesis entre pensamiento indígena y pensamiento cristiano explicitando actitudes, coreografías de acciones y secuencias simbólicas. Lo "narrativo" es el extenderse en el plan arquitectónico del misterio de la Fe, que es representado colectivamente y donde cada creyente se hace actor.

La dimensión de lo "espiritual" no es categoría mental, sino expresión de la interioridad enraizada en lo cotidiano, y donde el sentir es la base de los imperativos éticos y de la normatividad de los comportamientos. En tal perspectiva, lo devocional y lo meditativo se conectan directamente con imágenes de Cristos, Vírgenes y Santos que son términos de acción y de referencias personales para reconocerse en su propia existencia. Yo mismo, después de tantos años de cercanía a tales expresiones de Fe, seguramente he sido acogido en tal substancialismo figurativo. Manifesté así mi historia de vida plasmándola en imágenes icónicas y directamente asumidas en la experiencia de la Fe boliviana; y los versos rezaban:

Muchas veces ... he visto morir mi vida
cuando menos lo esperaba
y pensaba que podía estar llena.
Nadie descubrirá
aquellos momentos de Cruz,
clavados sólo en mi carne.
Grité en el silencio
porque no quise vender
algo de mí mismo.
Pienso (siempre lo he pensado)
que la soledad de la vida
es aquella Cruz que a todos nos crucifica.

 

En el año 1993 vine a vivir en el Convento San Francisco de Tarija. Posiblemente una de las razones que más me empujó para trasladarme a esta ciudad desde Cochabamba fue la de usufructuar del conjunto documental del archivo y biblioteca conventuales. La nueva posibilidad era la de lanzarme a analizar la sucesión continua de la historia de "encuentro / desencuentro" entre culturas bajo la dimensión misionera. El camino que me introdujo en tal problemática fue el manuscrito (fechado en el año de 1898) del padre Doroteo Giannecchini. Su transcripción italiana (original en lengua italiana y destinado a italianos) y la preocupación de devolverlo a Bolivia en castellano, me han permitido entrever las varias facetas de la aceptación de la Fe. El texto del padre Doroteo no es sólo crónica conventual (que también en Tarija se escribieron otras) sino un tratado polémico en contra de la formación de la Nación boliviana que olvidaba sus premisas cristianas y que seguía rumbos intelectuales de "darwinismo Social". La defensa de lo popular no fue simplemente postura, frente a los ataques de las propuestas ateísticas, sino estímulo para pensar un destino de pueblo según la intelectualidad de los "pobres". Viviendo en zonas indigenales, los misioneros fomentaron la educación, la preparación a los sacramentos y la teatralización de las actitudes devocionales en las fiestas.

De aquellas páginas he tomado coraje y ánimo para editar en libro los diferentes estudios. Pienso que mi esfuerzo podría incentivar a otros aportes de parte de los cientistas. Estaré contento si el respeto a las actuaciones populares redescubre la belleza de compartir alegrías en términos eclesiales-comunitarios.

El futuro está en las raíces

Las últimas líneas, a pesar de su redacción optimista, encierran una preocupación. El domingo 21 de noviembre de 1975, bajo mi responsabilidad, se realizó una encuesta socioreligiosa en la ciudad de Cochabamba. Resultaba claramente una situación de "crisis" del catolicismo urbano, que reverberaba espacios de grandes vacíos institucionales respecto a la conexión entre feligresía y líderes formales de la iglesia. Los datos de la encuesta se organizaron en esta concatenación. El índice de los "practicantes dominicales" era de un 7% sobre el total de la población, que además incluía las siguientes diversificaciones internas: los del centro-ciudad se redistribuían en 2% "conformistas", en 2% "no conformistas" y 3% "indiferentes" (no atención a las líneas de acción propuestas por los líderes formales); mientras en la zona intermedia y en la periferia tal redistribución era de 2% "conformistas", 3% "no conformistas" y 2% "indiferentes". Tales cifras cuantitativas podían encontrar explicaciones en la desproporción (muy negativa) entre cantidad de personas y templos, entre número de sacerdotes y representatividad ministerial y entre homogeneidad de modelos eclesiales y diversidad de vida urbana.
El análisis cualitativo de los datos, sin embargo, hacía emerger una forma de "receso" del catolicismo en dimensiones dramáticas en cuanto a dinámica urbana e intelectualidad, en cuanto a capacidad de introducción de la juventud a la vida eclesial (42% de población era inferior a los 14 años), el no interés eclesial de las "masas sobrantes" del neocapitalismo que iba imponiéndose, y lo periférico de la ciudad, condenado a moverse en espacios -sociales, religiosos, políticos- no alternativos. ¿Cómo explicar tal distorsión con las manifestaciones de religiosidad popular que se registran en la fiesta de la Virgen de Urkupiña? Yo me atengo a una concepción de "desborde" religioso desde mecanismos inconscientes, a una "contestación devocional" contra las incertidumbres de proyecciones de vida y a la búsqueda de ecos, a los "gritos" lanzados a Dios mismo.

