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400 AÑOS “EVANGELIZANDO LA PAZ” DESDE TARIJA(Experiencias franciscanas en el sudeste de Bolivia).

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IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006

 

Referencia: La “memoria histórica” escrita en bronce.

 

 

Muy queridos amigos,

En las cartas anteriores varias veces me referí a las inauguraciones y reconocimientos testimoniados con placas recordatorias. Me agrada informarles que la realidad psicológica del “recuerdo” no es una inversión hacia el pasado sino más bien un aspecto interno a nosotros, que nos coloca en actitud de ser para el futuro. Éstos han sido los pensamientos que viví en muchos momentos durante estas fiestas centrales del IV Centenario. De la misma manera creo que en los “reconocimientos” estaba también implícita la idea de invitación al compromiso, a fin de que las acciones del pasado prosigan en nuestros días. El comentario que escucho, mostrando fotografías de épocas pasadas, termina siempre en la pregunta: ¿Y ahora cuántos son ustedes? Es una pregunta indirecta para evocar el trabajo de nuestros predecesores. Han llegado ya otros tiempos, pero no todos peores. Las zonas del Chaco son ahora Vicariato Apostólico y los franciscanos trabajan con los sacerdotes diocesanos.

El convento de San Francisco está organizado para una presencia sólo en la ciudad de Tarija (la parroquia incluye 12 comunidades rurales); por tanto, dedicado sobre todo al apostolado urbano, que también tiene sus raíces en los tiempos que hemos celebrado. Una operación de presencia franciscana, en sintonía con las expectativas concretas de estos días, se debería hacer sobre el modelo del Centro Eclesial de Documentación que ha transformado toda la herencia científica histórica, artística y cultural en un ambiente intelectual para todo el sudeste de Bolivia. Vivimos en un mundo secularizado, con claras tendencias de oposición al cristianismo y a la labor de la Iglesia, por lo que todo un contexto de valores ligados a estos universos pueden perder legitimidad. El sentido profundo de estos festejos del IV Centenario es esta perspectiva de futuro y una invitación a esa nueva visión en la sociedad actual.

Todas las expresiones grabadas en las diferentes placas se inspiran en este puente tendido entre el pasado y el futuro. Dicho mensaje fue explícito en las palabras del señor Prefecto, Dr. Mario Cossío Cortez. Siendo autoridad con un amplio radio de acción y de muchas iniciativas se esfuerza por dar al conjunto una dinámica que justifique un compromiso más allá de las decisiones. Sería ambiguo pensar en disponerse a comer si no se tiene un concepto de lo que significa sentarse a la mesa. Estas formas de ver y las actitudes humanísticas y religiosas se pueden percibir en todas las huellas franciscanas en Bolivia; el problema ahora es reconocerlas, lo cual supone una reflexión continua e interés por el estudio. Para esto, la presencia del Centro Eclesial de Documentación es una provocación.

I. Placa colocada en el Centro Eclesial de Documentación por la Prefectura, el 12 de abril:


IV CENTENARIO DE LA PRESENCIA FRANCISCANA EN TARIJA (1606-2006),
AL CENTRO ECLESIAL DE DOCUMENTACIÓN PARA QUE LA HERENCIA DE CUATRO SIGLOS DE HISTORIA, ARTE Y CULTURA SEA UN RECUERDO VIVO EN EL PUEBLO DE TARIJA.


Humanismo y espiritualidad son el legado de la presencia franciscana. El CED unifica los objetivos mencionados en un universo estético y de estudio. La traducción de éstos incentiva un halo de pensamiento que debe superar tantas superficialidades que marcan nuestra vida. El mensaje escrito por la Prefectura no insiste tanto en la unicidad de las orientaciones enraizadas en la tradición de la Fe cristiana, sino en la propuesta de descubrir las raíces de una identidad de pueblo, fuera de los fundamentalismos de la negación (ateísmo) o de la afirmación (una religión sin Fe). Se menciona: una toma de conciencia de la “memoria” y respeto a los valores recibidos.

II. Placa de los amigos de la biblioteca en el Centro Eclesial de Documentación, descubierta el 16 de abril:


EN HOMENAJE AL IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO DE ASÍS Y EN RECONOCIMIENTO AL TRABAJO EVANGÉLICO POR LOS SENDEROS DE “PAZ Y BIEN”.
SAN BERNARDO DE LA FRONTERA DE TARIJA
1606 -18 DE MAYO- 2006

No hay mejor amigo que aquel que comparte tu destino. Pero se escribió algo más. La referencia a San Francisco de Asís, al trabajo realizado por los franciscanos de Tarija y la especificación de los senderos de Paz y Bien hacen referencia a opciones de vida en la perspectiva franciscana. Una diferencia pero también una identidad de mensaje que se cumplen en el proyecto de vida personal. La primera y la segunda verdad son parte de una tradición que hunde sus raíces en la ciudad y el convento. Las características profesionales de los amigos van de la medicina a la producción agrícola (los vinos “Kohlberg” de don Julio Kohlberg), la literatura, la ingeniería civil, el derecho y la educación ejercidas siempre con una orientación humanista.

III. Placa colocada en la entrada a la Prefectura por los franciscanos, el 17 de abril:


HOMENAJE EN EL IV CENTENARIO DE LA PRESENCIA DE LOS FRANCISCANOS EN LOS TERRITORIOS DEL SUDESTE DE BOLIVIA
(1606-2006).
“DONDE ESTUVIERON PRESENTES LOS FRACISCANOS DE TARIJA, ALLÍ ESTÁ BOLIVIA”.


