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400 AÑOS “EVANGELIZANDO LA PAZ” DESDE TARIJA(Experiencias franciscanas en el sudeste de Bolivia).

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IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006.

 

Referencia: Presentación de la edición en Tarija, alegría y pérdida de un gran amigo: P. Fiorenzo Locatelli, Ministro Provincial de Toscana.

 

 

 

Queridos amigos:

Con motivo de la presentación pública en Tarija de los volúmenes de “ Presencia Franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia, según los documentos del Archivo Franciscano de Tarija (1606-1936)” , me lanzo anticipadamente. No sé si en este mes de febrero habrá otra carta. No todo se aquieta en la exuberancia de la alegría. Se había decidido que la presentación de los libros fuera el día 7, después el 9 de febrero aprovechando la visita de los ministros provinciales de Bolivia y de Toscana, P. Martín Sappl y P. Fiorenzo Locatelli, respectivamente.

¿No se trataba de repetir cuanto se había organizado en Santa Cruz el 28 de noviembre de 2006. A Tarija la consideré siempre como ciudad natal de mi imaginación misionera. Obedecía a los deseos del corazón. Y lo era no solamente para mí sino también para Manuel Gómez, tarijeño, para Diego, tarijeño, y para Normando, de la zona rural de la ciudad de Tarija. Se añadieron también las obligaciones para con las autoridades de la ciudad y de toda la región de Tarija. Por supuesto, los amigos tampoco debían quedar al margen del proyecto y dar largas al asunto habría sido una manera de no reconocer su solidaridad. Las instituciones culturales de la ciudad no debían ser las últimas, y posiblemente debían ser siempre las primeras.

Se comenzó con la preparación, impresión y distribución de las invitaciones, lo cual exigía una previa organización del acto cultural. Como punto central era siempre el DVD que tan buena acogida había tenido en Santa Cruz y que en Tarija es visión de la vida cotidiana. Teníamos ya algo preparado porque desde mayo de 2006 se fueron sucediendo varios momentos de celebración del IV Centenario de fundación del convento San Francisco de Tarija. Inolvidables fueron los momentos del 18 de ese mes vividos en la Prefectura de la ciudad que se prolongaron en el desfile de los colegios al compás de sus respectivas bandas de música. Digo esto para que se pueda entender la preocupación de hacer que “el después sea siempre mejor que el antes”. Por fin se pudo completar la lista de las autoridades civiles (Prefecto y Secretario del Concejo Municipal), eclesiásticas (Mons. Javier del Río, Obispo de nuestra Diócesis, y Mons. Leo Schwarz, Auxiliar emérito de Tréveris y actual Presidente de Justitia et Pax europea) y franciscanas (los ministros provinciales de Bolivia y de Florencia).

Evidentemente, la presentación del DVD provocó sorpresas muy positivas; era la base de las sucesivas intervenciones. Habló P. Lorenzo, quien para no traicionar la emoción, se limitó a agradecer a la divina Providencia, a los cooperadores y a las autoridades presentes. El P. Provincial de Bolivia se acercó a los micrófonos con unas hojas, pronunció palabras maravillosas aunque esforzándose por resumirlas con respecto al texto que tenía en las manos. Después llegó el momento del P. Fiorenzo, Ministro Provincial de Toscana. Había superado el temor de que su italiano no pudiera ser entendido por los presentes; pero sus palabras fueron así esenciales y pronunciadas con las inflexiones de su bella voz, que finalizaron entre aplausos. Al concluir, continuando la fiesta, entregó una plaqueta de reconocimiento al señor Prefecto, Don Mario Cossío, en nombre de los franciscanos de Florencia que vivieron y murieron en estas tierras (Tarija y Chaco). Las fotografías mostraron después el encuentro de dos sonrisas que, lejanas desde siempre, se reconocieron en el trabajo y espíritu franciscano. La revista cultural “El Cántaro” del domingo 18 publicó un servicio sobre el acontecimiento. Maravillosa fue también la parte fotográfica.

Apreciados amigos, esta mañana, 19 de febrero, llegó la noticia de la muerte del P. Fiorenzo Locatelli. Es increíble. Los días que pasó con nosotros fueron maravillosos. De estudiante era un año anterior a mí y compañero del P. Deodato, religioso de la comunidad de Tarija. Todos conservan de él los mejores recuerdos. Fue hombre de paz, firme y trabajador. Su seguridad psicológica la transmitía siempre con la sonrisa. Él y yo fuimos buenos amigos y fue también una amistad alimentada por la cadencia de la música. En las casas de formación éramos la pareja ganadora en las fiestas parroquiales: yo con el armonio y él solista en las melodías tradicionales que acompañaban las liturgias antes del Concilio Vaticano II. En Tarija habíamos conversado acerca de las bibliotecas y del Centro Eclesial de Documentación. Se mostraba contento y me hablaba también acerca de las novedades que se habían aplicado en las exposiciones del museo de La Verna. Para festejarle habíamos anticipado su cumpleaños al 2 de febrero. Su forma de ser reservada fue vencida cuando le dijimos que en Bolivia el octavo día del antes o del después es importante. Para darnos el gusto de escuchar una vez más su voz, en el refectorio cantó “Romagna mia” y el sábado 3 cantó el Tota Pulcra . Aparte de las dificultades vividas durante la huelga y bloqueos de caminos en Camiri, que lo obligaron a modificar el programa de su visita, pudo captar la belleza de Bolivia. Tarija iluminó su corazón cuando participaba en las litúrgicas eucarísticas y en el contacto con la gente. El 17 me habló por teléfono desde Florencia para decirme lo contento que se sentía por haber venido a Bolivia, aunque sea por poco tiempo. Que descanse en paz. Cariñosos saludos para todos ustedes.

