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400 AÑOS “EVANGELIZANDO LA PAZ” DESDE TARIJA (Experiencias franciscanas en el sudeste de Bolivia)

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IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO
SAN FRANCISCO, TARIJA 1606-2006.

 

Referencia: Bajo el manto de siete meses de mi silencio, los grandes acontecimientos nos han conducido hasta la Santa Navidad 2007.

 

 

Queridos amigos,

Mi anterior carta está fechada el 3 de mayo. Ésta pretende ser una “carta de Navidad” y les llegará después de un silencio de casi siete meses. En mis pensamientos me imaginaba que con aquella última carta se cerraba el círculo de festejos de los cuatrocientos años de fundación del Convento de San Francisco de Tarija. Pero no fue así. Lo que parecía ser una clausura se convirtió más bien en la apertura de una nueva etapa de nuestra vida conventual. Esto significa que las celebraciones, aunque eran una rememoración del pasado, se convirtieron en un compromiso para el futuro.

Memoria y futuro franciscano en Tarija

A través de estas cartas quise tenerles al día acerca de los acontecimientos. Sin embargo, me parece fuera de lugar presentarles una escueta síntesis de logros (llamémosles así) y preocupaciones. Se los enumero. Habíamos empezado a hablar del IV Centenario ya en 1996. Aquella vez formaban parte de la comunidad el P. Gerardo Maldini, el P. Pedro de Anasagasti y yo; los tres con interés por la historia de la Iglesia y de la vida franciscana. El P. Maldini ya había creado el Museo “Fray Francisco Miguel Marí”, que ocupaba los ambientes de la antigua enfermería y de la ex Procura de las misiones; en cuanto a ediciones había concluido con las grandes crónicas existentes en nuestro archivo. Yo me puse a trabajar en la traducción del manuscrito del P. Doroteo Giannecchini (archivo de los frailes menores de Toscana), que resultó una bella edición en 1996. Desde 1994 funcionaba también el Centro Eclesial de Documentación (CED) en el ala opuesta al museo. En 1998 comenzaron los trabajos para la edición, en siete volúmenes, de “Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia, Antología de documentos del Archivo franciscano de Tarija (1606 – 1936)”; los tres primeros se refieren a la época de la colonia española y los otros cuatro a la independencia de Bolivia (1825–1936).

En 2002, bajo la dirección del Arq. José Granda, se iniciaron los trabajos de los ambientes conventuales, que dedicaron un lugar adecuado para el Centro Eclesial de Documentación, uniendo en sucesión de espacios continuos el Museo “Fray Francisco Miguel Marí”, las bibliotecas antigua y moderna y el archivo. El cambio, más importante fue la instalación de la librería y de la tipografía en los ambientes del Centro Eclesial de Documentación y viceversa. La lógica arquitectónica impuso, por tanto, las siguientes etapas: 1) Tipografía y librería con la instalación de las máquinas y todo lo necesario para ambas. 2) Traspaso de la biblioteca del CED con todo el conjunto de libros (unos 15.000 títulos) en cartones y subdivisión provisional de las oficinas. 3) Luego se pasó a las cocinas, despensas y refectorio, anexos al claustro central. 4) Los trabajos del Centro Eclesial de Documentación comenzaron en la biblioteca y en la ampliación del archivo. 5) Posteriormente se pasó a la ex Procura misionera (en el segundo piso está la ex enfermería, que fue completamente restaurada con aportes de la Embajada de la República Federal de Alemania en La Paz en 1998). Las diversas intervenciones en el Centro nos obligaban a un continuo proceso de adaptación de los espacios para la preparación de las ediciones. Por la convivencia con los albañiles funcionó la alternabilidad: en un primer momento, nosotros en la planta superior y ellos abajo; luego era a la inversa. Llegados a este punto de la realización de los trabajos se hizo necesario mantener en pie tres grupos de actividad: los restauradores de las obras de arte en la antigua enfermería; los albañiles en el segundo piso y nosotros, acomodando nuestras cosas en la planta baja.

Los resultados saltaban ya a la vista: Ordenamiento de las bibliotecas del Centro Eclesial de Documentación (había también un grupo externo de carpinteros para las puertas y la estantería), el salón del IV Centenario, los depósitos y las salas de exposición de arqueología y las ediciones. El diseño arquitectónico de los ambientes, que antes habían sido de la tipografía, obligaron a repensar el conjunto 6): juntar lo viejo con lo nuevo y la disposición de las obras de arte (antiguas y modernas), de las oficinas de trabajo para los investigadores y, finalmente, un espacio para el Director. Los correctores de las ediciones en curso pasaban de un ambiente a otro, demostrando paciencia y buena capacidad psicológica de adaptación. Después de seis meses, por fin, todas las actividades tenían su propio sitio. El resultado, amargo pero al mismo tiempo interesante, fue que el Centro Eclesial de Documentación necesitaba aún más espacio tanto para las bibliotecas como para la pinacoteca de arte religioso moderno y las demás actividades de estudio y exposición. 7) El arquitecto José Granda retornó al trabajo y nosotros nuevamente con los aburridos trámites de solicitud de ayuda económica de la Prefectura para la iglesia. 8) Finalmente comenzaron los trabajos en la iglesia conventual que aún continúan. Una primera etapa, ya concluida con resultados resplandecientes de colores y de significación litúrgica. 9) La última etapa será la restauración de las representaciones iconográficas de la sacristía y del coro que estaban escondidas por un color rojo uniforme y muy feo. El conjunto del altar y la sacristía dan una sensación de levedad y paz en sintonía con el salmo que el sacerdote pronunciaba al pie del altar cuando iba a comenzar la Santa Misa , que era una invocación a Dios, fuente de alegría.

Como les decía al principio, los resultados constituyen un compromiso para el futuro: lo que ya se ha logrado realizar debe ser operativo. El Centro Eclesial de Documentación tendrá que ser en nuestros días el impulsor de la elaboración de la experiencia eclesial, franciscana y misionera. Están ya en plena actividad la parte del museo (resultaron muy importantes la Breve guía histórica, artística y cultural del Convento San Francisco de Tarija (autor: P. Lorenzo Calzavarini), los cinco dépliants que ilustran sintéticamente la herencia que nos dejaron nuestros predecesores y las actividades actuales del Centro: Una visión general del mismo, la arqueología, los diversos pueblos de la actividad misionera, la pinacoteca antigua y moderna. En la Navidad 2006 se revisó los catálogos de las bibliotecas y se conformó la página Web: www.franciscanosdetarija.com (consultada en Europa, Bolivia, América Latina, Estados Unidos e Italia). Un último factor, que es necesario considerar seriamente, son los muchos reconocimientos otorgados al Centro Eclesial de Documentación: noblesse oblige.

Área del convento: “por fuera” y “por dentro”

Escribirles después de seis meses da una dimensión de tiempo que se mide por recuerdos discontinuos. Ellos, por sí mismos, marcan partidas y retornos de amigos, así como partidas sin retorno para estar en compañía de la hermana muerte. Un convento, a pesar de toda apariencia, vive más una vida “desde afuera” que “desde adentro”. En esto leo la voluntad de San Francisco cuando, instado por el Papa y los obispos para que encuadrara su inspiración en una experiencia de monasterio, respondió que sus frailes no debían recluirse en sí mismos sino concebir su vida en términos de entrega a favor de los demás (non sibi soli vivere sed aliis proficere). Por desgracia, no es demasiado fácil equilibrar esos dos aspectos. La mayoría de las veces se trata de choques y de un tómalo o déjalo. Me cuesta mucho tener que alejarme del pensamiento y del trabajo del Centro Eclesial de Documentación. La necesidad de permanecer fiel a un contexto de programación no admite ningún descuido. ¿Será que me he construido mentalmente un monasterio personal? Para no caer en esa fantasía no manejo llaves para cerrar las puertas y obedezco siempre a las iniciativas de mis buenos colaboradores, que van y vienen trayéndome el mundo a la casa.