No se trata de una expresión patriótica. Se subrayan momentos de sufrimiento como consecuencia de la situación bélica (Guerra del Chaco: 1932-1935). La afirmación histórica de la presencia franciscana en el Chaco fue asumida en los tratados de paz; este último momento esclarece un profundo proceso de formación de la sociedad boliviana. El lugar donde ha sido colocada la placa (en la Prefectura) es un mensaje de los franciscanos para la comprensión no sólo de una geografía natural sino también espiritual.

IV. Placa de la Cámara de Diputados, colocada el día 18 de mayo:

LA HONORABLE CÁMARA DE DIPUTADOS
RECONOCE LA PRESENTE DISTINCIÓN A LA MERITORIA INSTITUCIÓN DEL COMPLEJO CONVENTUAL DEL CONVENTO SAN FRANCISCO DE TARIJA
EN SU CENTENARIO POR HABER FORMADO Y PRESERVADO LAS BIBLIOTECAS Y ARCHIVO; EN GRATITUD POR SU INMENSA CONTRIBUCIÓN AL CONOCIMIENTO, INTERPRETACIÓN E INVESTIGACIÓN SOBRE LA HISTORIA DEL SUD DE BOLIVIA, Y PARTICULARMENTE EN LA REGIÓN DE TARIJA Y PUEBLOS ORIGINARIOS DEL CHACO.
LEGISLATURA 2006.

Resaltan los aspectos de agradecimiento y reconocimiento. Podemos afirmar que el segundo aspecto ha provocado el primero. Post factum llegué a reconocer a algunos personajes del Gobierno boliviano, que, por motivos de supervisión, han querido saber. Discretamente pero de modo persistente. El Estado reconoce un territorio de patria, forjado por el convento San Francisco de Tarija. Y fue así. Las reducciones del Chaco en cuanto a aspectos civiles hacían referencia al Estado. La conexión con la región de Tarija es de labor educativa informal (publicación de “El Antoniano” ) y formal por el Colegio del mismo nombre. Para una última reflexión, la mención de las bibliotecas y del archivo, que han inspirado y que dan testimonio de la labor civil y religiosa en el Chaco y en Tarija.

V. Placa expuesta en el atrio de la iglesia conventual, colocada por la Prefectura y descubierta el día 18 de mayo:

IV CENTENARIO DE LA PRESENCIA FRANCISCANA EN TARIJA (1606-2006):A LOS APÓSTOLES, FUNDADORES DE PUEBLOS, LINGÜISTAS, EXPLORADORES Y HERMANOS DE LAS “NACIONES” DEL SUDESTE DE BOLIVIA, PARA PERPETUA MEMORIA.

El gesto de la Prefectura de Tarija, en la persona del Dr. Mario Cossío, primer Prefecto elegido por voto de los ciudadanos ha dado un sentido especial a este reconocimiento. Se involucra la presencia de los franciscanos en todo lo que significa crecimiento de una sociedad en términos de fundaciones de pueblos, territorios e identidad lingüística. La apropiación de esta historia, escrita con caracteres de bronce en los muros del convento de parte de la autoridad más representativa del Estado boliviano, honra a los franciscanos pero, sobre todo, honra a quienes han logrado interpretar este pasado sin discriminaciones religiosas ni divergencias políticas, subrayando los valores de solidaridad y una dimensión de patria (“grande” según las palabras del señor Prefecto).

Para concluir. Es difícil presentar un prisma de los sentimientos vividos durante estas manifestaciones que han querido recordar los cuatrocientos años de fundación del convento San Francisco de Tarija. Los reconocimientos, escritos con caracteres de bronce, permanecerán como “memoria” más allá del tiempo circunscrito. Constituyen un compromiso para el futuro. San Francisco, en su lecho de muerte, dijo a sus frailes: “Yo hice mi parte, ustedes hagan la suya”. Les saludo con afecto.

Tarija, 22 de mayo de 2006.

Fray Lorenzo Calzavarini ofm


IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006.

 

Referencia: Recuerdos y vida cotidiana

 

 

Queridos amigos,

Por las anteriores cartas ustedes han sido informados acerca de los dichos y hechos del IV Centenario de Fundación del Convento San Francisco de Tarija. Hemos vivido juntos aquella época de los inicios y su transcurrir hasta nuestros días. Pasados ya estos hechos el Centro Eclesial de Documentación ha regresado a las tareas cotidianas, yo al escritorio, Diego al computador, Manuel que pronto irá a Santa Cruz para hacer el seguimiento de la impresión de los cuatro volúmenes que se añadirán a los tres anteriores, y Normando, el hombre orquesta.

Normando es el último eslabón de la cadena de nuestras actividades y al mismo tiempo el vínculo de unión entre la vida “de adentro” con la vida “de afuera”. Lo puedo ver barriendo, vigilando la puerta de ingreso y atendiendo a los visitantes. Durante años fue catequista en Churquis, que es una de las doce comunidades que constituyen la parte rural de nuestra parroquia. Lo considero mi “ex parroquiano”; lo conocí cuando yo era encargado de la pastoral con los campesinos. Eran tiempos de plenitud religiosa y psicológica en que se mezclaban el trabajo de la biblioteca con los correteos por caminos polvorientos que conducían al jeep hacia los diferentes lugares donde me esperaban entre dolores o alegrías. El punto de llegada no siempre era una capilla; muchas veces se tenía que celebrar la Santa Misa bajo un árbol o en el cementerio. En Churquis podía acontecer cualquiera de esas posibilidades. En la práctica no era yo quien tenía que decidir sino las circunstancias. El cementerio de la comunidad estaba bastante lejos del poblado, por lo que ir a la capilla, desde allí al cementerio y luego volver a casa era sencillamente un redoblado esfuerzo.

