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Proseguimos retranscribiendo la “Introducción” que desde estas páginas se refiere a los tomos IV-VII (momento republicano) de los siete tomos de la obra: Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia según documentos del Archivo Franciscano de Tarija 1606-1936, editada por el P. Lorenzo Calzavarini.

PARTE V: Insurrecciones guaraníes y secularización de las misiones

Portada del libro de Sanabria H., Apiaguaiqui-Tumpa, La Paz, 1972.La PARTE IV nos ha conducido por caminos de guerra. La confrontación unía a las tierras desde San Luis (Entre Ríos) al fuerte de Caiza y a la población de Yacuiba. La inclusión del Pilcomayo era ya un proyecto adelantado y, en partes, realidad consolidada. Los otros contendientes eran los pueblos originarios que luchaban desde sus reductos contra un enemigo que los acorralaba en su propio territorio. Cediendo en esto, su libertad y su forma de ser sociedad terminaban abruptamente y se acercaban a la condición de peones y mendigos de las estancias o a vivir encerrados en inaccesibles quebradas. Tal era la imagen ofrecida por los guaraníes de Itau, Chimeo y Caraparí. Su última situación era que, perdida su autonomía, quedaba la condición de una casi esclavitud. Los dos adversarios estaban en un frente a frente directo, no por conflictos socio-culturales, sino en una lucha de supervivencia para los tobas, tapietes, noctenes, chorotis y guaraníes, y de conquista para los blancos y mestizos. La diferente legitimidad ampliaba, y reforzaba a la vez, la oposición: los primeros, por ser hombres de “selva” y de “bosques”, y los segundos, por ser ciudadanos integrados al Estado.

Las dos partes estaban indicadas también con el nombre de “cristianos” y “salvajes”, expresando una relación llena de discordancias que, mientras unía a una sociedad anticristiana en sus dirigentes, declaraba a los neófitos de las Reducciones enemigos de los de su propia raza. En tal perspectiva, la red reduccional y misional era asumida como parte “civilizada”, alejándola del destino que no fuera el de la integración sic et simpliciter a la sociedad que los oprimía. La ambigüedad del lenguaje confundía buenos y malos objetivos. También el Padre Corrado, en sus escritos, se atiene a tal nomenclatura verbal, viéndose obligado frecuentemente a aseverar que las acciones de los “nacionales” eran ofensa de la ética y moral declaradas a afirmar que los hechos connotaban de más “civilizados” a los “salvajes” que a los que se apropian tal atributo. Otras veces se refería a los blancos como a los “nuestros”. La contradicción la explicamos por haber asumido el Padre Corrado el lenguaje antropológico de su tiempo y de conectarse a él con sentido, sobre todo, de expiación. El mismo espíritu lo encontramos en el Padre Angélico Martarelli que nos describe los acontecimientos más decisivos acaecidos en el norte chaqueño.

Sublevación general de los guaraníes: Kuruyuki, 1892

El documento V.1 [C.E.D. V.3.19] es descripción del Padre Angélico Martarelli del acontecimiento de Caipipendi de 1875, anotado también por el Padre Corrado, que lo atribuye al Comandante Eustaquio Rodríguez. La diferencia entre los dos escritos es que Martarelli sitúa el acontecimiento en octubre de 1874 y lo conecta con su repetición en Murucuyati, en el año de 1877. El autor se refiere a las dos matanzas como de “golpe mortal”, recibido por los guaraníes. El sentir del Padre Martarelli, más presencial que del Padre Corrado, se debe a que el segundo escribía desde la periferia guaraní mientras que el primero desde su corazón. Precisamente por su estadía en Santa Rosa, el Padre Martarelli da a los acontecimientos una secuencia más estricta, incluyendo en su descripción tantos otros factores que muestran el moverse de todo un pueblo. Ante todo resalta la composición de la formación política de los guaraníes. Se dan los nombres de los grandes capitanes y de los capitanes más involucrados en la resistencia en contra de los blancos. Hasta los recorridos de los movimientos de guerra pueden ser reconocidos actualmente por las indicaciones del Padre Martarelli. Guacaya era una gran capitanía como las de Macharetí y Cuevo, y por tanto, sede de un Mburuvicha-Tuvicha (Grande de los grandes), que mandaba a los caciques subalternos, residentes en las poblaciones descentralizadas. También la conformación regional de Azero había sido una gran capitanía, en la que el poder guaraní se perdió poco a poco. Los blancos entraron con dádivas, pero al mismo tiempo no descuidaron de sembrar conexiones de fortines con la ciudad de Sucre. Así que Guacaya se encontraba aislada y los guaraníes sin tierras. El pedido de Misión de parte de los caciques de Ivu, en 1880, fue justificado por el Padre Martarelli como única posibilidad para recobrar parcelas agrícolas [C.E.D. V.3.19]. Y el gobierno dijo no a la reducción. Y allí nacerá la sublevación más conocida de los guaraníes en contra de los blancos, que fue Kuruyuki, 1892, no conducida por un Mburuvicha- Tuvicha, sino por un Profeta, que se denominó a sí mismo y fue escuchado como Tumpa.

