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PARTE VI:Escritura y sociedad

Ilustración de América Latin, en Cobo Borda J. G., Fábulas y leyendas de El Dorado, Barcelona, 1987.La pluma, que cerró la biografía del P. Antonio Comajuncosa, escribió: “...en dos de Octubre de mil ochocientos catorce murió en ese Colegio dando fin a sus apostólicas tareas”. No es posible una pincelada mejor para definir la personalidad del franciscano. Él había asumido la dimensión del apostolado en el sentido más amplio: fue predicador incansable, prefecto de misiones y escritor. Sus obras manuscritas perduran en nuestro archivo. Éstas sintetizan la labor del Colegio. No han sido editadas, seguramente por razones económicas, pero siempre fueron guía para los franciscanos de Tarija.

Los rasgos polémicos de la defensa del territorio guaraní-chané iban más allá de las circunstancias del Plan Viedma: eran respuesta a la sociedad que, impulsada desde círculos intelectuales, proponía acciones contradictorias. De hecho, las intenciones de la reforma borbónica, en su afán de modernización, sufrían de aplicaciones diferentes y, desde luego, igualmente contrarias a la experiencia misional. Si el Plan Viedma quería integrar a los guaraníes y chanés en la regionalización urbana de Santa Cruz, las decisiones del protector de Salta eran una invitación para que los de Cuyambuyo-Tariquea volvieran a situaciones de vida prehispánicas. Una tercera ambigüedad estaba incluida en el mismo Plan Viedma que, si por una parte, trasformaba las reducciones en parroquias para los guaraníe-chanés de la Cordillera, por otra dejaba a los de “más adentro” en el mismo régimen.

Entonces se desarrollaba, a través de las autoridades civiles, una triple comprensión sobre el rol de la labor misionera: la del “buen salvaje” (del protector de Salta), que negaba la validez del modelo reduccional y que, en alternativa, proponía mayores libertades, aislando a los pueblos originarios de la dinámica del conjunto de la sociedad; la devaluación del “régimen indirecto” (del plan formal de Viedma y del silencio del obispado de Santa Cruz), que definía a las reducciones en términos políticos y económicos como base de un porvenir uniforme estatal y diocesano; y la concepción de la reducción (siempre del Plan Viedma), que equiparaba la dimensión religiosa al simple actuar antropológico de “amansar” y “civilizar”.

Las posturas de los padres de Tarija eran totalmente contrarias: los guaraníechanés tenían derecho a mantener sus tradiciones políticas y culturales de “nación”; el sistema reduccional permitía vivencias comunes entre neófitos e infieles; si bien introducidos en los espacios del Estado, ellos mantenían su propia identidad; y su conversión correspondía a una conformación eclesial nueva. La suma de las ambigüedades se daba con referencia a las reducciones jesuíticas de Moxos y Chiquitos: Viedma las evocaba por sus aspectos de bienestar; y los franciscanos las indicaban como resultado del catolicismo reduccional, remarcando las diferencias entre reducción y parroquia (esta última significaba integración directa en el Estado Colonial y sumisión al sistema de impuestos).
Desde 1802, terminado su ministerio de prefecto de misiones, el P. Antonio Comajuncosa se retiró al Colegio de Tarija y su ocupación fue, sobre todo, la de escribir. Existen también en el A.F.T. escritos sueltos, que atestiguan sus estudios antes de llegar al texto definitivo. Su escritura es clara y pulcra, con indicaciones de fuentes al margen de la página. Su formación humanística, teológica y jurídica era vasta y precisa. Si bien, hijo de su tiempo, más que atenerse a las laceraciones que había vivido, indicó los caminos que persistirían. Hemos definido sus escritos de carácter “testimonial” por el coraje de sintetizar la labor franciscana cuando ésta era atacada por otras opciones. En tal aspecto, entra la especificidad polémica y apologética en defensa de la Iglesia y de los misioneros, en la que hizo resaltar la acción del universo religioso.

Comajuncosa A., Manual de Misioneros, manuscrito MF-12 A.F.T.La documentación manuscrita, que sintetiza el pensamiento del P. Comajuncosa, empieza con el Método práctico para vivir una vida perfectamente cristiana, de 1781. Se trata de un curso de ejercicios espirituales dado a monjas de vida claustral en Chuquisaca, en él insiste en el concepto de asumir sentimientos y gestos que repiten los de la vida de Jesús y de los santos, integrando intensidad espiritual a modales cotidianos. Siguen las Cartas encíclicas o Cartas circulares, de 1795-1801, que son comunicaciones enviadas a los misioneros de la Chiriguanía con reflexiones políticas, religiosas y económicas. Desde 1796 al 1803, organiza, con testimonios de varias personas, el legajo Contra el Plan Viedma, (de 200 páginas). En el mismo año, concluye el Manual de Misioneros. Su obra de mayor fatiga es El Comisario Prefecto de Misiones instruido, concluido en 1811. Siempre en 1811, procedió a la redacción definitiva del Manifiesto histórico, corográfico, topográfico, apostólico y político de lo que han trabajado entre fieles e infieles los misioneros franciscanos de Tarija. En 1812 terminó el Tratado de los juegos. Además su caligrafía y escritura embellecen las Entradas y Salidas de los Religiosos (“Biografías”) de los hermanos del Colegio, que vivieron hasta el año de 1803; otro manuscrito recoge sus Sermones, que abarca parte de su actividad de predicación.