Los mismos campesinos, después de que yo les dije que se ahorraran la incomodidad de traer a la espalda la mesita que servía de altar, habían organizado un espacio muy significativo en el cementerio, arrastraron hasta un claro en medio de la arboleda cerca de las tumbas un gran árbol que había sido derribado por un temporal. Así echado en el suelo me lo imaginaba como el misterio de la vida, visto en una perspectiva de profundidad. Y muchas de mis pláticas partían de ese árbol muerto para hablar luego de la vida después de nuestra muerte. El cáliz y la hostia los apoyaba sobre un nudo en que se unían dos gruesas ramas, levantado por otra rama que, apoyada sobre el suelo, hacía que el tronco quedara a la altura conveniente para los actos litúrgicos.

La Santa Misa adquiría diferentes resonancias en la comunidad de Puesto Tunal. Un pupitre escolar era el altar y la sombra de un frondoso árbol nuestra capilla. Allí, el cáliz dorado no tenía el brillo del metal sino era como una energía que unía el silencio de todos con las hostias. Asimismo, el mensaje de los textos sagrados no se expandía a través de las palabras sino por las imágenes (ligadas en una lógica de parábolas), que mostraban la antigua vida de aquellos montes. En mis pensamientos me parecía también que aquellas tumbas, distribuidas en arquitectura de cementerio abierto, habían hecho que sea éste un lugar de paz para nosotros. Y ahora nosotros, que somos su futuro, nos reuníamos allí para revivir su memoria, pero más aún para poder dar un sentido a nuestra vida. Al momento de retirarme de aquella actividad pastoral, casi todas las comunidades ya tenían su capilla. Antes, sus días habían escondido volúmenes de plegarias, hechas de sol y de viento, de esfuerzos y alegrías sin un santo que les presentara ante la misericordia de Dios. Sin duda eran momentos de diálogo directo con la creación divina del cielo y de la tierra.

Los otros personajes del Centro Eclesial de Documentación, más que contornos de fe popular, dan testimonio de virtudes académicas. Diego es un estudiante universitario. Está elaborando su tesis sobre un tema vinculado al Centro Eclesial de Documentación. Es experto en informática y ahora está empeñado en la construcción de un modelo de digitalización para el archivo conventual. Introvertido, es una persona de pocas palabras pero muy gentil con los estudiantes que vienen a consultar en las bibliotecas. Tiene una gran capacidad para soportar grandes sufrimientos. He tenido la oportunidad de vivir una hermosa amistad con su padre, hombre muy sensible y capaz de grandes actos de generosidad. Manuel Gómez, por el contrario, es extrovertido (al menos como yo). Es un intelectual laico pero de un fuerte compromiso religioso. El doctorado en Teología le ha permitido una fácil introducción en el archivo y en las bibliotecas. La supervisión de las ediciones es un trabajo que le exige capacidad en el manejo de computadoras, precisión y un agudo sentido estético en cada página escrita. Su última especialidad es el tratamiento y restauración de fotografías antiguas. Después de haber diagramado nuestra última edición compuesta de siete volúmenes y con un total de 4.500 páginas, Manuel es el representante más calificado de nuestras fatigas. En los próximos días comenzará la edición de la “ Breve guía histórica, artística y cultural del convento de San Francisco de Tarija ” (escrita por mí).

Otro joven estudioso ligado a nuestras actividades es Alfonso Hinojosa, catedrático de antropología y sociología en la Universidad de Tarija. Con frecuencia tiene que estar lejos de nosotros por sus escritos sobre el tema actual de las migraciones dentro y fuera de Bolivia, pero cuando regresa llega siempre cargado de noticias y de reflexiones. Ha manifestado su deseo de completar los catálogos de nuestras bibliotecas. Para dicho propósito ha elaborado un programa mínimo de presencias en el Centro Eclesial de Documentación. Saludos afectuosos.

Tarija, 22 de julio de 2006

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606 – 2006.

 

Referencia: Reunión de Escritores de la Academia Boliviana de Historia Eclesiástica y III Simposio de Archivos y Bibliotecas Franciscanas en América Latina.

 

 

 

Queridos amigos:

Agosto ha sido un mes de continuos intercambios de mensajes entre el Centro Eclesial de Documentación y el Centro Teológico de San Antonio de Buenos Aires. El propósito era organizar el “III Simposio de Archivos y Bibliotecas de los Franciscanos en Latinoamérica”, que había de desarrollarse en nuestro convento. Estaba prevista la llegada de especialistas de las provincias del sur del continente. Entre religiosos y laicos estaban en programa unas 35 personas. La comunicación se facilitó debido a que en el anterior simposio realizado en Buenos Aires habían participado Manuel Gómez y Alfonso Hinojosa. Por la euforia del IV Centenario que estamos viviendo, el cansancio no significa mucho para nosotros. En efecto, la organización del evento no era muy diferente respecto al modelo de nuestras reuniones científicas. Se trataba de considerar el aspecto internacional, previendo que los participantes no bolivianos tenían que estar bajo nuestra responsabilidad en cuanto a los imprevistos de salud y locomoción en la ciudad.

La preparación del III Simposio estuvo precedida por la Reunión de Escritores de la “Academia Boliviana de Historia Eclesiástica” del 25 al 27 de agosto; inmediatamente después, del 29 al 31, fueron los días del tercer simposio. Ambos acontecimientos tuvieron lugar en Tarija con motivo de los festejos de los cuatro siglos de historia de nuestro convento. La reestructuración del Centro Eclesial de Documentación, que abarca el archivo, las pinacotecas, bibliotecas y salones, permitió la logística y los espacios de estudio apropiados. Por su particular esquema de trabajo, nos preocupó sobre todo la reunión de la “ Revista Boliviana de Historia Eclesiástica” . El Simposio tuvo tal fuerza de diálogo que sobrepasó todo interés para la ciudad de Tarija y convento, que no fueron preocupación turística ni de comunión. El hecho de tener que tratar temas de investigación de Bolivia necesariamente nos puso en contacto con todas sus partes, más aún porque el tema elegido se refería precisamente a la historia del sur de Bolivia, donde el convento San Francisco ha desplegado la mayor parte de su vida.

