Centro Eclesial de Documentación
Convento Franciscano de Tarija

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PRESENCIA FRANCISCANA Y FORMACIÓN INTERCULTURAL EN EL SUDESTE DE BOLIVIA
SEGÚN DOCUMENTOS DEL ARCHIVO FRANCISCANO DE TARIJA, 1606 – 1936


Índice

Introducción 
1.- Fundación del Convento Franciscano de Tarija
2.- Fundación del Colegio de Propaganda Fide
3. Grandeza  de las misiones
4. Política de los Borbones
5. Presencia franciscana en el periodo republicano
6. Nuevo inicio

7. El templo declarado Basílica Menor
8. Reconstrucción del contexto reduccional
9. Misiones entre fieles
10. Conflictos en la modernización
11. Una herencia estable

Introducción

Desde 1998, el Centro Eclesial de Documentación (C.E.D.) del Convento de San Francisco de Tarija, está trabajando en la trascripción de manuscritos de su Archivo. Se trata de una selección de documentos que se  publicarán en siete tomos, subdivididos en:

Periodo colonial, incluye tres tomos: los primeros dos recogen la selección de la parte histórica y el tercero las biografías de los padres franciscanos que han muerto en Tarija;

Periodo republicano, incluye  cuatro tomos: dos de carácter histórico, el tercero, los Anales del convento 1879 – 1936 y el cuarto las biografías de los padres desde 1835 – 1936.

El objetivo de esta edición es el de dar a conocer el acontecer histórico de la acción de los franciscanos de Tarija. De hecho, sólo la reflexión sobre nuestro pasado nos permitirá celebrar dignamente el  IV Centenario de fundación del convento en el año 2006.
El título de la obra subraya la relación entre formación de la nación boliviana, iniciada en Charcas, y las relaciones entre pueblos (“naciones” de los pueblos originarios) que han logrado aspectos de comunicación entre sí. Estos aspectos se refieren a elementos comunes de vivencias históricas, culturales, socio-sicológicas y una trayectoria eclesial. Quedan diferencias, las que, sin embargo, no excluyen un conocimiento entre partes. La presencia franciscana en Tarija se amplió en los cuatro siglos a las regiones de Sucre, Santa Cruz y zonas chaqueñas.
La pintura de la fundación de Tarija, presente en el Salón de Honor de la Alcaldía Municipal, realizada por el artista Hugo Galarza,  incluye a un franciscano. Tarija nació como villa hispana en 1574 y los franciscanos llegaron en 1606. No se trata de un error poner un franciscano cerca de Don Luis de Fuentes; es una interpretación de la importancia de la presencia de los frailes en la región.

1.- Fundación del Convento Franciscano de Tarija

El 6 de marzo de 1606, la ciudadanía de Tarija elevó petición a la Real Audiencia de Charcas para tener un convento franciscano. Así el 4 de mayo de 1606, día de la Ascensión, reunido en la Iglesia Mayor, todo el pueblo se comprometió a solventar la obra. Catorce días después se iniciaron los trabajos. Aceptamos, por lo tanto, como fecha de inicio de su construcción el día 18 de mayo. Su primer guardián fue el Padre Antonio de San Buenaventura que pertenecía a la noble familia de los Sandovales; y había llegado al continente con el mismo Virrey del Perú, don Luis de Velasco. El Padre San Buenaventura se hizo franciscano en el convento del Cusco.
El convento de Tarija comenzó según un esquema arquitectónico de contexto socio-económico de faenas agrícolas.
Un documento que refleja esta situación es el de las “capellanías”. Las capellanías eran contratos  con el convento para la celebración de Santas Misas en sufragio de los difuntos. Se trataba de un real contrato que comprometía una inversión de bienes para la búsqueda de la salud espiritual. Así tenemos, en el periodo de 1626 a 1761, un listado de 123 fincas esparcidas entre las zonas de Camargo, Padcaya y Entre Ríos. El Documento de 247 páginas nos indica la conformación del territorio alrededor de Tarija. Las más antiguas se indican con el nombre de tierras y chacras; las otras: estancias, fincas, haciendas y viñas. Tales denominaciones relatan la formación de una sociedad agrícola cuyo final es de fincas, haciendas y viñedos, que indican una actividad estable en una porción de territorio donde trabajan un titular y otros pobladores.
El documento, que da una lectura simbólica de un destino de pueblo, es el descubrimiento de una cruz en 1616 en la población de Torres, cerca de Salinas. Se cuenta que un viejo custodiaba la cruz. A los guaraníes que la descubrieron, él les dijo que desde hacía siglos los estaba esperando. La percepción fue que aquel anciano era un apóstol, que conectaba la predicación de Jesús con las vicisitudes del pueblo guaraní y, a la vez, latinoamericanas. La cruz está ahora expuesta en  el templo de San Francisco, protegida por una custodia de vidrio.