La composición de la sociedad guaraní mantuvo siempre presente dos instancias de gobierno. Era un pueblo que se había formado, en sucesivas migraciones desde el Paraguay y Brasil, en las últimas estribaciones de los Andes, manteniendo un espíritu guerrero y motivaciones de búsqueda de la “Tierra sin Mal”. Tal destino era marcado sobre todo por las palabras de sus “profetas”, figura central del shamanismo guaraní. “El shaman será siempre quien posee una dimensión de salvación, la misma que, en cuanto a curación corporal, se mantendrá, secundariamente, en la persona del paye. El papel de éste será, sin embargo, ambiguo: podrá provocar tanto el bien como el mal en la vida, y su acción quedará estrictamente ligada al quehacer social. El paye ejercerá el arte de las curaciones y dirigirá las reuniones colectivas: festines de guerra y celebraciones anuales de la cosecha, reuniones políticas y sociales a la vez que proclamaciones de alianzas inter-tribales, integración a la “memoria” primordial, expresada en la danza, e introducción, a través de los ritos, en los status de la sociedad.” (Calzavarini L., Nación chiriguana: grandeza y ocaso, Cochabamba, 1980).

Ellos “ocuparán los puestos más altos de la jerarquía (social) y serán los depositarios de todos los poderes en la mediación con lo sagrado. Su status tendrá características típicamente religiosas: habitación separada de la comunidad, austeridad de vida y andar solitario. La contrapartida política se manifestará en la no asunción de las normas de la vida de grupo: no ligados a un núcleo habitacional específico, libre tránsito, incluidos los territorios enemigos, y sobre todo, predicadores de la “palabra”. (Calzavarini L., Nación chiriguana..., op. cit., pág. 41-69). El Padre Martarelli señala aspectos de aculturación al universo que lo rodeaba en cuanto a prácticas religiosas y de guerra. El Tumpa, en 1892, disponía de un altar, hacía rogativas para pedir las lluvias. Se construyeron, asimismo, trincheras y un fortín en Kuruyuki.

La biografía del Tumpa es ahora biografía común en la “nación” chiriguana (generalización del nombre guaraní en la literatura boliviana). El verdadero nombre del Tumpa era Apiaguaiqui (Sanabria H., Apiaguaiqui-Tumpa, Cochabamba, 1972) o Hapiaoeki-Tumpa (Pifarré F., Historia de un pueblo, La Paz, 1989), que significaría, por su condición de célibe, “Dios le sacó los testículos”, y, por tanto, “eunuco de Dios”. Según Pifarré, este nombre sustituyó el de Chapiaguasu (“mozalbete grande”) cuando los varios caciques, reunidos en Kuruyuki, le reconocieron jefe de la sublevación. No se conoce el lugar de su nacimiento, pero podemos afirmar que en su niñez fue transitando con su madre, madre sin lazos matrimoniales, por diferentes estancias. Inició en Joay, cerca del Parapetí y terminó en Murucuyati con el cacique Curichama; allí, la madre murió en la matanza de 1877. Él fue salvado por un hombre de Imbochi y conducido por el cacique Machirope a Bororigua (cerca de Guacaya). Al momento de la sublevación, el Padre Martarelli le atribuye 28 años, lo que conlleva a decir que su nacimiento se dio en el año de 1863. Pasó su vida con grandes shamanes y aprendió el arte de la curación.

Trascribimos la carta, que Juan Ayemoti escribió al Padre Romualdo Dambrogi para justificar su presencia entre los sublevados del Tumpa. Como su nombre lo indica, él era cristiano de la Misión de Santa Rosa y ahora en Kuruyuki con funciones de secretario. Podemos muy bien definir esta carta como “memorial”. Él, tomando de su educación cristiana, otorga al Tumpa el título de “enviado de Dios y libertador” para el pueblo guaraní, sufrido por la acción de los carais (estancieros). (“Memorial de Juan Ayemoti Guasu, dirigido al P. Romualdo Dambrogi”, en Sanabria Fernández Hernando, Apiaguaiqui-Tumpa: Biografía del pueblo chiriguano y su último caudillo, Los Amigos del Libro, Cochabamba, 1972).

“Mi padere Romualdo Respetado y apresiado: Me ha dicho el Capitan Patiri que lo mandaron que venga desirme que yo me vaia otara ves a la Mision que los padres me recibirán bien que me perdonan de todo si es que yo lo dejo a mi Padre el tumpa de aquí y buelvo allá que el tumpa es ombre malo i perberso i lo que quiere no es el bien de los abas sino su bien de el con sus brujerias y otaras cosas. Los padres an sido buenos con mi y vos mas bueno pero yo no puedo bolver quiero quedarme aquí no mas porque estoi bien y contento i no me pesa nada pero quiero desirle mi Padre Romualdo que no es lo que dice el Capitan Patiri que le an dicho a todos los padres que el tumpa es un ombre malo i quiere engañar nomas i es enemigo de los ciristianos i quiere matarlos i a los padres tan bién.