El inconveniente que obligó a sacrificar la presencia de muchos fue la crisis del Lloyd, compañía aérea boliviana. El problema que hicieron explotar los pilotos fue presentado por la televisión como uno de los hechos de corrupción sólo entre ricos. El tono sindical de los derechos reivindicados no tuvo mucho eco ni logró enternecer el corazón de nadie. Con mucha dificultad y casi por milagro se pudo salvar la mayor parte de ambos grupos (de historia eclesiástica y del simposio) traspasando los pasajes a la compañía Aerosur.

Los días de la Academia comenzaron con una presentación pública centrada en tres temas. El primero a mi cargo. Con el título de “Archivo y Bibliotecas del Convento San Francisco de Tarija”, la segunda de Manuel Gómez respeto a la más reciente publicación del Centro Eclesial de Documentación: “ Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia, según los documentos del Archivo del Convento de San Francisco de Tarija (1606 – 1936)” y, finalmente, un espacio de pura estética religiosa, iluminado por Ivan Aguilera, que fue el restaurador de toda nuestra colección de cuadros antiguos. Estuvieron presentes alrededor de 200 personas.

Esos días de la Academia de Historia Eclesial hicieron revivir antiguas situaciones de Bolivia combinadas con los nuevos problemas. Sobrepasaban mis conocimientos los temas presentados por el P. Hans Van Den Berg (sacerdote agustino de origen holandés y actual Rector Magnífico de la Universidad Católica) y por el P. Xavier Albó, conocido antropólogo, jesuita y de origen catalán. El primero presentó documentos de Francisco Viedma hallados en Buenos Aires, en Cochabamba y en Tarija. Viedma fue gobernador de Cochabamba y de Santa Cruz de la Sierra y polemizó con los franciscanos de Tarija con la pretensión de separar las reducciones más avanzadas de su contexto étnico y cultural guaraní. Eran los años entre 1786 y 1803. El segundo dilucidó la polémica que había surgido entre americanistas acerca de la paternidad del escrito, atribuido desde siempre a Guamán Poma de Ayala. Éste ilustró su crónica con gráficos, que P. Xavier reprodujo según el manuscrito que se halla en el Museo Británico. La conferencia nos reportó a imágenes del “encuentro/desencuentro” del nacimiento de Latinoamérica.

El III Simposio sobre los Archivos y Bibliotecas Franciscanas permitió también el encuentro entre frailes, archivistas y estudiosos. Casi todos fueron alojados en el convento, por lo que nuestra vida cotidiana cambió de tono. Las conferencias estuvieron interesantes: los temas de Paraguay, Bolivia, Chile y Argentina demostraron que “por veinte veces América Latina se vuelve a encontrar en cada una de las veinte Américas latinas”. El Centro Eclesial de Documentación participó con cuatro conferencias sobre temas históricos que son ya una especialización de nuestro equipo: evangelización y reducciones franciscanas en el Chaco (1755-19l8). Saludos afectuosos.

Tarija, 4 de septiembre de 2006

Fray Lorenzo Calzavarini ofm


IV CENTENARIO DE FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006.

 

Referencia: Valores postales en homenaje al IV Centenario

 

 

Queridos amigos,

El 2 de octubre hemos vivido una velada cultural memorable. Se trató de rememorar los cuatro siglos de historia de nuestro convento. Se combinó dos circunstancias: la próxima fiesta de San Francisco y la decisión del gobierno boliviano de oficializar la emisión de cuatro sellos postales que esbozan aspectos de la presencia franciscana en Tarija. La elección de las imágenes estuvo librada a nuestra decisión. Más que hechos que se pierden en el río de la historia, quisimos pensar en elementos simbólicos que pudieran perpetuar mensajes y acciones de quienes nosotros somos herederos.

Por la importancia del acontecimiento, el acto comenzó con algo que no estaba contemplado en el programa. Se incluyó un testimonio de agradecimiento al Presidente de la República de Bolivia que, en septiembre, había promulgado la Ley 3463 por la que se declara “Patrimonio Histórico y Cultural” el complejo conventual de San Francisco. Mediante esa denominación se nos reconoció el derecho a subvenciones estatales para el mantenimiento y preservación de los bienes detallados de la siguiente manera: iglesia, museo, archivo y bibliotecas. Fue el reconocimiento más adecuado a la historia de cuatrocientos años de presencia franciscana en Tarija y el Chaco. El texto de la Ley 3463 fue leído por el Honorable Diputado Fernando Barrientos, quien la había propuesto el año anterior al Parlamento de Bolivia.

Por la significación que se quiso dar a la emisión de los valores postales hemos añadido también otros dos sellos postales con imágenes que ya no existen: una de ellas reproduce la antigua fachada de nuestra iglesia y la otra es una antigua representación del trayecto de predicación entre las poblaciones de Tarija. En el primer caso se muestra la arquitectura de las dos torres, que estaban unidas entre sí por un arco de una altura impresionante. En mi mente las he admirado siempre, como había expresado Felipe II refiriéndose al Escorial, que era su residencia: “Un palacio para Dios y una choza para el rey”. Así, a la sombra de los muros de la iglesia se extendían las celdas, formando dos claustros que ya no podemos contemplar por las sucesivas destrucciones y cambios de actividad. Para reconstruir el conjunto recurro siempre a la similitud que debió existir con el ala de la ex procuraduría de las misiones (primer piso) y de la enfermería (segundo piso), ahora incorporadas al Museo “Fray Francisco Miguel Marí” (nombre del fraile que fue el arquitecto en 1783). Es más completa la visión que nos da un gráfico arquitectónico de todo el complejo conventual de 1919.