El convento era parte de la organización de la Provincia de los Doce Apóstoles de Lima. En 1607 fue integrado a la recientemente creada Provincia de San Antonio de los Charcas, con sede central en el Cusco y con conventos que de allí se extendían hasta La Paz, Potosí,  Chuquisaca, Cochabamba, Pocona, Oruro y Mizque. Tarija quedó en situación periférica. Lo importante del modelo arquitectónico inicial era el templo, las celdas de los Padres, un claustro inconcluso y la huerta. Los ambientes conventuales de trabajo se reducían tan sólo a una biblioteca, colocada en la celda del Padre Superior, y a un pequeño establo. El todo era suficiente para cobijar a ocho religiosos.
El convento de tales dimensiones fue terminado en 1645. Sin embargo, a la pobreza de la vivienda, no correspondía la relevancia dada al templo. En el inventario de 1688 se anota la existencia de cuadros, estatuas y un órgano ubicado detrás del Altar Mayor; asimismo unos 200 libros y documentos de archivo.  Seguramente las pistas de benevolencia e inserción en la vida de la ciudad se dieron por el factor apostólico y de mendicidad de los frailes. Huerta conventual y cercanía al universo agrícola consolidaron raíces y destino con Tarija.

2.- Fundación del Colegio de Propaganda Fide.

En 1622, desde Roma, se aprobaron los Colegios de Propaganda Fide, que se presentaban como entidades jurídico-autónomas bajo la guía de un Comisario Prefecto que gozaba de atributos casi episcopales en los territorios de misiones. Desde México a Chile y Bolivia se sembraron Colegios franciscanos para la conversión de infieles y aliento espiritual de los fieles. Apostolicidad, espiritualidad e itinerancia fueron las características principales.
El convento de Tarija fue erigido como Colegio de Propaganda Fide de Santa María de los Ángeles en 1755, con hermanos que llegaron del convento de Ocopa. Los nuevos rumbos fueron perfectamente entendidos por los integrantes recién llegados para permitir lo que debía ser un centro de actividades en inmensos territorios, un centro de formación teológica e intelectual, de escolaridad, de lenguas, de residencia para un número crecido de frailes, y de coordinación entre permanencia y peregrinaje de los mismos. El nuevo plan de trabajo exigió, por tanto, una ampliación de los ambientes conventuales, dotándolos apropiadamente para las actividades correspondientes.
Sin embargo se planteó una primera incertidumbre. Habiendo los jesuitas, ya en 1735, llegado hasta el Pilcomayo y habiendo fundado la misión de Salinas, la Audiencia de Charcas propuso a los franciscanos la zona norteña de Chuquisaca y Santa Cruz  y fundar el Colegio en la misma ciudad de Chuquisaca. El Decreto Real aceptó el deseo de los franciscanos de quedarse en Tarija. Ellos pensaban que los centros de poder, si favorecían privilegios, no permitían compromisos de trabajo con los olvidados y vivir como ellos.
Empezaron con la construcción conventual apta para ser “cuartel general” de lo que se preveía un trabajo extenso y diversificado con numerosos frailes. A pesar de la incertidumbre en 1756 iniciaron los trabajos que terminaron en 1769. Se amplió el templo, se construyeron tres claustros, celdas y oficinas. La totalidad del recinto conventual se completó en cuatro manzanas en 1793, con la donación de doña Agustina de Echalar.
La obra misionera se inició en 1758 con viajes del Padre Manuel Mingo de la Concepción y otros frailes, que se internaron entre los guaraníes desde San Antonio de los Sauces, ahora Monteagudo. Los sacerdotes no tuvieron éxito. Fue el hermano lego Fray Francisco del Pilar que, con su humildad y conocimientos médicos, logró la benevolencia de los guaraníes, que le permitieron construir su primera choza, denominada capilla. Este hecho tan simple correspondía a las características religiosas del pueblo guaraní, que introdujo fray Pilar en la categoría sacral de ipaye. Como los ipayes guaraníes, fray Pilar vivía apartado, no tenía lazos familiares y era dotado de poderes de curación. Así pasó del estatus de español al de guaraní. Él fue el fundador de todas las reducciones chaqueñas y cruceñas que corresponden a la actual provincia de la Cordillera.
La metodología misionera franciscana se centraba en el régimen reduccional. Los indios, en razón de la violencia colonial que los rodeaba, pedían la presencia de los franciscanos, que en contrapartida exigían: economía colectiva, escuela y obediencia en la organización general. Los guaraníes mantenían sus características de vivir bajo el liderazgo de sus caciques y sus costumbres tradicionales en caso de no ser neófitos.
La Reducción, si bien era respuesta a las necesidades de los pueblos originarios, conllevaba algunos conflictos. No todos los caciques regionales estaban dispuestos a aceptar las condiciones reduccionales. Por tanto surgió la distinción entre “indios amigos” y “del monte”. Otros conflictos eran generados por los comerciantes y fortines militares, que introducían en la región global los aspectos negativos de la osadía colonial.

