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PARTE IV: INSURRECCIONES GUARANÍES, MILITARES Y PLAN VIEDMA: SIEMPRE KEREIMBA

Año de 1790. Don Francisco de Viedma mirando el castigo que se le da a Judas Tadeo Andrade, autor de Pasquines, Revista encuentro, La Paz, 1989.¿Por qué no prosperaban las industrias de las misiones? La respuesta fue dada en el año 1804 por el P. Esteban Primo de Ayala, entonces prefecto [A.F.T. RR-10]. Es claro que, siendo la reducción una concentración de personas en un espacio relativamente reducido, se entendía por industrias al suplemento de la producción agropecuaria y artesanal, destinadas al comercio. Si bien tales actividades existían por división del trabajo interno, no lograban iniciativas firmes de conexión con el mundo exterior. Las causas indicadas por el P. Esteban Primo de Ayala eran: el hecho de estar las reducciones perdidas en las “soledades”, el ser los guaraníes sobre todo agricultores y la presencia de comerciantes y soldados que debilitaban la autoridad de los conversores. Y un elemento más era anotado: las misiones estaban sometidas a un proceso de vaciamiento económico por el intercambio desigual con los cruceños [A.F.T. M-19] y por el mantenimiento de los soldados, siempre presentes en los fortines, como refuerzos en momentos de crisis.

Esa secuencia estaba en contradicción con la definición de “gobierno espiritual, temporal y político” que se atribuían a sí mismos los franciscanos. De hecho, el régimen político quedaba debilitado por las autoridades más próximas, fortalecidas ahora por el “Plan Viedma”. Todo esto teñía de precariedad a la totalidad de la red reduccional. Tal situación era percibida por los guaraníes, que se veían acorralados por la violencia y con el sentimiento de ser “esclavos”. Por tanto, el modelo misional quedaba despojado de acción positiva, traduciendo además en engaño lo que los pueblos originarios habían entregado en tierras y trabajo.

La carta del P. Esteban Primo de Ayala era, a su vez, resonancia de acontecimientos determinantes, que tocaban a las relaciones entre colonia y pueblos originarios. Era el año de 1804; desde 1778 a 1782 se dieron las sublevaciones en el Cuzco y La Paz, encabezadas por Tupac Amaru y Tupac Catari; asimismo, las de los guaraníes desde Santa Cruz hasta Tarija desde 1790 hasta después de 1803. Una parte de éstos participó como “indios amigos” en la derrota de los insurgentes altiplánicos [A.F.T.M-78.a]. Sin embargo, no ponemos una identidad de propósitos entre ambas luchas, si bien cercanas en el tiempo, mientras las de los Amaru y Catari querían revertir a su favor las estructuras del poder, las otras resurgían del ethos en la búsqueda de la “tierra sin mal”. Su política se expresaba en los “profetas”, que integraban la unión de la fuerza chamánica con la guerrera.

La causa era el debilitamiento de la periferia, que provocaba la reacción desde el corazón de la Chiriguanía. Así relataba el P. Mingo en su Historia de las Misiones..., (op. cit., págs. 207-213) los acontecimientos de 1778, cuando un “dios fingido” surgió en Mazavi, predicando el fin del mundo. Sin embargo, al concepto de salvación final se unía el de la redención de lo “temporal” de las reducciones, como salvación del presente. Con él se movía también un personaje, llamado “rey Inga”, que incitaba a la recuperación de sus propios “caudales”. Su recorrido, desde Mazavi, fue interrumpido por los de Abapó y el “dios fingido” pasó a Salinas y Aguayrenda. Fue herido y murió en Salinas en 1779.

Manuscrito MS-16, El Manifiesto..., del Padre Antonio Comajuncosa.La invocación mesiánica nacía del malestar del pueblo guaraní y chané: las divisiones se daban entre neófitos e infieles, y entre población reduccional y de “monte”. Tales fronteras quedaban inciertas y alternaban momentos de desconcierto y de coordinación general. Parece que su interpretación debe aceptar una estrategia de esparcimiento de “focos”, que nacían allí donde las circunstancias del acoso colonial rompía pactos tradicionales. Un primer foco se daba en Itau, por hambre, enfermedades y por la ruptura de alianzas interétnicas.