No descarto las posibles interrogantes, que surgirán por haber hecho referencia a dicho estudio y el no incluirlo en el presente libro. Las respuestas que puedo dar son muchas. Se trata de páginas que cambiarían abruptamente el estilo y la redacción de Teología narrativa, por estar centradas en una metodología de diagnóstico sociológico. Más que contemplación de raíces se observarían hojas movidas por el siniestro viento de aquellos "tiempos de ira". Finalmente la diferencia principal entre aquel escrito y los presentes está en su valor intrínseco: el uno documento-informe y éstos de carácter testimonial.

Por mi parte defino aquella retrocesión del "Catolicismo urbano en Cochabamba, 1975" como situación de "vigilia". En mi opinión para un proyecto eclesial deben considerarse siempre la venas cálidas del Catolicismo en sus caminos teológicos, sacramentales, de vida comunitaria y los de ser "expertos en humanidad" (Pablo VI). Me permito insistir en que solamente la formación teológica y su proclamación en aspectos bíblicos, espirituales y existenciales recrearán un volumen de acción positivo para una nueva evangelización.

¿Desde dónde empezar? El vacío de la relaciones sociales, la invasión de la cultura de la imagen -sugerente y sin embargo discontinua-, lo superfluo como ostentación para los ricos y ofensa para las necesidades de los pobres, han permitido que la agresividad se posesionara de la psicología individual y colectiva, generalizando un espíritu de sospecha y de inseguridad. Allí, más que un concepto de "hermano" está vigente el de "enemigo"; lo que ha creado el espacio de la validez burocrática (dimensión de contractualidad) como necesidad para hacer frente a lo desconocido.

El redescubrir las raíces cálidas requiere de una diversidad de ministerios eclesiales no tan sólo ejecutivos sino de reflexión y de animación. La decisión de "resubstancializar" mi ser misionero me ha puesto en la base de lo "necesario", donde pueden nacer diferencias y continuidades de labor. Ha sido para mí, un volver realmente a las raíces. El convento de San Francisco de Tarija conserva una hermosa biblioteca antigua y moderna, un archivo que reporta a los inicios de los avatares humanos, desde la configuración del lejano pasado boliviano hasta nuestros días. El templo es el conjunto simbólico, que ha cobijado el cambiar y el devenir de la ciudad. Lo que he adjuntado a estas situaciones, ha sido la creación de un Centro Eclesial de Documentación, que usufructúa de la biblioteca socio-antropológica y psicológica, formada en los 25 años de mi permanencia en Bolivia.

De igual importancia, considero las obras de reconstrucción y modernización del antiguo templo de Tolomosa Grande. Esta comunidad es el centro territorial de las 12 comunidades, que visito asiduamente. El templo es un libro abierto de teología para ellas. Allí están sus Santos, su arquitectura renacentista y sus espacios sacrales en un área de 35 por 12 metros. Es la casa de un "pueblo orante". La ayuda económica de Adveniat (organización alemana intereclesial) nos ha permitido su restauración. ¿Pero, cómo actualizarlo, manteniendo el sabor espiritual, ligado a la centralidad del tiempo pascual, del misterio de la Virgen (a la que está dedicado) y a la teología popular?

Los sentimientos son siempre preguntas y respuestas para artistas. Así Jaime Calisaya ha sido el muralista y Gonzalo Ribero el escultor. Las asonancias estéticas han dado un efecto de percepción complementario. La Anunciación (el mural del fondo) es diálogo entre cielo y tierra, confirmado por la presencia del Espíritu Santo (retranscrito en posturas psicológicas y en tintes de colores, que reverberan luz); y las esculturas son la vida de Jesús de Nazaret, esparcida en su cronohistoria y en la biografía espiritual de cada uno de nosotros.

Las dimensiones místicas resaltan con el actuar de los feligreses en su ser Iglesia. Celebrando la Santa Misa, he tenido la sensación de que aquel altar (bloques de piedras "telúricas") fuera momento y destino de la historia del hombre y de su mundo. A mi canto, el coro de los niños se sintonizó más fuerte, y fuimos una sola voz.

Después, para mi "memoria", en la huerta cercana al templo -solitaria y de sólo terrones-, reviví en palabras aquel acontecimiento. ¿Pero, cómo recordar sin invocar?

P. Lorenzo Calzavarini

*P. Lorenzo Calzavarini, Teología Narrativa: Relatos antropológicos de la fe popular en Bolivia. Ed. Don Bosco, La Paz, 1996, págs. 153.

logo centro eclesial de documentación
Centro Eclesial de Documentación
e-mail: ced@franciscanosdetarija.com
teléfono/fax: 00591-4-6644909
Tarija-Bolivia