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CÁNTARO: MEMORIA E INNOVACIÓN
(Nuevos artistas en Tarija)

Gonzalo Ribero: Altar cósmico. Colección privada de Beatriz Vásquez de Granier, Tarija.Cántaro (Suplemento cultural del periódico El País) ya tieneel honor de ser indicado en las páginas del  Diccionario Histórico de Bolivia (Editor Dr. Josep Barnadas, Tomos I y II, Sucre, 2002). Se señala que al 4-XI-2001 se habían publicado 223 números. En este domingo, 4-VII-2010, las ediciones han logrado el número 438. En Bolivia no existe constancia de tanta duración de ninguna otra revista. El mérito de tanta labor, la debemos prioritariamente a su director, Dr. Carlos Ávila Claure y seguidamente al artista Fernando Arduz Ruiz. El primero es experto en literatura y el segundo en música. El uno y el otro son bien enraizados en el universo chapaco y en territorio de la Gobernación de Tarija, con libros publicados en su especialidad. También esto es fruto de un profundo conocimiento de las vicisitudes tarijeñas, consolidadas por una larga actividad escolar. Por la diferencia de edad, podemos pensar también en una relación de maestro y discípulo que han unido en “crescendo” dos generaciones de literatos.

René Subelza: Muerte y resurrección de Cristo. Pinacoteca de arte religioso moderno del CED, Tarija.Cántaro ahora navega entre intentos de otros “suplementos” más, que no divulgan de forma directa un rostro cultural y literario. El prisma se ha multiplicado en razón de auscultar las necesidades de ciudadanos urbanizados que se mueven dentro del universo grande de la ciudad y, al mismo tiempo, mantienen identidades de subgrupos. Lo que genera encuentro y desencuentro de visiones de vida. El momento de crisis actual será superado cuando la diversidad se encargue de armonizarse en un horizonte de destino común, que no mostrará más las facetas bondadosas y  atentas a la situación del otro sino una continua oposición unida por los contrastes y no por virtudes. La escritura de esas revistas nos parece inspirada en escuelas de “medios de comunicación” que juegan sobre la captación de lectores a través de la imagen. Si bien marcadas de características populares, sus connotaciones translucen la artificialidad del aprendizaje universitario. Cántaro, al contrario, persiste en su dimensión clásica, inspirada siempre en las “raíces de la memoria histórica, cultural y artística”, donde se mueven novelística, pintura, escultura, música, lingüística, poesía y arquitectura. Él recoge los aportes de varios autores con diferentes intelectualidades pero siempre colaboradores en el respeto mutuo. Relucen bajo eso aspecto también transcripciones de autores antiguos que muestran continuidad incluso no lineal de pensamientos desde las raíces a la modernidad del sudeste de Bolivia, apuntando una utopía.

Jaime Calisaya y Gonzalo Ribero: Altar e imagen de la Anunciación en el templo de Tolomosa Grande.Sobre la base de esa configuración mental, nos permitimos presentar novedades que se han dado en los últimos años en el campo de la pintura y de la arquitectura (escultura) en la ciudad de Tarija. Nos atendremos a artistas que no han tenido nacimiento en nuestra ciudad y gobernación; sin embargo, han sabido expresar y asumir matices de nuestra cultura. Los manuales sobre arte, presentados por autores (bolivianos) y extranjeros, los consideran ya de dimensiones internacionales por la originalidad de su escritura y por el carácter humanístico de su inspiración. Nos referimos a Emiliano Lujan, Erick Tito, León Saavedra, Gonzalo Ribero y Jaime Calisaya, oriundos de las ciudades de La Paz, Oruro y Cochabamba. El punto de comunicación principal con ellos ha sido la “Pinacoteca de arte religioso moderno” del Centro Eclesial de Documentación.

La llegada a Tarija de esos autores la debemos a la formación de un proceso innovador de las artes en Tarija. Nos referimos a la actividad de René Subelza que con su fidelidad  a temas naturalísticos y de vida popular ha reconstruido la espiritualidad y las vivencias de antaño (personas y paisajes de Tarija). Un antecedente anterior cochabambino, fue la escultura de Emiliano Luján, que realizó la estatua del “Corazón de Jesús” de La Loma de San Juan. Ese artista es autor también de la estatua del “Cristo Redentor” de Santa Cruz. La  diferencia entre las dos obras se coloca en la diversa concepción espiritual. La de Santa Cruz es hierática, como un Cristo que te espera, mientras la de Tarija es un Cristo que “camina contigo”.  La Loma, cruce de llegada de calles es, también, inicio para otras.

