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Convento Franciscano de Tarija
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PARTE II: Creación del Colegio de Propaganda Fide y su institucionalidad (continuación)


Los Colegios de Propaganda Fide: en la trayectoria latinoamericana

Capilla de Santa Bárbara en las faldas de la cuesta de Sama, probable posada de los franciscanos hacia el Altiplano. En la ciudad de Tarija, la calle de Santa Bárbara  corresponde a la actual calle Daniel Campos. La antigua denominación se justificaba por la imagen de la Santa que está sobre la puerta lateral del Templo San Francisco.Constituidos los Colegios, tomaron un rumbo de crecimiento imprevisto en su magnitud como modelo de vida franciscana, acción socio-económica y cultural, mientras que los aspectos políticos quedaban marcados por el régimen colonial. En cuanto a experiencia franciscana, se consolidó prestamente por el apoyo de la Congregación de Propaganda Fide, las autoridades de la orden en Roma y los reyes de España. El documento A.F.T. M-23 es una carta que el colector, P. Manuel Mingo de la Concepción, envió a los Colegios y Provincias de España para invitar a los frailes a entregarse al ministerio misionero. Siendo colector de Tarija, describía la vida conventual y la labor en las reducciones. Los elementos fundamentales eran: vida de clausura basada en la oración, apostolado, capacitación intelectual, fraternidad y austeridad. Desnudo de poesía es el documento [A.F.T. M-53.b] en el cual, el P. Comajuncosa, sintetiza un cuerpo legislativo y a la vez de exhortaciones, disperso en las reducciones y enviado por el comisario general de Indias. Se repite, de manera escueta, lo que exige la vida apostólica. Tal información se debería leer paralelamente al texto II.6, escrito en España, para presentar el universo misionero franciscano latinoamericano. Desde tal orilla, hace alabanza no sólo de los Colegios sino de la totalidad de las varias realidades, que no eran estrictamente conventuales. La apología del modelo de los Colegios se observa en el esfuerzo de dar vida a otros Colegios, como el de Tarata [A.F.T. RR-1.Bis] y el de Moquegua [A.F.T. RR-45.2].

En cuanto al de Tarata, que fue parte de la lucha (por aceptar a las cuatro reducciones de la Cordillera, transformadas en parroquias) entre los franciscanos de Tarija y el gobernador intendente de Cochabamba, Viedma, se debe señalar la fuerte intervención económica de parte de Charcas y del obispo de Santa Cruz, situación de la que no gozaron los otros dos: Tarija y Moquegua.

De nebulosa y de incierta interpretación es la carta de fray Agustín Martí al gobernador intendente de Potosí, en la cual rechaza la propuesta de creación de un hospicio del Colegio de Tarija en dicha ciudad [A.F.T. RR-65]. La negativa se justificaba como crítica a todas las acciones del régimen misionero y así a sus necesidades de vida peregrinante. El punto discriminante parece residir en el éxito de las labores tradicionalmente franciscanas en situación urbana y en la aprobación que el pueblo les otorgaba. Pocas palabras vislumbran en el escrito alguna referencia a la situación de las luchas de liberación en el año de 1818. El pedido del hospicio (casa de apoyo), de parte del Colegio de Tarija, estaba más que justificado por ser una etapa hacia las reducciones chaqueñas (las que desconocía) y punto de reunión en la dispersión que sufrían los frailes de Tarija.

Lo hemos incluido en nuestra selección de textos del archivo de Tarija, a fin de aclarar aspectos recónditos de la psicología individual e institucional y cómo pueden subsistir interpretaciones inadecuadas después de tanto decurso histórico. La respuesta a aquella carta es el escrito del hermano Arizmendi [A.F.T. AE-14].

PARTE III:
Proceso misionero del Colegio de Propaganda Fide de Tarija

Actividad religiosa inicial en Tarija

Capilla de la Loma de San Juan, primera pila bautismal de la Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarija.Resulta difícil aceptar que la Villa de San Bernardo de Tarija fue principalmente “frontera” contra los guaraníes, desde su fundación como villa en 1574; de hecho, ésta se preocupará pronto de llenar los requisitos de la red urbana de Charcas. Antes de las formalidades de su creación por el capitán Luis de Fuentes, ya tenía una economía consolidada, en la que los aspectos agrícolas eran los más consistentes. El P. Corrado delinea la presencia hispana, anterior al 1574, basándose en la abundancia de ganado de su territorio. También presupone una llegada anterior del dominico P. Francisco Sedeño, quien acompañó a Luis de Fuentes desde Chuquisaca.

Como en cualquier ciudad hispana, los requisitos urbanos se establecían sobre la capacidad económica y una estructura civil y religiosa, complementándose ambas en la centralidad del cabildo. Por eso, al ampliarse el núcleo poblacional, se lo distribuye en partes simbólicas con la presencia de órdenes religiosas alrededor de la iglesia Matriz. Los dominicos en 1575 establecen su morada en la plaza mayor, probablemente en la esquina diagonal del actual Concejo Municipal. En 1588 (A.F.T. EP-27) los padres agustinos construyen su convento, en 1606 los franciscanos, en 1632 los juandedianos (hospital San Juan de Dios) y los jesuitas en 1690. Estos religiosos, además de configurar simbólicamente el núcleo urbano de la villa, se extienden a los pueblos que conformaban el diseño del territorio agrícola en San Luis (Entre Ríos), Padcaya, Concepción y San Lorenzo con relación al norte. Así, Tarija era una zona central entre la regionalización de Chichas (a la cual pertenecía) y el norte argentino en la línea de Córdoba, Tucumán y Salta.