Tarija, 19 de febrero de 2007.

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

 

IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006.

  Referencia: Fiesta y alegría en el convento.

 

 

Queridos amigos:

Ahora les escribo con lindas noticias, aunque persiste la tristeza del recuerdo del P. Fiorenzo Locatelli, Ministro Provincial de Toscana, que es la Provincia madre de los franciscanos toscanos en Bolivia. Es un privilegio haber tenido raíces en un continente, que han dado sus frutos en otro. Además de los aspectos jurídicos, permanece siempre el afecto para con las personas con las que hemos vivido y los lugares de espiritualidad por los que hemos pasado y que han marcado los futuros caminos de vida franciscana. El P. Fiorenzo vino a visitarnos precisamente por las relaciones que nos unen a ese pasado. Fue una oportunidad de encuentro, después de años de separación, con un amigo y para refrescar las ilusiones que guiaron nuestra juventud. Por esto la tristeza por su muerte se hace también nostalgia de sentimientos y de imágenes de lo que “aún somos” y que “seremos después” en una dimensión de paz (sólo rescatable en horizontes de eternidad).


Las acciones de hoy adquieren sentido de esta novissima (última) realidad. Por esto, entretenernos en ellas no es un simple acto del corazón, sino recordar una grandeza que vivimos en la humildad de la vida. Es la razón por la que festejamos etapas de nuestro pasado. Así en Tarija hemos festejado los cincuenta años de residencia en este convento de nuestro hermano Fray Joselito Uriburu. Nacido en Potosí, el 23 de mayo de 1930, se hizo franciscano en 1957. Inmediatamente después vino al convento de Tarija y aún continúa en las mismas labores cotidianas con la virtud de siempre. La gente de Tarija le rodea de afecto y para nosotros, aunque ya no somos demasiado jóvenes, es la memoria histórica no sólo de las piedras conventuales sino también de tantos hermanos toscanos que nos han precedido. Y él, boliviano, ha vivido la trayectoria de cada uno de nosotros los toscanos, pero al revés. Los varios viajes que hizo a Toscana quieren ser una demostración de que el ir y venir y viceversa son parte de una historia humana que tiene como fundamento la gratuidad de la Gracia que sostiene también los horizontes más recónditos de la vida.

Puedo decirles también que Fray Joselito es el fraile más buscado por los periodistas, el más fotografiado y el más consultado. Inclusive su pasado cumpleaños ha sido objeto de noticia en la prensa de la ciudad. Un artículo de pura simpatía y relato de vida paralela con la de San Francisco. En el almuerzo estuvieron presentes algunos de sus parientes: la imagen que tuve fue que la santidad funciona también por apellidos. La sencillez, la espontaneidad, la sonrisa, la simpatía son conquistas pero también rasgos de la educación que se recibe en la familia.

Otra linda noticia es la de la próxima beatificación del P. Mamerto Esquiú. Repito lo que escribí en la carta del 18 de mayo 2006. Un santo que vivió en nuestro convento de San Francisco de Tarija. En la biblioteca se conservan aún sus escritos. Nació en Piedra Blanca (Catamarca, Argentina) el 11 de mayo de 1826. Sacerdote franciscano en 1848 y se dedicó de inmediato a la educación. En 1853 pronunció un discurso de aprobación de la nueva constitución que se había dado en la Argentina. Llegó a Tarija en 1862 desempeñando el oficio de bibliotecario. Poco tiempo después fue requerido por el Arzobispo de Sucre donde fundó el semanario “El Cruzado”. En nuestro convento de La Recoleta se puede ver su celda, severa, cerca de la puerta de ingreso. Se mantuvo siempre vinculado al convento de Tarija, enviando al superior ofrendas en dinero (parte del pago que recibía como periodista). Fue eminentemente un apologeta en defensa de la catolicidad en aquellos tiempos muy tristes de incertidumbre política y de pensamiento. El 2 de diciembre de 1880 fue nombrado Obispo de Córdoba (Argentina). Murió en Catamarca el 10 de enero de 1883. En el convento de aquella ciudad aún se conserva el corazón intacto del futuro beato, de quien el 18 de diciembre de 2006 el Papa Benedicto XVI certificó sus virtudes heroicas.

La tercera alegría que les comunico es totalmente musical. Este mes estuvo con nosotros el P. Pedro Nawrot, de la Sociedad del Verbo Divino, polaco, que es un gran especialista en música “misionera”; la denominamos así porque se encierra principalmente en el ámbito de la liturgia católica. El nombre que más resuena es el del maestro P. Antonio Zipoli, jesuita, que desde Córdoba distribuía partituras de música, definida como “barroco de las reducciones” de Chiquitos y Moxos de Bolivia. En efecto, cuando se habla de las tradiciones se nos refiere sobre todo hacia aspectos colectivos. De ese modo, una de las hipótesis del P. Pedro Nawrot es que muchas de las partituras pertenecen a maestros indígenas. Por otro lado, es reconocido el esplendor de las liturgias en las reducciones jesuíticas y franciscanas. Una imagen de ellas es la de San Francisco Solano que llamaba a la conversión tocando el violín.

La sorpresa más grande ha sido el descubrimiento de 25 partituras de Santas Misas que habían sido declaradas “prohibidas” por la reforma de León XIII y Pío X del canto litúrgico que imponía el canto gregoriano. ¿No será que en estas Santas Misas “prohibidas” podemos encontrar melodías litúrgicas de tradición local? El P. Pedro Nawrot nos ha prometido un pronto regreso.

Tarija, 30 de marzo de 2007

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006.

 
Referencia: Sorpresa del 15 de abril y presentación de la edición en La Paz.

