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Convento Franciscano de Tarija
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Riqueza perenne: Biblioteca, archivo y arte del convento San Francisco Tarija

Retranscribimos la “Introducción” de los tomos I-III (momento colonial) de los VII tomos de la obra: Presencia Franciscana y Formación intercultural en el Sudeste de Bolivia según documentos del archivo Franciscano de Tarija  1606-1936, editado por P. Lorenzo Calzavarini Ghinello ofm.

 [Los franciscanos] En la Villa de San Bernardo de la Frontera

Templo de San Lorenzo (Tarija la Vieja). Foto A.F.T.El 18 de mayo de 1606 es la fecha de fundación del Convento de Nuestra Señora de los Ángeles, más conocido como San Francisco de Tarija. El Documento “Escritura original de la licencia de la fundación del convento” (A.F.T. EP-1) refiere que la solicitud de presencia franciscana correspondió a los habitantes de la villa, petición que llegó a la Audiencia de La Plata el día 10 de marzo de 1606; y el 14 del mismo mes se concedió la “licencia” de construcción. A las pocas semanas, el P. Miguel Chirino estaba en Tarija y el 4 de mayo, fiesta de la Ascensión, pueblo y autoridades, reunidos en la iglesia matriz, firmaron el pacto [Derrama que hicieron los vecinos y benefactores de esta Tarija, para la fundación y erección de esta Iglesia y Convento; y tiene 173 donaciones, A.F.T.EP-2], para satisfacer las condiciones asumidas con la petición: el padre provincial enviaba “tres frailes que vayan a fundar el convento; y porque el hacerlo y la casa y todo lo demás que fuera de su sustento nos ofrecemos... sin que sea necesario se gaste de Vuestra Real Hacienda” [A.F.T. EP-1]. Seguramente se basa en el documento I.6 de 18 de mayo de 1606, la afirmación del P. Corrado en El Colegio Franciscano de Tarija y sus misiones (Tarija, 1990), que dice en pág. 24: “Catorce días después, se abrieron los cimientos...”, lo que resultaba ser el 18 de mayo (considerándolo desde el domingo de la Ascensión); tal fecha fue mantenida también en las celebraciones del III Centenario (Lauroua Manuel, Crónicas..., Parte VII del momento republicano). El documento A.F.T.EP-1 nos habla asimismo de la suspensión de los trabajos inmediatamente después, a raíz de no haber llegado a Tarija la licencia del “Señor Patrón” (Patronato Regio). En las líneas firmadas por el deán y cabildo de la Santa y Catedral Iglesia y obispado de Charcas, del 9 de enero de 1607, se manda: “y el vicario de ella ni otra persona lo impidan so pena de excomunión latae sententiae”. El mencionado señor vicario era Rodrigo Sánchez de Luna, propietario del solar que fue comprado por el síndico del convento para su construcción. Con anterioridad, el mismo había sido autor del trueque del solar para la fundación del convento de los padres agustinos, firmado el 2 de marzo de 1588 (A.F.T. EP-27). En el legajo EP-27 se incluye una carta de la diócesis de Chuquisaca, en la que se conmina al sacerdote a la ejecución de la excomunión de las personas que no cumplieran con sus promesas de entregar la ayuda a los agustinos. Sea con relación a éstos, sea a los franciscanos, junto al nombre de Rodrigo Sánchez Luna, aparecen los de Ambrosio y Diego Torres y otras personas comprometidas en la sucesión de compras y ventas de solares. Más allá de esas referencias personales, los sobresaltos fueron causados, seguramente, por el mercado de explotación del territorio urbano, que se debió a la ampliación y desplazamiento del centro de la ciudad planificada por Luis de Fuentes el 4 de julio de 1574. Se pasaba del centro, arrimado a la Loma de San Juan (A.F.T. EP-27), que se ampliaba hacia la plaza del mercado, donde se erigió también la Iglesia Matriz. El proyecto de establecimiento de religiosos correspondía a una planificación de ciudad hispana: los dominicos ya presentes en 1575, agustinos 1588, franciscanos 1606, juandedianos 1632 y jesuitas 1690. Su presencia provocaba una arquitectura espacial subdividida en puntos simbólicos. El convento de San Francisco, a pesar de estar ubicado a una cuadra de la actual plaza Luis de Fuentes (zona de trueque y mercado de productos agrícolas), se consideraba que estaba en los extramuros. El documento de trueque del solar del vicario Rodrigo Sánchez de Luna, anota que tal solar colindaba con el solar (que regaló a los agustinos) de don Diego Espeloca, (A.F.T. EP-27) cacique principal del pueblo de Talina..., “al cual le había dado y hecho merced el capitán Luis de Fuentes”. La noticia confirma que el fundador de Tarija había llegado con un contingente de personas de Chuquisaca, Potosí y centros intermedios. Evidentemente se trataba de indios amigos que, introducidos en la ciudad, colaboraban en su seguridad, mientras que tomatas y churumatas, establecidos en la región antes del arribo hispano, vivían en los alrededores de San Lorenzo y otras zonas agrícolas (Canasmoro, Tomatitas, Sella...). El establecimiento del cacique de Talina en la cercanía del cerrito de San Roque (los agustinos ocupaban el espacio del actual mercado central según el documento “Expediente seguido ante el Cabildo de Tarija para conseguir el cierre de la calle con un plano de la situación del Colegio” [A.F.T. EP-a-b]. hace pensar que en la distribución habitacional de la ciudad se introdujo un concepto de barrio, que agrupaba especialidades de trabajo e identidades culturales. De hecho, la ostentación del título de cacique y el ser hombre de poder y riqueza, manifestaba que era enlace continuo entre Tarija y su pueblo de origen.

