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Proseguimos retranscribiendo la “Introducción” que desde estas páginas se refiere a los tomos IV-VII (momento republicano) de los siete tomos de la obra: Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia según documentos del Archivo Franciscano de Tarija 1606-1936, editada por el P. Lorenzo Calzavarini.

PARTE V: Insurrecciones guaraníes y secularización de las misiones (continuación):

Desde las Reducciones de San Francisco Solano y San Antonio a la actual Villa Montes: fin del régimen reduccional

Mapa de las misiones franciscanas en el Chaco Boliviano. 2009. APAC-CED.Los documentos, desde el A.F.T.M-323 hasta el A.F.T.-M-334, son relaciones de los franciscanos sobre el proceso de secularización de las Misiones, iniciado en el Chaco con el proyecto de creación de la ciudad de Villa Montes, en homenaje al presidente Ismael Montes, y el posterior juicio criminal intentado contra el Padre Prefecto Santiago Romano. Totalmente contraria a éstos, es la relación de interpretación de los hechos que da Bernardo Trigo Pacheco en su libro Las tejas de mi techo (Tarija, 1991). La figura central en ambas redacciones es don Leocadio Trigo Achá. En el citado libro, el obrar de éste estaba pintado como figura heroica de hombre profesional, explorador y político, que ligó el Chaco al destino de Tarija; al contrario, en los escritos franciscanos, su acción pasaba a colores oscuros. Algún parentesco familiar unía a los dos Trigo. Leocadio nació en Tarija el 2 de octubre de 1865 y terminó sus días, como residente, en el poblado de Presidente Sáenz Peña en Argentina, el 13 de octubre de 1932; Bernardo también nació en Tarija, el 5 de noviembre de 1883 y murió en la misma ciudad, el 25 de noviembre de 1955.

Referimos esos datos para atestiguar que las dos biografías encontraron unísono pensamiento en los años de plena actividad del primero, y de empuje juvenil del segundo. Don Leocadio, en los años de 1900, había logrado puestos de responsabilidad pública y en 1904 fue Prefecto de Tarija. Fue sobresaliente miembro del partido liberal y, en conexión con el dinamismo del Presidente Montes, asumió el proceso de modernización, anclado en el concepto del progreso. Desde ese impulso, se inició una cerrada campaña contra la tradición católica del país, desprestigiando, sobre todo, a los líderes eclesiales; lo que desencadenó una acción de anti-clericalismo. Desde 1896, el Convento de San Francisco publicaba El Antoniano y fundaba la Librería Antoniana para contrarrestar el movimiento secularizante impuesto por las elites emergentes, ya sea en Tarija, ya sea en el resto del país. Sin embargo, la infraestructura de la Iglesia era demasiado pobre y tan sólo dedicada a situaciones de emergencia. No tenía presencia en la educación, los seminarios estaban sin cuerpos profesorales estables, y la mayoría de los sacerdotes vivían perdidos en alejadas e inmensas parroquias, condificultades del sustento diario. Existían periódicos católicos (El cruzado, Sucre, del cual fue cofundador Fray Mamerto Esquiú, La Propaganda, Potosí, por Fray José Zampa, El Antoniano, Tarija, por Fray Buenaventura Lolli), sin más peso que en los feligreses de las ciudades. El problema urgente era la avalancha que iba a reproducirse en las zonas misionales, donde la acción eclesial se movía alrededor de las reducciones. Allí habían entrado los grandes capitalistas económicos, que reducían a los indígenas a situación de braceros.

Pensamos que el Arzobispo Miguel de los Santos Taborga Pizarro propuso al Padre Sebastián Pífferi como su sucesor en el arzobispado de Sucre, en razón del conocimiento que aventajaba al Padre sobre las situaciones eclesiales de todo el Oriente (Ducci Z., Diario de la visita a todas las Misiones existentes en la República de Bolivia, practicada por el Muy Rvdo. Padre Sebastián Pífferi, Asís, 1895); y por tanto, para una política eclesial de conjunto respecto a las circunstancias adversas y para la búsqueda de otras soluciones.

