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400 AÑOS “EVANGELIZANDO LA PAZ” DESDE TARIJA(Experiencias franciscanas en el sudeste de Bolivia).

IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006

 

Referencia: Paz y Bien desde Tarija (Bolivia)

 

 

Estimados amigos,

Generalmente no se acostumbra leer cartas en una página WEB. Despertará su interés sobre todo teniendo en cuenta el lugar de donde provienen. Las enviamos desde Tarija, una ciudad situada al sur de Bolivia. El propósito de la comunidad franciscana es el de comunicarse con tantos rostros, conocidos y no conocidos, que se consideran “amigos” de los misioneros y, por tanto, también ellos misioneros. Las sendas de esta amistad hacen referencia al deseo de conocer las vías de propagación del Reino de Dios y al propósito de establecer contactos de solidaridad con cuantos se mueven en las fronteras con respecto al centro, que es el entorno de vuestra vida. El Concilio Vaticano II nos ha enseñado que la Iglesia es misionera por su propia naturaleza, por lo que, venciendo la dificultad de las distancias de los siglos pasados, hemos evolucionado de los “misioneros” a la “comunidad inter-eclesial”. Toda la vida sacramental nos ofrece esta posibilidad.

Las alternativas de la vida cristiana se diferencian solamente en la realización del mandato de “vayan y prediquen a todo el mundo”, por el que algunos cristianos han optado por asumir ese ministerio como dimensión real de su propia vida. Por esta razón en la Iglesia universal no existen separaciones ni alejamientos sino una complementariedad de intentos y realizaciones. Por tanto, podemos concluir que son amigos de los misioneros quienes viven esa complementariedad que no se centra en el misionero, sino en la solidaridad que, a través de él, se establece con otras porciones de la Iglesia, florecidas en el mundo. Benefactor resulta ser, pues, el que “hace el bien” en función de las necesidades de los demás, con motivaciones de fe o quizá también por un concepto de “bien común” planetario.

La invitación a participar de las celebraciones del IV Centenario del Convento de San Francisco de Tarija va mucho más allá del hecho de compartir una feliz circunstancia, que ha alcanzado la etapa de poder contar su propia historia. Cada Iglesia tiene su historia, pero aplicar ésta a un convento significa que ha vivido una historia más amplia que sus límites materiales. Se trata de un “punto” que en la inmensidad del universo cristiano fue un espacio de comunión con un mundo distante y otro mundo cercano, pero desconocido. Solamente desde este punto de vista podemos hablar de “festejos” de un pasado de cuatro siglos; contemplamos los testimonios que deben constituirse en inspiración y compromiso por un nuevo futuro.

Nos comprometemos a tenerles informados acerca de los hechos que vamos a celebrar. La programación ha sido elaborada según los diversos hechos históricos, pero estamos seguros de que les gustará conocer el impacto que ellos provocarán en nosotros, eslabón de una secuencia de siglos que se inició en Tarija en 1606. Éstos son nuestros nombres: Fray Quirino Sampoli, que está en Bolivia desde 1947; Fray Angelo Donati, desde 1973; Fray Deodato di Jerónimo, desde 1966; Fray Lorenzo Calzavarini, desde 1973; Fray Luis Papi, desde 1956; Fray José Uriburu (con 76 años de edad), de la ciudad de Potosí; y Fray Renato Jiménez (de 44 años), de la ciudad de Mizque. Como ven ustedes, nuestros orígenes son italianos y bolivianos. Nos hemos dado la licencia de hacerles conocer los nombres de nuestra comunidad porque estamos seguros que no hay ninguna memoria sin una presencia suya en la actualidad. Los festejos no se circunscribirán solamente al convento sino también a la ciudad de Tarija, los territorios del Chaco y a todo el sudeste de Bolivia. Ante ustedes, lectores, se abre un nuevo circuito más amplio, el mundo franciscano. Son los caminos de “Paz y Bien”: iguales y diferentes según los destinatarios que los escuchaban. Saludos.

Tarija, 3 de abril de 2006.

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006

Referencia: La tristeza de los tiempos hace variar el programa de festejos de apertura del IV Centenario.

 

 

Estimados amigos,

No se sorprendan que esta carta les llegue inmediatamente después de la del 3 de abril. La razón se halla en la tristeza de los tiempos que estamos viviendo. Hoy, 4 de abril, estaba programada la inauguración del año del IV Centenario con la presencia del señor Prefecto y otras autoridades provinciales y de la ciudad. El punto central del evento debía ser el reconocimiento al “Centro Eclesial de Documentación” (CED) que es un fruto importante del Centenario. Los trabajos conventuales de los últimos cuatro años fueron realizados para hacer más funcionales los ambientes en los que se desarrolla la vida interna de nuestra casa. Con seguridad, en un futuro próximo les hemos de explicar las vicisitudes de principios del novecientos que han obligado a los franciscanos a asumir los inconvenientes de decisiones ajenas. Ahora el convento ya no brilla por su antiguo revestimiento; sin embargo, los escasos vestigios que quedan se han mantenido en las reestructuraciones posteriores. La sucesión de las intervenciones, con etapas bastante largas entre sí, han sido concluidas con definiciones satisfactorias. El resultado es que, luego de tantos esfuerzos, nuestro convento ha conservado sus líneas simples y bellas en sus colores de pobreza, silencio y laboriosidad.

La creación del Centro Eclesial de Documentación (CED) es el fruto de la voluntad que ha guiado los trabajos. El proyecto era la transformación de la herencia histórica, científica, cultural y artística de la presencia franciscana en espacios de conocimiento para toda la ciudad de Tarija. Más propiamente no se trata de una transformación sino más bien de ampliar la que nuestros antepasados definieron como Totius conventi máxima oficina (la biblioteca: el ambiente más importante de todo el convento ). La lógica de la arquitectura conventual refleja también esta dimensión de trabajo. El verdadero cambio consiste en haber concebido una dimensión de biblioteca grande y diversificada según las diferentes actividades del espíritu, que tienen su propia especificidad en el museo, el archivo y la exposición arqueológica; todo ello en comunicación directa con la ciudad: una puerta que da hacia la calle, los teléfonos, instrumentos de trabajo y ambientes para la investigación, conforman un completo circuito tanto para los visitantes, turistas interesados y para la gente estudiosa.

Encontrarán allí “cosas” que tienen un valor en sí mismas porque transmiten significados diversos.

