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El libro de Eduardo Trigo d’ Arlach, Tarija en la independencia del Virreinato del Río de La Plata (Ed. Plural, La Paz, 2009).

portada del libro Tarija en la independencia del Río de La Plata. De Eduardo Trigo El Dr. Eduardo Trigo d’ Arlach es persona conocida no sólo por sus escritos sino también como  servidor del Estado, habiendo ocupado puestos de encargado de negocios en Gran Bretaña, embajador en Argentina, vicecanciller de la República  y responsabilidades en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. Su preparación intelectual justifica el recorrido diplomático. Estudió derecho en la universidad Juan Misael Saracho de Tarija, San Andrés de La Paz, University College de Londres y la Academia de Derecho internacional de La Haya. Ha ejercitado también la docencia en la Universidad de Tarija. Sus artículos, publicados en varios periódicos del país nunca, han sido noticias circunstanciales sino propuestas de sólida construcción de opinión pública: aclarar aspectos de la historia boliviana fue la razón motivadora. Por su escritura ágil y precisa, el Dr. Don Victor Paz Estenssoro aceptó rememorar con Eduardo Trigo d’ Arlach “sus recuerdos” que fueron redactadas  en el libro Conversaciones con Victor Paz Estenssoro  (La Paz, 1999).

La última obra era desconocida hasta para los amigos más íntimos. Lo que hace pensar un largo tiempo de preparación. Hay temas de la historia que son preocupaciones de toda una vida y, muchas veces, sobre ella llega la noche sin aurora. La sospecha es que los años de diplomático en Buenos Aires hayan sido también de estudios sobre  Tarija y Bolivia. Las líneas de las reflexiones empiezan en Tarija, se prolongan en Argentina y vuelven a concentrarse en Tarija. Así tenemos el título de la obra: Tarija en la Independencia del Río de La Plata. La tesis es que Tarija fue animadora y anillo entre sur y norte de los grandes cambios que confluyeron en la independencia  del continente latinoamericano. 

Charcas hasta el río Bermejo        

La lógica del recorrido histórico tiene su punto de partida Tarija en el año 1574. Tarija se consolida en el espacio que es camino del medio entre Tucumán y Potosí. La documentación archivística del convento San Francisco de Tarija anota esa conjunción entre el polo agrícola-ganadero y las minas de Potosí. La ciudad del Guadalquivir evidentemente estaba más cerca y la  interpretamos más que corredor como una etapa más próxima al Altiplano y Valles Centrales. Por el ganado de pie, no era Chuquisaca sino Cochabamba y Tarija quienes abastecían los mercados de la Villa Imperial de Potosí. Asimismo, por ser parte del Arzobispado de La Plata, Tarija era vertebración de Charcas. Bajo este aspecto las relaciones eclesiales y económicas del Colegio de Propaganda Fide de San Francisco de Tarija iban en el mismo sentido. Por esa coordinación geológica y de organización territorial, Tarija fue propuesta, en el año 1785, por el intendente de Potosí,  Juan del Pino Manrique, como unidad regional militar,  política y religiosa para hacer frente a las incursiones de la piratería inglesa desde Chile. 

En tales años, otro plan geopolítico estaba en marcha. La reforma borbónica, iniciada en el año 1767, quería una administración colonial más efectiva y con más control sobre el territorio. En 1776, el continente sur fue subdividido en los virreinatos  de Buenos Aires, Lima y Santiago que, a su vez, incluían las subdivisiones internas de las Intendencias. El virreinato Atlántico resultó conformado por las Intendencias de Puno, La Paz, Cochabamba, La Plata y Potosí. Tarija era incluida  en la de Potosí. Así la Audiencia de Charcas, punto neurálgico entre Lima y Buenos Aires, perdía la comunicación interandina, que se debilitó todavía más con la creación de la Audiencia del Cuzco en 1787 y concluyó con el pase en 1796 de la Intendencia de Puno al virreinato de Lima. Se puede sospechar que para equilibrar el movimiento de pérdidas en el norte naciera la sugerencia de Juan del Pino Manrique. Según ese planteamiento, Tarija habría formado una unidad hasta el Bermejo con las tierras de Lípez, Cinti y Chichas (y más las actuales denominaciones de Méndez, Avilés, Arce y O’ Connor).  Al contrario, las grandes decisiones jugaron a que en el año de 1807, fuera integrada al Obispado e Intendencia de Salta.   