Continúan los sufrimientos y las incertidumbres de los hechos que se van repitiendo en una secuencia mecánica. Se trata de una terquedad que, más que administrar el “bien común”, pretende dominar la sociedad en términos de gestión de poder (una responsabilidad de autoridad que se tiñe de irresponsabilidad). En el mes de junio hemos vivido en Tarija una semana de hechos contradictorios. Se trataba de la distribución de ayudas llegadas desde la ONUM para las comunidades rurales. La prefectura encargó a una ONG de la misma institución a fin de que se ocupara de la distribución. La oposición de los dirigentes campesinos exigía que la entrega fuera directamente a las comunidades. El meollo del problema estaba en la mutua desconfianza (que se venía incubando desde hacía tiempo) entre las partes y que, finalmente tuvo que ser dirimida por la Prefectura de Tarija y los sindicatos agrarios. Es innegable que ambas fuerzas corresponden a divisiones políticas, una a favor del gobierno central y otra a favor del gobierno local, ambos elegidos por voto popular. Las discordancias se originaron en una “palabra” mal definida en su concepto y espacio de autoridad: Autonomía versus centralismo y centralismo versus autonomía. No se logró ninguna discusión sobre el particular y se pasó directamente a los hechos que nos condujeron a tres días de aislamiento de la ciudad.

Escribiendo post factum se puede también imaginar una secuencia de intervenciones agresivas programadas. Me refiero a demostraciones de resistencia de la población frente a los propósitos del centralismo, encabezado por el Presidente Evo Morales Ayma. Comenzó en Cochabamba con saldos de destrucción y muerte; se pasó a Santa Cruz con una manifestación con propósitos contrarios, encabezada por el mismo Presidente, cuyo resultado fueron sólo palabras rimbombantes. También el Beni (en la capital también estuvo presente el Presidente de la República sin que haya precedido invitación alguna de parte de las autoridades locales). La tragedia más feroz y sangrienta tuvo lugar en los últimos días de noviembre en Sucre. El debate, que para algunos era inventado y para otros había que tomarlo en serio, se dio por la solicitud de unir derecho y realidad de la condición de ciudad capital de Bolivia; es decir, el traslado de los organismos de gobierno de La Paz a Sucre. La propuesta era debatida en todos los niveles de la opinión pública.

Pero había un paso previo (en sí una actitud muy democrática) exigido por la ciudadanía de Sucre. Se trataba de la inclusión de esa su voluntad en los debates de la Asamblea Constituyente , llamada a redactar una nueva Constitución para el país. La negativa de parte del Presidente por presión de sus milicianos de La Paz arrojó como corolario la muerte de tres jóvenes y a la “aprobación en grande” (en el Instituto Militar de La Glorieta ) de la Constitución , prácticamente redactada solamente por los representantes del gobierno. El primer paso fue el problema que provocó la rabia y la reacción de la ciudad de Sucre. Los hechos de los últimos días se refieren, en solución de continuidad y siempre de contraste, a lo ocurrido en Pando y, últimamente, en La Paz. Les comento sobre lo último. Esto encubría otro espíritu o, lo que es peor, otra violencia. Se trataba de una votación entre los senadores. Para disminuir el número de votantes, los denominados milicianos de la ciudad de El Alto rodearon el Parlamento y sobre la base de una lista fotográfica, no permitían el ingreso a los senadores de la oposición (uno, disfrazado de albañil, pudo burlar el control). Por su parte, el gobierno, para lograr el quórum y tener votos a favor, había hecho llegar a La Paz (con el avión presidencial) a dos “suplentes de oficio” que habían pasado al partido de gobierno.

El recurso a las manifestaciones, enturbiadas por gases lacrimógenos y ráfagas de ametralladora, se convirtió en un juego peligroso. Para justificar todo esto, se recurrió también a la invención histórica en su nueva versión. Los “ponchos rojos”, así llamados por la capa roja sin mangas que les cae hasta las rodillas y que es la indumentaria típica de los aymaras del altiplano, reafirmaron claramente su pasado de acciones violentas, encabezados (¿) por el actual Vicepresidente de la República. Se mueven como fantasmas en la noche y pueden aparecer en tus talones donde y cuando ellos quieren. Otra invención diabólica es la proclamada “legislación comunitaria” que, con pruebas o sin ellas, golpean, maltratan y someten a la gente a muertes inhumanas (quemadas vivas). Esta violencia real tiene réplicas inclusive en el lenguaje, siempre acusador y amenazante, de los ministros y del mismo presidente.

Otros frutos del IV Centenario

Nuestra vida, hecha de altibajos, es algo incontrolable. Los meses de junio, julio y agosto, han mantenido una línea directa con las celebraciones del IV Centenario. Nuestras ediciones fueron expuestas en la importante “Muestra del Libro” de Santa Cruz de la Sierra. Estuvo siempre presente Manuel Gómez que se hizo merecedor al cargo de Subdirector del Centro Eclesial de Documentación. Le hicieron también una larga entrevista en la televisión (bajo la dirección de don Carlos Valverde). Festejé nuestros éxitos con un vaso de vino junto nuestro hombre-orquesta, Normando.

Desde el mes de agosto soy también miembro de número de la Academia de Historia. El viaje fue organizado por Manuel Gómez, que quiso hacer una parada en Cochabamba para encontrarnos y llevar también a La Paz al P. Mauricio Valcanover, muy conocido por los investigadores del Centro por sus trabajos sobre la historia guaraya. Otra de sus características es la bondad con que los trata: son jóvenes y las ganas de aprender les obliga a hacer muchas preguntas. P. Mauricio, un hombre de estatura dolomítica, escucha sin inmutarse para resolver todo con unas cuantas bromas e informaciones finales. El acto se inició con mi introducción en la que traté de definir el valor y la grandeza de las reducciones franciscanas en el Chaco.

La acogida de los amigos y de los miembros de la Academia fue muy amable y simpática. Me conmovió don Luis Adolfo Siles Salinas, ex Presidente de Bolivia, que por los inevitables achaques de la edad no pudo presentarme en el auditorio; acompañado por una enfermera, me estrechó la mano y me obsequió con una sonrisa saturada de historia boliviana. La respuesta a mi exposición la dio el Prof. Joseph Barnadas. Para esbozar un cuadro de mi actividad de estudioso se refirió también a mis primeros años en Cochabamba. Me pareció muy simpática la referencia a mi incipiente español y a las titubeantes lecturas sobre la situación del país. No hay que olvidar que corrían los años de la dictadura del General Banzer, por lo que muchas situaciones me parecían bastante oscuras. La síntesis final fue la biografía de un fraile italiano que eligió a Bolivia como patria de adopción.

Para cuidar mejor nuestra salud y protegernos del frío, Manuel, P. Mauricio y yo, nos alojamos en el Hotel Gloria. En el piso 14, desde el comedor se podía admirar todo el panorama de la ciudad y, a sus pies, el complejo conventual de San Francisco (pude ver también la silueta de un fraile que se movía en el claustro central), que sobresalía con respecto a la columnata del colegio del mismo nombre. Era una vista realmente extraordinaria. Antiguamente, aunque con menos perspectiva de fondo, desde las colinas desnudas de los alrededores (sin las horribles construcciones actuales) se podía observar la grandiosidad de la fachada de la Basílica y sus contornos arquitectónicos que subdividen todo el conjunto. Salimos del hotel solamente para llegar a la sede de la Academia Boliviana de Historia, a poca distancia de la plaza Murillo (frente al Parlamento nacional). Inclusive las conversaciones entre nosotros no eran de simple convencionalidad o de amistad: nuestras reflexiones abarcaban del sudeste al norte del país.