  • Se empieza por la sección de arqueología boliviana (que lleva el nombre de “P. Anselmo Andreotti”, porque fue él quien la organizó pieza por pieza), que nos muestra manufacturas, que hacen referencia a las necesidades y a los deseos de la gente, con trayectorias nacidas en la selva amazónica y en el altiplano. La diversidad de las formas y colores induce a reflexionar sobre tantas habilidades manuales, pero referidas a una única forma de “sentir” la necesidad de cultivar una dimensión de belleza.
  • Se prosigue con la pinacoteca de arte colonial, que es la conjunción entre un “antes” y un “después” histórico de América Latina. Las imágenes en sí expresan estéticamente formas excelentes, pero su sentido profundo es que los dos tiempos, desconocidos entre sí, han encontrado, aunque en una prefiguración compleja, un resultado de destino común. El “antes” no queda “excluido”, aunque sea tratado como una especie de marco o de coreografía de acción.
  • Se llega a la Pinacoteca de arte religioso moderno que, sin imágenes de “misterios de Fe”, proyecta la vida en su cotidianidad, donde se mueven cuerpos deshechos, deseos ligados a cosas, signos de tierra y de cielo que no alcanzan niveles para ser símbolos comunes. Los cuadros traducen experiencias aisladas que van desde la invocación al grito sumergido para recibir y redimir un poco de sufrimiento propio y ajeno.
  • Una vez que se ingresa a la inmensidad de las bibliotecas (son tres), la reacción psicológica es de sorpresa ante un mundo basado en el ansia de querer conocer. La cantidad de libros expresa la precariedad de tantos de nuestros saberes, pero también la dignidad de los esfuerzos que tratan de dilucidarlos.
  • Pasando al archivo percibimos que el todo se destaca por el esfuerzo que significa lo escrito a mano. Como un movimiento reflejo surge el deseo de contar esos papeles y el tiempo que pudo suponer todo ese trabajo. Documentar fue, sin lugar a dudas, una forma de defensa, más aún tratándose de transmitir hechos y vidas desconocidos.
  • Luego se pasa por la residencia de los padres (claustro central), que no constituye parte de lo museológico y con seguridad queda lejos de los intereses comunes a la mayoría de la gente. La misma arquitectura no corresponde a una casa corriente sino de religiosos que, para ser tales, han asumido la modalidad de vida en común, donde lo privado sólo incluye la dimensión de la celda, que sirve tanto para el estudio como para el reposo.
  • La iglesia es la interpretación conclusiva del ideal de la vida conventual, que es un conjunto de diferentes ambientes. Es el punto donde se establecen preponderantemente acciones mutuas entre sacerdotes y fieles. Por esta razón es un espacio sagrado.

El conjunto de bibliotecas, pinacotecas y arqueología expresa un mensaje franciscano, vivido “dentro” y ahora expandido hacia la ciudad. Su característica permanece siempre como “documento” que debe ser descifrado en el silencio, la paciencia y el deseo de saber. La ciudad de Tarija ha percibido la importancia de esta nueva dinámica de vida que nació en una de sus calles. Y en ella ha querido iniciar este año del IV Centenario con la donación de una placa conmemorativa de la Prefectura. Pero la convulsión de los tiempos que vive actualmente Bolivia ha relegado a las autoridades en los territorios del Chaco. En Villamontes los caminos fueron interrumpidos por grupos de gente que pretenden la división de los territorios del sur de Bolivia. Así no se puede resolver la ruptura de los gasoductos que proveen de gas a la ciudad. Por tanto, hemos quedado sin energía eléctrica y con riesgo de no tener tampoco combustible en los domicilios. A esto se añadió la huelga nacional de los medios de transporte público, impidiendo la libre circulación y motivando que tengamos que permanecer encerrados en nuestras casas.

Se percibe ya la presencia de un inminente conflicto que significa un desengaño respecto al gobierno actual, pero quizás algo más profundo, que es la desazón de no poder imaginar un futuro diferente. A boca de jarro se puede pensar que se trata de una propuesta política incoherente o, más aún, en un universo de autoridades civiles que no son capaces de dar una respuesta a las necesidades de la mayoría de los ciudadanos. El Presidente Evo Morales Ayma ha ganado las elecciones generales con voto definido de “pueblos originarios (indios)” y de “pobres”, logrando el 54% de la población (y antes ¿cómo votaba?). La antinomia es que a nivel de entidades locales, las preferencias políticas se enrevesaron a favor de los representantes que no son del mismo partido. Ahora, el refuerzo es esconder esa realidad de baja altura, dando énfasis a parlantes y haciendo flamear la bandera de un Estado alternativo, que tiene un regusto “socialista”. El temor es precisamente esa racionalidad artificial de las decisiones con la que se pretende confeccionar un abrigo cuyas medidas no corresponden al cuerpo. La justicia no se construye bajo esquemas prefabricados, donde la incertidumbre se trasmuta inmediatamente en desconfianza.

El problema del Chaco se encamina hacia peligrosas iniciativas “separatistas” de su conjunto territorial y administrativo tradicional. La suya es la melodía de un pájaro, apoyado sobre una rama, que infiere ser ya árbol (sin saber si vive en un bosque o en un desierto). Para hacer coro, su canto debe antes unirse a otras voces bolivianas que emiten armonías de “memoria histórica” y de “entidad cultural” (desentonadas en el embudo de aguas y selvas entre Villamontes y Yacuiba) y no sólo de fuentes de gas…, que podrían resultar tóxicas. Saludos.

Tarija, 4 de abril de 2006.

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006

 

Referencia: El día 11 se inaugura el año del IV Centenario y reconocimiento al Centro Eclesial de Documentación; el día 17, inauguración de los trabajos del Centro Eclesial de Documentación.

 

 

Estimados amigos,

Es noche profunda. El día 18 se fue hace pocos minutos, y el silencio envuelve todo el convento. También los ruidos de la ciudad se han acallado y es placentero pensar en ustedes. No quiero posponer la presente para mañana. Por otros contratiempos, que pudiesen sobrevenir, tengo el temor de no ser un fiel cronista. Fue suspendida la “apertura” del 4 de abril por las circunstancias que he señalado en la carta del mismo día (también aquélla fue nocturna). La reprogramación se hace difícil por no poder combinar la secuencia de los acontecimientos históricos. Sólo mirando la oscuridad, dibujada en las ventanas de mi estudio, recupero la justa lectura de las vicisitudes humanas, que siempre se mueven entre sueño y realidad. Pero, pactando con esta última (¡sonríen los vidrios!), siempre se encuentran maravillas.