Aquella fachada cedió en parte porque una corriente de agua subterránea había minado una de las torres en 1954. En lugar de subsanar el inconveniente se prefirió echar abajo todo el conjunto, que fue sustituido por una única torre central que es campanario e ingreso a la iglesia. Se trata de una gran cabeza estrafalaria y alargada en forma vertical pegada a un majestuoso cuerpo, que parece haber sido puesto allí para dar la impresión de reposo y paz. La estampilla reproduce una fotografía de 1897, tomada por un gran artista, Vincenzo Mascio a quien P. Doroteo Giannecchini lo hizo venir desde Buenos Aires para que decorara con imágenes su documento (pensado como libro para lectores italianos) sobre la historia misionera del Chaco; ahora ese libro programado (publicado en castellano en 1996) y su documentación fotográfica constituyen una referencia necesaria para la historia antropológica de las zonas de Tarija y del Chaco. La gente mayor de nuestra ciudad recuerda con nostalgia aquellas dos torres, que no eran solamente una invitación a la oración sino también del recuento de las horas del día y de la noche (reloj).

En el segundo caso, la estampilla nos recuerda un antiguo aspecto de la vida franciscana. Reproduce la visión realista de un fraile y un asno (este último cargado de implementos de cama ) que marchan (el fraile es Fray Francisco di Vagno, que aún vive ya con 94 años) en un ambiente soleado, hecho de ramas y casuchas. El autor de la fotografía en 1967 es el P. Deodato Di Jerónimo (él era el predicador y Fray Francisco el ayudante). Es una imagen muy tradicional de los frailes de Tarija. En un inventario de 1775, cuando los franciscanos de Tarija estaban distribuidos en 20 frailes residentes en el convento y otros 35 esparcidos en las misiones del Chaco, se anotaba que en el terreno de Obraje, no muy lejos de la ciudad, vivían 60 mulos, 10 caballos y 32 burros, que en realidad no eran muchos teniendo en cuenta los viajes para la colecta, para las predicaciones y las expediciones misioneras. Se trataba de idas y vueltas que podían darse al mismo tiempo.

En cuanto a los otros dos valores, uno presenta la imagen de la Inmaculada y otro el interior de la iglesia que fue denominada “Basílica Menor” de San Francisco de Tarija. La Inmaculada es un cuadro de 3,40 por 1,70 que se halla expuesto en la pinacoteca colonial. El Vice Ministerio de Cultura la ha catalogado como de la escuela italiana, de autor anónimo y del siglo XVII. Creo que se puede atribuir la paternidad a Angelino Medoro, que fue un pintor italiano, residente en Lima, que trabajó sobre todo para conventos franciscanos. La conexión Lima-Tarija era bastante transitada por nuestros misioneros que llegaban al puerto de Lima y desde allí, en unos tres meses, llegaban a Tarija. La cuarta estampilla muestra el interior de nuestra basílica, que es muy bello. El fotógrafo ha sabido captar un concepto de espacio religioso de modo que toda la nave central se vea completa, incluyendo también el presbiterio. Las columnas laterales conducen hacia una gloria eucarística encerrada en una luminosidad dorada que puede ser real solamente dentro de este territorio del alma.

La presencia de los personajes del gobierno boliviano obligó a planificar previamente un ceremonial. De ese modo el P. Angelo, que es el Guardián de nuestra comunidad, respondió con breves palabras de agradecimiento; nunca lo poco se hizo grande por la simpatía que envolvía todo el conjunto. Pero el sentido más profundo del acontecimiento surgió de la lectura de textos franciscanos: el Tránsito de San Francisco de San Buenaventura y las poesías de Fray Quebracho (nombre de una planta de nuestras selvas, que era el apodo del P. Oliverio Pellicelli, franciscano de la provincia romana y misionero por más de 50 años) que sembró bondad en toda la zona correspondiente a la parroquia de Yacuiba, que tiene comunidades esparcidas en un radio de 150 kilómetros. Los lectores de los textos fueron Lucila López Tamayo y Edgar Ávila Campero, que con su voz provocaron una densa atmósfera de ternura espiritual cuando declamaron en alta voz y al unísono la oración franciscana del “perdón”: “Donde hay odio que yo ponga amor”; y, marco de suave melodía, fueron las notas de una flauta compuestas por Humberto Martínez Echazú.

Hay que subrayar que toda celebración de la historia franciscana siempre llena el salón parroquial que tiene una capacidad para 300 personas. Lo maravilloso es que, después de todo, se establece una verdadera sintonía de gestos y de palabras, que alivian el peso de la cotidianidad. De allí sales diferente de cómo entraste. El 3 de octubre, los chicos de la parroquia han teatralizado el “tránsito”, y el 4 los actos religiosos fueron presenciados por el Arzobispo de Sucre, Mons. Jesús Pérez ofm. Antes de la creación de la diócesis de Tarija (1924) los franciscanos de Tarija estuvieron integrados a la arquidiócesis de Sucre. Sucre es una ciudad que tiene otros dos nombres: Chuquisaca, nombre quechua, que quiere decir “puente de plata” (por la existencia de ese mineral en la vecina Potosí), y La Plata, que es una traducción española de aquel término. Muchos saludos.

Tarija, 28 de octubre de 2006

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006.

 

Referencia: Tristezas en el altiplano y logros del Centro Eclesial de Documentación. En la tierra de la memoria que es el Chaco.