 

 

Apreciados amigos:

El mes de abril quedará entre los que hemos de recordar con una mezcla de alegrías y sufrimientos. El 12 de abril hemos festejado los 50 años de sacerdocio del P. Godofredo Zils, sacerdote alemán en Bolivia desde hace muchos años y que actualmente vive en nuestro convento. Trabajó sobre todo en la parroquia de la Frontera de Chuquisaca (Sucre). Sus relatos de vida misionera son muy ingeniosos y llenos de esa sagacidad que en la interpretación de las situaciones humanas va más allá de las apariencias y formalismos. Fue un gran animador de las vocaciones sacerdotales. Y los “monaguillos” de un tiempo vuelven al viejo maestro. Relata hechos vocacionales relacionándolos siempre con las condiciones de vida y con la gracia del Señor. La premisa fundamental para cualquier logro es tener una idea sólida del propio futuro, para las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicas: A Dios lo encuentras en la oscuridad pero con la luz del corazón. Su sistema de vida es comunitario y sus salidas del convento se deben siempre a motivos de caridad.

Ahora les hablaré de mí. El 15 de abril es una fecha histórica para Tarija. Un valeroso soldado de nuestra tierra, Moto Méndez, condujo un puñado de gente del pueblo a la victoria contra los soldados del régimen colonial. Este día el Alcalde suele conferir reconocimientos públicos a personas que de alguna manera se han identificado con esta región. También yo fui homenajeado con la Medalla “Moto Méndez” con la denominación de “Tarijeño Destacado 2007”. Para agradecer retomé una frase ya clásica en las conversaciones entre nosotros los frailes: Tarija es nuestra patria de adopción. Por lo que se refiere a mí personalmente, dije que los caminos de la adopción son muchos y que el mío ha sido el de recorrer la historia franciscana rebuscando en archivos y bibliotecas.

Don Roberto Ávila, Presidente del Concejo Municipal, mencionó que el reconocimiento quería ser también un incentivo a favor de una dinámica de integración de toda la región de Tarija en sus componentes territoriales que incluyen la parte del altiplano, de los valles y del Chaco. Después de tres días, en el último se dieron situaciones dramáticas: Dos pequeñas ciudades del Chaco, Yacuiba y Villamontes, se pusieron en pie de guerra, con la finalidad de reclamar para sí la propiedad de los pozos petrolíferos. El problema surgía de la división administrativa del territorio de Chimeo, zona petrolífera, reclamada por la provincia O'Connor y por Villamontes, apoyada por Yacuiba, por ser éstas parte del Chaco. Similar incertidumbre reina casi en toda Bolivia. La relación entre el territorio y su administración (división política) surgió a partir de circunstancias no siempre felices que luego se perpetúan en el tiempo. El esclarecimiento que ahora se exige obedece a intereses económicos que no siempre favorecen a la lucidez y prudencia mental. Han sido tres días de aislamiento de Tarija y del resto del país con bloqueos de carreteras y con la amenaza de clausura de las válvulas del oleoducto a la Argentina. En un primer momento intervino la policía con el resultado que 25 de sus efectivos quedaran como rehenes de algunos exaltados. La llegada del ejército restableció una aparente calma. El resultado fue de un muerto que, como siempre en estos casos, fue utilizado como símbolo de martirio, con ribetes de colores políticos.

Vuelvo para hablarles de los programas del Centro Eclesial de Documentación y más precisamente de la presentación en La Paz de la obra editada con motivo del IV Centenario de la Fundación del convento de San Francisco de Tarija: “ Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia según los documentos del Archivo Franciscano de Tarija 1606-1936” , (Editor P. Lorenzo Calzavarini, Santa Cruz 2004, 2006). Todo el equipo del C.E.D. fue conmigo. Ya estamos acostumbrados a estos avatares después de la presentación en Santa Cruz de la Sierra y en Tarija. La Paz era una meta no muy deseada (por el clima no del todo recomendable por mi arritmia del corazón), pero finalmente aceptada ante la insistencia de los amigos de La Paz y por el Viceministerio de Cultura del gobierno boliviano. Hicieron uso de la palabra cuatro personas: la Directora del Museo Nacional de Arte, Teresa Aneiva, el Rector de la Universidad Católica, P. Hans Van Den Berg, el Director del PIEB (Instituto de investigación con sede en La Paz), Godofredo Sandoval, y Manuel Gómez, asistente del C.E.D. Yo hablé después acerca de la visión de un DVD que con imágenes ha creado una trayectoria mental de los siete volúmenes. Resultó una velada muy interesante como reflexión sobre diferentes aspectos de la historia regional de Bolivia. La impresión que me quedó fue que en La Paz existe un universo cultural muy dinámico conformado por artistas y escritores. Las entrevistas que me hicieron diarios y canales de televisión también fueron momentos no solamente para decir sino sobre todo para compartir una nueva visión del sudeste de Bolivia.

Concluí la noche con una entrevista televisiva en directo. Hablé de mi dedicación al estudio de la realidad de Bolivia, de la herencia franciscana y de otros aspectos que vinculan la vida de los franciscanos de hoy con los del pasado. Provocó admiración cuando aclaré que un archivo exige siempre una dedicación permanente y durante años. En mi caso, tomando en consideración mi tesina “Bibliografía del Chaco” presentada en Roma en la Universidad Antoniana en 1967, el resultado es de cuarenta años de intereses que tienen una referencia archivística con Tarija. Cordiales saludos,

Tarija, 30 de abril de 2007

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006.

 
Referencia: Memoria mágica del altiplano de los Andes, muerte de tío Amelio, el Cardenal Julio Terrazas entre nosotros.

