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Proseguimos retranscribiendo la “Introducción” que desde estas páginas se refiere a los tomos IV-VII (momento republicano) de los siete tomos de la obra: Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia según documentos del Archivo Franciscano de Tarija 1606-1936, editada por el P. Lorenzo Calzavarini.

PARTE VI: “Estatutos del Colegio de Nuestra Señora de los Ángeles de Tarija” y “Misiones entre Fieles” (continuación).

Entre cánticos y procesiones

Lugares de “Misiones entre fieles”, según informes en el Archivo Franciscano de Tarija. Mapa de David Preston.De las “Misiones entre fieles”, tenemos en el Archivo Franciscano de Tarija una abundante documentación. En los mismos Estatutos municipales del Colegio se apuntaba que se trajera al convento una comprobación del éxito de la predicación de los padres, por lo cual se mandaba: “El Presidente cuidará de sacar testimonios o certificaciones de los jueces eclesiásticos y seculares, de los días, modos y circunstancias con que se ha hecho la Misión en sus Pueblos; y las presentará al Guardián, el cual cuidará de archivarlas”.

Asimismo, en el siguiente canon, n. 371: “Cuando les hubiere ocurrido algún caso notable y digno de memoria, lo escribirán; y volviendo al Colegio darán al Prelado los apuntes que hayan formado de esta clase, para que los pase al Cronólogo, quien los escribirá en el libro de los Anales.” Esto se mandaba en el año de 1879. Sin embargo, muchos “Informes” son anteriores a tal fecha, lo que atestigua que era práctica tradicional, iniciada por los frailes de la Colonia. Se explica así la presencia en el Archivo de numerosos sermonarios, manuscritos de aquel tiempo. Para el ejercicio de la predicación seguramente se pensó en la formación de la biblioteca, también necesaria para las conferencias, que ilustraban situaciones del momento, y frente a las cuales se buscaba una común forma intelectual y práctica de solución. El nivel de éstas debía ser muy elevado por la presencia de los Padres, profesores y hermanos alumnos del convento y por la formación general comunitaria, que exigía a los sacerdotes una severa disciplina de estudio. Siempre para abrir campos a la actividad de la predicación, se aprendían más lenguas autóctonas (forzosamente el guaraní). Así, la  comunidad de Talina pidió al Guardián, al predicador Padre Rafael Paoli, por su conocimiento del quechua. Además, el universo del discurso religioso en aquellos tiempos, no se movía en el plano exclusivamente de las “creencias”, sino tocaba los aspectos de la moral, ética, derechos, relaciones individuales, familiares y colectivas, situaciones de pobreza, juegos, educación y previsiones de futuro, que son historiales de psicología, sociología, antropología y pedagogía. A partir de los años de 1880 se incrementa la característica apologética. En las confrontaciones ideológicas, políticas y culturales, los frailes no dejaban de informar a sus auditores. En esta línea, en 1896, se publicaba el Boletín Antoniano, se creaba la librería y se iniciaba el Colegio Antoniano.

Relatando sobre el éxito de las misiones, los “Informes” de las comunidades resultan de suma importancia, porque no sólo son descripciones de lo obrado por los Padres, sino interpretaciones y elaboraciones de las mismas desde la realidad de los pueblos. Si bien algunas resultan escuetas, siguen un esquema de exposición similar en cuanto a “días, modos y circunstancias”, como indican los Estatutos Municipales. Más que por intervención de los Padres predicadores, explicamos tal similitud por el desarrollo y características de la misión. Ella era, en su desenlace general, una gran teatralización que fijaba actores, palabras, gestos, acciones litúrgicas, consejos personales y colectivos de los frailes. Así, tiempo y espacio eran intercalados por acontecimientos de fácil memorización.

