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Convento Franciscano de Tarija
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Creación del Colegio de Propaganda Fide y su institucionalidad (segunda parte)


Misioneros desde Tarija: para su inicio

Convento de Ocopa. Dibujo de Chd. Wiener, 1880.El P. Mingo en su Historia de las Misiones Franciscanas de Tarija entre Chiriguanos, (Tarija, 1996, tomo I, págs. 47-48) relata con dramatismo lo que fue el choque entre tradicionalismo e innovación de la acción misionera, reflejado en los frailes que llegaron de España para incorporarse a los proyectados Colegios de Propaganda Fide de Ocopa y Urubamba, donde encontraron, después de un peligroso y largo viaje, decisiones contrarias. La expedición, salida en los años de 1751 y 1752, se componía de 89 individuos. La primera, de 35, vino rumbo Cartagena-Lima-Ocopa; la segunda, de 54, (que sufrió un naufragio “salvados todos los pasajeros”) Montevideo-Buenos Aires. Ésta, a su vez, fue repartida en dos grupos: uno de 45, por el camino Buenos Aires-Santiago- Lima-Ocopa y el otro de 9 por Buenos Aires-Potosí-Cuzco-Ocopa, guiado por el P. Alejo Forcadel, que llegó a la sede central de la provincia de San Antonio de los Charcas en Cuzco el año de 1754, encontrando allí al comisario general del Perú, el P. Francisco Soto y Marne. La propuesta del momento fue que ellos se integraran a las misiones de Apolobamba, cuya responsabilidad era de la Provincia. La razón era que Ocopa no tenía un convento adecuado para Colegio y que, asimismo, la rebelión de Juan Santos, “pretenso inga Atahualpa”, impedía internarse en las montañas. Sin embargo, Urubamba estaba equipado, por haberse decidido su destino a Colegio de Propaganda Fide en el capítulo anterior, de acuerdo con el comisario.

2.	Petacas para viajes. Museo “Fray Francisco Miguel Marí”. (M.F.T.).Entonces, la verdadera razón era que la contraparte provincial se negaba a entregar Urubamba proponiendo entregar Ocopa y Tarija. Los documentos A.F.T. EP-11.a y A.F.T. EP-11.11 señalan una decisión de autoridad por parte del comisario general, P. Soto y Marne. Las fechas de ambos son aclaratorias: primero se crea el Colegio de Propaganda Fide y posteriormente se elabora el contrato de cesión del Convento de Nuestra Señora de los Ángeles. El espíritu de las dos redacciones es muy diferente. El comisario general no exige que se entreguen bienes o formas de subsistencia, generados por los frailes anteriores (el usufructo de las capellanías), y acepta que las misiones de Apolobamba pasen al Colegio de Tarija. El otro, al contrario, es un frío contrato que entrega un convento “pobre” y además endeudado, con sobrecarga de obligaciones de santas misas a la nueva comunidad (llevándose las ofrendas de las capellanías) y pide otras más por los hermanos difuntos de la Provincia, lo que resultaba totalmente desproporcionado para los pocos miembros del Colegio. El asunto, particularmente odioso, es que se prohíbe que algún hermano pase a la nueva realidad: “por ser útil a la Provincia, que su existencia en ella fuera necesaria o tan defectuoso que sólo buscase el Colegio por huir de la corrección de los Prelados” [EP-11.11].