Los tobas, salidos del Pilcomayo, destruían a Caraparí creando muerte entre los guaraníes. También los chanés, en 1798, aprovechan de la debilidad de la reducción de Salinas. Y, según afirmación de Comajuncosa, “Ocho años duró la guerra que nos hicieron, matando, robando e incomodando a toda esta vecindad”.

En el Isosog, a medida que la obra del hermano Francisco del Pilar implantaba reducciones, se encontraba con la resistencia de Ñaguájai, que insistía en la ideología de “no queremos ser cristianos”. Obaig era población todavía enlazada con los indígenas del “monte” y su guerra parecía surgir de la oscuridad. Los destrozos fueron reparados por fray Francisco. La contradicción de pedidos de reducciones, y la reacción contraria a las mismas, mostraba que la insurgencia recuperaba más razones y más espacios.

Otro foco había nacido en 1796 en las reducciones de Sauces; y por los años de 1799, la contienda se volvió acérrima en la región del Isosog. Después de haber destruido las misiones, 5000 kereimba se reunieron en Tapuitá y atacaron Saypurú y su fuerte. Los soldados pudieron resistir, y en 1801, Viedma entraba con un ejército de 2000 vallegrandinos y cruceños. El mismo Viedma pretendió dirigir las operaciones militares. Después de una corta victoria, retiró las tropas y los insurgentes aprovecharon para declarar la suya, mostrando las cabezas de los dos capitanes: Buseta y Terrazas.

Un hecho sorprendente se realizó ante Viedma en la Cordillera. Maruama, capitán infiel, permaneció “contumaz y rebelde”. Éste, figura emblemática, no atacó al orden misionero y se mantuvo separado de él, pero defendió las razones de los conversores contra los soldados de Saypurú. Su actuación con Viedma, recibido “con flechas en las manos por orden de su jefe” Maruama, era una demostración de resguardo en favor de los franciscanos.

Guaricaya, desde 1767 hasta 1805, formó parte de la resistencia a toda conexión colonial. Su muerte se dio entre contradicciones (Comajuncosa A., Manifiesto..., op. cit., págs. 195-201). Se trataba de la fundación de Iti. Guaricaya se opuso al proyecto de fray Francisco del Pilar. El gran tuvicha, por intervención de la Audiencia, fue encarcelado en Sauces. Se decidió, con mediación de sus hijos, su liberación a cambio de la supervivencia cristiana de Iti, donde murió en 1805. En 1803, el 19 de marzo, moría también fray Francisco del Pilar en situación de “la suma miseria en que se hallaba y la imposibilidad de poder salir a buscar algún socorro, las muy reñidas contiendas que hubo entre los padres conversores y soldados del destacamento de Zaypurú” (Comajuncosa A., Manifiesto..., op. cit., pág. 236).

Saignes T., en “Estudios bolivianos” en homenaje a Gunnar Mendoza (La Paz, 1978, págs. 125-129), expone las vicisitudes del capitán Cumbay, que desde la resistencia a la colonia, se insertó en la lucha de liberación. En 1810 se encontraba en Potosí con el general Belgrano y le ofreció el apoyo de “dos mil indios para que lo ayudasen a pelear contra los españoles. Y de hecho en 1814, se señala a Cumbay combatiendo al lado de los guerrilleros Padilla, Cárdenas y otros”.

Sombras de otros destinos: el Plan Viedma

Antiguo templo de la Misión de Abapó. Foto A.F. La Recoleta (Sucre).No existe aprobación más directa a los escritos de Bartolomé de las Casas y a la obra de los padres jesuitas en Moxos y Chiquitos, de parte de una autoridad civil, que la de don Francisco de Viedma en su Descripción geográfica y estadística de la Provincia de Santa Cruz de la Sierra, (Cochabamba, 1969), es decir, la presentación del nuevo plan del gobernador e intendente de aquella jurisdicción. El texto es una relación del año de 1788.

