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PARTE III: Proceso misionero del colegio de Propaganda Fide de Tarija (continuación): Se cierran los “tiempos largos”.

Se cierran los “tiempos largos”

Panorama del Valle central.La política de los “tiempos largos” de tierras adentro, desde Santa Cruz y Tarija, empieza con la guerra que hizo don Francisco de Toledo, organizador del Estado Colonial, en su posición de virrey del Virreinato del Perú, que comprendía a casi todas las zonas centrales y del sur del continente. La situación de los guaraníes estorbaba a los planes de conexión de Potosí con Buenos Aires, por tierra y por agua. Después de haber victimado al Inca Tupac Amaru I (Cuzco 1571), llega a Charcas; y el 2 de julio de 1574, desde Chuquisaca, va hacia la Chiriguanía con ejércitos en tres direcciones: desde Santa Cruz hacia Parapetí; desde Sucre hacia Cuevo y desde Tarija al Pilcomayo. Será la derrota de Toledo. Sin embargo, quedó abierto el problema de los “tiempos largos” para acorralarlos desde las mismas ciudades. Pero la situación es muy diversa en los tres puntos geográficos y poblacionales. Lorenzo de Figueroa afirma que desde época temprana, en Panorama del Valle central.

Santa Cruz residían 160 españoles y de éstos 65 eran encomenderos, que tenían a su servicio 8.000 indígenas en “servidumbre” y 3.000 para “servicios personales” (Suárez de Figueroa L., “Relación verdadera del asiento de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra” en Jiménez de la Espada M., Relaciones geográficas de Indias, Tomo II, Madrid, 1885, pág. 162) y el jesuita P. Samaniego dice que los indios tributarios, de 30.000 habían quedado 5.000 (Egaña A. de, Monumenta peruana, Tomo V, Roma, 1970, pág. 425). Por Chuquisaca, se afirma un avance estanciero hasta la Cordillera con fundaciones de ciudades que dan legitimidad a la justicia colonial: Tomina es fundada en 1575, La Laguna en 1583, Sauces en 1595 que, con otras de conexión, forman el punto de avanzada y una línea de defensa. La situación de Tarija en 1616 se prolongará hasta Entre Ríos, manteniendo una penetración, que es más búsqueda de intercambios de bienes que opresión.

Río Guadalquivir en el Valle de Tarija.De hecho, los ataques se generan, no precisamente desde la periferia guaraní, sino desde las zonas más profundas del Chaco, o sea el Ingre. A los hostigamientos desde los tres puntos, responde la totalidad de la nación de los chiriguanaes en 1727. Aruma es el caudillo, que encerrado en la casa de la Moneda de Potosí, reprocha a los españoles el incumplimiento de los pactos.

Nuevamente se da un desenlace de guerra en 1735, lo que integrará a todas las regiones, y con todo su poder caerán en Salinas dando muerte al P. Julián Lizardi (Lozano P., “Vida y virtudes del venerable mártir P. Julián Lizardi” en Vaughan K., Descubrimiento de los restos del Venerable P. Julián Lizardi, Barcelona, 1901).
. A.F.T.
Poco entenderíamos acerca de las relaciones establecidas entre guaraníes y colonia sin hacer referencia a las características de las sociedades indígenas, asentadas desde Tarija hasta Santa Cruz. El documento III.20 traduce una imagen estereotipada en sus aspectos más importantes, basada en Garcilaso de la Vega (Comentarios reales, Venezuela, 1976, págs. 122-123), que relata lo heroico de la confrontación incaica, en la que se habría generado para los guaraníes el nombre despectivo de chiriguanos (guano frío). La leyenda dirá que los prisioneros habían sido conducidos al Cuzco, donde murieron por problemas de altura. En los documentos más antiguos del archivo del convento de San Francisco de Tarija, su nombre es chiriguanaes. Según Gunnar Mendoza, tal denominación podría ser de origen guaraní, compuesta por chiri (frío en quechua) y guaná (trasformado en guará, que significa región en guaraní) resultando “nuestros parientes de la región fría”, anotando así la diferencia climática entre las cálidas llanuras del Paraguay, su lugar de origen, y las estribaciones andinas, punto final de sus migraciones (en Arzáns de Orsúa y Vela B., Historia de la Villa Imperial de Potosí, Tomo III, Providence, 1965, pág. 264). Se impone, posteriormente, la denominación de chiriguanos por ser palabra fonéticamente más cercana al uso lingüístico hispano. Los guaraníes llegan al Chaco al terminar el siglo XV e inicios del XVI. En sucesivas oleadas, refuerzan su presencia entre Tarija y Santa Cruz. El ethos migratorio les confirió una dimensión guerrera, y como tales, ocuparon las tierras de los chanés convirtiéndolos en sus esclavos y llamándolos tapui (siervos).

