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PARTE IV: INSURRECCIONES GUARANÍES, MILITARES Y PLAN VIEDMA: SIEMPRE KEREIMBA

Otra lógica: la respuesta del Colegio de Propaganda Fide de Tarija

2.	Colegio de Propaganda Fide San José de Tarata.Implantar una reducción no era simple decisión de voluntad. Se movía entre circunstancias contrapuestas, formalizando rupturas de relaciones interétnicas e intra-étnicas. Los grandes opositores estuvieron siempre presentes, y además, con poder suficiente para hacer frente por años a tal situación. En el 1788, desde luego, se mostraba que la reducción constituía camino viable para resolver el malestar guaraní-chané, causado por el acorralamiento colonial. Y su fundación, más que a una realidad, respondía a un proyecto a largo plazo.

Los cambios inducidos tocaban a la totalidad del sistema de vida pasada de los pueblos originarios. Ante todo, la concepción de territorio, que cerraba los espacios abiertos, definidos “sociedades nómadas” por la antigua antropología, y obligaba a la agricultura intensiva. Asimismo, la forma de residencia poblacional no estaba dispersa sino concentrada y, por ende, agrupaba a las familias bajo el control colectivo. La escuela, el trabajo agrícola y la economía eran trasformados en unidad de servicios, que anulaban la amplitud regional.

La densidad de personas trasladaba el centro simbólico-religioso desde su actividad periférica al centro del poblado y lo acercaba al lugar formal de la toma de decisiones, que eran las oficinas, regentadas por los padres y por los caciques nombrados por ellos. En tales hechos, necesariamente, se desarrollaba la división del trabajo, que establecía estamentos diferentes dentro la reducción. Y plaza-templo-escuela-oficinas se constituían en lugares de estricto control social. Así, el malestar no era sólo originado desde afuera, sino ya percibido desde adentro por haber roto las relaciones intraétnicas.

Las dinámicas que se oscurecían más, eran ‘ser familia’, el rol del hombre y de la mujer y la actitud guerrera. Un espacio intermedio se dio combinando la autoridad de los conversores y la autoridad de los caciques, con la división entre neófitos (por lo que la reducción se identificó con la Misión) y la reducción propiamente dicha, que englobaba también a los infieles. Por tanto, la presencia de las dos plazas, para las fiestas tradicionales guaraníes y las religioso-católicas, era parte de la arquitectura global.

Indios yuracarés en la huerta del Colegio de Tarata A.F. Tarata.Por todo lo indicado, se imponía una conceptualización de lo nuevo respecto a lo antiguo; y, tomando por positivo al primero, el otro, por simple contraposición, se volvía lo contrario. La nomenclatura negativa hacia los “infieles”, los “del monte”, los “bárbaros” y otras apelaciones significaban diferencias, más a nivel lingüístico que de contenidos psicosociales y culturales. Por tal motivo, el problema de la incomunicación era la mayor dificultad que aumentaba con las intromisiones externas que se introducían en la reducción. La terminología corriente era de “ignorantes”, “idiotas”, “vagos”, “flojos”, que reflejaba lo que Clastres ha definido como la lucha contra la violencia del Estado (Clastres P., La société contre l’ État, Paris, 1974). El método reduccional mostraba su validez por el simple hecho que los franciscanos, si bien en extrema pobreza, lograban mantener unidos a un promedio de 600 personas en cada reducción. Así que su acción pedagógica era la de respetar la identidad guaraní, sustentada sobre todo por los infieles, y atenerse a arreglos siempre cambiantes con los neófitos.

Lo que se reprochaba al Plan Viedma era, precisamente, las razones de querer dividir la nación guaraní-chané [A.F.T. M-146], afirmando que: “el motivo más principal es la desavenencia que necesariamente se suscitarán entre nosotros y otros misioneros [los padres del Colegio de Tarata] por causa de la mucha inmediación, en que se hallarán, pues de la misión de Abapó a la de Mazavi no hay más que una jornada con cargas. Los indios de unas y otras misiones son de la misma nación chiriguana y hay entre éstos y aquéllos mucha conexión, ya de tratos y convites, ya de parentesco de consanguinidad y afinidad, por cuyo motivo, llevados de su natural propensión, fácilmente se mudan de unas misiones a otras, lo cual es en el día soportable por guardarse en una y otra el mismo método, y estar los padres conversores bien unidos por estar bajo un mismo gobierno... La repartición de las tierras de infieles es más natural y más conveniente se haga por nación que por obispado”.

Esta afirmación del P. Antonio Comajuncosa fue la guía de la reacción al Plan Viedma del Colegio de Propaganda Fide de Tarija, expresión donde podemos encontrar bases de política indigenista. Otras razones más se unieron después, denunciándolas a las autoridades, que podían contrarrestar las decisiones del gobernador e intendente. El 11 de diciembre de 1792, se suspendía en La Plata el plan de gobierno [A.F.T. M-157].