Firmas en el A.F.T. de los personajes de la independencia: Manuel Belgrano (Patriota)Por esa última decisión, sabemos el porqué la región de Tarija obró desde  el Virreinato de la Plata. Entendemos, también, como su forzosa separación de Charcas y la igualmente forzosa distribución continental hayan favorecido la realización de ideas de libertad, de autogestión y de camino hacia configuraciones de estados autónomos. Los manuales de historia no valoran la reforma borbónica como ocasión de un implante criollo del estado colonial. Las significaciones novedosas han sido focalizadas siempre en la universidad de Charcas, olvidando que ésta era tan sólo la punta de lanza de organizaciones religiosas, políticas y de administración de la sociedad. La equivocación se extiende también a los relatos del proceso de independencia no considerando que en toda decisión de largo alcance no siempre el comienzo se prefigura en un único final si bien todo final incluye ese inicio. La literatura del proceso de independencia no se ha atenido a la primera proposición ofreciéndonos una secuencia de personajes y de guerras, desligados de la dimensión intelectual y humanística. En ese procedimiento no es raro observar afirmaciones con evidentes intereses de distanciar y desvalorizar la cultura hispana y católica.

De hecho, el grito libertario chuquisaqueño 1809 y porteño de 1810 fue un común grito de España y del continente. Se trataba de una inteligencia de valores que condenaba la tiranía de Napoleón  (1808). En rescate del rey prisionero Fernando VII, se consolidó el régimen de las “juntas provinciales” (1808) que se concretizaron después en las “Cortes de Cádiz” (1810); y en sintonía con ellas nacieron las juntas de Latino América. Por tanto, en ambas orillas de los mares se extendía la lucha a favor de la libertad, que en el continente se volcaba en un conflicto entre las fuerzas innovadoras de las juntas y las otras asentadas en las estructuras tradicionales del coloniaje con virreyes e intendencias. Se trataba ya de una lucha interna de Latinoamérica.  

En tal contexto la proposición de continuidad colonialista fue dictada por la reina Carlota, hermana de Fernando VII, que pretendió derechos dinásticos sobre el imperio colonial hispano por ser hermana de Fernando. Las configuraciones tradicionales de poderes de virrey e intendencias asumieron tal legitimidad. José Manuel de Goyeneche, emisario de las juntas de España en 1808, fue quien trabó con la nueva proposición, presentando en Charcas la carta de Carlota. En contra de esa alternativa, nació la junta de Buenos Aires (1810), que unió a las fuerzas innovadoras. En el mismo año, el Virrey Abascal hizo pasar las intendencias de Potosí, Cochabamba, Chuquisaca y La Paz al virreinato de Lima, y de allí la presencia de ejércitos argentinos en territorio de Charcas. Innovadores y tradicionalistas fueron definidos por el silogismo de la universidad de Charcas: el rey gobernaba por autoridad del pueblo, caído el rey, la soberanía volvía al pueblo. La aceptación del silogismo o el rechazo del mismo fue la decisión que cambió la faz de Charcas haciendo que una parte de ella figurara en el Virreinato de La Plata y la otra de Lima. Esta última se consolidó con el nombre de Alto Perú.    

La verdadera lucha en contra del régimen hispano sobrevino contra el absolutismo del rey Fernando VII que, recuperando el poder en el año de 1814, desconoció la labor de las juntas de España y de Latinoamérica. En el congreso de Tucumán del 24 de marzo de 1816 se proclamó la libertad de las naciones unidas del continente sur: “Una nación libre  e independiente de los reyes de España, sus sucesores y metrópoli y de toda dominación extranjera” (pág. 169). Esa fue la verdadera proclama de la independencia latinoamericana y la lucha del después fue entre patriotas y realistas. Los ejércitos del norte, mandados en Ayacucho por el general Sucre, desbarataron a los realistas. El mismo Sucre convocó a la constituyente el 9 de febrero de 1825, sin representación de Tarija. El 10 de agosto del mismo año se proclamó la independencia de Bolivia (insuficiente interpretación de Charcas). Tarija por voluntad de sus habitante se integró en el año siguiente, 1826.

