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Convento Franciscano de Tarija
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PARTE V: Ocaso reduccional y conventual del Colegio de Propaganda Fide.

Hacia el ocaso conventual

Las torres de la Basílica Menor de S. Francisco, vistas desde la Plaza Sucre.El P. Alejandro María Corrado llegó al Colegio en el año de 1852. En 1860, estaba en las playas del Pilcomayo. Para documentar su libro El Colegio Franciscano…, (op. cit.), en 1877, recorrió todo el territorio reduccional viendo únicamente destrucción y escuchando relatos de violencia contra los padres conversores. El documento V-30 es parte del libro cuyo manuscrito original existe en el archivo conventual. Describe las vicisitudes de las guerras que lograron la independencia latinoamericana de la corona de España. Los diferentes bandos estaban presentes: los realistas a favor del dominio ibérico y los patriotas para liberarse de él. De igual forma, se hicieron presentes en las misiones según la táctica de guerra del momento. El territorio era periférico a Charcas y por eso era espacio de ataque y descanso de las tropas; así fue martirizado por el uno y por el otro [A.F.T. M-80]. Además, las reducciones de la Cordillera eran la etapa última, que aseguraba a los patriotas todo el norte de Charcas y, por tanto, necesarias para establecer un cerco desde Tarija y Santa Cruz a los puntos centrales del Altiplano.

Pero la redacción de los hechos, nombrados por el P. Corrado, ponía una lógica de enfrentamiento entre régimen misional y patriotas-realistas. A pesar de esto, afirmaba que los padres estaban a favor del “dominio” hispano y atribuía a la ideología de los patriotas la destrucción de las misiones. Así fue por las de la Cordillera. El asunto era ¿estaba ese actuar en razón de los bienes o de lucha contra los conversores y neófitos? Era indiscutible que los padres fueron alejados de sus fieles, lo que favorecía la interpretación de una voluntad en su contra de parte de los patriotas.

Otra interpretación de su actitud es posible, basándonos en la carta del P. Primo Izquierdo al general La Serna. Mientras reprocha a éste la hazaña de su capitán Vigil en contra del padre de Itau, al mismo tiempo valora, como “permisión” de Dios, el que Uriondo haya socorrido al convento [A.F.T. M-80]. Más que partidarios de una u otra causa, los franciscanos de Tarija miraban la salvación de la obra misionera. Patrióticos y realistas fueron culpables y merecedores de buenas y malas acciones. Lo cierto es que el haber salvaguardado al Colegio de los desastres de la guerra, correspondió a los patriotas. Era notoria la benevolencia de Uriondo hacia el convento de Tarija, asimismo el general Belgrano que, en lugar de echar a frailes, permitía que éstos volvieran a su casa; también colaboró José Antonio Larrea y Joseph Pérez por el parentesco con doña Agustina de Echalar [A.F.T. EP-4], quien había donado el terreno que amplió considerablemente el espacio conventual en el año de 1798. En el libro De los muertos se escribía que, el 23 de noviembre de 1813, fue sepultado en el templo del Colegio el cuerpo de “nuestra hermana síndico, doña Agustina de Echalar, que murió en el día veintidós del dicho mes y año: de edad de setenta y seis años, poco más o menos; era viuda de don Juan Pérez, europeo, del reino de Galicia de España. Hermana de don Nicolás de Echalar y del difunto canónigo Magistral de Chuquisaca, don Juan Ildefonso de Echalar, suegra de don Joseph Antonio Larrea y madre de don Joseph Pérez, Presidente actual de la Junta de Buenos Aires. Fue ministra en la Orden Tercera de Penitencia de Nuestro Padre San Francisco. Fue una señora siempre muy cristiana y caritativa”.

