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Convento Franciscano de Tarija
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Proseguimos retranscribiendo la “Introducción” que desde estas páginas se refiere a los tomos IV-VII (momento republicano) de los siete tomos de la obra: Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia según documentos del Archivo Franciscano de Tarija 1606-1936, editada por el P. Lorenzo Calzavarini.

Parte VII: Para otras realidades eclesiales (continuación)

Nueva construcción conventual sobre la calle Ingavi.Los últimos años de 1800 y el inicio del 1900, marcaron años de grandes incertidumbres en el Colegio de Propaganda Fide de Tarija. Se combinaron los elementos más diversificados en la sociedad, en la cultura, en la política y en la Iglesia. Bajo el empuje del presidente Ismael Montes, se encaminaron las grandes vías de comunicación que unieron a los departamentos, antes alejados entre sí.

En el plano cultural, el abandono de la tradición hispana introdujo la exclusiva visión de los pensadores franceses y la divulgación solitaria de las teorías marxistas. La combinación de ambos, dio el resultado de una falta de complementariedad, enarbolando matices de radicalismo. Evolucionismo y positivismo, en su más estricto sentido biológico, descartaron una reflexión y una creatividad de pensamiento desde el pasado de Bolivia. Trasladado tal debate al reducido espacio de Tarija, las jóvenes élites, ligadas al partido liberal identificaron el pasado con lo obrado por el Colegio de Propaganda Fide: en su visión política, sus responsabilidades en las reducciones, su teología y su cultura, que eran las más representativas en la intelectualidad católica de la ciudad.

El siglo XIX fue desgarrador para la Iglesia. Desde la Revolución Francesa, a la ocupación de Roma por el ejército italiano (1870), y también en los años subsiguientes, las órdenes religiosas fueron víctimas de persecuciones y expulsiones. Ya conocimos los efectos de la política del Presidente Sucre en Bolivia; algo similar pasó en todos los Estados latinoamericanos. España, si bien por razones diferentes, vivió las mismas vicisitudes desde el año 1832; Italia vino después; pasando inmediatamente a Prusia; y nuevamente a Francia, en 1880. Después de la destrucción, se necesitaba, por tanto, emprender una obra de restauración de parte de todas las órdenes religiosas. Los franciscanos tuvieron la suerte de que apareciera, nombrado directamente de la Santa Sede, un gran Ministro General, en la persona del Padre Bernardino de Portogruaro. Su visión unía dos estrategias: la organización conventual y la innovación del Espíritu de la Orden. Para esparcir un alma común, estableció un régimen de comunicación central, fundando el órgano oficial de Acta Ordinis Minorum, y creando un centro de estudios generales en Roma, ahora Ateneo Antoniano. Sus mayores éxitos fueron la realización del capítulo general de 1889 y encaminar la unificación de las cuatro familias franciscanas de los observantes, reformados, descalzos y recoletos, que se realizó en 1897, asumiendo la denominación originaria, indicada por San Francisco, de “Orden de los Frailes Menores”.

Los franciscanos de Tarija eran de la familia de los observantes, que en su historia alimentó siempre una especial atención a las misiones y a la predicación, lo que exigía un sólido nivel de estudio. A pesar de las separaciones, el Colegio de Propaganda Fide cobijó frailes pertenecientes a otras ramas, aceptando siempre una dimensión internacional. Las recientes innovaciones de la Orden en nada podían cambiar el trabajo de los hermanos. Siempre fueron presentes en las reducciones chaqueñas, predicaciones populares; y, desde 1895, se extendieron a una profunda labor de intelectualidad, con la edición del Boletín Antoniano, la creación de la librería, la escolaridad y obras de caridad.

Los cambios, que se hacían urgentes, eran los referidos al contexto eclesial boliviano y a la dimensión de la Orden Franciscana, esparcida en todos los departamentos. Bajo este último aspecto, se necesitaba una mayor unión entre los Colegios de Propaganda Fide de Potosí, La Recoleta de Sucre, La Recoleta de La Paz y Tarata (Cochabamba). Asimismo, urgía la institucionalización jurídica de una Provincia Franciscana boliviana. La intervención del Padre Delegado General, Armando Bahlmann, en los Colegios de Propaganda Fide de Chile, Argentina y Bolivia, que fue normalmente redactada en términos negativos, por la manera de actuar del personaje, tenía precisamente el plan de organizar tres objetivos: relacionar entre sí a los Colegios, fortalecer la Provincia franciscana en cada nación y redefinir el campo misionero. Este último acápite miraba a una nueva organización eclesial en el conjunto de Bolivia. De hecho, las arquidiócesis y diócesis existentes ocupaban espacios inmensos, por lo cual se debía pensar en la multiplicación de las mismas. Además, el proceso de secularización de las misiones, iniciado en las reducciones de San Francisco Solano y San Antonio de la Peña (hoy Villa Montes), obligaba a reconsiderar el contexto territorial de las circunscripciones eclesiásticas.