El padre comisario general destina 20 hermanos (más 4, no decididos aún), que deberán ser repartidos con Apolobamba: 1) P. Francisco Escrivano, 2) P. Antonio Oliver, 3) P. Manuel Gil, 4) P. Josep Orduna, 5) P. Alejo Forcadel, 6) P. Antonio Mas, 7) P. Alonso Barrera, 8) P. Buenaventura Bellido, 9) P. Vicente Ibáñez, 10) P. Mathías de San Diego, 11) P. Mariano de la Concepción, 12) P. Manuel Mingo de la Concepción, 13) P. Antonio Cavello, 14) P. Baltasar de San Juan. 15) P. Manuel Chacón, 16) fray Joseph Colás, 17) P. Julián Navarro, 18) fray Joseph Constans, 19) fray Francisco de la Virgen del Pilar, 20) fray Francisco Severa, más los otros 4 religiosos [EP.11.a]. Según el P. Mingo (Historia de las misiones..., op. cit., pág. 52), de éstos 7 frailes fueron destinados a Apolobamba: el P. Josep Orduna, P. Alonso Barrera, P. Mathías de San Diego (se integró después a Tarija), P. Manuel Chacón (se integró a Tarija), P. Buenaventura Bellido, P. Julián Navarro (no se registra en la lista anterior) y un hermano lego (cuyo nombre no se conoce, que pasó a Tarija). A Santa María de los Ángeles de Tarija llegaron el 24 de septiembre de 1755: 1) el P. Manuel Gil, 2) un misionero sacerdote, 3) un hermano lego, 4) un donado; el 10 de octubre: 5) el P. Antonio Oliver, 6) P. Mariano de la Concepción, 7) fray Pedro del Castillo, 8) un donado, 9) P. Manuel Mingo de la Concepción. Éstos, el 14 de octubre de 1755, recibieron la entrega del convento de Tarija; y quince días después, arribaron dos más: 10) el P. Francisco Escrivano, guardián y 11) P. Antonio de la Calle (ibidem, págs. 52-57).
La lista de “Biografías” y “Necrologías” de los hermanos afirma la presencia de 9 hermanos, que fueron: 1) P. Baltasar de San Tadeo, 2) P. Francisco Escrivano, 3) P. Manuel Gil, 4) P. Mariano de la Purísima Concepción, 5) P. Alejo Forcadel, 6) fray Pedro del Castillo, 7) fray Francisco del Pilar y 8) P. Manuel Mingo de la Concepción y, por el Documento I.16, 9) P. Antonio Oliver.

3.	Sombrero, morral y montura chaqueños. M.F.T.Otra certificación de presencias la tenemos al año de 1763 [A.F.T. M-10]: 1) El P. Francisco Escrivano, 2) P. Antonio Oliver, 3) P. Vicente Sabañer, 4) P. Mathías de San Diego, 5) P. Manuel Mingo de la Concepción, 6) P. Mariano de la Concepción, 7) P. Tomás Anaya, 8) P. Alejo Forcadel, 9) un hermano lego (fray Francisco del Pilar), 10) un hermano lego (fray Pedro del Castillo), 11) P. Cristóbal Ferrero, 12) P. Mathías de San Diego. Se anotaron ya dos muertos: P. Baltasar de San Tadeo y P. Thomás de la Cruz.

Para certificar el movimiento de personal tenemos las “Biografías” y “Necrologías”, que anotan sólo a los que no se desincorporaron, también los nombres del documento M-13 de 1767, que se refiere sólo a los sacerdotes: 1) P. Manuel Gil, 2) P. Francisco Escrivano, 3) P. Alejo Forcadel, 4) P. Vicente Sabañer, 5) P. Tomás García, 6) P. Manuel de la Concepción, 7) P. Cristóbal Ferrero, 8) P. Antonio García, 9) P. Mariano de la Concepción, 10) P. Andrés Valverde, 11) P. Juan de la Purísima, 12) P. Jerónimo Guillén, 13) P. Tomás Anaya, y 14) P. Antonio Oliver.
Concluimos que el reducido número de misioneros se debió a las circunstancias de apertura del Colegio de Propaganda Fide de Tarija, a las dificultades de penetrar rápidamente en la Cordillera, a los costos inherentes a la construcción del convento, a la falta de recursos para aglutinar iniciativas misioneras complementarias y, asimismo, a la sorpresa de la Audiencia de La Plata, que no entendía la dinámica de lo que era una decidida acción eclesial de conjunto. El todo se movió sobre un plan de voluntariado, con realizaciones en secuencia discontinua y pactando siempre con unidades socio-económicas y políticas asimétricas, que constituían el universo colonial y guaraní.

Horizontes abiertos en espacios cerrados

Desde Tarija, Cochabamba y Oruro se alaba el celo apostólico de los franciscanos del Colegio, y los tres cabildos señalan el destino de ellos entre guaraníes y chanés de la Cordillera. Se podría hasta pensar en una coordinación de intenciones, después de la definición del territorio misional entre franciscanos y jesuitas, dictaminado por el rey [M-1.a; M-14; M-2]. ¿Se quería en tales documentos “seculares” explicitar una simple voluntad de apoyo o ser inspiradores de la dinámica franciscana desde Tarija? Quedan firmes las causas por las cuales Charcas no podía dominar su territorio en la parte norte, en el que los jesuitas fueron los defensores de los límites establecidos contra de las invasiones brasileñas; y quedaban más espacios todavía en la cartografía, señalados en la oposición “civilizados” y “ad barbaros”. La combinación era, una vez más, la relación entre “tiempos cortos” y “tiempos largos”; estos últimos conectaban ahora un poder de afuera (el rey) y un poder de adentro (la sociedad civil de Charcas). La respuesta debe atenerse a la metodología misionera y, por ende, a las razones por las cuales los guaraníes aceptaban la presencia franciscana.