 

 

Queridos amigos,

Es difícil aceptar situaciones de por sí contradictorias. En la carta de octubre me detuve solamente haciéndoles conocer la belleza de los sellos postales emitidos con motivo de las celebraciones del IV Centenario. El peligro de la presente es el de incurrir en la misma omisión. La pregunta surge acerca del por qué de esa resistencia a decir. Escribiéndoles a ustedes que se encuentran lejos de nuestras realidades, debo confesar que no me resulta fácil hallar las palabras que puedan describir adecuadamente los hechos. Sabemos bien que uno de los graves problemas de la actual situación mundial es la construcción de un lenguaje artificial que pretende transmitir contenidos específicos. La referencia al terrorismo se ha convertido en un hecho tan omnipresente que podría ser relacionado tanto con el hurto de una bicicleta como de un misil, o peor aún justificar acciones de guerra como si fueran solamente una pesadilla.

¿Cómo les puedo hablar de los muertos de Huanuni? Huanuni es un distrito minero, donde a las faldas de un cerro, trabajaban centenares de mineros divididos en cooperativas “privadas” y una empresa “estatal”. Los diferentes socavones de apertura de las minas conducían a las entrañas de la misma montaña. Hacía ya varios días que había surgido el conflicto. Fue informado el gobierno que, con decisiones muy particulares, no envió refuerzos militares para poder controlar ambos bandos. Se presentía aires de macabra tolerancia que no asumía ninguna mediación, aunque al mismo tiempo coqueteando con un predeterminado vencedor. La tristeza de las contradicciones fue traducida con la frase: “En lugar de militares les puedo enviar ataúdes”. Los veintidós muertos dieron la razón a esa arrogante segunda solución. Ante lo sucedido, más que reprochar la intención, se debe condenar la insolencia de aquella expresión. Esos muertos (por las polémicas surgidas) no tuvieron paz durante todo el mes de octubre.

En noviembre, las celebraciones de los Santos y de los Difuntos fueron una terapia de cielo. Asimismo, la tarea de dar los últimos toques a las ediciones ocupó mis pensamientos. Tuve que ir también a Santa Cruz para que descansara un poco Manuel Gómez, que fue el gran héroe de todo ese esfuerzo que duró casi tres años. Los cuatro volúmenes, aún con olor a tinta de imprenta, se añaden a los tres anteriores haciendo un total de siete. Es la historia de cuatro siglos de vicisitudes vinculadas a los frailes de Tarija.

Con estas imágenes de papel impreso, el 26 de noviembre, yo y el chofer José Siles, partimos de madrugada con dirección a Santa Cruz. Allí, el 28, teníamos que presentar la obra en una de las salas del museo de la ciudad. Después de media hora estábamos ya sobre la carretera denominada del Chaco. Era un camino ondulado hasta Canaletas, unas veces entre colinas color de tierra y otras entre cumbres que no dominas y que se yerguen abruptas ante ti. Luego llegamos a Narváez, que es un pedazo de paraíso, hecho de agua y verde. Más allá, después de una sucesión de prolongadas subidas y breves bajadas, el jeep nos condujo a unas altiplanicies que nos dejaban ver paisajes bastante extensos. Al reaparecer el verde, a pocos kilómetros, ingresamos a la plaza de Entre Ríos. Tuvimos que adelantar la hora del almuerzo tomando un refrigerio frente a una plaza afelpada de colores de rosas. Dos horas después llegamos a Palos Blancos. La preocupación porque nos quedaban aún otras cinco horas de viaje hasta Macharetí nos obligó a hacer una parada para comprar botellas de agua fresca y continuar hasta Villamontes. La carretera se prolongaba sobre una extensión verde de bosque talado , que permitía entrever señales de vida animal y de vegetación. Vacas y caballos se movían lentamente bajo la sombra de los arbustos o alrededor de los charcos de agua.

Siempre me ha impresionado este paisaje que te introduce en una densa llanura verde, manchada por cabelleras de colores uniformes. Todo esto comienza en Villamontes a donde llegas pasando por un microclima muy húmedo desde que llegas al Pilcomayo. Desde allí, te mueves por una especie de garganta a la mitad del cerro entre una pared de rocas, por una lado, y un precipicio por otro. Es tal la profundidad que no se puede distinguir el curso de las aguas que brama abajo. La espumeante corriente sólo se puede divisar cuando los ojos logran alinear una secuencia de cachuelas que terminan en un horizonte de barrancos. No era época de pesca de sábalos que hacen que los meses de mayo a septiembre sean una fiesta total. Es un juego cruel de engaños que se esconden bajo el agua: los peces se mueven por miles contra la corriente hacia las fuentes de nacimiento del río; pero donde el obstáculo no es natural sus ilusiones terminan en las redes de los pescadores.

Allí comencé a respirar el aire de las antiguas descripciones de los viajes misioneros franciscanos. Mi empeño era relacionarlos con las páginas de los documentos que habíamos publicado. También en Villamontes la parada fue breve, sólo el tiempo que nos llevó reponer la gasolina. Dos horas después, comencé a imaginar Tarairí (escondido por cinco kilómetros de espesa vegetación) y finalmente Macharetí. Es una misión franciscana que ha logrado conservar los rasgos primigenios. Parte de la población habla todavía el guaraní, pero ya está asfixiada por escuálidas tiendas de productos alimenticios y de bulliciosos instrumentos eléctricos. La parte central de la casa de los frailes conserva aún los materiales y estructuras antiguas. También la parte posterior de la misma muestra aún los rasgos de la laboriosidad de los campesinos en cuanto a carpintería, cultivo de hortalizas, frutales y corrales para animales domésticos.