Frente a tantos cambios, los franciscanos de Tarija se preocuparon, ante todo, del refuerzo de su personal. Si observamos las llegadas, vemos que entre los años 1896 y 1914 fueron bastante consistentes; si bien, más numerosas las muertes o desafiliaciones; contaban, además, con individuos de valentía, que se dedicaron con ahínco a la construcción de templos para la posible creación de obispados en Tarija y Chaco.

Llegadas y muertes (o desincorporaciones) de los franciscanos de Tarija, 1875-1936

Llegadas y muertes (o desincorporaciones) de los franciscanos de Tarija, 1875-1936
Relación general de llegada y muerte de los franciscanos de Tarija 1825-1936

La creación de nuevos obispados y vicariatos se dará el 1 de diciembre de 1917, por el Beni; el 22 de mayo de 1919, por Cuevo; y en el año de 1924, por Tarija, juntamente con Potosí y Oruro. Por tales decisiones, la Santa Sede y la Orden Franciscana reorganizaron el plan misionero, confiando a provincias específicas, el campo de las antiguas reducciones. Así fue que los Conventos de Potosí y de Tarija y las zonas chaqueñas, pasaron a relacionarse con la Provincia de San Buenaventura de Florencia, por decreto de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide en Roma, del 25 de agosto de 1919. Con esto, se declaraba el cierre de los Colegios y se creaba la nueva entidad franciscana, denominada “Comisaría”. El 11 de noviembre de 1920, fue nombrado el Padre Fernando Ambrosini como su primer responsable, con el título de Comisario Provincial.

El primer obispo del Chaco fue el Padre Hipólito Ulivelli, alumno del ex Colegio de Propaganda Fide, consagrado en Florencia, el 11 de agosto de 1919; y, para Tarija, el cordimariano Padre Ramón María Font, consagrado el 15 de marzo de 1925. Por tal mutación, se perdieron las características de internacionalidad para los nuevos frailes. De los antiguos, la decisión fue personal. Algunos fueron a Salta y Jujuy; otros, quedaron; y entre éstos, el Padre Manuel Lauroua.

Conflictos en Tarija y Bolivia

Palacio de Justicia en la ex huerta conventual.Sorprende cómo el gobierno de los liberales, desde 1901 a 1911, introdujera tantas innovaciones en las relaciones entre Estado e Iglesia. El instrumento principal de ellas fue, sobre todo, el Presidente Ismael Montes. Además de radicalizar las medidas económicas y legislativas del Presidente Sucre, contra las comunidades religiosas, intervino en los espacios de vida, percibidos normalmente como religiosos. El Padre Manuel Lauroua, anotó la sucesión de las decisiones anticatólicas, midiendo sus dramáticas consecuencias, no tan sólo en el campo religioso propiamente dicho; sino también, en la configuración cultural de Bolivia, y de Tarija en particular. Si bien el cronólogo escribe sin imaginación de futuro, puede él, sin embargo, sopesar un nivel de prosecución y condicionamiento de problemas. En 1901, el Padre Manuel, consignando en sus páginas las circunstancias de la excomunión de los escritores de El Ideal, y trascribiendo algunos hechos extraños y sorpresivos que se produjeron inmediatamente (muerte improvisa de uno de ellos, y una situación de afasia momentánea de un sacerdote que los consentía), para justificar la anotación del nombre del último, escribió: “Los periódicos no hablaron de tan triste suceso, por respeto y conmiseración con ese pobre sacerdote, bien conocido en esta ciudad, donde ha nacido y tiene parientes respetables. Mas, como esos apuntes, o no verán nunca la luz pública, o será después de muchos años, no creo inconveniente asentar aquí su nombre y apellido...”.

Nosotros pensamos que, en tiempos sucesivos, el Padre Manuel preparó una posible publicación de los Anales. Por eso, tituló las páginas de los cronólogos anteriores, que separaban los contenidos, tan sólo con numeración románica; corrigió la totalidad del texto; y, al segundo tomo, puso un índice de contenidos. Con ello, queremos entender que el cronólogo Lauroua percibió la gravedad de los sucesos que iba anotando, y pensó que sus escritos habrían podido ser testigos para la posteridad.