Los héroes de Tarija 

Firmas en el A.F.T. de los personajes de la independencia: Pedro Antonio de Olañeta (Realista)Un texto enviado desde Tarija contra la centralidad del poder en Salta y Buenos Aires documenta el malestar de la población por su falta de gestión de autonomía regional respecto a Salta. Ya anteriormente, desde la intendencia de Potosí, se había pedido a los padres franciscanos de Tarija su parecer acerca la conveniencia que las tierras de Itau y Caraparí “estuviesen bajo la jurisdicción de Oran” (A.F.TM-54). La respuesta indirecta está en los escritos del P. Antonio Comajuncosa que defendía la unidad de la región con Tarija y Padcaya y anotaba las dificultades geográficas para con Orán (Comajuncosa A., El manifiesto…, Tarija, 1995, págs. 215-221 y 259-263). El documento firmado por varias autoridades de Tarija acusaba que la centralidad hacía olvidar a las regiones periféricas, la falta de control contra los enemigos y “las  expediciones al Chaco, eran por hacer de ellas sus granjerías, estafando al vecindario y saqueando fondos públicos…” (pág. 33).

A partir del 18 de agosto de 1810, en cabildo abierto Tarija envía un delegado a la junta de Buenos Aires. Muy largo sería ofrecer los nombres de las personas que animaron por la adhesión a la junta de Buenos Aires. En Tarija, más allá del nombramiento de representantes, se debe reflexionar que esos candidatos eran parte de un “patriciado”, presente anteriormente en la gestión pública. Resultaron, sin embargo, elegidos personajes Mariano Antonio Echazú, José Antonio Larrea, Pedro Antonio Flores y José Julián Pérez de Echalar. Dos nobles proclamas indican esa dimensión de lucha que Tarija interpreta no  sólo en función de sí misma sino en horizontes latinoamericanos. El primero del 13 de julio de 1811 es un llamamiento a las armas en contra de “huestes mercenarias y cobardes, que con prestigios y simulaciones pretenden disimular su infame causa” (pág. 93); y el segundo es la constitución de una “Junta de guerra en Tarija” en los últimos días de agosto de 1811 (pág. 95).

Dentro de la oposición entre “innovadores” y el tradicionalismo colonial se dieron los movimientos de ejércitos desde Buenos Aires hasta las Intendencias ligadas al virreinato de Lima. Por eso, se trataba de acciones militares para ocupar el territorio del norte. Fue guerra de vida o muerte desde 1810 a 1816, y de 1816 a 1825 cuando la lucha fue entre patriotas y realistas; y la victoria vino por la llegada de los libertadores desde el Norte en La Paz. La prolongada guerra se dio por el poder del ejército realista, que se movía apagando fuegos pero ya extraño al sentir latino americano. Las bellas páginas de Eduardo Trigo han interpretado el espíritu de aquellos tiempos. Si bien hubo heroicidades, fundamental resultaba la fidelidad al ideal latinoamericano. Tarija no era corredor sino espacio abierto desde el Bermejo hasta las regiones de las Frontera de Chuquisaca y del Chaco hasta Santa Cruz, que eran caminos conocidos por ser los de los misioneros franciscanos. En 24 de marzo 1816, el congreso de Tucumán frente al absolutismo de Fernando VII, proclamó la independencia: “una nación libre e independiente de los reyes de España, sus sucesores y metrópoli y de toda otra dominación extranjera” (pág. 169).

Con esa determinación, Tarija se trasformaba en línea de fuego entre dos futuros. Por esos las tropas realistas ocuparon la ciudad. Los combates fueron preparación a lo que definitivamente cerró el nuevo destino de Tarija: el combate de la Victoria (24 septiembre 1816), de Guerrahuaico (14 octubre 1816) y la batalla de la Tablada del 15 de abril 1817. En esa última, los grandes héroes estaban presentes en los recintos, que acorralaban la ciudad. Se inició a las orillas del Guadalquivir, encerrando a los realistas en la plaza. Los patriotas moviéndose desde la colina de San Juan y posteriormente desde San Roque, se reunieron en el campo de la Tablada donde la caballería tenía amplia capacidad de moverse. A la derrota no siguió la venganza.