Coro de la Basílica Menor de S. Francisco de Tarija.Posiblemente, la interpretación del P. Corrado sobre los quehaceres de los franciscanos de Tarija se basaba en otra serie de documentos, son: RR-64, AE-133, AE-14 y MF-9.a. El RR-64 es una descripción de los acontecimientos sufridos por el convento, dirigida al comisario de Indias de Madrid. La frase que podría acercarnos a la opción de ser los frailes realistas es: “Ningún religioso, individuo de este Colegio, ha mostrado adhesión al partido revolucionario, antes sí, se han visto muchos prisioneros, los más emigrados, y todos hemos padecido ya más o menos”. Los documentos AR-13 y AE-14 se refieren al pedido de devolución de préstamo hecho al ejército realista y el MF-9.a reporta la “Jura de la Constitución”. Las afirmaciones de Corrado pueden estar sujetas a relatividad. Escribiendo a España ¿cuál de los mensajes pudo ser diferente? También el otorgamiento de un préstamo, que como simple tramitador, el convento había entregado al ejército real podía tener otras razones, como la fuerza y la constricción. Estando en el contexto colonial la “Jura de la Constitución” de 1812, a pedido de los superiores generales, adquiere un sentido más bien de apoyo a políticas liberales que a conservadoras monárquicas. El hecho es que en 1820, una expedición militar con destino a Latinoamérica, fue detenida por la rebelión de Rafael de Riego que, contra el absolutismo de Fernando VII, reproponía la vuelta a la Constitución liberal de Cádiz de 1812, dictada cuando Napoleón había tomado preso al rey en Bayona [RR-2].

La situación de guerra y, anteriormente, la pelea por el Plan Viedma, habían reducido a su mínima expresión la obra misionera y la vida interna del convento. Esto preocupaba a frailes y autoridades civiles por el gran vacío que se generaba. Entendemos las prohibiciones de las autoridades de no permitir la vuelta a España de ningún religioso, mientras que no fuera sustituido por otro [RR-36; RR-47; M-77; DP-16], asimismo, las iniciativas de los franciscanos de Tarija inventaban formas para recolectar hermanos. Hasta decidieron que, pagando los gastos, el padre colector estuviera de forma permanente en España [H-9; RR-2]; y de acuerdo con el Colegio de Moquegua (eran los años de 1813 y 1814), se recurriese a préstamos para posibilitar la llegada de nuevos misioneros. En lo político seguían siempre las contradicciones, o de los realistas contra los patriotas respecto al Colegio, o en el interior de los dos bandos. Así tenemos que el guerrillero Pedro Antonio Flores invitaba al padre guardián a seguirlo con los otros padres, para defenderlos de una posible invasión de patriotas [RR-58], y los realistas los pedían para capellanes; incluso, Pedro Antonio de Olañeta solicitaba al “facultativo de medicina” conventual para asistir a los soldados enfermos en Tupiza [RR-65.bis].

Los documentos RR-64 y RR-65.bis cierran el periodo colonial, anotando, en 1818, que el personal del convento se componía de 5 sacerdotes, 4 en Itau y Salinas y 9 hermanos legos. En el año de 1825, se redujo aun más ese personal y, en el mismo año, la propuesta era reducir o no las obligaciones conventuales, para atender a los enfermos de la peste general de la ciudad [H-9].

Agonía y resistencia

Complejo conventual: vista de los tres claustros y al fondo el colegio antoniano.En la PARTE II de nuestra introducción, hemos comentado brevemente el documento II.25, delineando dos diversas perspectivas de futuro. En la parte que nos interesa ahora, disponemos de la respuesta del Colegio de Tarija al informe del P. Agustín Martí, [AE-14]. La escribió fray Miguel Arizmendi, procurador y originario de Potosí. No hay que creer la definición de “pobre lego ignorante”, que se da a sí mismo. Él pertenecía a una familia acomodada de Potosí y su formación la recibió antes de entrar al Colegio. Los encargos, que se le confiaron, lo muestran sabedor de economía, leyes y de prácticas sociales. Seguramente escogió la alternativa de Tarija, en lugar del convento de Potosí, por el ideal misionero. Ingresó en los años de más grandes compromisos del Colegio. Sobrellevó varios trabajos, desde limosnero hasta profesor de primeras letras en Moquegua y de secretario del P. Antonio Comajuncosa en la visita a todas las reducciones en 1795 y, por enfermedad, tuvo que volver a Tarija en 1797, con el oficio de procurador. Su biografía aclara que debió tratar asuntos importantes en repetidos viajes anuales a Cinti, Potosí y Chuquisaca. Estaba enterado, por tanto, de asuntos burocráticos y de las últimas vicisitudes.