La primera noticia del cambio de las relaciones entre Estado e Iglesia, fue que, el 3 de enero de 1900, se propuso otro Reglamento de Misiones, decisión ya anunciada en la Convención Liberal de Oruro, realizada el 29 diciembre de 1899. Allí se proponía, en nombre de la libertad del individuo, el libre comercio con las reducciones, y que los neófitos de ellas estaban sometidos a la prestación vial, no favorecida por los conversores. Se hacía notar que dicha determinación fue encausada por el diputado por Tarija, Honorable señor Nicolás Reyes.

En 1901, en Tarija se produjo la excomunión de los escritores de El Ideal, firmada por el Arzobispo Miguel de los Santos Taborga. Su resonancia en la ciudad de Tarija fue grande y provocó la división entre un reducido grupo de intelectuales y la ciudadanía en general. La protección que el gobierno otorgó a los mismos, introduciéndolos en las instituciones del Estado, provocó la larga lucha entre autoridades y Convento de San Francisco. La sucesión de los hechos fue una evidente reacción del pueblo de Tarija en contra de los excomulgados, en razón de sus comportamientos insolentes, como el ir a escuchar los sermones en los templos con lápiz y papel para traducirlos en escritos erróneos y blasfemos; asimismo, organizaron manifestaciones de pocos adeptos, pero con apedreamiento al convento, y sucesivos llamados a la policía, por parte de los frailes. Invocaban libertad y liberación de los sacramentos, donde conectaban la confesión con la inquisición y con el clericalismo. La sorpresa vino después, cuando uno de los excomulgados, riéndose del hecho, murió repentinamente frente a un plato de carne, en circunstancias de fiesta. Y más, en el mes de septiembre, el sacerdote que manifestó consentimiento para con el médico Leocadio Trigo, el excomulgado, llegó a Padcaya sin habla; y con señas, explicó lo sucedido.

Catunar, Herman. Mapa del Chaco actualmente boliviano, paraguayo y argentino 1911.Recuperó la palabra después de algunos meses. La herida, abierta contra los sentimientos religiosos del pueblo, provocó contra-manifestaciones y el malestar siguió entre los dos bandos. Pasó también que, en la inmediata “misión” en San Lorenzo, el señor Alcalde intervino anunciando que su tierra no era tierra de misión, que la moral era dictada por la Alcaldía, y que concedía libre tránsito a los Padres en las calles del pueblo; y no descuidó poner trabas y amenazas en contra de los feligreses.

En 1903, la Alcaldía de Tarija intervino en contra de las obras de caridad del Convento y de las hermanas de Santa Ana, queriendo poner impuestos en la actividad religiosa, hasta en las procesiones. En 1904, en la Convención reunida en Oruro, se aprobó los proyectos: 1. Reducción del sueldo del Arzobispo; 2. Prohibición de colectar limosnas o donativos para obras públicas o de beneficencia; 3. Derogamiento del Reglamento de Misiones; 4. Laicización de la enseñanza; 5. Expropiación de los conventos; 6. Laicización de los cementerios; 7. Desafuero eclesiástico; 8. Supresión del presupuesto del culto, y necesaria solicitud al Ministerio de Culto para las ordenaciones sacerdotales. Otras decisiones de ley que surgieron en el año de 1906, fueron: 9. Libertad de culto; 10. Supresión de los delitos contra la religión; y 11. Supresión de fiestas religiosas.

El Reglamento de Misiones del 23 de diciembre de 1905, desencadenó lo que Leocadio Trigo, como Prefecto de Tarija, había anunciado a los franciscanos el año anterior: que era necesario trasladar la “soberanía patria” a todos los territorios bolivianos, desde Tarija al Paraguay. Y él fue el escogido por el gobierno para la construcción de la futura ciudad, que anularía las reducciones de San Francisco Solano y de San Antonio del Pilcomayo, causando migraciones a la Argentina; y reduciendo a 4.811, la población, que en 1896 superaba las 8.000 personas. La percepción del cronólogo, Padre Manuel Lauroua, fue que había terminado el régimen de las reducciones; por lo cual, afirmaba que “no se ocupará más de las Misiones” (1906). En largas líneas, extendió su interpretación de los hechos, en que a causa de las pérdidas de territorios, ahora el gobierno ponía su atención hacia el Oriente chaqueño.

