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Centro Eclesial de Documentación

Convento Franciscano de Tarija

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  1. HOMENAJE PÓSTUMO A FRAY LORENZO(GIUSEPPE) CALZAVARINI OFM (1939-2012)

    Fray Lorenzo (Giuseppe) Calzavarini G. ofmFray Lorenzo nació en Rovigio (Italia) pero su corazón perteneció siempre a Bolivia, país al que dedico su labor y su vida. Su huella quedó marcada en los lugares donde desempeñó su trabajo, dejando con sus obras un recuerdo que perdurará en el tiempo y en la memoria de los que le conocieron. La siguiente sección presenta un compilado de escritos de gente que compartió experiencias con él. Colegas, compañeros de trabajo, alumnos y, principalmente, amigos le rindieron un tributo en reconocimiento a su labor y a su amistad.

  2. GIUSEPPE CALZAVARINI, EL PADRE LORENZO (1939-2012). Por Roberto Laserna

    -¡Qué bueno que llegaste! –me dijo, como si me hubiera estado esperando-, tienes que ayudarme con esto. Calzavarini se levantó de su silla y me alcanzó unos papeles mientras acogía con afecto a mi familia, ya que pasábamos unos días de vacaciones en Tarija. Era nuestra primera mañana y lo primero que hicimos fue pasar a saludar a Lorenzo. No nos habíamos visto en mucho tiempo, pero para él fue como si su antiguo alumno hubiera entrado para ayudarlo.

  3. A LORENZO CALZAVARINI. Por Gisela Derpic Salazar

    Gracias le doy a Dios nuestro padre por habernos regalado la vida de Lorenzo Calzavarini, la luz de su presencia activa que comenzó en Bolivia cuando llegara en 1973 a Potosí, a sus 34 años y casi estrenando su doctorado en sociología.

    A pocas horas de haber acompañado sus restos mortales hasta el Mausoleo Antoniano en Tarija, me arrogo el derecho de publicar estas palabras como su amiga y discípula, y lo hago celebrando el corto tiempo que estuvo en mi ciudad natal, Potosí, donde por vez primera tuvo contacto con la realidad boliviana y las percepciones de la gente acerca de aquella sociedad tan compleja; donde prontamente se ganó el afecto y la admiración de tantos jóvenes y viejos, sembrando amistades que perduraron en el tiempo.

  4. SE FUE EL HERMANO, SE FUE EL AMIGO. Por Leonel Camacho Torres

    Eran mis años de estudiante en Italia. Una mañana de principios del verano, alguien golpeó la puerta de mi habitación que en Via di San Giovanni in Laterano (Roma). Eran dos personajes que nunca antes había visto: Lorenzo Calzavarini y Leonardo Boff. ¿Cuál era el objetivo de su visita? Era que Lorenzo había decidido venir a Bolivia para trabajar en el Chaco; como no cabía en sí de alegría y, habiéndose enterado de que por allí vivía un boliviano y chaqueño, quería tomar un primer contacto personal con la gente que después habría de ser "su" gente.

  5. A P. LORENZO EN EL RECUERDO. Compilado de recuerdos de personas cercanas al P. Lorenzo.

    Querido Padre Lorenzo, su paz y serenidad aún en la enfermedad es la heredad espiritual que conservaré siempre. Gracias por su cariño, amistad y confianza en mi, me hizo mucho bien. Gracias. Sentido dolor a toda la familia franciscana.

  6. FRAY LORENZO CALZAVARINI DE "ASÍS A TARIJA". Por Manuel Gómez M.

    En este texto no pretendo hacer una descripción biográfica ni un homenaje académico, sólo busco compartir con ustedes recuerdos de algunas facetas de Fray Lorenzo Calzavarini ofm, su espíritu como teólogo de nuevos tiempos y su visión eclesial, su descubrimiento de la "Bolivia profunda", su vida en el "ciudad del espíritu" y rememoro el día que más disfrutó de la vida. Me pregunto ¿cómo lo voy a recordar? Pues la tristeza se agudiza, este frío y silencioso invierno en Alemania me acompaña en estos días de manera solidaria congelando momentos y evocando palabras y plegarias, porque él está ahora "más allá de los días".

  7. LORENZO CALZAVARINI. IN MEMORIAM. Por Josep M. Barnadas.

    Lo conocí hacia el año 1974: tanto él como yo acabábamos de instalarnos en Cochabamba. Más adelante coincidimos ocasionalmente en el ISET; pero al margen del trabajo, con más o menos paréntesis mantuvimos el contacto. Debo confesar que me llamaron poderosamente la atención su 'italañol', que nunca superó del todo, y su jerga propia del sociólogo que era (entonces más que después).