Sobre metodología y contenidos de las “Misiones entre fieles”, el lector puede informarse en el documento VI.2 y en el comentario en nuestra introducción, que corresponde a la PARTE VI: MANUALES DE LA ACTIVIDAD FRANCISCANA. Los “Informes” están firmados normalmente por autoridades civiles; raramente por el sacerdote párroco (de muy poca presencia en aquellos lugares) y menos por el Presidente de los predicadores. De manera general sobresalen modalidades comunes, que se diversifican en los periodos de 1846 a 1880, de 1880 a 1900, y de 1900 a 1917. Estas últimas son de redacción sin énfasis, lo que marca un cambio de religiosidad y una diferente programación de las actividades del Colegio franciscano. Las “Misiones entre fieles” han cubierto la totalidad del territorio, que va desde Camargo, Bermejo a Yacuiba, y, en el arco de casi 70 años, muchas comunidades han tenido su repetición, en un espacio de 15 a 20 años de distancia, respetando los cambios generacionales y la presencia de nuevos predicadores.
El mapa muestra cómo las “Misiones entre fieles” se separaban del territorio de las reducciones chaqueñas y ocupaban, sobre todo, la parte central del Departamento de Tarija; es decir, aquella porción que estaba nominalmente en un régimen parroquial, en sí del todo insuficiente respecto a las bases católicas. En esas ausencias de prácticas litúrgicas y eclesiales, se daba la mayor persistencia de frailes predicadores. Los varios “Informes” son aprobación de la actividad de los predicadores y alabanzas de sus éxitos para el bien del pueblo. Las “Misiones entre fieles”, eran generalmente pedidas por las mismas comunidades. ¿Situación de abandono, percepción de malestar social, conflictos generacionales, insatisfacción de vivencias cotidianas por la destreza de los cambios políticos o demanda de prácticas cristianas? La predicación en Tolomosa, Churquis y San Andrés, firmada por el Padre Doroteo Giannecchini, ofrecía un cuadro bastante triste, insinuando que algo más pasaba en los subterráneos socio-culturales de la campiña alejada. Decía
el Padre Doroteo: “Como yo debía correr con los matrimonios y demás cargos parroquiales, me veía obligado, desde la mañana hasta la tarde, a atender unas demandas, unas relaciones , unas quejas, que jamás había oído ni entre chiriguanos y tobas, las más cochinas y deshonestas. En breve: una ignorancia profunda en materia de religión, una apatía la más repugnante para todo lo que es Dios, alma, otra vida. Una corrupción bestial, desde los chicos hasta los viejos, llevada al triunfo, y sin vergüenza, ni remordimiento. Los odios, los robos, las enemistades, a la orden del día; y los dueños y patrones de tierras y criados, dormidos en el sueño del descuido, y tan solamente despiertos para cobrar y adelantar sus intereses.” En San Andrés, 8 encapuchados acometieron contra la familia de un campesino, “atándolo, estropeándolo y pegándole con su mujer, de la manera más alevosa robaron lo que pudieron; y por haber así presos y atados como estaban, invocando a Nuestra Señora de Guadalupe, que tenían en su casa, pudieron desatarse, salir y gritar socorro; y los salteadores se fugaron.” Algo similar pasó en Churquis, cuando los ladrones, durante la procesión misional, se lanzaron contra una pobre mujer para robarle las pulperías, preparadas para el día de Todos Santos. Y más: “Un borracho, casado, tuvo el atrevimiento de sorprender a una pobre muchacha que regresaba de Tarija y, revólver en mano, violarla junto a las paredes del templo.” Una acusación, reportada en el texto del Padre Doroteo, decía que “la gente no se confesaba por ser los Padres masones”.

No es lícito pensar que Tolomosa, Churquis y San Andrés, fueran una cueva de delincuentes. Más bien, la sucesión de los hechos en tiempos tan estrechos, parece decir que fue algo organizado de otros lugares. La postura de Giannecchini debe ser interpretada como de persona de gobierno. Él había estado de Prefecto de las Reducciones, tenía un concepto del progreso regional (también él insinuaba que el territorio misional debía terminar en un Departamento guaraní) y, a razón de los conflictivos informes sobre los trabajos chaqueños de los franciscanos, conocía la identidad de aquellos liberales y masones. En el caso de Camargo, evidencia otra relación, que es de: “aristocracia, díscolos y liberales de Cinti”. Una sospecha: ¿Por qué el Padre Doroteo escribió personalmente su informe sobre las “Misiones entre fieles” de Tolomosa y Camargo? En Camargo, además estaba de cura el Padre Josep Cardús, ex franciscano, seguramente amigo suyo y autor de las mejores páginas de antropología boliviana del siglo XX (Las misiones franciscanas entre los infieles de Bolivia, Barcelona, 1886), quien recibió muy solemnemente a los predicadores. La respuesta es que al Padre Doroteo le interesaba más, advertir a su Prelado sobre una situación que se propagaba, que entregar alabanzas de su obrado. Si nos atenemos a que las “Misiones entre fieles” eran también respuesta al malestar social, éste iba por el sendero, indicado por Giannecchini. Por tanto, expresiones comunes en los “Informes”, que insisten en “arrepentimiento”, “perdón de pecados”, “paz en las personas, familias y comunidad”, procesión con “visibilidad de todas las personas” indican un camino de terapia, que escondía hechos inexpresados por las solas “lágrimas” de contento psicológico.

Esto explica las raíces, o en parte, la amplitud de la acción predicacional, su repetición en los mismos lugares y la larga estadía de los frailes en los diferentes pueblos. Las “Misiones entre fieles” respondían a un problema religioso y social. De hecho, inmensas zonas estaban sin presencia sacerdotal, no existían acciones educativas católicas e instituciones de obras de caridad. Aún las comunidades se debatían en el vacío jurídico, que no fuera el tradicional comunitario, ahora devaluado por el desprecio, derivado de un concepto violento de un progreso injusto. La comparación con el universo guaraní y toba del Padre Giannecchini parece indicar que la situación reduccional chaqueña (escribía antes de la secularización de las Misiones) era más organizada y más acondicionada a las necesidades de la vida social que la de las comunidades centrales, sembradas de haciendas, que eran (“aristocracia” y “liberales”) la única tramitación de un poder del Estado centralizado y reducido a poco adeptos.