La llegada a Tarija fue festejada en la comunidad: las felicitaciones danzaban alrededor de una mesa cubierta de variados sabores. Pero el regalo más grande fue la decisión de la Alcaldía Municipal de obsequiar un sistema de alarma de alta calidad (que incluía también un sistema televisivo interno) para resguardar todo el Centro Eclesial de Documentación. La fiesta de conclusión de los trabajos se hizo el día de San Francisco, el 4 de octubre, con la presencia de las autoridades de la ciudad. Desde entonces, mis sueños ya eran más tranquilos, aunque por el hecho de tener que levantarme a media noche de mi escritorio y de la biblioteca (programación independiente de mi voluntad). Hasta ahora, solamente en dos oportunidades la alarma despertó a los frailes y vecinos a las 00:30, sólo por mi distracción, por no haber asegurado las puertas. Después de dos semanas de funcionamiento de las alarmas, la red CNN (Cable News Network) de televisión, que transmite en todo el continente latinoamericano, mostró un servicio acerca de todo el Centro Eclesial de documentación. Lo interesante fue que el conjunto fotográfico reprodujo imágenes de la bella ciudad de Tarija. Tuvo una duración de unos 20 minutos. Fue una bella secuencia histórica, artística y poética.

Se repite la “memoria religiosa” de la ciudad de Tarija y alrededores

Las fiestas religiosas de Tarija todas tienen su origen en el catolicismo boliviano. La presencia de elementos y aspectos de vida pre-españoles se hace visible sobre todo por los instrumentos y ritmos musicales. Imagínense. Era el 4 de septiembre cuando el P. Sandro Celli y P. Valentino Ghiglia, que vinieron a Bolivia para la ordenación episcopal de P. Francisco Focardi, llegaron al aeropuerto para estar unos días con nosotros. Para suerte de ellos se estaba realizando una procesión de los Chunchos que se dirigía hacia la iglesia de San Martín, que es el barrio del mercado general de la ciudad. Lo bueno del lugar era que son calles de subida por lo que desde lo alto se podía divisar gran parte del recorrido de un desfile de unas dos mil personas. El P. Valentino, para lograr una vista más completa, se aprovechó inclusive de un árbol.

La fiesta de San Roque tiene mucho arraigo en Tarija. No creo que existan afirmaciones contrarias respecto a que el santo de los enfermos de lepra haya llegado con los franciscanos el año 1606. La elaboración de la fiesta conserva una relación directa entre el santo y los leprosos, personificados por los Chunchos, que es la denominación generalizada de los que no eran guaraníes. Un documento de 1748 (Archivo Franciscano de Tarija) da este nombre a las poblaciones de los valles de La Paz que, por el clima húmedo, eran gentes propensas a contraer esa enfermedad. La llegada de gente no guaraní está documentada en la misma fundación de la ciudad española de Tarija. Por tanto, esta parte de población habría recibido el denominativo de Chunchos y de ahí proviene una relación directa con los enfermos de lepra que llegaban por la posición geográfica contraria respecto a los guaraníes asentados en Tarija.

El 1858 los franciscanos del convento de Tarija construyeron un hospital para los leprosos a unos 20 kilómetros de la ciudad. Las ventajas del lugar eran que había agua de vertientes, la tierra era fértil (a juzgar por la presencia de cultivo de hortalizas) y cierta lejanía con respeto a la parte poblada. Toda esa área se llamaba “Hospital San Lázaro”. Las crónicas conventuales justifican ese trabajo como una decisión de reeditar la atención de San Francisco a los leprosos, que fue el motivo para que se “convirtiera” en un proyecto de vida evangélica: después de ese abrazo y beso, San Francisco comentaba que lo que antes le resultaba “amargo se convirtió en dulzura”. En efecto, cuando llegaban los meses invernales, de poca lluvia y mucho viento, escaseaban los frutos de la tierra. En este tiempo los leprosos debían tomar contacto con la ciudad para conseguir algo a su subsistencia.

La lógica de sus pasos comienza en la iglesia de San Roque, bella e imponente iglesia construida por los franciscanos de Tarija entre los años 1880 y 1907, en un terreno donde había una pequeña capilla dedicada al Santo ya en los primeros años de la llegada de los frailes. Sus pasos, acompasados por el ruido que provoca una caña (llamada “flecha”) que golpea una tablita, corresponde a las leyes en vigencia para los leprosos, que debían advertir a la gente sobre su proximidad. El atuendo es también una evocación de esa enfermedad: un turbante en la cabeza, confeccionado con imitaciones de plumas de pájaros de la región subtropical (valles de La Paz ), una mantilla y una venda cubren el rostro y todo el resto del cuerpo queda cubierto por unas medias largas y una falda que llega hasta las rodillas.

Es la imagen de un cuerpo enfermo que busca solidaridad. La invocación se expresa por un corazón hecho de tela, que cuelga por la espalda y que, sin duda, corresponde a la devoción al Sagrado Corazón que data del siglo XVIII.

Evidentemente, el significado actual no se refiere a la lepra sino a situaciones de malestar espiritual y psicológico de las personas que manifiestan a San Roque sus pesares y deseos. El caminar procesionalmente por etapas donde se hacen representaciones teatrales de danza, es una manera de expresar ante la ciudad su imploración de caridad. El hecho de someterse a la “prudencia” del movimiento del leproso (golpear con la “flecha” como anuncio de su paso) es ahora una terapia de salud que no tiene nombre. El mismo silencio es un signo para alejar alguna posibilidad de transmisión de la enfermedad de la lepra. Menciono este particular contra la interpretación de quienes identifican la vestimenta del “Chuncho” con el de un imaginario shaman salvaje, donde la “palabra” era el gesto fundamental de su acción. La respuesta de la ciudad se manifiesta en los puestos de venta en los que simbólicamente se regala alimentos.

Siendo de tanta importancia y que convoca a grandes multitudes de personas, la fiesta de San Roque es precedida por peregrinaciones al santuario de la Virgen de Chaguaya. Durante tres semanas, que concluyen el 15 de agosto, fiesta de la Asunción , los jóvenes recorren a pie unos sesenta kilómetros. El significado central es el caminar en silencio, llegar al santuario, confesarse y hacerse tocar la cabeza por la estatua de la Virgen María. A este último gesto se lo denomina la “pisada” (del verbo pisar), cuyo origen se halla en el texto del Génesis donde la condenación de la serpiente se expresa en la frase “una virgen pisará tu cabeza”. Por tanto, la respuesta es la purificación de todo aquello que puede tener relación con el mal. Confesión y “pisada” constituyen el gesto fundamental al que en la actualidad se añade la Santa Misa , la bendición de los vehículos y el encendido de velas ante la imagen de la Virgen María. Es decir, se ha pasado de una liturgia sólo de purificación a la de imploración de ayuda.

Viaje entre el pasado y el presente

Cargo conmigo un achaque de salud que me preocupa más que los otros que son consecuencia de la edad. Se trata del glaucoma en el ojo derecho que complica también al izquierdo. A principios de agosto quise someter todo mi cuerpo a una presión de fuerza. Un chequeo general de mi estado de salud para saber cómo tengo la presión, el ácido úrico, arritmia del corazón y los triglicéridos. Ninguno de todos estos aspectos presenta relación directa con el glaucoma pero sí con el concepto de salud en general. La prueba consistió en recorrer todo el trayecto entre Tarija y Camiri. Los caminos no son buenos, hay trabajos que se están realizando en varios tramos y también la presencia de las “angosturas” de Canaletas y Villamontes. Doce horas de volante. Primero una parada en Macharetí, charlas con los Hermanos, cenas y pasar allí la noche. Mi copiloto era Daniel (luego hablaré también de él y de otros) quien se mantuvo firme en el asiento derecho del jeep. No me rendí; al contrario, viví una euforia de esfuerzo al máximo.