 

 

Estimados amigos:

En mi anterior carta no les hablé específicamente del viaje a La Paz; me referí solamente a la presentación de las publicaciones del Centro Eclesial de Documentación. Se lo cuento. Partimos en el vehículo haciendo una primera etapa en Potosí. Fueron ocho horas de bellezas. Hasta Camargo, ciudad situada a medio camino, recorrimos entre lo antiguo y lo nuevo de Bolivia. Era una carretera con unos tramos polvorientos y otros asfaltados. Lo mismo sucedió después de Camargo con una siempre magnífica alternancia de realidades viales por la sucesión de bellísimos panoramas. Llegamos a los cuatro mil metros de altura sin la percepción geográfica de movernos entre nubes. Las diferencias las hallábamos en las condiciones de vida de los habitantes. Era también maravilloso el ocaso sobre un fondo color ceniza sobre el que se dibujaban nubes rojizas que, por el entusiasmo de la ilusión, casi las podíamos tocar con la mano. Sobre la carretera el color de los riachuelos de agua era un correr de chispas entre las piedras que moría en la orilla fangosa del camino. En Potosí nos encontramos con la alegría de los hermanos franciscanos y, entre ellos, una amiga italiana, pariente de P. Eugenio Natalini, la señora Giovanna Gemignani.

De Potosí a La Paz, durante las ocho horas de viaje, se iban repitiendo las visiones mágicas que se iban creando durante el camino siempre a cuatro mil metros, moviéndonos en una geografía de encanto. Se trataba de puras percepciones atmosféricas. Los elementos fundamentales de concreción de los colores eran la extensa llanura de paja brava, el fondo del cielo y el curso del sol. Son círculos de grandes espacios que se suceden, resaltando un universo de amarillo, verde, azul y rojo, que luego se ahogaba en la noche. Esa larga carretera asfaltada parecía dibujada como un sendero que te introducía en los misterios del firmamento aunque estábamos caminando sobre una franja de la tierra. La carretera era una panorámica horizontal donde no veías pero sí sentías el sabor de la presencia humana. De pronto aparecen las ropas rojas, azules y negras de los campesinos; era como la última pincelada: caminabas en el surrealismo de una visión que antes está “dentro” y luego “fuera” de ti. Sólo el silencio era su música que cantaba el permanecer de los orígenes y lo eterno del tiempo, encerrados en el espacio; de esa manera podía yo decir que el tiempo coloreaba la sucesión del espacio; aquí imaginaba también lo inverso: que el espacio condicionaba el correr del tiempo. De todas maneras, el resultado fue entrar en una paz que parecía suspendida entre el cielo y la tierra.

El mes de mayo comenzó con una mala noticia. Mediante el correo electrónico me comunicaron que tío Amelio había fallecido. Era hermano de mi papá, pero se podría también decir que fue padre de todos sus hermanos (y nietos). En una familia de campesinos de los años 1950 en el Polesine, había siempre un líder que, si no era natural (el hermano mayor), lo era por carisma. Tío Amelio poseía el gran poder de su honestidad, que significaba espíritu de trabajo, puente de paz y conocedor de todos los trabajos agrícolas. Las tardes las pasaba con los nietos, enseñándoles los primeros pasos de la escuela. En el mes de mayo era imprescindible un recorrido por el campo para el rezo del rosario. Creo que la orientación de mi vida en sentido religioso y franciscano me la inculcó él de modo particular.

Cuando estaba en el seminario me llegaban sus cartas, con una caligrafía uniforme, como si hubiera pasado escribiendo gran parte de su tiempo. Eran un mensaje (me di cuenta después) de seguridad psicológica para poder caminar en la vida sin sobresaltos. Cerca de su cama había una biblioteca de pocas cosas, como vidas de santos y libritos devocionales. Paz en su tumba. El día 3 celebré la Santa Misa pidiendo por él con mucho afecto.

Estos pensamientos cargados de grandezas espirituales me acompañaron a lo largo de la preparación de un proceso que deseaba fuera sagrado, uniendo espacio y tiempo (insisto en la sacralidad del espacio y del tiempo como historia de la salvación). El 6 de mayo tenía que estar con nosotros el Cardenal Julio Terrazas para cerrar las celebraciones del IV Centenario de fundación del convento de San Francisco de Tarija. Su estadía entre nosotros fue preparada hasta en los mínimos detalles por el Centro Eclesial de Documentación. La totalidad no debía ser una simple fecha, sino un acontecimiento que resumiese una fe secular y que sirviera de impulso hacia el futuro. Pero no toda la gente de Iglesia es socióloga como yo lo soy (lo digo sin arrogancia). La permanencia del Señor Cardenal y del Obispo en el Convento no fue continua, así que las últimas horas del entusiasmo parroquial las vivimos en su ausencia. El Domingo, el Señor Cardenal visitó el Convento y el Centro Eclesial de Documentación. Fueron momentos de gran emoción frente al pasado franciscano. Manuscritos, bibliotecas, pinturas y el universo artístico del conjunto provocan siempre una sorpresa que hace pensar.