El encuentro con los padres fue como siempre, muy afectuoso, con la mesa preparada con lo mejor de la sabiduría de la cocinera. La conversación se centró en los últimos acontecimientos nacionales y sobre los motivos de nuestro viaje a la ciudad de Santa Cruz. La alegría concluyó con un adiós hasta el próximo encuentro. Al día siguiente muy temprano, 27 de noviembre, estábamos nuevamente en el jeep. El chofer José es un experto viajero por estos lugares. Estábamos manteniendo el cronograma del viaje. Nos dirigíamos hacia Camiri a donde debíamos llegar en tres horas. Entramos a la casa parroquial de Boyuibe para saludar a Fray Juan Ignacio: breves palabras acompañadas por una botella de vino. Teníamos que apresurarnos. Sin detenernos pasamos el cruce que conduce a las misiones de Cuevo y Santa Rosa. Era el día de mi cumpleaños y suponía que la coincidencia no pasaría desapercibida para el P. Silvio Iori (franciscano trentino), Guardián de la Comunidad de Santa María de los Ángeles. Llegamos alrededor de las 11 de la mañana. Los saludos se hacían cada vez más sonoros conforme iban llegando los otros Hermanos toscanos. Nos encontramos allí por pura casualidad. Nos habían reunido allí solamente las preocupaciones cotidianas de la vida misionera. Alrededor de la mesa, preparada magistralmente por el P. Silvio, comenzaron a resonar las felicitaciones y de inmediato llegó nuevamente la hora de partir hacia Santa Cruz. Se unieron a nosotros el P. Nasini y el P. Bragagni.

La región del Chaco entre Camiri y Santa Cruz se presentaba bastante diferente con respecto a la de Villamontes y Camiri. La selva prácticamente había desaparecido, colonizada por la agricultura. Inclusive el ganado parecía menos disperso, las ovejas andan en grupo y las cabras se mantienen siempre en torno a las casas. Ya no se ven caballos ni jinetes. La influencia de la ciudad de Santa Cruz ha llevado la urbanización a la zona. Desde Río Grande (es un río “grande” en el pleno sentido de la palabra, por su curso de ancho cauce y abundante agua) se notaba con claridad la adopción de modelos de la vida citadina. Las grandes extensiones de tierras de los menonitas demuestran que se ha producido una racionalización del campo sólo en función del ganado: pocas hileras de árboles, atajados de agua y maizales. Los modelos de vida boliviana aparecían sobre todo en la composición arquitectónica de los pueblos, grandes y pequeños, que se extienden a lo largo de la carretera asfaltada en una secuencia continua de casas, intercaladas por huertos y construcciones de poca envergadura. Después del ocaso anunciado por horizontes de fuego, llegamos al convento franciscano de San Antonio en Santa Cruz. Los preparativos para la presentación pública de nuestras ediciones me obligaron a estar más ausente que presente entre mis Hermanos. La imagen que me repetían junto con sus saludos era la de fraile escritor. De esta manera me percaté de que todos estaban en conocimiento del evento porque lo habían leído en los diarios; por tanto, no era necesario redundar en lo que ellos ya sabían.

El éxito de la presentación de los volúmenes de “ Presencia Franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia, según los documentos del archivo franciscano de Tarija (1606-1936)” y “ Breve guía histórica, artística y cultural del convento de San Francisco de Tarija” , fue la exposición fotográfica en DVD de ambas obras. Quedé gratamente sorprendido por la gran simpatía y congratulaciones que difundieron después varios canales de televisión. Subrayaban siempre la capacidad de trabajo, la elegancia de las ediciones y esos rostros de la Bolivia profunda. Resonaba constantemente la frase con la que yo había sintetizado el trayecto recorrido: 40 años para conocer el Archivo Franciscano de Tarija, diez años para realizar la antología de los documentos conventuales y, finalmente, un logrado deseo de tranquilidad para observar las estrellas, ya no como compañeras nocturnas del trabajo, sino como inmóviles testigos de cuatrocientos años de presencia franciscana en las tierras chaqueñas. Saludos.

Tarija, 30 de noviembre de 2006

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006.

 

Referencia: Fiestas navideñas y tiempos de incertidumbres socio-culturales y políticas

 

 

Queridos amigos:

Los viajes y los compromisos culturales no han disminuido nuestras actividades. Si los volúmenes nacieron en el Centro Eclesial de Documentación, volvieron a él revestidos de un bello ropaje tipográfico. El 7 de diciembre era la fecha fijada para su presentación en Tarija pero fue postergada hasta el 19 y, finalmente, después de Año Nuevo; había que tener en cuenta que también las tradiciones navideñas en el campo (de la que forman parte las 12 comunidades de nuestra parroquia) se prolongan durante todo el mes de enero.

Los cambios y las inseguridades surgieron del hecho que también el mes de diciembre fue un mes de bulliciosas manifestaciones políticas. Era un tira y afloje entre el gobierno central y el programa de los Prefectos (como el Presidente de la República, también ellos elegidos por el voto directo). La diferencia entre estos hechos y los del mes de octubre era que la situación no tenía implicancias trágicas; por el contrario, todo se movía en torno a una efervescencia de propuestas enarboladas principalmente en las zonas periféricas del país. Se percibía cierto énfasis en la búsqueda de identidad a partir de la gestión de la “cosa pública” local. Y fue así. Las aglomeraciones ciudadanas impulsaron la discusión acerca de las autonomías regionales. Los discursos que se escuchaba en las ciudades de Tarija, Santa Cruz, Trinidad y Pando fueron de euforia por una lograda autonomía regional (era notoria por una verdadera marejada de gente) que no suponía intenciones separatistas. Esto último era como un espantapájaros en la cantilena del gobierno central que, a todas luces, había perdido la brújula declarándose contrario a toda solución posible.

