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Convento Franciscano de Tarija
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ARQUITECTURA Y SUSTENTO DEL CUARTEL GENERAL DE LOS FRANCISCANOS EN TARIJA Y SUR DE BOLIVIA


Colegio Franciscano de Tarija. Plano planta baja, 1919, A.F.T.Con relación al número de hermanos y a los objetivos de acción, el convento inicial de recoletos no necesitaba de mayores dimensiones ni de especialización de ambientes. Era una ermita. Perdida en grandes espacios de soledad en la amplia huerta y en los extramuros de la ciudad, era una construcción en “L”. Las celdas, y, al otro lado, la capilla; las primeras sobre la calle Daniel Campos, antiguamente llamada de Santa Bárbara, y la segunda en la calle La Madrid (antes calle San Juan, por el apóstol, cuya imagen había en la portería) en prosecución de las oficinas. La documentación no dice que esta capilla actuara siempre de “capilla interinaria” en la construcción del templo de 1645 y en la de 1756-1767.

Nuestras conclusiones se derivan de la descripción de la secuencia de los trabajos de 1756-1769, que indicaban lo que se debía deshacer y lo que se debía mantener en pie [A.F.T. AE-1).

Con la creación del Colegio de Propaganda Fide, ni un retazo del antiguo convento podía conservarse. Asimismo, por la falta de espacio para la realización del Plan General, se procedió a levantar construcciones de dos pisos. El diseño conservaba idealmente la ermita, no más perdida en la huerta, sino extendida en el gran complejo conventual. Fueron preocupaciones que se prolongaron casi cuarenta años. Después del documento Cuaderno de la obra: Gastos [A.F.T. AE-1], otros especifican la amplitud del Colegio. El documento I.18 de 1769, indica que sobre las antiguas oficinas entre las calles Colón y La Madrid, se construyó el segundo piso; en el documento A.F.T. EP 9-a-b, se pide un retazo de terreno en la cuadra frente a la puerta falsa (cuadra: Colón y Suipacha) para que las oficinas fueran amplias y contiguas; en el documento A.F.T EP-5, el gobernador intendente de Potosí aceptaba el cierre de la calle, hoy Colón, para dar continuidad de espacio entre las oficinas y el convento; el documento A.F.T. EP-4 atestigua la donación de doña Agustina de Echalar de la cuadra completa que hoy queda comprendida entre las actuales calles Colón-Suipacha e Ingavi-Bolívar, con destino a escuela y ensanche de la huerta.

Colegio Franciscano de Tarija. Plano planta alta, 1919, A.F.T.Con tal disponibilidad de espacios, el convento del Colegio de Propaganda Fide fue sometido a una dinámica de construcciones y refacciones. Pensamos que los padres fundadores no imaginaron la importancia que adquiriría la acción franciscana en Tarija, Chaco y Oriente; pero, sin embargo, fue éste el motivo que los obligó a engrandecer su “cuartel general”. Se nota también una cierta desproporción de osadía en las diferentes etapas de las realizaciones que se movieron con previsiones acertadas.

Las ampliaciones conventuales se complementaban, en el 1775, con la adquisición de terrenos para el cuidado de “60 mulas, tres caballos y una yegua en la Angostura”; el acta 14 [A.F.T. H-9] indica el cerco de la chacra (el Obraje), el acta 33 [A.F.T. H-9], trabajos de fray Francisco Miguel Marí en el Obraje, donde estaba el alfalfar, el acta 39 [A.F.T. H-9], el cambio de el Obraje al Tapial de San Luis.

La pregunta pertinente ahora es: ¿cómo y de qué vivían los franciscanos de Tarija? El documento que nos puede orientar es el libro impreso titulado: Estatutos Generales de Barcelona, (Madrid, 1746). En la contratapa lleva un escrito a mano: “Pertenece al refitorio del Colegio de misioneros de Tarija”. Esto aclara que era texto de lectura en voz alta, durante las comidas. Las páginas más usadas son las que consignan la “Regla de vida” escritas por San Francisco. Como hemos explicado al comienzo de esta introducción, los franciscanos americanos pertenecían a la reforma de los observantes, incluyendo también individuos de otras reformas, sobre todo de los alcantarinos. Los recoletos se transformaron en grupos internos a ambos, con tendencia a una vida austera y retirada. Los Colegios de Propaganda Fide, más que reforma, eran una nueva institucionalidad, dedicada exclusivamente a la labor misionera; y fuera del contexto provincial (unión de varios conventos bajo el gobierno de un único superior, denominado ministro provincial). Por concepto de trabajo misional se gobernaban con decretos papales e indicaciones del comisario general de la corte de Madrid.