Por sus propósitos de reorganizar las situaciones según los dictámenes de la reforma borbónica, por su capacidad de interpretar realidades administrativas y por su esfuerzo de superar la tragedia de los hechos de los Catari, su autor está considerado entre los personajes más ilustres de fines del siglo XVIII. La biografía de Viedma se inicia así: “Nacido en la ciudad de Jaén por los años de 1737” (Cossío Salinas H., “Introducción” en Viedma F. de, Descripción..., op. cit.). Casado en España, llega solo a la costa de la Patagonia en 1779 [A.F.T. M-146]; y en 1783 es gobernador e intendente de Santa Cruz de la Sierra con sede en Cochabamba (Barnadas J., Diccionario histórico de Bolivia, Sucre, 2002) y queda en tal cargo hasta su muerte, acaecida el 28 de junio de 1809. Vivió con el aprecio y respeto de sus criados, sin dejar descendencia ni en España ni en Cochabamba. Esta ciudad lo recuerda por sus obras de caridad, por su actividad política y civil. Por pertenecer a la Tercera Orden Franciscana su cuerpo descansa en el templo de San Francisco.

El “Plan de Gobierno”, así como lo encontramos en su Descripción..., (op. cit.), manifiesta contradicciones internas, negando a veces las ideas adelantadas del reformismo, que quería implantar. Su metodología de investigación sigue cánones que todavía hoy resultan apropiados; sin embargo, entre sus páginas, encontramos algunos enlaces de exagerada linealidad de propósitos, que uniformizan la diversidad de situaciones.

Sus capítulos empiezan en la región de Cochabamba, que describe con mucho esmero y precisión de datos. Es un contador en postura de administrador. Informa sobre el acontecer económico: producción, comercio, obras, sínodos para los curas e impuestos para los trabajadores de la tierra.

En este aspecto sobresalen las páginas que indican las contradicciones y la actitud usurera del Estado Colonial y agentes intermedios. Sin embargo, después de haber contabilizado tal situación, no indica opciones alternativas para otros rubros productivos y de redistribución de bienes.

Pasa luego a Santa Cruz de la Sierra. Observa después la región norte de Santa Cruz, desde donde ataca al régimen de esclavitud de Moxos y Chiquitos en situación de parroquias, con curas diocesanos, reproponiendo el modelo jesuítico. Con escritura menos precisa y globalizando contextos, va a Pedro Vicente Cañete y Domínguez: las reducciones franciscanas, presentando más factible el modelo parroquias, anteriormente despreciado. Además, su atención se centra en las cuatro reducciones que ofrecen más posibilidad de ser urbanizadas alrededor de Santa Cruz de la Sierra. ¿Habrá una voluntad política escondida de trasladar el obispado de Santa Cruz a Cochabamba o crear otro obispado en Cochabamba (Anexo 2 en Viedma F. de, Descripción..., op. cit.) sin perjuicio para el de Santa Cruz, habilitándolo con el necesario entorno eclesial (parroquias)? Su descripción divide a las reducciones de Piraí, Florida, Cabezas y Abapó, declarándolas de fieles en su globalidad y separándolas de las otras, como si éstas fueran sólo de infieles.

Existía, además, un eslabón que no podía concebirse en continuidad administrativa con Chiquitos, Moxos y Apolobamba (su propuesta era unirlos en intendencia), que era el territorio de los Yuracarés (Chapare); y de ahí su preocupación de insertar el Colegio de Tarata con la misma configuración jurídica de Tarija. Así es que sus acusaciones al Colegio de Tarija tomaban matices de ineficiencia de sus conversores, de insubordinación y de no avanzar con la mentalidad de los tiempos, por no ser rentables en sus actividades. Queda sospechosa la conducta del obispo de Santa Cruz, Alejandro Josef de Ochoa, que lanzó la piedra y luego guardó silencio en la contienda entre franciscanos y Viedma. Éste quería poner a las cuatro reducciones en situación de parroquias, entregándolas a los franciscanos de Tarata en contra de los de Tarija, para introducirlas en régimen colonial directo, con impuestos para los indígenas y sínodos de 1000 reales para los párrocos. Nos sobreviene la sospecha de una posible articulación de intentos de discurso eclesial con el civil: los impuestos para mestizos guaraníes fueron proyectados por el cura cruceño don José Rivero [A.F.T. M-53.a].