Recorrí el camino de los antiguos misioneros, me detenía en los lugares más importantes de su trabajo, Villamontes, Macharetí, Tarairí y Camiri. Las antiguas misiones tienen ahora características citadinas que coordinan el territorio chaqueño, lo cual indica que fueron construidas con perspectiva de futuro. Sacerdotes diocesanos, bolivianos y extranjeros, ocupan ahora el lugar dejado por los franciscanos. Macharetí continúa siendo casa de franciscanos. La cena fue frugal y bebimos un vino que traje de Tarija. El P. Simone Furlotti, antiguo sobreviviente de Somalia, nos describió sus 80 años con dos paisajes misioneros: el huraño de los musulmanes y el cálido de los bolivianos. Su hermano de sangre y espiritual, P. Fulgencio Furlotti, esparció esa misma biografía en los tres mundos. Ahora él se encuentra en Italia con el propósito de curarse de un dolor en las rodillas. Por la mañana llegamos a Camiri (tres horas de jeep por una estupenda carretera asfaltada). Me sientía siempre lleno de energía. Daniel y yo nos hospedamos en el convento franciscano de Santa María de los Ángeles. Es una construcción totalmente nueva que me pareció muy funcional. Sólo faltaba concluir algunos detalles.

Se nota que es una casa que acoge a quienes continuamente van y vienen y me agradó mucho la hospitalidad de los Hermanos que residen allí, l P. Gilberto Bragagni (de Chiusi della Verna) y el P. Silvio Iori (trentino). Asimismo, muy simpática la atención que nos brindaron las señoritas de la casa quienes nos prepararon un delicioso risotto. Esta fue la razón por la que descarté la invitación del Obispo Mons. Leonardo Bernacchi. Sin duda, en esto tuvo también mucho que ver mi deseo de estar tranquilo. Daniel, que a veces le gusta estar entre las ollas, también quedó satisfecho después de probar un nuevo plato. El objetivo de la venida, además de ser una prueba de resistencia corporal, era distribuir las placas recordatorias del IV Centenario en las antiguas misiones franciscanas ligadas al Convento de Tarija.

Había que organizar un programa y por ese motivo al día siguiente (en Camiri nos quedamos dos días) emprendimos el camino de regreso. Casi a la mitad del viaje, donde se hallan los puntos más difíciles para el jeep, por las subidas y bajadas y la presencia de lugares arenosos, comenzaron los problemas con la batería. A fin de mantener el motor en movimiento tuve que usar el freno de mano y hacer rápidos cambios de marcha. Mi maestría fue tal que Daniel se dio cuenta del problema sólo cuando el jeep ya no daba más, ahogado en las arenas del lecho de un pequeño río. Un camión que nos seguía a poca distancia nos ayudó para que nos pusiéramos de nuevo en marcha. Fue una verdadera tortura de seis horas de viaje para llegar a Tarija. Al día siguiente me fui a consultar con el oftalmólogo, el Dr. Pano (es su apodo) Aguirre. El glaucoma había subido a 28 puntos, siendo que su valor normal no debería superar los 14. Los colirios que me recetó ya eran tres, con uno que tenía que ponerme cada cuatro horas.

También la presencia de Daniel es el resultado del IV Centenario. La prefectura de Tarija está pagando la catalogación de las bibliotecas del Centro Eclesial de Documentación. Se trata de que se nos añadió cuatro catalogadores que se unieron a los tres que ya teníamos (Diego, Manuel y Normando). Normando y yo asumimos el trabajo más pesado y desagradable. Usando barbijos para proteger la nariz y la boca nos metimos a los depósitos de libros y revistas, ya amarrillos por la pátina del tiempo y el polvo. Era un martirio también para mis manos que no las podía proteger con guantes de goma. El resultado fue una nueva secuencia de libros acumulados indistintamente en estantes improvisados, colocados en el corredor de la Biblioteca Antigua. Veremos cuándo podremos pasar a darles una numeración para acomodarlos sistemáticamente, lo cual seguramente no será nada definitivo dado el proyecto de ampliación del Centro Eclesial del Documentación que he presentado a la Prefectura.

Regresos, nuevas jerarquías y la hermana muerte

A fines del mes de julio llegó la noticia del nombramiento del P. Francesco Focardi como obispo auxiliar del Beni. Con motivo de su ordenación llegaron de Toscana varios personajes (inclusive Mons. Adolfo Cetoloni, obispo de Montepulciano y viejo amigo, a quien le hice llegar la invitación para que viniera a Tarija para hacerle conocer las maravillas de nuestro centro). Prefirió visitar las antiguas iglesias de la Chiquitania. Cuando era Provincial de los frailes menores de Toscana ya había visitado la anterior organización de la biblioteca antigua, del archivo del museo, pero no conoce las novedades de ahora. Se contentó con las primeras. Por el contrario, vinieron P. Sandro Celli y P. Valentino Ghiglia. Pasamos juntos momentos maravillosos, además de las dos procesiones de los Chunchos. El 28 de agosto regresó el P. Godofredo Zils. Se había despedido de sus familiares y de Alemania, su patria de origen, decidido a encontrarse con la hermana muerte en nuestro convento. En el mes de abril había sido internado en una clínica por un grave problema del corazón. Fueron quince días de altibajos en su salud, inclusive un paro cardíaco de 30 segundos. Prácticamente lo hizo revivir el médico especialista que en aquel momento se hallaba presente junto a su lecho de hospital.

Se reincorporó al ritmo de la vida conventual y sus habituales ocupaciones de caridad. Yo solía decirle que se trataba de un retorno a la vida pero que no era todavía la resurrección. Quería recordarle que debía ser prudente. Se fue a Alemania por un mes y medio; regresó con un buen semblante pero vivía esperando a la hermana muerte que lo sorprendió en el momento menos esperado, aunque psicológica y espiritualmente estaba preparado. Los días que pasaban los consideraba como una yapa que le daba Dios. Habían comenzado ya los trabajos en la Basílica, por lo que los actos litúrgicos fueron trasladados al salón parroquial. La preocupación que hizo conocer a P. Angelo Donati, nuestro guardián, era que no había espacio para los confesionarios. El problema lo solucionó colocando una mesita y dos sillas en el claustro contiguo al salón.

El inicio estuvo fijado para el domingo 16 de septiembre. Yo celebré la Santa Misa de las 07:00 de la mañana y el comentario de la señora sacristana fue de lo más simpático: confesión con una taza de café. Lo vi a las 08:00 en el corredor que conduce a mi habitación y también a la suya. Después del saludo como de costumbre, yo subí a la biblioteca y él, seguramente, comenzó a prepararse para ir a desayunar. A las 09:00 algunos hermanos comieron con él. Ellos dijeron que a eso de las 09:10 él fue a su celda para después pasar al confesionario a las 09:30. No fue así. A las 11:10 me sorprendieron los llamados de la señora sacristana que me avisaba que el P. Godofredo no se había hecho presente para la Santa Misa de las 11:00. Corrí a su habitación y lo vi tendido sobre su lecho en actitud de reposo. Antes de ingresar llamé al Dr. Mario Calabi y corrí al altar. Empecé la Santa Misa pidiendo oraciones y avisando que no sabía si estaba vivo o muerto.

Cuando terminé la celebración fui a lo del P. Godofredo, donde encontré al Dr. Mario Calabi que dijo que había fallecido. También él había notado la serenidad del cuerpo. La situación seguramente fue la siguiente. Al parecer se trataba de un momento de descanso, sin imprevistos, que se puede suponer por el hecho de que no tocó el timbre de emergencia como lo había hecho la vez anterior cuando tuvimos que internarlo en la clínica. Extrañamente, el día del funeral no fue particularmente triste. Más que una muerte anunciada se oyeron palabras de desprendimiento. Bastaron las oraciones litúrgicas para conducirlo a la vida (esta vez era de resurrección) entre nosotros. P. Godofredo descansa junto a las tumbas de los franciscanos de Tarija.

Lo bueno, lo feo y lo malo (tiempo)

Con retraso, el 2 de septiembre (día de la consagración de Mons. Francesco Focardi en Trinidad) llegaron el P. Guido, Director del Centro Misionero, y Tommaso de Chianciano. Son sorprendentes las preocupaciones del fraile y la alegría del joven. Si hay algo que está hirviendo en la olla pienso que son los deseos de un mejor futuro para ambos. A pesar de su escaso español, Tommaso se hizo querer por la comunidad y por los Padres bolivianos. Sus gestos son francos, directos y espontáneos. Todos lograban entender su toscazo, aunque interrumpido por P. Guido y P. Diodato que hablaban al mismo tiempo. Éste último está con las noticias frescas acerca de los acontecimientos italianos. Regresó el 13 de octubre. Nosotros los frailes de Toscana somos gente llena de recuerdos (¡cuántas conversaciones!) sobre santuarios franciscanos, bosques, colinas, olivares y viñedos.