3. Grandeza  de las misiones

El auge reduccional se dio entre los años 1780 y 1804. Las reducciones, en sucesión de tiempo, son:
El total de pueblos fundados (incluido Salinas) es de 22, con 36 padres conversores, y un total de personas de 23636. Importante es remarcar que no existía en la Reducción el discriminante religioso así es que el total de cristianos era de 9197 con 6031 de no cristianos, definidos, según el lenguaje de San Pablo, gentiles. La escuela fue el espacio principal en la conversión al cristianismo; así resultaba que 6928 niños eran cristianos y 1480 gentiles.
Resultaba muy positiva la situación económica con 16043 cabezas de ganado, 1341 caballos, 399 mulas y 1593 ovejas. El ganado y la parte agrícola eran el eje central de la economía comunitaria. Siempre se ha hablado que el estado colonial solventaba con los sínodos la economía de las reducciones, lo que generó la expresión de la unidad entre “la cruz y la espada”. Nada más falso. Los sínodos cubrían la ofrenda de una Santa Misa, que  correspondía a 2 pesos, que eran el equivalente de un jornal de trabajo de un indígena para quehaceres extra comunitarios. La ventaja era que los pocos sínodos eran invertidos por los padres en ganado y de allí la solidez económica.

4. Política de los Borbones

Todo el tiempo reduccional franciscano se desarrolló bajo la política de los Borbones, que como primera medida alejaron a los jesuitas de las tierras latinoamericanas en 1767, con grave daño de las misiones de Moxos y Chiquitos, de la interculturalidad entre pueblos originarios y del sistema educativo en Charcas.

4.1. Desde 1776, Francisco de Viedma, Gobernador Intendente de Cochabamba y Santa Cruz, inició una acción contra los misioneros franciscanos de Tarija en razón de que las misiones, las más aventajadas económicamente, debían pasar a estatus de parroquia. Esto comportaba una división entre los guaraníes, el ser sometidos a la tasación y a romper la regionalización y la mutua ayuda del sistema reduccional.
Los franciscanos de Tarija lucharon contra tal decisión, insistiendo en que ni intendencia, ni gobernación, ni obispado podían dividir a una etnia originaria. Viedma por su parte acusaba a los misioneros de fomentar levantamientos, que se dieron en los años entre 1796 a 1808. La gran desventaja de los padres franciscanos de Tarija era que, por la misma reforma borbónica, Tarija pasó al Obispado de Salta y a la Intendencia de la misma ciudad. Por tal decisión, ellos perdían influencia en Charcas. Hay que reconocer que también los caciques guaraníes, si bien no cristianos, defendieron a las reducciones. El problema entre Viedma y franciscanos de Tarija no se resolvió y fue superado por la Guerra de la Independencia latinoamericana.