León Saavedra Geuer: Vitral del rosetón de la Basílica Menor de San Francisco. Una combinación de novedades pictóricas y de esculturas se dio en la refacción del templo de Tolomosa en los años de 1996. Todos los elementos del rito sagrado (altar, pila bautismal, sagrario, agua bendita, ambón y pedestal del crucifijo) fueron elaborados en esculturas por Gonzalo Ribero. El mismo escultor las tradujo después en cuadros pictóricos, otorgándoles una lectura más profunda ligada a su manera de pensar “Bolivia” en dimensión telúrica. Se trata de un relato del pensamiento originario altiplánico, trasformado en destino de fe. A manera de ejemplo, el altar, salido de los muros, adquiere dimensión cósmica como “nueva creación”, donde el color amarillo rompe los designios naturalisticos para significar una voluntad divina. En El fondo del templo, extendido en toda la pared del presbiterio, resalta la gran pintura de la Anunciación del Ángel a la Virgen María de Jaime Calisaya. Colores vivos, lineamientos seguros de las figuras, lanzadas en la inmensidad del cielo, coordinan artísticamente  con las piedras rituales de Gonzalo Ribero.  

Erick Tito: Virgen y el Niño. Bodega Casa Real, Tarija.Las últimas creaciones las debemos a Erick Tito. En un anterior número  de Cántaro,  hemos ilustrado la significación cultural del concepto de atrio, como espacio sagrado ligado a la unidad con la arquitectura del templo en sí; pero más allá de eso su significación urbanística en la organización de la ciudad hispana: centro de las convergencias de los “ceques” (divisiones territoriales de la ciudad  incaica, ver: Cusco) para establecer una unidad simbólica del conjunto. Un suplemento de significación lo hemos puesto como elemento histórico con la introducción de la estatua de “San Francisco y el lobo”, como deseo de diálogo y vigencia por cuatro siglos del mensaje franciscano de “Paz y Bien”. El pensamiento de Erik Tito se ha concluido en otra estatua de San Francisco de Asís, puesta en el museo del Centro Eclesial de Documentación, que es donación de la Señora Beatriz Vásquez de Granier, en la cual el artista sintetiza la actitud misionera de los frailes de Tarija en el sudesde de Bolivia: las inmensas manos (la caridad) y el vaciamiento del corazón como lugar de afectos y voluntad para realizar el precepto evangélico de no vivir sólo para sí sino en atención al hermano.

La misma actitud corporal y espiritual, Erick Tito la expresa en la relación entre la Virgen María y el Niño Jesús. La solidez de la estatua configura el diálogo de la decisión maternal y la respuesta del débil. Esa postura, más que inspiración evangélica, parece ser interpretación de afectos familiares de la familia Granier. La estatua está puesta frente a la capilla a lado de la cual reposan los nombres por muerte prematura de la misma familia. La maternidad es precisamente el fundamento de voluntades y de afectos que no terminan con defunciones. Ella es la memoria de una redención que perdurará más allá de lo inevitable humano.

Erick Tito: San Francisco en su síntesis de vida. Pinacoteca de arte religioso moderno del CED, Tarija.Unidos en el mismo espacio sagrado están las composiciones de Juán León Saavedra Geuer. Es artista conocido sobre todo por su actividad de vitralista; en esa espacialidad ha colorado de inmensidad los interiores de la capilla, obedeciendo en las figuras a la voluntad de los comitentes, que fueron los componentes de la familia Granier. La precisión y la armonía de los colores, si bien obedecen a una intencionalidad previa, mantienen la frescura de la innovación espontánea. Los colores son invenciones dictadas por la cercanía entre ellos. La misma composición diagrama con suma agilidad el movimiento de los gestos y lo hierático de las figuras. La habilidad del artista quita toda angustia y esfuerzo a la composición, que resulta ser un conjunto de contraposiciones de colores en la extensión de un cuatro pictórico, donde los enlaces metálicos quedan como límites del ser y accionar de los personajes. Lo que tus ojos ven es el colorearse de tus sentimientos. No contarás con la misma impresión admirando los vitrales de los rosetones del templo de San Francisco. Allí no existe la intimidad del sentimiento familiar sino la fijación del precepto de la hermandad cristiana.

Concluimos estas páginas que han querido presentar a los lectores de Cántaro  las novedades artísticas en Tarija. Reasumiendo, las obras de los autores indicados se pueden ver en la capilla de Casa Real (incluida en un amplio espacio de la bodega), en la bodega de Campos de Solana, en la Pinacoteca de Arte religioso moderno del Centro Eclesial de Documentación (CED), en el templo de Tolomosa Grande, en la capilla de San Mateo, del colegio la Salle, y en el atrio y Basílica Menor de San Francisco.                                   

 

P. Lorenzo Calzavarini
Director del CED

 

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