La Santa Misa de las 11 a.m. tuvo participación plena del pueblo. La liturgia con sus gestos y palabras fue un conjunto de teatro en el que todos los elementos y las personas se movían de acuerdo a una guía establecida por el tiempo sagrado. La homilía del Cardenal recogió el sabor del conjunto y habló inspirándose en un pasaje del Evangelio en el que el Salvador les daba a sus discípulos el mandamiento del “amor”. La trayectoria de esta realidad, desde Jesús hasta nosotros, fue presentada con tal claridad de acciones que permitieron inclusive alusiones a la situación política del país. No subrayó los rasgos negativos presentes, más bien hizo un parangón entre la lógica del “amor”, que conduce a la unidad a pesar de las diferencias, y la del “odio” que engendra divisiones. Después de la Santa Misa se pasó a un ágape fraterno en el comedor conventual. Las fotografías de grupo fueron el adiós para el Cardenal, que más tarde tomó el avión para volver a Santa Cruz. La gente que le rodeaba lo hacía con cortesía y respeto, pero algo menos denso de lo ocurrido en su recibimiento, impregnado de cálida simpatía y emoción popular. Una de las fotografías muestra al Cardenal junto a una joven con la vestimenta típica “chapaca” (cultura de la región de Tarija) que le expresaba la bienvenida. Después le lanzaron flores que cubrieron prácticamente toda su persona, le colocaron guirnaldas al cuello siguiendo una costumbre que expresa respeto hacia la autoridad. Combinando luces y penumbras, todo resultó una significación espiritual y de simpatía hacia la persona del Cardenal Terrazas, que en realidad es el Cardenal de Bolivia. Seguramente también él volvió con todas esas imágenes que fueron un vivo testimonio del afecto de los habitantes de Tarija hacia la Iglesia y los franciscanos. Afectuosos saludos.

Tarija. 8 de mayo de 2007

Fray Lorenzo Calzavarini ofm


IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006.

 
Referencia: Otra noticia de muerte y exposición del artista Gonzalo Ribero.

 

 

Estimados amigos:

Tal vez es agridulce el sabor que acompaña siempre nuestros días. Dos cualidades, diferentes entre sí, combinan con otra bien específica al paladar. La primera realidad es la del hermano que acaba de dejarnos el 5 de mayo. La Hermana Muerte le sorprendió en la Casa de los ancianos, donde había estado durante alrededor de 15 años. Los ritos fúnebres fueron postergados hasta el día 7. Era Francisco di Vagno. Había nacido en Conversano (Bari) el 13 de abril de 1913. Vino a Bolivia en 1947 formando parte de un grupo de 10 misioneros. Su primer destino fue Potosí, ciudad en el altiplano boliviano, que se encuentra a cuatro mil metros de altura. Yo lo encontré en 1973, allí en Potosí, que por disposición de los superiores fue también mi primer destino. Conociendo mi título universitario de sociólogo me asignaron trabajo en las Escuelas de Cristo, que son un conjunto de escuelas destinadas exclusivamente a los campesinos. Fueron fundadas en 1907 por el P. José Zampa. Ahora, solamente en el Departamento de Potosí son cerca de un centenar. Desde allí se extendieron a todo el altiplano hasta La Paz. Lo primero que hice fue estudiar el castellano y conocer la historia de la región. El archivo conventual era muy interesante para retranscribir una historia franciscana que ahora puedo interpretarla un tanto diferente con relación a la de Tarija.

Pero lo odioso de la situación era precisamente los cuatro mil metros de altura. Con mucha dificultad lograba terminar la Santa Misa y subir las gradas para llegar al segundo piso del convento. Me tenía que detener a medio camino en un descansillo majestuoso, y subir después más arriba, por unas gradas recubiertas de piedras de travertino. Una vez que lograba llegar a mi destino me sentaba para tomar una bocanada de aire en un corredor igualmente frío. Estuve así durante unos seis meses hasta que llegó el superior de la Custodia de Florencia en Bolivia, el P. Gerardo Maldini. Le expuse mis dificultades y, sin siquiera parpadear, me respondió que no había ningún problema para cambiar de aires, concluyendo que todos los religiosos de Florencia siempre tropiezan allí y, si el corazón resiste, se quedan allí entre aquellos muros, de lo contrario se van a otros lugares. Y me tocó ir a Cochabamba para vivir allí con los jóvenes franciscanos que se preparaban para el sacerdocio.

Fray Francisco fue uno de los de corazón resistente. Amigo de los jóvenes, le veía caminar con grupos de ellos al mismo paso. No obstante el frío tenía siempre la cabeza rapada a cero. Para él era maravilloso vivir entre el cielo y la tierra. Se ocupaba de los más humildes servicios conventuales. Era muy reservado con los de su edad, pero tenía un profundo sentido de la amistad. Menos la mecánica, sabía hacer de todo, y era capaz de resolver cualquier imprevisto de la vida misionera. Sin embargo, por motivos de enfermedad, tuvo que ceder y se vino a Tarija. También aquí continuó ocupándose en las labores internas del convento y ayudando a sus hermanos sacerdotes. Este año del IV Centenario de fundación del convento de Tarija (1606-2006), hemos difundido una fotografía suya con un fondo gris del altiplano, que lo muestra arreando un burro cargado con lo necesario para pasar una noche en la humilde casa de cualquier benévolo campesino de la zona. La fotografía fue tomada por el P. Deodato Di Jerónimo, que era el predicador de aquella gira misionera entre las comunidades del altiplano de Tarija (ver carta del 28 de octubre 2006).

Fray Francisco tenía un espíritu algo sui géneris. Amigo de los viajes, dentro y fuera de Bolivia, no gravaba los gastos sobre la economía conventual. Entre sus amigos benefactores estaba el Dr. Víctor Paz Estenssoro (cuatro veces Presidente). Éste, hallándose en Lima para una visita de Estado, permitió a Francisco que se uniera a la comitiva presidencial. Y sucedió que este humilde fraile, desconociendo las normas del protocolo, se presentó primero recibiendo los honores militares del caso. Otra vez, después de un desayuno con el mismo presidente, volvió a casa con un hábito nuevo que le había regalado el Dr. Víctor Paz Estenssoro. Murió a la edad de 94 años, encorvado por la vida y con una mirada apagada. Cada uno carga su propia cruz, que no sería la misma si uno tuviera que escogerla. Paz en su tumba.