4.2. El iluminismo en la Guerra de la Independencia. Sin embargo otros procesos estaban gestándose, que fueron impulsados por las elites latinoamericanas, ligadas a los movimientos intelectuales europeos que provocaron la Revolución Francesa. Se dio el caso que la repartición guaraní de Cuyambuyo recurrió al defensor de los indios de la Intendencia de Salta acusando a los padres de: “robarles a los hijos”, después de “quitarles las mujeres” y de enriquecerse en razón de un pretendido “sistema parroquial”. La explicación del intendente, definido por los padres persona “incristiana”, encubría verdades muy profundas y por él tergiversadas. El robo de niños se refería a la asistencia a la escuela, en la que el niño debía estar todo el día; el robo de las mujeres se debía a la prohibición de la poligamia; y las ganancias parroquiales no correspondían absolutamente a lo que se vivía en la Reducción por ser economía comunitaria.
Tales prejuicios ideológicos cultivaron el sustrato antieclesial  del proceso de la independencia. Por su actitud, exquisitamente espiritual, los padres de Tarija no se involucraron en situaciones de poder; lo importante para ellos era defender las reducciones, lo que no lograron por el espíritu militar de Warnes que destrozó la región, actualmente llamada la Cordillera, y llevó cautivos a todos sus conversores.
El convento de Tarija fue visitado por realistas y patriotas. Estos últimos  fueron los que no permitieron la ocupación del convento. Por tales razones ni archivo, ni bibliotecas, ni obras de arte fueron saqueadas. El pueblo defendió la “Ciudadela del Espíritu” de Tarija.

5. Presencia franciscana en el periodo republicano

Según los dictámenes antieclesiales del Mariscal Sucre de 1825 a 1826 también el convento de Tarija habría debido seguir la trayectoria de ser confiscado por el Estado. En sus memorias el General Burdett O’Connor escribió:
“Estando yo en Tarija, me llegó una orden muy reservada, de cerrar los conventos de San Francisco, Santo Domingo y San Agustín, y de apoderarme en un solo día de todos los archivos, con objeto de imponerse el gobierno de los censos fundados a favor de dichos conventos, para destinarlos al ramo de beneficencias y de vender en pública subasta las fincas que estuviesen en el caso de ser enajenadas. Cumplí con la Orden, respecto de los conventos de Santo Domingo y de San Agustín; pero aventuré una observación, relativa al de San Francisco, en el cual había tres religiosos, a quienes toda la población y la campaña miraban hasta con veneración y mi observación tuvo el efecto de que hasta ahora subsiste el convento de San Francisco, en mucho mayor estado que antes; y hoy día, si no me equivoco, tiene cerca de treinta religiosos de una conducta ejemplar, y que son muy meritorios y altamente útiles al país”. El General Burdett O`Connor terminó su escrito en el año de 1871.