Manuscrito del P. Manuel Mingo de la Concepción, 1791. A.F.T. La estructura política y social era la siguiente: los caciques (tuvicha) eran jefes de las agrupaciones locales, las que unidas formaban una regionalización al mando de un tuvicha-ruvicha. Éstos disponían de los kereimba (soldados) y su número era índice de poder. Las grandes organizaciones fueron siempre Macharetí, Cuevo, Ingre e Isoso. En cada una se mantenía una configuración de nación denominada ñandeve (nosotros) inclusivo, que incluía a los chanés; y ñandeve exclusivo, indicaba enemistad.

Las relaciones de solidaridad eran fomentadas por los tuvicha a través de alianzas matrimoniales (poligamia) y los grandes convites que obligaban a la autoridad a la redistribución de los bienes, manifestados en comida y “bebedurias” [bebendurrias].

El ejercicio de la medicina se encarnaba en el ipaye (brujo o chamán), que a su vez era bueno en cuanto sanaba o malo en cuanto no impedía la muerte. Ligada a tal institución chamánica surgía la figura del “profeta”, que era la contraposición del poder político de los tuvicha. Por esto, vivían solitarios, cerca de algún adoratorio periférico al grupo. Tal situación les confería rasgos de exclusión; pero también de unidad entre las diferentes aglomeraciones, logrando en las circunstancias adversas, la unidad de la nación guaraní. Su fuerza residía en la capacidad de actualizar el “mito de la tierra sin mal”, que forjó el ethos migratorio, transformado en invocación de liberación y deseo de bienestar.

La actividad reduccional de 1758 a 1774

Los nuevos tiempos misioneros se acercaron con la reforma de los Borbones, que en 1767 definió la expulsión de los padres jesuitas de Latinoamérica, generando un vacío intelectual en las élites y una profunda crisis en el universo misionero. Desde luego, no hubo reacciones a la decisión real, lo que mostraba cómo todo el entorno de la aristocracia europea y la burocracia del continente pesaba en contra de la Iglesia (la supresión de la orden por decisión papal se dio el 21 de Julio de 1773).

4.	Mapa original del P. León de Santiago, 1794. A.F.T.Sólo los franciscanos de Tarija objetaron, en varias circunstancias, la memoria de aquellas vicisitudes y nunca se contestó a sus preguntas, ni de parte de las autoridades civiles ni eclesiales. Se puede suponer también que la falta de reacciones mostró que el espíritu de aquellas decisiones ya estaba socializado y que la confiscación de bienes de los jesuitas fue de posible provecho para el Estado Colonial. Según la documentación del archivo de Tarija, el templo de la Compañía pasó a ser iglesia Matriz y su colegio permaneció hasta que el arzobispo Antonio de San Alberto se ocupó de él (Mingo M., Historia de las Misiones…, op. cit., Tomo I, pág. 64). Un hecho de sus bibliotecas está referido en el documento A.F.T. M-53.a de la misión del Piraí: “Un Auto auténtico proveído por el Señor Presidente Benavides y el Oidor López en 17 de julio de 1777, en que se manda a don Eugenio López entregue a fray Francisco del Pilar cien libros en romance, de los invendibles, que se sacaron de Moxos, a fin de que el P. Presidente Gil los distribuyese en las misiones de su cargo, y luego se sigue la entrega que hizo de ellos dicho don Eugenio, diciendo, entrego cien libros de los de menos valor, truncos y más maltratados de los que se encontraron y que su valor, según la tasación ascendió a 108 pesos, cuya entrega y recibo firmaron él, fray Francisco y el Escribano, a 18 de Julio de 1777.”