La dilación no dejaba tranquilos ni a los franciscanos ni a Viedma. Por tal motivo, la polémica siguió con tintes hasta personales. Se debe decir que la introducción de las reducciones, con impuestos al orden colonial, había empezado en Salinas, con la disculpa de siempre: la defensa contra los guaraníes [A.F.T. M-19]. Finalmente, un afán igual se daba desde Tarija, Santa Cruz y el Ingre: en Salinas en 1773, Viedma en 1788 para Santa Cruz; y por las reacciones de Cumbay contra la colonia en 1805.

Las insurgencias guaraníe-chanés se debían al antiguo procedimiento de ampliar los espacios hispanos, procediendo con el modelo de extensión por anexión de las partes periféricas coloniales y, a su vez, guaraníes.

Desde 1796, la polémica contra el Plan Viedma fue asumida por el P. Antonio Comajuncosa. De amplia preparación cultural, era sobre todo profunda en los aspectos teológicos y jurídicos. Su actuación se movió siempre en la normatividad del prefecto de misiones, lo que le permitió dialogar con autoridades de diferentes niveles. Quedaba clara su ventaja de ser conocedor de las situaciones reduccionales, de las costumbres del pueblo guaraní-chané, de los conocimientos de las relaciones jurídicas entre Iglesia y Estado Colonial y del derecho de los Colegios de Propaganda Fide. A pesar de su postura sacerdotal y franciscana, no le faltó espíritu mordaz cuando las afirmaciones y trámites autoritarios de Viedma, pasaban los límites del sentido común o del respeto.

Manuscrito EP-11.a. A.F.T.Su primera intervención desvirtuaba al “informe” del gobernador intendente sobre las reducciones orientales y chaqueñas. Lo atacaba por las imprecisiones geográficas, por haber deformado voluntariamente sus realidades socio-económicas y por inventar discordias entre los religiosos [A.F.T. M-125]. El P. Comajuncosa presentó a Viedma ante don Joaquín del Pino, alto personaje de las provincias del Río de La Plata, hasta en sus aspectos psicológicos, su conducta incoherente, su arbitrariedad al negar los sínodos, su propensión a introducirse en los modos de vida de los frailes y su espíritu pietista, que proyectaba su propia salvación espiritual sin escrúpulos en el actuar sociopolítico [A.F.T. M-146].

El documento M-152.22 es un informe al padre guardián y al discretorio del Colegio. Siendo comunicado para franciscanos, enumeraba con libertad todos los elementos de fricciones que Viedma había creado. Resultaba una síntesis de toda la problemática, ampliándola a las pretensiones del Colegio de Tarata, y más específicamente al P. Bejarano (Bernardo Jiménez), comisario prefecto de misiones, quien era persona de modales religiosos incorrectos, apoyaba además los proyectos del intendente. Volvían siempre los temas de la presencia de los fortines y comerciantes, hasta pedir su retiro [A.F.T. M-57.a] porque éstos creaban inseguridad en las reducciones.

La presentación de las insurgencias y la descripción de los conflictos de la Cordillera muestran sobre todo la actitud política del P. Comajuncosa. Sus conceptos fundamentales se basaban en que no se debía romper la unidad de una nación con sus sistemas de vida, que tocaban a la cultura, psicología, economía y otras relaciones intra-étnicas e inter-étnicas. Su ser cristianos, al mismo tiempo que los canalizaba “desde las tinieblas a la luz” (universo religioso), los introducía en una forma de sociedad que les permitía dialogar con otras sociedades. Muchas reflexiones (o precauciones) todavía “negativas” eran el resultado de la falta de consolidación del proceso reduccional que no se extendía a todo el pueblo de los guaraníes y chanés. La insistencia en lo impropio de la decisión de separar a las cuatro reducciones norteñas, se debía a que éstas encubrían relaciones tradicionales de mutua ayuda con las del “monte”. Por eso, las subversiones formaban parte de momentos de crisis interna y de las intervenciones externas, que eran el preludio de la implantación del sistema colonial.

No podemos imaginar, a pesar de las referencias a la Revolución Francesa y al conocimiento de la logia del reformismo, hasta qué punto Comajuncosa previó los movimientos de la independencia de Latinoamérica. Sabía, sin embargo, que las relaciones entre Iglesia y Estado Colonial habían cambiado y que desde el Estado (dominado por fuera quien fuera) podía ocurrir cualquier cosa. Tal pensamiento era compartido por los demás frailes del Colegio. Aquí residía, pensamos, la razón principal de la aprobación del Manifiesto..., (op. cit.) del P. Comajuncosa en disfavor de la Historia de las Misiones..., (op cit.) del P. Mingo: el primero, defensa del quehacer eclesial y franciscano; y el segundo, trascripción de esfuerzos de la extensión del mensaje evangélico [A.F.T. H-9]. Hasta su obra El Comisario Prefecto..., (op cit.) es testimonio escrito frente a lo que podía acontecer: ¿Otro Moxos y Chiquitos sin sus conversores? La “repentina mutación” [A.F.T. M-152.25], prevista por fray Francisco del Pilar, se cercaba, con sus consecuencias para otros pueblos originarios.

Lorenzo Calzavarini
Director del  CED

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