6. Nuevo inicio

Con permiso del presidente Andrés de Santa Cruz, el Padre Andrés Herrero, con ayuda económica de bienhechores particulares, del gobierno central y de la ciudad de Tarija, en dos viajes a Europa, en 1834 y 1835, trajo ochenta frailes que distribuyó en Perú y Bolivia.
Por el fortalecimiento de personal, el colegio y convento de Tarija tomaron sus antiguas tareas de presencia en la ciudad, en las parroquias y comunidades del campo, iniciativas de caridad y de ciencia, y de ser misioneros hacia el Chaco. Heredaron de sus hermanos predecesores el convento. Así lo describe el padre Alejandro Corrado:
“Este edificio, que aún subsiste tal como lo levantaron los padres españoles, nada tiene de elegante ni de suntuoso. Las celdas bajas y pequeñas; estrechos y lóbregos los corredores: todo es pobre, todo inspira una santa tristeza, que reconcentra los sentidos y eleva el corazón: sin embargo, nada falta a lo que puede contribuir a la religiosa comodidad de los que lo habitan. Una espaciosa huerta, con paseos sombreados de durazneros y molles, de cipreses y álamos, ofrece agradable diversión a los ánimos fatigados por largas y serias ocupaciones. Una copiosa biblioteca con cuatro mil quinientos, ochenta y seis volúmenes, rica en obras clásicas en todo ramo de ciencias y literatura, facilita a los estudiosos ya una instrucción severa, ya una útil recreación. Una cómoda enfermería, con su oratorio, está destinada al descanso y alivio de los viejos y achacosos, que son provistos de remedios por un botiquín bien surtido.”
Al poco tiempo, el renombre de las actividades sobrepasó el entorno de Tarija. El Padre Ceferino Muzzani fue nombrado Comisario de todos los Colegios de la América meridional, lo que estableció una centralidad jurídica y espiritual de los franciscanos de Tarija. Tarija misma integraba a los frailes en sus instituciones. El Padre Zacarías Pogolotti fue nombrado Rector del Colegio de Ciencias (hoy Colegio Nacional San Luis) y el Padre Leonardo Delfante encargado de la construcción del Lazareto. El Gobierno central y prefectura confiaron al Padre José Giannelli la expedición al Pilcomayo, para establecer una conexión con Asunción del Paraguay. Falló por el desaliento de los soldados. La fama mayor del Colegio se dio en los años entre 1860 y 1872. Llegaron de Argentina y del interior de Bolivia las peticiones de integrarse a la comunidad de Tarija del Padre Mamerto Esquiú y del Padre Francisco Miguel Cabot, ambos muertos posteriormente en concepto de santidad. El primero fue arzobispo de Córdoba después de su extraordinaria labor de apologista católico en Bolivia y el otro gran predicador de misiones populares en Cochabamba.
En los mismos años, el presidente de Bolivia José María Linares insistió en el nombramiento del Padre Muzzani como obispo de Santa Cruz de la Sierra. Renunció. El obispo de Sucre llevó al Padre Santiago Lardani, como secretario, a la celebración del Concilio Vaticano I, en Roma.

7. El templo declarado Basílica Menor

Como indicaba el Padre Corrado, Tarija “no era la pequeña villa del Corregimiento de Chichas...; era ya una capital de un Departamento, la que en su recinto y en sus dilatados alrededores, comprendía a muchos millares de habitantes”. El templo resultaba “oscuro” y “poco ventilado”. Por lo cual, los franciscanos en 1865 emprendieron la obra de su ensanchamiento. De lo antiguo quedaba el espacio de la nave central, que fue abierta en ambos lados por una secuencia de columnas y arcos que permitían la comunicación a las dos naves laterales, el templo resultó de 57.70 metros de largo y 23.30 de ancho. Se construyó también la sacristía y el coro atrás del altar mayor.
En 1870 el templo había sido declarado en Roma, por iniciativa del arzobispo de Sucre, que asistía al Concilio Vaticano I, en Basílica Menor, ligada a la Basílica de San Pedro. Más allá de la voluntad y simpatía del Arzobispo Pedro de Puch y Solona, otras razones pesaron: la presencia misional, el número de religiosos, las predicaciones en la ciudad y campo de Tarija y el volumen de actividades internas del convento, que era casa de noviciado y casa de formación filosófica y teológica para los candidatos a la orden franciscana. Subsistían justificaciones para considerar la presencia de los frailes más ligada a una acción de santuario que a situación conventual.