Vuelvo a los hechos que hemos vivido del 11 al 17 de abril. Les aviso que, escribiendo en tiempos discontinuos, puedo usar sin distinción conceptual los términos de “apertura” y de “inauguración”. Su connotación más precisa resaltará del contexto. El 11 de abril se realizó la inauguración del nuevo Centro Eclesial de Documentación. Una vez concluidos los trabajos se puede decir que el conjunto es funcional. Organiza perfectamente el circuito cultural: Ex procuraduría de las misiones, donde se muestran elementos y espacios de una jornada conventual y de las misiones, la tipografía (artes gráficas con exposición de una imprenta de 1907 y diferentes máquinas de escribir), la ex enfermería con pinacoteca de cuadros de la época colonial, la pinacoteca de arte religioso moderno con cuadros de artistas bolivianos y de Florencia, las tres bibliotecas y, finalmente, el archivo. Creo que esta obra constituye la iniciativa más importante del IV Centenario. El Centro Eclesial de Documentación es la puerta directa entre el convento y la ciudad de Tarija. Se dice que los frailes están mostrando ahora sus riquezas consistentes en libros, obras religiosas y viejos mapas. Es el comentario más bello que ha recibido la pobreza, la dedicación al estudio, la vida entre poblaciones diversas y la dimensión litúrgica. Todo él presenta austeros corredores y habitaciones donde transcurrían su vida nuestros predecesores. Donde las líneas no son armónicas, se testimonia las preocupaciones por nuevas obras como el seminario y la parroquia. Todo habla de una vida laboriosa sumergida en el esfuerzo de diferentes iniciativas para ofrecer al hombre moderno un espacio de paz y de reflexión.

A las 09:00 horas, llegó el señor Prefecto del Departamento (correlativo de “Región” en Italia) con otras autoridades y el Sr. Obispo de la Diócesis, Mons. Javier del Río. El momento era de fiesta. El Centro Eclesial de Documentación relucía en todos los ambientes. El encontrarnos en uno de ellos sumaba las impresiones positivas de los otros por lo cual explosionaban al unísono las maravillas. Estaban presentes muchos rostros conocidos y desconocidos, sin embargo, la alegría era de todos. Después del canto del himno nacional, tomó la palabra el P. Angelo Donati, nuestro guardián, que nombró los grandes capítulos de la presencia franciscana en Tarija. Luego, las palabras del P. Lorenzo Calzavarini, que explicó historias de albañiles, carpinteros, vidrieros, restauradores y artistas, que tuvieron su conclusión en el agradecimiento al arquitecto, don José Granda. La conmoción de los presentes explosionó cuando el P. Lorenzo puso en sus manos una placa plateada, que reconocía en él al artífice de tantas bellezas. Don José es persona muy amable pero no de fácil condescendencia. El gesto y la presión psicológica colectiva lo conmovieron. El Señor Prefecto, Don Mario Cossio Cortez quiso concluir las varias intervenciones, pero los recuerdos personales lo impulsaron hacia la descripción de frailes y amistades antiguas, que lo llevaron directamente al descubrimiento de la placa de bronce, rodeada con la bandera tarijeña en la entrada del Centro Eclesial de Documentación. Sus colores de blanco y rojo bailaron en el aire, sostenidos por las manos del Prefecto, P. Angelo y Mons. Javier del Río.

Silenciosa e incontenible ha sido la conmoción de nuestro obispo. Fue consagrado hace un mes y seguramente las sorpresas de estos días lo han introducido en los amplios espacios del apostolado antiguo. La diócesis fue instituida en 1924. Desde 1606 el trabajo parroquial y misionero fue realizado primero por los franciscanos, jesuitas, dominicos y agustinos. Desde 1755 los franciscanos, con la creación del Colegio de Propagación de la Fe, se dedicaron sobre todo al trabajo misionero entre las poblaciones guaraníes del Chaco. Desde 1825 quedaron solos en el campo de trabajo, cuyo ambiente se hizo muy malo por los movimientos masónicos y antieclesiales. Las dificultades no los desanimaron; al contrario, se empeñaron con mayor fervor en la predicación, obras de caridad y apostolado de la prensa. Por la escasez de clero en las zonas centrales, se dedicaron a las parroquias. Podemos afirmar que la demarcación de la diócesis se hizo en base a sus pasos. Antes, en 1919, se creó en el territorio, más propiamente misionero, el Vicariato de Cuevo-Camiri. Sobre el modelo de la antigua presencia franciscana de otros Colegios de la Propagación de la Fe sostenidos por franciscanos, fueron constituidas siete iglesias locales (Diócesis y Vicariatos apostólicos), que cubren todo el sector sur y nororiental de Bolivia. La dedicación de la Orden Franciscana fue enorme por su entrega a las realidades básicas del anuncio del Evangelio.

Teniendo en cuenta las grandes distancias y otras dificultades de comunicación, los Vicariatos fueron confiados a diferentes provincias franciscanas por lo que, al ser creada la Vicaría Franciscana (1984), las provincias interesadas eran 11. De la Vicaría se pasó luego a la Provincia. En la actualidad ésta consta de 180 frailes esparcidos en las diferentes regiones de Bolivia. Las nuevas generaciones son casi exclusivamente de origen boliviano. Las dificultades de consenso que se preveían entre los frailes bolivianos y extranjeros no se dieron. Con el tiempo, a no dudar, todas las direcciones y actividades serán asumidas por ellos. A fin de identificar bases para el futuro son necesarias también actividades como las del Centro Eclesial de Documentación, que infunde respeto frente al pasado y rejuvenece las fuentes de nuestros predecesores. En esta perspectiva, todos los conventos, ex Colegios de Propagación de la Fe de Bolivia, se han preocupado por recuperar los testimonios de su pasado reestructurando ambientes y salvando obras de arte y bibliotecas. Esto aconteció también respecto a Tarija con la labor del P. Gerardo Maldini. Es el primer paso y esperamos que pronto se llegue al otro, de propuesta religiosa y cultural.