La ventaja apostólica e intelectual del Colegio de Tarija radicaba en su presencia entre infieles de las reducciones y entre fieles desde Camargo y Tupiza hasta Entre Ríos, Bermejo y los territorios norteños de la actual configuración Argentina. En el uno y otro espacio, el P. Antonio Comajuncosa dejó sus directivas. El Comisario Prefecto de Misiones es un ejemplo de sistematización y de metodología jurídica. Se divide en “Títulos”, que responden a “Questiones”, subdivididas en “Capítulos” y “Párrafos”. El primer título precisa la figura del prefecto de misiones y guía la acción de los misioneros que deben mirar a la fundación de la Iglesia. Por eso, él es “cuasi obispo”, lo que significa que tenía todas las facultades, excepto la de conferir las Órdenes Mayores y Menores. Tales derechos le eran confiados por la legislación de los Colegios de Propaganda Fide, aprobada por el papa y el rey de España. Así el prefecto de misiones era el representante válido frente al Estado Colonial y la santa sede. El segundo título toca lo específico de la dimensión evangelizadora, que debía favorecer la situación de conversión. Las condiciones para ejercer como padre conversor eran: probidad, virtud y capacidad intelectual para vivir en un contexto de vida ajeno a su educación. Anteriormente a su ida a las reducciones, en el mismo Colegio aprendió la lengua y costumbres guaraníes. En lo práctico, llevaba los libros de administración (economía), guiaba la educación y velaba por la salud. Los sínodos y las limosnas, después de solventar un “honesto sustentamiento”, debían ser convertidos en beneficio de la colectividad.

El tercer título corresponde al “gobierno espiritual de los indios”. Es la parte inherente sólo a los neófitos. Ellos también gozan de “privilegios” por ser “personas miserables” (a traducirse en “desfavorecidas”) en cuanto a desarrollo diferenciado, situación psicológica y dimensiones socioculturales.

Religiosidad popular y teatralización de la fe

Comajuncosa A., Manual de Misioneros, manuscrito MF-12 A.F.T.El documento V.2 titula Manual de Misioneros. Él nos da indicaciones sobre cómo las “misiones entre fieles” debían concretizarse en metodología, contenidos, expresiones artísticas y contexto teatral. Lo que sorprende es que la parte doctrinal esté escrita en poesía. Su objetivo: permitir la rápida memorización y, a su vez, la permanencia duradera en la comunidad. Al mismo tiempo los sermones de los predicadores insistían en una secuencia de imágenes sobre vida espiritual, moral, de contemplación de los momentos de la pasión y del actuar litúrgico. A ésos correspondían “cantares” en coplas y composiciones musicales.

Es la parte esencial de la teatralización que, sin embargo, tiene su “Introducción”, que empieza con la nominación de los predicadores. Ellos comunicarán a las varias autoridades el tiempo de la misión. Se daba así una situación de complicidad, a fin de que todo sea canalizado hacia el objetivo deseado. Desde tal momento, los misioneros son actores sometidos a un andar litúrgico. En el convento recibirán la bendición de despedida del superior, llevarán un crucifijo muy visible y caminarán por senderos conocidos, proclamando la misión. La entrada al pueblo los pone inmediatamente en conexión con la sacralidad, que emerge del templo; y la casa de los predicadores estará separada, respecto al conjunto de las otras. “El anuncio público” da inicio a tres guiones de acción: los sermones, los misioneros y el pueblo. El único texto surgirá en las interconexiones de las acciones recíprocas, marcadas por la santa misa, confesiones, procesiones y oficialización de prácticas devotas (Santo Rosario, Vía Crucis y Comunión general). Los éxitos teatrales, además, están afianzados por la ocupación de las partes que indican totalidad territorial: la plaza, las calles, la cárcel y la campiña. En su dimensión temporal, se dará en la noche también “asalto a los pecadores” que desprecian los “llamamientos de Dios”. Así día-noche cósmico se unirán a la horizontalidad-verticalidad territorial, como palabraimagen conjugan realidad e invocación.

De todo lo descrito, ha quedado para nosotros una versión de teología popular que persiste en ciertos actos litúrgicos y en los contenidos doctrinales. Estos últimos han permanecido por su dinámica de “memoria”.

Es siempre sorpresivo encontrar “similitudes”, pero más gratificante es constatar imágenes “icónicas” que se trasforman en las temporalidades de los siglos y siguen todavía vigentes. La prueba está demostrada en dos libros: Calzavarini L., Teología narrativa: relatos antropológicos de la fe popular en Bolivia, (op. cit., 1996) y Arduz Ruiz F. y L. Calzavarini, Música y cantos tradicionales de Tarija, (Tarija, 1999); el conjunto poético ocupa la mayoría de las páginas. La rima de los versos es adaptada para su versión musical. En este sentido, la estructura global se resume en la “copla chapaca”. Sus ventajas son la posibilidad de interpretaciones espontáneas y la forma dialogada del proceder de varios movimientos melódicos fijos.

Más que explicación doctrinal, la poesía es lenguaje vivido, en la que la “voz” es el hilo conductor de asonancias entre el predicador y el que escucha. El resultado es un diálogo en una sola voz. Personalmente, atribuimos a los versos del P. Comajuncosa, un valor poético de tinte barroco, con exaltación de fuertes sentimientos, de colores desgarradores, de imágenes crueles, que son rasgos característicos de la sociedad de aquellos tiempos, sembrados de sufrimiento y de explotación. La estructura popular traduce tales contenidos en representaciones mentales y teatrales, por lo cual, la misión (repetida en un periodo aproximado de 15 años) era tiempo fuerte de recreación de vida, personal y comunitaria. Palabras, gestos y acciones, traducidos en sistema de comunicación, eran terapia colectiva que subsanaba la dispersión habitacional y los conflictos entre estamentos sociales.

P. Lorenzo Calzavarini
Director del CED

 

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