8. Reconstrucción del contexto reduccional

Volver hacia los guaraníes ha implicado siempre hablar de nuestras bondades y no subrayar las de ellos. Los guaraníes desde 1766 cobijaron a los franciscanos. El gran cacique Aruma, si bien no cristiano, los defendió frente al gobernador de Cochabamba, don Francisco de Viedma. Ellos asistieron a los frailes hasta en los imprevistos de la vida. Con características de ternura el Padre Antonio Comajuncosa relata cómo los guaraníes, si bien no cristianos, ayudaron al padre Francisco León, que “enloqueció y se fue descalzo y sin sombrero por medio de Bárbaros [los del monte] quienes, compadecidos de su miseria, le prestaron yegua y lo acompañaron hasta la Misión de las Salinas”. Su viaje había empezado en la Misión de Abapó, por tanto desde las cercanías de Santa Cruz de la Sierra a las de Tarija. En aquel tiempo, unos quince días de andanzas. El Chaco desde 1870 tuvo la presencia de los franciscanos del Colegio de Potosí; así fue  que el conjunto reduccional se componía de los siguientes pueblos:

Desde los franciscanos de  Tarija:

Pueblos Años Población
Itau 1845 631
Chimeo 1848 100
Aguairenda

1851 466
Tarairí 1854 1354
San Francisco (Villamontes) 1860 528
Yacuiba 1866  
San Antonio
(Restauración en 1886)
1863
1886

531
Macharetí 1869 3179
Tigüipa 1872 1371
TOTAL   8160

Desde los franciscanos de Potosí


Pueblos Años Población
Boicobo 1875 330
Santa Rosa 1887 1238
Ivu 1893 751
San Antonio del Parapetí 1903 1479
San Francisco del Parapetí 1903 1478
Igüembe 1870 592
Huacaya 1875 456
Ingle 1880 752
Cuevo 1880 1244
Total   8320

9. Misiones entre fieles

Una de las actividades típicas del convento de Tarija fue su labor pastoral en las parroquias y comunidades  del campo que se denominó “misiones entre fieles”.  De los padres de la colonia  habían heredado una metodología típicamente teológica  y de vida cristiana. El manuscrito  guía fue el Manual de Misioneros del Padre Antonio Comajuncosa. Las verdades cristianas  estaban relatadas en poesía y la misión se desarrollaba según indicaciones precisas: recibimiento de los misioneros, proclama de la misión, diferentes predicaciones y prácticas devocionales. El manuscrito  recoge también páginas  musicales para las liturgias específicas.
Debemos al profesor David Preston el mapa de la acción evangelizadora en el “universo chapaco”. Esta acción de teología popular  fue acompañada en  los años de 1880 al 1910  con el fortalecimiento  de infraestructuras parroquiales, anotamos algunas: el templo de San Roque, Tolomosa Grande, Paicho, Tomayapo, Iscayachi, Santa Ana, Chaguaya y Padcaya.

10. Conflictos en la modernización

Exploraciones
En 1867, se creó en Tarija  la asociación denominada “El porvenir de Tarija” bajo una ideología de progreso. Se consolidó con el nombramiento del Gobernador de Chiriguanos, que controlaba el espacio entre Entre Ríos, Yacuiba y Caiza. Como punto límite  fue establecido “pa los blancos” que será cambiado en “Palos Blancos”. Este límite se superó  por  las expediciones al Paraguay, organizadas por el Gobierno Boliviano: en 1882 de Jules Crevaux y Andrés Rivas, en 1883 de Daniel Campos y  en 1886 de Arthur Thouar. Estas pruebas de navegación  se desarrollaron en el territorio de los pueblos originarios de tobas, tapietes, guaraníes y chorotis. No olvidemos que la mentalidad indígena tomó estos acontecimientos como hecho de penetración de los blancos.