La acción gubernamental, bajo el espejismo del progreso, mientras solucionaba necesidades en la zona andina, provocaba un gran retroceso y pérdidas en concepto de territorio, población y producción en las zonas orientales. Lo efímero del Beni fue la Casa Suárez, que desde su auge dejó tan sólo resentimiento y destrozo en los pueblos originarios. Asimismo, de la construcción de la futurista ciudad de Villa Montes resultó el vaciamiento poblacional, la destrucción de los pueblos, la ruptura de la regionalización entre las Reducciones y el descontrol territorial, que llevó a la división entre asentamientos centrales tradicionales y comunidades en dispersión. Además, el todo quedaba ingobernable por la división de las tierras chaqueñas, parte de Sucre, Santa Cruz y Tarija. No más gloriosa fue la contrapartida desde las zonas urbanas. El movimiento de migraciones desde las ciudades a las tierras de colonización, abrió un mercado de tierras sin retorno económico por tratarse de distribuciones de simples títulos de posesión. El encanto de la invitación al Chaco, al mismo tiempo, empobrecía la capacidad de acumulación de productos agrícolas en Tarija para un proceso de transformación de los mismos. Y allí residía el fortalecimiento de la clase media, ya presente en la ciudad de Tarija, lo mismo que en Sucre y Santa Cruz.

Dibujo de la reducción de San Francisco Solano, hoy Villamontes, realizado por el  P. Doroteo  Giannecchini. Lo más positivo de la política del Presidente Montes, fue el establecer la red caminera y de ferrocarriles, que coordinaba la parte andina y subandina del país. El proyecto era para aglutinar el Oriente en la continuación de la red de ferrocarril desde Argentina. Aquella era la vía del comercio. Lo más urgente era consolidar lo existente y no destrozarlo. Era esto lo que separaba la visión franciscana sobre el destino del Chaco respecto a las realizaciones del delegado don Leocadio Trigo. Él no acordó una línea de acción con nadie, negando toda realidad presente y dándose razones para decidir a su antojo. El Reglamento de Misiones de 1905, indujo a sospecha sobre los quehaceres del delegado. Además, sin previo aviso, empezó la programación de la ciudad antes de la publicación del mismo Reglamento.

El documento V.4 es una carta del Padre Prefecto, fechada el 9 de agosto, en la que anunciaba que elementos del gobierno estaban delineando la “futura población de blancos”. De hecho, la fecha del Reglamento era la del 23 de dsiciembre. Todo lo que fue entrega y comportamientos del Delegado mostraba una actitud de aprovechamiento de lo existente. Con el propósito de salvar las tierras para los pobladores de las dos Reducciones, el Padre Santiago Romano propuso a don Leocadio Trigo desplazar la nueva ciudad algunos kilómetros, y la respuesta fue, que ellos, a cambio, recibían “derechos de ciudadanos y salarios”. El comentario del Padre era: “Pero estas palabras ningún eco hacían en el corazón de los indios; y al oírle se enfadaban, reían de rabia. Todos conocen la codicia de los blancos y sus pretensiones”. (Romano S., “Informe”, en Archivo de la Comisaría franciscana de Bolivia, op. cit., págs 26-29; 59-63). Las respuestas en Tarija fueron las acusaciones contra los misioneros de incitar a los indios a la desobediencia; y además, la otra, de haber vendido el ganado y destrozado la infraestructura misional para no entregarla al Delegado.

De estas insinuaciones está lleno el libro de Bernardo Trigo, Las tejas de mi techo (op. cit.), para construir la oposición de héroe y anti-héroe: el honrado don Leocadio Trigo contra los malos frailes. En la misma lógica, se mueve su lectura sobre las relaciones de la comunidad franciscana en las circunstancias de la ciudad de Tarija.