Otro retorno cargado de noticias fue el de Mons. Leo Schwarz, obispo auxiliar emérito de la diócesis de Tréveris. Lo siguen conservando en un cargo por “Justicia y Paz” de Europa, por lo que debe ausentarse de su nido pastoral de Chaguaya. Sus vuelos en avión atraviesan siempre territorios de sufrimientos, antiguos y modernos. Nos habló muy bien de los católicos de Albania. Pero las últimas noticias de estos días hablan de un próximo cierre de nuestro convento y parroquia de Yacuiba, alrededor de la cual habían nacido las más antiguas misiones de franciscanos de Tarija. La reunión de los franciscanos del sud de Bolivia realizada el mes de septiembre había manifestado decisiones contrarias; es más, algunos ofrecieron su cooperación para resolver la ya difícil situación. Inclusive se había sugerido sacrificar otras presencias a fin de salvar a Yacuiba.

El P. Provincial y el Definidor de la zona sostuvieron la alternativa de dar tiempo al tiempo y tomar una decisión final en el próximo capítulo. Pero grande fue la sorpresa: el día 18 de noviembre llegó el P. Carlos Folgado para dirigirse a Yacuiba. Las reticencias en las respuestas me dieron a entender que todo estaba ya decidido y que el P. Carlos iba a Yacuiba para definir aspectos jurídicos con la diócesis de Tarija y las autoridades civiles del lugar. Al parecer llegaron a Roma informaciones acerca de la decisión (estoy seguro que una de ellas era del obispo de la diócesis), pero en realidad ¿qué puede saber un Ministro General que va por el mundo en vuelos transoceánicos o vive encerrado en su celda en la colina Gelsomino (Roma)?. En última instancia, la conclusión con todas sus consecuencias negativas recae sobre el gobierno de la Provincia Franciscana de Bolivia.

Bajo el signo de la violencia

Los problemas sociales y políticos se hicieron densos y la situación explotó en la forma y en el lugar menos esperado. La ciudad de Sucre, por las razones ya expuestas, es decir por la exclusión del programa de discusión de la Asamblea que debe redactar la nueva constitución boliviana, del tema del traslado del gobierno a la antigua y actual, aunque formalmente, capital de Bolivia, reaccionó con manifestaciones que puso en jaque a la Policía. A pesar de ello, inclusive el sector gobernante no quiso retroceder en su perversidad llevando la misma Asamblea a un liceo militar donde aprobó “en grande” una constitución que nunca fue discutida. Se trataba de un texto del propio gobierno, que sus “milicianos” aprobaron apoteósicamente. Fueron tres días de violencia campal. Como siempre, también un saldo de tres jóvenes universitarios muertos. La tragedia de la sociedad estuvo representada por un graffiti que decía: “En la ciudad de Sucre ya no hay ladrones porque ya no hay policías” (que serían los ladrones). En efecto, la policía se había retirado para invernar en Potosí, dejando a la ciudad sin control. Evidentemente los personeros del gobierno estaban a buen recaudo en el cuartel militar. Los platos rotos no tuvieron nombre y la tragedia explotará de otras maneras.

Pocos días después, el problema (como acabo de manifestar) se presentó en La Paz. De ese modo se cerró el círculo de los propósitos del gobierno. Y con esta bola de jabón en las manos, el presidente Morales Ayma creyó que habría de calmar los ánimos anunciando un “referéndum revocatorio” para las autoridades elegidas en las elecciones del 2005, es decir, prefectos y presidente. Pero todo el país vive una situación pre-revolucionaria ya que dos formaciones políticas están en pie de guerra. También saltaron al escenario inaceptables provocaciones de parte del gobierno. En Riberalta, un avión venezolano que transportaba dinero y soldados fue retenido en tierra por la población. La susceptibilidad se justifica por las declaraciones del mismo presidente de Venezuela, Chavez, respecto a Bolivia.

Después de la victoria de la oposición en Venezuela, encabezada por jóvenes universitarios, y los infelices comentarios del mismo presidente Chávez sobre su derrota, parece que también los jóvenes bolivianos han cobrado fuerza y seguridad. Lo demuestran los acontecimientos del 7 de diciembre en Tarija. Los jóvenes tomaron algunas oficinas administrativas del gobierno. La definición de “símbolo” podría justificarse desde el momento que no se provocó daños. Hubo algunas refriegas con los responsables, pero la opinión pública juzgó muy negativamente la reacción de la policía.

Hace quince días, siempre en un ambiente de confusión generado por la violencia, desde Florencia llegó a mis manos una hermosa pintura firmada por el P. Gaetano Lenti. Se trata de una representación de San Francisco con rasgos ecológicos. La historia del cuadro es la siguiente: Llegó con el P. Guido el 22 de septiembre. Éste, por el plan de viaje, hizo bien al enviarlo desde Camiri a Tarija mediante el correo; pero sobrevinieron otros días de conflicto, esta vez creados por las pretensiones de los campesinos y las exigencias de la Prefectura de Tarija. El problema había surgido a raíz de la donación de la ONUM a las comunidades rurales: los campesinos querían apoderarse de las ayudas de modo directo mientras que la Prefectura había encomendado la distribución a una entidad de la misma ONUM. La ciudad quedó paralizada por bloqueos de carreteras; no se podía salir ni entrar y comenzaron a escasear los productos alimenticios. La solución fue un término medio: distribución directa controlada por la Prefectura. El cuadro llegó a mediados de noviembre. De inmediato movilicé a los carpinteros y restauradores de arte que ejecutaron a la perfección las indicaciones del mismo P. Gaetano Lenti. El cuadro se halla expuesto ahora en la pinacoteca de arte religioso moderno. Se destacan dos pequeñas esculturas (San Francisco y P. José Zampa) de la poetisa boliviana Yolanda Bedregal, llamada también Yolanda de Bolivia.

“San Francisco ecológico” del P. Gaetano Lenti en la pinacoteca conventual de Tarija

El P. Gaetano Lenti es unos diez años menor que yo. Las diferentes entrada y salida en las casas de formación nos han tenido siempre separados. Pero no puedo decir que no lo haya conocido de nombre y en persona. Mi memoria me lleva, sobre todo, a los intercambios literarios con la revista “Nuove Frontiere” (Nuevas Fronteras), editada anualmente y mimeografiada, publicada por los jóvenes filósofos del convento Colleviti. Entre las cartas del archivo conventual que estoy ordenando hallé el ejemplar del año 1966. Aquel fue también el año de mi ordenación sacerdotal y, por tanto, mi residencia estaba en Fiesole. En el primer número de aquella revista (1965) se publicó un artículo mío (enviado desde Fiesole) en el que describía el encuentro con un sacerdote chino que, habiendo sido exiliado de su patria, lo definí como un “globe trotter” (ese era también el título del artículo). Me entretuve particularmente sobre sus vicisitudes y la de los frailes que compartieron las mismas contrariedades a pesar de que eran originarios de Toscana. Habían sido expulsados de las misiones de China por la política de Mao. Se trataba de alrededor de 40 religiosos franciscanos que vivían dispersos en varios conventos. Uno de ellos era el P. Lodovico Sarafini, que fue subdirector del seminario seráfico de Figline Valdarno cuando yo era aún estudiante. En Colleviti encontré también al P. Teófilo Capecchi, que no se hizo acreedor de mi simpatía. En China él había vivido siempre en el Seminario diocesano y sus normas pedagógicas no correspondían a los tiempos de postguerra europeos. Ambos formaban parte de un grupo de seis que habían salido de Toscana en 1936. De ellos y de todos los demás fui admirador del respeto que conservaban por aquellas tierras.