A todo esto se debe añadir también los temores que cada día iban surgiendo desde la Asamblea Constituyente, que, reunida en la ciudad de Sucre, debía producir un nuevo ordenamiento jurídico para el país. Era todo un juego de palabras que, sin embargo, recaían con impactos negativos en la mentalidad de la gente. La conclusión era siempre la del doble discurso que no lograba sintetizar una dimensión de Estado: Se maldecía al viejo y el nuevo era pergeñado mediante fórmulas que resultaban contradictorias en la cabeza de las autoridades centrales. La impotencia y la imaginación parecían crecer juntas.

En este ambiente llegó la Navidad 2006. En las liturgias eucarísticas, en las “Oraciones de los fieles” yo añadía siempre una petición de paz para Bolivia. Saludos cordiales.

Tarija, 31 de diciembre de 2006

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006.

 
Referencia: Guerra en Cochabamba y Muestra Artística de Mimmo Roselli en el Centro Eclesial de Documentación.

 

 

 

Queridos amigos:

La incertidumbre política se ha acentuado. Se trata ya de un duelo que mediante la palabra busca situaciones de confrontación. El gobierno central no cesa de fomentar un discurso de guerra. Las proclamas de diciembre, absolutamente pacíficas en sus propuestas, fueron captadas como declaratorias de guerra; así lo creyó y asumió, hostigando en forma grotesca a las instituciones ciudadanas de Cochabamba. Sería dramático banalizar ambas lógicas como si fueran simplemente una lógica de derecha y otra de izquierda. La violencia se había apoderado de ambas partes con actitudes de mutuo rechazo (tampoco en esto se trataba de un decantado racismo). ¿Acaso no era más clara manipulación el hecho de trasladar verdaderos contingentes desde el Chapare que cercaron durante varios días a la ciudad de Cochabamba? El gran despliegue de ideas pacifistas quedaba en nada frente al hecho de que cinco mil personas orinaran y defecaran en el restringido espacio de la plaza principal de Cochabamba. El gobierno se preocupó por el mantenimiento de esos cinco mil y no de los problemas consiguientes, por más nauseabundos o políticos que fueran.

La rabia explotó también a raíz de las acciones violentas de grupos que prendieron fuego al edificio de la Prefectura. La respuesta fue con armas y garrotes por ambas partes. El gobierno apoyó a los pobladores del Chapare (con ellos habían venido mujeres y niños) contra los grupos de ciudadanos. Hubo dos muertos y se sentó un precedente muy peligroso de omisión de parte del gobierno con respecto a la vida ciudadana. Las declaraciones gubernamentales enardecieron aún más los ánimos. El resultado fue que el Presidente y su Vice habían perdido la guerra y no estaban dispuestos a entablar tratativas de paz. Se sienten guerreros y su enemigo se llamará “multitud”. A fin de negar la existencia de tal guerra, un alto personaje del gobierno dijo a la televisión que las balas se habían dado no entre el ejército y los ciudadanos (como en los últimos tiempos, afirmó), sino entre unos ciudadanos contra otros. Esa terrible comparación daba colores ideológicos a la muerte y confirmaba lo contrario de las afirmaciones: estaba haciendo suya la teoría fascista del ejército en defensa del Estado y no de los ciudadanos.

El día 19 tuvo lugar otro acto en el Centro Eclesial de Documentación. Se trataba de la muestra de Mimmo Roselli. Mimmo es un artista de Florencia. En nuestro museo tenemos seis cuadros suyos, con un candor de líneas que parecen haber sido esbozadas por una imaginación instintiva sin mediación del pensamiento. Sobre él escribí que se trataba de un pintor “minimalista” (no usa colores sobrepuestos). En realidad trataba de subrayar la forma del “decir” más que la cualidad del “sentir”. Uniendo ambas dimensiones me resulta ahora una misión de arco iris: un juego de los colores fundamentales de la vida, esenciales e inmensos, porque están inscritos en la naturaleza de las cosas y de los seres.

El 19 de febrero no expuso cuadros, más bien ofreció una instalación denominada “A través del vidrio”. El vidrio, por su transparencia, puede ser denuncia, peligro y mirada sobre horizontes insospechados. La apertura de la exposición fue como una tarde de primavera, cuando el cuerpo vibra con sensaciones pasadas y nuevas. Los vidrios estuvieron esparcidos en todos los ambientes del museo, corredores y salas hasta llegar gradualmente a un haz de luces (un vidrio de Murano) que reflejaba una miríada de deseos en ambiente oscuro. ¿Potencia de la luz o poder de las tinieblas? La idealización de la candela (el vidrio de Murano) era invocación y victoria sobre lo absurdo de la vida. ¿Realidad extranjera en un ambiente conventual? En mi presentación del catálogo de la exposición he insistido sobre el valor del silencio conventual que, como el vidrio, es precario, transparente y símbolo de inmensidad. Invitaba, por tanto, a unirnos al rayo de aquella luz para no ser vencidos por la oscuridad.

Para resaltar este suplemento de sentido, Mimmo introdujo en su muestra siete plaquetas de vidrio (que colocó frente a la puerta de la habitación de luz/oscuridad) en las que imprimió los misterios de la pasión y resurrección de Cristo. Apoyó esas plaquetas sobre un antiguo altar. Como artista, Mimmo no solamente creó los objetos de la exposición; también eligió el espacio para la organización de conjunto. ¿Tal vez también el corredor, más que como lugar, fue asumido como efecto de sentido? El conjunto, así organizado, podría decir: la vida (densidad y fragilidad del vidrio) es un caminar (corredor) entre la luz y la oscuridad (candela/oscuridad) en un misterio de fe (el altar con las placas de vidrio). Por mi parte, las placas las interpreté como vitrales de interioridad para una catedral espiritual. Gracias, Mimmo, por tu esfuerzo y la belleza que nos has ofrecido. Cariñosos saludos.

Tarija, 30 de enero de 2007

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

 

 

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