Las circunstancias más desconcertantes, pero siempre con éxito felicísimo, sobrevinieron el día 17, que era de “inauguración” del Centro Eclesial de Documentación, inmerso en el complejo conventual. En lugar del Presidente Señor Evo Morales Ayma, presenciaron el acontecimiento el Prefecto, el Alcalde de la ciudad de Tarija y el Presidente del Congreso Nacional. La participación de la gente fue plena. Lo reducido de los espacios no permitió que fuera mayor. Vinieron también campesinos de Tolomosa Grande. En ellos me inspiré para pronunciar las pocas palabras de presentación del evento oficialmente programado, entre otras actividades previstas para la visita del Presidente de la República a Tarija con motivo de la “fiesta cívica del 15 de abril” (que conmemora la victoria de La Tablada en 1817 contra las tropas españolas) postergada para el 17 puesto que el 15 era Sábado Santo.

La confusión fue mayúscula en todos los horarios y circunstancias (sin preaviso el Presidente no participó en el almuerzo que le ofrecía la ciudad). La hora para la inauguración de los trabajos del CED estaba fijada para las 15:30. La policía llamó a la puerta del convento a las 14:00 anunciando que el Presidente estaba por llegar. Prometió regresar. Las informaciones eran que sí, luego que no, de modo que tuvimos que esperarlo hasta las 5 de la tarde. En lugar suyo vinieron el Prefecto, el Alcalde y otras autoridades, entre ellas el Presidente del Parlamento Boliviano. Sin mayor protocolo, el acto resultó solemne y muy simpático. Los discursos fueron siempre de profundo respeto para el convento franciscano. Se concluyó con una copa de vino, galletas y muchas sonrisas de todos los presentes. Los diarios y canales de televisión mostraron su irritación contra el señor Presidente y su admiración para las autoridades locales y el Centro Eclesial de Documentación. Saludos afectuosos.

Tarija, 19 de abril de 2006.

Fray Lorenzo Calzavarini ofm


IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006

 

Referencia: Festival de música en el convento y medalla “Moto Méndez” de la Prefectura a los Franciscanos de Tarija.

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Estimados amigos,

Las pocas semanas de silencio con ustedes no han sido ociosas; al contrario, continuaron las expresiones de afecto para el convento de San Francisco de parte de las instituciones de la ciudad y de la región. Una más entre muchas. En Tarija existe la bella tradición, organizada por la Casa de la Cultura, de dedicar el mes de abril íntegro a actividades artísticas. Lo hemos pasado realmente bien entre conciertos, teatro y exposiciones de pintura. Este año, con ocasión del IV Centenario, fueron realizados tres conciertos en nuestra basílica menor de San Francisco. Fue un excelente aporte para dar a la fiesta contornos musicales. Por otra parte, el acontecimiento no fue de pura casualidad sino un explícito reconocimiento a una parte de la historia misionera franciscana. Todos los pueblos del Chaco han tenido su banda de música. Fue así que las melodías tradicionales de los guaraníes, ejecutadas por sus hijos, comenzaron a guiar sus pasos en las procesiones y a dar un sentido nuevo a los antiguos sentimientos y estilos de vida.

Los conciertos de “Abril en Tarija” fueron tres: las noches del 9, del 16 y 20. El primero fue ofrecido por la orquesta de la ciudad. Se trata de un grupo que se formó hace diez años. Ejecutaron piezas de Vivaldi, con muy buena calidad. Lo que más atrajo mi atención fueron los arreglos de melodías populares para orquesta. El trabajo pertenece al músico Fernando Arduz Ruiz. Hablar de la música de Tarija es vivir siempre la alegría de la fiesta. Se siente que son melodías que se deslizan entre los pasos de las danzas. Se trata, por tanto, de ritmos que se expresan con los movimientos del cuerpo. Y otra sorpresa para ustedes: los bailes de aquí son siempre de grupo. Si no, se va a los solos cantados en pareja (contrapuntos) como propuestas y respuestas de insinuaciones amorosas entre hombre y mujer.

El segundo concierto correspondió al Coro de Niños “Ars Nova”. Un grupo de quince muchachas entre los 14 y los 18 años que vinieron desde Salta (Argentina). Es impresionante el currículum de sus presentaciones musicales en Canadá, China, Ciudad del Vaticano y Bolzano (Italia). Se acompañaban con un tamborcito como único instrumento, cuya presencia es general en todas las culturas. Las voces iban de los solos para componer una música de sociedad. Fue increíble la interpretación de la canción entre los bosques nevados de Canadá, que imitaba el aullido de los lobos, el movimiento de las hojas de los árboles y la invocación de los hombres. Fuimos de sorpresa en sorpresa también por la armonización. El final fue un retorno a tierras argentinas.

El tercer concierto fue del quinteto de viento de la “Fundación Cultural de la Patagonia”. Cinco profesores de conservatorios de música argentinos que se juntaron para hacernos gustar ejecuciones difíciles y novedosas. Fue sorprendente la modernidad de los arreglos de músicas populares argentinas y latinoamericanas que los presentes conocían. La música es siempre una evocación de la “memoria”, con la ventaja que se la puede identificar con el ritmo del tiempo y del espacio.

El 2 de mayo, nos reunimos nuevamente en el Centro Eclesial de Documentación, con la presencia del señor Prefecto del Departamento de Tarija. La gente llegaba con la sonrisa en los labios. Eran los amigos del convento y sabían por qué querían estar juntos. Fue una intuición del P. Lorenzo hacer resaltar un contorno pedagógico con el ingreso en el salón de un grupo de alumnos del Colegio “Tercera Orden”, de propiedad del Convento San Francisco. Lo antiguo y lo nuevo se juntaron y los escolares vivieron una página de sus libros de historia. En efecto, la reunión fue motivada por la otorgación de la medalla al mérito “Moto Méndez”, concedida al Convento por la Prefectura. El P. Angelo Donati, nuestro superior, estaba algo sorprendido; apenas llegado se encontró con cuatrocientos años de historia sobre las espaldas. El ambiente afectuoso que lo rodeaba lo mantuvo en sintonía con los sentimientos de todos. Afectuosos saludos.

Tarija, 2 de mayo de 2006.

Fray Lorenzo Calzavarini ofm


IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006

 

Referencia: Herencias culturales de siglos y nuevos retos académicos.