El título de la revista mencionada respondía al espíritu del Presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy. “Nuevas Fronteras” tenía una redacción tradicional, aunque en sus contenidos se notaba bastante interesante: un deseo de ser protagonistas de nuevas relaciones entre el “dentro” y el “fuera” del convento.

El joven fray Gaetano Lenti escribió en el número citado un testimonio de vida con una poesía titulada “Sava”, que venía a ser un nombre geográfico. Pero su lectura traducía la semblanza de un rostro de niña. Al final son los pasos que cualquier biografía interior ha recorrido en su juventud. Para fray Gaetano todo seguía siendo verdadero porque el conjunto era expresado sin las ambigüedades que tienen sus orígenes en el deseo. Los años juveniles cantan siempre originalidades porque son una síntesis cambiante que se mueve al ritmo de los sentimientos. Más que un comportamiento forzoso manifiestan el ansia por la investigación, que tendrá varias etapas de realización y nunca terminará; por esto precisamente los hemos denominado “originarios”.

Una vez que volví al convento de Fiesole desde la Universidad de Lovaina (1967-1971) para saludar a mis antiguos profesores (entre ellos el P. Vito Boddi), me encontré con fray Gaetano. Fue el mismo P. Vito quien insistió al autor para que me hiciera ver una de sus pinturas que se hallaba en una habitación con sabor a estudio de artista. Aún puedo recordar aquellos volúmenes densos que se movían bajo un manto verde definido por interlíneas rojas. Más que el cuadro, lo que me guió en la comprensión de su “San Francisco ecológico” fue la poesía (muy anterior en la biografía de Fray Gaetano). En ella y en el cuadro se encuentra una idéntica estructura de significados entre palabras y colores. Los versos poéticos del P. Gaetano no funcionan por oposiciones; mantienen una continuidad para pasar por diferentes realidades de vida. Todos las hemos transitado aunque con distintas intensidades.

“SAVA” comienza con una imagen de tierra, (marcada en nuestro cuerpo: “... Busqué la fisonomía / de un paso enlodado / sobre la tierra enrojecida, / he visto la tierra de Sava / acumulada en sus órganos / truncados: ... / sima silenciosa en el aire / ardiente en el mediodía / del cotidiano cansancio”) sobre la que se intercalan luces y sombras, que se suman al esfuerzo provocado por el sol canicular traído por el transcurso de las horas. Llega sucesivamente el silencio que esconde la libertad de moverse entre deseos prohibidos o excelsos. El reposo llega con la noche que se convierte en luz para entender lo desconocido. Por último, creo que no me engañé cuando pensé que el artista Lenti habría de ser siempre un hombre del silencio y que de su personalidad no consentiría limitaciones prefabricadas. Para él, concluir un esfuerzo no equivale a detenerse sino una forma de reemprender el camino: “... es noche de sueño. / Escucha... las voces lejanas: / ya no queda nada.”

Interesante es, pues, la sintonía de colores entre la poesía y el cuadro. Son siempre cálidos y más que en oposición son utilizados en un crescendo de intensidad. Son parte del cuadro y no los puedes quitar mentalmente. Son fijados para expresar una idea o un sentimiento. El querer “decir”, en la pintura se une siempre a la dimensión del “sentir”: el primero se refiere al tema y el segundo a los colores. Aunque la imagen de San Francisco centraliza el cuadro (largo 1,70 y ancho 1,10) el verdadero sujeto, no proclamado, es el universo. El cielo posee colores que no se pueden leer como de un ocaso vespertino en el que de lo opaco aparecen en progresión resplandores rojizos. Se baja hacia la tierra donde los pies del santo se pierden entre las flores (se observa también la presencia de una paloma como símbolo de paz). La figura de San Francisco se recorta entera manteniendo sus representaciones tradicionales, aunque con algunas variantes: El color amarillo que resalta íntegramente el cuerpo de San Francisco resulta ser un volumen de fuerza que nos llega robusta y transparente por cuanto está purificada. Los cipreses, a la altura de los costados de San Francisco son rojos y combinan con un fondo de colinas teñidas de color rosa. Todo el conjunto se apoya en un plano de fiesta de flores. A no ser por la estrecha secuencia de los conceptos, se podría pensar en una sintonía artística entre P. Gaetano y Marc Chagall.

Creo que para entender el conjunto de colores y de los elementos del cuadro habría que subrayar también la actividad psicoterapéutica del P. Gaetano Lenti. Su San Francisco, aunque delineado según una imagen tradicional, no responde a la vida normal (cotidiana). Ésta, a pesar de estar presente en sus aspectos, se halla transcrita en el universo de los deseos, que son la dinámica de lo onírico. Solamente en esa dimensión podemos conjuncionar, directa o indirectamente, el obstáculo (o lo prohibido) y la superación del mismo. En esta interpretación Francisco de Asís es el Santo nacido de la tierra, que se mantiene terrenal, cantó la fuerza del cosmos y en todo esto descubrió la grandeza de Dios. Mente y cuerpo encuentran su realización en el sueño que pacifica la oposición del “hacer” (cotidiano) con el “sentir” (el deseo). San Francisco, Santo de la tierra por ser Santo del cielo. Se puede hablar también de una verdad al contrario, por ser imaginación de deseos que se esbozan solamente en el sueño (otra semejanza con Marc Chagall).

Entre la medianoche y las cinco, a cuatro mil metros de altura, en la ciudad de Oruro, nace la nueva Constitución

Con el justificativo de la falta de seguridad en Sucre, la Asamblea Constituyente fue transferida a Oruro. Los constituyentes de la oposición fueron convocados a último momento (en la mañana del sábado 8 de septiembre) para legislar desde las 18:00 en adelante, por lo que muchos, debido a las distancias, no pudieron estar presentes. Los pocos que pudieron estar en el lugar ingresaron pero se retiraron de inmediato por la presencia en exteriores de milicianos del gobierno. La norma de aprobación de varios “títulos” era que debían ser aprobados por dos tercios de los presentes en la sesión (no de los elegidos de la Constituyente ). Y la estrategia de la cachiporra, más que el frío, funcionó perfectamente para descartar los votos de la oposición.

Fue también interesante el juego presidencial que, a partir de los acontecimientos de Sucre, invitaba a la calma en los siguientes términos. Él convocaría un “referéndum revocatorio” que incluiría también a su persona. La fantasía invitaba a la expectativa. Todos los medios de comunicación centraron la atención sobre aquella “expresión presidencial” que sólo resultó ser una maniobra de distracción por el cambio de residencia de la Constituyente a Oruro y la inmediata aprobación del texto (que nunca fue discutido menos aprobado según los procedimientos normales) preparado de antemano por el gobierno. Se trata de un texto que no servirá como punto de referencia y que para imponerlo se necesitarán otros textos. El juego de palabras está en consonancia con la profunda crisis del país, que se la denomina crisis del Estado. Es una situación muy peligrosa. Corresponde más a una escisión de humanidad colectiva en la que cualquier rostro no conocido se transforma en la percepción de un rostro enemigo. Se habla también de racismo, que puede haber, pero la causa de todo es un vacío de identidad y de carencia de un horizonte de destino.

Un hecho, que en su momento agrandó el espacio de la guerra, fue el viaje que hicieron los prefectos a la OEA (Organización de los Estados Americanos) y a varias secretarías de los Estados Unidos. Su objetivo era la presentación de la situación de Bolivia con relación al actual gobierno. El deterioro de la imagen del presidente Evo, generalmente bien acogida a nivel internacional, aparecía dañada por la siempre proclamada amistad con el Presidente Chávez de Venezuela, que en un momento afirmó que cualquier reacción contra el presidente Evo provocaría una intervención suya, inclusive militar. Dicha intención parece real. Se habla de dineros y de militares que habrían llegado al país y que estarían operando en lugares específicos: Riberalta, Villamontes y Tarija. Se habla también de vuelos nocturnos que llegarían al aeropuerto de Santa Cruz (se dice también que a Tarija). En ese estado de cosas, se ven claras dos oposiciones: una interna y otra externa.

