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Convento Franciscano de Tarija
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Proseguimos retranscribiendo la “Introducción” que desde estas páginas se refiere a los tomos IV-VII (momento republicano) de los siete tomos de la obra: Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia según documentos del Archivo Franciscano de Tarija 1606-1936, editada por el P. Lorenzo Calzavarini.

PARTE VIII: Cien años de biografías en dos mitades de siglo

Fachada del Colegio Antoniano, 1927.El título, que hemos dado a nuestra introducción, indica que las biografías franciscanas se extienden desde 1828 a 1936. Esta última fecha no llena completamente los siglos de historia del Convento de San Francisco de Tarija, que celebraremos como IV Centenario, en 2006. Tal decisión nos ha sido impuesta por la diversidad y amplitud de la obra de los frailes en la ciudad y en las zonas norteñas del Chaco. Prorrogarnos en más años no correspondía a los límites que el tiempo nos ha impuesto. Además, la conclusión de la Guerra del Chaco fue inicio de otra etapa de la conformación de la nacionalidad de Bolivia. Ir de 1936 a nuestros días, implicaba aun cambiar el método de selección de documentos; y, de éstos, en nuestro archivo no están presentes los más significativos para la comprensión de cómo los franciscanos enfrentaron la nueva situación en el sur del país.

Mas, en el año 1936-37, murió el Padre Manuel Lauroua, que fue cronólogo conventual desde 1899 y transcriptor de biografías de los frailes, supuestamente desde el mismo año. Él fue gran observador y recopilador de noticias. Sobre todo, a él correspondió haber pasado de una comprensión de “memoria” y “gesta” a un concepto moderno de biografía: rescatar, en la  secuencia de los hechos, la imagen de una personalidad, por lo cual no descartaba subrayar aspectos sobresalientes de algunos religiosos; y para otros aspectos que podríamos considerar poco edificantes. Al Padre Manuel debemos la coordinación de fuentes biográficas, rellenando datos no considerados por sus antecesores. Esta labor la enfrentó para la confección del libro Necrologías, editado para recordar a todos los franciscanos de Bolivia; es decir, sin consideración de Colegio y Provincia de pertenencia. El Padre Francisco Pierini, en su presentación, mencionó la colaboración especial del Padre Lauroua.

Anteriormente, una recolección de noticias para cada religioso fue escrita en la revista Archivo de la Comisaría Franciscana de Bolivia, dirigida por el Padre Wolfgango Priewasser, y editada en Tarata. El número correspondiente al año de 1918, presentaba el “índice general” de diez años de actividad; y en él, la voz “necrologías” resultaba muy amplia. Esto hace suponer que el libro Necrologías (libro a leerse diaria y públicamente, terminando con una oración para todos los difuntos) tenía su base en el Archivo de la Comisaría Franciscana de Bolivia. El corresponsal desde Tarija fue el Padre Manuel.

La presente edición transcribe los manuscritos: Memoria de los religiosos de este apostólico Colegio de Nuestra Señora de los Ángeles de la ciudad de Tarija,1848 (A.F.T. H7); De los muertos, 1762-1886 (A.F.T. H21a); Libro necrológico en que se asientan los nombres de los Religiosos, muertos en este Colegio de Nuestra Señora de los Ángeles de Tarija, 1890-1994 (A.F.T. H8), Memoria de los Religiosos de este Apostólico Colegio de Nuestra Señora de los Ángeles de la ciudad de Tarija, 1891 (A.F.T. H21b). Por la manera de escribir las biografías, que se iniciaban con la llegada al Colegio, muchos religiosos tienen registrado su nombre y no la fecha de defunción. Para rellenar estos vacíos hemos recurrido a los libros: Necrologías, Tarata, 1917; Cannarozzi C., “Missionari della Provincia Toscana de San Bonaventura in Bolivia”, en AA.VV., Gli Araldi, Firenze 1925; Necrologium omnium Almae Provinciae Thusciae A. S. Francisco Stygmatizato Religiosorum, Florentiae, y Addenda ad Necrologium, que llega hasta nuestros días.

La necesidad de recurrir al Necrologium de Florencia se explica por la nueva organización franciscana en Tarija, Potosí y Chaco, donde los frailes pasaron a la jurisdicción del Padre Provincial de Florencia, que nombraba un Comisario, residente en Bolivia, para el gobierno de los religiosos. Asimismo, las reducciones chaqueñas, que conformaban el Vicariato del Gran Chaco (hoy Cuevo-Camiri), vivían bajo la autoridad de un obispo.

