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Centro Eclesial de Documentación

Convento Franciscano de Tarija

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A LORENZO CALZAVARINI. Por Gisela Derpic Salazar

Fray Lorenzo (Giuseppe) Calzavarini G. ofmGracias le doy a Dios nuestro padre por habernos regalado la vida de Lorenzo Calzavarini, la luz de su presencia activa que comenzó en Bolivia cuando llegara en 1973 a Potosí, a sus 34 años y casi estrenando su doctorado en sociología.

A pocas horas de haber acompañado sus restos mortales hasta el Mausoleo Antoniano en Tarija, me arrogo el derecho de publicar estas palabras como su amiga y discípula, y lo hago celebrando el corto tiempo que estuvo en mi ciudad natal, Potosí, donde por vez primera tuvo contacto con la realidad boliviana y las percepciones de la gente acerca de aquella sociedad tan compleja; donde prontamente se ganó el afecto y la admiración de tantos jóvenes y viejos, sembrando amistades que perduraron en el tiempo.

Celebro su inmensa calidad humana en que se combinaron la sencillez, la integridad y la paciencia asumiendo el modelo del seráfico padre, San Francisco de Asís, de quien ha sido un fiel seguidor. A la misma vez que así continuó ganando simpatías, también sorteó las incomprensiones, las adversidades y los celos que todo ser de luz, encuentra en su camino de elevación espiritual.

Celebro su lucidez intelectual que se sustentó en la permanente búsqueda de la verdad y al pensamiento propio, libre, flexible y crítico, sin rendirse a la tentación de la comodidad y la seguridad que resultan del apego a los clichés y a las tendencias snobistas; todo apostando a la transformación de la realidad para mejorar la vida de las personas, especialmente de las más necesitadas.

Celebro su identificación y su compromiso con Bolivia que le llevaron al despliegue de incansables esfuerzos hasta concretar una obra de la que todos, en especial los tarijeños y tarijeñas, se deben sentir orgullosos y agradecidos: el centro de documentación eclesial y el museo del convento de San Francisco que Dios quiera sigan siendo lo que su fundador quiso que fueran, como un espacio donde la monumental sistematización del pasado invita y se proyecta al diseño del futuro a través de las investigaciones que son y serán tarea pendiente.

Celebro su testimonio sacerdotal dado con alegría y fidelidad a los principios y carismas de la orden franciscana y en seguimiento pleno de Jesús, revelando una fe viva y vívida que se hizo patente también en los últimas meses de su paso terrenal, en esa impresionante actitud de espera confiada a la voluntad de Dios que es una muestra más que suficiente de la trascendencia humana porque somos hijos de dios, hechos a imagen y semejanza suya.

Celebro la certeza que siento de que, estás aquí y que nos esperas también, amorosa y pacientemente.

Por todo ello, ¡¡¡¡¡¡¡hasta siempre querido Lorenzo!!!!!!