Pedro Vicente Cañete y Domínguez: Mapa de la Provincia de Potosí, 1787.Aquí nuevamente se impone la diferencia entre institución parroquial y orden misionero. Más allá, el afán de una aplicación rápida de un proyecto reformista, que invertía las relaciones entre colonia y pueblos originarios: uniformar a todos los individuos en un amplio concepto de estar bajo tasación. Tal horizonte de Estado moderno estaba subscrito por personajes de ciencia del momento. Uno de ellos es Haenke Tadeo (una mano amiga envió al Colegio de Tarija la trascripción de una página irreverente contra la labor del Colegio (A.F.T. M-133) que, en perfecta sintonía con Viedma, le envió observaciones sobre la actividad de los franciscanos, fijándose en la relación de lo religioso hacia lo temporal (y no lo contrario) declarando la necesidad del control del primero y la diferenciación entre ambos (Haenke T., Su obra en los Andes y la selva boliviana, Cochabamba, 1974, págs. 136-138).

Cañete, dedicado a otro tipo de actividad y originario del Paraguay, de lengua materna guaraní, observó acerca de fray Francisco del Pilar: “...y aunque este santo religioso es digno de toda fe y crédito sobre su palabra, me dio la prueba más eficaz en sí mismo con no saber explicar, ni medianamente en el idioma de los chiriguanos, al cabo de tantos años que vive entre ellos, como lo reconocí yo mismo por la inteligencia que tengo de la lengua guaraní” (Cañete y Domínguez P., Guía histórica, geográfica, física, política, civil y legal del gobierno e intendencia de la provincia de Potosí, La Paz, 1952, págs. 252-253) y, según palabras de fray Pilar, tampoco ningún padre hablaba guaraní. De fray Pilar, como lenguaraz, se puede afirmar que, sin conocimiento del guaraní, no habría podido vivir en puestos de avanzada durante tantos años, y permanecer entre ellos hasta su muerte. En cuanto a los demás padres, se debe decir que en el Colegio existía cátedra de lengua chiriguana y que, en 1791, el P. León de Santiago concluía definitivamente su diccionario, que en edición moderna es el Diccionario guaraní- castellano y castellano-guaraní, (Cochabamba, 1998).

La concomitancia temporal y la similitud de las críticas al orden misionero justifican la reacción del P. Antonio Comajuncosa: “pues si solos los seglares son los políticos, los económicos, los discretamente celosos, los desinteresados y los buenos, echen de todos los pueblos a los curas y religiosos y gobiérnelos solos los seglares; pero seglares que tengan el espíritu de Viedma y veremos en qué paran sus proyectos” [A.F.T. M-125]. Y, profundizando las acusaciones de complot de los franciscanos contra Viedma, en su carta dirigida a los padres del Colegio, con suma ironía comenta: “...ya ven Vuestras Reverencias que en la primera cláusula nos hace del partido y secta de los Marates, Robespierres y demás conspiradores de la libertad e independencia, que en estos últimos años ha causado tantas guerras en toda Europa” [A.F.T. M-152.22].

Resumiendo interpretaciones, se debe reconocer que el laicismo había nacido ya, que las posturas racionalistas tenían espacio en América Latina y que las circunstancias más negativas de la Revolución Francesa eran conocidas en el Colegio de Tarija. ¿Qué sitio correspondería entonces a Viedma en una logia científica? Su visión administrativa le permitió ver los problemas inherentes a los territorios incluidos en la colonia, pero le faltó visión política para los problemas más profundos, que pretendía resolver con la inserción “ciudadana” de los pueblos originarios en el contexto del Estado moderno.

Lorenzo Calzavarini
Director del  CED

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