Es importante captar la figura de los prefectos, mencionados recurrentemente en estas páginas. En las elecciones generales del 2005 los prefectos fueron elegidos por voto directo (antes eran nombrados por el presidente de la República ). Un grupo de prefectos corresponde a regiones que dijeron “sí” a una propuesta de autonomía. Esto significa que recibieron también un mandato de gestión de la cosa pública frente al gobierno central, algo diferente que en el pasado. Cuatro de esos prefectos fueron elegidos con un proyecto de autonomía y los otros cinco restantes con el “no”. Pero con el transcurso del tiempo y frente a la desacierto del gobierno, dos de estos últimos comenzaron a reclamar la autonomía también para sus regiones. Evidentemente, la nueva constitución aprobada en la oscuridad de la noche, da una interpretación diferente al concepto de “autonomía”; es más, lo ha legislado según el “divide et impera” (divide y triunfarás), concediendo “autonomías” a grupos indígenas, a subregiones y municipios. Se ve claramente que se trata de reducir la autoridad regional, representada por el prefecto, y de confundir conceptos que se tienen que aplicar a realidades diferentes. Extrañamente los prefectos de la autonomía vinculan la secuencia de las regiones denominadas “orientales” con las “occidentales”, en las que el presidente tiene una mayoría de aceptación.

Los prefectos de estas últimas han asegurado que el 15 de diciembre darían pasos concretos para demostrar una autonomía de “hecho” o de “derecho” (por cuanto está ligada al voto popular). El anuncio fue hecho hace aproximadamente un mes y creo que la acción de estos días (a ello me referí antes) ha sido un ensayo. Ayer y esta mañana la televisión no ha dicho nada específicamente respecto a la cercanía del día de sábado, pero han mostrado debates sobre la aplicación real de la “Nueva Constitución”. Las opiniones son muy divergentes, aunque escuché una invitación a los jóvenes de La Paz para la realización de un meeting por la paz. Las charlas que se escucha en la calle presienten que habrá choques (quizás también muertos).

Multitudes de gentes, colores y cantos en las regiones orientales y en el altiplano de Bolivia

El meeting de los jóvenes de La Paz terminó en altercados y batacazos. Fue como el despertar de un sueño o de un último esfuerzo de convicción. Se ve claramente que los que fueron con otros propósitos a la zona de la plaza Avaroa era gente violenta. Sobre todo esta actitud hacía ver que la situación había ingresado a un callejón sin salida para las propuestas tanto de las autoridades de gobierno como de la oposición y la polarización rompió todos los puentes. La buena voluntad de los jóvenes era solamente un grito a favor de la paz, sin un apoyo declarado de ninguna de las dos partes. Con esta desconfianza esperamos el día 15, día señalado por los prefectos para la asunción de la autonomía declarada como acción de “hecho” o simplemente de “derecho”.

Las connotaciones de ambas correspondían a un mismo objetivo legitimado de diversa manera. El primero declaraba una total oposición a las autoridades de gobierno; el segundo era una forma de exigir la realización de la voluntad popular expresada en las elecciones políticas generales del 2005. Ese fue el resultado que se obtuvo en las regiones de Tarija, Santa Cruz, Beni y Pando. Las regiones centrales y del altiplano habían votado a favor del “centralismo”. Pero también en éstas se están delineando posiciones a favor de las primeras; serían los departamentos cuyas capitales son Sucre y Cochabamba, respectivamente. Por tanto, sobre la totalidad de los nueve departamentos seis estarían ya inclinándose a favor de la autonomía.

En la mañana del 15 fui a celebrar la Santa Misa en el asilo de ancianos. Los rostros de esas personas, sobre todo de las Hermanas que les atienden, no mostraban nada de extraordinario. Como siempre, cuando los veo delante del altar trato de buscar un punto de reflexión sobre su rostro. Lo opaco de la vejez no depende del peso de los años sino más bien del hecho de no poder proyectar un futuro más allá de las arquitecturas que les acompañan cada día. En algunos de ellos se nota aún el orgullo del status personal (que se percibe por su manera de comportarse), pero no pudiendo ejercer un rol jerárquico social les ata todavía a un desequilibrio entre poder y deseo de ser. Las personas más absortas en oración (en su mayoría mujeres) parecen tener un sentido más realista de la situación que viven. Conservan el sentido del cuerpo (bien peinadas, sus ropas y sus actitudes sin rupturas psicológicas) y la colaboración en la administración del entorno como ambiente de vida: flores, corredores, lugares de descanso y ambientes comunes. En las invocaciones al Señor me referí a la situación; en secreto expresé deseos para mí y para ellos.

El regreso al convento fue “mojado”. Me protegía el jeep por las calles casi desiertas. En las esquinas de las calles más céntricas pude ver a varios grupos de policías con diversos tipos de armamento. Como ustedes saben, la ciudad de Tarija ha sido edificada según el modelo hispánico, es decir es una sucesión homogénea de manzanos, de modo que desde cualquiera de las esquinas se puede controlar cuatro calles. Eran policías y militares. En cierto modo la lluvia hizo que se rompiera la disciplina, por lo que no se notaba una mentalidad violenta; al contrario, un militar caminaba con el escudo transparente sobre la cabeza, pero al mínimo movimiento hacia abajo se notaba la seriedad de la inscripción “policía”. Algunas bolsas que se llevaba en la mano provocaban cierta impresión maliciosa; me hicieron pensar que podían ser envases de gas lacrimógeno. A la hora del almuerzo comuniqué mis impresiones, pero mis hermanos no les dieron mucha importancia. Les dije que iría a ver la televisión porque me interesaba observar no solamente lo que estaba sucediendo en Tarija sino también en Santa Cruz, Beni, Pando y La Paz.

Más que las tres primeras ciudades, La Paz me preocupaba por razones diferentes. Allí el señor Presidente de Bolivia tuvo que haber recibido el texto definitivo (que no era tal) resultado de la Asamblea Constituyente. Los ribetes de fiesta relucieron también allí con las vestimentas multicolores de los campesinos y de gentes de pueblos originarios, todos vestidos según los usos tradicionales de su cultura; siguieron luego los discursos y los cantos. No me impresionó positivamente el sabor del desfile militar. En Santa Cruz y en Tarija (como en el Beni, seguido por teléfono; no logré saber nada de Pando); era toda una fiesta de multitudes, con cantos, banderas y palabras de los representantes.

Creo que la guerra nunca fue precedida de una fiesta, que siempre está unida a la paz. Por tanto, preferí imaginar que, por fin, todo había concluido o, al menos, que llegó la calma. Pero no fue una muestra de buena voluntad. Y esto conduce a pensar que hay motivos o fuerzas externas que van más allá de las expectativas del pueblo boliviano. El hecho de haber recurrido por ambas partes a los mismos métodos para caracterizar una victoria podría significar que las cartas estaban sobre la misma mesa, con intenciones, aunque opuestas, al menos esta vez claras. Pero como siempre, los “a priori políticos”, civiles o de otro tipo, son siempre el resultado de la combinación de incoherencias para acusar al presente a fin de no abrir esperanzas de futuro.

Algo más “desde y por” el IV Centenario

Les informé acerca de la llegada de amigos toscanos con motivo de la ordenación de Mons. Francesco Focardi, que fue guardián del convento de Tarija. Disfruté los momentos en que me entretuve hablándoles de las hermosas horas que pasamos juntos y de la llegada del “San Francisco ecológico” del P. Gaetano Lenti. He escrito acerca de él y del cuadro. Pueden ustedes estar seguros de que he unido al pintor y su pintura con la nostalgia por la tierra toscana. Siempre he vivido en conventos, que normalmente son la síntesis y observatorio de un mundo más grande. Por tanto, Toscana fue siempre la inspiradora de mis proyectos y deseos. Creo que mi propia vocación misionera fue motivada por el contexto desbordante de las bellezas de los alrededores de Florencia, Arezzo, La Verna , Fiesole y Pistoia. La amargura provocada por la clausura de tantos conventos son motivos de advertencia de que todo, rápidamente, puede cambiar en el mundo de hoy y que el nacer y el morir coexisten a corta distancia.