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Queridos amigos,

La cercanía del 18 de mayo, día del aniversario del IV Centenario, hace que el Centro Eclesial de Documentación sea un lugar en el que se observa un constante ir y venir de gente de la Prefectura, del Municipio y nuestra. Todo se reviste con expresiones de benevolencia para con los franciscanos. Pero se manifiesta también otro componente: el querer enmarcar la situación en función de los cuatrocientos años. Por su parte, la Prefectura ha otorgado al convento una apreciable suma de dinero y todos los gastos deberán ser registrados de tal manera que al final puedan ser objeto de una rendición de cuentas. Desde hace días los asistentes del CED han estado ocupados en la preparación de los eventos con entrevistas a la prensa, televisión y organizar definitivamente el museo. También en esto se portaron muy fecundos en imaginación. Aumentaron una sala para exposición y organizaron otra, aunque diferente a mis gustos. Parece que también la estética necesita espacios democráticos. Reconozco que mi formación clásica no está dispuesta a ceder frente a ciertas innovaciones de los jóvenes. En su actitud veo colores de propaganda que, aplicados a un concepto de invitación para ingresar al museo, finalmente justifico.

En cuanto al CED lo que más admiro es la secuencia expositiva de los cuadros y de todas las piezas en general. Favorecen un andar reflexivo. El más bello comentario lo escuché de mi amigo el P. Leonardo Niebler, sacerdote alemán, misionero que trabaja en Bolivia desde hace 40 años. Me dijo que le hubiera gustado encerrarse en el museo para hacer ejercicios espirituales y disponer al mismo tiempo de una habitación para dormir. Esta frase debe ser entendida en el sentido de que una parte del museo se prolonga por los antiguos corredores y celdas conventuales de la ex procuraduría de las misiones y de la enfermería. Por tanto, muchos cuadros y cosas han vuelto a ocupar su primitivo lugar, dándoles así un sabor de convento. Además, el arte pictórico de la Colonia tiene siempre carácter religioso, por lo que a un sacerdote le resulta más fácil reconocer en él las grandes tradiciones de fe de la Iglesia de Bolivia. Pero el P. Leonardo aún no ha visto todo, como el catecismo en verso del P. Antonio Comajuncosa. Es un documento de 1803 usado ya por los frailes de Tarija desde 1780. Se dice que en 1904 una niña logró recitarlo completo, por lo que ganó un premio.

Volviendo nuevamente al ajetreo que acabo de mencionar, pueden ustedes imaginar los timbrazos de los teléfonos. Haciendo recuentos y memoria post factum , entre esas llamadas tres venían de La Paz, del Dr. Jorge Siles Salinas, que pedía mi currículum vitae oficial. Pedí a Diego Oliva, el joven que me ayuda en la correspondencia, que se lo enviara por correo electrónico; pronto, por carta, llegó el aviso que lo había recibido. El membrete era de la Academia Boliviana de Historia. A los pocos días, otra carta más formal, por la que el Dr. Jorge Siles Salinas me comunicaba que se había presentado la propuesta de incluir mi nombre entre los miembros de la Academia. El 9 de mayo, ya al finalizar la tarde, mediante una llamada telefónica me hacía conocer la invitación de la Academia Boliviana de Historia para formar parte de ella. Se me comunicaba que estaban enviando una carta. En cuanto llegó a mis manos, respondí afirmativamente; por supuesto, mostrando mi reconocimiento.

Confieso que acepté con cierto “orgullo”, no tanto por mi persona sino por mis antiguos estudiantes (soy un jubilado universitario de Bolivia) que siempre me han demostrado mucho afecto, por los franciscanos en Bolivia y por el Centro Eclesial de Documentación. Para el mes de julio está prevista mi conferencia magistral en la sede de la Academia en La Paz. Prepararé una tipología de las misiones (reducciones) franciscanas en el Chaco, que comenzaron en 1758 y concluyeron en 1919. Tanta historia que ha enriquecido la mayor parte de la historia de cuatrocientos años del Convento de San Francisco en Tarija, que fue su promotor y defensor. Saludos.

Tarija, 15 de mayo de 2006.

Fray Lorenzo Calzavarini ofm


IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006

 

Referencia: Revivir el comienzo: el 10 de marzo de 1606, la ciudad pedía la presencia de un convento franciscano; el 4 de mayo, día de la Ascensión del Señor, se firmó un listado de bienhechores con respectivas donaciones para la construcción conventual; el 18 del mismo mes, se iniciaron los trabajos.
El día 16 de mayo 2006, los amigos del convento San Francisco de Tarija otorgaron una placa de reconocimiento a los franciscanos. Fue descubierta por el P. Quirino Sampoli.

 

 

 

 

 

Queridos amigos,
Ya les informé que el 18 de mayo es el día aniversario del IV Centenario de Fundación del Convento de San Francisco. Para preparar el acontecimiento el Centro Eclesial de Documentación ha trabajado desde 1994 con un trío bien integrado de frailes: P. Lorenzo Calzavarini, P. Gerardo Maldini y P. Pedro de Anasagasti. Los dos últimos ya pasaron a mejor vida. Ahora nos movemos en sus cercanías temporales. El 16, llegaron los primeros Hermanos que no tenían posibilidades de transporte aéreo. Su temprana llegada se justifica también por la huelga de autobuses y por los posibles bloqueos de carreteras. A las 12:30 de la noche partimos del convento para auxiliarlos, quizás con un posible trasbordo de vehículos. Pero nada de esto fue necesario porque las víctimas entraron al convento antes que los socorristas. Habían arribado al lugar del bloqueo a las 11, después de ocho horas de jeep y, para suerte suya, a las 12 de la noche se había suspendido el bloqueo por un cuarto de hora.
Los bloqueadores eran los comerciantes de ropa usada. Una triste imagen de nuestra Bolivia, que está enfrentando problemas imprevisibles. El gobierno quiere imponerles un impuesto por concepto de importación, que ellos rechazan. Por el hecho de que se trata de personas a su vez “utilizadas”, no creo que el gobierno tenga que actuar con mano de hierro. En realidad, transmito el sentimiento que puedo leer en el rostro de Mons. Bernardino Rivera (que también estaba entre los bloqueados), persona muy sensata y simpática, aunque de pocas palabras. Siendo él originario de Potosí, comenzó su vida franciscana en Tarija. Llegó con una carga de vino que él fabrica personalmente a 4.000 metros de altura. La bella sorpresa resultará más sabrosa en el almuerzo de mañana. Su vino tiene renombre entre los frailes entendidos en la materia.