Su carta está dirigida a la Audiencia, para pedir la devolución del préstamo y “vindicando el honor de nuestros misioneros”. Era parte de los documentos citados por el P. Alejandro María Corrado para demostrar la adhesión del Colegio al partido realista. Arizmendi escribió en 1819, cuando muchos acontecimientos habían sido consumados y sus dramáticas consecuencias estaban todavía inestables. El centro de su intencionalidad era la estadía de los franciscanos prisioneros en Potosí, que no tenían un asiento seguro. Por esto, el padre guardián de Tarija había anticipado el pedido de abrir un hospicio, lo que rechazó el P. Agustín Martí, en ese momento superior de aquel convento y que el gobernador de Potosí aceptó. A los misioneros no se les concedía (sólo al P. Andrés Caro, comisario prefecto de misiones para Moquegua) el “pase correspondiente para uno de los destinos de Tarija, Moquegua u Ocopa” [DP-17], pedido en 1818.

La carta de Arizmendi está dirigida a la Audiencia, su escritura es altiva y acusadora. Los términos que se destacan de su escrito son: El Colegio de Tarija parecía víctima de “aquel señor gobernador” (Viedma), que acusó a los franciscanos de “insurgencia”, los hermanos ya eran miembros de otra intendencia y de otro obispado, y el recurrir a La Plata equivalía a navegar en el vacío civil y religioso. Fue fácil, por tanto, dejarlos en el silencio. Así, la verosimilitud de un “complot” era posible. Los frailes vivían el destierro en las tierras de sus fatigas. A pesar que los franciscanos de Tarija, por la normativa de los Colegios de Propaganda Fide, tenían derecho a crear un hospicio en Potosí, se lo negaron porque “no era informe, sino un libro infamatorio contra los misioneros” [AE-13].

Púlpito con crucifijo de Fray  Francisco Miguel Marí en la Basílica Menor de S. Francisco.Una realidad más dura se daba, y era, que el tal señor gobernador de Potosí era “trasgresor de todas las leyes” y ahí “uno de los motivos de la insurrección que sufrimos”. Asimismo, los escribanos no entregaban los documentos, haciendo que la justicia oprimiera a los “que han hecho indecibles sacrificios” y “son arrastrados a prisión y rudos padecimientos...” y se callaban las decisiones de los sabedores de leyes. Así como no se devolvían los préstamos, tampoco se escuchaban otros derechos (los sínodos, dados por el rey).

Y dirigiéndose a autoridades coloniales, supuestamente fieles al rey, reclamaba misericordia para ellos: algunos, perdidos en Tucumán, otros, presos en Potosí, rechazados por sus mismos hermanos de religión; y para cubrir vicisitudes personales, trascribe parte de su propia biografía: “El exponente ha sido dos veces preso por defensor de la causa del rey. En calidad de preso (por la bondad de Dios) fue restituido a su amado Colegio, siempre de procurador, así, con el divino auxilio, tiene la gloria de haber conservado su perseguido Colegio por lo insurgentes durante la migración de la comunidad... ¡Qué trabajos! ¡Qué vejámenes! ¡Qué humillaciones! y ¡Qué amenazas, y atropellamientos sufriría este infeliz! Sólo Dios lo sabe, y sin esperar recompensa, siendo, como es, lego viejo, de sesenta y seis años de edad, treinta y nueve de servicio en el Colegio, en todos los oficios, veinte y tres seguidos de procurador de las misiones y del Colegio, enfermo de gota, almorranas y quebraduras...”. La representación no tuvo éxito. Los franciscanos, presos o dispersos, no volvieron al Colegio de Tarija.

 

P. Lorenzo Calzavarini
Director del CED

 

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