La diferencia entre el trabajo reduccional y las organizaciones civiles entre los pueblos originarios, la podemos medir en las vicisitudes de la misión de Salinas, fundada por el P. Josef Pons en 1690. Con la expulsión de los jesuitas pasó a administradores seglares hasta 1769, año en el que la asumieron los franciscanos del Colegio. Sin embargo, fue tanto el acaparamiento de las tierras de la misión que, después de varios pleitos, los padres recurrieron a la Real Junta de Temporalidades a fin de que los liberara de la administración de esos bienes. Con el restablecimiento de la reducción, se devolvieron los terrenos y, el 23 de mayo de 1772, se logró su creación.

Así la escribió el P. Antonio Comajuncosa (Manifiesto histórico, geográfico, topográfico, apostólico y político de lo que han trabajado, entre fieles e infieles los misioneros franciscanos de Tarija -1810-, Tarija, 1993, págs. 115-125). El nuevo curso se dio con la creación de la reducción que unía mataguayos y guaraníes, “gobernados por su gobernador, alcalde y fiscal, practicando las órdenes e instrucciones de los padres conversores”. La bonanza fue tal que en el “1795... tienen un pueblo bien formado con plaza y calles tiradas a cordel y con casas bien embarradas. Todo el ámbito que comprende la iglesia, casa de habitación de los padres conversores, huerta y corrales, está cercado de adobes y forma un fuerte respetable con seis cubos de buena proporción, muy capaz y bien defendido. La casa nueva, espaciosa y con bastantes oficinas: la capilla, aunque no es muy grande, pero está bien aseada, limpia y da [es adecuada], se le hizo coro alto, se enladrilló toda y se hizo un hermoso retablo por los religiosos carpinteros de este Colegio, el que se pintó y doró perfectamente. Y también se le hizo el púlpito. La sacristía está proveída de todos los ornamentos con mucha decencia y tiene una custodia capaz, de plata, para exponer el Santísimo, dos o tres cálices de plata y todas las demás cosas necesarias para el Sacrificio y demás funciones sagradas. Las estancias están pobladas de ganado vacuno, caballar, mular, burral y las sirven dos capataces y trece peones por sus salarios. El número de ganado, que actualmente tiene es el siguiente: de ganado vacuno tiene 2030, de caballar 328, de mular 42, de burral 42, de ovejuno 190”.

Comajuncosa Antonio, El Manifiesto..., Tarija, 1993.Nuestro autor nos informa también que en 1771 fueron sacadas de Salinas 200 cabezas para la fundación de la reducción de Abapó, en 1776 (año de ataques de los guaraníes) tuvieron que entregar para el sustento de los soldados 280 cabezas, en 1798 entregar para la subsistencia de la reducción de Itau 200; y estar seguidamente con costos de manutención de ambientes y entrega de instrumentos de trabajo. “Pues con tanta extracción y consumo que sufre esta misión, no parece extraño el que no se haya aumentado su ganado; antes, es como milagro que tenga lo que tiene. Pero esto se debe a la gran vigilancia de los padres conversores y a la aplicación que hacen de lo que adquieren con misas, limosnas de los fieles y sínodos que da el rey nuestro Señor a beneficio de la misma misión, pues es constante que de lo que les sobra de estas entradas para sus particulares necesidades, pagan a los maestros de escuela, compran algunas cartillas, visten a los muchachos y muchachas y remiendan otras indigencias. Así trabajan los misioneros de este Colegio sin más interés que el que esperan de la retribución de Dios” (Ibidem, págs. 124-125).

El escrito del P. Antonio Comajuncosa insinúa que la aceptación de la reducción, por parte de los pueblos originarios, se debió a la búsqueda de seguridad, en contrapartida de la violencia que los rodeaba.