En el convento prosiguen los preparativos. Fr. José Uriburu organizó el refectorio (comedor) según la usanza tradicional, las mesas colocadas en forma paralela dejando espacios libres al centro. Sentí algo de nostalgia del pasado, pero la nueva arquitectura era necesaria dada la cantidad de frailes que habían de estar presentes. Los comentarios de los Hermanos eran muy favorables, pero las voces más insistentes estaban dirigidas hacia mi persona, porque el diario El País había dado la noticia de mi nombramiento como miembro de número de la Academia Boliviana de Historia. La información había sido de la misma Prefectura, que se sentía honrada por contar con uno de sus conciudadanos en una situación académica semejante.

Pero esa tarde se dio otro hecho. Los amigos del Convento, por puro sentimiento de gratitud, quisieron dejar una señal tangible de su afecto. En el Centro Eclesial de Documentación se añadió otra placa recordatoria de los cuatrocientos años. Los discursos resultaron todos simpáticos porque ya estaban fuera del control social de la prensa y de las autoridades. Usaron de la palabra el Dr. Mario Calabi, el Ing. Mario Valverde, el P. Angelo Donati y el Obispo Mons. Antonio Reimann, del Vicariato de Ñuflo de Chávez. Debemos reconocer que nosotros somos ciudadanos urbanizados que vivimos en una concentración de privilegios y comodidades. No sucede lo mismo con los ciudadanos que viven esparcidos en el área rural, donde se percibe una mínima, casi imperceptible, presencia del Estado. Es algo parecido a cuanto sucedía hace cuatrocientos años, cuando la Iglesia tenía que asumir la solución de muchas necesidades de orden social. Otra característica es que los pueblos originarios tienen consistencia sobre todo en aquellos espacios de los que se habla mucho, se les usa mucho pero se los asiste poco. Mons. Antonio presentó el mensaje franciscano de Paz y Bien sin pronunciarlo expresamente. Para él actuar “en el nombre del Señor” significa abrazar al leproso, ponerse al servicio de los pobres y, más aún, de los olvidados. Es una síntesis de lo que significa vivir “al estilo del Santo Evangelio”.

Llegó el momento de descubrir la placa. Los amigos gritaron el nombre del P. Quirino Sampoli e inmediatamente después explotaron los vivas por los cuatrocientos años y los aplausos de respeto por el antiguo misionero. Los amigos del Convento lo aprecian por la exquisitez de su carácter y por su chispeante estilo cuando cuenta tantos episodios de 30 años de vida misionera en el Parapetí, que ocupa la parte norte del Chaco. Sus viajes por el territorio de sus parroquias los realizaba en dos meses; partía de la casa central de San Antonio del Parapetí durante el invierno, que son meses sin lluvia, llevando un caballo para sí, otro para el guía y algún otro de reserva con las frazadas, el altar portátil y una escopeta con sus respectivos cartuchos; en la alforja llevaba medicinas, el breviario y una cámara fotográfica. Hay que tener en cuenta que en su parroquia no solamente se contaba a los “fieles”, sino también a los “infieles” que no conocían el mensaje evangélico, por lo que su pedagogía era la de no ser carga para nadie, a no ser que se tratara de circunstancias realmente difíciles.

El cielo abierto, con su lejano manto de estrellas, cobijaba muchas veces sus sueños y sus insomnios por los animales salvajes de la zona. Sus enemigos eran los tigres, las víboras, los tábanos y las arañas. El antídoto inmediato contra las picaduras venenosas era un remedio de tradición misionera, preparado con grasa de víboras. Por cierto, la curiosidad de los oyentes que escuchaban las narraciones del viejo misionero, no se restringía sólo al conocimiento de esos aspectos de su vida personal, sino que se proyectaba también hacia el descubrimiento de las lejanas dimensiones del inmenso territorio de Bolivia.

Este mismo es el interés que tengo cuando hablo con el P. Quirino. Hace unos días me entregó un mapa de la región por donde hacía sus viajes, elaborado en base a su experiencia. La ocasión surgió de un análisis de 1916, no exhaustivo, por supuesto, y otro mapa que se encuentra en un libro reciente. Según él, ambos muestran algo desconocido porque ninguno de los autores expresan cómo son las cosas. Hace un año, por mi preocupación de contar con imágenes históricas de esa región, vencida la personal reticencia, me entregó dos fotografías tomadas por él. Las hemos de publicar en los próximos cuatro volúmenes, de los siete programados (de los cuales ya han salido tres), que constituyen una antología de los documentos del archivo conventual. El mapa del P. Quirino es el último documento que ha ingresado al archivo de los cuatrocientos años de vida misionera. De esta manera se ha venido construyendo nuestro archivo en base a narraciones acerca de los avatares entre gente jamás antes vista, costumbres desconocidas, costo de los viajes, caminos hallados con dificultad, sorpresas en los encuentros, que son toda una cronohistoria de Bolivia, cuyo sabor emerge del poder de la palabra escrita de puño y letra. Afectuosos saludos.

Tarija, 17 de mayo de 2006.

Fray Lorenzo Calzavarini


IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006

 

Referencia: Lectura del documento de las donaciones (4 de mayo 1606) en el “Salón Rojo” de la Prefectura. El Prefecto, Dr. Mario Cossío insistió en la solidaridad entre “indios, frailes y carais” (indígenas, frailes y blancos) para una Patria sin divisiones. La noche fue fiesta de cantos y luces.

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Queridos amigos,

Es difícil hacer una relación de dos días de fiesta, no tanto por las previsibles confusiones (que afortunadamente no se dieron), sino por la intensidad de los gestos, de las acciones y de las palabras. Me resulta imprescindible someterme al lenguaje de la crónica. El 17 llegaron los franciscanos de Cochabamba, Oruro, La Paz; del Chaco sólo Mons. Leonardo Bernacchi y P. Jorge Vargas. El P. Provincial con su cuerpo de Definidores llegó en la tarde por un retraso del vuelo. A las 6 de la tarde estábamos en el edificio de la Prefectura. Lancé una mirada a los nombres de los invitados. Todos estaban presentes y me preocupé por el espacio bastante reducido del “salón rojo”. Vi que estaban ingresando Mons. Leonardo Bernacchi, Obispo del Vicariato de Cuevo-Camiri, Mons. Bernardino Rivera, Obispo emérito de Potosí, Mons. Antonio Reimann, Obispo del Vicariato de Ñuflo de Chávez, el P. Provincial, Fray Martín Sappl, y los frailes a quienes no había visto antes. Ingresaron todos vestidos con el hábito franciscano, pintando de marrón la parte derecha del auditorio. Estaban presentes también los hermanos legos de la Provincia Franciscana de Bolivia, que eligieron las fiestas centenarias de Tarija para su reunión anual. Añadieron una nota simpática a los cuatrocientos años, que asocié con la figura de Fray Francisco del Pilar quien, como hermano lego (enfermero, ecónomo y agricultor) fue el primer fundador de casi todas las misiones (reducciones) del Chaco. Con la llegada del Prefecto quedaron llenas las sillas de la testera. Es una persona muy amable y llena de recuerdos franciscanos.