El IV Centenario logró el resultado que tuvo precisamente por esta “memoria” del pasado que en cierta manera justifica el presente y junta las piezas para caminar con perspectiva de futuro, que es también algo nuestro. No se trata de un juego de palabras sino de acciones que van sucediendo cada día, más allá de los recuerdos y afectos. Por eso, los lugares y las personas siempre se juntan. Primero llegaron los hermanos con quienes habíamos compartido los anhelos y deseos de la preparación para el sacerdocio, inmediatamente después se colocan los profesores, los amigos y otras personas que con su simpatía le dieron un sabor particular a nuestros años jóvenes de sacerdocio. Por esto no hemos sido demasiado obsecuentes con muchos preceptos de la vida franciscana. Esto también ha sido una manera de inventar la vida.

Por lo que me ha tocado vivir debo decir que un hilo, escondido y visible, me ha conducido a una situación de paz con mi pasado y de solidez con mi futuro. La vejez (si aún no la he alcanzado estoy ya cerca de ella) me ha sorprendido en la concretización de mis deseos: libros, arte, hermanos, jóvenes franciscanos, intereses que ligan a la ciudad de Tarija y otros. Algunas razones para pensar así me llegaron a través de las revista de la Provincia de los Frailes Menores de Toscana. Su título es “Noticiario” y me resulta muy bello. Por su objetivo, que es el de difundir noticias, en realidad fomenta el espíritu que nos tiene que motivar para “sentirnos entre nosotros”; “Nuevas Fronteras”, en cambio, era un intento de afirmar intenciones, aunque por la intencionalidad era la de querer hacerse escuchar (por lo demás, característica actitud juvenil). De noticia en noticia las celebraciones del IV Centenario de fundación del Convento de San Francisco fueron transmitidas con motivo de la visita del P. Fiorenzo Locatelli, Ministro Provincial (llamado demasiado pronto por la Hermana Muerte ) mediante la transcripción de una de mis cartas y, finalmente, en el mes de octubre, por una nota mía y otra bastante amplia del P. Octaviano Giovanetti (mi profesor de italiano cuando cursaba el liceo en Colleviti) que se refiere a nuestra actividad editorial.

Toscana y Bolivia, con pocos gestos pero esenciales, han consolidado así una solidaridad que data de siglos. El primer toscano era originario de Pisa; por eso en las crónicas conventuales es mencionado como fray Agustín Pisano quien, después de haber quedado viudo, vivió en nuestro convento sin los votos religiosos. El segundo fue el P. José Matraya y Ricci, nacido en Lucca en 1763. Fue ordenado sacerdote en Lucca el 5 de junio de 1799 y el 10 de noviembre de ese mismo año ingresó al noviciado franciscano de Arequipa (Perú). Vivió en Tarija desde 1804. Se hizo famoso en el pensamiento filosófico por haber escrito contra las teorías de Rousseau. Fue un gran matemático y pasó a ser consejero teólogo del arzobispo de La Plata (actualmente Sucre). Escribió un importante libro de moral y participó en la polémica por la defensa de la cultura hispana contra la invasión del francés y del inglés en el continente. El año 1830 volvió a San Francisco de Lucca, fue intermediario entre la Santa Sede y los nuevos estados latinoamericanos para llegar a algunas formas de concordato. Murió en 1840.

Pero el verdadero flujo de franciscanos toscanos comenzó con la llegada del P. Alfonso Corsetti de Pietrasanta. Llegó a Bolivia en 1834 y en 1839 fue el primer P. Guardián del Colegio de Propaganda Fide de Tarija y en 1845 fundó la primera misión de la época republicana entre los guaraníes de Itau. En 1853 regresó a Toscana y falleció en Córcega (no hay constancia de la fecha de su muerte). Las siguientes llegadas estaban integradas por franciscanos de diferentes provincias (Toscana, Liguria, Piemonte, Abruzzo, le Marche y Lazio). Desde 1919 vinieron solamente toscanos, cuando las misiones del Chaco pasaron a formaron el Vicariato de Cuevo. Debemos mencionar también al Colegio de Propaganda Fide de Potosí, donde vivían también franciscanos de varias provincias, sobre todo de Lazio, le Marche y Abruzzo.

Las características generales de esta presencia franciscana, por el trabajo misionero, eran más o menos las mismas. En ambas se destacaron grandes figuras. Pero al final todos tuvieron que afrontar las necesidades del momento, por lo que en su mayoría resultaron fundadores de lugares de misión (pueblos y ciudades aún vigentes), lingüistas, exploradores y teólogos. En la obra “Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia, según los documentos del Archivo conventual de Tarija” (Editor P. Lorenzo Calzavarini) hemos publicado las biografías de 180 frailes italianos que vivieron en el convento de Tarija y en las misiones del Chaco, de los cuales tres cuartas partes eran de origen toscano (quedan aún en archivo las biografías de frailes que llegaron desde 1936 hasta nuestros días). Debido a las responsabilidades asumidas por Toscana desde 1919 respecto al Vicariato de Cuevo, también vivieron en Potosí franciscanos de la misma provincia. Una gran excepción fue la presencia del P. José Zampa (de San Severino delle Marche) que, habiendo pasado de la misión de Ingre a Potosí, en 1907 fundó allí las “Escuelas de Cristo”, que fueron las pioneras en la educación, en el altiplano de Bolivia (Potosí y Oruro).

Para su información les doy algunos datos que pueden permitir la percepción de la extraordinaria acogida que ha tenido nuestra página Web ( www.franciscanosdetarija.com ), que hemos abierto en diciembre de 2006. Los números registrados en el computador son los siguientes:

 

MES

Nº BÚSQUEDA DE INFORMACIÓN

Nº ENTRADAS

Diciembre 2006

741

156

Enero 2007

5.544

977

Febrero 2007

1.280

204

Marzo 2007

17.289

1.49l

Abril 2007

8.609

797

Mayo 2007

86.009

5.327

Junio 2007

54.406

4.838

Julio 2007

58.307

6.309

Agosto 2007

191.046

15.364

Septiembre 2007

354.938

29.585

Octubre 2007

380.549

31.433

Noviembre 2007

290.730

29.056

 

1.449.448

125.537

 

Los cuadros estadísticos muestran un gran interés por las noticias acerca de las actividades del Convento Franciscano de Tarija y sus misioneros agregados; por tanto, podemos colegir que los documentos del archivo y toda la herencia de cuatro siglos de obras artísticas son la principal razón de los contactos y búsqueda de informaciones. Evidentemente, estudiosos, investigadores y personas comprometidas con las problemáticas actuales pueden hallar en nuestra página Web una visión, breve pero muy clara, acerca de la historia de la Iglesia , de la Orden Franciscana , de la historia y universo cultural de Tarija, así como del Chaco y, en general, del sudeste de Bolivia. Otras posibles lecturas corresponden a la sociología, antropología, territorio, pueblos originarios (no hispanos), derecho civil y eclesial. Últimamente, el experto en música misionera, el P. Piotr Nawrot, encontró en el archivo páginas musicales de enorme importancia. Se trata de música sacra y religiosa.

Más que los seis meses de silencio con ustedes, indudablemente fueron los acontecimientos sociopolíticos de Bolivia los que han ocupado estas páginas. Pensé que merecían también la atención de ustedes.

A todos, un gran agradecimiento por la amistad y por el interés misionero. Estoy convencido de que partiendo del hecho de preocuparse los unos por los otros se puede superar la realidad de sentirnos cercanos aunque distantes. La imagen del misionero que parte para no regresar es también una invitación a una continua renovación, aunque tengamos que permanecer vinculados siempre al mismo lugar. Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo.

Tarija, 19 de diciembre de 2007

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

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