Padere no es malo nestr tumpa, es bueno como us tedes i quiere mucho a la gente de todas partes i boy a contarle lo que es para que saben vos i los otros paderes i la gente cristiana i todo, es hijo de un Capitan de Guacaya que después la dejo a su madre para que se case con otro aba y nunca pudo estar en una Mision i andaba en unas partes trabajando por que no tenia mucho de comer, su hijo estaba chico i le ayudaba i andaba con ella, estaba con su madre en murucuyati que había llegado un día antes en busca de comida a ese pueblo i vio la matansa por los de sauces i pudo escapar i lo sacó un ombere de imboche que tam bién vino a buscarse comida a murucuyati. De todos estos sufrimientos le ha venido la rabia que tiene a los caraises porque estos si an sido malos con nosotros pero no los paderes que siempre dan en los pueblos comida i serbicios y no dejan de que los caraises nos acaben a todos que es lo que quieren. No ai uno ntro que se queja de los padres ni el tumpa se queja, no dice nada mal contra US [Uds.] solo de los que les quitaron sus tierras a la gente i matan por el gusto de matar i robamos ntras cosas, dice que les va pedir a los padres que le ayuden a el para que los caraises debuelban a la gente lo que quitaron, que si no es de abuenas sera de amalas i ellos serán los responsabeles de lo que pase.

No es brujo es una persona que el mismo dios nos manda para ntro señor y libertador, que recién se a sabido despues de la matansa en murucuyati i que lo tubo en su casa un viejo de sipotindi que sabia muchas muchas cosas i le esseño todo a el para que sirbiera con eso a su pueblo. Tambien estubo con el Capitan machipore en mororigua de quien fue su empeadito toavia era chico i del capitan aprendio lo que sabe a ora de tratar bien a su gente i saber mandar como buen jefe cuando no hai nada i cuando hai guerra. Sin ntr tumpa ha salido i se ha puesto arriba de su pueblo no es porque aiga querido el si no por que los abas lo sacaron cuando sabieron que es el mejor de todos i es mandado de dios, lo trajeron aqui a ivo y lo hicieron casa altar i despacho, despues todos se han benido trasde el y estan con el para lo que mande i saben que lo que el dice ordena eso es lo que conviene a todos nostrs. Los padrecitos me mandan mensaje yo contesto en nombre de el por que soi su escribano i me dice siempre si los padres de Santa rosa le ayudan nos ayudan a Nostrs i no aberá nada malo si no todo bueno. Y creo lo que dise por que dios lo alumbra, los pds deben saber que es asi i no perseguirlo mi decir mal de el a los que se acen dueños de aquí i dejarlo donde está por que no ace mal a nadie.

Mi padre Romualdo querido y rrespetado le ruego que iria si puedo a pedirle de rodillas que nos dejen aquí con ntro Capitan hijo de dios como usds, somos muchos los que estamos aquí i estaremos como sea anque pase cualquier cosa, nada hacen los caraises nada hacemos nostrs que Tunpa no quiere, pero si ellos vienen nos defenderemos, si el padrecito Romualdo quiere venir venga pero solo lo entraremos bien y bolbera despues que nos vicite bien como vino. Selo pido llorando mi padere y mi amigo de este su hijo que fue pero lo rrespeta y lo quiere toda la vida SS. Juan Ayemoti”.

El relato del documento V.2 [C.E.D. V.3.19] es un “diario” de los preparativos, expectativas, ataques de guerrillas y guerra campal en Kuruyuki, el 28 de enero de 1892. El documento V.3 [A.F.T. M-321] muestra la voluntad de venganza del Delegado del Supremo Gobierno Boliviano. El tumpa Apiaguaiqui fue apresado en las cercanías de Kuruyuki por el estanciero Don José Martinez. Éste lo llevó a Sauces (Monteagudo), el 21 de marzo de 1892, donde Don Melchor Chavarría, el 29 de marzo, “para escarmiento de los demás indios, le hizo suspender en un palo y después fusilarle” (Sanabria H., Apiaguaiqui-Tumpa, op. cit., págs 214-215). Melchor Chavarría, en su Informe que presenta al señor Ministro el Delegado en las Provincias de Tomina, Azero y Cordillera, (Sucre, 1892, pág. 30) presentaba sus éxitos de guerra en el siguiente cuadro:

Cuadro de muertos, heridos y prisioneros salvajes con cálculos aproximados, tomados de buena fuente

“Difícil interpretar lo que Melchor Chavarría clasifica como “heridos...los más muertos” al igual que la expresión “otro tanto de éstos”. En todo caso, las especificaciones numéricas son aproximadas”. En el mismo informe, Documento 5, que relata la participación de los Kereimbas (guerreros), da un total de muertos, heridos y prisioneros” (Calzavarini L., La nación chiriguana, op. cit., págs 279-280).

 

P. Lorenzo Calzavarini
Director del CED

 

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