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PARTE V: Ocaso reduccional y conventual del Colegio de Propaganda Fide

En el destino de Tarija

Mapa de los Virreinatos constituidos por la reforma borbónica. Mesa Gisbert C., Historia de Bolivia, La Paz, 1997.La reforma borbónica significó la reestructuración administrativa y política del territorio latinoamericano. En 1776, se creaba el Virreinato de La Plata, con sede en Buenos Aires. En él se constituían en 1783, las intendencias y provincias, que en Charcas fueron: la intendencia de La Paz, Cochabamba, Chuquisaca, Potosí y las provincias de Moxos y Chiquitos. En este nuevo rostro, respecto a la antigua configuración de Charcas, no aparecía Tarija, que estaba integrada a la intendencia de Potosí. Rota la omnipresencia de la Audiencia de La Plata, el trabajo de los franciscanos se fragmentaba en tres grandes regionalizaciones: Chuquisaca, Cochabamba (con gobernación de Santa Cruz) y Potosí. Tarija quedaba periférica según la tradicional perspectiva colonial de ser camino de aguas y tierras desde Potosí hacia Buenos Aires.

La falta de reconocimiento político y administrativo propio permitió un tácito juego de poderes entre las intendencias establecidas. Tal situación fue aprovechada por Viedma en su “Plan de Gobierno”, propuesto en 1788, que debilitaba ulteriormente la acción del Colegio con la cesión de las reducciones de Abapó, Piraí, Florida y Cabezas, transformadas en parroquias, a favor del obispado de Santa Cruz. Todo correspondía a un refuerzo de las entidades centrales de Charcas y del poder colonial hacia los pueblos originarios. La reacción del Colegio de Tarija fue la de no aceptar tal proyecto porque rompía la red reduccional, dividía a la nación guaraní-chané e introducía las tasaciones. El conjunto de tales causas provocaba el retorno al “monte”. Según los franciscanos, fueron estas perspectivas las que motivaron las sublevaciones. Frente a la defensa de la entidad indígena, Viedma respondía con la acusación que eran los padres los que instigaban a los guaraníes y chanés contra el Plan de Gobierno. La persistencia en su postura y el recurrir continuamente a las autoridades de la Audiencia de Charcas y al virrey en Buenos Aires confirmaban las características psicológicas que le atribuía el P. Comajuncosa.

Mapa de las jurisdicciones territoriales en la Audiencia de Charcas, 1776. Mesa Gisbert C., Historia de Bolivia, La Paz, 1997.Desde la organización global de las reformas borbónicas, surgían en Charcas otras negaciones para Tarija. Por decreto papal del 28 de marzo de 1806, se creaba la diócesis de Salta, que incluía a Tarija, y en 1809, el rey la integraba a la Audiencia de Salta, lo que hacía que el Colegio de Propaganda Fide de Tarija fuera, eclesiástica y civilmente, alejado de la defensa de sus reducciones. ¿Podríamos pensar en una oculta interferencia de Viedma a fin de que las decisiones se dieran en tal sentido? Las insinuaciones de la parte favorable a los franciscanos de Tarija las confirmarían. Los apoyos, además de la defensa de los frailes, miraban a la consolidación de Charcas incluyendo a todas las regiones del sur. La propuesta del intendente de Potosí [A.F.T.  Arch. 23], Juan del Pino Manrique, era opuesta a la postura de Viedma, asimismo la de Cermeño [A.F.T. RR-42], que había sido “gobernador y comandante de armas de la Villa y Frontera de Tarija” en el año de 1802. Desde luego, la perspectiva de Manrique iba más allá de la simple creación de un obispado en Tarija que relacionara las tierras de Chichas, Lípez y Cinti. Su proyecto buscaba consolidar lo establecido en 1776, modernizándolo después con la inclusión de Tarija como intendencia. Su realismo económico y político lo llevaba más a una visión de fortalecimiento de las unidades locales entre sí y menos a arreglos en el conjunto colonial.

Su lógica procedía de la siguiente forma: Tarija siempre fue tierra devaluada por no tener minas, su territorio era de economía agrícola, el Colegio de Propaganda Fide le daba representatividad religiosa y civil, el comercio de sus productos, por su ubicación al pie de los Andes, debía ir hacia las tierras áridas; y el fortalecimiento militar le otorgaba la defensa contra posibles invasiones europeas (portuguesas e inglesas). Uniendo tales razones y posibilidades al aumento poblacional, Tarija debía ser intendencia; lo que significaba gobierno regional con capacidad de manejo autónomo de su territorio.

Entre contradicciones: “evangelizando la paz” El intendente de Potosí, Francisco de Paula Sanz, en 1803 [A.T.F.-RR-40] escribía al rey en favor del Colegio. La carta estaba en función de un pedido de mayor número de religiosos; seguramente, conocedor de las acusaciones de Viedma, justificaba abiertamente tal pedido, enumerando las virtudes y labores de los franciscanos de Tarija. Por eso atacaba directamente la primera y la más generalizada de sus aseveraciones: decir que el Colegio, contraatacando al Plan Viedma, no desobedecía al rey. La falsedad venía demostrada por medio del bien que ellos hacían para la “fe católica” y el “extender los dominios de vuestra majestad”. Su virtuosa vida se expandía desde los infieles a los fieles. Su inserción entre infieles estaba caracterizada por la permanencia entre ellos, por las actividades de catequesis, labor de agricultura intensiva y administración de bienes que, unidas, permitían la constitución de nuevos pueblos.