Colegio Antoniano, 1927.Tales cambios de organización eclesial causaron el cierre del Colegio de Propaganda Fide de Tarija, y su complejo conventual pasó a simple situación de convento con actividad urbana. Como hemos dicho anteriormente, por la forma de redacción de las biografías, muchos nombres no tienen fecha de defunción; pero de los frailes que murieron en Tarija se redactó una breve síntesis de sus trabajos, virtudes eclesiales y religiosas; y lo que correspondía a la necrología siguió en el Necrologium de Florencia, que autónomamente, recopilaba también una biografía del difunto, enviada a todos los conventos de su jurisdicción. Con la creación de la “Vicaría Misionera de San Antonio en Bolivia”, en 1985, declarada Provincia en 1990, para los frailes que pertenecieron y pertenecen a ella, existe también una redacción de síntesis de vida para las comunidades, esparcidas en todo el país. Aún, para los franciscanos en Bolivia, que consideran a la Provincia de Florencia como su Madre Provincia, ésta sigue oficializando rasgos biográficos. Para todos los frailes de la Orden franciscana, la revista Acta Ordinis Minorum, editada por la Curia General en Roma, señala brevemente rasgos de vida.

Los futuros historiadores, desde las partes, podrán llegar al entendimiento o precisiones del escenario de la acción franciscana. “Memoria” y “gesta” fueron trabajos de los escondidos escritores conventuales. Las notas biográficas actuales han perdido el sabor de cercanía con el fraile difunto, y el sufrimiento con que él obró la invención de su vida. La tecnificación, en nuestra condición de civilización post-moderna, nos ofrece más posibilidades de conocimientos; pero ella, al mismo tiempo, encierra la negación de la vida interior, oración y lectura pensativa, que son espacios de gratuidad de sí, para los demás. Toda vida institucional, religiosa y civil, si bien sólida en su conciencia de misión y en su proyecto de acción, no tendrá futuro sin la continua actualización de su “memoria histórica”, espiritual, intelectual y teológica.

Biografías: libro 1848

El primer nombre, señalado en De los muertos (1762-1886), de los frailes incorporados después de 1825, es el del Padre Andrés Herrero. En 1828, él llegaba a Tarija desde el Colegio de Moquegua que, por la distribución política que se hizo después de la Guerra de la Independencia, forma parte del Perú. La permanencia del Padre Herrero entre los mosetenes, le hizo optar por Bolivia. Él será el restaurador y fundador de Colegios en La Paz, Tarija y Tarata. Su sucesor inmediato, el Padre Matías Bretón, abrió nuevamente a situación franciscana el convento de Potosí en 1844, que será declarado Colegio de Propaganda Fide en 1853; pero tan sólo en 1873 enviará conversores a las zonas norteñas del Chaco.

En nuestra introducción a los tomos de selección de manuscritos del Archivo Franciscano de Tarija (A.F.T.) de los años que van de 1825 a 1936, el lector encontrará motivaciones, circunstancias y proyectos de sus idas a Europa. Su primer viaje lo realizó en 1833. La imposibilidad de desembarcar en España lo llevó a las costas italianas; en su segunda viaje, en 1835, transitará por su país de origen, donde encontrará frailes para Bolivia. La tradición misionera, la universalidad, el centralismo de la familia de los franciscanos observantes, permitieron encaminar soluciones bastante rápidas. Como en la etapa colonial, los religiosos, si bien de una misma cultura hispana de origen, eran individuos de diferentes provincias. Una igual política fue mantenida por el Padre Andrés Herrero: los italianos en Tarija; franceses, en Tarata; y en La Paz, españoles. La universalidad franciscana a nivel de Bolivia, se traducía sin embargo, de tiempo en tiempo, también en algún Colegio como La Paz y Tarata.

Frontis de la Iglesia Catedral, Camiri, actual sede del Vicariato Apostólico de Cuevo-Camiri.Los primeros tres frailes italianos llegaron a Tarija en 1835; un contingente de 6, y entre éstos 3 españoles, se incorporó en 1837. El Padre Honorio Mossi, Visitador en 1848, redactó breves noticias de los que habían abandonado, y cerró el libro de biografías de 1803. De los cinco, quedaba sólo el Padre Alfonso Corsetti, que abría las Biografías del libro de 1848. La decisión de iniciarlo correspondió a ese Comisario Visitador (que aprobó el de 1803), ordenando en el mismo tiempo que “se haga otro nuevo para los religiosos que actualmente se hallan moradores”.