Iglesias y Capillas construidas y refaccionadas  por los Padres del Colegio Franciscano de Tarija en el territorio de “Misiones Entre Fieles”

 

Sin puerto de salida no hay horizontes

Hermanas Clarisas Franciscanas Misioneras del Santísimo Sacramento, Santa Rosa, 1925. Foto: H. Catinari.Podemos medir los resultados religiosos y sociales de las “Misiones entre fieles” también por la participación comunitaria de la post predicación. Si los sermones insistían en la “memoria” de los hechos de la Fe, su vertiente comunitaria trataba de subsanar todo lo que se podía definir “malestar, personal y lo colectivo”. Así, directa emanación de los días de teatralización de las vivencias cristianas, fueron las construcciones de templos, capillas y oratorios. Las acciones de los franciscanos enfervorizaban la religiosidad popular y, por tanto, la sacralización del territorio, lo que implicaba también una identidad de participación simbólica, religiosa y sicológica, respecto a un centro propulsor.

El listado de construcciones de “templos, capillas y oratorios” respetaba las coordenadas de una racionalidad de territorio, donde el concepto de pueblo tuviera autonomía en sí y una continuidad con un más allá. Las intervenciones de las “Misiones entre fieles”, como la secuencia de las realizaciones, mostraban un mapa proyectado en el fortalecimiento y constitución de pueblos intermedios según una lógica estelar: de la ciudad de Tarija, rodeada de sus comunidades (las del Valle central), se llegaba a un otro centro, a su vez, sustentado por su grupo de comunidades, que se multiplicaban en sucesión territorial según los puntos cardinales. Por tanto, la repetición de modelos habitacionales fortalecía a los unos y a los otros, al mismo tiempo que los diferenciaba.

Lo que no pudo entender la lógica gubernamental de los años de 1900, que quiso modernizar el país, fue precisamente la necesidad de estructurar armónicamente el territorio en otro concepto de nación respeto al colonial. Si se atuvo a la construcción de grandes vías de comunicación (los ferrocarriles) olvidó el debilitamiento del tejido social y, por ende, provocó los grandes procesos de movilidad territorial, que incentivaron la concentración de personas en las ciudades. Así, las regiones internas al departamento se volvieron pobres porque estaban ancladas en un régimen estructurado en la lógica de las haciendas tradicionales, y no en un territorio administrado por las alcaldías. La economía agrícola se empobreció y los títulos de tenencias de las tierras se volvieron aparatos de ostentación.

Las élites empobrecidas de los terratenientes buscaron soluciones en la extensión de su prestigio y en la ampliación de sus influencias en los territorios misionales, dictando su secularización. Por la baja demografía (en el Chaco muchos guaraníes migraron a la Argentina), ambos espacios quedaron sin brazos. De allí la invocación para el progreso de las migraciones extranjeras. Les prepararon las condiciones, pero, por buena o mala suerte, se realizaron en reducida escala, lo que aumentó las concesiones madereras y las estancias con sabor a infinito. Soledad y dispersión poblacional causaron el descontrol territorial y vaciaron las conexiones de su representatividad política.

Incluimos en esta PARTE VI una relación histórica sobre la Tercera Orden Franciscana (T.O.F), que por ser organización laical, expresaba el conjunto de espiritualidad y de acciones que se tejían alrededor del Convento en la ciudad de Tarija. Eran los franciscanos que vivían el mensaje del Santo en la condición de laicos. Ya hemos dicho que la no intervención del convento por parte de los patriotas se debió a la acción de los terciarios, que eran padres o madres de los mismos guerrilleros. Y más, en el momento de máximo trabajo, ellos fueron el sustento de las varias iniciativas en la región urbana de Tarija.

El Síndico apostólico del convento era miembro de ese grupo. En situación de ciudad, sus obras iban a la instrucción y a la divulgación de la propaganda católica. Así, la edición de la Hoja dominical del año de 1938, tuvo su apoyo en los hombres y mujeres terciarios. A ésta se adjuntó la revista Vida seráfica, desde el año de 1940, con intercambios de experiencias a nivel nacional. El padre Arnoldo Magyar, autor del texto, los presenta con un amplio espectro de acciones apostólicas; y, si bien brazo derecho de las iniciativas de los frailes, ellos fueron quienes hicieron conocer las vivencias franciscanas en las familias y calles de Tarija.

 

P. Lorenzo Calzavarini
Director del CED

 

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