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Convento Franciscano de Tarija
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Riqueza perenne: Biblioteca, archivo y arte del convento San Francisco Tarija.


La ermita de Nuestra Señora de los Ángeles de la Porciúncula

Mapa de América, en Fabulas y leyendas de El Dorado, Barcelona, 1887.La fundación de un convento, incluso de un simple hospicio, corresponde a la autoridad del ministro provincial y su consejo (discretorio). Así la decisión para la presencia franciscana en Tarija vino desde Lima; es decir de la Provincia de los Doce Apóstoles del Perú que en 1607 fue nuevamente subdividida en dos, restableciendo la autonomía jurídica de San Antonio de los Charcas. Esto explica la ubicación de documentos. Por atención del P. Mauricio Valcanover, hemos recibido la información del archivo del convento San Francisco de Lima que nos hace conocer: en 1618, el convento de Tarija, nacido como fraternidad de recoletos, perdió esta denominación por la falta de personal religioso. Tal documento tuvo que estar en el Cuzco, entonces sede central de la Provincia de San Antonio de los Charcas, y posteriormente, debido a la organización archivística pasó a Lima. Como hemos indicado, los recoletos agrupaban a los hermanos que se atenían a una vida más austera, retirada y espiritual. Por eso sus conventos eran siempre de gran soledad. Sin embargo, serán los recoletos los que desarrollarán mayores actividades de predicación y de entrega a la vida misionera. El nombre dado al convento de Tarija expresa ese programa, ligándose idealmente a la cuna del franciscanismo. El convento, por los datos de las obras en los años entre 1756-1769 [A.F.T. AE-1], se ubicó en la extensión de dos manzanas. En la cuadra ubicada hacia el sur (actual calle La Madrid), se planificó una pequeña capilla y las oficinas, que hacían ángulo con las celdas de los hermanos en el lado oeste (actual calle D. Campos). Por normas de clausura, lo que no estaba edificado, era cerrado de alguna forma. La capilla de 1607 debió asemejarse a un simple salón, construido con materiales pobres. Su existencia era necesaria por una doble razón: la salmodia litúrgica u oración pública del pueblo cristiano y de las eucaristías, por las cuales se recibían compromisos fijos de ofrendas, bajo el título de capellanías.

Capilla de la Loma de San Juan, primera pila bautismal de la Villa de San Bernardo de la Frontera.La crónica del P. Diego de Mendoza nos habla de una capilla nueva que fue iniciada en 1627 e inaugurada en el año de 1645. El documento que esclarece el inicio de la vida franciscana en Tarija es el C.E.D.-V.4.31, que nos relata la biografía del primer guardián, fray Antonio de San Buenaventura. Sus días incluían hechos de conversión dramática y su santidad era sorpresa continua en una sociedad agrícola, temerosa de su propia existencia: plagas en los cultivos, daños de agentes atmosféricos y peligros de enemistades con las poblaciones cercanas. Se supone que los demás hermanos que, de tres, pasaron a un número permanente de seis u ocho, fueron personas del mismo carisma espiritual. La legitimidad de reconocerse con raíces antiguas en las tierras de Tarija, surgió igualmente entre acontecimientos de milagro. En 1616, en Torres, pueblo cercano a Salinas, se encontró una cruz. El símbolo de la cruz era muy usado por los guaraníes para mostrar su voluntad de recibir el mensaje cristiano. Precisamente en Torres se mostraba que era deseado desde los tiempos apostólicos en la imagen de un anciano que custodiaba aquella cruz escondida en la selva. La reconversión de los contenidos ideológicos, que con el virrey Toledo justificaron al régimen colonial como empresa de liberación contra la barbarie de los pueblos originarios, era clara: los guaraníes (ellos fueron los descubridores) guardaban en su historia las semillas de lo que se les quería ofrecer. El documento sobre el descubrimiento de la cruz en Torres [C.E.D.- V.4.31], en su relato profundo, explicita que el mensaje evangélico ya había sido mostrado y que  los guaraníes, más que enemigos, eran esperados. El territorio de la barbarie se cambia en espacio de cumplimiento de perfección. El mismo martirio de fray Gregorio Bolívar y sus compañeros entre los guaraníes identifica a los pueblos originarios como instrumentos de salvación y bienaventuranzas.

Muerte y vida se movían por caminos misteriosos, en los que el ardor apostólico sobrepasaba los signos negativos para transformarlos en resurrección [C.E. D.-V.4.31].