Como afirma el historiador Erick Langer, subsistió otra razón: fue la necesidad de alimento, por lo que soportaban a los estancieros que se acercaban a sus territorios. Con éstos, existía un tácito acuerdo de no beligerancia por parte de los guaraníes y permitir “hurtos” de parte de los hacendados. El juego fue, desde nuestro punto de vista, peligroso, si bien reducido a la periferia de la nación. Allí, en “largos tiempos”, se produjeron profundos cambios debido al mestizaje o “conquista de las mujeres” (Morner M., La mezcla de razas en la historia de América Latina, Buenos Aires, 1969, pág. 32). El mestizaje era biológico, social y cultural, provocado por las guerras, raptos o amistades. La disminución de las mujeres generaba en la sociedad guaraní un empobrecimiento del núcleo familiar y de la fuerza de trabajo, en cuanto la mujer era procreadora y ayuda en la labranza. El mestizaje biológico se daba por alianzas matrimoniales o por rapto; el social porque trasformaba a la mujer en “criada” y el cultural por los contactos con comerciantes y militares, que difundían modales de vida hispana. Hubo, al contrario, casos de personas occidentales que se internaban en la Chiriguanía, asumiendo las costumbres guaraníes (Calzavarini L., Nación chiriguana: grandeza y ocaso, Cochabamba, 1980, pág. 130).

Mestizos, de Melchor María Mercado, 1859.Pero los “nuevos tiempos” estuvieron marcados sobre todo por la reforma borbónica. Se intentó reforzar un régimen de gobierno a fin de que se unieran las partes a la centralidad del Estado. Si no cambiaron las relaciones con España, se intensificó la estructura administrativa en función de una mayor producción. Con la creación de las intendencias, se puntualizaba las zonas locales de acción. En lugar de uno, se nombraron tres virreyes que extendían su poder a través de los intendentes. Así, mientras se consolidaba la línea vertical del poder, al mismo tiempo se acechaba a los territorios de los pueblos originarios poniéndolos en un frente a frente con el poder colonial.

Charcas, desde 1776, fue atlántica con puerto en Buenos Aires, sede del virrey. La división global y regional era, en cierta manera, “extensión” a los espacios no-conquistados. Por eso, fueron las entidades zonales las que llevaron las iniciativas directas en la persona del intendente, que asumió las funciones de gobernador, jefe militar y agente económico. El plan era claramente definido: no debían mantenerse zonas ocultas al Estado y, por tanto, la intendencia de Cochabamba incluía también a las reparticiones cruceñas de Moxos, Chiquitos (éstas con gobernadores militares) y la Cordillera. ¿Y por qué no se hicieron nuevas reparticiones, más coherentes con la trayectoria histórica, en lugar de subdividir por gobernaciones bajo la misma autoridad de Viedma? En esta conjetura, la historiografía laicista se ha movido siempre entre el salvaguardar las prerrogativas del Estado y los derechos de los pueblos originarios. ¿Cómo? La tesis es, y fue, que la actividad misionera habría, en cierta forma, acosado al indígena por los presupuestos de la aceptación del cristianismo, desnaturalizándolo de su originalidad de vida para acercarlo a las perspectivas del Estado. Es la razón del iluminismo que, coloreándose de modernidad, queda incierta en su concepción entre Estado y sociedad; y para salvar al primero (ahora: Estado democrático) no considera que aquellos tiempos eran de despotismo.

Los franciscanos fueron a la Cordillera cuando todo su territorio era conocido y estaba herido en su corazón [A.F.T. M-4]. Mientras se ocupaban de la construcción de su convento, se lanzaron a la empresa misionera en términos de averiguación del ánimo de los chanés.  Todavía era incierta su residencia en Tarija o La Plata [A.F.T. RR-1]. Ellos estuvieron conformes con quedarse en Tarija, como diría el P. Mingo en su Historia de las misiones…, (op. cit., pág. 76), citando a A. Lapide, que: Ubi est honos, ibi est onus (donde está el honor allí está también el peso de las atenciones).