10.1. Conquista de tierras  y Kuruyuki, 1892
Se puede observar que las intenciones de guerra eran implícitas en la asociación “El porvenir de Tarija”, sea de parte de sus integrantes, sea del Estado, que compró 10 acciones y envió “cien fusiles corrientes de una onza de calibre. Será precisamente el enlace entre Ministerio de Colonias y Guerra, la asociación “El porvenir” y la Subprefectura de Salinas el que impondrá directivas agresivas hacia los pueblos originarios chaqueños.
La conquista de la tierra  seguía. En la parte norte, los blancos entraron con dádivas, pero al mismo tiempo no descuidaron de sembrar conexiones de fortines con la ciudad de Sucre. Así que Guacaya se encontraba aislada y los guaraníes sin tierras. El pedido de Misión de parte de los caciques de Ivu, en 1880, fue justificado por el Padre Martarelli como única posibilidad para recobrar parcelas agrícolas. Y el gobierno dijo no a la Reducción. Y allí nacerá la sublevación más conocida de los guaraníes en contra de los blancos, que fue Kuruyuki, 1892, no conducida por los grandes caciques sino por un “Profeta”, que se denominó a sí mismo y fue escuchado como Tumpa (Dios).
La biografía del Tumpa es ahora muy conocida en la “nación” chiriguana (generalización del nombre guaraní en la literatura boliviana). La verdadera denominación del Tumpa era Apiaguaiqui que significaba Hapiaoeki-Tumpa, por su condición de célibe, “eunuco de Dios”
La insurrección  empezó en el mes de diciembre. Todos los grandes caciques se reunieron  en Kuruyuki; de allí se hicieron varias escaramuzas, hasta la batalla campal en Kuruyuki. El 28 de enero de 1892, con la ayuda de soldados desde Santa Cruz y Chuquisaca, el ejército nacional humilló a los guaraníes.
El Tumpa Apiaguaiqui fue apresado en la cercanía de Kuruyuki, lo llevaron a Monteagudo, el 21 de marzo. El Delegado  don Melchor Chavarría lo ajustició en Sauces el 29 de marzo de 1892. Su cuerpo  fue expuesto en la plaza para escarmiento de los demás.

10.2. Secularización de las misiones

El debilitamiento  de la nación guaraní fue ulteriormente ultrajado por la secularización de las misiones. Esto significó que, desaparecido el régimen  reduccional, las tierras fueron repartidas entre los blancos. Las “naciones” originarias tuvieron  que dejar sus pueblos  y emigrar hacia la Argentina o bien formar reductos alrededor de quebradas  alejadas, dando  origen a las  comunidades guaraníes.
Para resolver la división del Chaco entre Santa Cruz, Sucre y Tarija en 1917, las antiguas reducciones franciscas fueron reunidas en el vicariato de Cuevo – Camiri.  La postura franciscana era que el Chaco debía ser declarado departamento según la afirmación del padre De Nino ya en 1912, justificado también por “enemistades con países vecinos”.

10.3. Más conflictos

En tal contexto de anticlericalismo, el Colegio de Propaganda Fide de Tarija, desde 1896, publicó El Boletín Antoniano y organizó la librería (1903), justificados en términos de defensa de las tradiciones católicas y de los valores socioculturales del pueblo; igualmente se iniciaron obras de caridad, ligadas al Hospital San Juan de Dios y al Convento; y, en 1912, se fundaba el Colegio Antoniano.
Otra dolorosa historia iba paralela, cuando la Honorable Alcaldía, en plan de abrir las calles Colón e Ingavi, (que dividían al complejo conventual) justificó  su decisión de la siguiente forma: “Las calles fueron obstruidas por el Convento de San Francisco para su beneficio, atropellándose por los Ministros de Dios los derechos del pueblo, abusando de su estado de fanatismo en que vivían los pobladores y gobernantes del siglo XVIII, a consecuencia de la turbación mental producida por la sugestión”.
La justificación era ilegítima, por lo cual una respuesta silenciosa de parte de los frailes la habría admitido en sus términos de autoritarismo y de irreligiosidad. Después de veinte años de trámites jurídicos, la expropiación fue firmada por el Alcalde don Carlos Blacud, la que realizó en 1936 el Alcalde don Isaac Attié cuando el Gobierno compró la huerta con 40.000 pesos, como indemnización indirecta de los daños arquitectónicos causados al Convento de San Francisco. El dinero recibido fue invertido en la construcción de la fachada Conventual, que da a la calle Ingavi y en la refacción del Colegio Antoniano. Los resultados de la Guerra del Chaco (1932-1935) fueron otra destrucción, esparcida en aquellas tierras.