Pintura rupestre en la Angostura.Aquella cruz era milagrosa. Desapareció y se tuvo que buscarla entre los negros (que vivían la condición social más desfavorable) y en 1631, con permiso de la Audiencia de La Plata, fue llevada al convento franciscano de Tarija. Se la colocó en la pequeña capilla, y en 1645, en el crucero del nuevo templo. Desde entonces, la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles de la Porciúncula fue terreno de salvación sin separaciones étnicas y sin clasificaciones de orígenes culturales: Latinoamérica tenía destino cristiano antes de su nacimiento.

Por el ya citado documento del archivo de San Francisco de Lima, sabemos que el convento de Tarija no siguió con el programa de recolección por falta de personal. De hecho, tal régimen de vida exigía un número de frailes fijo a fin de que pudiera gobernarse autónomamente en sus quehaceres conventuales. Por ser pocos hermanos, algunas circunstancias de actividad misionera fueron realizadas por los de San Francisco de Chuquisaca en 1609 [C.E.D.- AV.4.31]. Si bien pobre, como la totalidad de la ciudad, en 1645 se inauguró el nuevo templo, que se extendía en el actual espacio de la basílica menor de San Francisco, ocupando la mitad de su nave central [A.F.T. AE-1]. El pleito de los indios yanaconas correspondió a esa construcción [A.F.T. EP-10]. Analizando los libros de cuentas, el Convento de Santa María de los Ángeles se mantuvo en el organigrama de las decisiones de la Provincia de San Antonio de los Charcas, pero demasiado reducido para asumir la dinámica urbana y poder sustentar la organización conventual, prefigurada en el Documento del P. Basilio Pons [A.F.T. Inventario I.61-70] del año de 1690. Su insistencia en las obligaciones de los hermanos para la celebración de la salmodia litúrgica (coro), que resulta de tiempos bastante largos, la meditación y la vida común, que incluía “disciplinas”, como forma penitencial de azotar el cuerpo, y el “capítulo de culpas”, otra forma penitencial de reconocimiento público de sus propias faltas con relación al cumplimiento de vida cristiana y religiosa, lo muestra bastante centralizador. El resguardo principal consistía en retener a los frailes dentro del recinto conventual, con controles en la portería y en permitir la salida siempre de dos en dos. Por esto, la estructura arquitectónica encerraba templo, salones para conferencias, bibliotecas, oficinas de trabajo, comedor y bodega; y la comunicación entre éstos se realizaba por los claustros. La actividad fuera del convento era sólo aceptada para los hermanos que vivían en las doctrinas (parroquias de indios), a los predicadores y a los que asistían a los enfermos.

India hilando e India tejiendo en un telar portátil, en Moxos, descripciones exactas e historia fiel de los indios, animales y plantas de la Provincia de Moxos en el virreinato del Perú, por Lázaro de Rivera, 1786-1794.A tal control interno correspondía el rigor de los ritos de introducción a la orden. Se empezaba con la exclusión de orígenes culturales y familiares, que los postulantes fueran hijos de españoles y criollos; no podían tener sangre indígena o negra hasta el cuarto grado o sea: bisabuelo, abuelo y padre. Se decretaba, por tanto, una reserva hacia los indios y negros así como rezaban las Constituciones [Estatutos Generales] de Barcelona (presentes en nuestro archivo en edición de 1746 -A.F.T. RR-9-): “Sea (el novicio) de buen linaje, conviene a saber, que no sea descendiente de Judíos, ni de Moros convertidos, ni de Herejes, por remotos que sean, ni sea descendiente de Gentiles modernos”. Aquí una contradicción con la práctica. Mientras la norma alejaba a los negros, en el templo se veneraba a San Benedicto de Palermo, que era un santo negro [A.F.T. EP-12]. Asimismo, había en sus altares dos imágenes de San Antonio: uno denominado de españoles y el otro de indios.

¿Cuál la diferencia? Según la iconografía antigua, el santo de Padua era representado con el Niño en el brazo o del mismo modo con el Niño de pie sobre la santa Biblia. Se quería decir a los indios (”Gentiles modernos”) que la invocación al Niño y al propio San Antonio pasaba antes por la aceptación de la Palabra de Dios, la que se presuponía conocida por los fieles de largo pasado católico.