Observador de los cambios inducidos por la secularización de las misiones, fue Erland Nordenskiöld (Nordenskiöld E., La vida de los indios, La, APCOB, La Paz, 2002), que nos ha dejado páginas esenciales de vida de los pueblos originarios chaqueños. El 21 de febrero 1908 dejaba Suecia surcando mares hasta Buenos Aires. Antes de llegar al Pilcomayo, quedó en el norte de Argentina, huésped en el ingenio azucarero de Bella Esperanza, propiedad de los hermanos Leach, también ellos suecos. En el ingenio investigó los comportamientos de migración de los matacos, ashluslay, chanees y guaraníes, trabajadores en Bella Esperanza. De su redacción, se entiende que el movimiento de “idas y vueltas” desde el Pilcomayo era bastante consistente. Si bien esto era parte de la tradición, no se puede excluir que su aumento en aquellos años fue causado por los acontecimientos de la secularización. El hecho que algunos se expresaban en castellano evidencia que ellos tuvieron contactos con las reducciones de San Francisco Solano y San Antonio de la Peña. La otra novedad era, ahora, que los hermanos Leach, ligados a la Iglesia de Suecia, formaron en Villa Esperanza adeptos para esa comunidad, que puso raíces entre los matacos de Villamontes (y sigue vigente hasta nuestros días).La conexión entre los dos lugares es mantenida todavía como tradición oral entre los franciscanos del Chaco. Además, si bien en pocas líneas, Nordenskiöld notifica los éxitos de exploración del Dr. Trigo y define amistosas y dadivosas sus relaciones para con los indios del Pilcomayo, lo que contrasta con sus decisiones políticas y económicas en contra de las reducciones, como las atestiguó el Padre Santiago Romano. Según éste, la oposición a los misioneros franciscanos miraba a desposeer a los indios de sus tierras.

El Padre Santiago Romano nos ha dejado siete libritos sobre la secularización de Villamontes y vicisitudes del después. Los I, II, III y IV, conforman el diario, escrito “desde el 19 de marzo al 4 de febrero de 1907”; siguen otros tres, que titulan “Mi prisión de 31 días”. De los primeros, trascribimos las páginas que involucran los hechos de la secularización y, completamente, los segundos, que tratan de la prisión del Padre, entonces Prefecto de Misiones.

Allí, casi en la totalidad de las páginas se infiere sobre el actuar del Dr. Leocadio Trigo (A.F.T.-M333). Debemos, sin embargo, considerar el derecho que nos hemos otorgado de editar escritos no destinados a ser publicados, sí bien apuntados como aclaración de aquellos acontecimientos.

La redducción de San Antonio, hoy Villamontes, 1897.De hecho, sus características no son del mismo tenor de los otros documentos. Éstos son relaciones a autoridades o informaciones a conocerse, al menos en el ámbito del definitorio conventual. El “Diario”, al contrario, se mantiene siempre en lo estrictamente personal. Lo incluimos en nuestra selección por tratarse de las circunstancias del fin de la “Tercera vía”, así como hemos definido al Régimen reduccional. Son páginas de injusto sufrimiento y de escarmiento no sólo contra los franciscanos sino contra toda otra persona que contradijera los dictámenes de una “Ideología de patria”, que destrozaba a la “Ideología de nación”. El hecho de la acusación se refería al exagerado castigo dado a una alumna en Macharetí. Responsable de dicha escuela era el Padre César Vigiani. Absuelto éste, no habían razones para acusar al Padre Prefecto y a la señora maestra. Sin embargo, a este último, por ser Prefecto de Misiones, miraba el Señor Leocadio Trigo.

El documento A.F.T. V.9.3.20 son páginas escritas en el año de 1918, que reportan la secularización de las Misiones del Parapetí. Se muestra una amplia reacción a tal proceso, que privaba a los pobladores de sus propias tierras. Otro problema, además fundamental, resaltaba en la lectura franciscana de los acontecimientos del Chaco: cómo salvar aquellas regiones de las divisiones, de tradición colonial, entre Sucre, Tarija y Santa Cruz y otorgarles una dinámica propia. Tal visión la podemos sintetizar en dos escritos y una resolución eclesial. Calzavarini Lorenzo (“Introducción”, en Giannecchini D., Historia natural, etnografía, geografía, lingüística del Chaco boliviano, Tarija, 1996, págs 67-68): “Con ideología y objetivos totalmente diferentes [a la Asociación “El Porvenir de Tarija”], el Padre Doroteo es quien insinúa la creación de un “departamento” para la Chiriguanía. El Padre De Nino, escribiendo Etnografía chiriguana en 1912, lo propondrá claramente en sus límites geográficos y en las razones de su necesidad (entre ellas, también por “situaciones de enemistad con países extraños”). De nuestra parte, pensamos que la creación del Vicariato del Gran Chaco (hoy, Cuevo-Camiri) en 1919, fue la respuesta eclesial a una dinámica no sólo religiosa, sino de patria boliviana, en perspectiva indigenista, por la desmembración de la Chiriguanía tradicional, iniciada con la secularización de las Misiones (1905) y que era el objetivo central de la Asociación “El Porvenir de Tarija.”

 

 

P. Lorenzo Calzavarini
Director del CED

 

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