 11. Una herencia estable

Si el convento de San Francisco perdió en amplitud, logró mantener, sin embargo, las riquezas de cuatro siglos de historia: artística, religiosa y de devoción popular.
El templo. En él se ha mantenido la estructura antigua en la modernidad de Tarija. Hasta el estilo de arte y arquitectura, que lo sustenta, es “memoria” de una trayectoria que, sin fundamentalismos religiosos, acoge las alegrías y esperanzas que se transforman en el tiempo.
Las bibliotecas. Formadas por un conjunto de unos 35.000 libros, que van desde el año 1550 a nuestros días. Otras bibliotecas tienen más textos que, sin embargo, carecen del valor de selección de las del convento, que mantienen sabor a tierra nuestra. Las varias ciencias y espiritualidades están presentes según las necesidades que aquí se vivían.
El archivo. Es el ambiente más sacral. Documentación lingüística, relaciones económicas, viajes, libros de cuentas, polémicas y retranscripción de manuales teológicos, de sermones y de catequesis reflejan el formarse del alma de la Bolivia del sur.
El museo.Es la representación pictórica de tales sentimientos. Son cuadros que comentan, en el espejo de los lineamientos de Cristos, Vírgenes y Santos, biografías individuales y colectivas. Los autores son de intelectualidad popular y su origen de diferentes tierras del suelo latinoamericano. El anonimato de muchos de ellos (pero siempre de autores de las grandes escuelas cusqueña, potosina y paceña) incluye la estética del pobre, que más allá del análisis, complementa con su espiritualidad lo que el cuadro ofrece. Las pinturas son de los siglos XVII y XVIII que, unidas al color gris de la pequeña colección de platería (de la misma época), muestran un pasado que parece no vivir en nuestro tiempo.
Las Obras Antonianas, que incluyen la edición de la “Hoja Dominical” y la Librería.
El Centro Eclesial de Documentación ha sido creado en 1994, comprende una biblioteca especializada de 15.000 obras, la exposición de arqueología “Padre Anselmo Andreotti” y la pinacoteca de arte religioso moderno. Asimismo el Centro Eclesial de Documentación queda encargado de las ediciones que dan profundidad histórica a la región de Tarija, el historial de la Iglesia Católica y franciscanismo.
Uniendo estas actividades, se puede afirmar que espiritualidad chapaca  y chaqueña, y actitudes de vida franciscana han formado el sentir poético y religioso de estas regiones (Carlos Ávila Claure). Todo esto queda representado sobre todo en las obras artísticas y arqueológicas, que cuantitativamente son:

Biblioteca: obras 35.000
Obras artísticas antiguas  
- Pinturas 95
- Esculturas, platería... 110
- Tejidos, muebles... 54
Exposición arqueológica “P. Anselmo Andreotti”  
- En exposición 202
- A restaurarse 249
Pinacoteca de arte religioso-moderno 61

La obra, que a pocas semanas entrará en edición, quiere ser un homenaje en las celebraciones del IV Centenario del Convento de San Francisco, a los valientes misioneros y  a los grandes cronistas, a los autores e impulsores de nuestra historia; asimismo a los pueblos originarios chaqueños.

La obra: PRESENCIA FRANCISCANA Y FORMACIÓN INTERCULTURAL EN EL SUDESTE DE BOLIVIA (DOCUMENTOS DEL ARCHIVO FRANCISCANO DE TARIJA, 1606 – 1936) ha sido posible con la ayuda económica y de hermandad de las siguientes instituciones:

  • Adeveniat. Institución Alemana de Ayuda Intereclesial
  • Misión Central. Institución de Padres Franciscanos Alemanes de Ayuda Intereclesial.
  • Misio. Institución Pontificia y Alemana de Ayuda Intereclesial.
  • BG Bolivia.
  • Singanis Casa Real. Familia Luis Granier.
  • Padre Mauricio Faggioni, Provincial de los Padres Franciscanos, Provincia Toscana (Italia).
  • Padre Ángel Stellini Director del Centro Misionero Franciscano de los Hermanos Menores en Florencia.
  • APAC  Santa Cruz. Asociación Pro Arte y Cultura.

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P. Dr. Lorenzo Calzavarini
Director del Centro Eclesial de Documentación (CED)


Centro Eclesial de Documentación
e-mail: ced@franciscanosdetarija.com
teléfono/fax: 00591-4-6644909
Tarija-Bolivia