El libro de Eduardo Trigo d’Arlach cierra con un capítulo dedicado a la historia de los franciscanos en Tarija. Según el autor, no se trata tanto de una inclusión temática sino que los frailes del Colegio de Propaganda Fide con su historia en Tarija y sudeste de Bolivia fueron parte del destino de Tarija. No se declararon personas de parte porque su actuar era “de carácter esencialmente religiosos y psicológico”. Finalmente ésta fue también la percepción que las mismas fuerzas contrapuestas entendieron. En el Archivo Franciscano de Tarija existen peticiones de asistencia de ambos lados, con firmas de Antonio Olañeta, La Serna, Vigil, Belgrano y Flores. La misma atención de respeto hacia el convento, el pueblo tarijeño la mantuvo en medio de las decisiones tan injustas de Sucre en 1826, cuando secularizó conventos, templos e instituciones educativas de las Iglesia Católica.

Así relata el asunto el General Francisco Burdett O’ Oconnor en sus memorias (Burdett O’Connor F., Recuerdos, Tarija, 1895; segunda edición, La Paz, 2009): “Estando yo en Tarija, me llegó una orden muy reservada, de cerrar los conventos de San Francisco, Santo Domingo y San Agustín, y de apoderarme  en un solo día de todos los archivos, con objeto de imponerse el gobierno  de los censos fundados a favor de dichos conventos, para destinarlos al ramo de beneficencia y de vender en pública subasta las fincas que estuviesen en el caso de ser enajenadas. Cumplí con la orden, respecto  de los conventos de Santo Domingo y de San Agustín; pero aventuré una observación, relativa al de San Francisco, en el cual había tres religiosos, a quienes toda la población y la campiña miraban hasta con veneración y mi observación tuvo el efecto de que hasta hoy subsiste el convento de San Francisco, en mucho mayor estado que antes; y hoy día, si no me equivoco, tiene cerca de treinta religiosos de una conducta ejemplar, y que son muy meritorios y altamente útiles al país”.                  

Conclusiones

Firmas en el A.F.T. de los personajes de la independencia: Pedro Antonio Flores (Patriota Tarijeño)Al autor, Eduardo Trigo D’Arlach, le manifestamos todo nuestro aprecio por haber esclarecido páginas de la historia de Bolivia y de Tarija en particular. Nuestro escrito es sumamente insuficiente respecto a los alcances que el libro tendrá para los estudiosos. También le reconocemos el mérito de habernos relatado  vicisitudes de hombres con sentido de destino sin dramatizar oposiciones ideologías embriagadas de enemistades. No hemos hecho una presentación lineal de los contenidos de la obra: “Tarija en la Independencia del Virreinato del Río de La Plata”, hemos tan sólo remarcado el espíritu humanístico del continente latinoamericano subrayando que ninguna libertad es contra alguien sino determinación de ser uno mismo. Latino América debe a España y a la institución colonial la capacidad de haberlas sobrepasado. Sin embargo, se trataba de una parte en el conflicto; y guerras y más sufrimientos sobreviniero porque, ya antes del comienzo, hubo perdedores.

En una reunión en la Honorable Alcaldía de Tarija con motivo de precisar la fecha de inicio del movimiento innovador desde Tarija, dos fechas recibieron el máximo apoyo: la del Cabildo del 18 de agosto de 1810 cuando se eligió un representante para la junta de Buenos Aires, y la otra que se atenía a la Batalla de la Tablada del 15 de abril de 1817, como es tradición celebrar las efemérides tarijeñas. Personalmente sostuve la primera fecha pensando en “una toma de conciencia de sí desde América Latina” (contra la tiranía napoleónica). Otros apoyaban las mismas circunstancias pero indicándolas como separación independentista, lo que correspondía en realidad al Congreso de Tucumán del 24 de marzo de 1816. Para no justificar esa postura, más apropiado fue quedarse con las efemérides de tradición. Sin embargo, el mecanismo mental que me sobrevino fue el de la comparación con las efemérides de otros departamentos. ¿Cambiamos fechas o cambiamos  nosotros mismos frente a la historia?

Tarija, 6 octubre 2009.

 

Lorenzo Calzavarini ofm
Director del Centro Eclesial de Documentación