Vista de Potosí, 1552. Dibujo De Pedro Cieza de León. Al lado: manuscrito M-299. Refutación de los franciscanos a las acusaciones de los indios de Cuyambuyo.Hasta en los acontecimientos de la revuelta de Tupac Katari, ellos se movieron “evangelizando la paz”. Asimismo, el sistema de vida conventual era de estudio y acción religiosa. Resultaba que, si “nunca la virtud se ha visto libre de persecuciones”, la ofendía ahora “un pincel más atrevido que sincero”. Por otra parte, los había denigrado, pintando al “Colegio de Tarija como depósito de conveniencias temporales y riquezas extraídas de las reducciones a su cargo”.

Con referencia al servicio de su majestad, habían compartido además los afanes de los soldados. Por ende, y era su conclusión, se debían enviar refuerzos de personal a fin de que el Colegio de Tarija tuviera operarios para proseguir su obra. Francisco de Paula Sanz pidió 70 religiosos. Mientras tanto, la persistencia de Viedma seguía sus caminos burocráticos. Así, en 1803, el padre guardián del Colegio anunciaba a la Audiencia el retiro de los frailes, no sólo de las cuatro reducciones, sino de la totalidad de las catorce de la Cordillera. La renuncia estaba motivada por las acusaciones que les imputaban de provocar la sublevación de los pueblos originarios contra el Plan de Gobierno. Otra comunicación, en tal sentido, fue también enviada a Viedma, aclarando una ulterior intromisión del intendente, que había pedido la remoción del vice-prefecto de misiones y de otros religiosos, “haciéndolos motores de la presente rebelión última a que se agrega que Vuestra Señoría [Viedma], para la felicidad de este establecimiento, dice no haber dicho obstáculo ni inconveniente que la resistencia de los religiosos” [A.F.T.M-150]. El retiro se concluirá en el año de 1813 [A.F.T. H-9], cuando mayores acontecimientos sobrepasaron la contienda. Viedma murió en 1809 y, desde 1796, el Colegio no contó con nuevos refuerzos.

Los documentos M-299 y M-301, que refieren las vicisitudes de Cuyambuyo o Tariquea, representaban otro punto de razones de lucha en contra de las reducciones. Sus raíces eran ahora intelectuales y filosóficas. El escritor del Colegio de Propaganda Fide las identificaba como “proyecto anticristiano” [A.F.T. M-299]. Era el rostro más generalizado de los movimientos que generaron el grito de la independencia latinoamericana. Ya había surgido, en Chuquisaca, la proclamación de la libertad frente a España y estaba instalada la Junta de Gobierno en Buenos Aires (1809). Las ideas importadas de la revolución francesa quedaban claras. Los términos de las acusaciones, redactadas contra los padres de Tarija por el protector de los naturales, don Mariano Boeto, conjugaban con el lenguaje de Juan Jacobo Rousseau: “pacto social” y “buen salvaje”. Y tales principios lo llevaron a extender un texto antihistórico.

5.	Bosques de Cuyambuyo.En función de esto, el protector interpretaba el malestar de la población reduccional de Cuyambuyo revirtiendo el universo antropológico en fórmulas jurídicas: los franciscanos robaban los “hijos a los padres” (escuela); las mujeres a los maridos (prohibición de la poligamia); pedían impuestos parroquiales (por generalizar la situación de parroquias, que no correspondía al sistema de las reducciones) y desvirtuaban la “honestidad de las vestales” (por los trabajos colectivos). Se concluía que los “indios... de manera alguna se sujetarán a los padres conversores”. La respuesta del Colegio, después de haber preconizado el alcance anticristiano, insistía en una defensa igualmente fuera de contexto. No reconociendo los principios antropológicos e históricos del documento, como lectura de la situación de la reducción, contraatacaron defendiendo la moralidad de los padres y la conveniencia de atenerse a la documentación canónica; y terminaban acusando a los “cabecillas”. En función de esta última definición de los personajes, denunciaban al protector por no apreciar la labor misionera y menos aún entender las razones del malestar de los Cuyambuyeños. Para los franciscanos era suficiente un castigo a los caciques (cabecillas) para salvar la reducción. Para entender el malestar de los componentes de la reducción de Cuyambuyo, asamos al documento M-301, en el que se esclarece que el proyecto era el de trasladar ésta a Tariquea por razones de mejores terrenos, lo que creaba dos problemas: el apego a la residencia tradicional y los intereses de ciertos estancieros de Bermejo, que usaban a los cuyambuyeños como braceros o de intercambio de productos (seguramente intercambio desigual, porque la reacción vino de éstos).

Otro conjunto de problemas llegaba de los acontecimientos de los grupos que luchaban por la independencia latinoamericana y buscaban la simpatía de los pueblos originarios. Una corriente para tales decisiones estaba presente en la misma reducción. La escolaridad dotaba de bilingüismo y de un nivel de educación, seguramente superior a los estratos pobres de la población de las ciudades. Entre estos últimos, también los hijos de los capitanes aumentaban el prestigio de su status y rol entre su gente. La corriente de los infieles, para liberarse de la reducción, obedecía a toda instancia de alternativa y por tanto se volvía afín al grito libertario. La parte de los neófitos estaba más ligada a la conservación de la reducción y a una visión tradicionalista. En tales circunstancias, surgía otra devaluación de la reducción, que era un conflicto interno a ella misma.

Estas eran las posturas ideológicas que pusieron sus razones en las armas. Los documentos RR-63, RR-M-80 y DP-17 se refieren a los acontecimientos que llevaron a la destrucción de las reducciones. Ofendidas por ambos lados (realistas y patriotas), soportaron al uno y otro bando para salvarse; éstas y los conversores sucumbieron a lo irracional, en lo que existía sólo la definición de vencidos y vencedores.

 

P. Lorenzo Calzavarini
Director del CED

 

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