Vista aérea de la ciudad de Tarija, 1952. Foto A.F.T.Eran autónomos y se regían por “Estatutos Municipales”, aprobados por el ministro general. Los documentos A.F.T. RR-6 y A.F.T. RR-6.a describen la situación económica del Colegio de Tarija. Los hermanos, además del trabajo, vivían de la mendicidad de bienes agrícolas. Su estándar de vida debía corresponder al de las familias de nivel medio. El condicionante mayor era el número de residentes conventuales, el trajín de las idas y venidas, la continua reprogramación de las necesidades y el hacer frente a imprevistos. La limosna, que representaba la cuarta parte del total de las entradas, obedecía a las estaciones y a los ciclos de producción de los campos, que eran las remesas de vituallas a Potosí desde Tucumán y de la propia Tarija. Se recolectaba vino, carne, sayal, cueros para sandalias, trigo, quesos, grasa, huevos, maíz, ají, miel, palmas para escobas. Todo el caminar era oficio de los hermanos donados, legos y algún sacerdote.

El documento A.F.T. RR-6 subdivide la economía conventual en “entradas de plata”, “limosnas onerosas” (a cambio de servicios religiosos con retribuciones voluntarias), que eran bienes que podían cambiarse por moneda y “limosnas puramente gratuitas”, fruto de la mendicidad. Los expendios estaban clasificados en “comestibles”, “no comestibles (polvillo, enseres de cocina, carbón e incienso para sacristía, pólvora para las fiestas)”, costos de manutención conventual y viajes. Luego el acta 6 [A.F.T. H-9], debido a que se pide a los franciscanos de Tarija una colaboración para el comisario general de Madrid, decide el aporte de 50 pesos, justificando la decisión del convento, a pesar de la obligación de muchos gastos extraordinarios: las Pías Memorias eran sometidas a tasación por el gobierno colonial, el aumento de las reducciones, que demandaba ayuda por la lentitud de las cajas reales, gastos para el templo y oficinas, para el religioso, que de “cinco en cinco años” iba a España a colectar misioneros, y gastos del comisario prefecto. Por el documento A.F.T. RR-6 sabemos que el rey había asumido los gastos para el “aceite de la lámpara y para el vino de las misas de los sacerdotes, a saber, 60 pesos para la lámpara y quince pesos para cada sacerdote...”. Se excluía el convento de la recepción de los sínodos para las reducciones, lo que representaba un capital inicial en herramienta. Así fue. Los famosos sínodos (interpretados como unión de la Cruz y la Espada) sonaban más por sus reclamos que por su verdadera consistencia.
Se necesitaba realmente un suplemento de almas para la subsistencia del “cuartel general franciscano”. La vida se justificaba sobre la base de una decisión voluntaria, con motivaciones religiosas y humanísticas. El segundo aspecto se centraba en la biblioteca que era la dimensión de intelectualidad.

La arquitectura conventual en sus espacios personales, públicos y claustros, estaba marcada por objetos que indicaban el transcurso de las horas (una casi obsesión por los relojes y horarios) y representaciones de espiritualidad. Se trataba de pinturas de los misterios cristianos, que provocaban sintonías interiores.

La descripción del P. Corrado, ya citada, subraya un aporte místico y ascético, inscrito en el complejo arquitectónico conventual. Un sabor romántico ilumina aquellas líneas. Pero, es verdad que sin contemplación de misterios y sin esfuerzo de esclarecerlos en nosotros mismos, no es posible una dedicación de gratuidad.

Lorenzo Calzavarini
Director del  CED

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