Libro litúrgico. La escritura “Del Coro del Colegio de S. Francisco” corresponde al P. Manuel Mingo de la Concepción. A.F.T.El método en sí exigía el pedido de la reducción; y la aceptación, de parte del misionero, exigía su presencia en un único lugar, escuela y economía comunitaria. La reducción, por tanto, se dividía en dos instancias: la misión, como residencia de los neófitos, y el hábitat como unidad étnica sobre la base de una acumulación de bienes comunes. Las mismas tradiciones culturales, si bien devaluadas por el conjunto, mantenían rasgos antiguos como el sistema de autoridad de los caciques. Sin embargo, por tal camino, surgirán las dificultades internas a la reducción: la corriente de los neófitos y la de los infieles (la aceptación no significaba siempre adhesión). Más grave resultaba externamente la extensión del régimen político y eclesial colonial.

Nosotros lo definimos proceso de “extensión por anexión”. En esta perspectiva, Viedma, gobernador e intendente de Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra, elaborará su “plan de gobierno”, que integraba las reducciones de la Cordillera a la regionalización urbana de Santa Cruz.

Desde la vertiente eclesial, en el mismo sentido viene la carta de Alejandro Josef de Ochoa, obispo de esa ciudad, dirigida al Colegio de Tarija [E.P-11.11]. Si bien se atiene a la especificación religiosa, se otorga derechos que no le corresponden y ataca al régimen de los Colegios de Propaganda Fide. A tal fin, afirma que las bulas papales no corresponden a la situación de América Latina y que sólo reconoce a la autoridad del Consejo de Indias. Desde esas premisas, la cuestión religiosa y política se unen con el único objetivo de “anexión” de lo indebido. Para afianzar su estrategia, confiesa su apoyo a la propuesta de construcción del Colegio de Propaganda Fide en Tarata, anunciando también su participación económica.

incunable. A.F.T.Para tal alternativa, las dificultades estaban siempre al acecho. La carta del P. Gil [M-23], que defendía la no-pertenencia al régimen diocesano de los misioneros de Tarija, está centrada en la diferencia entre parroquia y reducción, mostrando a la segunda como entidad apostólica, dinámica y más apropiada a la proclamación del Kerigma y a la acción catequética prolongada. Su argumentación llegaba a la afirmación que la paz y la armonía reduccional no eran posibles en una realidad eclesial nacida sin espíritu misionero y sin identidad cultural. Rechazó a los comerciantes, identificados por la población andina de Portugalete (población cercana a Tupiza) y militares de Abapó: contra los primeros por ser “Portugalete de hombres desalmados” y los segundos por romper las alianzas matrimoniales. Y termina con invocación de ayuda y reprocha a quien pretende derechos sin aceptar deberes: “la lástima es que no hay a quien hacer recurso para el castigo correspondiente”. Los contenidos de la carta del P. Gil de 1782 fueron repetidos, si bien con otra argumentación, por el P. Jerónimo Guillén, escrita como guardián del Colegio en 1785 [M-27]. La defensa de la acción misionera se apoyaba en los dictámenes de las autoridades del papa y del rey que, evidentemente, eran muy positivos para alejar las incomprensiones de las autoridades cercanas.

Por tratarse de un documento de valor bibliográfico y por su estructura teológica, editado en lengua castellana y guaraní, incluimos la carta del arzobispo de Chuquisaca, fray Joseph Antonio de San Alberto a los “Muy nobles y amados chiriguanos” [M-30] de 1787. La carta fue escrita para favorecer un tratado de paz en razón de una conmoción general que sacudió a todo el oriente y región de Tarija por la aparición de un “dios fingido” (Mingo M., Historia de las misiones…, op. cit., págs. 149-150). El arzobispo, si bien presentaba a los comisionados coloniales como “hombres de honor”, se preocupaba por separar la dimensión religiosa de la política y por eso su detenimiento en la presentación de la fe cristiana.

Lorenzo Calzavarini
Director del  CED

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