Si bien ancladas en el territorio de la ciudad, las comunidades religiosas mantenían relaciones más allá del espacio urbano. Los dominicos, según referencia del documento A.F.T. M-86, tomaron la línea de Tarija hacia Bermejo. Se puede pensar, asimismo, que la denominación del pueblo de Copacabana en las alturas de Taxara, refleja las relaciones de tierra-agua con el santuario del lago Titicaca, iniciado por los dominicos. Luego, el templo de Juntas, repite la iconografía teológica de la doctrina de Santo Tomás con temas eucarísticos, lo que lo relaciona al título de Santísimo Nombre de
Jesús, dado a su convento.

Para los agustinos, se documenta (A.F.T. EP-27) una capellanía en Chaguaya. Antonio de la Calancha (Crónica moralizada, Tomos I-VI, Lima, 1982) atestigua conexiones de predicación entre Chuquisaca-Potosí y Tarija; escribe también que los agustinos se acercaron en sus primeros tiempos a Salinas. Lo mismo habrían hecho los dominicos, donde, en 1728, tres de ellos fueron martirizados por los guaraníes.

Pintura rupestre en la Angostura.Los padres jesuitas, ya con grandes éxitos en Argentina y Paraguay, implantan una acción decidida, enfrentando el campo misionero en los aspectos de cristianización y de inculturación. Superan, en tal horizonte, los límites de la “estabilización de la conquista” (Leviller R., Nueva crónica de la conquista del Tucumán, Tomo III, Madrid, 1927), asumiendo residencia fija entre los pueblos originarios. Habiéndose concretizado el plan Chiquitos desde Paraguay y el plan Moxos desde el Perú; desde Tarija vislumbran la situación guaraní, que se extendía hasta Santa Cruz. El P. Arce se establece en Tariquea y Cuyambuyo. Compartiendo su vida con los nativos, es víctima de las incomprensiones de éstos y de los españoles, que lo acusan de despertar reacciones contra la colonia [A.F.T. M-161]. Para ellos, Salinas no es límite desde Tarija sino comienzo para una regionalización de más allá. Se certifica que tocan el Pilcomayo, llegan a Macharetí, Tarairí (Tagriri) y Parapetí [A.F.T. M-86]. A pesar de las dificultades y humillaciones, quedan firmes en sus propósitos. Envían personal y, sólo por el martirio del P. Julián Lizardi (17 de mayo de 1735), se retiran esperando tiempos de paz.

Mal interpretaríamos la división territorial entre jesuitas y franciscanos si no consideramos el proyecto misional de los primeros. Así también la intervención de las autoridades que quieren controlar el territorio.

Estamos en las realizaciones de los “tiempos largos” y la acción colonial se hace omnipresente. Posiblemente (a instancias de jesuitas y franciscanos) la repartición no va por lógica territorial sino de identidades culturales: emergencia más fuerte de los guaraníes en el espacio desde el sur hasta el Parapetí y los chanés, más numerosos en la demarcación entre Tomina y Santa Cruz [A.F.T. M-1.a]. Los misioneros del Colegio de Propaganda Fide, retomando la estrategia de su hermano, el P. Luis Bolaños, que fue el fundador de las reducciones franciscanas en el Paraguay, persiguen los mismos propósitos: no proceder por “extensión” colonial sino construir identidades sobre la base de las características lingüísticas. Los dos separan la zona de residencia urbana de la misionera: los jesuitas, organizados por el  “procurador” y los franciscanos por el “prefecto de misiones”. En ese momento, quedan diversos los comportamientos respecto al Estado y la programación de configuración de realidades alternativas eclesiales y civiles.

Los últimos aspectos fueron truncados en 1767, cuando el rey Carlos III determinó la expulsión de los padres jesuitas de Latinoamérica. Los grandes colegios y universidades cambiaron de rumbo y las misiones de Moxos y Chiquitos fueron transformadas en parroquias. Las del sur, fundadas por los jesuitas; las de la Cordillera, a su vez, fundadas por religiosos mercedarios y jesuitas y, en ese momento, regentadas por sacerdotes del clero secular, fueron asumidas por los franciscanos y serán parte del pleito entre Viedma y el Colegio de Tarija [PARTE IV: insurrecciones guaraníes, militares y plan Viedma]. Referente al Estado, a esta altura de los tiempos, los franciscanos gobernaban las reducciones en “régimen indirecto” (sustitución de la presencia del Estado), conviviendo con el indio, persona “pobre” en el conjunto colonial. Para defenderse de los comerciantes y militares presentes en la Cordillera, se atuvieron a los privilegios papales y de los reyes, otorgados a los Colegios de Propaganda Fide, frente al Estado y a las autoridades eclesiales. En la polémica con Viedma, pondrán siempre en consideración la comparación entre la situación misional de los padres jesuitas y su transformación en parroquias.

 

Lorenzo Calzavarini
Director del  CED

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