Otra circunstancia se refiere a la exposición pictórica del conocido artista boliviano Gonzalo Ribero. Con ella cerraremos el mes de mayo y, por supuesto, también el año del IV Centenario. El mes de mayo de 1606 fue el mes en que comenzaron los trabajos de la construcción del convento (que después tuvieron que ser suspendidos por un año). Finalmente, un concepto arquitectónico que concuerda con la fórmula artística tal como es practicada por Gonzalo Ribero. Arquitecto de formación, da a los volúmenes internos de su pintura una perfección sublime. Con esto estamos afirmando que su concepción artística escapa a las representaciones humanas directas. Por tanto, sus cuadros son la extensión de su pensamiento, que a través de los símbolos naturales y culturales explican las condiciones de la existencia.

Hemos preparado un bello catálogo que lleva el título de PACHA. “Pacha” es una palabra aymara, cultura originaria de Bolivia, que significa el universo, no tanto como factor físico sino en cuanto ambiente sensible del desenvolvimiento de la vida. Yo escribí la presentación del texto. Comencé subrayando el lenguaje de Gonzalo Ribero, que es del todo personal y, al mismo tiempo, universal. Lo he subrayado porque Gonzalo ha tenido experiencias con pueblos africanos y, sobre todo, brasileños. Con frecuencia los menciona como fuente de inspiración o, al menos, como sorpresa de encuentros. Por esta razón reafirmo la capacidad que tiene para construir una comunión de comunicación partiendo del “otro”. La centralidad de su lenguaje es el cuerpo, receptáculo de sensaciones que parten de la oscuridad y de la luz. Aquí retoma un gran pensamiento de la civilización aymara: el discurso cosmogónico no es sólo de firmamento sino también de horizontalidad y, sobre todo, de oscuridad que es la dimensión terrestre que no se puede conocer, pero que se domina con la fuerza de lo sospechoso. Tiene una fuerte relación con la magia de los Andes: altos, lugar de vida y fuerza magmática.

Tres términos constituyen la trayectoria existencial expresada con actitud eterna en el hombre de Los Andes: INTIWATANA, que es el deseo de acercar el sol lo más explícitamente posible y querer abrazarlo; APACHETA, que es la llamada de los caminantes a los espíritus buenos, y LLAJTA que es la dimensión de convivencia pacífica y de perfección de sentimientos en las relaciones humanas (la sociedad). En mi introducción me dejé guiar también por lo que creo que fue siempre una melodía recóndita de mi vida y que la traduje con la expresión: la interioridad del silencio. Y concluyo este mi escrito con una pregunta al hombre moderno que contempla la secuencia de una traducción de sentimientos inmensos que nacen de su cuerpo y hablan con el lenguaje de los colores: “¿Y tú? ¿Estás ahora frente al silencio?”. La muestra estará abierta del 16 al 31 de mayo. Saludos.

Tarija, 22 de mayo de 2007

Fray Lorenzo Calzavarini ofm


IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006.

  Referencia: Un año de gracia que se cierra para abrirse a otra época.

 

 

Queridos amigos:

Mi anterior carta tenía todo el sabor de clausura del IV Centenario. Un final esplendoroso de colores y de reflexiones pictóricas no es una alegría que se repite todos los días, pero es también un compromiso para seguir adelante. Quiero recordarles que el III Centenario del convento, en el mes de mayo de 1906, no se pudo celebrar por las condiciones políticas que vivía Bolivia y, por tanto, también Tarija. El partido liberal y el chauvinismo universitario habían tomado características y actos de reacción contra todo lo que significaba católico. Se dio el caso que se lanzó insultos y piedras contra el convento. Y, como siempre, el tumulto era útil para encubrir intenciones de violencia. En 1905 las autoridades civiles, de manera unilateral, procedieron a la secularización de las misiones. Me explico. El sistema misionero de aquellos tiempos correspondía a la realidad de las “reducciones” que en la región del Chaco tenían una historia de dos siglos (desde 1755). Era una experiencia totalmente franciscana (bastante diferente de las reducciones jesuíticas). Se trataba de aglutinar a los pobladores de los pueblos originarios en unidades territoriales de gobernabilidad con respecto a una sociedad más grande, no sólo colonial sino también del Estado boliviano (desde 1825). Por tanto, la “reducción” en cuanto tal era antes que todo una configuración civil dentro de la cual se insertaba también el aspecto religioso. De hecho, la “reducción” incluía tanto a personas de fe católica como también a personas de religión ancestral. Por la necesidad de incluir aspectos económicos, educativos y territoriales, la presencia de los franciscanos estaba regulada por acuerdo con el gobierno central de Bolivia, declarado en el “Reglamento de las Misiones”.

En realidad, era un tratado entre el Estado boliviano y la Orden Franciscana (Colegio de Propaganda Fide de Tarija), que estipulaba que todo lo relacionado a la realidad reduccional era propiedad de los pueblos originarios con los cuales y por ellos fue creada dicha organización. Pero el pacto fue roto por el gobierno central que desconoció los derechos proclamados en los tratados, por lo que las tierras de los pueblos autóctonos (guaraníes, tobas y noctenes) fueron a parar a manos de propietarios extraños a la región. La concepción estatista fomentó el centralismo, por lo que hallarse fuera de su sombra equivalía a ser excluidos de un conjunto de derechos (manteniendo firmes los deberes). La conclusión fue que las comunidades indígenas se dispersaron y en la mayoría de los casos emigraron a la Argentina. Algunos autores definen al proceso de secularización de las misiones como un acto de nacionalización del territorio, interpretando el régimen reduccional como algo extraño a la nacionalidad boliviana. De hecho, se trata de un camino de “nación” (como forma de sociedad específica) hacia la nacionalidad boliviana. La estructura social de las reducciones era un principio de solución de la asimetría de las relaciones entre sociedades, cercanas y contrapuestas, que tenían que aprender a convivir. Los problemas actuales dependen mucho de aquel confuso énfasis de “progreso” que encubrió muchas razones de dominio de unos sobre otros. La contrapropuesta, en sus raíces franciscanas, era la de equilibrar estrategias en las que los pobres y los marginados de la periferia adquirieran también capacidad de diálogo con realidades diferentes.