El difícil comienzo se manifestaba también en la desorganización del libro de 1848. Las biografías no se iniciaban con el arribo de los religiosos; fueron escritas años después. En sus páginas aparecen borrones de nombres con noticias de otro fraile. Una organización estable se dio a los diez años, cuando el Colegio dispuso del personal necesario y se distribuyeron las varias ocupaciones internas. Escribiendo desde 1899, la caligrafía del Padre Manuel Lauroua es omnipresente, llevando al lector a moverse en todo el libro para una sola biografía.

Otra dificultad fue la trascripción hispana de los apellidos italianos. Se guiaron por la fijación fonética; así resultó: Gianneli por Giannelli, Leche por Lecce, Chisco por Cisco, Pucheti por Puccetti. Además, posiblemente por la falta de dominio del idioma castellano, la redacción de algunas biografías resultó en latín. El organizador del manuscrito fue el Padre Lauroua, el cual puso un índice final y las anotaciones que él creía necesarias, certificando y firmando los cambios.

Las incertidumbres del inicio empezaron a apagarse con la “partida” de frailes de 1844. Entre éstos estaban el Padre Ceferino Muzzani, el Padre Mario Bonfiglioli, el Padre Antonio Granella y el Padre Leonardo Delfante. Por las vicisitudes de los Padres Bonfiglioli y Granella, que pasaron, el primero a fundar el Colegio de Río Cuarto; y el segundo, a incorporarse al Colegio de Chillán, se puede pensar en un proyecto no sólo boliviano sino latinoamericano en el sur del continente. Tarija, sucesivamente, colaborará a Salta y Jujuy; por lo cual, el Padre Ceferino Muzzani será nombrado Comisario General de los franciscanos de Argentina, Paraguay, Chile, Perú y Bolivia. Con un promedio de tiempo de diez años, nuevas “partidas” se hacían presentes, lo que permitió retomar todos los trabajos tradicionales del Colegio: gestión conventual, predicaciones entre fieles y fundaciones misionales en el territorio concebido como parte del departamento de Tarija. Ellas se extenderán desde Yacuiba hasta Macharetí. En el Norte del Chaco se desplegará la acción del Colegio de Potosí.

Los franciscanos, anotados en el libro de 1803 y 1848, desincorporados y notificados en Necrología, inscritos al Colegio de Tarija en los años 1825 y 1891, resultan ser un número de 117 religiosos. Seguramente la presencia del tren en el tramo argentino, aumentó la facilidad de comunicación con Europa, por lo cual se daba más facilidad de desincorporaciones para volver a su Provincia de origen o para integrarse a otros Colegios de Bolivia y Argentina. Algunos nombres resultan con año de desincorporación y de muerte; si la defunción ocurrió en Tarija significa que el religioso volvió al Colegio. Para los que tienen lugar de muerte en Buenos Aires, zonas chaqueñas o bolivianas, se connota que la vida de ellos fue truncada en la trayectoria de su labor misional.

Interior de la Iglesia Catedral, Camiri.Resaltan existencias muy cortas en los primeros años de fundación de las reducciones de Tarairí y Aguairenda. La explicación la encontramos en lo que fue el proceso de formación misional. Se trataba de años bien sacrificados para los conversores, que disponían sólo de una precaria capilla y de una pobrísima vivienda; asimismo, se movían en un sistema de vida adaptado a las condiciones de los neófitos e infieles, que mantenían sus características de organización tradicional. Por tanto, la conformación reduccional exigía largos tiempos de arraigo psicológico y cultural de parte del franciscano y de parte de los guaraníes, tobas y noctenes. Después de un promedio de 20 a 30 y más años, surgían los grandes templos; y con ello la fijación definitiva del asiento habitacional. Por tanto, desde el primer contacto y el asentamiento estable, corrían años de mutuas contrataciones. También la entidad indígena, que sobrepasaba normalmente las 500 personas, vivía las incertidumbres del pasar de una situación a otra. Pensamos que la escuela fue el lugar de más integración y secundariamente los aspectos económicos, con consolidación de tierras y del ganado.

También en Tarija se consolidaba la situación conventual en 1871, con la publicación de los Estatutos Municipales, que reglamentaban la vida interna, el “gobierno de los indios”, las predicaciones populares y las obras externas. Así es que las biografías del libro de 1848 nos certifican presencias de frailes doctos, infatigables misioneros, predicadores y religiosos insertados en la problemática de los cambios hacia la modernización en el Chaco y Tarija.

 

P. Lorenzo Calzavarini
Director del CED

 

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