Escritura original de la licencia de la fundación del Convento. (A.F.T. EP-1)Moviéndonos siempre en el régimen de las contradicciones, lo referido a “indios y negros” debería entenderse no como inhabilitación sino como limitación por el gran número de candidatos; por otra parte, tal preferencia era también sometida a la necesidad de “suficiencia de la latinidad” [A.F.T. Inventario I.61-70], lo que canalizaba hacia la trayectoria conventual de los hermanos legos o de simples donados a aquéllos que no habían tenido escolaridad. Más allá de las reflexiones anotadas, la totalidad del documento del P. Pons refleja un afán de burocratización jurídica, apta sólo para los grandes conventos: Cuzco, Potosí, Chuquisaca, Cochabamba y La Paz. La representación mental, que se recaba es de estancamiento, refleja una existencia encerrada en los límites del territorio colonial consolidado; y tal documento no tiene nada que ver con el brío y pulcritud de la descripción de las misiones de Apolobamba [A.F.T. M-85]. Las dos corrientes se mantenían en el conjunto provincial, y la segunda fue la que mostró más vitalidad para un nuevo espíritu apostólico. No por ser pobre, el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles descuidó ninguna de las características de casa de frailes franciscanos. El inventario de 1684 anotaba los siguientes espacios: templo, sacristía, coro, librería, refectorio, cocina, bodega, vestuario de los santos, ornamentos litúrgicos, enseres de madera, plata labrada y joyas. Sobresalían aun un órgano nuevo en el coro, preciosidad de telas, “alfombra grande de ocho varas de largo y seis de ancho de lana de colores”; entre la plata labrada se indicaba: 4 cálices, 3 crucifijos; de ellos, una “cruz alta de plata pesada” y 6 coronas. De las estatuas y lienzos, en 1684, se registraban 18 santos (esculturas) y 4 pinturas; en 1691, catorce Niños al óleo y doce Niños desnudos (seguramente para los pesebres de la Navidad). Las imágenes artísticas enaltecían ante todo las realidades de la redención, insistiendo en Jesús de Nazaret en los días de semana santa, la Virgen siempre relacionada al Salvador y a su misterio de predilección en cuanto a destino de Madre de Dios; los santos, corona del Mesías en su tiempo terrenal (San Juan el Bautista y la Magdalena) y los santos franciscanos que se acercaron más a la perfección evangélica. Entre éstos, la preferencia iba hacia imágenes de epopeya humilde, hombres que sacaron riquezas de la nada y dedicados a la acción de la caridad. San Antonio y San Francisco Solano representaban la unión de las virtudes cristianas de los dos continentes: Europa y Latinoamérica.

Nos interesa subrayar a los involucrados en tal iconografía. ¿Quiénes en Tarija eran de linaje señorial y quiénes los humildes? Se ve claramente una atmósfera de pueblo chapaco (denominación de los habitantes del Valle Central de Tarija) sin diferenciaciones muy marcadas, unido a la espiritualidad franciscana y conjunción de virtudes para un contexto latinoamericano. ¿De dónde la fuerza para deseos tan intensos? Hacemos hincapié en los rasgos característicos de vivencias que eran dictados por la precariedad. ¿Por qué hacer, rehacer y complementar el templo? El poder colonial no interfería en la obra franciscana, excepto en cuestión de “permisos”. Las preocupaciones de los “tiempos largos” nunca estuvieron incluidas si bien prefiguradas. Otro desconcierto: ¿Por qué tanto tiempo entre inicio y conclusión de los trabajos?; y además, ¿para qué tanto énfasis en nombrar poderes cercanos y lejanos? En 1607, en el reducido conjunto conventual, nació también la primera capilla. En 1627, se inició la segunda, a la cual se dio carácter de oficialidad escondiendo en sus muros una proclama de presencias (Corrado A., El Colegio Franciscano..., op. cit., pág. 28): “Debajo del cimiento de esta nueva iglesia se puso el siguiente memorial: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, de la Virgen nuestra Señora, y de nuestro Padre San Francisco, se dio principio y puso la primera piedra á este templo de los frailes menores observantes de la orden de nuestro Padre San Francisco, dedicado á Nuestra Señora de los Ángeles de Porciúncula, rigiendo la Iglesia de Dios en la Silla pontifical Urbano Octavo; y reinando en España Phelipe quarto; y siendo Virrey del Perú D. Diego Fernández de Córdova, Marqués de Guadalcazar; Correjidor de esta Villa de Tarija D. Juan Frías de Breña: y siendo general de la dicha órden nuestro reverendísimo padre frai Bernardino de Sena; Comisario Jeneral del Perú, el mui reverendo Padre frai Juan Verdugo Moreño; Provinzial nuestro Padre frai Joan de Azpetia, y Guardián de este Convento el padre predicador frai Luis de Segura, el cual dijo la misa del Espíritu Santo, y puso la primera piedra, oi viernes, á cinco de Noviembre del año de mill seiscientos y veinte y siete.”

Lorenzo Calzavarini

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