Estamos viviendo en otra época que aún no logra mostrar aspectos de novedad de coordinación entre los pueblos. El hecho de rescatar esquemas intelectuales y de sentido del Estado tomándolos de experiencias antiguas no conduce a nada y hace insoportables las mismas razones que en su tiempo fueron plausibles. La dimensión concreta de las condiciones de existencia debe ser construida a partir de dimensiones prácticas. Sin embargo, aún no ha nacido una teoría general de interpretación que enlace a todos los pueblos de la tierra. Posiblemente esa teoría tendrá que surgir de esta diversidad de naciones, que incluyen historia, culturas y actitudes hacia el “otro” como desconocido o enemigo.

¿Por dónde habrá que comenzar? La actitud franciscana no se contentó con sopesar los hechos de destrucción sino que inventó acciones de contrapropuesta a la negatividad del momento. En la ciudad de Tarija se dedicó a la instrucción (ex Colegio Antoniano), incentivó la cultura abriendo una librería, se entregó con alma y cuerpo a la educación de los jóvenes y de diversos sectores de trabajo (los artesanos con escuelas vespertinas) y, por último, a las obras de caridad. El hecho de que parte de ellas aún perduran en nuestros días (desde 1896) demuestra la validez de tales opciones. Cuando se rompió la forma tradicional de su presencia, los franciscanos permanecieron en sus puestos de trabajo en el Chaco incentivando el trabajo parroquial. Allí tuvieron lugar la destrucción provocada por la guerra entre Paraguay y Bolivia; por esa razón desde 1935 hasta 1960 fueron años de reorganización.

Siempre para concluir el IV Centenario, el día 12 el convento de San Francisco organizó un rally (concurso de grupos de estudio esparcidos en diferentes puntos de la ciudad) sobre la base del conocimiento de la historia del convento San Francisco de Tarija. La “Breve guía artística, cultural e histórica …” que hace poco hemos publicado facilitó la comprensión del pasado. Pero los propósitos no abarcaban solamente un objetivo cultural, a partir de los escritos; también incluían premios: tres pasajes gratis en avión ofrecidos por la compañía Aerosur, 12 bicicletas y balones. Los slogans constituían un incentivo para lograr la paz en el centro histórico de Tarija sin vehículos motorizados, otorgando una interpretación religiosa a las motivaciones de carácter ecológico, como actuaron los franciscanos, yendo a regiones desconocidas “evangelizando la paz”. La frase fue escrita en uno de los momentos más oscuros de la historia de Bolivia, precisamente cuando las poblaciones indígenas del altiplano, liderizadas por Tupac Amaru, se rebelaron contra el dominio español en 1783. Se da también una consonancia de actitudes en la historia más cercana a nosotros. En los tratados de paz entre Paraguay y Bolivia, en los intersticios de discusión, se acuñó la frase: “Donde estuvieron los franciscanos de Tarija, allí está Bolivia. Era la constatación de un universo de paz aceptado por ambas partes”.

Pero la más preclara historia de los franciscanos en Tarija fue la presencia del Colegio Antoniano, unida a la participación litúrgica en la iglesia del convento. Cada uno podría interpretar el hecho en términos de una coordinación forzada; pero no se puede separar una situación de aprendizaje de una prefiguración del futuro. Alguien diría (y hay tantos que harían lo mismo) que se trataba de un “fundamentalismo” de unión entre fe y sociedad cuando, por el contrario, se trataba de preparar al joven para afrontar las complejas exigencias de la vida social: nosotros sacerdotes hemos aprendido más del estado laical que de los liberalismos y comunismos en boga. Hemos recordado la historia, la cultura y las ganas de llegar a ser personas conscientes de ser ciudadanos de una nación y del mundo. Y así fue. La integración de diversos temas de reflexión es precisamente lo contrario del “fundamentalismo”.

Me conmovió tanta juventud presente en el rally. Se desea un mundo de imaginación y precisamente en ese sentido se ha propuesto jugarse el Centro Eclesial de Documentación. Las raíces históricas están allí, su comprensión la dictan el arte y las invenciones prácticas. Para que el todo no se traduzca en unos slogans, la propuesta del Centro Eclesial de Documentación es la de organizar días de reflexión científica a fin de que la historia sea siempre “maestra de vida”. Con la participación de muchas personas hemos logrado desarrollar durante todo el año del IV Centenario jornadas de alegría juntos y tantas otras iniciativas que han hecho reverdecer el mensaje franciscano. Como no había sucedido en el III Centenario, las autoridades de Tarija (Prefectura y Alcaldía) han colaborado no solamente con su presencia sino inclusive con aportes económicos con la finalidad de que los proyectos se hicieran realidad. Otras dos propuestas están ya en plena realización: el sistema de seguridad y la ampliación de los ambientes del Centro Eclesial de Documentación.

Otra grata sorpresa fue la comunicación que llegó al Centro Eclesial de Documentación el día 18. Se me comunicaba que la Alcaldía de la ciudad de Sucre me concedía la medalla “Juana Azurduy de Padilla” en reconocimiento a mis méritos (así decía) de “persona que se ha distinguido” por los servicios prestados al Departamento de Tarija. Juana Azurduy fue una heroína de la independencia de Bolivia. La fecha del 25 de mayo tiene un valor bien específico para la historia del continente latinoamericano porque desde la Universidad de San Francisco Xavier de aquella ciudad (Universidad fundada por los jesuitas) se lanzó el primer grito libertario contra el dominio español. Después sucedieron acciones de guerrilla; una fracción de éstas fue encabezada por Juana Azurduy de Padilla. La lucha se extendió después a los ejércitos regulares que condujeron a la victoria final el año 1825. La presencia de todas las regiones de Bolivia en el acto quiso significar el nacimiento de la nueva patria.