Organización espacial de Tarija colonial. Dibujo de Javier Castellanos.Así, la ciudad hispana se preparó para su futuro, integrando elementos estéticos de la tradición de los pueblos originarios de los Andes y aportes españoles. Tal modelo había tenido éxito en las ciudades del norte. Pensando en una situación de experiencia cuzqueña de los primeros habitantes del valle de Tarija, justificamos su planificación según los “ceque” (Nathan Wachtel, Sociedad e ideología, Lima, 1973, págs. 23-35). Desde el centro inicial y su prosecución en los futuros centros simbólicos y de actividades, se puede pensar en un modelo de media luna, cuyas líneas periféricas relacionaban el río Guadalquivir a la capilla San Roque, pasando por la capilla de San Juan, con las subdivisiones internas: San Roque y agustinos; agustinos y plaza Luis de Fuentes, plaza Luis de Fuentes y casas anexas, y de éstas, a la zona no habitada que llegaba a la playa del río Guadalquivir.

¿Será arriesgado dar una denominación de chunchos a los habitantes de un “ceque” de la ciudad? Por lo que venimos diciendo, los de Talina, estaban ubicados en el espacio entre el actual mercado y la capilla San Roque y, siendo ellos del Altiplano, entrarían en la división étnica, anotada en el Documento I.14, que dice: “En la parte occidental [se refiere a los Andes que van desde La Paz al Cuzco], en que están situadas las ciudades, villas, pueblos y lugares de lo que llaman Sierra hay una elevada cordillera que perennemente está cubierta de empedernida nieve, ramo o brazo de la que circula toda la tierra; a espalda suya, mirada la cordillera de esta parte occidental, comienzan las tierras dilatadas de los infieles que, para distinguirlos de los chiriguanos, los llaman chunchos”. Por generalización, el nombre chunchos se habría trasladado a Tarija, para indicar gente del Altiplano, en contraste de los chiriguanaes, que ya estaban presentes. Por consiguiente, la oposición entre chunchos y guaraníes (chiriguanaes) habría podido estar a lo largo del camino, en la conjunción entre Chichas y Tarija que fue trayecto recorrido por los antiguos habitantes prehispánicos y confirmado por los “advenedizos” españoles desde el Cuzco y Charcas a Tarija. La bajada desde la cordillera de Sama hacia el valle de Tarija, diez horas de caminata, bien pudo justificar una posada en la actual ubicación del Lazareto. Que el cansancio y la enfermedad, hayan posteriormente encontrado denominación de lepra, con invocación de salud a San Roque, es del todo justificable. Así se explicaría la actual fiesta de San Roque, que se celebra en Tarija con tales matices (Calzavarini Lorenzo, “San Lázaro y San Roque: la fiesta de la caridad para vencer la enfermedad”, en Cántaro, nº. 151, suplemento cultural del diario El País de Tarija).