    Cuando el tiempo me permitió conocerlo mejor, pude descubrir una serie de disfunciones entre un fraile franciscano, formado en Lovaina y doctorado en Urbino, pero enfrascado en las realidades bolivianas y perteneciente a una orden religiosa. Pronto conocí alguno de sus primeros estudios (sobre la religiosidad urbana); en 1980 saltó al ruedo con su monografía sobre los Chiriguano del Chaco, mezcla de investigación histórica (guiada por Gunnar Mendoza en Sucre) y de disquisiciones sociológicas. Y sea dicho de paso que a Thierry Saignes (entonces, 'el' chiriguanólogo) nunca le cayó bien aquel estudio; y que sólo estos últimos años Lorenzo se atrevió a darle una siempre diáfana respuesta (que Saignes no pudo conocer, pues lleva dos décadas bajo tierra).

  8. UN TARDÍO TRIBUTO DE RESPETO. Por Gaby Vallejo Canedo.

    No sé qué azar o designio hizo que nos conociéramos en el Instituto de Investigaciones de la Facultad de Humanidades. No sé si el Instituto existió antes de él. Tampoco sé si sobrevivió después de él. Fue un organismo universitario que se fortaleció con su presencia, que vivió una época de oro.

    Nos puso a trabajar a un grupo de docentes universitarios y publicamos bajo su égida cuatro números de la Revista "RUNAYAY". José Antonio Rocha, Nelson Ferrufino, Adolfo Cáceres Romero y Esther Balboa, fuimos su equipo. La revista no sólo tenía reseñas bibliográficas, sino verdaderas investigaciones. Todas podían ser motivo de talleres, cursos, conferencias, También nos puso a trabajar difundiendo nuestros trabajos en la misma universidad y otras ciudades y universidades.

  9. EL PADRE LORENZO GIUSEPPE CALZAVARINI Y SU APOYO A LA INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL MUSEO DE LA UMSS-COCHABAMBA. Por David M. Pereira Herrera.

    Dentro la trayectoria del crecimiento institucional del Museo Arqueológico de la Universidad Mayor de San Simón, Cochabamba (fundado en 1951), a mediados de la década de 1970, se inició una etapa ligada a la investigación arqueológica con intensos trabajos de campo en las diferentes provincias cochabambinas, excavaciones en sitios y monumentos, trabajos de conservación, gestión patrimonial, trabajo museográfico, publicaciones, difusión y una amplia apertura a nivel nacional e internacional a museos, universidades e investigadores que llegaron a Cochabamba con proyectos y propuestas de diferente temática.

    Por aquellos años llegó a Cochabamba el Padre Lorenzo Giuseppe Calzavarini, de origen italiano, quien desde el primer momento de su visita al Museo y el contacto con equipo de investigadores existente por entonces, inició una fructífera y estimulante amistad y simpatía con su quehacer específico, valorando los trabajos en curso y, mas que todo, la potencialidad del Museo como centro generador de conocimientos e investigación que en ese entonces ya se destacaba dentro la UMSS en general.

  10. PENSAMIENTOS PARA UNA HORA FELIZ. Por Javier Humberto Gonzales.

    Me imagino al P. Lorenzo feliz, acogido por Jesús en su Reino, lo imagino consolado en el regazo de Nuestra Señora de los Ángeles en el cielo de Dios, por su intuición solidaria con la necesidad del pobre, por esa lógica profundamente humana capas de hacerlo humilde con los carentes, discreto y paternal con el que cargaba remordimientos y culpas humanas, una luz para los cultos y entendidos, un hombre de Dios como sacerdote, un hermano y padre en su Comunidad Franciscana.

  11. TRIBUTO A LA MEMORIA DE LORENZO CALZAVARINI GHINELLO. Por Adolfo Cáceres Romero.

    El noble franciscano ahora sonríe a los hermanos que se le anticiparon, sobre todo al Padre Maldini, a quien siempre recordaba. Inolvidable sonrisa la suya, su voz grave que todavía me llega, desde la última vez que lo vi, en la clínica Belga de Cochabamba, los primeros días de diciembre, del pasado año. No sólo eran sus riñones los que lo mortificaban. Le habría dado uno de los míos, si hubiese sido posible. Lo atacó una rara enfermedad, conocida como Amiloidosis Primaria. Esa tarde me despedí, con un peso enorme en el alma. Era el adiós, lo percibí en su mirada. Mientras caminaba, recordé cómo lo conocí. Era el director del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Humanidades, de la UMSS. Nunca olvidaré esa mañana soleada, cuando subí las gradas del edificio multiacadémico e ingresé al Instituto. Si mal no recuerdo, eran los primeros días de marzo de 1987. Revisaba las pruebas de imprenta del primer volumen de mi Nueva Historia de la Literatura Boliviana, dedicado a las letras aborígenes: aimara, quechua, callawaya y tupiguaraní. Tarea difícil la que me había impuesto Werner Guttentag, cinco años antes. Lorenzo me dio el impulso que precisaba para seguir adelante y emprender con los siguientes volúmenes. Cuando trabajaba con los periodos Colonial y Republicano, todo me resultó más fácil, por sus consejos y las obras que me prestó, abriéndome las puertas de la Biblioteca Franciscana y de su parroquia, en San Carlos.