El acto comenzó con la lectura teatralizada del documento (4 de mayo 1606), que da cuenta de la participación económica de las familias de Tarija para la construcción del convento. La presentaron cinco estudiantes de la Universidad Católica. Inmediatamente pasaron a leer algunos pasajes de la vida del primer Guardián de Tarija. Se trata de un noble que fue caballero pero no persona de bien, que olvidó hasta sus obligaciones de paternidad. Se hizo fraile a los 40 años y en su ordenación sacerdotal en Cusco reconoció entre los ordenandos a uno de sus hijos que era fraile agustino. Su presencia en Tarija fue una bendición. Se decía que tenía poderes milagrosos para alejar desastres agrícolas, como hacer que las nubes descargaran el granizo sobre los cerros pelados de Tarija y no sobre los sembradíos de maíz.

Los jóvenes vestían ropas de la región de Tarija. A mí me tocó comentar el documento. Insistí sobre el tipo de productos agrícolas que se ofrecían y su destino: alimentos para jornaleros y albañiles, instrumentos de trabajo y ornamentos para la iglesia. Resultó una imagen de sociedad agrícola, basada en la solidaridad de sus miembros, que fue la premisa del desarrollo posterior en el que se insertó la acción franciscana dando la posibilidad de afirmar que sin Tarija no se puede entender la manera de ser franciscanos en estas zonas y el convento para la ciudad y zonas de toda la región, sobre todo para la evangelización de los pueblos originarios del Chaco. Nuevamente una explosión de aplausos. Luego habló el Prefecto que remarcó cómo las solidaridades iniciales condujeron a una patria grande (aplausos). Por último, el P. Provincial expresó sentimientos de agradecimiento por la actitud de la Prefectura. Posteriormente se pasó al descubrimiento de una placa que está expuesta en la entrada del edificio con la siguiente inscripción: “Donde estuvieron los franciscanos de Tarija, allí está Bolivia”. La frase fue acuñada en los tratados de paz entre Bolivia y Paraguay que dieron por concluida la Guerra del Chaco (1932–1935).

No hubo ningún intervalo de tiempo ni de espacio entre esto y las notas de la escuela de música. Comenzaron las “cañas”, instrumento típico de la región, acompañadas por violines. La plaza principal de la ciudad se incorporó a todo el conjunto de la Prefectura y se animó con antorchas que despuntaban sobre el lado oeste. Era una línea que dibujaban las llamas de las antorchas y que alternaban con los claroscuros de la presencia de otras tantas bandas de música. La lógica era que desfilaban los establecimientos escolares acompañados por sus respectivos músicos. Conforme las autoridades y los religiosos iban avanzando en formación, las antorchas se iban trasladando hacia el este. Hasta ese momento no puedo decir de dónde iba apareciendo la gente. El hecho simpático era que los aplausos surgían del centro de la plaza siguiendo el ritmo que iban imponiendo las bandas. Yo me movía con la señora Nancy Aparicio de Handam, responsable de la Dirección de Turismo y Cultura de la Prefectura, una persona exquisita y de espiritualidad franciscana. Junto a ella, la señora Carmen Poma de Centeno, delegada de educación católica, y también la señora Cira Flores, responsable de la Oficina de Cultura del Municipio. En la intersección de las calles La Madrid y Sucre la visibilidad era completa. El punto de partida era la plazuela de la Catedral; desde allí se movía hacia la plaza una continua procesión de antorchas formando una especie de herradura. En ese momento, los primeros ya estaban llegando a la cuadra que da a la calle Ingavi, proseguía y se detenía frente a la puerta central del convento, donde se había levantado el palco para las autoridades.

Los estudiantes marchaban al compás de la música de sus respectivas bandas. Un micrófono anunciaba los nombres de cada colegio que se acercaba y desaparecía para dar espacio a los demás. El presentador era alguien que conocía su oficio; intercalaba datos históricos relacionados con la historia de los franciscanos de Tarija. Era un universo mental que unía la diversidad de los territorios con la ciudad, lo antiguo con lo moderno y, sobre todo, una unidad entre los jóvenes y su patria. Un circuito psicológico conectaba la simbología religiosa interior que envolvía en una atmósfera cósmica toda la manzana donde está ubicado el convento. Ese efecto era el producto de la sucesión de melodías, de teatralizaciones ejecutadas por algunos colegios frente al palco y de las ovaciones de los presentes que llenaban el área de la plazuela circunscrita por la fachada conventual, el palacio de justicia y el ex colegio Antoniano.

Eran las 20:30 cuando la situación, sin intervalo de tiempo, se transformó en un verdadero cielo. Estallidos y un torrente de colores se dibujaba en la oscuridad. Los fuegos artificiales fueron una sorpresa para todos volviéndonos un poco niños. Los cuatrocientos años se transformaron en un juego de orígenes por la fuerza de los colores que rescatan dimensiones ancestrales y que nos vinculan a la historia del universo entero. Me avisan a través del teléfono celular que el señor Prefecto nos visitará más tarde. Corre la voz y, por un factor gregario, sin darnos cuenta, nosotros los frailes nos encontramos en el refectorio. La mesas centrales estaban llenas de cosas para comer. Todos estábamos atentos a las guitarras de Adolfo Rodríguez y Manuel Gómez. Luego también el señor Prefecto tocó y cantó (muy bien) con el mismo instrumento. El P. Eugenio Natalini intercaló algunas canciones clásicas italianas. Las melodías unieron a los sentimientos de medio mundo. Afectuosos saludos.

Tarija, 17 de mayo de 2006.

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006

 

Referencia: Día 18 aniversario: Santa Misa, inciensos, cantos litúrgicos y reconocimientos del Parlamento B5oliviano y de la Prefectura.