Organización espacial de Tarija republicana. Dibujo de Javier Castellanos.Sin trabajos arqueológicos, poco podemos saber sobre las poblaciones originarias de los valles. Tomatas y churumatas serían gente advenediza como mitimaes incaicos que, con la caída del Cuzco, se integraron a la presencia española, que se inició antes de la fundación de 1574. Con ella se daba, no tan sólo un hecho de inicio, sino una correlación de fuerzas territoriales y de comunicación, por ésta, Tarija tenía conexión segura con Santa Ana, Padcaya, Chaguaya, Concepción, San Lorenzo y Entre Ríos (1616), Camataquí y Camargo [Matrículas de Pías Memorias Y Capellanías, A.F.T.LPM-1]. El concepto de “frontera”, que justificaba la fundación de la ciudad contra las avanzadas de los guaraníes hacia el Altiplano, resulta una dimensión ideológica muy exagerada. La política hispana obraba en aquel tiempo con doble estrategia: la de los “tiempos cortos” y la de los “tiempos largos”. En la medida que los primeros no resultaban (en el caso guaraní: imposibilidad de entrar en la cordillera desde Chuquisaca, Santa Cruz y Tarija, la muerte de Manso, de Ñuflo de Chávez y la derrota del virrey Toledo, que en son de guerra, fue a sus tierras en 1574) dramatizaron la búsqueda de un camino de tierra y agua, desde Potosí a Buenos Aires. Así, dificultades presentes e incertidumbres del futuro exageraron los calificativos de enemistad contra los guaraníes.

Tales situaciones habrían podido ser realidad antes de la fundación de 1574 y precisamente contra la presencia hispana “advenediza” anterior. La región de Tarija fue conocida por Alejo García, que desde tierras brasileñas llegó al Pilcomayo en 1535; parte de las huestes de Almagro, que iba hacia Chile desde el Cuzco, dejó soldados-agricultores disgregados; y en 1539 Diego de Rojas y Pedro de Candia se establecieron con reparticiones de tierras. Su primera residencia cubría los alrededores de San Lorenzo con posible expansión hacia Tarija. Luis de Fuentes fue el organizador de la “república de los españoles” en conexión con “Charcas nuclear” (Josep M. Barnadas, Charcas: 1535-1565, La Paz, 1973) que tuvo su fuerza en la concentración urbana y en la dispersión rural. Nuevamente la pregunta: ¿Cómo es posible que el problema de los guaraníes se agigantara con la fundación de Tarija, cuando, en los años anteriores, éstos habrían podido aniquilar la presencia hispana? La respuesta es que, por la seguridad adquirida, Tarija-colonial suspendió el régimen de intercambio o compensación de bienes (“robos de ganado”) con las poblaciones vecinas y el proyecto de “tiempos largos” se unía con el de “tiempos cortos”. Transcribimos, para mayor información, las páginas del P. A. Corrado (El Colegio Franciscano..., op. cit., pág. 10): “Una mano temeraria o ignorante rasgó del libro de cabildo la hoja que contenía el acta de posesión y fundación de esta villa: apenas quedan unas palabras, que no dan sentido alguno. Afortunadamente podemos suplirla con una carta, que el Concejo Municipal de ella escribió a la Real Audiencia de La Plata con fecha 29 de octubre del mismo año 1574, y que es el documento más antiguo que se encuentra en este archivo”.

“Si este Cabildo (dicen) non á hecho esto ántes de agora, á sido por dar á V. A. copiosa relación de todo lo que es la tierra desta provincia y calidades della; y porque también nos hemos ocupado en hazer algunas casas con torres fuertes, y un fuerte grande para todos los indios, que está hecho de palizada, que toma toda la plaza de esta villa, dentro del cual están todos los indios muy contentos. Poblámos á cuatro de julio en un sitio bueno y llano cerca del río principal: y por medio del pueblo va una acequia de ocho piés en ancho, y por la parte de arriba va otra del mismo ancho. La tierra, á lo que hasta agora á mostrado, es fértil, y creese se darán en ella viñas, y olivares, y otras cualesquier plantas. Es muy ancho el valle, que por partes tiene más de seis leguas, y de largo habremos corrido hasta diez leguas. Tiene muchos ríos y arroyos de muy estimadas aguas, que riegan la mayor parte del valle. Es mucha tierra, que ay que poder poblar una insigne ciudad. Ay en los ríos muchos pescados de diferentes géneros, y en el valle mucha caza así de volatería como de montería; porque hay venados, hurinas, y en lo alto vicuñas y guanacos: hay palomas, perdices, patos, garzas, bandurrias y otros géneros de aves. Ay también mucho ganado vacuno cimarrón y puercos; y el ganado vacuno en tal gran cantidad, que en esta provincia no se halla otra dificultad sino en haberlo, por el daño que hacen en las sementeras, y que los toros hacen en ellas por ser muchos, y en los indios y españoles por ser muy bravos”.

 

 

Lorenzo Calzavarini

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