Antes de la entrega de las medallas a los nueve representantes de los Departamentos de Bolivia, que fue el 24, a las 18:30 se recordó otro acontecimiento: los repiques de la campana de San Francisco (primer convento franciscano en Bolivia, año 1540), renovaron el anhelo de libertad de todo un pueblo. Las palabras fueron grandilocuentes pero tal vez útiles para un suplemento de verdad del recuerdo que debe manifestarse en la vivencia de cada día. Desde allí se pasó a la “Casa de la Libertad”, donde se redactó la primera constitución jurídica de Bolivia. También aquí nos volvemos a encontrar en un ambiente jesuítico: era la capilla de la residencia de los padres profesores de la misma Universidad. En 1767 fueron expulsados de todo el continente latinoamericano por decisión de las cortes de Europa. Una de las razones de esa ignominia probablemente fue la teoría del “tiranicidio” (que se puede matar al tirano que destruye la libertad) difundida por los teóricos de la Compañía. Aunque con otras voces académicas, se llegó al mismo resultado.

A las 19:30 estábamos reunidos en la “Casa de la Libertad”. Estaba presente el Presidente de la República de Bolivia acompañado de algunos ministros de Estado. Antes de él tomaron la palabra los representantes de la ciudad de Sucre. Nuevamente se pronunció altisonantes discursos que compartí plenamente porque se referían a las necesidades de la gente. Luego se pasó a los honores. Fui el primero en ser convocado y la medalla me fue impuesta por el señor Presidente. Él captó mi confusión y con una sonrisa, simple y abierta, me tocó la manga “izquierda” de mi saco y me felicitó con un apretón de manos. Fue algo muy conmovedor. Pero todo el entorno se transformó en algo mágico cuando subió al escenario la representante del Departamento de Chuquisaca, que era una religiosa, delgada, pequeña de estatura y curvada por los años. La justificación de la medalla mencionaba 50 años de servicio a los enfermos del hospital de Santa Bárbara. El blanco de su vestido se unía al color rojo que cubría la testera de las autoridades y la luz de los reflectores, que irradiaba un aura amarilla sobre todo el escenario, la hacían ver más liviana y ágil. Los aplausos del público no modificaron su porte. Bajó y volvió a su asiento junto a mí. Le estreché la mano y continuamos en nuestro silencio. Al final, habló el señor Presidente. Era un discurso como de una persona con muchas responsabilidades. Creo que las enumeró todas, diferenciando unas de otras en paquetes de éxitos y de dificultades.

La fraternidad entre desconocidos se fue construyendo en torno al vino y bocadillos en el atrio frente a la Casa de la Libertad, con la que forma un todo arquitectónico. Preocupado por sostener con una mano la justificación de la medalla dentro de un bello estuche de cuero, y con la otra sosteniendo una copa de coñac, le di un beso al estilo boliviano a una distinguida señora que me habló en buen italiano. Le respondí y conversamos un poco sobre Italia. Era la consulesa de Italia. Agradecí mucho sus elogios. Me impresionó su feminidad combinada con autoridad y dulzura. Igualmente simpática me resultó la señora Mirna, la organizadora del evento, con quien había hablado por teléfono. El traje de ocasión que le habían confeccionado (pantalones y blusa negros con una chalina azul que pendía del cuello) hacía resaltar los colores de su piel morena. Fijé la atención en las dos sonrisas que hacían resaltar más su amistad. Me puse a pensar en que la identidad de las mujeres se puede medir por la calidad de su forma de reír. Todo resultó muy gratificante.

El día 29 llegó el arquitecto José Granda. Lo estábamos esperando hacía meses para comenzar los trabajos de restauración de la iglesia. Se trata de una ayuda económica proveniente de la Prefectura del Departamento de Tarija. Los retrasos se debieron a contratiempos burocráticos; una maraña de propuestas de Tarija a La Paz y de La Paz a Tarija sobre quién habría de pagar la supervisión de los trabajos (puesto que el convento había sido declarado monumento nacional). Religiosos franciscanos, técnicos, arquitectos y autoridades, por fin, estamos cosechando los frutos de la paciencia. La iglesia, que debía ser el inicio de los festejos del IV Centenario (que termina el 31 de mayo) cerrará el aniversario 401 de vida franciscana en Tarija. Comenzamos con los escombros para las refacciones de los ambientes conventuales (que duraron tres años) y continuamos con la organización arquitectónica del Centro Eclesial de Documentación (seis meses); en este momento está en proceso lo referente al sistema de seguridad ofrecido por la Alcaldía (desde hace un mes y nos llevará uno más) y dentro de poco pasaremos a los trabajos de la iglesia. Poco a poco se va lejos.

También yo, renglón tras renglón de esta carta, estuve en compañía de todos ustedes durante dos días seguidos. Y desde este profundo y oscuro silencio conventual, en nombre de la fraternidad franciscana, agradezco a los responsables de las asociaciones eclesiales de Alemania y a las autoridades de la Prefectura y del Municipio de Tarija que han hecho posible la realización de un sueño y el cumplimiento de un deber hacia los franciscanos que han vivido en Tarija desde el año 1606. Buenas noches, me voy a dormir. Y, como siempre, cordiales saludos a todos.

Tarija, 31 de mayo de 2007

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

 

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