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Queridos amigos,

Les escribo precisamente en el día del aniversario de la fundación del Convento de San Francisco de Tarija. Y seré puntual, no por el cansancio sino porque me considero cronista. A las 09:30 de la mañana los 40 sacerdotes estaban presentes en el salón de la parroquia, contiguo a la iglesia. Estaban el obispo de la diócesis de Tarija, otros obispos, algunos sacerdotes de las parroquias vecinas y, por supuesto, los franciscanos. La procesión sacerdotal hacia el presbiterio se desarrolló entre cantos e incienso. La Santa Misa fue solemne, como se presume, incentivada por tantas voluntades que resonaron ayer por la tarde en el documento del 4 de mayo de 1606 y que fue leído en la Prefectura. Los cantos fueron en gregoriano. El Centro Eclesial de Documentación se preocupó porque todos los sacerdotes tuvieran en sus manos una copia de la “Misa de los Ángeles”. Los ensayos de cantos que se hicieron en el refectorio mostraron la consistencia del coro. En la iglesia, el P. Eugenio Natalini, director de coro desde hace mucho tiempo, estaba bien erguido cerca del ambón. Y obedecía inclusive el Obispo, Mons. Javier del Río, revestido con sus ornamentos como Presidente de la celebración. Los estudiantes teólogos franciscanos cantaron las partes no fijas de la “Misa de los Ángeles”. No hubo competitividad. Todos cantaban para dar gloria a Dios.

En el mismo sentido se expresaron los agradecimientos que llegaron después de la Santa Misa. El diputado Lic. Fernando Barrientos leyó la justificación de la placa enviada al convento por el Parlamento de Bolivia en reconocimiento de lo que hicieron los franciscanos de Tarija. El P. Provincial de Bolivia, Fr. Martín Sappl, alemán de nacimiento, agradeció a las autoridades presentes. Después tomó la palabra el actual Obispo del Vicariato de Cuevo-Camiri, Mons. Leonardo Bernacchi, que reúne a casi todas las antiguas misiones del Colegio de Propagación de la Fe de Tarija; en su momento, él fue también P. Guardián de la comunidad franciscana; quiso estar presente a pesar de su deteriorado estado de salud que no le permite hacer viajes largos y por caminos tan maltrechos. Con su rostro emblanquecido, más notorio por los ornamentos y la mitra episcopal, expresó en pocas palabras su afecto por el antiguo convento y concluyó pidiendo a todos los presentes que acepten la invitación misionera.

Desde el altar se pasó procesionalmente al atrio de la iglesia donde había una placa, que era otro reconocimiento de la Prefectura. Una vez quitado el velo que la cubría, las plegarias anteriores se convirtieron en aplausos. El señor Prefecto fue representado por su madre. Me gustó esta situación por ese sabor de informalidad. El género femenino no podía quedar ausente: el Colegio de Propaganda Fide fue puesto bajo el patrocinio de Santa María de los Ángeles. De pensamiento en pensamiento, se hicieron presentes todos los aspectos de la “memoria histórica”.

Otro testimonio de la “memoria” de los cuatrocientos años quedaba silencioso en otra placa, colocada bajo la columnata de la iglesia, dedicada a P. Mamerto Esquiú, que desde el año 1862 se consideró hermano de esta comunidad. Cerró las decisiones de la Asamblea Constitutiva Argentina de 1853 con un famoso discurso de aprobación. Desde Argentina vino a Tarija en 1862, de aquí pasó a Sucre a solicitud del arzobispo Miguel de los Santos Taborga, con quien fundó el diario “El Cruzado” , que fue una palestra apologética contra el laicismo, la masonería y el nacionalismo eclesial. Luego fue a Tierra Santa y desde 1873 hasta 1875 nuevamente a Tarija. En 1878 fue nombrado Obispo de Córdoba (Argentina).Murió en Catamarca en 1873. Su corazón permaneció incorrupto y en 1946 se inició el proceso de beatificación. En nuestro archivo se conservan preciosas cartas de afecto para el Colegio de Propagación de la Fe de Tarija. Las publicaremos en la próxima edición de los últimos cuatro volúmenes de los siete programados, de los cuales los tres primeros ya están publicados y constituyen una antología de documentos del archivo conventual.

La placa elogia al santo, a sus virtudes de pacificador de las conciencias argentinas. La firma es de la Comisión Pro-glorificación de Fray Mamerto Esquiú del 8 de noviembre de 1960. El animador del evento fue seguramente el P. Berardo Martínez y la placa donada por el Gobierno argentino está fabricada con los restos de las campanas de la iglesia del Convento de San Francisco de Buenos Aires. En 1955, durante el golpe de Estado contra el general Juan Domingo Perón, algunos fanáticos se dieron a la tarea de incendiar iglesias católicas, entre ellas la de San Francisco, en la que en 1945 el general había contraído matrimonio con Evita Duarte. Los religiosos lograron salvarse del furor de aquel grupo de exaltados, pero no se salvó el bellísimo “retablo”, que era una escultura que cubría toda la pared, en madera dorada, que incluía el altar mayor, con intersecciones laterales de hornacinas con representaciones de los misterios de la fe y de los santos.

El almuerzo, con pocos invitados pero con el refectorio colmado de frailes, estuvo muy solemne. Los estudiantes de teología alegraron el plato de “lasagna” con cantos y acompañamiento de guitarras y violines. La decisión de Fray Joselito Uriburu no fue la de ofrecer especialidades culinarias italianas sino la de simplificar el uso del tenedor a personas de diferentes orígenes culturales (bolivianos, italianos, alemanes, polacos y españoles). Los comentarios de los comensales justificaron el resultado positivo que resplandecía en las sonrisas que muestran las fotografías.

Por la tarde, alrededor de las 17:00 llegó el Embajador de Alemania en Bolivia. A los alemanes les debemos la ayuda económica que permitió parte de los trabajos de reestructuración del Centro Eclesial de Documentación. Estuvieron presentes varios religiosos que se retiraron al poco rato porque tenían la invitación para tomar un té con las terciarias franciscanas. Nosotros concluimos con una visita a todos los ambientes: arqueología, ex procuraduría misionera, ex enfermería, pinacoteca colonial y moderna, archivo y bibliotecas. Un vino con galletas cerró la caminata, conversando siempre sobre los aspectos multiétnicos de Bolivia. El señor Embajador se permitió hacer comparaciones con Paraguay, por su apego a la lengua guaraní (lengua originaria hablada por el 99% de la población). La noche no llegó cansada si bien era conclusión de cuatrocientos años de historia. Hasta pronto.

Tarija, 18 de mayo de 2006.

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

 

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