Mapa de las reducciones franciscanas, 1803. Archivo y Biblioteca Nacionales, Sucre. ABNB.El estar acompañado por las autoridades de La Laguna permitía también el disponer de un “lenguaraz”, tener carta de presentación [A.F.T. M-3] y no ser confundido con la maldad de algún estanciero. Además, la vida de la reducción franciscana no se realizaba en puros términos de aceptación del cristianismo, sino miraba al conjunto, que incluía fieles e infieles sobre la base del asentimiento en la escuela, en la residencia fija y en la economía colectiva.

El primer viaje lo realizaron en el año de 1758 [A.F.T. M-5; A.F.T. M-7; A.F.T. M-6] los padres Manuel Mingo, Francisco Escribano y fray Francisco del Castillo. Se movieron entre Sauces y La Laguna. Fueron bien acogidos por las indígenas y estancieros. El P. Mingo dialogó con los guaraníes sobre la adhesión de ellos al cristianismo y fracasó. Interesante fue la imagen que de él se hicieron los chanés: él era brujo. A las preguntas, que le cayeron encima, las negó. Lo positivo de la sorpresa fue que se percibió que era persona “sacra”, lo que dejó calor bajo las cenizas. De hecho, la decisión por Pilipili (Mingo: es Piripiri: junco-junco) era estratégicamente favorable. Se trataba de una repartición chané, que, para defenderse de los guaraníes, había pedido protección a la Audiencia de La Plata. El P. Mingo relata que un cura, que tenía un hacendado en Chupasuy, los había visitado. Asimismo, que el cura de La Laguna se preocupó por ellos declarando a Pilipili vice-parroquia y enviando a un padre mercedario, que disponía de un convento en el pueblo hispano.

Frente a la corriente más tradicionalista de los chanés, los padres franciscanos no desistieron y tomaron morada en Sauces y en La Laguna. En 1761 estuvieron en aquellos parajes el hermano Francisco del Pilar y el P. Tomás Anaya. La estrategia cambió por la visita del P. Miguel Jerónimo de la Peña, quien, de origen paraguayo, y conocedor del guaraní por ser su lengua materna, pudo entender mejor las motivaciones y razones de los chaqueños.

El padre decía que el hacerse cristiano no implicaba esclavitud y no dio importancia a las transformaciones que, por la cercanía a los pueblos cristianos, se habían provocado en el universo cultural y religioso guaraní. Murió cuando volvía a Chuquisaca en el año de 1767, después de haber estado por dos años entre ellos. Contra toda esperanza, los franciscanos se asientan en La Laguna (A.F.T. M-33) con un hospicio en Tunas Cancha. Fray Francisco del Pilar estaba desde 1761 en Sauces, cuidando una capilla abandonada. El documento C.E.D. XLVII. 4.71 pone en secuencia temporal todos los hechos que hemos indicado y que pasarán después.

La Laguna (Padilla). La capilla de la Misión. Posible residencia de los Padres Misioneros.Por el momento, nos interesa subrayar la actividad del hermano fray Francisco del Pilar, que le valió el atributo de ser ipaye. Seguramente la palabra “salvación” (salud) debió salir de su boca en la presentación de la doctrina católica. En el universo cultural-religioso de quienes lo escuchaban, tal palabra integraba el mito de los orígenes, que eran las “bellas palabras” de los profetas, que guiaron hacia la “tierra sin mal” (Clastres P., Le grand parler: Mythes et chants sacrés de Indiens Guaraní, Paris, 1974; del mismo autor: La terre sans mal: le prophétisme Tupiguaraní, Paris, 1975).

Fray Francisco del Pilar llegaba sin afanes de éxitos sacerdotales, y abiertamente indicó que si no querían ser cristianos nadie lo impondría. Pero algo pasó en la comprensión de los gestos del hermano. Las inundaciones de Pilipili provocaron una división del pueblo, nació así la población de Acero (1761). Por la insistencia de los sacerdotes de Tarija, se mantuvo estable el antiguo asentamiento. Entonces fray Francisco empezó sus visitas continuas a damnificados y enfermos, hasta que le permitieron construirse una “ramada” en las afueras del poblado, lo que logró ofreciendo pequeños dones; aunque en esa ocasión lo trataron con escarnio, mandándole traer agua y leña y exigiéndole otros dones por su “ramada”.