La secuencia de las determinaciones funcionó, según él, en la siguiente lógica: “Vino después la cuestión de los dos millones de libras esterlinas que Bolivia debe recibir del Brasil por la venta del Acre; y la Cámara de Diputados, convertida en una Babel, no pensó ya en otra cosa, pidiendo cada Diputado, largas erogaciones para su departamento. Por fin, se determinó que esos millones se emplearan en la construcción de ferrocarriles en toda la República.

En seguida, pasaron las Cámaras a Congreso Extraordinario, que fue muy borrascoso y largo, cerrándose el 5 de febrero de 1905, después de haber aprobado el Tratado con Chile; es decir, la venta del Litoral, por 42 votos, contra 30. A favor del Tratado, 5 Senadores y 37 Diputados; en contra, 10 Senadores y 20 Diputados. Los Representantes paceños dieron la mayoría.

P. Santiago Romano, Prefecto de Misiones enjuiciado por el delegado del Gobierno, don Leocadio Trigo.Hubo protestas en varias partes, principalmente en Potosí, contra los Diputados vende-Patria, que según díceres, habían recibido buenas propinas; mas, el hecho estaba consumado.” La lucha contra los franciscanos de Tarija y Beni, manejaba mucho la denominación de “extranjeros”. Una interpretación de esto, se puede colegir de la carta que el Concejo Municipal de Tarija escribió el 20 de junio de 1903 al “Señor Vicario Foráneo del Distrito y Párroco de la Iglesia Matriz – Ciudad.” Se le indicaba que debía diferenciarse de las acciones de los sacerdotes del Convento, por ser él, sacerdote nacido en Bolivia; mientras que “los sacerdotes de San Francisco son extranjeros, y poco deben conocer, o poco o importarles, las leyes que rigen entre nosotros; pero de Usted, Señor Vicario, que es un estimable sacerdote, un hombre ilustrado y conocedor de nuestras leyes, en cuyo pecho debe palpitar el sentimiento de la Patria, no es concebible que quisiera oponer resistencia a determinaciones legales”. Las determinaciones aludidas, se referían a la clausura, impuesta por la Alcaldía, de “Los Cepillos”, organización caritativa a favor de los pobres.

Como podemos observar, casi todas las medidas liberales del gobierno central tuvieron rápida aplicación en Tarija. Por su cuenta, además, la Honorable Alcaldía inició una engorrosa disputa acerca de la Calle Colón y Grau (esta última, ahora Ingavi), que habría dividido al complejo conventual.

La justificación de tal decisión fue formulada en los siguientes términos: “las calles fueron obstruidas por el Convento de San Francisco para su beneficio, atropellándose por los ministros de Dios los derechos del pueblo, abusando de su estado de fanatismo en que vivían los pobladores y gobernantes del siglo XVIII, a consecuencia de la turbación mental producida por la sugestión”. Tal decisión fue formalizada en el año de 1911. La lucha, lanzada siempre con panfletería y en repetidas demostraciones, siempre por pocas personas, contra los frailes, mostraba que el apoyo popular, y de la ciudadanía en general, era sólido a favor del Convento. El terrorismo jurídico y las decisiones autoritarias del doctor Bernardo Trigo Pacheco, llegaron hasta ordenar la exhumación del cadáver del Padre José María Ciocchetti por una restrictiva interpretación de las leyes, sobre los cementerios. Por tal motivo, los franciscanos recurrieron a la Corte Suprema, instando un juicio criminal contra el señor Bernardo Trigo. Éste, y otros, ya en 1914, “se presentaron como testigos de un acto que no habían presenciado, y de un delito que no se había cometido, con el propósito de causar la muerte civil y moral del Padre Columbano Puccetti” (Anales, año de 1914), apoyando la acusación del querellante Hilarión Ruiloba, quien afirmaba que el Padre Columbano hubiera “abusado deshonesta y escandalosamente de su esposa” (El Norte, La Paz). Después de dos días de cárcel, dicho Padre fue conducido por 5.000 personas al templo de San Roque (La Verdad, La Paz, 7 y 8 de abril 1914), donde, en la sacristía del mismo, se hubiera realizado el crimen, estando el marido Ruiloba afuera, a la espera de que terminara la confesión de la esposa. El escenario de una mujer enferma, de un varón asomado a la puerta y la mentira de los testigos, muestra que la lógica entre personajes no era principalmente cuestión psicológica, sino maquinación política.

 

 

P. Lorenzo Calzavarini
Director del CED

 

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