Fueron precisamente estos comportamientos de fray Pilar los que permitieron su aceptación por parte de los guaraníes y chanés. Él era ipaye, por los aspectos de vivir marginal, ser conocedor de la medicina, asumir la condición de esclavo (traer agua y leña) y tener su oratorio; además hablaba en sueños. Así pasó que algunos caciques le permitieron construir su capilla, pero posteriormente se negaron.

El hermano no desesperó... y pasó lo imprevisto: Romi, cacique de una repartición, acusado injustamente de importunar a la mujer de otro cacique, fue flechado por éste. En sueños el hermano Pilar le dijo: “sanarás, cree en Cristo”. Romi, vuelto a la vida, se hizo cristiano en 1767, bautizado en La Laguna. Con su decisión, también un cacique de Azero y otras personas más de los dos pueblos decidieron seguir a fray Pilar.

La implantación de la misión, acogida favorablemente por las autoridades del lugar y de la Audiencia, no provocó los mismos entusiasmos en los oficiales reales de Potosí. El documento A.F.T. AE-2, (que incluía la petición del P. Mingo, entonces guardián del Colegio, y la respuesta de aquéllos acerca de los sínodos, que debían ser remitidos) relata las necesidades del personal misionero. Para apremiar, comunicaba los gastos de la comunidad y de los padres en las reducciones, que totalizaban unas 30 personas. Las reducciones eran 7. Éstas se habían duplicado por el movimiento de los sacerdotes, debido a la expulsión de los padres jesuitas. Salinas, a los dos años, pasó a los franciscanos de Tarija, asimismo las de Piraí y Cabezas, con responsabilidad del clero secular, en ese momento. Pilipili, Azero y Abapó eran obra de fray Francisco del Pilar.

De las ayudas recibidas, el P. Mingo anota: las capellanías (pasadas en 1761 al Colegio por decisión del comisario general del Perú para seguir con los trabajos del convento), las limosnas del rey a través de las Reales Cajas de Potosí que eran 70 pesos para el aceite de la lámpara del sagrario y 15 pesos a favor de cada sacerdote para vino de misas; el arzobispo de Chuquisaca, don Pedro Miguel de Argandoña, cedía las “cuartas” (emolumentos que recibían por servicios religiosos) de tres parroquias de Tarija y ayuda de los feligreses. Como gastos se indicaban: los trabajos en las reducciones, costos del colector de misioneros en España, viáticos de los superiores y necesidades de la comunidad. La conclusión era que para vivir y trabajar se necesitaba “mucha industria y mendigar en otras remotas provincias y ciudades”. No se declaraban los gastos para la conclusión de la obra del convento.

La respuesta fue positiva, pero la transcripción del “pedido” de la carta del P. Mingo fue del más cínico burocratismo, que actualizaba precisamente el espíritu de las leyes borbónicas. Los famosos sínodos, que eran más clavos de la Cruz que espadas, sustentaban: el aceite y vino, llegada y vuelta de los padres de/a España y para las reducciones 200 pesos anuales para cada misionero (sacerdote), entregados también bajo forma de ofrenda por santas misas, que era de 2 pesos, el equivalente del pago de un jornal, para trabajos ordinarios en las misiones [A.F.T. M-53.a]. El texto del P. Antonio Comajuncosa, referido a Abapó, esclarece en su (Manifiesto..., pág. 104): “...la Junta Subalterna de Aplicaciones, viendo que el Ramo de Vacantes no alcanzaba, proveyó en 18 de Marzo de 1772, que del Ramo de Temporalidades se les aplicasen 800 pesos para que sirviera de alimentos y subsistencia de los dos religiosos sacerdotes, nuevamente aumentados en dichas reducciones, a razón de 200 pesos por año a cada uno, con la carga y pensión de que hubiesen de decir y aplicar 400 misas dotadas de dos pesos cada una y que también se aplicasen 2000 pesos para Florida para la fábrica de la iglesia o capilla y el residuo se quedase para compra de ganados y fundación de una estancia...”.

 

Lorenzo Calzavarini
Director del  CED

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